Intoxicación por plomo, secuela de una tragedia

La opinión del Médico y Miembro de Conciencia Ciudadana…

 

 
ALESSANDRO GANCI
concienciaciudadana09@gmail.com

Son 716 las personas contabilizadas por la Defensoría del Pueblo como heridas o lesionadas (44 policías) durante los disturbios ocurridos en Bocas del Toro, 70 fueron remitidos a otros hospitales de los que 67 tenían heridas por perdigones de plomo en los ojos, tres afectados en pulmón, riñón e hígado. Dos perdieron completamente la visión y uno de los primeros pensionados reporta 150 perdigones en el cuerpo, dos fallecieron como consecuencia directa de los impactos. Por su parte el informe de la organización Human Rights Everywhere, constata 405 heridos, 63% de los casos heridos por perdigones 21% afectados por los gases, 35 mujeres heridas (8,6%) y 12 niños.

Si los datos son correspondientes tendríamos un estimado de 400 personas afectadas por los perdigones.

El plomo no existe en nuestro cuerpo, es un metal tóxico al punto que un solo perdigón demora 100 años en degradarse totalmente y es capaz de contaminar 12000 litros de agua hasta el máximo de plomo permitido por la Unión Europea, que es de 0,01 mg/litro. En los niños su absorción es 30 a 50% más rápida que el adulto. Como metal extraño interviene con otros minerales, bloquea al hierro necesario para la hemoglobina, al calcio que tiene que ver con la contracción de los músculos, y el desarrollo de los nervios, al zinc que ayuda en múltiples sistemas que mantienen las células sanas y la vitamina D necesaria para la fortaleza de los huesos y la función del riñón.

Cuando se absorbe primero circula en la sangre unido a los glóbulos rojos, a los cuarenta días se distribuye a órganos como hígado, riñón, médula ósea y sistema nervioso central (cerebro), que son los órganos blanco de toxicidad, luego de 1 a 2 meses el plomo difunde a los hueso donde es inerte y no tóxico, a no ser que se esté creciendo, se adquiera un infección, un embarazo o cualquiera enfermedad o lesión que provoque su liberación.

El plomo cruza la placenta, por lo que puede contaminar al feto. Finalmente, se excretará por orina en un 90%, y en menor cantidad en la bilis, piel, cabello, uñas, sudor y leche materna. El otro 10% se depositara en los huesos.

El plomo se mide en la sangre en microgramos por decilitro y no se espera encontrar más de tres normalmente. Cuando en los niños llega a 10 y en los adultos 25 se necesita intervención médica. Entre 10 y 40 encontramos anemia, dolores de cabeza, falta de apetito, estreñimiento y mucho cansancio. De 40 a 50 se afectan los nervios y el riñón, puede haber temblores y falta de fuerza en brazos y piernas, hipertensión y diversos grados de daño renal. Entre 50 y 80 se va afectando la memoria, ya no se razona bien, se olvidan las cosas y a partir de los 80 hay encefalopatía franca luego de los 100 puede sobrevenir la muerte.

Los niños contaminados por la leche o a través de la placenta pueden presentar deterioro intelectual y retardo de la pubertad. De los afectados existe un caso contabilizado en octubre en 27.5.

El diagnóstico de la intoxicación por plomo suele ser difícil, porque el cuadro clínico es sutil y los síntomas inespecíficos, debe determinarse el nivel de plomo en sangre, si tiene anemia y de qué tipo es, la zinc-protoporfirina (Comenzó a afectar los órganos), la B-2 – microglobulina en orina (comenzó a afectar el riñón), espermiograma a ver la calidad los espermatozoides entre otras.

El tratamiento básico es la remoción quirúrgica de la mayor cantidad posible de perdigones y con medicamentos especiales, que lo eliminan si presentan síntomas o si el nivel es mayor de 60 microgramos.

Lo sucedido en Bocas fue un trago amargo para toda la nación, debemos lidiar con sus consecuencias y asumir las responsabilidades.   Está claro que la atención médica y quirúrgica a todos los afectados debe ser prioritaria. Hay que localizarlos, realizar las pruebas de laboratorio correspondientes, capacitar al personal médico en reconocer los síntomas, tratarlos y dar seguimientos a cada uno de ellos, sobre todo los niños, mujeres embarazadas y ancianos.

La protección laboral será fundamental, porque la intoxicación es una enfermedad crónica que definitivamente afectará principalmente a personas cuyos trabajos dependen de su fuerza física.

Y la prevención… la capacitación de los agentes encargados de hacer cumplir la Ley, autoridades y dirigentes sindicales en Métodos Alternos de Resolución de Conflictos (mediación y negociación), y una Ley que regule el Uso Racional de La fuerza en Manifestaciones Públicas, serían pasos en la dirección correcta.

 

<> Este artículo se publicó el 26 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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