Inflación, evasión, fichas virtuales y pensiones

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La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…

Juan Jované

jovajun@yahoo.com
Frente a las justas reivindicaciones de los pensionados y jubilados, quienes claman por un ajuste de sus pensiones, mucho se ha discutido en torno a las dificultades financieras que muestra la CSS para realizar gastos adicionales destinados a este fin. En términos concretos, sin embargo, la discusión en torno a dichos problemas generalmente dejan por fuera dos importantes elementos que limitan la capacidad de acción de la institución.

El primero de estos elementos, el cual muestra un carácter estructural, es la tendencia observada hacia la caída de la relación entre la remuneración de los asalariados y el PIB, la que pasó de un 35.0% en el 2000 a tan solo el 29.8% en el 2009.

En la medida en que las remuneraciones crecen a un ritmo inferior que la producción, aparece un resultado que no puede menos que significar un problema para la CSS, cuyo ingreso principal son las cuotas obrero – patronales.

Este fenómeno está vinculado, entre otras cosas, al proceso inflacionario que llevó a que, de acuerdo con la OIT, el salario real de los trabajadores que cotizan a la CSS se redujera entre el 2000 y el 2008 en 10%.

Resulta así que mientras la inflación deteriora los niveles de vida de los pensionados y jubilados, y los lleva justamente a demandar un ajuste, los salarios no logran crecer al mismo ritmo que la inflación, con lo que se dificulta la capacidad de respuesta de la CSS.

En segundo lugar, está el problema de la evasión. Se trata de la presencia de un número significativo de trabajadores que sus patrones deberían inscribir en la CSS y entregar a las mismas las cuotas correspondientes, los que simplemente no son reportados a la institución. En Panamá, de acuerdo a cifras oficiales, se observaron en el 2008 79,442 trabajadores no agrícolas del sector formal que debieron ser calificados de informales por no contar ni con un contrato de trabajo escrito ni estar declarados a la CSS.

Estos trabajadores representan cerca del 8.0% del total de cotizantes activos. Por su parte, de acuerdo a la OIT, en el mismo año cerca del 11.0% de los trabajadores de las empresas del sector privado de 6 o más empleados no contaban con los beneficios de la seguridad social.

Se puede, entonces, afirmar que el carácter concentrarte y excluyente del modelo de crecimiento y la ausencia de instrumentos que aseguren la justicia social limitan seriamente la capacidad de la CSS de responder a las legítimas aspiraciones de los pensionados y jubilados.

Cabe agregar que las fichas virtuales recientemente anunciadas, agravarán más el problema.   Si el trabajador no recibe una ficha impresa no tendrá constancia de que su empleador está aportando las cuotas a las que tiene derecho, a menos, claro está, que tenga acceso a Internet. La probabilidad de esto, sin embargo, es reducida si se tiene en cuenta que de acuerdo a UNICEF solo el 22.0% de la población panameña tiene acceso a estos servicios. Los incentivos a la evasión habrán aumentado.

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<>Artículo publicado el 7  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Carlos A. Mendoza: un panameño fundacional

La opinión del  Educador y Escritor….

RICARDO ARTURO RÍOS TORRES
rriost@hotmail.com

En el devenir histórico de la nación panameña surgen íconos entre los ciudadanos que por sus ejecutorias son hombres y mujeres fundacionales.

Uno de ellos es Carlos A. Mendoza.

Celestino Andrés Araúz en su monumental obra, de dos tomos, El imperialismo y la oligarquía criolla contra Carlos A. Mendoza nos hace un recuento revelador de emblemáticos aconteceres del Panamá profundo y lo más importante es que lo sustenta con amplia documentación, sobre todo en lo referente a la constante intervención de EE.UU. contra nuestro país. Intervención que se da en conjunción cómplice con los intereses de la elite que desde la época colonial a la republicana ha dominado el Panamá político.

Carlos A. Mendoza, como hombre semilla, impactó el país institucional en sus múltiples fases como abogado, masón, fogoso orador, periodista combativo y prominente figura del Partido Liberal negro. Participó con Belisario Porras y Eusebio A. Morales en la Guerra de los Mil Días.

Como panameño raizal apoyó el movimiento separatista de 1903 junto a Domingo Díaz y Guillermo Andreve. Redactó el Acta de Independencia de 1903, fue el primer ministro de Justicia y organizador del sistema jurídico. En el gobierno de Belisario Porras trabajó en el Código Civil y se opuso al nefasto artículo 136 de la Constitución de 1904 propuesto por Tomás Arias y que permitía la intervención estadounidense en nuestra comunidad nacional.

El abogado liberal defendió con apasionados alegatos a Victoriano Lorenzo por la muerte del regidor Pedro Hoyos (1891) y culpó a la sociedad por el atropello de los marginados.

La vida pública de Carlos A. Mendoza, como hombre espejo, encarnó la dignidad y el patriotismo de los panameños.

El intelectual contestatario en 1910 ejerce, durante siete meses, la primera magistratura de Panamá como segundo designado ante el fallecimiento de José Domingo de Obaldía y de José Agustín Arango. El líder negro del arrabal santanero, es el primer liberal en dirigir la naciente república. Los odios del Partido Conservador en alianza con funcionarios de la Embajada de EE.UU. desatan una calumniosa campaña contra Carlos A. Mendoza.

El racismo tradicional de ‘los de adentro’ y jerarcas sempiternos de la hacienda pública nunca aceptarían que un mulato estuviese al frente del poder político del país ístmico. Desde el semanario ‘La Palabra’ atacan la gestión gubernamental del primer presidente negro de Panamá y socavan su aspiración a ser candidato en el período electoral de 1912.

Richard Marsh, el arrogante funcionario de la Embajada de EE.UU. dirige las acciones intervencionistas contra Carlos A. Mendoza. Richard Marsh también alentó la Revolución de Tule de 1925, que declaró el territorio cuna (Dules) como un protectorado norteamericano, sería otra Zona del Canal.

Y es que Carlos A. Mendoza con su actitud crítica e independiente no era manejable para las pretensiones colonialistas del Big Stick. El hombre semilla, el hombre espejo, el ciudadano fundacional había participado en la Guerra de los Mil Días, con el propósito de lograr una verdadera separación de Panamá, se había opuesto junto con Belisario Porras al Tratado Herrán — Hay denunciado como ‘La venta del Istmo’. Además, había rechazado el artículo 136 de la Constitución de 1904 que avalaba las injerencias del Destino Manifiesto en Panamá. Defendió en 1891 al cholo Victoriano Lorenzo, caudillo social y político de la indiada. Todo eso lo hacía un hombre peligroso para Richard Marsh. Otra situación inaceptable para el funcionario estadounidense, fue que Carlos A. Mendoza era negro.

Celestino Andrés Araúz utiliza la hermenéutica y la heurística como las herramientas fundamentales para sus estudios históricos, es colaborador distinguido de Carlos Manuel Gasteazoro, el creador de la historia científica panameña. Las citas a pie de página le dan un valor agregado a su enjundiosa investigación y el diseño metodológico del ensayo hace del texto una guía didáctica para abordar el pasado nacional. Su prosa es puntual, sencilla y elegante.

Celestino es un historiador por excelencia y su numeroso haber bibliográfico lo comprueba. El primer tomo de El imperialismo y la oligarquía criolla contra Carlos A. Mendoza aborda aspectos sensitivos de los siglos XIX y XX de Panamá. Analiza El incidente de la Tajada de Sandía, el Tratado Mallarino Bidlack, El Estado Federal de Justo Arosemena, el Tratado Herrán-Hay, la Guerra de los Mil Días; los efectos en nuestro país de la Doctrina Monroe, el Destino Manifiesto, la Diplomacia del dólar; el problema de los límites entre Panamá y Costa Rica; el Gold y Silver Roll; las pugnas y rivalidades entre conservadores y liberales; el movimiento separatista de 1903 y la oposición estadounidense y de la oligarquía criolla contra Carlos A. Mendoza. Las perspectivas de Celestino Andrés Araúz se corresponden con una personalidad objetiva, académica y fiel conocedora de los principios de la investigación histórica.

El segundo tomo reúne los documentos que sustentan sus reflexiones. Leemos las solicitudes de intervención de los políticos colombianos y panameños, las réplicas sobre el Tratado Herrán-Hay, los rechazos al artículo 136 de la Constitución de 1904 como los de Buenaventura Correoso, artículos de La Palabra, El Diario de Panamá, del Panama Journal, del Star & Herald en torno a la situación política del país y sobre todo las gestiones de Richard Marsh contra Carlos A. Mendoza.

Epílogo: Después de cien años (1910-2010) nada ha cambiado, en la embajada del Coloso se decidió la alianza entre Martinelli y Varela, y hoy la actual embajadora de los EE.UU. visitó recientemente las oficinas del PRD y luego celebró una reunión conjunta con los políticos del gobierno de turno con la supuesta oposición al presidente Martinelli. Richard Marsh vive… pero… Carlos A. Mendoza, también…

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<> Este artículo se publicó el 7  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Consumismo rampante y sonante

La opinión del Empresario….

 

RAFAEL CARLES
rcarles@cableonda.net

El consumismo es la nueva enfermedad del siglo XXI y es padecida por millones de personas que resultan impotentes ante la tentación de comprar lo innecesario y gastar insaciablemente en productos sin ningún valor para la economía personal y familiar. Es una forma de estimulación no necesaria, propia del capitalismo voraz, destinada como mecanismo de sostenimiento de una actividad improductiva creciente.

Con esta definición podemos sentenciar que en la actualidad la sociedad panameña se ha convertido en un caldo fértil de consumistas. Panamá es un país donde su gente entre más tiene, ¡más quiere! Y este consumo rampante y compulsivo involucra a personas enfermas que no responden a sus necesidades como individuos, sino más bien a una adicción similar a la de las drogas, que entre más lo hacen y de más maneras, más difícil es detenerlas.

La enfermedad del consumismo está siendo tipificada por la Organización Mundial de la Salud con respecto a sus síntomas y tratamientos. El consumista, por ejemplo, tiene una conducta irracional, es insaciable con rasgos caprichosos y se autoestimula al comprar por comprar. Se le encuentra principalmente en centros comerciales, aunque ya hay muchos que adquieren su cuota de adrenalina a través de las compras por Internet. Generalmente se justifican de los baratillos y ofertas, racionalizan su comportamiento con la adquisición de nuevas tarjetas de crédito y obtienen una inmensa satisfacción con el ruido de las cajas registradoras.

Para ellos no hay crisis ni excusas. Consumen por todo y por nada. Incluso, hay muchos que viajan al exterior para conseguir lo último en la moda y supuestamente pagan precios más económicos. Los hay de todos los tipos, raza, procedencia social y credo. Son verdaderamente unos animales compulsivos, obsesivos y egocéntricos, y nada los detiene.

Solo una aceptación del problema puede dar luces para su solución. Pero mientras tanto, son una pesadilla para la familia y una buena fuente de ingreso para los comercios. Sus funciones mentales y emocionales más elevadas, como la conciencia y la capacidad de pensar, son seriamente afectadas por su consumo enfermizo. El arte de vivir se reduce a un nivel de monotonía: salen de sus casas de manera desenfrenada a consumir salvajemente lo que encuentren. Son esclavos de sus impulsos y no piensan sino en comprar, comprar y comprar. Algunos se endeudan y cometen fechorías para mantener el vicio, y con el tiempo hasta el ‘shopping’ se les convierte en una experiencia de desesperación. Se encuentran entonces en las garras de una enfermedad que los obliga a comprar para vivir y a vivir para comprar. Manipulan a las personas y tratan de controlar lo que les rodea. Mienten, roban, engañan y se venden, si es necesario. Tienen que comprar a toda costa, y el fracaso empieza a invadir sus vidas. Parece una exageración, pero muchos llegan a estar en este estado mental.

Es una lástima que las fiestas navideñas, más allá de su significado y alcance religioso, constituyan la época privilegiada del año para enaltecer las actitudes consumistas. En estas fechas, las empresas sacan sus productos al mercado y bombardean al consumidor con sus mejores ventajas y cualidades envueltas en celofán brillantes de la publicidad. Es imposible no caer en las redes del consumismo y comprar solo los productos alimenticios que se necesitan para las cenas y comidas navideñas. Al final, con las largas listas de regalos para familiares, amigos, clientes, proveedores y colegas, se desvirtúa el propósito principal y el mes de diciembre nos pasa como un torbellino, y lo único que deja son gastos y deudas.

Durante este período, los establecimientos y grandes centros comerciales se abarrotan de público en horarios que dan la vuelta al reloj, y los consumistas caen presa del momento dejándose llevar por la publicidad y la ansiedad de adquirir más productos de los que necesitan. Y es que las Navidades son las fiestas consumistas por excelencia y son pocos los que preguntan si alguien todavía se acuerda del significado de las celebraciones de Adviento, de los villancicos y posadas, del nacimiento del Niño Dios o del sentido religioso de la Noche Buena. Aparentemente, todo está servido para que la gente compre, gaste y siga consumiendo, porque todo el mundo ahora quiere comprar y regalar.

Definitivamente, son muchos los que sufren esta enfermedad que tiene manifestaciones antieconómicas que dificultan su detección, diagnóstico y tratamiento. El consumismo de los panameños refleja además una sociedad inmadura, incapaz de elegir libremente, que se ha transformado en esclava y que la convierte en un juguete manipulado por intereses espurios y comerciales.

 

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<> Este artículo se publicó 7  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Tecnología en la era del conocimiento

La opinión de…

 

Leonardo Alessandria

La globalización se ha basado en buena parte en lo que se denomina la “era del conocimiento”, caracterizada por la importancia que adquiere el conocimiento y la investigación como una alta proporción del valor de los bienes y servicios.   En un mundo tan versátil se hace imprescindible hacer uso de las tecnologías y de la información, lo que induce una mayor productividad y una reducción de los costos de producción. En tal sentido, el uso de las tecnologías es un elemento fundamental para lograr altos niveles de competitividad y agregar valor a la producción.

Uno de estos componentes es la llamada tecnología de la información y comunicación (TIC), que en Panamá juega un papel fundamental por la vocación abierta de la economía y el papel que tiene en ella la producción de servicios.

Sectores como el Canal, los puertos, la Zona Libre de Colón, la banca, los seguros, telecomunicaciones, el sector construcción y parcialmente el agropecuario, de hecho, usan tecnología de punta.

Precisamente, el Foro Económico Mundial en su último informe de competitividad tecnológica se enfocó en la importancia de las TIC. Este índice se mide a través de varios componentes y variables que incluyen el entorno del mercado, la infraestructura tecnológica, la intensidad en la utilización de las TIC, la habilidad y capacidad que tienen los usuarios y proveedores para el uso efectivo de las TIC y la prioridad que le confiere el gobierno al desarrollo de productos de avanzada tecnología.

Según el informe 2009–2010, Panamá avanzó ocho posiciones en tecnología con respecto al año anterior 2008–2009, pasando de la posición 66 a la posición 58, quedando así entre los tres primeros lugares en el ranking latinoamericano.

Las variables que mostraron mejoría incluían el desarrollo de clusters, libertad de prensa, la calidad científica de investigación de las instituciones, la sofisticación de los compradores, el gasto de las compañías en investigación y desarrollo, las conexiones telefónicas tanto de las empresas como las residencias, las suscripciones a telefonía móvil y la cantidad de suscripciones a internet.   Las variables que revelaron un retroceso incluían el tiempo requerido para el cumplimiento de contratos, la calidad del sistema educativo, la disponibilidad local para investigaciones y entrenamiento, la calidad de las escuelas de administración y el limitado acceso a internet de las escuelas.

Algunas entidades públicas han jugado un papel importante en este tema. Por ejemplo, la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental ha promovido el uso de las tecnologías como la red nacional de internet, que consiste en ofrecer acceso a internet WiFi gratuito, de frontera a frontera, cubriendo cerca del 80% de la población nacional. Otro proyecto es “Panamá sin papel” que busca renovar la forma en que el ciudadano tramita con el Estado para que todos los procedimientos se hagan de manera ágil y transparente.

La Secretaria Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, también ha estado enfocada en potenciar el desarrollo científico y tecnológico del país y cerrar la brecha de la desigualdad para fomentar un desarrollo equitativo que mejore la calidad de vida de los panameños.

Otras iniciativas realizadas entre 2008 y 2009 que contribuyeron al mejoramiento del índice de preparación tecnológica fueron Panamá Tramita, Panamá Emprende, Panamá Compra, la Gaceta Oficial Digital, por citar algunos casos.

Solo a través de la generación y aplicación de nuevas tecnologías, Panamá podrá imprimir a su crecimiento y desarrollo un carácter sostenible que le brinde una auténtica y sólida ventaja competitiva para mantener y mejorar su liderazgo económico y comercial a nivel mundial. La adopción y adaptación de tecnologías producidas en países más avanzados es el camino más provechoso para las empresas panameñas, ya que el país no cuenta con una capacidad instalada suficiente para producir tecnologías propias.

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<> Este artículo se publicó el  13  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mala práctica de los policías de tránsito

La opinión de…

Carlos A. Carrasquilla Zamora

Resulta increíble la facilidad con la que los servidores públicos abusan de sus cargos y de la ignorancia de los ciudadanos respecto al contenido de las leyes que regulan el ejercicio de éstos.   Un caso que lo hace palmario, por la frecuencia con que se presenta en estos días, tiene que ver con los policías de tránsito, y es que estos funcionarios, haciendo uso extensivo (eufemismo) de su condición de autoridad, retienen la licencia para conducir de los conductores, luego de que la verificación efectuada en el pele police arroja que adeudan dinero a la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) en concepto de infracciones al Reglamento de Tránsito, ley esta que en ninguno de sus artículos les concede esa atribución de manera autónoma.

Explico: El Art. 133 del Reglamento de Tránsito establece sobre la retención de la licencia de conducir, que la misma puede ser ejecutada por el policía de tránsito, obrando en función de autoridad competente (ver el glosario de términos en el Art. 3), como consecuencia de la violación del inciso “c” del artículo 132, es decir, portar licencia de conducir vencida, suspendida o cancelada. Nada dice sobre adeudar algo a la ATTT.

Ahora bien, si consultamos el inciso “h” del Art. 120 del Reglamento de Tránsito, notaremos que “el no cumplir la sanción impuesta por una falta cometida en un período de 30 días” es una causal de suspensión de la licencia, pero esta orden-sanción, solamente puede ser emitida por el director de la ATTT o un juez de tránsito que lo represente, tal como lo dice el artículo 119.

Lo que encontramos a diario en las calles es que en retenes o como consecuencia de un accidente de tránsito, los policías, obrando en función de inspectores de tránsito, verifican la base de datos (pele police), confirman que hay boletas sin pagar, usurpan la función del director de la ATTT o sus jueces de tránsito y sin dejar constancia documental de ello, suspenden la licencia, ejecutan la sanción reteniendo la misma y dan inicio a un calvario que puede durar una, dos y hasta tres semanas: recuperar la licencia ante un juez ejecutor que a su turno, también tiene su propio procedimiento inventado.

Si nos atenemos al artículo 133, lo único que le es dable al policía de Tránsito que advierte que el conductor está en mora con la ATTT, es requerirle que no conduzca más el vehículo, que llame a una persona que esté legalmente habilitada para hacerlo y si nadie se presenta, proveer al retiro con grúa.

¿Cuánto le cuesta a una persona un día sin carro (sin licencia, no se maneja)?

Ojalá pudiera cobrarle al sargento que me retuvo ilegalmente la licencia por una infracción de B/.10.00, las dos semanas de taxi, el paz y salvo, el historial de conductor y sobre todo, las dos semanas de incomodidad que padecí por no poder manejar.

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<> Este artículo se publicó el 13  de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cómo gastar el dinero ajeno

La opinión de…

Roberto Christian Cerrud Rodríguez

Existen dos maneras de gastar el dinero ajeno: gastando el dinero de los demás en nosotros mismos o gastando el dinero de los demás en terceras personas.

En el primer caso, como cuando alguien nos invita a un almuerzo profesional, exigimos lo mejor sin preocuparnos por el precio. En el segundo, que es lo que hace el Gobierno todos los días con sus contrataciones, los políticos ni se preocupan por la plata que gastan, ni por la calidad de los productos que adquieren.

Saco esto a colación porque recientemente investigué acerca del presupuesto de la Nación y me llevé una desagradable sorpresa al ver la cantidad de dinero que el Gobierno nos sacará del bolsillo a todos los ciudadanos panameños, con el objetivo de financiar los faraónicos proyectos de la actual administración; si hay algún lector que todavía no lo sepa, el presupuesto para 2011 es un 26% más elevado que el presupuesto de 2010, es de $13,000,000,000 (sí, leyó bien, un 13 seguido de nueve ceros) en gasto público, para un país que, según el censo de 2010, tienen apenas 3 millones 322 mil 576 almas.   Basándonos en esas cifras, para conseguir ese dinero el Gobierno ha debido sacar de su bolsillo alrededor de 3 mil 912 dólares en impuestos a cada hombre, mujer y niño panameño.

Por supuesto, que en realidad hay quienes pagan más impuestos, en proporción, que el resto de la ciudadanía y esos “quienes” son generalmente los profesionales de la clase media, pero el punto que quiero hacer en estas breves líneas no es la perversidad del bizantino sistema tributario panameño, sino la desmesura de la que hace gala el actual gobierno al momento de gastar dinero ajeno.

Ahora que vimos en total cuánta plata nos expolia el Gobierno con sus impuestos, veamos en qué se va a gastar el erario. Como me preocupo por el bienestar de mis lectores, le recomiendo que tome asiento, porque corre el riesgo de sufrir un desmayo:   al Ministerio de la Presidencia, para llevar a cabo su etérea función de “coordinar todas actividades estatales que se realizan a nivel del sector público e informar a la ciudadanía sobre la gestión gubernamental” le fue asignado un presupuesto de $774,672,500 (es decir, a cada uno de los panameños nos sacaron $233.15 de nuestro bolsillo para que nos intercepten nuestras conversaciones telefónicas, nuestros emails y hasta los chats que mandamos por BlackBerry). Al Ministerio de Educación se le asignó un presupuesto de $1,143,644,300 (de cada uno de nuestros bolsillos, $344.20 anuales para financiar uno de los peores sistemas educativos del hemisferio).

Al Ministerio de Salud le fueron asignados $1,078,562,900 (es decir, a usted, respetado lector y a mí nos expolian $324.62 anuales, a pesar de que la evidencia indica que entre mayor sea el gasto gubernamental en este rubro, peor es la calidad de la atención médica recibida –invito a quien desee leer el artículo original que visite el Facebook del Círculo Bastiat para que encuentre el link al mismo).

Creo que con los ejemplos anteriores he dado un argumento convincente sobre la monstruosidad en la que se ha convertido el Ejecutivo. Ahora démosle una rápida ojeada al Órgano Judicial: en el presupuesto de 2011 se le asignó una partida de $83,553,900 (eso viene a representar un pago anual de $25.15 por panameño).

Es decir, que al encargado de salvaguardarnos en contra de los abusos del Gobierno, de dictar sentencias en contra de los irresponsables que no saben cumplir un contrato, de juzgar severamente a los asesinos y narcoterroristas que quieren someter a nuestra bella patria a sus designios, cada ciudadano le paga anualmente solo el 10.8% de lo que nos vemos obligados a pagarle al Ministerio de la Presidencia, para que este último compre equipos para interceptar los chats de BlackBerry. Siendo así las cosas, estimado lector, lo dejo para que medite.

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<> Este artículo se publicó el 13 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá y el nefasto legado del pasado

La opinión de la antropóloga…

Brittmarie Janson Pérez

Tengo una cronología, mes a mes, de los 20 años de la dictadura de los militares y sus socios civiles.   La armé para mi tesis doctoral, Panamá Protesta. Como estaba en un formato anticuado, la estoy transfiriendo a un nuevo formato para ofrecer a los estudiosos un trozo detallado de nuestra historia.

Aunque el trabajo es doloroso –quiero llorar cuando pasan por mis manos las protestas de un pueblo que luchó inútilmente por la libertad y la justicia– mirando hacia atrás, uno ve mejor.

Ahora entiendo que desde el fraude electoral de 1984, la suerte de Panamá estaba echada. Noriega y sus socios nunca dejarían el poder pacíficamente porque no podían permitir que quedara al descubierto su corrupción, crímenes, desfalcos, participación en el narcotráfico y el tráfico ilegal de armas, asesinatos e infinidad de violaciones a los derechos humanos.   Por eso mismo, Noriega mandó decapitar a Hugo Spadafora el año siguiente, provocando la renuncia del presidente Ardito Barletta.

En febrero de 1988, Noriega fue acusado por jurados en Miami y Tampa de ser narcotraficante y José I. Blandón dio testimonio que comprobaba esto.   El presidente Delvalle fue derrocado cuando intentó destituir a Noriega. Desde entonces da vergüenza leer los nombres de los panameños que se prestaron para la desnaturalización de la República.   Vociferando que los intentos de Estados Unidos para desplazar a Noriega se debían a que Washington pretendía desconocer los tratados del Canal, armaron a paramilitares nacionales e importados, cerraron los medios de comunicación independientes, aterrorizaron a la población con amenazas, arrestos, torturas y violaciones, obligando a miles de panameños a ir al exilio.

Aunque en retrospectiva queda claro que Noriega y socios jamás soltarían el poder por las buenas, en 1989 los partidos de oposición aceptaron ir a elecciones.   El PRD nuevamente cometió fraude.   Pero los panameños –luchando titánicamente contra una nueva ola de represión– dieron la victoria a la oposición y defendieron sus votos. En respuesta, los paramilitares atacaron a Endara, Arias Calderón y Ford salvajemente y el narcodictador anuló las elecciones.

Hay que leer las cronologías, día a día, para comprender el abismo en que Noriega y el PRD hundieron a Panamá.   Para liberarnos del puño de hierro de la narcodictadura, no sirvieron ni protestas pacíficas, ni las medidas legales y económicas adoptadas por Washington, ni las elecciones, ni conversaciones de alto nivel, ni la OEA.   Solo mediante una invasión por Estados Unidos logró Panamá zafarse de Noriega.

Washington, que apoyó el golpe militar de 1968 y ayudó a crear el monstruo que fue Noriega, contribuyó a que el presidente Endara y el vicepresidente Arias Calderón –quien después se alió con el partido de la dictadura– mantuvieran al PRD como partido, con legisladores supuestamente electos por fraude, dejando sin investigar el origen de las fortunas acumuladas por sus líderes.

La corrupción y la impunidad siguieron su curso. La democracia que nació sobre la humareda de bombas, fuego, destrucción y muertes no ha podido crecer debidamente, porque sufre de un defecto congénito: el nefasto legado del pasado.

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<> Este artículo se publicó el 13 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.