‘Identidad’ (¿?): un pueblo creado bajo los apodos o sobrenombres

La opinión de…

ARISTIDES UREÑA RAMOS
aristides_urena@hotmail.com
A Pedro Luis Prado S.— Somos muchos los que, con serio empeño, cuestionamos sobre altos conceptos de homologación las raíces y la identidad, un debate abierto en el tiempo… junto al amigo de pluma Manuelito Orestes Nieto, en fugases discusiones, abrimos ventanas en el tiempo. Te dedico este ELENCO empaquetado en cartucho, con sabor a concolón, un rebencazo para despertar la curiosidad, para que vivas un pueblo creativo que construye su identidad.

Santiago, 23 de noviembre de 2010.— Apenas usted llega a la Terminal de buses de Santiago, ve el continuo ir y venir de personas ocupadas en el trasporte de personas y cosas… este hormiguero de humanidades en movimiento parece un caótico CIRCO de un pueblo que se ha quedado chiquito para tanta gente. Mi mirada, en su curioso observar, es guiada por los indiscutibles olores, que penetran en la profundidad de mis entrañas, despertando aquellos recuerdos enterrados, únicos e irrepetibles de esta ciudad.

—‘¡Ey, Perico, Pata de palo, bájate esas vainas!’, grita un agitado trabajador uniformado de la compañía de trasporte, los gritos acompañan la acción de descarga de las maletas, que continúan así: —‘Boca de zuiche vente pa’cá’—. Y me doy cuenta de que sí es verdad… estoy en mi Santiago querido, pueblo creado bajo los apodos o sobrenombres.

Al alejarme de la Terminal de buses, comienzo a recordar un interminable ELENCO de apodos, con el cual cuenta mi ciudad, y en mi mente enumero a mi familia: el Líder, la Gallina culeca, para mis padres; Cuándo canta el birulí, Wuarifundango, Nazará cara cafá, Fra pincel (yo), Arroz dormido, Tutito, Come caliente, sor Tita, Cholo matapollo, Monina, Bolonchón, la Chata, Pildorita, Coconut’s para mis 13 hermanos y yo…

Los que evocan historias del pueblo: Abusión, Policarpios, Perico, Malanga, Califa, Muñiri, Chinclé, Matón de yegua, Cacique mée, Garrotillo, Ñeñe plaó, Matraca, Caliche…

Y para no quedarse atrás de los famosos políticos capitalinos como: el Toro, Bimbín, la Chola, el Perro, el Loco y Patacón; los políticos del patio usaron sus nombres en campaña electoral como: el Chavo, Chalo, Porky, Cachete, Bolita. A ellos les sigue el elenco de intelectuales veragüense como: Chico perico (C. F. Changmarín), Cabeza de huevo (A. Herrerabarría), Tuntuneco, Cachito, Tres metros, Gato solo, Soldadito de plomo, Tom Jones, Ojito de leche, Güeso de micha, Escopeta, Guarxel.

Un ELENCO de apodos con referencias sexuales como: Picha seca, Paja, Borrador, Sapo de micha, Culo pecho, Pelo de micha, Picha de corcho, Culo de pato, Tripa de culo, Pico de mula, Polvo loco Macló, Picha de oro… Con referencias a la Zoología: Mataperro, Mapache, Pichón de policía, Gallote, Grillo, Topo, Vaca loca, Pechuga de burro, Conejo, Caballo viejo, Perico, el Puma, la Gata, Mangote, José gallo, Zorro viejo, Ciro puerca, el Potrillo, Juan yegua, Coyote, Sapito chi, Culo de avispa, Mario víbora, Noneco, Iván puerca, Lagarto para’o, Sapo trucha.

Personajes de la radiofonía local como: ña Duba, ño Gerto, Mano Baristo… De las respetables familias ‘aristocráticas’ santiagueñas: niña Manango, niña Gata, niña Bicha, niña Susanita. Todos apodos cariñosos para identificarse entre los paisanos, como para la Normal, sor Yeye; para los más pudientes, como: Hitler, Ganancia, Cocoña… y la fantasía del ELENCO no tiene límites, siguiendo con: los Burros de la calle, los Mangueras, los Picha seca, los Puercas, los Corn flakes, los Ñopos, los Guarina, los Pingües, los Zorros…

Continuando con una serie interminable de fantasiosos apodos, como: Bonito pa’ verga, Puyé ye papa, Mentirita fresca, Arma’o en chácara, Foto de jediondo, Tamal mal amarra’o, Cholo güebón, Pisa candela, Ñato, Balomba, Chicharón, Checherito, Flatia’o, Cholo Winetú, Culembo, Facio, Conclá, Mofle, el Siete, el Sheriff 4 plumas, Calimán, Ojo, Chiquitín, Bodega, Manito pingüé, Momia, Pan de pasa, Pan de dulce, Payaso chispa, Pecho de lata, Mondonguera, Nene chiquito, Nene grande y Nene a mitad, Pirichanga, Un cuarto para las doce, Punto y coma, Galope, Chingo, Patacón, Cabezón, Mocho, Pato de palo, Pellejo; a personajes populares, como Kan kan, Tiki, Salsa, la Turca, Mazinger, Chucha de hierro, la Macana, la Guaricha, Flecha, Río feliz, Media micha, Pedrito…

Y el elenco sigue con Chinclé, Vaquerito, Geñito raspadura, Bolongo, José Joe baby, Guacho de loro, Micho quema’o, Veneno, Satanás, Cholo, Guanrule, Mollín, Pulgar, Papaye, Centavo, Chola mía, Billy black, Rami, Cabeza de piano, Chichi, Zanja madre, Aguas negras, Ñopa mano ñeque, Fran mée, Cuchillo largo, Coche viejo, Toño peseta, Califa, Babimbo, Matón de yegua 1, Matón de yegua 2, Juan boliche, Ñeca, Chemero, Perro envenena’o, Tomorrow, Juan teléfono, Picuiro, Even Majay, Pinkay, Flaco mello, Flaco yegua, Cabeza de clavo, Panchita, Tito mojón, Sin pescuezo, Payiyo, Pescuezo de lata, Pescuezo de litro, Chalín, Eva leva… y el ELENCO continua enriqueciéndose de una cultura popular que evoca a través del APODO o SOBRENOMBRE el vivir de un pueblo —mi pueblo—, donde las voces vivas, pese a las adversidades, proyectan, a través de un simple ELENCO, su propia identidad.

<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Wikileaks abre una ventana

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –La diplomacia es algo que se hace a puerta cerrada y frecuentemente a espaldas del pueblo. Aunque los diplomáticos son servidores públicos y debieran tener la misma obligación de transparencia y rendición de cuentas que cualquier otro funcionario, los diplomáticos rutinariamente sacrifican el derecho ciudadano a la información en el altar de la supuesta necesidad de confidencialidad en el manejo de las relaciones internacionales. Con esa excusa sostenidamente se niega o tergiversa información que los ciudadanos tienen derecho a poseer. No es enteramente chiste que el humorista Ambrose Bierce comentó una vez que “un embajador es un hombre al que se le paga para que mienta por su país”.

Mencionaré cuatro ejemplos de la negación injustificada de información. Uno, que el gobierno estadounidense todavía me está negando documentos sobre el asesinato de José Antonio Remón en 1955, dizque “por razones de seguridad nacional”. (¡Casi 56 años después del hecho!) Dos, que los gobiernos de Panamá y Estados Unidos negaron dar información completa y oportuna sobre la extradición de Noriega que se estaba tramitando en 2007 en Miami; no había razón alguna para que esos trámites se hicieran en secreto, salvo que en verdad hubiera algo sórdido allí. Tres, que cuando se estaba negociando el Centro Multilateral Antidrogas durante el gobierno de Pérez Balladares, ambos gobiernos sostenidamente rehusaron dar las más mínimas migajas de información, solo para quedar con egg on the face, como dicen los norteamericanos, cuando un periódico mexicano publicó un borrador del tratado, que causó furor en Panamá. Y cuatro, solo el lunes pasado, que el Departamento de Tesoro rehusó absolutamente darme información alguna sobre el tratado de intercambio de información fiscal que sería firmado con Panamá el día siguiente y que ya circulaba en Panamá; aparentemente, el gobierno estadounidense cree que los ciudadanos solo deben saber el contenido de tratados después de que estos se hayan firmado, no antes.

Comprendo que algunos esfuerzos diplomáticos requieren confidencialidad en su etapa más delicada. Lo que no acepto es la negación o tergiversación rutinaria de información pertinente a las relaciones internacionales; creo que los ciudadanos tienen tanto derecho a conocer los detalles de su política exterior como lo tienen en cuanto a la política económica, energética, ambiental o en cualquier otro campo.

Por todo lo anterior, celebro lo que Wikileaks ha hecho esta semana con la divulgación de 250 mil cables diplomáticos estadounidenses. Lamento que el único cable referente a Panamá es de 1989 y no nos dice mucho. Injustificadamente se tachó el nombre del aliado civil de Noriega que estaba abogando por una amnistía que lo protegiera después de la caída de la dictadura y no había bombas en el resto del documento. Es extraño –y permite toda clase de conjeturas– que no se haya mencionado la invasión que vendría solo días después, aunque sí se habló de que Washington estaba preparando “una acción encubierta”. Pensé que un cable de cinco páginas ha debido contener análisis más agudo e información más precisa.

Sin embargo, otros documentos sí han arrojado luz sobre un montón de temas: Que Washington conocía bien que el golpe hondureño era ilegal pero aparentemente manipuló información pública para poder matizar su reacción. Que Washington ve claramente las debilidades corruptas del “presidente” Karzai de Afganistán. Que Washington reconoce que Rusia se ha convertido en una “cleptocracia” gobernada por Batman y Robin (Putin y Medvedev, respectivamente). Muy curiosamente, que Hillary Clinton se afanó por conocer los medicamentos que Cristina Kirchner toma para los nervios. Y mucho, mucho más.

Wikileaks nos ha demostrado que en el siglo XXI, la diplomacia no será tan encubierta como antes. Por más que el establishment se queje, estoy convencida de que una diplomacia más transparente será una diplomacia de más altura, más rendición de cuentas, y más apoyo ciudadano. Esto es bueno.

*

<> Este artículo se publicó el  5 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Había una vez una selva tropical lluviosa

La opinión de…

 

Gawie González

Había una vez una selva tropical lluviosa, bajo la cual vivía una población tan pobre que comían una vez al día, o dos, o tres.

La población existió para los demás, cuando algún geólogo o un satélite descubrieron la riqueza dentro sus profundidades y pronto las grandes empresas mineras se apropiaron de sus tierras. No sin antes preparar, literalmente, el terreno; porque las relaciones públicas son necesarias para minimizar el impacto que tendrá en la opinión pública la destrucción del ecosistema.

La opinión pública, sólo se existe frente a la opinión pública mientras se publique o se mencione en un noticiero.  Durante décadas a nadie le importó la subsistencia de esa región y, sin embargo, ahora los que son partidarios, o no, de la minería se debaten el derecho a la protección, o no, del medio ambiente. Pero, ¿cómo no defender la única industria que llegó para dar pan para hoy y hambre para mañana? ¿Qué me importa el pan para mañana, si yo no estaré y quizás mis hijos tampoco estén? ¿Dónde estuvo mi gobierno todos estos años? Ahora se aparece solo para atender las necesidades de una industria extranjera depredadora. Y durante todos estos años de miseria, ¿dónde estuvieron todos los demás? ¿Donde estuvo la opinión pública?

Había una vez una selva tropical lluviosa, al lado de la cual se erigía la otra selva de cemento, la ciudad más cosmopolita de la región. Algún geólogo o satélite descubrió que bajo la selva se escondía petróleo u oro, ¿qué más da? Lo que importa es el valor de las cosas en el tiempo y en este tiempo, el oro, la plata y el petróleo es lo que vale. Nos va a costar más, se decían los ejecutivos, pero valdrá la pena. Y, por supuesto, costó más, más coimas, más favores, más leyes, todo tiene su precio y la ciudad se tuvo que mudar.

Hace muchos años había selvas tropicales lluviosas, así como hubo oro, plata y cobre; ahora todo se ha ido, ahora lo que vale es lo que más falta, el agua y la tierra fértil y las selvas. Ahora todos pagamos para que nuestros vecinos mantengan las suyas, son reservas valiosas para garantizar las lluvias. ¿Quién iba a imaginar que el oro del mañana sería el agua?

*

<> Este artículo se publicó el 5 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Charlatanes, potingues y hechiceros…

La opinión del Médico…

Daniel R. Pichel

No se cómo, pero hay que controlar la proliferación de charlatanería que atenta seriamente contra la salud de la población al margen de ningún tipo de autoridad competente.

Con encender la televisión a horas nocturnas o en algunos canales de cable, escucharemos anuncios promocionando productos, sustancias y “suplementos” que, mientras adelgazan la barriga del usuario, engordan la cuenta bancaria a algún vividor.

No me refiero a equipos de ejercicio que favorecen dejar la vida sedentaria y mejorar la salud pública. Un aparato donde se hacen abdominales mientras se contrae la espalda, los rectos anteriores, los oblicuos, los pectorales o los maseteros es más o menos lo mismo. Finalmente, quien haga ejercicio y lleve una dieta baja en calorías (fíjense que estos aparatos vienen acompañados de una “guía de alimentación”) perderá peso, a menos que tenga algún otro problema.

Lo que me preocupa es cómo anuncian descaradamente tratamientos absolutamente empíricos, que se han ensayado en estudios controlados y que, por ser llamados “suplementos” no pasan los controles sanitarios a que debían someterse todos estos compuestos antes de usarse en humanos.

Así, cualquier hijo de vecino recomienda que se tome tal o cual cosa para perder peso, controlar la glucosa, “curar” la hipertensión o el asma o, casi invariablemente, mejorar la potencia sexual y la líbido. Como decía un profesor de medicina interna, cuando algo “sirve para tanto”, seguramente “no sirve para nada”. Lo peor es que, estos vendedores, que muchos de ellos, de medicina solo saben enfermarse, recomiendan tomar cualquier cosa con tal de vender productos que, sospechosamente, ellos representan.

Por lo general, esto implica alguno de esos sistemas de negocio multinivel, donde no hay ningún control en quien recomienda tal o cual cosa, bajo la barata excusa de que “es completamente natural”… Pues claro tan naturales como los hongos alucinógenos, la cicuta, el veneno de las culebras o del pez león, letales a dosis relativamente bajas.

Nadie se entrena para recetar productos “para tratar enfermedades” entrando en la página de internet de Herbalife o 4Life y leído tres o cuatro páginas que allí aparecen prometiendo beneficios médicos, además de casi infinitas ganancias para quien entra en el remolino comercial de estas empresas. Así, cuando se pregunta por evidencias científicas de estos potingues, nos refieren a una página de internet o a un folleto, editados por quienes fabrican el producto lo cual, desde el punto de vista científico, le resta toda validez. Y encima, cuando estos hierberos aficionados recomiendan estas cosas, no toman en cuenta otros aspectos importantes. Hace tan solo una semana, atendí a un paciente diabético, hipertenso, obeso, con insuficiencia renal, con cinco by-passes coronarios, que tomaba anticoagulantes a quien, uno de estos vendedores, le había agenciado un “batido natural” para perder peso el cual, por su alto contenido de fibra, interfería con la absorción y metabolismo de, por lo menos, tres de los 14 medicamentos “de verdad” que estaba recibiendo. Mi pregunta es, si uno de estos pacientes muere por una complicación derivada del uso de estas cosas, ¿el vendedor puede ser demandado por “mala–práctica? … Espero que sí…

Lo malo es que la radio y la televisión presenten toda esta superchería para obtener “audiencia” y mejorar “el rating”. Da vergüenza como, durante horas de la tarde, se exhiben curanderos y hierberos explicando cómo “curar el mal de ojo” y “sacar los malos espíritus” restregándose un huevo en la barriga o tomando un té de patas de gallo negro.

Sin embargo, mi máxima sorpresa fue cuando hace como un mes recibí un correo electrónico anunciando el “Manual de maestros hechiceros”. Esta cosa (me niego a llamarle libro), contiene la forma de “cumplir todos tus sueños de una vez por todas sin gastar dinero en fórmulas que no funcionan”. Tienen hechizos para atraer el amor, detener un divorcio, bajar de peso, mejorar las ganancias de la empresa (supongo que lo escribe Bill Gates) y alejar la mala suerte. Ah, y como si fuera poco, por la bicoca de 99 dólares, que cuesta el manual, se obtiene “gratis” el infalible libro sagrado de conjuros… En fin… ¡una ganga!…

*

<> Este artículo se publicó el 5 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Al maestro con cariño

La opinión de…

 

Julio Ross Anguizola

Crecí al lado de maestros, escuchando el coro del himno al maestro, mi madre, mi tía y el 90% de sus amistades era maestros en escuelas públicas; con orgullo pertenecían al Magisterio Panameño Unido. Eran otros tiempos, estudié en escuelas públicas, mis compañeros y amigos de infancia y juventud fueron hijos de maestros, empresarios, zapateros, agricultores, comerciantes, todos íbamos a las mismas escuelas. Había colegios privados, pero la educación era igual, competíamos académicamente en deportes, oratoria, etc. Los estudiantes iban y venían de la escuela pública a la privada y viceversa.

¿Cómo y cuándo perdimos todo esto? En vez de ir hacia adelante, hemos echado para atrás como el cangrejo. En una conferencia reciente presenté mi propuesta para rescatar la educación, la que aquí comparto: Objetivo: elevar el nivel educativo, esto significa ofrecer una educación integral de calidad y la infraestructura en que se apoya.

He propuesto seleccionar un grupo de escuelas públicas para establecer un plan piloto de administración, que luego de probar su éxito deberá extenderse a un porcentaje importante de las escuelas y colegios públicos del país. Veámoslo con un ejemplo:

1. Seleccionamos 20 escuelas primarias y secundarias.

2. Realizamos una licitación pública para otorgar concesión para la administración de cada escuela.

3. El concesionario sería responsable de administrar la escuela en todas sus fases y recibiría por este servicio un pago del gobierno por cada estudiante matriculado.

4. El pago por estudiante se calcularía con base al promedio de lo que cobran las escuelas privadas del corregimiento en que esté ubicado. Ejemplo: la escuela A tiene 300 estudiantes y en los colegios privados del corregimiento se paga en promedio $100, el Ministerio pagaría entonces $30 mil por mes, con este dinero los concesionarios pagarían la operación, salarios de maestros y profesores y obtendrían ganancias. Otra alternativa a estudiar sería analizar el costo de estudiante en el sistema público.

5. El Concesionario recibiría las instalaciones en condiciones de operar y de allí en adelante sería su responsabilidad.

6. El Ministerio de Educación supervisaría las escuelas como lo hace con las instituciones privadas.

7. Cada concesionario sería libre de administrar la institución de acuerdo a su mejor criterio para lograr el objetivo identificado en este proyecto.

8. Una vez demostrado el éxito de este modelo, el Ministerio de Educación se convertiría en una institución supervisora, como la labor que realiza la Superintendencia de Banca con los bancos. No encuentro justificación por la que un ministro sea responsable de hojas de zinc, bancas y hasta de tiza en los colegios.

9. Un ministro, difícilmente, entenderá y valorará lo que sienten miles de educadores que durante años han sido mal pagados y muchas veces irrespetados y que han vivido toda su vida empeñados y endeudados, porque el dinero no les alcanza. El coro del himno al maestro –con el que inició este artículo– habla de un ser libre, cuya abnegación lo hace ir más allá del deber, sin embargo, tantas cosas han cambiado –y no para bien–, que han afectado aún más la vida y autoestima del maestro, y lo han acorralado en un cerco económico que lo ha obligado en ocasiones a priorizar su propio bienestar.

10. Debemos devolver a los ciudadanos la posibilidad de contar con la excelente educación pública que muchos recibimos y además devolverle al maestro la dignidad y respetabilidad de que gozó ayer.

 

*

<> Este artículo se publicó el  4  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.