La literatura redime

La opinión de…


Ricardo Arturo Ríos Torres

Durante tres años coordiné ad honórem el Círculo de Lectura del Centro de Cumplimiento, entidad que alberga a los menores sentenciados por sus delitos. A esos jóvenes los conocí en un acto organizado por la Lotería en ocasión de la semana del libro; participaban también estudiantes de algunos colegios secundarios de la capital.

De allí nació la idea de compartir con ellos mis experiencias del Círculo de Lectura de la USMA. El equipo de profesionales que dirigía el centro acogió con entusiasmo la iniciativa. Mis estudiantes de la USMA visitaban el centro de cumplimiento y ellos acudían a las reuniones del círculo de lectura tanto en la universidad como en la librería Exedra.   Luego los llevé a las dos primeras ferias internacionales del libro celebradas en nuestro país.    Además participaban en nuestras presentaciones de libros e incluso fueron protagonistas cuando Rose Marie Tapia realizó la gala de Roberto por el buen camino.

Ninguno de los jóvenes del centro se evadió; eran un equipo, una familia, eran conscientes de la oportunidad que se les ofrecía. Trabajaron un boletín informativo como el Huellas de la USMA. Escribieron poemas, cuentos y el inicio de una novela. En una ocasión los llevé a una conferencia internacional sobre lectura que se celebró en el hotel El Panamá. Allí dieron testimonio de sus experiencias. Fue inolvidable; los expertos de distintas latitudes se emocionaron con ellos, muchos lloraron ante sus vivencias.

Tanto en las reuniones de la USMA como en Exedra analizaban los libros con tal propiedad que muchos creían que eran universitarios. Aprendieron a comunicarse, a pensar lógicamente, a compartir con naturalidad su pasión por la literatura. Ninguno de ellos reincidió; estudiaban en la secundaria e incluso en la universidad; era parte del programa de resocialización. Se habían humanizado pues se les trataba con respeto y aprecio. Aclaro que en ese grupo todos los delitos estaban presentes.

Comprobamos que eran chicos sin hogar, carentes del amor y cariño de una familia formal. Pero todo cambió cuando Martín Torrijos asumió el poder Ejecutivo y su ministra de la Familia [Desarrollo Social] removió al equipo de profesionales que dirigían con dedicación, responsabilidad y mística el centro de cumplimiento. El Panamá político consideró esa entidad como otro de sus espacios.   Nada detuvo a la ministra de turno; barrió con las trabajadoras sociales, psicólogo, la directora, e incluso con los custodios de amplia experiencia.

El círculo de lectura desapareció, luego la ministra fue premiada por el Presidente y la integró a su equipo de asesores.

Ante la tragedia que hoy conmueve a la sociedad panameña reiteramos nuestro reclamo ciudadano, que el Panamá político renuncie a considerar como espacios partidistas las instituciones públicas. Necesitamos un director de la Policía que sea un profesional especializado y nunca un militar como el que tenemos hoy. Actualmente, la policía militarizada avasalla al ciudadano común. Recordemos Changuinola y los asesinatos de los obreros. Que el equipo de las cárceles se integre confuncionarios profesionales ajenos al clientelismo político.

La tragedia de los adolescentes quemados en el centro penitenciario nunca más debe  repetirse. El Panamá político es el responsable de ese crimen institucional.

<>
Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, y el 5 de febrero de 2011 en la Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.  El resaltado fue hecho por el Editor.

Un incentivo a la mediocridad

La opinión del Educador…

Ricardo A. Vizuete

A veces me pregunto hasta dónde llega la mediocridad y a quién se debería culpar. Para algunos, el problema educativo es producto de los malos profesores y los jóvenes de hoy que no respetan a nadie porque la educación que reciben es deficiente, sin valores éticos ni morales; vemos que rompen vidrieras en las paradas de buses por no tener acceso a una mal llamada beca universal, conducta criticable. Pero también es criticable el darles una beca, aunque hayan estado fracasados durante el año y con tan solo tapar ese fracaso en un tercer bimestre tienen derecho; como quien dice, “borrón y cuenta nueva”.

Nuestros jóvenes de hoy son el producto de lo que hemos creado nosotros mismos, quienes nos hacemos llamar “adultos”, con modelos y políticas que no van acorde con lo que supuestamente esperamos de un ciudadano del siglo XXI.

Cuando recordamos el tan afamado “100 a los 70”, que sin tomar las medidas pertinentes se fue repartiendo dinero a diestra y siniestra para luego darnos cuenta de que algunos que no tenían necesidad de ese dinero también cobraron su cheque, sentimos que con este proyecto nos encaminamos a fallas similares. ¿De quién es la culpa, antes y ahora? Si la propaganda gubernamental y electorera no excluía a nadie, el único requisito era tener 70 años y no haber cotizado en el Seguro Social, por eso el tío de una amiga fue y cobró sus 100, aunque él tuviera finca y otras cositas más.

El anuncio de la beca universal, al igual que el más reciente sobre las laptops universales, me dejan algunos cuestionamientos: ¿Cómo pueden ser universales, si al parecer solo se enfocan en un sector de la población? ¿O es que aquellos que pagan una educación privada son ciudadanos de otro planeta llamado Panamá y no de este país? Pues ni siquiera reciben un incentivo, el cual podría ser algún tipo de exoneración en el pago de impuesto sobre la renta, con el gran ahorro que le brindan al Estado.

Es como si todos lo que integran el universo de escuelas privadas fueran pudientes, cuando sabemos que muchos hacen un gran esfuerzo tratando de buscar una educación de mejor calidad para sus hijos. Además, una cosa es subsidio para personas con necesidades económicas y sociales, lo cual me parece muy loable, pero no es lo que promueve este proyecto, por más buenas intenciones que tenga quien lo propuso.

Los gobernantes populistas que pretenden mejorar la calidad educativa regalando becas por solo obtener una calificación de 3.0, cuando esa misma calificación, a nivel universitario, se premia con una F, nos lleva a un cambio, pero en dirección equivocada.

De esa manera tan solo incentivamos y premiamos la mediocridad educativa y profesional, quitándoles la motivación a aquellos estudiantes que hacen un gran esfuerzo por superarse y ser sobresalientes. Hay muchos cambios que requiere el sistema educativo y la evaluación es uno de ellos, pues, para los que no lo saben, la gran mayoría de los estudiantes que aprueban una asignatura con 3.0 es en realidad 2.6 y 2.9 “disimulados”, pues por un lado Meduca quiere calidad educativa, pero por otro lado, presiona a los profesores para que mantengan un índice bajo de fracasos cueste lo que cueste, de lo contrario, les cae algún supervisor.

Un estudiante con solo entregar sus tareas o informes y asistir regularmente a clases es merecedor del 33% de su nota final (la llamada apreciación), o sea que solo necesita un 27% entre bimestral y notas parciales para aprobar la asignatura con un 3.0; si a esto le añadimos el uso de la llamada tabla regalona (autorizada por Meduca mediante el decreto 128, de abril de 1965, artículo 27) un estudiante que obtiene 25 puntos de 50 en un examen bimestral o prueba parcial, automáticamente su evaluación es 3.0, ¿De qué calidad estamos hablando? Cuando el estudiante reprueba tiene derecho a una convocatoria y si al final termina deficiente, igualmente puede, al año siguiente, hacer la materia en el turno contrario como alumno con horario especial.

Tengo más de 25 años de experiencia en el área educativa, y actualmente he podido corroborar todo lo antes expuesto, observando los efectos de estos paternalismos en mis estudiantes universitarios de primer año, que ni siquiera me han podido aprobar contenidos tan básicos como es el saber dónde empieza el proceso digestivo.

No obstante, existen colegios oficiales, como el Pedro Pablo Sánchez de La Chorrera, donde al estudiante se le exige y se le motiva, donde ganarse una calificación de 4.0 equivale a un 4.8 en otras escuelas, quienes además, tienen un alto índice de aprobación en las pruebas de ingreso a la Universidad de Panamá, lo cual nos siguen demostrando que el camino correcto está en esa línea y no en regalar y hacerle todo demasiado fácil al estudiante. Pues les digo, señores, que cuando a nuestros jóvenes se les motiva y se les exige ellos responden.

Mi madre y padre siempre me dijeron que en la vida todo cuesta y por eso aquellos personajes que más se han destacado en el mundo son aquellos que a base de esfuerzo y sacrificio obtienen sus metas.

Definitivamente, mientras no veamos el problema educativo y social de manera más seria, nuestros impuestos seguirán siendo dilapidados con inventos y entuertos con un resultado al final como dirían en el béisbol: 0 out, 0 hits, 0 carrera, nadie en base, pero con el juego en contra.

<>
Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mediocridad, ignorancia y corrupción

La opinión de…

 

Víctor Hugo Herrera Ballesteros

Los panameños vivimos una época caracterizada por un entorno político y social degradado que corroe las bases de la sociedad panameña, con partidos políticos desintegrados por una profunda crisis de liderazgo y de credibilidad, que llega hasta las más altas esferas administrativas del Gobierno. La política electoral ha pasado a convertirse en un medio para acceder a los jugosos negocios propios de las mieles del poder y ligados a la esfera privada, de donde salen ingentes recursos para financiar las campañas políticas y asegurar sus mejores intereses en pro del beneficio individual.

Bajo la modalidad actual de los partidos, tipo franquicia, en los que ya no interesa la ideología o los principios políticos motivadores de una colectividad que comparte ideales, una visión de país y de progreso como aspiración social, se anteponen los tránsfugas, que solo se sirven de dichos colectivos para materializar sus propios intereses, burlándose de sus electores y degradando los valiosos instrumentos de la democracia y de la construcción y ejercicio de nuestra ciudadanía.

Con cada cambio de gobierno se entreteje una burocracia que en algunos casos utiliza la política electoral como un medio para acceder a puestos y prebendas, anquilosándose, con el único mérito de solo haber caminado buscando votos, aunque sean mediocres e ignorantes para determinados puestos. De dichas estructuras se sirven muchos funcionarios inescrupulosos que buscan sobrevivir haciendo shows mediáticos u operativos informativos para dar a entender que hacen algo útil y complacer a las autoridades de turno o como lambones, en buen panameño, exponiendo al final de cuentas su mediocridad pestilente, por ejemplo, persiguiendo billeteros o informando dónde comprar más barato, como si la población no supiera cómo maximizar sus ingresos, que ironía.

Solo les importa figurar para dar una imagen de funcionalidad, pero que al final en nada trasciende para resolver los problemas sociales y económicos de nuestro país. Son iguales que dictadores, en los distintos niveles administrativos, ya que su arrogancia es el único argumento para hacer valer su incompetencia. Solo basta con dar una mirada a los actuales acontecimientos, en los que nuestra población enfrenta problemas de abastecimiento de agua, recolección de desechos sólidos, acceso al consumo básico (servicios y alimentos), mientras la pobreza campea y persiste como un mal endémico, aunada a los actuales procesos inflacionarios e ineficiencia en la producción agropecuaria, aupados por una política de competencia fracasada.

La pobreza no se resuelve con limosnas, caridad o shows mediáticos que solo hacen reforzar la condición social de quienes menos tienen, pues ser pobre no es una elección, sino un condicionante. El combate a la pobreza es política de Estado y exige políticas de desarrollo económico y social integrales, potenciando el desarrollo del capital social y no la dependencia sociopolítica que se logra con las dádivas. Empero, la marginalidad nos devuelve el golpe, mediante el crimen y la violencia generalizada, como respuesta de una sociedad degradada, deshumanizada y en la que viven frustrados miles de jóvenes, por no acceder al consumo desmedido que caracteriza a las capas sociales más privilegiadas o de los lumpen arribistas, que flotan como corchos con cada cambio de gobierno.

La mediocridad, la ignorancia y la corrupción son la antítesis de un modelo económico y político que aliena a la sociedad, desnaturalizándola, sin espacios de expresión ni solidaridad, imitando, por el contrario, los antivalores que dimanan de una burocracia corrupta y que al igual que la cocaína que corre por las venas de sus adictos, desintegra a nuestras familias y al colectivo en su conjunto.

<>
Este artículo se publicó el 16  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pena de muerte

La opinión de…

Carlos Guevara Mann

El artículo 30 de la Constitución panameña proscribe la pena de muerte. El artículo 28, a su vez, sustenta el sistema penitenciario “en principios de seguridad, rehabilitación y defensa social”.

La misma disposición “prohíbe la aplicación de medidas que lesionen la integridad física, mental o moral de los detenidos” y dispone que los menores de edad sean “sometidos a un régimen especial de custodia, protección y educación”.

La proscripción de la pena de muerte y la regeneración de los reclusos son principios con profunda raigambre en el constitucionalismo panameño.   El primero se remonta a 1918, cuando una reforma constitucional dispuso: “no habrá en Panamá pena de muerte”. El precepto se mantuvo en las constituciones de 1941, 1945 y 1972, actualmente vigente.

En cuanto al trato que deben recibir los privados de libertad, el artículo 45 de la Constitución de 1904 indicaba: “Las cárceles son lugares de seguridad y expiación, no de castigo cruel; por lo tanto, es prohibida toda severidad que no sea necesaria para la custodia y enmienda de los presos”.

Lo mismo disponía la Constitución de 1941 y, con ligeras variaciones, la de 1946. Ambos principios, además, son parte del derecho internacional. El artículo 4 de la Convención Americana de Derechos Humanos de 1969, ratificada por Panamá en 1978, estatuye: “No se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido”.

Mediante el Protocolo de 1990 a esa convención, relativo a la abolición de la pena de muerte, los Estados Partes se comprometen a no aplicar “en su territorio la pena de muerte a ninguna persona sometida a su jurisdicción”.

Panamá ratificó dicho protocolo en 1991. En el Sistema de las Naciones Unidas, el artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y el artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, ratificado por Panamá en 1977, proclaman que “nadie será sometido a tortura ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”.

Más específicamente, la Convención contra la tortura de 1984 exige, en su artículo 2, que todo Estado Parte tome “medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole eficaces para impedir los actos de tortura en todo territorio que esté bajo su jurisdicción”. Dicha convención fue ratificada por Panamá en 1987. En el derecho internacional americano, la Convención Interamericana para prevenir la tortura de 1985, ratificada por Panamá en 1991, prohíbe los tratos crueles, inhumanos y degradantes. El documento sobre Principios y Buenas Prácticas sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas (2008) establece, entre otras obligaciones, la siguiente:

“Toda persona privada de libertad que esté sujeta a la jurisdicción de cualquiera de los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos será tratada humanamente, con irrestricto respeto a su dignidad inherente, a sus derechos y garantías fundamentales, y con estricto apego a los instrumentos internacionales sobre derechos humanos”.

Aunque estas normas son de obligatorio cumplimiento en Panamá, bajo la dictadura castrense la ley fue supeditada a los designios de quienes usurparon los destinos del país. Sucedieron numerosos casos de tortura y ejecuciones extrajudiciales—penas de muerte en todo menos en nombre—según fue documentado en los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de 1978 y 1989, así como en el informe de la Comisión de la Verdad (2002).

Como en una democracia no hay lugar para violaciones de los preceptos señalados, los panameños teníamos motivos para esperar que incidentes como los que ocurrieron durante el régimen militar jamás se repitieran. Por eso los acontecimientos del 11 de enero en el Centro de Cumplimiento de Menores —con un espantoso saldo de siete reclusos quemados, cuatro de los cuales ya fallecieron— han causado estupor en la comunidad.

Es alarmante que formen parte de la Policía Nacional individuos tan carentes de las más elementales nociones de derechos humanos, que promueven abominables contravenciones de la Constitución y el derecho internacional como las que transmitieron las cámaras de televisión.

En su falta de humanidad y cultura democrática radican las semillas del autoritarismo militar, que indudablemente germinarán a no ser que erradiquemos de la fuerza pública tan ilegales y perversas inclinaciones.

<>
Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De pinchazos procuradores, Metro Bus y sobresaltos

La opinión de…

 

Eudoro Jaén Esquivel

Los panameños vivimos de sobresalto en sobresalto. No pasa una semana sin un escándalo nuevo. No es mera coincidencia que los medicamentos que más se agotan en nuestras farmacias son Lomotil y Tafil.

Me remito a los escándalos más recientes, pues si empiezo desde el comienzo no tendré espacio. Empezamos con el escándalo de una avioneta “iguanando” en un potrero de Los Santos que destapó el tema de la penetración del narcotráfico en el Ministerio Publico, lo que a su vez motivó la salida del Procurador encargado o suplente (nunca llegué a entender cuál era su verdadero título) a quien, en mi concepto, le cayó injustificadamente la teja y se convirtió en la oveja de sacrificio.   Ahora se nombra a otro “de confianza” (esta vez, la primera opción “de confianza”, no llegó a home).   El tema no se ha agotado. Creo que apenas toma fuerza y con las promesas de “limpieza”, del nuevo Procu, continuará siendo el tema para rato.

De repente, desde la madre patria, el diario El País destapa otro tamal criollo con aquello de la solicitud de ayuda para “pinchar” que a los gringos no les supo bien y, por justa razón, (no “justa causa”). Los gringos de The New York Times, a quienes no le falta maldad, ahondan sobre el tema, incluyendo el mensaje subliminal de poner una foto del jefe entre dos gobernantes africanos con problemas de relación con la DEA. El temita de la solicitud de ayuda de la DEA para “pinchar” ha puesto a los spin doctors del Gobierno a trabajar sobretiempo, buscando cómo enterrar la noticia o darle otro giro, hasta ahora sin mucho éxito. Nos toman por tontos con los argumentos que usan, pero somos un pueblo sabio.

Eso de que la gringa no gustaba del jefe y todo fue su revancha, porque “la pararon firme”, me la cambean, como decimos por allá. El nuevo giro que quieren dar es que vienen Wikileaks del PRD, como si un mal justifica otro mal. Mejor aceptar la realidad de que metieron la pata. De todas maneras eso está oficialmente permitido en este gobierno. Lo que no se permite oficialmente es meter la mano. La noticia anticipando los Wikileaks del PRD, que creo es cierta, tendrá a muchos ingiriendo Lomotil y Tafil a puñados.

Si alguna vez tuve dudas de que somos un país surrealista, las perdí con el tema de jours: las quejas sobre el Metro Bus.   Solo tenían horas de estar circulando cuando ya abundaban quejas. Hay más quejas que elogios. Ahora resulta ser que para muchos los Diablos Rojos eran lo máximo.    Abundan los comentarios a favor de los Diablos Rojos: que los Metro Bus son más caros; que en los Diablos Rojos iba más gente sentada; que se podía dormir, porque los respaldares era más altos; que se podía subir y bajar por la misma puerta y donde nos venía en ganas.    Otras quejas de los metro buses son que el aire acondicionado no funciona (¿funcionaban en los Diablos Rojos?); que hay que caminar mucho por la ubicación de las paradas, que opera el sistema de que “entre que caben 100”,  que los asientos son incómodos: que hay que ir parados, etc., etc.

¿Devolvemos los metro buses a Colombia, donde sí saben usarlos?

 

*

<> Este artículo se publicó el  31  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La opinión de…

Arón Benzadón Cohen

Tomé el nombre de la película La tormenta perfecta, protagonizada por George Clooney en la que se dan una serie de circunstancias atmosféricas que producen una tormenta monstruosa que arrasa con todo, incluyendo a los actores. Hago la analogía porque estamos conjugando en nuestro país una serie de condiciones, sobre todo sanitarias, que nos está haciendo sumamente vulnerables a gravísimos problemas de salud pública.

En primer lugar, tenemos el problema crónico de la basura con la acumulación de la misma, la falta de áreas designadas para su ubicación, la creación de minivertederos en cada barriada con la proliferación de gusanos, ratas, mosquitos y demás alimañas.

En este aspecto los municipios de la capital y San Miguelito han hecho gala de ineptitud y desidia hasta la saciedad. A partir del tres de enero con la estrenada Autoridad de Aseo y con más de 80 millones de balboas de presupuesto se debe acometer una estrategia integral, incluyendo ubicación de sitios de recolección, recipientes de tamaño adecuado, recolección regular y lo que se han olvidado todos, el reciclaje, tan importante para bajar el tonelaje de basura.

En segundo lugar tenemos el grave problema del agua, ocasionado por factores climáticos y agravados por la falta de mantenimiento adecuado, así como equipos imprescindibles para la potabilización.

Estoy convencido de que la cantidad brutal de lodo vertido a los ríos y fuentes de agua tiene relación directa, entre otras cosas, con la deforestación y la tala indiscriminada que permite que la tierra sea literalmente barrida por las lluvias. Además no veo que el Idaan tenga los equipos, el personal técnico en cantidad y calidad adecuados ni los recursos económicos que requiere urgentemente para resolver este problema a corto plazo.

Estuve en Puerto Rico hace unas semanas, donde tuve la oportunidad de hablar con una alta funcionaria del servicio de aguas de Puerto Rico. Siendo su población actual de 4 millones de habitantes, un poco más que en Panamá, tienen un presupuesto de 20 millones de dólares anuales solo para asegurarse del mantenimiento de sus fuentes y de la calidad del agua que toman. ¿Cuánto tenemos en Panamá para lo mismo?

El impacto de esta carencia lo estamos viendo a diario en la vida de todos los panameños, afectando la ingesta de agua potable y el aseo personal, además del daño a la industria, los comercios, los restaurantes, hoteles y todo el entorno turístico. ¿Me pregunto qué turista querrá venir a Panamá, si no puede bañarse ni jalar la cadena del inodoro?

Los fenómenos climatológicos están modificándose haciendo los fenómenos atmosféricos cada vez más cambiantes y severos. Lo peor de todo es que los pronósticos son que van a seguir así o se va a poner peor, ya que todos contribuimos al deterioro del medio ambiente.

Si a la basura y a la falta de agua le agregamos otro ingrediente como pudiera ser el cólera, no tan distante como creemos, viendo que en Haití han muerto más de 3 mil 600 personas y en República Dominicana se han reportado 152 casos, tendríamos la epidemia perfecta. ¡No dejemos que ocurra!

<>
Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá, un futuro aún por escribir

La opinión de…

 

Franklin N. Arias Real

En septiembre pasado, mientras cenaba con un amigo y colega mexicano durante una exposición comercial en Chicago, le expresé mi percepción de que quizás en 100 años México y Estados Unidos serán un solo país –un solo pasaporte, frontera, moneda y ejército–, basado en la integración económica y demográfica que ambos experimentan hoy (Canadá, se les uniría después). Con un orgullo nacional, muy común en los latinoamericanos, me contestó que eso jamás sucedería, que México seguiría “glorioso y luchador” hasta el fin del mundo.

En la revista The Economist, en su edición de proyecciones para el año 2011 (Pags. 111-114), expertos en varios temas opinan cómo serían ciertos aspectos del mundo 25 años después, en 2036. Es un interesante ejercicio intelectual.

En Estados Unidos, el historiador Alfred McCoy, de la Universidad de Wisconsin, publicó un ensayo reciente (ver: http://www.tomdispatch.com/archive/175327/) en el que plantea cuatro posibles escenarios en los cuales la hegemonía de su país puede llegar a su fin antes de 2025.

Todo es posible. Por ejemplo, la URSS nació y desapareció en menos de 100 años. Ni la Unión Europea ni el Estado de Israel existían hace 75 años y solo Dios sabe si existirán con sus actuales fronteras en 75 años más. ¿Existirá en 150 años una República Federativa Transamazónica, con una unión entre Brasil, Perú y Bolivia?

¿Dónde estará Panamá en 50, 100 ó 200 años? ¿En 2061, con 9 mil millones de personas en el mundo, estará la capital llena de edificios con apartamentos de medio millón de dólares, pero sin agua potable, inodoros, elevadores ni acondicionadores de aire en funcionamiento; llenos de mosquitos y moscas (típico de un clima tropical húmedo), basura sin recoger y pandillas urbanas por doquier? ¿O seremos la envidia de Latinoamérica, al lograr tener la población mejor educada, la mejor distribución equitativa de la riqueza, un nivel de pobreza de menos del 5%, energía solar y eólica que genera electricidad, uso masivo de hornos solares para cocinar, una cultura nacional de reciclaje sin que lo exija la ley, rutas exclusivas para bicicletas, pulmones de aire en una ciudad pro ser humano y no pro automóvil, criminalidad y corrupción reducida a su mínima expresión, una campiña llena de granjas integrales autosostenibles (garantizando independencia alimenticia), y minas de cielo abierto ecológicamente recuperadas?

Y en 100 años, ¿habrá nacido la República de Talamanca (Panamá y Costa Rica, dos países constitucionalmente sin ejército, unidos y representados bajo un mismo servicio exterior)? ¿O será Panamá parte de una Confederación Andina, junto con Venezuela, Colombia y Ecuador? Y en 200 años, ¿Estará la ciudad de Colón y las islas de Kuna Yala bajo el agua por el aumento del nivel del mar? ¿Se habrán separado e ido Chiriquí, Bocas y los ngäbe–buglé con los ticos? ¿Colombia se habrá anexado Darién? ¿Y la potencia mundial de ese momento (Brasil o China) tendrá total control del área canalera, defendiéndola para asegurar su tránsito de bienes y materia prima? El mundo es dinámico no estático. Panamá, mientras existas, ¡feliz año nuevo!

*

<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.