La historia real de San Nicolás

La opinión del Jurista…

Jorge Costarangos

Alrededor del año 270 de nuestra era nació san Nicolás en Patara, Lycia, en lo que era la parte griega del Imperio romano en Asia menor (que después sería parte del Imperio bizantino). De familia acomodada, cursó estudios en la ciudad de Alejandría, Egipto. Sus padres murieron cuando era joven, dejándole una fortuna considerable que dedicó a la caridad y bienestar de otros. Decidió mudarse al monasterio de san Zion, cerca de la ciudad de Myra, y se dedicó a la vida religiosa como monje.

Después de su ordenación, sirvió como sacerdote de una parroquia. Indica su historia que al morir el arzobispo de Myra, los obispos se reunieron para encontrar sucesor. Como no se ponían de acuerdo, dejaron la elección a Dios y que a la mañana siguiente el primer sacerdote en entrar a la iglesia sería el nuevo arzobispo.   Al amanecer, san Nicolás entró a la iglesia calladamente a rezar sus plegarias y quedó elegido como el nuevo arzobispo.

Las referencias griegas de su vida indican que sufrió persecución por su fe bajo Diocleciano. Quedó en libertad cuando el emperador Constantino accedió al poder, y se dedicó a promover la fe cristiana. Fue inspirador de los valores de la cristiandad. En el año 325, con el apoyo del emperador Constantino se llevó a cabo el Concilio de Nicea en el que san Nicolás participó activamente. Fue en este Concilio en en que se redactó la versión oficial del Credo.

Entre las historias más famosas que se le atribuyen está el haber salvado a tres hermanas de la prostitución, ya que eran muy pobres para aportar dote y, por lo tanto, no podían casarse. San Nicolás supo de esta familia y quiso ayudarla sin que nadie se enterara. La historia tiene varias versiones, pero el contenido básico se mantiene: en una versión san Nicolás trepó a la chimenea de ese hogar y dejó caer bolsas con monedas de oro en las medias de las doncellas, que se habían puesto a secar al fuego.

En otra, él colocó las bolsas con las monedas de oro en las medias que habían puesto a secar en la ventana. Luego de que se casaran dos de las hermanas, el padre decidido a saber cómo había llegado misteriosamente el dinero, se escondió en la chimenea la noche siguiente y descubrió a san Nicolás con la otra bolsa de oro para la tercera doncella.   Por esta razón, se representa a san Nicolás con tres bolsas de oro. Cuando san Nicolás fue descubierto, pidió al padre que mantuviera el secreto, pero éste quería que todos supieran sobre su bondad y lo dijo a todo el mundo.

Otra historia le atribuye haber resucitado a tres niños asesinados, por eso es el santo protector de los niños. También es patrón de los marineros, porque Myra era un puerto, y la primera iglesia construida allí parece haber sido hecha sobre los restos de un templo de Poseidón. Además, se le atribuye haber salvado una embarcación del desastre en uno de sus viajes.

Otro milagro le atribuye haber salvado de la muerte a tres dignatarios de la corte de Constantino, falsamente acusados de delitos, al aparecerse al emperador en un sueño. Debido a sus virtudes y milagros, el emperador Justiniano le construyó una iglesia en su honor en Constantinopla. En el año 1034, la ciudad de Myra fue tomada por los sarracenos, luego diversas ciudades italianas hicieron planes para navegar hacia Myra y apoderarse de las reliquias de san Nicolás.   En 1087, los ciudadanos de la ciudad de Bari robaron sus restos mortales y una nueva iglesia se construyó en Bari, en donde hoy reposa su cuerpo, por esa razón es un santo eminentemente bizantino, también se hizo popular en Occidente.   Sostienen que un aceite curativo emana de sus restos y que el día de la llegada de sus restos a Bari hubo curaciones milagrosas.

Su popularidad se hizo patente en América, con la llegada de los primeros inmigrantes holandeses a Nueva Amsterdam, en Estados Unidos (EU), ciudad que cambiaría su nombre a Nueva York. En Holanda, el nombre de san Nicolás es Sinter Nikolass que acortado es Sinter Klaas. Este nombre evolucionó con estos inmigrantes hasta convertirse en santa Claus como se le conoce actualmente en Navidad y así es venerado en el mundo cristiano, destacándose sus valores y bondad.

Salta a la vista que siendo originalmente un santo bizantino griego a lo largo del tiempo, y en gran medida debido a la publicidad y creatividad de diversos autores en medios de comunicación de EU, su imagen evolucionó, modificándose hasta convertirse en el simpático personaje de mejillas sonrosadas, lucidas barbas blancas y vestimentas rojas que alegra a todos en Navidad. Su fiesta se celebra el 6 de diciembre, siendo santo patrón de Grecia, Rusia y de Sicilia, en Italia.

Que la bendición de Dios se esparza sobre nuestro hermoso país, sembrando buena voluntad con motivo de la celebración del natalicio de nuestro señor Jesucristo y que en esta Navidad los valores de san Nicolás sirvan de inspiración a todos para que prevalezca la cultura de paz y concordia que tanto deseamos mantener en Panamá.

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<> Este artículo se publicó el 25 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Los reyes de turno…

La opinión de…

Rafael Gerardo Pérez

¡La democracia! motor de la ideología política de las masas de América y el mundo, perfecto sistema montado en un escenario mediático y engañoso, donde las promesas no se cumplen, pero sí se olvidan.    Defendida a capa y espada por unos y pisoteada cruelmente por otros, es el eje de un espectáculo sin sentido del que todos somos espectadores, partícipes y víctimas.

Una mancuerna monárquica que cambia de rey cada cinco años, en donde los aristócratas de turno viven como verdaderos reyes a costilla del pueblo, mientras que los que no están en el trono esperan pacientemente su oportunidad.

La democracia es un tipo de monarquía totalitaria que usa como armas la mediatización social y la sugestión de masas, en un grotesco espectáculo, en donde el país se divide en dos bandos para apoyar y defender a muerte al sucesor al trono que le parezca como –algunos dirían– “menos peor”, el pueblo ahora se transforma en un impávido testigo del absurdo festín de votos, ganadores y perdedores, el cual lleva al trono al nuevo monarca de la nación.

La campaña comienza y cada bando se arma de un arsenal de publicidad engañosa y promesas vacías que desafían el poder de cualquier gobernante, y así empieza la batalla de encuestas y promesas, de sobornos y difamaciones, donde el ganador se decide por el costo de las campañas radiales y televisivas o quien más ídolos populares, cantantes y actores tenga de su lado, o bien el que mejor baile o cante.

Los candidatos a rey o reina intentan, con ahínco, hacer creer a sus futuros súbditos que no son ricos y poderosos, sino todo lo contrario: pobres, sencillos y humildes, hasta el punto en que la ciudadanía lo termina creyendo.

Y cuando esta batalla termina y es elegido el nuevo rey de la república, el bando ganador derrocha todo el dinero que le quedó, después de la costosa campaña, en rimbombantes celebraciones, con la esperanza de que es un nuevo comienzo, que el verdadero cambio ha comenzado, y pronto todo este dinero se les ha de reembolsar con intereses.

Es así como este ciclo se repite cada período electoral, una y otra vez, y aunque el ganador no haya cumplido las expectativas del pueblo en el período pasado, es elegido otra vez ya que los votantes no poseen memoria a largo plazo y no recuerdan más allá, de su actual gobernante y monarca, al que repudian con todas sus fuerzas, pero que para la próxima campaña electoral volverá a ser elegido.

 

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<> Este artículo se publicó el  18  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

21 años después de la invasión

La opinión de…

Oriel A. Domínguez C.

La invasión de Estados Unidos a Panamá es, sin lugar a dudas, el genocidio más grande de nuestra historia, sin embargo, nadie sabe con exactitud cuántos panameños murieron. Eso se debe, en parte, a la actitud –para algunos servil– del hoy difunto presidente Endara y su gobierno, quienes se negaron a incluir en el censo de 1990 una pregunta relacionada a si algún familiar había muerto en la invasión.

Solo para recordar algunos hechos que dan inicio a esta época “democrática”. Nadie podrá cambiar jamás que Endara, Calderón y Ford cenaban en una base estadounidense horas antes de la invasión y que en dicha cena les fue comunicado que nos invadirían. Nadie sabe cómo reaccionaron, pero no parece que se hayan opuesto con vehemencia ante tal noticia. Lo cierto es que esa noche ellos tomaron posesión de sus cargos, recibiendo cada uno el abrazo de los mismos soldados que nos masacraron utilizando las más modernas armas.

Una de ellas, el avión de combate Stealth Fighter F-117 Nighthawk, que erró tres de las cuatro bombas que intentó detonar en el Cuartel Central, pese a este hecho reconocido por los propios invasores, muchos hoy todavía tontamente creen que El Chorrillo fue quemado por miembros del Batallón de la Dignidad.

Otro hecho fue que a los días muchos panameños, a pesar de lo sucedido, salieron con gran alegría vistiendo camisetas que decían Just Cause, portando banderas de Estados Unidos. Otros, incluso, servían a Estados Unidos y salieron vistiendo con orgullo el uniforme militar yankee.

Qué decir de los y las que se subían a las tanquetas gringas y se tomaban, alegremente, fotos con los soldados sureños de ojos verdes y cabellos rubios. Para los meses siguientes, la historia recuerda al embajador de Estados Unidos dando órdenes en el Consejo de Gabinete de la República de Panamá.

Todos estos hechos, lejos de constituirse en algo heroico, rayan en la más grande traición. Es triste que hoy se considere esta fecha como “día de reflexión” y es que después de 21 años, por donde se mire, la invasión no tuvo nada de justa. Con estas actitudes nunca llegaremos a ser país de primer mundo y habrá que esperar que toda esta generación muera –así como murieron los judíos que salieron de Egipto que tenían mentalidad de esclavos– para entonces empezar a edificar un país con dignidad y valor, en el que el amor a la patria esté por encima de todo.

Ojalá algún día podamos honrar a aquellos que dieron su vida por la patria ese día como ellos se merecen.

¡Nunca los olvidaremos!

 

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<> Este artículo se publicó el  19  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El deber de participar

La opinión de…

 

Salvatore Bacile Ladaris

Los panameños no podemos darnos el lujo de abstraernos de los eventos que suceden a diario a nuestro alrededor y que son una muestra de nuestra aún imperfecta democracia, ya sea por desidia, banderías políticas, desgane, desgaste, frustración con el sistema o, simplemente, porque nos parece que esos no son nuestros problemas, sino los del gobierno en turno.

No podemos ignorar y ser pasivos espectadores de injusticias, atropellos, violencia, ilegalidades, abuso de poder o, por otro lado, de las presiones que algunos gremios organizados ejercen sobre el Estado, que al final somos todos, con el único fin de postergar o aumentar sus propios privilegios en detrimento de nuestros ya socavados valores.

Nuestra indiferencia, en más de una ocasión, es la ciega cómplice de las injusticias y situaciones que posteriormente criticamos y de las cuales diariamente nos quejamos, o que por ignorar o considerar que no podemos cambiar, dejamos que sigan su curso, perdiendo de perspectiva el daño que directamente nos ocasionan.

Educadores, médicos, funcionarios administrativos y hasta jubilados son un ejemplo de estos grupos de presión que surgen a la palestra pública en forma cíclica y a manera de espiral cada cierto tiempo, reclamando con acciones de fuerza, paro de labores y cierres de calles lo mismo de siempre: mejoras salariales, pensiones privilegiadas o mejores condiciones de trabajo.

Sin embargo, me pregunto, ¿alguna vez hemos visto a estos mismos grupos defender con la misma beligerancia la necesidad de introducir en la educación una reforma curricular con la cual todos estemos de acuerdo y que contribuya efectivamente a preparar a nuestras futuras generaciones?

¿Hemos visto a estos grupos cerrar calles y rasgarse las vestiduras con la misma vehemencia por modernizar la salud en nuestro país y ofrecer una atención médica con calidez y humanidad? ¿Hemos visto los ciudadanos de este país que estos grupos efectivamente han contribuido a introducir los cambios que todos esperamos para hacer avanzar nuestro país, sacrificando sus intereses personales?

Si la respuesta común a estas preguntas es ¡no!, entonces me pregunto, ¿por qué cuando estos grupos se organizan para reclamar a la fuerza que todos paguemos más impuestos a fin de hacerle frente a sus reclamaciones no decimos nada, no reaccionamos y dejamos que sea el gobierno de turno el que responda y resuelva con los recursos del erario público, al fin y al cabo, con los recursos de todos los panameños?

Nuestro compromiso como ciudadanos no termina en las urnas al emitir nuestro voto, por el contrario, allí empieza el deber de involucrarnos activamente en el acontecer nacional, de emitir nuestros criterios y de apoyar, no importa el gobierno que sea, las decisiones que consideramos son las correctas.

Al Gobierno le otorgamos la autoridad, mas no el poder de tomar decisiones por nosotros, eso debe ganárselo. Los grupos de presión, aunque señalen ser representantes de la sociedad, no nos representan como colectividad, sino a ciertos grupos de interés.

Es necesario, entonces, para que este país sea diferente y crezca, que todos participemos y hagamos nuestras las decisiones de nuestro propio futuro. A ciencia cierta, el cambio que se requiere está en nosotros mismos.

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<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Tras los 21 años de la invasión

La opinión de…

Javier Comellys

Media hora antes de la medianoche del 19 de diciembre de 1989, en la víspera de Nochebuena y sin que nadie lo esperara, repentinamente se escuchó un estruendoso ruido; eran las primeras bombas que caían en suelo panameño producto del bombardeo dirigido al cuartel central, a la cárcel modelo (que de modelo no tenía nada),  a los centros de operaciones de los “batalloneros de la indignidad” y a todo objetivo que los soldados estadounidenses consideraban un factor de beligerancia.

Todo esto constituía signo evidente de que la invasión había empezado y llegó con nombre y apellido, “Causa Justa”. El Chorrillo quedó prendido, no por los arbolitos de Navidad ni mucho menos por el reflejo que producen los foquitos que el panameño acostumbra a poner frente a sus casas en este tiempo.

Parecían más bien millares de alienígenas atómicas que invadían nuestro suelo y espacio aéreo. Eran las luces que salían del fuselaje de los misiles que disparaban los norteamericanos desde aviones furtivos, como el nighhawk, helicópteros apaches y blackhawks, dirigidos, precisamente, al sitio en el que antaño la laureada poetisa panameña, Amelia Denis de Icaza, se inspiró cuando decía: “¿Qué se hizo tu chorrillo? ¿Su corriente al pisarla un extraño se secó?”…

La soldadesca estadounidense hizo gala de sus sofisticados armamentos que incluían los últimos adelantos tecnológicos en materia de hacer la guerra. Ese mismo armamento fue utilizado, posteriormente, en la guerra del Golfo y en Irak.

El bombardeo fue intenso y sistemático en las primeras horas de la medianoche. Los “batalloneros de la indignidad”, grupos organizados por el noriegato y los Codepadis, aprovecharon la ocasión para incendiar El Chorrillo, lo convirtieron en el caldero del infierno, algo así como el purgatorio, mientras Noriega huía despavorido como alma que lleva el diablo.

El gobierno de Gorge Bush padre, tomando en cuenta las amenazas y el peligro que representaba Manuel Antonio Noriega para el Canal y para los intereses norteamericanos en este país –por la obsesión de no restablecer la democracia en Panamá y por los frecuentes ataques a la libertad de expresión–, recordó que según los tratados Torrijos-Carter Panamá seguía bajo el paraguas ignominioso del Pentágono y decidió autorizar la operación militar a la que denominó “Causa Justa”.

Noriega, el prototipo de individuo maquiavélico y obsesionado por el poder, pregonó la tesis de que la obtención y retención del poder era el fin último y que todo lo que fuera necesario para ello estaba justificado. Sus ideas psicopáticas y maquiavélicas estaban bien arraigadas en el oscuro mundo de su cerebro huero, al igual que su falso nacionalismo, apegándose al poder como la fiera a su presa. Creó su propio reinado del terror, se corrompió y lavó mucho dinero.

Desde los cuarteles dirigió el tráfico de drogas de los diferentes carteles colombianos, y en nombre de los postulados de la doctrina de la seguridad, creo su propia maquinaria del crimen; asesinó a dirigentes y a disidentes políticos, llevó a cabo desapariciones forzadas, repartió palo y plomo hasta la saciedad contra sus adversarios a quienes no les perdonaba ni les permitía disentir.

Tomando en consideración la tesis sociopolítica de la criminalidad, de que el poder es la actitud que tienen ciertas personas para imponer su voluntad, argumentamos que Noriega es un criminal nato. Sin embargo, se entregó a las fuerzas invasoras sin disparar un tiro; huyó como una cucaracha por todos los huecos, recovecos y cloacas; se cobijó en los santuarios, vestido de monja, para no arriesgar su “inmaculado” pellejo.

La importancia de estos hechos históricos está en que el panameño debió aprender la lección: que las dictaduras totalitarias utilizan sistemáticamente los mecanismos del terror para acallar las voces de la disidencia, exaltan el culto a la personalidad, el adoctrinamiento ideológico y la extinción de los partidos políticos, tal como ocurrió en los 21 años de gobierno militar, etapa en la que tanto Torrijos como Noriega se aprovecharon del resentimiento antinorteamericano de ciertos sectores de izquierda, para explotar un falso nacionalismo y perpetuarse en el poder.

Con la invasión, los panameños salimos del infierno a la libertad y a la estabilidad democrática que hoy vivimos y disfrutamos todos, independientemente de cualquier ideología, credo, raza o partido político.

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<> Este artículo se publicó el 18 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Omisión retardada, Procurador titular

La opinión de…

 

Donatilo Ballesteros S.

Las informaciones que han sido publicadas en los distintos diarios locales concitan a la reflexión sobre acciones que debieron ser tomadas con oportunidad, previendo situaciones difíciles, inesperadas y, sobre todo, ineludibles.

Con la condena de la titular y su consecuente destitución, se designó al Procurador suplente para cumplir así lo establecido en la Constitución Política. Pese al tiempo transcurrido, sin justificación ni explicación convincente, se ha omitido la designación del Procurador General de la Nación titular, con lo cual el Consejo de Gabinete retarda un hecho jurídico que lo faculta para elegir un candidato, hacer el nombramiento y someterlo a la aprobación del Órgano Legislativo.

Pareciera que entre las filas de la alianza gubernamental no hubiese candidatos de aceptación general o que se pretende mantener en el ejercicio del cargo a quien lo ejerce como suplente, lo cual obliga a designarle como principal y escoger a otro que lo reemplace como suplente. Ahora que sale a flote un escándalo mayúsculo, por las implicaciones que conlleva y por los funcionarios que empiezan a lanzarse imputaciones, es más que inevitable la designación del titular en el más elevado cargo del Ministerio Público, para atender su saneamiento, recobrar su prestigio, inspirar confianza en su personal, elevar la moral de los buenos funcionarios y desplazar a quienes están allí por un salario y no por capacidad, ni profesionalismo.

Todo el país espera que los hechos denunciados no transiten hacia el olvido y que, por el contrario, cada uno de los que han contribuido, por acción o por omisión, sean enfrentados con rigor, porque allí labora mucha gente honesta, productiva y capaz, que tendrán justificada preocupación por los acontecimientos, bochornosos y desestabilizadores de la institución a la que ellos sirven con aportes valiosos, pero que otros minan, porque no han logrado escalar por méritos, moralidad o profesionalismo.

Conozco a muchos servidores del Ministerio Público, sé de su entrega y esfuerzo por cumplir, pese a que sirven de escalera a los nuevos empleados, cuyas ejecutorias palidecen ante el rendimiento, objetividad y sentido de responsabilidad de los tradicionales, ignorados y hasta despedidos.

Es no solo urgente, sino impostergable que el Consejo de Gabinete inicie la gestión –hasta ahora una omisión retardada– para designar al Procurador titular y a su suplente, en el evento de que el actual sea designado como principal o deje el cargo por algún motivo. El país no puede continuar en un letargo pernicioso, es necesario ofrecer una imagen de rectitud, de justicia sin nombres, de ejemplar respeto a la ley, en una entidad oficial que hoy carece de credibilidad, lo que incomoda a muchos de los que se han visto vinculados al Ministerio Público.

Qué diría don Víctor De León frente a los acontecimientos denunciados o que pensaría un Carlos Pérez Castrellón, solo para mencionar dos nombres de los muchos que le dieron lustre y confianza a la labor del Ministerio Público. Señores del Consejo de Gabinete, manos a la obra, la omisión retardada en la designación del titular del Ministerio Público debe subsanarse cuanto antes.

 

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<> Este artículo se publicó el  25  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

 

¿Justicia ciega o estrábica?

La opinión de…

 

Amarilis A. Montero G.

A veces me pregunto si los casos de corrupción, vengan de donde vengan, han pasado a ser el entretenimiento habitual de los panameños. Hasta parece que nos hemos acostumbrado a escuchar que alguien robó millones o que, simplemente, se liberó a unos narcotraficantes, por obra y gracia de un fiscal que recibió algún beneficio económico por sus “buenos oficios”.

Y es, precisamente, este último caso el que tiene a la ciudadanía “entretenida”, como si fuera un capítulo más de la teleserie El Cartel de los Sapos.

Las acusaciones contra Milagros Valdés, la fiscal de Herrera y Los Santos, destituida por haber procedido a liberar ilegalmente a cuatro personas involucradas en supuesto narcotráfico, ha resultado en una cadena de denuncias hacia otros altos funcionarios dentro del Ministerio Público. Entre los acusados están el abogado de los supuestos narcotraficantes, la secretaria general del Ministerio Público, Nedelka Díaz, y la ex directora de Recursos Humanos, Eva Lorentz. Curiosamente, ambas funcionarias están en Europa por diferentes razones y hasta el momento no han regresado al país.

Con las denuncias de corrupción en marcha, el procurador encargado ha salido a manifestarse como un funcionario que va a combatir la corrupción dentro del Ministerio Público.

Al acusar a la funcionaria Eva Lorentz, como una “delincuente que se filtró” en el Ministerio Público, no me queda más que pensar que es el único caso de corrupción que han podido detectar los altos ejecutivos de la Procuraduría.

Pero, desde la clandestinidad se ha pronunciado la ex funcionaria Eva Lorentz. Después de escuchar algunas de sus explicaciones en un canal de televisión, me convenzo más de que el Ministerio Público ha llegado a los niveles más bajos de credibilidad en cuanto a justicia se refiere.

Allí la justicia no es ciega sino más bien estrábica. Dependiendo de quién y cuánto es el dinero, la justicia panameña ve para el lado que le conviene.

No es un secreto que los casos de corrupción están presentes en todos los sectores de nuestra sociedad.   Tampoco es secreto el hecho de que un día estos los funcionarios de alta jerarquía dentro de una institución son acusados, destituidos y vueltos a contratar.   Y aquí no ha pasado nada.

¿No fue la propia abogada Nedelka Díaz acusada de corrupción anteriormente? ¿Dónde está la también abogada Argentina Barrera, que también fue acusada de corrupción?   El sistema judicial los recicla y vuelven a ser noticia por algún motivo poco legal.

Con este panorama tétrico y patético de nuestra justicia panameña, no creo que debamos poner nuestras esperanzas de un trato justo en manos de los actuales miembros del Ministerio Público.

Ya es hora que se logre una limpieza integral dentro de este ministerio. Hay que empezar por nombrar un procurador que llene las expectativas de integridad y profesionalismo que se necesitan en este puesto.

Por otra parte, cualquier funcionario que haya sido investigado o destituido por actos ilícitos no puede volver al Ministerio Público. La integridad de un funcionario judicial queda en entredicho y, por lo tanto, no debe de ser considerado para cubrir ninguna plaza de trabajo dentro de la institución.

La sociedad civil se ha pronunciado anteriormente ante los casos de corrupción, pero todo esto parece caer en oídos sordos.

¿Quién puede salvar al Ministerio Público? Solo la gente de bien y decente puede hacer un cambio dentro de cualquier institución. La tarea está en encontrarlos y darles el mayor apoyo posible para que nuestra justicia sea imparcial y apegada a los hechos.

<> Este artículo se publicó el 24 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.