Colón para los colonenses

La opinión del Docente Universitario….


JORGE LUIS MACÍAS FONSECA
jorge101@cwpanama.net

Es una expresión atribuida a Roberto Mariano Bula. Obviamente, no hay en ella un colonensismo excluyente, sino más bien una reafirmación de la identidad de una sociedad, que se distingue por sus particularidades que se le son muy propias.

El estudioso colonense, Juan Materno Vásquez (q.e.p.d), en una extraordinaria conferencia dictada en el salón Pedro Prestán del Municipio de Colón, el 26 de febrero de 1993, sostuvo que: ‘Ningún hombre-provincial o regional, es más panameño que otro. Unos son más regionalistas, que otros. Todos potencian su orgullo. El colonense es menos regionalista que otros, porque es más universal. Por ese universalismo proyecta su personalidad de inquietud, de angustia, de desesperación, por los problemas que la acusan, los cuales quiere ver resueltos al instante… La gran lucha de los colonenses, y en la que están triunfando, es de carácter cultural. Ya han sido superados los tiempos del dominio intelectual de otros provincialismo, pocos, quizás, se han dado cuenta de la gran habilidad con que el colonense se ha venido imponiendo por su talento, sobre los que han concebido a esta ciudad solo como una cornucopia de la que en forma ininterrumpida debe brotar dinero a raudales’.

Los recientes triunfos de Hugo Stoker, en el concurso nacional de oratoria y el de Basilio Dobras hijo, en la sección novela en el concurso literario, Ricardo Miró, unido a los esfuerzos de Guillermo Jones, Celestino Caballero, César Barría, Leonardo González, a nivel internacional, todos colonenses, viene a confirmar el papel protagónico que ha jugado Colón en el fortalecimiento de la cosa nacional. Es esto lo que debe conducir a los colonenses al impulso del sentido de pertenencia, frente a los elementos que nos son propios. No deben escatimarse esfuerzos por los reconocimientos públicos a nivel local, independientemente de las frialdades, con que a nivel de país, se toman los empeños valiosos de esos hombres tan panameños como el que más. Es urgente la mostración a la sociedad de Colón, resistente a los embates de los gobiernos y a las ofertas llenas de espejismos, de lo que expresa ese ser colonense, como son los casos que nos ocupan. Es esto, lo que dará sentido y sustancia a la colectividad y lo que nos permitirá reconocernos. No hay duda alguna, sobre los aportes importantes de Colón al país. Brindó parte de su espacio geográfico para la construcción del ferrocarril y del canal. Jugó su papel con Nombre de Dios y Portobelo, en el periodo de la colonia, fue pieza clave para la construcción de la República el 5 de noviembre de 1903, y luego tuvo físicamente la presencia del poder imperialista norteamericano, sintiendo en carne propia sus efectos, lo que llevó-en verdad- a tener una conciencia sobre la lucha nacionalista. Los actos de enero de 1964, encontraron en Colón un escenario que dio también sus mártires y combatientes, hoy casi olvidados. De manera que Colón debe ser para los colonenses, sin dejar de serlo también para el país.

 

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<> Este artículo se publicó el 13 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Cacería de patos en enero

La opinión del Periodista y Docente Universitario….


MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

El verano había despuntado con sus primeros vientos que revoloteaban en la ciudad. El año lectivo casi terminaba y los estudiantes graduandos y sus familias se aprestaban a celebrar el fin del periodo escolar. 1964 auguraba ser un año lleno de esas emociones que uno percibe en los primeros días de enero.

Esa tarde en el sector de Calidonia, todo parecía normal, hasta que empezó una inquietud que provenía del otro lado de la cerca de la Zona del Canal.   Eran casi las seis; el cielo adquirió un gris ominoso, mientras que se escuchaban voces, gritos y sonidos, cuya causa no se podía precisar. La gente empezó a correr hacia sus casas.

En calle P, San Miguel, hubo que bajar la loma hasta la avenida Nacional para saber qué ocurría y, al mirar hacia el área de la lavandería de Ancón (hoy, oficinas de la Dirección de Investigación Judicial–DIJ) y enfrente, donde ahora está la Fundación Omar Torrijos Herrera, soldados norteamericanos, junto a tanques de guerra y en arreos de combate, apuntaban hacia el territorio panameño.

Pero no solamente allí.    Desde ese lugar y a lo largo de la cerca que recorría la avenida 4 de Julio (hoy conocida como de los Mártires), otros uniformados del ejército acantonado en las tierras canaleras estaban en igual actitud.

Incluso en el hotel Tívoli (actual ubicación de las oficinas centrales del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales), se habían apostado y utilizaban los hermosos balcones como mirador para controlar una amplia vista que iba desde la Plaza 5 de Mayo hasta los recién inaugurados edificios multifamiliares de Calle M.

Pronto empezaron los disparos y también los heridos. En San Miguel, se sabía que cada sitio estaba en la línea de los fusiles –para cazar patos como justificarían ellos después- y armas que empezaron un monólogo de tableteos y chispazos contra una población enardecida y que regresaba piedras, bloques y cualquier artillería casera u ocasional en este desigual combate.

Los nombres de los afectados empezaron a conocerse; estudiantes de diferentes colegios; Manuel, el vecino del edificio; la niña del rostro destrozado en la ‘multi’ y al caer la noche, la repulsa popular se hizo evidente. Desde lo alto de los inmuebles llovían galones y botellas de vidrio con agua o gasolina que estallaban en el techo de los automóviles que pudieran ser de estadounidenses o ‘zoneítas’.

Se dijo que en esa noche empezaron a rapar prostitutas que prestaban servicios en la amplia ruta limítrofe y que, les llamaron desde entonces ‘rabicoloradas’.

A la mañana siguiente el caos, desatino y la rabia se habían apoderado de la ciudad capital y la Guardia Nacional trataba de contener los ánimos de la población que quería entrar a la Zona del Canal a hacer frente a las armas norteamericanas. Francesco, el jefe del grupo scout de la iglesia de San Miguel, reunió a chicos de la tropa y nos comunicó que teníamos responsabilidades que cumplir en apoyo al mantenimiento del orden público en las inmediaciones del Hospital Santo Tomás. Allí acudimos y fue una de las primeras veces en nuestra vida juvenil, que se pudo contemplar una población que vestía el luto por las víctimas que llegaban con el ulular de las ambulancias y las bocinas de todo tipo de vehículos utilizados para transportar a los caídos e impactados por las balas.

No fue fácil controlar a la marejada humana que se arremolinaba en esa área. Dirigir el tránsito en la calle entre el hospital del Niño y la embajada del Reino Unido, era una ardua tarea para un adolescente de 14 años. Estas fueron las primeras acciones que nos situaron en la capacidad de atender una crisis de esta naturaleza.

En las salas de urgencia no había condiciones de atender tantos pacientes; la sangre teñía el piso y los heridos eran acomodados, según el nivel de gravedad. A los días, la ciudad capital empezó a sufrir un aislamiento con el resto del país. El Gobierno había roto relaciones con los Estados Unidos y los soldados se habían tomado el puente de las Américas.

Un incidente protagonizado por institutores, el Colegio de Balboa y policías ‘canaleros’, originó una profunda crisis entre Panamá y los Estados Unidos de América por la Zona del Canal. Sus implicaciones, entre otras causas históricas, posibilitaron la firma 13 años después, de los Tratados Torrijos Carter y la devolución de ese territorio a Panamá al final del siglo XX.

¿Sin el 9 de enero, hubiera sido posible el tratado? He allí su dimensión histórica.

 

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<> Este artículo se publicó el  12 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Incongruencias e improvisaciones municipales

La opinión de la Jurista y Ex Diputada de la República….


MIREYA  LASSO
mireyalasso@yahoo.com

Dieciocho meses de experiencia dirigiendo el gobierno del distrito capital debería ser tiempo suficiente para completar la curva de aprendizaje de los nuevos funcionarios encargados de la administración distrital.   Después de una primera etapa de fricciones políticas internas y con ejecutivos del gobierno nacional, pareció que se había encontrado una fórmula esperanzadora que alcanzaría la paz y haría factible la actividad alcaldicia.

Se nombraron personas presumiblemente muy capacitadas en reemplazo de los asistentes originales del Alcalde, se designó un consejero especial ad honorem para asesorar sus acciones y se nombró una nueva Tesorera Municipal para ordenar una deficiente administración fiscal.

Pero ahora las autoridades municipales nos han sorprendido con medidas tributarias a todas luces incongruentes e improvisadas.

Por mucho tiempo hemos escuchado quejas del Alcalde por verse obligado a subsidiar el presupuesto deficitario de la DIMAUD. Recientemente declaró que le había entregado B/. 9 millones y dijo que ‘no le voy a meter un centavo más, no voy a sacar más dinero que necesito para veredas y otros proyectos, y seguir botando la plata’.

Ahora, para alivio del Tesoro Municipal con la creación de una autoridad nacional para recoger la basura, no habrá necesidad de ‘botar esa plata’ ni cubrir el déficit.

A pesar de ese remedio, surge la sorpresiva medida de un aumento de impuestos.   Ningún impuesto es bienvenido; menos, si su destino no se justifica cabalmente. Lo vivimos en la Asamblea Nacional en el 2004.

La abrupta medida, campantemente aprobada, no fue explicada como correspondería; ha sido improvisada, es peligrosa y resultará deficiente en muchos aspectos. Lo comprueba el hecho de que sus creadores se vieron obligados a posponer su implementación por falta de consultas adecuadas y por errores técnicos del propio sistema aprobado.

Las cifras no encajan y el destino de la plata no es claro.   El presupuesto municipal pasado fue B/.66.9 millones pero, según protestó el Alcalde, de ahí tuvo que aportarle B/.9.0 millones a la DIMAUD.   Este año el presupuesto municipal sería B/.92.0 millones, sin la planilla y gastos de la DIMAUD y sin tener que desembolsarle B/.9.0 millones nuevamente.   Nos explican que los B/.22 millones adicionales -¿más el ahorro de B/.9.0 millones?- son para ‘obras sociales y obras comunitarias,’ incluyendo B/5.0 millones repartidos entre los veintiún representantes de corregimiento, a razón de B/.225,000.00 cada uno.

Aumento y destino carecen de sensatez.   Por el lado del gasto, parece incongruente que el 90% del presupuesto municipal del 2010, sirviera para una frondosa burocracia y gastos administrativos, al tiempo que se destinen B/.3.5 millones en el 2011 para remunerar ‘asesores’ cuyas misteriosas funciones no se han explicado, sobre todo con el antecedente del millón de balboas destinado a gastos superfluos como el cultivo de una imagen personal y dudosos planes de seguridad para la ciudad capital.

Las medidas tomadas por las autoridades municipales demuestran el craso error de escoger irreflexivamente el sendero más fácil. Resulta siempre más cómodo decretar aumentos de impuestos que esforzarse por mejorar la recaudación de los existentes y también reducir gastos administrativos innecesarios.

No nos han demostrado esfuerzos serios en esos sentidos y nadie ha brindado una explicación digna de los contribuyentes capitalinos.   Por el contrario, la explicación dada para justificar el aumento de tributos se ha basado en argumentos trillados, muy etéreos, poco específicos: ‘justicia tributaria,’ ‘obras sociales,’ ‘obras comunitarias.’ ¿Específicamente cuáles?

No olvidemos que todos los tributos -quiérase o no- los paga el pueblo y que la recaudación proyectada de un nuevo impuesto, como el de placas de automóviles, puede resultar ilusoria si los propietarios libremente optan por migrar a un municipio menos oneroso.

Mientras la comunidad observó con cierto optimismo el relevo en la Tesorería Municipal, que pareció presagiar un énfasis en mejorar el cobro de los impuestos existentes, nos sorprenden con una medida tan improvisada, que obligó a su posposición.

Apropiado sería que los funcionarios que tuvieron semejante iniciativa muestren mejor ingenio y creatividad, revisando también los renglones de gastos para ajustarlos al tamaño y naturaleza de las genuinas funciones municipales.

 

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<> Este artículo se publicó el  12  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Metro Bus cuenta con estrictos protocolos de seguridad

Reproducimos el reportaje de…
JENNIE  GONZALEZ 


– Para protección de los usuarios –

  • Los buses tienen sofisticados dispositivos: extintores, rociadores y salidas adecuadas para emergencia.
  • Se realizan inspecciones constantes y un estricto plan de mantenimiento.
  • Pasajeros tienen un seguro de asiento.

Los autobuses que utiliza el nuevo sistema masivo de transporte urbano de la ciudad de Panamá, Metro Bus, cuentan con sofisticados y modernos sistemas para la atención de emergencias y así garantizar la seguridad de los usuarios, de acuerdo al ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu.

“Todos los conductores de Metro Bus han sido entrenados en el manejo de emergencias para apegarse al protocolo de seguridad que cumple con lo exigido en los estándares internacionales para este tipo de vehículos. Además, los buses tienen dos salidas muy amplias, cuyas puertas están programadas para abrirse completamente en caso de una emergencia, facilitando el desalojo rápido de los pasajeros. Estas puertas pueden ser abiertas desde afuera o dentro del vehículo”, explicó el Ministro.

“Los buses tienen un equipo electrónico que restringe la velocidad a 60 kilómetros por hora. El motor debe estar aislado contra el ruido, calor y gases. Los aislantes deben ser de poliuretano o lana mineral comprimida de alta densidad y poseer un sistema de extintores que apague automáticamente cualquier incendio que se de en el motor”, añadió.

En casos de incendio en el interior de la carrocería, según el Ministro, los vehículos cuentan con extintores ubicados en diferentes lugares de fácil acceso que están claramente señalados; además tienen un sistema de rociadores de agua, y de ser necesario, hay posibilidades de salir por las ventanas, las cuales al ser tan amplias permiten que varias personas abandonen el vehículo a la vez. Las carrocerías están reforzadas para evitar daños mayores a los pasajeros en caso de vuelco.

Los pasajeros que utilizan el Metro Bus tienen un seguro de asiento de hasta 10 mil balboas, además de un seguro de daños a terceros de 250 mil balboas.

Papadimitriu dijo que a todos los buses se les lleva un plan de mantenimiento continuo, que es ejecutado por mecánicos profesionales, entrenados por los fabricantes y utilizan las refacciones establecidas por éstos para evitar el deterioro de las unidades rodantes. También se realizan inspecciones constantes para verificar la condición mecánica de los buses.

Metro Bus es un sistema diseñado tomando en cuenta las normas de seguridad establecidas en los protocolos internacionales para la seguridad de los pasajeros.

GOBIERNO NACIONAL

¡ JUNTOS HACIENDO UN MEJOR PANAMÁ !

<> Reproducido de reportaje publicado el 17 de enero de 2011 a las 15:54 en nuestro muro en Facebook por la autora,   a quien damos todo el crédito que le corresponde.