El ‘emprendurismo’

La opinión del Jurista…

Fernando Sucre Miguez

La palabra emprendurismo ha sido ligada en los años recientes al microcrédito. Es el sinónimo por antonomasia más utilizado para ejemplarizar al microempresario, a la persona que emprende un negocio en busca de un mejor ingreso económico y mejor devenir. Aunque debo decir que dicha palabra no existe en el Diccionario de la Real Academia Española, pero como para cada invento hay que crear una palabra, a alguien se le ocurrió que esta era la más indicada.

Durante mi gestión dentro de Mi Banco, S.A. BMF, he podido observar muchos emprendedores que en alguno de los casos fracasan en su intento por iniciar su propio negocio. Recientemente, en un artículo de Mario Vargas Llosa se hace alusión a una obra de Alberto Fuguet, en la que se narra la vida de un tío del escritor que había salido en busca de un mejor porvenir en Estados Unidos. Por supuesto que en su intento falló. Vargas Llosa se cuestiona el porqué de aquel fallo y llega a la conclusión de que se debió a la falta de preparación y de constancia en el oficio que había encontrado.

Creo que esto describe de forma ejemplar lo que todo emprendedor debe hacer para poder triunfar. No se trata solo de tomar la iniciativa; la preparación y el estudio son indispensables en lo que se desea hacer. Dice muy atinadamente Rubén Blades, en su canción Sorpresas, que “hasta para ser maleante hay que estudiar”. Si usted no estudia, lo más seguro es que fracasará en el intento. Todos los oficios tienen sus técnicas, sus secretos, sus métodos. Por ende, hay que prepararse para lo que se desea emprender, conocer las leyes que lo amparan, los tributos que se deben pagar, las normas laborales, etc.

Luego de que usted se hapreparado empieza la difícil tarea de organizar su negocio, donde debe tener muy claro que los triunfos, así como los fracasos, estarán rondándole. Allí es donde inicia la constancia. Usted debe ser innovador, mantener un carácter de perseverancia y liderazgo. Solamente el trabajo duro y enérgico, así como los riesgos que tome, le mantendrán su negocio a flote. Si a la primera desavenencia usted se deja llevar por el pesimismo y cree que ha fracasado, de seguro eso sucederá. Cuanto más crezca su negocio, más contrariedades se le presentarán.

Lastimosamente, en Panamá, por alguna razón poco conocida, somos dados a no ser emprendedores. Los gobiernos hablan del tema, del microcrédito, etc., pero al mismo tiempo no lo impulsan adecuadamente con mejores leyes, incentivos fiscales y laborales. Eso conlleva a que las personas prefieran obtener un puesto de trabajo en el sector público antes de crear su propia empresa. De allí que la planilla estatal sea tan abultada.

Peor aún resultan aquellas personas que por dicha tienen la grandiosa oportunidad de estudiar en las mejores universidades del mundo, y a su regreso prefieren laborar como empleados en alguna gran empresa, pues es allí donde tienen la seguridad de un buen salario cada quincena. Son esos los que solo cumplen la primera parte de lo que debe tener un emprendedor: el estudio. No se atreven a dar el paso siguiente que los ayudaría a ellos y al país. Entonces, de qué sirve estar bien preparados si no poseen la valentía de dar el siguiente paso.

Parece paradójico que pueden enfrentarse a las grandes demandas de estudio que exigen las mejores universidades, abrir sus mentes a la riqueza del conocimiento, para luego entregárselo a otros que sí tuvieron el coraje de emprender sus empresas. Si canalizaran toda su energía en construir algo propio, los beneficios serían extraordinarios, pues el haber estudiado en una buena universidad los pone por delante de tantos otros que no han tenido esa oportunidad. El procedimiento contrario únicamente les dará un cheque de jubilación de la Caja de Seguro Social muy por debajo de lo que solían ganar, si es que hay jubilación para dentro de unos años.

Por ende, ¡anímese a iniciar su propio negocio!, pero recuerde siempre estudiarlo antes y a reconocer que aunque se presenten fracasos, habrá también éxitos y triunfos.

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Este artículo se publicó el 15  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Para ti, buen maestro

La opinión de…

Jacqueline West de Cochez

El secreto mejor guardado de un buen maestro es una clase bien organizada, estimulante intelectualmente, rica en vocabulario y conceptos, cálida en su expresión y comunicación, con algo de risa, porque el maestro necesita transmitir información con cariño y con respeto, no solo con firmeza y disciplina, sino con claridad y de forma organizada.

No se debe subestimar la capacidad intelectual del alumno, vale la pena enriquecer la clase con un buen vocabulario, con ricos conceptos y con toda clase de anécdotas, conectando todos los conceptos entre sí, para lograr que haga sentido. El autoritarismo y la simpleza hay que tirarlas por la ventana. Y no tener miedo de no poder responder a todas las preguntas, sencillamente decir no tengo esto claro, pero para la próxima clase lo averiguaré. La información que se maneja es vasta y trataré siempre de contestar todas sus preguntas, tarde o temprano.

También es importante ser un facilitador. El alumno debe involucrarse directamente en su aprendizaje, ese debe ser un descubrimiento del conocimiento con la actuación directa e involucrada en su aprendizaje. Se trata prácticamente de un fórmula dialéctica de viajar desde lo que se conoce hacia lo que no se conoce, mediante preguntas, respuestas; cuánto sabe él, cuánto sé yo como maestro. Análisis, síntesis y, finalmente, formulación de la propuesta o concepto, que los antiguos llamaban la verdad, y que nosotros hoy en día llamamos el conocimiento o el objetivo.

Siempre es preciso reconocer con humildad que a veces el alumno puede saber algo que uno no sabe, celebrarlo y reírse, felicitándolo. ¿Quién ha dicho que uno es omnisciente?

Esto en el colegio Isaac Rabin se llama el método constructivista, que tanto disfruté utilizar y en el cual me moví creativamente y con todo entusiasmo igual que mis alumnos.

Para ti maestro, empiezo esta serie de artículos para que tu próximo año esté lleno de más logros, serenidad, alegría, éxito y cariño compartido con tus alumnos; esos que tanto necesitan de ti. No los subestimes en esto tampoco. ¡Pecamos tanto de subestimar a nuestros alumnos!

El primer escalón para el aprendizaje es, curiosamente, el que parece menos importante, pero en efecto es el más importante: lograr la atención de forma positiva.

No se produce el aprendizaje sin la atención de todos al mismo tiempo; cosa nada fácil en un salón de 20, 30 y a veces 40 alumnos. Más fácil es vestir a un camello en el desierto.

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Este artículo se publicó el 13  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Profesor Navas, enséñele historia

La opinión de…

Samuel Díaz Barranco

Cuando un estudiante entra a la Escuela de Relaciones Internacionales y llega al segundo año, se pregunta, ¿por qué no nos dio clases, desde el primer año, el profesor Navas? Esto, porque a pesar de que no ponía exámenes sencillos y que los datos proporcionados necesitaban de bastante estudio y compresión, no era menos cierto que cuando uno llegaba al aula de clases, lo que recibía de parte este gran historiador eran cátedras acerca de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos.

Se enfocaba más que todo en la construcción de Canal y en el surgimiento de Panamá, como nación independiente y, claro está, en las luchas de generaciones en pro de nuestra soberanía, por ende, de nuestra nacionalidad.

Se necesitan más profesores Navas en este mundo, y se necesitan más profesores Navas en el Ministerio de Relaciones exteriores, que solo mira dos cosas: cuánto pusiste en mi candidatura y qué tan manzanillo fuisteis en la campaña pasada.

Es por eso que el Presidente dice cosas que nunca debió decir, porque no tiene quién lo asesore y, es por eso, que le falta a nuestro servicio exterior un mecanismo mediante el cual cuente solo con personas dotadas de un nivel cultural aceptable, por no decir cónsono con el puesto que desean ocupar.

Falta mucho para que Panamá mire este aspecto con seriedad, y falta mucho más para que nuestro sistema de política exterior mejore. Hay personas que se pasan años y años de estudio en el arte de las relaciones internacionales, pero que nunca tendrán la oportunidad siquiera de aportar todo lo que saben; en cambio, hay quienes a pesar de ser panameños dicen que somos los costeños de Colombia y se les agradece el gesto con embajadas y consulados.

Señor cónsul en Miami, por menos que eso ya muchos hubiesen renunciado.

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Este artículo se publicó el 12  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Gatopardismo constitucional o nuevos paradigmas

La opinión de…

Ramiro Guerra Morales 

En reiteradas ocasiones, y por diversos medios, he señalado y criticado el carácter deficitario de nuestra democracia e institucionalidad político–jurídico, y las veces que se ha recreado la reforma constitucional, hemos sido enfáticos en que esta no debe instrumentalizarse para nimiedades o enfoques de corto alcance, que en nada alteran los correlatos o paradigmas, que concurren a mantener el estado de desazón y contradicciones que sobrevienen como consecuencia de un desgaste serio y abrumador de nuestra débil y precaria institucionalidad, que de democrática queda muy poco.

Desafortunada ha sido la historia constitucional de nuestra patria grande, Latinoamérica, cuyos procesos reformistas han adolecido de lo que en ciencia política se conoce como el gatopardismo constitucional; es decir, producir cambios para que nada cambie.

Salvo excepciones, como la reforma constitucional de 1941 y 1946, que en nuestro país, por lo menos desde el punto de vista de un constitucionalismo moderno, le permitió al Estado panameño dar un salto de calidad importante, sobre todo en lo que respecta al constitucionalismo social de la época, inspirado y trabajado por extraordinarios juristas de la talla de José Dolores Moscote, don Ricardo J. Alfaro y Eduardo Chiari. En el caso colombiano, su Constitución del inicio de la década de 1990 amplió la democracia electoral y remozó su jurisdicción constitucional.

En consecuencia, no somos partidarios de ningún debate sobre reformas constitucionales que, en su origen, revela senectud y más de lo mismo. Rechazamos, y siempre lo hemos hecho, esa manía que nos viene de historia pasada de hacer diversionismo político, lo que no soluciona los profundos y reales dilemas de nuestra república.

Exhortamos al debate de fondo; cuestiones como la Corte Constitucional, la elección del procurador por votación popular, el reforzamiento institucional y coactivo de la institución de la Defensoría del Pueblo, la democracia participativa, la creación del Consejo de Magistraturas, son cuestiones que tienen que hacer parte del debate. De lo contrario, seguiremos en la lógica del trompo, dando vueltas para volver siempre a lo mismo.

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Este artículo se publicó el 9  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hacia un pacto ético de salud

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La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz

He escuchado a las autoridades, tanto del Ministerio de Salud como de la Caja de Seguro Social informar que se construirán nuevos hospitales, porque la demanda supera la oferta. Actuar así es mantener el círculo vicioso: más pacientes, más hospitales, más hospitales, más recursos empleados en terapia, más pacientes.

No lo vamos a romper creando más hospitales, sino orientando nuestros esfuerzos hacia programa de desarrollo humano sostenible, con promoción de la salud, prevención de la enfermedad y la atención precoz, eficiente y eficaz de los pacientes. He ofrecido mis puntos de vista en innumerables escritos y he tenido la oportunidad de debatir sobre el tema con especialistas de otras regiones. Hay un común denominador: eliminar las inequidades sociales y reforzar la atención primaria.

La presencia de un paciente en un centro de salud o una policlínica es indicativo de que algo estuvo mal.   El nuevo paradigma de la medicina se está dirigiendo hacia lo social: incluir nuestras relaciones sociales como parte de la fisiología humana. En un país con una situación socioeconómica equitativa y estable y en donde las causas de estrés sean reducidas, las tasas de morbilidad serán bajas. La gente se enfermará menos, se morirá a edades más tardías y conservará una buena calidad de vida. Esto significa que el esfuerzo de toda política gubernamental ha de dirigirse hacia el mejoramiento de la situación socioeconómica de la población.

Ese debe ser el punto de partida, o si se quiere, el objetivo fundamental de toda política de Estado. Los gobiernos no deben contentarse con el crecimiento económico sino en hacer un círculo virtuoso entre el crecimiento económico y el desarrollo humano sostenible. Un crecimiento económico que se distribuya entre toda la población pensando en las generaciones futuras. Es por eso que antes de que se tire la primera piedra de los hospitales, le propongo al Gobierno diseñar, en conjunto con el equipo de salud y la sociedad, un pacto ético de salud que siente, en primer lugar, las bases de un programa de desarrollo humano sostenible para lograr que los parámetros socioeconómicos de los panameños mejoren, se enfermen menos y se logre demostrar lo inútil y costosos que son esos hospitales.

En segundo lugar, mejorar toda la red de atención primaria en el país. Deberíamos cambiar la ecuación y en vez de que el paciente busque al médico en el consultorio, sea el equipo de salud el que visite a la persona en su ambiente laboral y doméstico. Es decir, apostemos por la salud y no por la enfermedad. Todos los pacientes tendrán su médico de cabecera para que atienda su enfermedad. El médico amigo que conoce bien su problema biológico, emocional y social. Pero además, tendrá un equipo técnico que le ayudará a prevenir las enfermedades, que se encargará de detectar todas las alteraciones que pueda tener una persona antes de que aparezca la enfermedad.

¿Qué sucede cuando una persona se enferma? Si es en horas laborables, acudirá a su médico de cabecera sin cita previa. Si no es en horas laborables, al cuarto de urgencia de su unidad ejecutora o de otra unidad ejecutora. Si el paciente está muy enfermo, se queda en el hospital. Si no lo está, se le comunica al equipo de salud de la unidad ejecutora a la que pertenece el paciente, para que le haga una visita domiciliar. La idea es que en los hospitales permanezcan los pacientes que requieren una monitorización continua o los postoperados de cirugías mayores. Una vez egresen del hospital, el equipo de salud los atenderá en sus casas las veces que estime necesarias.

Recordemos dos cosas: los hospitales son edificios enfermos en donde conviven gérmenes resistentes a la antibióticos y a la terapia convencional, y no hay un sitio mejor para un paciente con una enfermedad moderada o leve que su propio entorno, asistido por el equipo médico.

En tercer lugar, replantear la responsabilidad que tiene el médico y demás trabajadores de la salud en la atención personal, familiar y laboral de las personas, y en cuarto lugar, comprometernos a cambiar la cultura de la curación, enraizada en la sociedad, por la cultura de la salud. No ir de la enfermedad a la salud, como se hace en la actualidad, sino atrasar la presencia de la primera.

En resumen, un pacto ético en el que el Gobierno se comprometa a implementar un programa de desarrollo destinado a satisfacer las necesidades básicas de la población, en el que el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social refuercen la red de atención primaria, en el que el equipo de salud se comprometa a ofrecer una atención eficiente, eficaz y oportuna, y la población exija su derecho a participar en la toma de decisiones y en la fiscalización de los programas.

El Dr. Franklin Vergara conoce muy bien este plan desde que trabajó conmigo en la Amoacss, pero parece que el ejemplo de su nuevo maestro, el excelentísimo, lo está llevando por otros derroteros.    Soy consciente de que con este Gobierno hablar de un pacto ético equivale a enseñarle una cruz a Drácula.   Basta ver el trato cuasi criminal que le están dando a la crisis del agua,   en el que han dejando en el abandono a miles de familias, pero garantizando el suplemento a los grandes comercios. Lo grave es que las autoridades ya sabían que venía la crisis y no tomaron ninguna medida.   Claro que se completará la privatización del agua, enriqueciendo más a los grandes gamonales que la venden.   Pero, enseñémosle la cruz a Drácula.

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Este artículo se publicó el 12  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El lago Alajuela colapsó

La opinión de…

Rubén Darío Paredes

El Art. 316 de la Constitución Nacional expresa:  “A la Autoridad del Canal de Panamá corresponde la responsabilidad por la administración, mantenimiento, uso y conservación de los recursos hídricos de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá, constituidos por el agua de los lagos y sus corrientes tributarias, en coordinación con los organismos estatales que la ley determine”.

El río Chagres representa para los panameños, lo que el Nilo es para los egipcios. Dicho mejor, Panamá es hija del Chagres como Egipto es un don del Nilo.   Descubierto en 1502 por Cristóbal Colón y bautizado por este con el nombre de “Río de los Lagartos”, pero pronto adopta el nombre del cacique Chagres a consecuencia de su fuerte liderazgo y dominio en su cuenca.

Aunque no se trata del río más extenso y caudaloso del istmo –como el Tuira, Chucunaque, Santa María, Sixaola o el Bayano– es un recurso de la naturaleza muy presente en la vida, desarrollo y economía de nuestro país, considerando que basta girar una llave para que las aguas del Chagres lleguen a las 400 mil viviendas de la capital y beneficien a más de un millón de panameños. Nuestros bisabuelos, abuelos, padres e hijos fueron bautizados con aguas del Chagres. Sin él no existiría el lago Gatún ni el Canal de Panamá, el activo físico estratégico más valioso para el comercio transcontinental, fuente de riqueza y soporte del desarrollo nacional.

En su recorrido el río Chagres forma el lago Alajuela (Madden) que nos brinda agua para el consumo humano y para impulsar el polo industrial y comercial, también dos saltos que generan electricidad.   Es el tributario principal del lago artificial de Gatún (425 Km2), ubicado a 26 metros sobre el nivel del mar, que permite almacenar y utilizar agua suficiente para que los barcos, con hasta 8 mil contenedores, atraviesen el istmo de un océano a otro, después de recorrer 33 Km antes y después de someterse al sistema de esclusas.

Por todo lo anterior, sugiero a las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Asamblea Nacional, así como a la de Asuntos del Canal de Panamá, mirar con preocupación la desprotección y abandono de la irreemplazable cuenca del río Chagres; sobre todo ante la colonización espontánea, desordenada y por la explotación maderera, agrícola y pecuaria en la cercanía de su cuenca, ante la ausencia de una policía especializada de guardabosques y de un plan para el manejo de los recursos naturales.

La escasez de agua que nos obliga actualmente a un programa de racionamiento no es consecuencia única de los torrenciales aguaceros e inundaciones recientes.   Estos diluvios, aunque han contribuido a la turbiedad extrema del agua, lo que obstaculiza el procesamiento normal de potabilización en la planta de Chilibre, son apenas uno de los factores perjudiciales en la actual emergencia.

El problema es más complejo y delicado, porque el daño medular radica en que el lago Alajuela ha perdido capacidad de captación y embalse, como consecuencia de la tala desordenada, erosión de los suelos, escorrentía pluvial y la sedimentación histórica (prácticamente desde 1940), que se ha venido acumulando en su lecho. Vale decir que este lago, con un espejo de 50 Km2, aunque a simple vista no se note, se llena con el 60% de agua, el restante 40% lo ocupa la sedimentación o cieno, que aumenta cada vez más su espesor.

Por otra parte, sin ninguna regulación por ley ni límite, ocurre que más de mil vecinos del lago desarrollan actividades pesqueras comerciales, contaminando sus aguas con los residuos de la combustión de sus motores fuera de borda.    Como van las cosas, si el Estado sigue indiferente ante este deterioro progresivo, en algunos años más emergerán islas, con sus bosques, desde el fondo del lago Alajuela.    Para una mejor comprensión de la magnitud real del problema, cito del libro Colonización y Destrucción de Bosques en Panamá (1982), de los prestigiosos autores Stanley Heckadon y Alberto McKay.

El libro se basa en un valioso estudio técnico del biólogo norteamericano Frank Wadsworth, director del Instituto Forestal de Estados Unidos (en esa época), acerca de los problemas y consecuencias severas, a mediano y largo plazo, que traería la deforestación, erosión y acumulación de los años de enormes volúmenes de sedimento en el fondo del lago Alajuela.   El informe técnico en cuestión fue publicado y sustentado en una audiencia especial ante el Departamento de Estado y la AID, en Washington en 1978. Hace 33 años, recién firmados los tratados “Torrijos–Carter” y cuando EU hacía esfuerzos por demostrar a su contraparte panameña –y lo exigía así una cláusula del tratado–, que nos entregaban un Canal sin problemas operacionales a la vista.

Wadsworth establece en su informe que llegaría el momento en que habría que disminuir el tránsito de barcos para no sacrificar la demanda, por el consumo de agua destinada al millón de habitantes de la capital. Los argumentos vertidos desde entonces en dicho informe, a mi juicio hoy con los torrenciales aguaceros por el cambio climático del planeta, se han acelerado.

Sin embargo, el informe de Wadsworth y de Ira Rubinoff (este último entonces director del Smithsonian) demostraron que la capacidad de almacenamiento del lago Alajuela era cada vez menor por causa de la sedimentación veloz frente al cero dragado. Irónicamente, mientras hoy el lago ha perdido capacidad de almacenamiento de agua, la demanda por este elemento vital crece a consecuencia del aumento natural de la población, por la proliferación de nuevos edificios y torres, desarrollo comercial e industrial y las barriadas populosas por doquier.

Esto ha presionado de manera sostenida una mayor demanda de agua. Desconozco por qué razón la ACP no ha brindado el mismo dragado permanente a este lago tan importante para el desarrollo nacional como sí lo hecho con su gemelo mayor, el Gatún, como se obliga en el Art. 316 de la Constitución.

Por lo anterior, recomendamos construir dos dragas especiales en el sitio e iniciar, cuanto antes, el dragado en el Alajuela; iniciar los estudios de factibilidad de un nuevo acueducto en el Cerro Jefe (Cerro Azul) para atender la demanda de la población de Panamá este y su expansión (24 de Diciembre, etc.), utilizando aguas traídas del río Bayano; organizar, mediante ley, la policía ecológica y de recursos naturales, con la finalidad de custodiar todas las cuencas, ríos y lagos importantes del país.

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Este artículo se publicó el 15  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El problema del agua potable

La opinión de…

 

Giovanni Olmos Espino

La reciente crisis del agua, en cuanto a su falta de disponibilidad como a su deficiencia para el consumo humano, quizás la vemos como un tema aislado de la importancia que tienen las cuencas hidrográficas. Sin embargo, ese es el principal sistema natural que permite que toda la población panameña y extranjera pueda recibir agua potable adecuadamente y de buena calidad.

Para solucionar el problema se discute la creación de una nueva Autoridad del Agua. Es momento oportuno, entonces, para recordar que la disponibilidad de agua potable no solo tiene componentes técnicos, sino que está vinculada al manejo de las cuencas hidrográficas de nuestro territorio.

Las cuencas hidrográficas son resultantes de una serie de procesos geomorfológicos y antropogénicos que interactúan entre sí y que, en consecuencia, les permite expresar una determinada integridad en su comportamiento, lo que le da el carácter de sistema.

Los recursos hídricos son patrimonio del Estado (así como es deber del Estado garantizar el derecho de los ciudadanos al acceso al agua potable) y, en consecuencia, le corresponde al Estado crear las instituciones adecuadas para la gestión de este recurso en todo el territorio nacional.

Cualquier legislación de agua o hídrica ha de superar los escollos que han llevado a una mala administración del recurso, eliminando los obstáculos de sectorización en el sector público y permitiendo que la distribución de agua potable sea un subsistema de las cuencas hidrográficas, basado en un criterio de gobernabilidad que garantice un uso sostenible del recurso. Tenemos que lograr que la gestión del agua sea por medio de la integración y, en ese sentido, la Autoridad del Agua debería promover y facilitar la constitución de las autoridades de cuencas.

La Asamblea Nacional tiene la oportunidad de oro de discutir una propuesta de ley de agua o recursos hídricos que se base en la valoración económica, social y ambiental del agua, y que integre sus usos múltiples y su asignación. Por ejemplo, es fundamental la creación de entidades de gestión de agua por cuencas, subcuencas y microcuencas, así como asegurar un tratamiento especial al uso y conservación de áreas sensibles como acuíferas, humedales, lagos, tramos de ríos y las áreas de recarga de las aguas subterráneas.

Los fenómenos naturales son impredecibles, pero hay una tendencia al agravamiento de la frecuencia e intensidad de las inundaciones por el cambio climático global. Nuestro país aún mantiene un patrimonio natural invaluable, de cuya conservación y uso sostenible depende el crecimiento económico y la calidad de vida de los panameños. Esta crisis debe ser una oportunidad para tomar conciencia de que el recurso agua es finito y adoptar, en consecuencia, las políticas públicas que aseguren una mejor gestión de ese recurso.

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Este artículo se publicó el 15  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.