La literatura redime

La opinión de…


Ricardo Arturo Ríos Torres

Durante tres años coordiné ad honórem el Círculo de Lectura del Centro de Cumplimiento, entidad que alberga a los menores sentenciados por sus delitos. A esos jóvenes los conocí en un acto organizado por la Lotería en ocasión de la semana del libro; participaban también estudiantes de algunos colegios secundarios de la capital.

De allí nació la idea de compartir con ellos mis experiencias del Círculo de Lectura de la USMA. El equipo de profesionales que dirigía el centro acogió con entusiasmo la iniciativa. Mis estudiantes de la USMA visitaban el centro de cumplimiento y ellos acudían a las reuniones del círculo de lectura tanto en la universidad como en la librería Exedra.   Luego los llevé a las dos primeras ferias internacionales del libro celebradas en nuestro país.    Además participaban en nuestras presentaciones de libros e incluso fueron protagonistas cuando Rose Marie Tapia realizó la gala de Roberto por el buen camino.

Ninguno de los jóvenes del centro se evadió; eran un equipo, una familia, eran conscientes de la oportunidad que se les ofrecía. Trabajaron un boletín informativo como el Huellas de la USMA. Escribieron poemas, cuentos y el inicio de una novela. En una ocasión los llevé a una conferencia internacional sobre lectura que se celebró en el hotel El Panamá. Allí dieron testimonio de sus experiencias. Fue inolvidable; los expertos de distintas latitudes se emocionaron con ellos, muchos lloraron ante sus vivencias.

Tanto en las reuniones de la USMA como en Exedra analizaban los libros con tal propiedad que muchos creían que eran universitarios. Aprendieron a comunicarse, a pensar lógicamente, a compartir con naturalidad su pasión por la literatura. Ninguno de ellos reincidió; estudiaban en la secundaria e incluso en la universidad; era parte del programa de resocialización. Se habían humanizado pues se les trataba con respeto y aprecio. Aclaro que en ese grupo todos los delitos estaban presentes.

Comprobamos que eran chicos sin hogar, carentes del amor y cariño de una familia formal. Pero todo cambió cuando Martín Torrijos asumió el poder Ejecutivo y su ministra de la Familia [Desarrollo Social] removió al equipo de profesionales que dirigían con dedicación, responsabilidad y mística el centro de cumplimiento. El Panamá político consideró esa entidad como otro de sus espacios.   Nada detuvo a la ministra de turno; barrió con las trabajadoras sociales, psicólogo, la directora, e incluso con los custodios de amplia experiencia.

El círculo de lectura desapareció, luego la ministra fue premiada por el Presidente y la integró a su equipo de asesores.

Ante la tragedia que hoy conmueve a la sociedad panameña reiteramos nuestro reclamo ciudadano, que el Panamá político renuncie a considerar como espacios partidistas las instituciones públicas. Necesitamos un director de la Policía que sea un profesional especializado y nunca un militar como el que tenemos hoy. Actualmente, la policía militarizada avasalla al ciudadano común. Recordemos Changuinola y los asesinatos de los obreros. Que el equipo de las cárceles se integre confuncionarios profesionales ajenos al clientelismo político.

La tragedia de los adolescentes quemados en el centro penitenciario nunca más debe  repetirse. El Panamá político es el responsable de ese crimen institucional.

<>
Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, y el 5 de febrero de 2011 en la Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.  El resaltado fue hecho por el Editor.

Un incentivo a la mediocridad

La opinión del Educador…

Ricardo A. Vizuete

A veces me pregunto hasta dónde llega la mediocridad y a quién se debería culpar. Para algunos, el problema educativo es producto de los malos profesores y los jóvenes de hoy que no respetan a nadie porque la educación que reciben es deficiente, sin valores éticos ni morales; vemos que rompen vidrieras en las paradas de buses por no tener acceso a una mal llamada beca universal, conducta criticable. Pero también es criticable el darles una beca, aunque hayan estado fracasados durante el año y con tan solo tapar ese fracaso en un tercer bimestre tienen derecho; como quien dice, “borrón y cuenta nueva”.

Nuestros jóvenes de hoy son el producto de lo que hemos creado nosotros mismos, quienes nos hacemos llamar “adultos”, con modelos y políticas que no van acorde con lo que supuestamente esperamos de un ciudadano del siglo XXI.

Cuando recordamos el tan afamado “100 a los 70”, que sin tomar las medidas pertinentes se fue repartiendo dinero a diestra y siniestra para luego darnos cuenta de que algunos que no tenían necesidad de ese dinero también cobraron su cheque, sentimos que con este proyecto nos encaminamos a fallas similares. ¿De quién es la culpa, antes y ahora? Si la propaganda gubernamental y electorera no excluía a nadie, el único requisito era tener 70 años y no haber cotizado en el Seguro Social, por eso el tío de una amiga fue y cobró sus 100, aunque él tuviera finca y otras cositas más.

El anuncio de la beca universal, al igual que el más reciente sobre las laptops universales, me dejan algunos cuestionamientos: ¿Cómo pueden ser universales, si al parecer solo se enfocan en un sector de la población? ¿O es que aquellos que pagan una educación privada son ciudadanos de otro planeta llamado Panamá y no de este país? Pues ni siquiera reciben un incentivo, el cual podría ser algún tipo de exoneración en el pago de impuesto sobre la renta, con el gran ahorro que le brindan al Estado.

Es como si todos lo que integran el universo de escuelas privadas fueran pudientes, cuando sabemos que muchos hacen un gran esfuerzo tratando de buscar una educación de mejor calidad para sus hijos. Además, una cosa es subsidio para personas con necesidades económicas y sociales, lo cual me parece muy loable, pero no es lo que promueve este proyecto, por más buenas intenciones que tenga quien lo propuso.

Los gobernantes populistas que pretenden mejorar la calidad educativa regalando becas por solo obtener una calificación de 3.0, cuando esa misma calificación, a nivel universitario, se premia con una F, nos lleva a un cambio, pero en dirección equivocada.

De esa manera tan solo incentivamos y premiamos la mediocridad educativa y profesional, quitándoles la motivación a aquellos estudiantes que hacen un gran esfuerzo por superarse y ser sobresalientes. Hay muchos cambios que requiere el sistema educativo y la evaluación es uno de ellos, pues, para los que no lo saben, la gran mayoría de los estudiantes que aprueban una asignatura con 3.0 es en realidad 2.6 y 2.9 “disimulados”, pues por un lado Meduca quiere calidad educativa, pero por otro lado, presiona a los profesores para que mantengan un índice bajo de fracasos cueste lo que cueste, de lo contrario, les cae algún supervisor.

Un estudiante con solo entregar sus tareas o informes y asistir regularmente a clases es merecedor del 33% de su nota final (la llamada apreciación), o sea que solo necesita un 27% entre bimestral y notas parciales para aprobar la asignatura con un 3.0; si a esto le añadimos el uso de la llamada tabla regalona (autorizada por Meduca mediante el decreto 128, de abril de 1965, artículo 27) un estudiante que obtiene 25 puntos de 50 en un examen bimestral o prueba parcial, automáticamente su evaluación es 3.0, ¿De qué calidad estamos hablando? Cuando el estudiante reprueba tiene derecho a una convocatoria y si al final termina deficiente, igualmente puede, al año siguiente, hacer la materia en el turno contrario como alumno con horario especial.

Tengo más de 25 años de experiencia en el área educativa, y actualmente he podido corroborar todo lo antes expuesto, observando los efectos de estos paternalismos en mis estudiantes universitarios de primer año, que ni siquiera me han podido aprobar contenidos tan básicos como es el saber dónde empieza el proceso digestivo.

No obstante, existen colegios oficiales, como el Pedro Pablo Sánchez de La Chorrera, donde al estudiante se le exige y se le motiva, donde ganarse una calificación de 4.0 equivale a un 4.8 en otras escuelas, quienes además, tienen un alto índice de aprobación en las pruebas de ingreso a la Universidad de Panamá, lo cual nos siguen demostrando que el camino correcto está en esa línea y no en regalar y hacerle todo demasiado fácil al estudiante. Pues les digo, señores, que cuando a nuestros jóvenes se les motiva y se les exige ellos responden.

Mi madre y padre siempre me dijeron que en la vida todo cuesta y por eso aquellos personajes que más se han destacado en el mundo son aquellos que a base de esfuerzo y sacrificio obtienen sus metas.

Definitivamente, mientras no veamos el problema educativo y social de manera más seria, nuestros impuestos seguirán siendo dilapidados con inventos y entuertos con un resultado al final como dirían en el béisbol: 0 out, 0 hits, 0 carrera, nadie en base, pero con el juego en contra.

<>
Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mediocridad, ignorancia y corrupción

La opinión de…

 

Víctor Hugo Herrera Ballesteros

Los panameños vivimos una época caracterizada por un entorno político y social degradado que corroe las bases de la sociedad panameña, con partidos políticos desintegrados por una profunda crisis de liderazgo y de credibilidad, que llega hasta las más altas esferas administrativas del Gobierno. La política electoral ha pasado a convertirse en un medio para acceder a los jugosos negocios propios de las mieles del poder y ligados a la esfera privada, de donde salen ingentes recursos para financiar las campañas políticas y asegurar sus mejores intereses en pro del beneficio individual.

Bajo la modalidad actual de los partidos, tipo franquicia, en los que ya no interesa la ideología o los principios políticos motivadores de una colectividad que comparte ideales, una visión de país y de progreso como aspiración social, se anteponen los tránsfugas, que solo se sirven de dichos colectivos para materializar sus propios intereses, burlándose de sus electores y degradando los valiosos instrumentos de la democracia y de la construcción y ejercicio de nuestra ciudadanía.

Con cada cambio de gobierno se entreteje una burocracia que en algunos casos utiliza la política electoral como un medio para acceder a puestos y prebendas, anquilosándose, con el único mérito de solo haber caminado buscando votos, aunque sean mediocres e ignorantes para determinados puestos. De dichas estructuras se sirven muchos funcionarios inescrupulosos que buscan sobrevivir haciendo shows mediáticos u operativos informativos para dar a entender que hacen algo útil y complacer a las autoridades de turno o como lambones, en buen panameño, exponiendo al final de cuentas su mediocridad pestilente, por ejemplo, persiguiendo billeteros o informando dónde comprar más barato, como si la población no supiera cómo maximizar sus ingresos, que ironía.

Solo les importa figurar para dar una imagen de funcionalidad, pero que al final en nada trasciende para resolver los problemas sociales y económicos de nuestro país. Son iguales que dictadores, en los distintos niveles administrativos, ya que su arrogancia es el único argumento para hacer valer su incompetencia. Solo basta con dar una mirada a los actuales acontecimientos, en los que nuestra población enfrenta problemas de abastecimiento de agua, recolección de desechos sólidos, acceso al consumo básico (servicios y alimentos), mientras la pobreza campea y persiste como un mal endémico, aunada a los actuales procesos inflacionarios e ineficiencia en la producción agropecuaria, aupados por una política de competencia fracasada.

La pobreza no se resuelve con limosnas, caridad o shows mediáticos que solo hacen reforzar la condición social de quienes menos tienen, pues ser pobre no es una elección, sino un condicionante. El combate a la pobreza es política de Estado y exige políticas de desarrollo económico y social integrales, potenciando el desarrollo del capital social y no la dependencia sociopolítica que se logra con las dádivas. Empero, la marginalidad nos devuelve el golpe, mediante el crimen y la violencia generalizada, como respuesta de una sociedad degradada, deshumanizada y en la que viven frustrados miles de jóvenes, por no acceder al consumo desmedido que caracteriza a las capas sociales más privilegiadas o de los lumpen arribistas, que flotan como corchos con cada cambio de gobierno.

La mediocridad, la ignorancia y la corrupción son la antítesis de un modelo económico y político que aliena a la sociedad, desnaturalizándola, sin espacios de expresión ni solidaridad, imitando, por el contrario, los antivalores que dimanan de una burocracia corrupta y que al igual que la cocaína que corre por las venas de sus adictos, desintegra a nuestras familias y al colectivo en su conjunto.

<>
Este artículo se publicó el 16  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pena de muerte

La opinión de…

Carlos Guevara Mann

El artículo 30 de la Constitución panameña proscribe la pena de muerte. El artículo 28, a su vez, sustenta el sistema penitenciario “en principios de seguridad, rehabilitación y defensa social”.

La misma disposición “prohíbe la aplicación de medidas que lesionen la integridad física, mental o moral de los detenidos” y dispone que los menores de edad sean “sometidos a un régimen especial de custodia, protección y educación”.

La proscripción de la pena de muerte y la regeneración de los reclusos son principios con profunda raigambre en el constitucionalismo panameño.   El primero se remonta a 1918, cuando una reforma constitucional dispuso: “no habrá en Panamá pena de muerte”. El precepto se mantuvo en las constituciones de 1941, 1945 y 1972, actualmente vigente.

En cuanto al trato que deben recibir los privados de libertad, el artículo 45 de la Constitución de 1904 indicaba: “Las cárceles son lugares de seguridad y expiación, no de castigo cruel; por lo tanto, es prohibida toda severidad que no sea necesaria para la custodia y enmienda de los presos”.

Lo mismo disponía la Constitución de 1941 y, con ligeras variaciones, la de 1946. Ambos principios, además, son parte del derecho internacional. El artículo 4 de la Convención Americana de Derechos Humanos de 1969, ratificada por Panamá en 1978, estatuye: “No se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido”.

Mediante el Protocolo de 1990 a esa convención, relativo a la abolición de la pena de muerte, los Estados Partes se comprometen a no aplicar “en su territorio la pena de muerte a ninguna persona sometida a su jurisdicción”.

Panamá ratificó dicho protocolo en 1991. En el Sistema de las Naciones Unidas, el artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y el artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, ratificado por Panamá en 1977, proclaman que “nadie será sometido a tortura ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”.

Más específicamente, la Convención contra la tortura de 1984 exige, en su artículo 2, que todo Estado Parte tome “medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole eficaces para impedir los actos de tortura en todo territorio que esté bajo su jurisdicción”. Dicha convención fue ratificada por Panamá en 1987. En el derecho internacional americano, la Convención Interamericana para prevenir la tortura de 1985, ratificada por Panamá en 1991, prohíbe los tratos crueles, inhumanos y degradantes. El documento sobre Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas (2008) establece, entre otras obligaciones, la siguiente:

“Toda persona privada de libertad que esté sujeta a la jurisdicción de cualquiera de los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos será tratada humanamente, con irrestricto respeto a su dignidad inherente, a sus derechos y garantías fundamentales, y con estricto apego a los instrumentos internacionales sobre derechos humanos”.

Aunque estas normas son de obligatorio cumplimiento en Panamá, bajo la dictadura castrense la ley fue supeditada a los designios de quienes usurparon los destinos del país. Sucedieron numerosos casos de tortura y ejecuciones extrajudiciales—penas de muerte en todo menos en nombre—según fue documentado en los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de 1978 y 1989, así como en el informe de la Comisión de la Verdad (2002).

Como en una democracia no hay lugar para violaciones de los preceptos señalados, los panameños teníamos motivos para esperar que incidentes como los que ocurrieron durante el régimen militar jamás se repitieran. Por eso los acontecimientos del 11 de enero en el Centro de Cumplimiento de Menores —con un espantoso saldo de siete reclusos quemados, cuatro de los cuales ya fallecieron— han causado estupor en la comunidad.

Es alarmante que formen parte de la Policía Nacional individuos tan carentes de las más elementales nociones de derechos humanos, que promueven abominables contravenciones de la Constitución y el derecho internacional como las que transmitieron las cámaras de televisión.

En su falta de humanidad y cultura democrática radican las semillas del autoritarismo militar, que indudablemente germinarán a no ser que erradiquemos de la fuerza pública tan ilegales y perversas inclinaciones.

<>
Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De pinchazos procuradores, Metro Bus y sobresaltos

La opinión de…

 

Eudoro Jaén Esquivel

Los panameños vivimos de sobresalto en sobresalto. No pasa una semana sin un escándalo nuevo. No es mera coincidencia que los medicamentos que más se agotan en nuestras farmacias son Lomotil y Tafil.

Me remito a los escándalos más recientes, pues si empiezo desde el comienzo no tendré espacio. Empezamos con el escándalo de una avioneta “iguanando” en un potrero de Los Santos que destapó el tema de la penetración del narcotráfico en el Ministerio Publico, lo que a su vez motivó la salida del Procurador encargado o suplente (nunca llegué a entender cuál era su verdadero título) a quien, en mi concepto, le cayó injustificadamente la teja y se convirtió en la oveja de sacrificio.   Ahora se nombra a otro “de confianza” (esta vez, la primera opción “de confianza”, no llegó a home).   El tema no se ha agotado. Creo que apenas toma fuerza y con las promesas de “limpieza”, del nuevo Procu, continuará siendo el tema para rato.

De repente, desde la madre patria, el diario El País destapa otro tamal criollo con aquello de la solicitud de ayuda para “pinchar” que a los gringos no les supo bien y, por justa razón, (no “justa causa”). Los gringos de The New York Times, a quienes no le falta maldad, ahondan sobre el tema, incluyendo el mensaje subliminal de poner una foto del jefe entre dos gobernantes africanos con problemas de relación con la DEA. El temita de la solicitud de ayuda de la DEA para “pinchar” ha puesto a los spin doctors del Gobierno a trabajar sobretiempo, buscando cómo enterrar la noticia o darle otro giro, hasta ahora sin mucho éxito. Nos toman por tontos con los argumentos que usan, pero somos un pueblo sabio.

Eso de que la gringa no gustaba del jefe y todo fue su revancha, porque “la pararon firme”, me la cambean, como decimos por allá. El nuevo giro que quieren dar es que vienen Wikileaks del PRD, como si un mal justifica otro mal. Mejor aceptar la realidad de que metieron la pata. De todas maneras eso está oficialmente permitido en este gobierno. Lo que no se permite oficialmente es meter la mano. La noticia anticipando los Wikileaks del PRD, que creo es cierta, tendrá a muchos ingiriendo Lomotil y Tafil a puñados.

Si alguna vez tuve dudas de que somos un país surrealista, las perdí con el tema de jours: las quejas sobre el Metro Bus.   Solo tenían horas de estar circulando cuando ya abundaban quejas. Hay más quejas que elogios. Ahora resulta ser que para muchos los Diablos Rojos eran lo máximo.    Abundan los comentarios a favor de los Diablos Rojos: que los Metro Bus son más caros; que en los Diablos Rojos iba más gente sentada; que se podía dormir, porque los respaldares era más altos; que se podía subir y bajar por la misma puerta y donde nos venía en ganas.    Otras quejas de los metro buses son que el aire acondicionado no funciona (¿funcionaban en los Diablos Rojos?); que hay que caminar mucho por la ubicación de las paradas, que opera el sistema de que “entre que caben 100”,  que los asientos son incómodos: que hay que ir parados, etc., etc.

¿Devolvemos los metro buses a Colombia, donde sí saben usarlos?

 

*

<> Este artículo se publicó el  31  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…

Arón Benzadón Cohen

Tomé el nombre de la película La tormenta perfecta, protagonizada por George Clooney en la que se dan una serie de circunstancias atmosféricas que producen una tormenta monstruosa que arrasa con todo, incluyendo a los actores. Hago la analogía porque estamos conjugando en nuestro país una serie de condiciones, sobre todo sanitarias, que nos está haciendo sumamente vulnerables a gravísimos problemas de salud pública.

En primer lugar, tenemos el problema crónico de la basura con la acumulación de la misma, la falta de áreas designadas para su ubicación, la creación de minivertederos en cada barriada con la proliferación de gusanos, ratas, mosquitos y demás alimañas.

En este aspecto los municipios de la capital y San Miguelito han hecho gala de ineptitud y desidia hasta la saciedad. A partir del tres de enero con la estrenada Autoridad de Aseo y con más de 80 millones de balboas de presupuesto se debe acometer una estrategia integral, incluyendo ubicación de sitios de recolección, recipientes de tamaño adecuado, recolección regular y lo que se han olvidado todos, el reciclaje, tan importante para bajar el tonelaje de basura.

En segundo lugar tenemos el grave problema del agua, ocasionado por factores climáticos y agravados por la falta de mantenimiento adecuado, así como equipos imprescindibles para la potabilización.

Estoy convencido de que la cantidad brutal de lodo vertido a los ríos y fuentes de agua tiene relación directa, entre otras cosas, con la deforestación y la tala indiscriminada que permite que la tierra sea literalmente barrida por las lluvias. Además no veo que el Idaan tenga los equipos, el personal técnico en cantidad y calidad adecuados ni los recursos económicos que requiere urgentemente para resolver este problema a corto plazo.

Estuve en Puerto Rico hace unas semanas, donde tuve la oportunidad de hablar con una alta funcionaria del servicio de aguas de Puerto Rico. Siendo su población actual de 4 millones de habitantes, un poco más que en Panamá, tienen un presupuesto de 20 millones de dólares anuales solo para asegurarse del mantenimiento de sus fuentes y de la calidad del agua que toman. ¿Cuánto tenemos en Panamá para lo mismo?

El impacto de esta carencia lo estamos viendo a diario en la vida de todos los panameños, afectando la ingesta de agua potable y el aseo personal, además del daño a la industria, los comercios, los restaurantes, hoteles y todo el entorno turístico. ¿Me pregunto qué turista querrá venir a Panamá, si no puede bañarse ni jalar la cadena del inodoro?

Los fenómenos climatológicos están modificándose haciendo los fenómenos atmosféricos cada vez más cambiantes y severos. Lo peor de todo es que los pronósticos son que van a seguir así o se va a poner peor, ya que todos contribuimos al deterioro del medio ambiente.

Si a la basura y a la falta de agua le agregamos otro ingrediente como pudiera ser el cólera, no tan distante como creemos, viendo que en Haití han muerto más de 3 mil 600 personas y en República Dominicana se han reportado 152 casos, tendríamos la epidemia perfecta. ¡No dejemos que ocurra!

<>
Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá, un futuro aún por escribir

La opinión de…

 

Franklin N. Arias Real

En septiembre pasado, mientras cenaba con un amigo y colega mexicano durante una exposición comercial en Chicago, le expresé mi percepción de que quizás en 100 años México y Estados Unidos serán un solo país –un solo pasaporte, frontera, moneda y ejército–, basado en la integración económica y demográfica que ambos experimentan hoy (Canadá, se les uniría después). Con un orgullo nacional, muy común en los latinoamericanos, me contestó que eso jamás sucedería, que México seguiría “glorioso y luchador” hasta el fin del mundo.

En la revista The Economist, en su edición de proyecciones para el año 2011 (Pags. 111-114), expertos en varios temas opinan cómo serían ciertos aspectos del mundo 25 años después, en 2036. Es un interesante ejercicio intelectual.

En Estados Unidos, el historiador Alfred McCoy, de la Universidad de Wisconsin, publicó un ensayo reciente (ver: http://www.tomdispatch.com/archive/175327/) en el que plantea cuatro posibles escenarios en los cuales la hegemonía de su país puede llegar a su fin antes de 2025.

Todo es posible. Por ejemplo, la URSS nació y desapareció en menos de 100 años. Ni la Unión Europea ni el Estado de Israel existían hace 75 años y solo Dios sabe si existirán con sus actuales fronteras en 75 años más. ¿Existirá en 150 años una República Federativa Transamazónica, con una unión entre Brasil, Perú y Bolivia?

¿Dónde estará Panamá en 50, 100 ó 200 años? ¿En 2061, con 9 mil millones de personas en el mundo, estará la capital llena de edificios con apartamentos de medio millón de dólares, pero sin agua potable, inodoros, elevadores ni acondicionadores de aire en funcionamiento; llenos de mosquitos y moscas (típico de un clima tropical húmedo), basura sin recoger y pandillas urbanas por doquier? ¿O seremos la envidia de Latinoamérica, al lograr tener la población mejor educada, la mejor distribución equitativa de la riqueza, un nivel de pobreza de menos del 5%, energía solar y eólica que genera electricidad, uso masivo de hornos solares para cocinar, una cultura nacional de reciclaje sin que lo exija la ley, rutas exclusivas para bicicletas, pulmones de aire en una ciudad pro ser humano y no pro automóvil, criminalidad y corrupción reducida a su mínima expresión, una campiña llena de granjas integrales autosostenibles (garantizando independencia alimenticia), y minas de cielo abierto ecológicamente recuperadas?

Y en 100 años, ¿habrá nacido la República de Talamanca (Panamá y Costa Rica, dos países constitucionalmente sin ejército, unidos y representados bajo un mismo servicio exterior)? ¿O será Panamá parte de una Confederación Andina, junto con Venezuela, Colombia y Ecuador? Y en 200 años, ¿Estará la ciudad de Colón y las islas de Kuna Yala bajo el agua por el aumento del nivel del mar? ¿Se habrán separado e ido Chiriquí, Bocas y los ngäbe–buglé con los ticos? ¿Colombia se habrá anexado Darién? ¿Y la potencia mundial de ese momento (Brasil o China) tendrá total control del área canalera, defendiéndola para asegurar su tránsito de bienes y materia prima? El mundo es dinámico no estático. Panamá, mientras existas, ¡feliz año nuevo!

*

<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá y Washington

La opinión de…

Ricardo Eskildsen M.

Washington D.C, la ciudad más importante en nuestra era contemporánea, lo es no solo por las oportunidades diplomáticas, sino por la oferta y ventajas comerciales que se pueden lograr del Congreso.

Los acontecimientos de la semana del 11 al 14 de diciembre, en la que se confirmó la intempestiva visita del presidente Ricardo Martinelli a esa ciudad, pasarán a la historia como fecha importante, no solo por haberse confirmado el interés de consolidar, en una voz presidencial, los temas comerciales con esa nación, sino por la renuncia de quien fuera el colaborador más importante en Washington del presidente Martinelli, el ex embajador Jaime Alemán.

La nueva relación con Estados Unidos, que se inició desde el año 2000, ha quedado centralizada –más que en temas de seguridad– en el tratado de libre comercio (TLC).

Este último proyecto lleva más de siete años sin completarse. Sobre este tema, recordamos a los cuatro candidatos a la Presidencia de Panamá que, en septiembre de 2003, asistieron al primer debate público sobre el TLC, organizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá (UPSA), en el Hotel Sheraton; logro que se anunció a la nación. Martín Torrijos, Ricardo Martinelli, José Miguel Alemán y Guillermo Endara G. (q.e.p.d.) confirmaron que –de ser elegidos– se esforzarían en continuar y terminar las rondas de negociación, cuanto antes.

Las primeras rondas de negociación del TLC ya las había iniciado el ministro de Comercio Joaquín Jácome, en Panamá, con el apoyo del embajador panameño en Washington, Roberto Alfaro. Todo ello bajo la política exterior trazada por el gobierno de la presidenta saliente Mireya Moscoso.

En aquellos tiempos, el Gobierno de Panamá buscaba definir el rumbo a seguir y se concluyó que equipararse a las ventajas comerciales logradas por el bloque de Centroamérica era la mejor vía, pero que el TLC entre Panamá y EU debía ser bilateral. La cruda realidad de la época señalaba que el presidente Bill Clinton había desestimado el Alca o la integración comercial de América Latina –fijada para 2005– por las acciones proteccionistas adoptadas por los países del Cono Sur… Las rondas de negociación emprendidas por el gobierno de Moscoso, en 2003, concluyeron con el apoyo brindado por el ministro de Comercio e Industrias, Alejando Ferrer, y el presidente Martín Torrijos, en 2007. Y la Asamblea ratifica el tratado con 58 votos a favor.

Transcurridos tres años, por razones harto conocidas, sin lograr la ratificación del tratado en EU, el gobierno del presidente Martinelli decide, responsablemente, avanzar. Y al conocerse recientemente el éxito de la visita a comienzos de diciembre del presidente Lee Myung-bak, de Corea del Sur, retoma con ímpetu el tema… Y coordina su visita, proyectada a aprovechar los resultados de las elecciones del Congreso en EU el 3 de noviembre, en las que la mayoría de la Cámara Baja del Congreso queda en manos del Partido Republicano.

El detonante, ante los recientes acontecimientos en Washington, fue el Panama Week. Este evento, ya histórico, fue planeado meses atrás y celebrado entre el 18 y 19 de noviembre. El grupo empresarial, integrado por varios gremios, bajo el paraguas de UPSA –hoy liderado por el ex embajador Roberto Alfaro y su directiva, y por el ex embajador Juan B. Sosa y su directiva en Washington– proyectó la visita de este año con base en los esperados resultados de las elecciones en EU.

De allí que la visita al congresista Kevin Bradley, republicano y presidente de la comisión de Ways and Means Committee, se concretó el 18 de noviembre. En dicha visita se conoció la inminente ratificación del hoy denominado Tratado de Protección Comercial, antes de julio de 2011. Participaron en dicha reunión en el Congreso, el ministro de Comercio Roberto Henríquez y sus dos viceministros, José Domingo Arias y Francisco Álvarez de Soto, al igual que el ex embajador Jaime Alemán, y nos acompañó el ex congresista Jerry Walash, también, del Partido Republicano.

La versión que se conoció el 19 de noviembre de la firma, el 30 de ese mismo mes, del Tratado de Intercambio de Información Tributaria con EU, tendiente a eliminar a Panamá de la lista gris del grupo de la OCDE, tuvo un impacto favorable posterior en la semana, cuando se conoció el texto. Varios congresistas indicaron que los medios en Estados Unidos, al comentar la discusión en el Congreso para la ratificación del TPC, durante el primer semestre de 2011, no serán tan críticos con Panamá, al conocer de la firma del Tratado de Intercambio de Información Fiscal.

Por otro lado, llenar la vacante y seleccionar a un nuevo embajador en Washington que ofrezca lealtad al Presidente, no es tarea fácil. Sin embargo, ya escuchamos los comentarios de un profesional probado en el dominio de la idiosincrasia y la cultura de EU, que estudió en el Incae con el Presidente la maestría de administración de empresas; que obtuvo su título empresarial en Louisiana State University y fue presidente de la Apede.

Estas son características que garantizan el éxito en Washington. No solo el embajador debe apoyar a los cabilderos seleccionados y lograr dicha ratificación, sino entender las oportunidades comerciales que generará el tratado y ofrecer a la generación de panameños presentes, las oportunidades del mismo.

Y si sumamos el hecho de que el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, cuando joven trabajó con el congresista John Boehner, hoy electo speaker de la Cámara Baja, esto ayuda a lograr la ratificación del tratado en EU. Sin embargo, las circunstancias de ayer no son las de hoy. Pero con un embajador dinámico, de pensamiento empresarial y conocedor de las oportunidades, mucho es lo que ganará Panamá.

*

<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La fiesta de Fernandito

La opinión de…

Berna Calvit

bdcalvit@cwpanama.net

Era inevitable que en las actuales circunstancias recordara el merengue La lluvia, que canta el dominicano Fernandito Villalona; el pegajoso coro de la canción, “La lluvia no daña mi fiesta/ la lluvia no daña mi vacilón” le viene como anillo al dedo al presidente Martinelli. ¡Para su comparsa “Los locos somos más”! Anda de tan buen ánimo el Presidente, que partió de viaje ¡otro más!, cuando tomar agua, bañarse, y hacer “la mayor y la menor” ya se había convertido en complicación mayúscula en toda la ciudad.

Los entendidos en asuntos del clima y el manejo de aguas, habían advertido sobre las posibles consecuencias por fallas en la construcción de la potabilizadora de Chilibre y deficiencias en todo el sistema. Una enojada y abusada madre naturaleza se encargó de ponerlas al descubierto.

Las autoridades, más interesadas en cerrar pactos políticos, y en jugosos e innecesarios megaproyectos, que en atender lo primordial, no prestaron la debida atención. Y llegó el caos. Mirando la desesperación y la rebatiña por el agua que se repartía en diversos puntos me parecía estar viendo escenas del sufrido Haití. ¡En Panamá, el del crecimiento económico del que tanto alardeamos!

La politiquería, sin embargo, no estaba viviendo en seco, sino con mojaditos brindis por el deseado final de un alocado y servil proyecto para castigar con prisión las ofensas al Presidente y a funcionarios de elección popular.

La presión de las organizaciones, de particulares e, incluso, de astutos políticos oficialistas, impidió que prosperara; estos últimos, entre ellos el Presidente, se dieron cuenta de las consecuencias nacionales e internacionales de semejante desafuero. Igual suerte corrió la “chellada” (mi sinónimo para chabacanería) de los diputados Sergio Gálvez (Chello) y Vidal García, encargados de “tantear el terreno” de la reelección inmediata; otra vez tronaron las protestas y, especialmente fuertes, las de los varelistas, mireyistas y de “arnulfistas de verdad”, en riesgo de quedar “con los crespos hechos”, aplastados por el devorador Cambio Democrático, que más que partido político parece un dispensador de prebendas.

¿Creyeron las organizaciones de la sociedad civil que el Ejecutivo iba a considerar sus recomendaciones para nombrar el nuevo procurador general de la Nación?   ¿Olvidan cómo Moncada y Almengor se convirtieron en magistrados de la Corte Suprema de Justicia? ¿Creen que cumplirá la promesa a la Comisión de Estado por la Justicia, hecha antes de convertirse en presidente, de tomarlos en cuenta para nombrar a los magistrados del Tribunal Constitucional contemplado en las reformas constitucionales que promueve el Gobierno?   “El Estado soy yo”, dijo el rey Luis XIV. ¡Quiero mi Torre Tusa y mis corredores, más importantes que el agua!, dice el otro.

Se comentó que el discurso del Presidente en la inauguración del nuevo período del Legislativo parecía referirse a otro país, no a nuestro Panamá, tragada por la basura para felicidad de ratas grandes y gordas como conejos de granja; donde no se sabe cómo andan los gastos ni los negocios estatales, porque el 40% de los ministerios e instituciones no pasan la información al nodo de transparencia de la Defensoría del Pueblo, como es su deber; donde los tentáculos del narcotráfico asoman por todas partes; donde, al cambiar de ropaje, de FIS a PAN engavetaron los negociados en el FIS.

A propósito del FIS, recientemente se le negó al ex legislador Francisco Ameglio un incidente de controversia en el caso que se le sigue por un supuesto peculado; le iría mejor si hiciera como el alcalde de San Miguelito, Héctor Carrasquilla, que envuelto en un abultadísimo caso de supuesto peculado, brincó del PRD a Cambio Democrático y el caso… ¿Qué caso?

Todo palidece ante la infamia de los sucesos en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, eufemismo rimbombante para un sitio infernal; la saña, el sadismo, la indiferencia de algunos policías, y la incompetencia y la burocracia del sistema convirtieron en pira la celda en la que la vida de varios jóvenes detenidos no valía nada.

¿No es censurable la destemplada reacción del ministro de Justicia, Mulino, ante estos hechos? ¿Defenderá a “su gente” el director de la policía, Gustavo Pérez, como defendió a los que asesinaron a los jóvenes pescadores de Boca La Caja? ¿Le importa al Gobierno el informe que rindió la comisión que constató la brutalidad policiaca en Changuinola? León Felipe, poeta español, dijo en su poema “Sé todos los cuentos”:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

pero me han dormido con todos los cuentos…

y sé todos los cuentos”.

Yo también.

<>
Este artículo se publicó el 17  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El discreto encanto de la tontería…

La opinión de…

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

No tengo la menor duda de que si Luis Buñuel viviera aún, y conociera nuestro país, se mandaría una obra de arte surrealista de esas que hubieran ganado innumerables premios en cuanto festival se inscribiera. Aunque, pensándolo mejor, pudieran no reconocerle esta obra maestra, por considerarlo un exagerado. Pero pensemos un poco en el guión de esa película que pudiera llamarse como la columna de hoy…

La película comenzaría con una escena a media luz, en la que se escucharía a lo lejos “panameño, panameño, panameño, vida mía… yo quiero que tú me lleves donde abunda tontería…” . En ese momento, se escucha la voz del cónsul en Miami diciendo, con acento afrancesado, que “la malaria, se llamaba fiebre amarilla en 1902 y que, por culpa de un mosquito, Lesseps no hizo el canal…”. Al aumentar la luminosidad de la pantalla, se vería la entrada de una esclusa, mientras retiran un aviso que dice “cerrado por exceso de agua”. Entonces, en el medio de una oscura noche se acerca, desde Corte Culebra, la luz producida por un barco radiactivo, que pasaría a tres centímetros de distancia de la estructura del Canal, mientras que en la cámara paralela, espera su turno un supertanquero con un letrero de “altamente inflamable”, escoltado, a su vez, por un crucero de pasajeros, en el que ocho mil personas estarían en la cubierta esperando tomar una foto en el mismo momento en que se produjera el hongo atómico… Mientras, un carro bomba, con un letrero que reza… “no hay agua, porque llovió mucho” es detenido por los custodios del centro de rehabilitación juvenil, mientras le gritan a los marinos del tanquero: “si son tan machos apaguen ustedes el fuego…”.

Según Cancillería, parece que la solución a los exabruptos de nuestros representantes es prohibirles hablar a los funcionarios del cuerpo consular y diplomático de temas que no dominan (lo bueno es que algunos callarán para siempre). Me tomo la licencia de sugerirle a nuestras máximas autoridades, que la solución a este problema no es mandarlos a callar. Es, simplemente, no nombrar en estos puestos a amigos, sino a personas con un mínimo de capacidad (no pido más, sólo el mínimo), para hablar en nombre del país si fuera necesario. Me cuesta trabajo aceptar que inventar un eslogan sea una credencial adecuada para ser nombrado representante de la Nación en el extranjero.

Otro capítulo de la película sería el que tiene que ver con el agua. Al aeropuerto de Tocumen llegan los turistas leyendo un letrero que dice: “Panamá, el país con la mejor agua del mundo”… francamente, no sé si es la mejor, pero sospecho que, hoy por hoy, es la más chocolatita. Mientras, el director del Idaan explicaría que se ha llegado a un acuerdo con Godiva Chocolatier para mezclar “el vital líquido” con un extracto de cacao al 72% para mejorar el colesterol bueno de los consumidores… Así, el Canal, el Idaan, el puente Centenario, los cultivos en Chiriquí y quién sabe cuántas cosas más, han dejado de funcionar por exceso de agua (en el trópico). Por un momento, ¿se imaginan lo que pasaría si nos azotara un huracán? ¡Aterrador! … En nuestra película se vería a los panameños, cada uno construyendo un arca y metiendo dentro diputados, cónsules, alcaldes y políticos, esperando el diluvio. Este capítulo de la película termina con una imagen en los culecos en los carnavales de Las Tablas y Penonomé, en el que cada persona moja a quienes están a su alrededor con botellas de Volvic, Evian, Boss, Mondariz y Perrier. Un camión cisterna rotulado por un lado, “Aqua Cristalina”, y por el otro, “Panama Blue”, rocía con una manguera a una ferviente multitud que grita entusiasmada “agua, agua, agua, weeeeee…”.

Para terminar, unos invertebrados genuflexos, ante un montón de policías con uniformes, charreteras y rangos rimbombantes, gritan, desaforados: ¡no a la extradición!, ¡no a la reelección! y ¡no al autoritarismo!, en una manifestación en la que llevan pancartas con una foto de Billy Ford, ensangrentado, y dicen “defendamos la democracia y la libertad de expresión”. Al pasar por la Plaza 5 de Mayo, se escucha a un grupo de inquilinos del Palacio Justo Arosemena, que propone una ley que condena a cuatro años de prisión a todo aquel que vilipendie a cualquier funcionario que ocupe un cargo de elección popular. En ese momento, uno de ellos pregunta: ¿qué significa vilipendiar? … y otro contesta: “yo qué sé,  pero suena bien…”.

<>
Este artículo se publicó el 16  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Gestión del agua, consumo y sostenibilidad

La opinión de…

 

Graciela Arosemena Díaz

La sostenibilidad de una ciudad está condicionada directamente por la capacidad de carga del territorio del que obtiene recursos para funcionar y abastecer un número de habitantes: materia, agua y energía. De manera que en el último mes, el agua ha puesto a prueba la sostenibilidad de la ciudad de Panamá y no ha aprobado.

La falta de control del crecimiento de la ciudad, la falta de modernización de los servicios de agua potable y la deforestación de las cuencas, junto con la acción de eventos climáticos extremos ha desestabilizado el sistema. Pero hay un tema que es crucial en la gestión sostenible del agua: la cultura en su consumo.

Panamá es el mayor consumidor per cápita del vital líquido en Latinoamérica, a razón de cerca de 350 litros/persona/día. Cuando en países desarrollados se consumen unos 200 lts/persona/día, considerados ya un despilfarro. La ciudad de Panamá hasta ahora había vivido bajo el espejismo de que el agua que consume es un recurso ilimitado, cuando no es así. Hoy ha escaseado porque ha llovido en exceso; mañana puede ser que no llueva suficiente. Así es la dinámica del cambio climático. Y lo ocurrido recientemente evidencia que este cambio ya es una realidad en nuestro país, pero también que nuestro sistema urbano no se está preparando para adaptarse a los efectos del cambio climático.

No olvidemos que las ciudades son los sitios de mayor vulnerabilidad ante este fenómeno. Las ciudades distorsionan los ciclos naturales, como el del agua. Toda el agua lluvia que cae sobre la ciudad de Panamá, ¿a dónde va a parar? Se pierde en el alcantarillado, o peor aún, es responsable de inundaciones; dependiendo entonces de un agua potable que debe recorrer kilómetros hasta llegar a nuestra ciudad. Si este sistema falla, la ciudad se desabastece por completo. Panamá no puede perder más tiempo. Mientras que ciudades del mundo están desarrollando planes para adaptarse al cambio climático, aquí estamos pensando en torres financieras…

¿Qué es lo más inmediato que se puede hacer? Pues comenzar por cambiar el modelo de consumo de agua, mediante campañas de sensibilización. A mediano plazo, establecer normativas urbanísticas que exijan medidas de ahorro y de reciclaje de agua en los diseños constructivos de viviendas y comercios; disposiciones que no representan una mayor inversión en los proyectos.

Por otro lado, promover sistemas de captación de agua lluvia y almacenamiento para el consumo local. En resumen, integrar la gestión del agua en las políticas urbanas. Estas medidas, que podrían reducir el consumo en más de un 40%, son ya una realidad en otros países, cuyo desarrollo no se basa en las apariencias sino en el fondo.

Estas estrategias deberían aplicarse paralelamente a la modernización de los servicios públicos de agua potable. Lo que no podemos hacer es poner todas nuestras esperanzas en una nueva potabilizadora, de lo contrario, en poco tiempo quedará también obsoleta y no sólo seremos más insostenibles, también seremos irremediablemente más vulnerables al cambio climático.

<>
Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Una fiesta con nombre y apellido

 

La opinión de…

 

Benito Ladrón De Guevara Ureña

Hace algunos años se descubrieron en las costas de Palestina documentos antiquísimos, suscritos nada menos que por Pontius Pilatus, en los cuales habla sobre Jesús o Cristo. Esto me llamó la atención, pues, hasta donde sé, dicho personaje no fue cristiano y al escribir sobre Cristo manifiesta una prueba clara de la existencia histórica del carpintero de Nazareth.

Pero resulta que, también, escribieron sobre Cristo, Plinio el joven, el historiador romano Suetonio, el judío Flavio Josefo y Tácito, célebre historiador romano, quien, además de definir al cristianismo como “detestable superstición”, dice “este nombre les viene de Cristo a quien, bajo el principado de Tiberio, Poncio Pilato entregó al suplicio…”. Obviamente, la misma animadversión demostrada por Tácito hacia Cristo y al cristianismo, sirve de prueba fidedigna a la existencia de Jesús.

Haber mantenido una doctrina idéntica por más de 2 mil años por parte del cristianismo es, también, prueba de que esta doctrina tuvo como punto de partida la existencia real y concreta de su fundador. La gran cantidad de escritos no bíblicos, en los que se exponen las líneas generales de esta religión, siempre basados en la vida de Jesús descrita en los evangelios, sin contradicciones importantes, indican una fuente concreta e histórica.

Aunque no se sepa exactamente el día y la hora en que nació Jesús, hay un hecho cierto: nació, y ha sido tan grande su influencia, que hay una fecha estimada de su nacimiento para celebrarlo de manera especial. Para muchos no cristianos, este hombre de Nazareth, no es Dios, pero sí es un modelo de lealtad a sus convicciones, un ejemplo de hombre, fue capaz de defender sus ideales hasta las últimas consecuencias. Bien pudo haberse salvado de la cruz, pudo negociar con Pilato, enviar su legión de ángeles, pero no… decidió continuar con su dolorosa misión. Se pone al lado de los grandes hombres y mujeres que mueren por sus ideas. Menos claudicar.

Para los que sí creemos en Cristo, como hombre y como Dios, su nacimiento fue el inicio de la redención prometida por el Padre desde los inicios de la humanidad. En este sentido qué difícil es entender el amor. Por ejemplo, el amor de una madre que se atreve a sufrir lo indecible con tal de parir a su hijo, o el amor de un padre que trabaja de sol a sol para gastar su dinero en su familia, el amor de una misionera que se va a predicar su religión a lugares inhóspitos…, pues más grande que estos amores, probados en el sacrificio, fue el amor de Jesús. En vez de venir como un titán poderoso y vencer a cuanto ejército se le enfrentara, se hizo niño, indefenso, hijo de José y María, nacido en una cueva, visitado por humildes pastores, para después ser ultrajado y asesinado en una cruz. No envió un ángel, ni a un profeta, ¡cuánto amó Dios al mundo que mandó a su propio hijo!

Muchas más cosas se podrían escribir sobre Jesús, con más autoridad y de mejor manera, pero basta con estas humildes líneas para concluir que la Navidad es una fiesta, pero no una fiesta cualquiera, el cumpleaños de quien nos liberó, no el de quien nos invita a comprar y vender; es la fiesta del amor, no la del negocio.

Por eso, los creyentes adornan sus casas con nacimientos, enalteciendo la figura del niño Dios, no otras figuras; por eso decimos: ¡Feliz Navidad! y no simplemente felices fiestas. En fin, no dejamos usurpar el sentido de la Navidad, para que haya gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres y a las mujeres de buena voluntad.

*

<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.