Puntos y más puntos

La opinión de…


Victor A. Sanjur

Durante estos días, cientos de profesionales acuden a cada una de las oficinas del Ministerio de Educación, ubicadas en las diferentes provincias, con la finalidad de obtener uno de los puestos a concurso, en los distintos colegios oficiales a nivel nacional.

Aquellos profesionales que cuenten con un puntaje alto tendrán mayores posibilidades de obtener una de las vacantes a las que han concursado. Ahora bien, el puntaje de un docente refleja que este ha invertido más tiempo y dinero en su formación profesional, lo que debe garantizar una mejor calidad de enseñanza para sus estudiantes. Pero existen muchos que se preguntan: ¿Reflejará esta puntuación la calidad de un docente?   En la mayoría de los casos la respuesta es un rotundo no.

El afán por obtener una plaza de trabajo (en la mayoría de los casos permanente) ha corrompido la forma en la que se obtiene los puntos.   El objetivo de este sistema es premiar a aquellos docentes, que en su interés de crecer profesionalmente, continúan preparándose académicamente.

Pero hoy, podemos observar, que existe una gran cantidad de docentes que toman seminarios, diplomados, participan en congresos, etc; con la única finalidad de aumentar su puntaje personal, y en nada se aprecia que exista un aumento en su calidad profesional.    Muchos de estos seminarios no tienen nada que ver con la especialidad o cátedra que estos dictan. Así tenemos docentes del área científica, con una gran cantidad de puntos debido a cursos de costura, gastronomía, atención al cliente, etc.

¿Qué tiene que ver estos cursos con la matemática o la física? Pero el problema se torna más grave, cuando observamos a docentes que presentan un historial rico en títulos, por ejemplo: tres maestrías, cuatro posgrados, tres técnicos y una gran cantidad de diplomados y seminarios, de los cuales, un gran porcentaje no tiene nada que ver con su especialidad o son obtenidos en universidad o institutos superiores, que lo único que les importa es el pago de su matrícula y mensualidades, no la correcta formación profesional.

Podemos llegar a dos conclusiones, la primera, nuestros docentes tienen un alto grado de inteligencia, ya que tienen la capacidad de estudiar al mismo tiempo una maestría, un posgrado y un técnico, además de un gran número de seminarios, sumando a esto el tiempo que dedican a su empleo, o segundo lugar, estamos obteniendo una serie de títulos mediocres, en universidades o institutos superiores que solo les interesa que usted cancele al día sus pagos, y asistiendo cada 15 días, en pocas semanas usted es un técnico más en nuestro país. Este fenómeno, contribuye a agravar aún más la situación precaria por la que está pasando el sistema educativo panameño.

Para la solución de esta problemática se requiere de voluntad, pero parece que a nuestros dirigentes docentes solo les interesan los aumentos salariales, y no el mejoramiento de la calidad en la educación, al final los que sufren las consecuencias de estas deficiencias son nuestros estudiantes.

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<> Este artículo se publicó el 26 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Nos deben explicaciones

La opinión de…

BETTY BRANNAN JAÉN

laprensadc@aol.com

PANAMÁ, R.P. –Mientras el Presidente y el Vicepresidente hacen todo lo posible por esconderse de las preguntas sobre lo que han dicho del proyecto canalero, la discusión del asunto entre ciudadanos tiene que distinguir entre tres puntos separados: ¿Es cierto que eso se dijo? ¿Es cierto lo que se dijo? Y, ¿por qué se dijo?

Vamos por partes. Para muchos la primera línea de defensa fue atacar la veracidad de los cables, alegando que el propósito de estas comunicaciones era defender los intereses de la empresa norteamericana en la licitación, sumado a otras razones para dudar de la credibilidad de los diplomáticos estadounidenses. Me parece, sin embargo, ese argumento solo es utilizado por quienes deliberadamente quieren confundir a la opinión pública.

Es cierto que algunos de los cables revelan cómo la Embajada estadounidense en Panamá se afanó por defender los intereses de la empresa Bechtel, a la que ya le conocemos una tendencia a chillar cuando no consigue lo que quiere. Durante el gobierno de Ernesto Pérez Balladares, Bechtel armó tremendo chancleteo cuando perdió el contrato de los puertos panameños a Hutchison Whampoa y, después, utilizó su considerable fuerza política para montar una campaña, alegando que “los chinos se han tomado el Canal de Panamá”. Hay quienes dirán que por eso fue que Estados Unidos le quitó la visa a Pérez Balladares.   Ahora, es cierto, Bechtel ha vuelto a disgustarse, al perder el contrato para el tercer juego de esclusas y eso es el tema principal de algunos de los cables.

Pero eso no explica las declaraciones atribuidas al presidente Ricardo Martinelli y al vicepresidente y canciller, Juan Carlos Varela, así como tampoco es relevante que estos cables estén repletos de especulaciones y análisis de pobre calidad. Las declaraciones que nos conciernen aparecen entre comillas, atribuidas a nada menos que el Presidente y Vicepresidente de la República, y están señaladas en un cable confidencial que fue dirigido a la secretaria de Estado y firmado por la embajadora del momento, Bárbara Stephenson. Las declaraciones se hicieron en presencia de terceros, incluyendo a congresistas estadounidenses. Por todo ello, me atrevo a asegurar que ningún embajador estadounidense mentiría en tales circunstancias. Subrayaré, además, que Martinelli y Varela no han osado desmentir a Stephenson.

Entonces, la próxima pregunta es si hay fundamento para las cosas asombrosas que ellos no solamente dijeron, sino que –increíblemente– se lo dijeron a congresistas gringos. Aunque casi todos en Panamá me aseguran que el proyecto avanza maravillosamente, con éxito total, lo recomendable sería mantener las antenas en alerta. Muy imprudente sería descartar el incidente con un alzar de hombros, solo porque tenemos un presidente “loco” y un vicepresidente ambicioso. Si queremos que la obra sea un triunfo es, precisamente, por eso que este incidente debe inquietarnos.

Eso nos lleva a la pregunta final: ¿por qué dijeron estas cosas?   Si en palacio se piensa que “los trapos sucios se lavan en casa” a la hora de luchar por la justicia, y se va a gastar millones en publicidad para elevar la imagen del país, ¿por qué es que Martinelli y Varela se dieron a criticar el proyecto canalero en sus conversaciones con extranjeros? ¿A potencialmente difamar a Alberto Alemán?   ¿A tirarle lodo al triunfo que la administración panameña del Canal ha sido en el plano internacional?

¿Por qué? No logro entender el porqué. Especialmente, después del absurdo espectáculo de que Martinelli, tras días de silencio, haya recorrido la obra el miércoles y, por medio de un comunicado, dijera “apoyar” la obra. (Los comunicados son un escudo contra las preguntas). Varela, por su lado, dijo “respaldar” el proyecto, pero advirtió que nadie en el Gobierno responderá a preguntas sobre el tema.

Not good enough, como dicen los gringos. Queremos explicaciones.

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<> Este artículo se publicó el 26 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

¿La Singapur de las Américas?

La opinión de…

FRANKLIN  CASTRELLON

Una de las anécdotas que se atribuye al general Omar Torrijos cuenta que cuando se aprobaba la ley que creó el Centro Financiero Internacional de Panamá, un prestigioso economista afirmó, palabras más, palabras menos, “general, Panamá será la Suiza de las Américas”, a lo que Torrijos ripostó lacónicamente, “¿Dónde están los suizos?” Y Torrijos tenía razón; con la idiosincrasia que tenemos los panameños, es imposible convertir a Panamá en “la Suiza de las Américas”, aunque –justo es reconocerlo– el Centro Financiero es uno de los pocos éxitos de los que nos podemos vanagloriar.

Ahora, el presidente de la República, Ricardo Martinelli, ha señalado que Panamá será la Singapur de las Américas. Pero, parodiando a Torrijos, ¿Dónde están los singapurenses? Esta aspiración, expresada desde poco después de haber iniciado su gobierno, se vio fortalecida durante la visita oficial que hizo a Singapur del 17 al 19 de octubre de 2010. Tras reconocer las similitudes entre ambos países, Martinelli y su colega S.R. Nathan se comprometieron a impulsar la cooperación para que ambos países se beneficien del status especial que tienen como hubs marítimo y aéreo y como centros financieros.

Singapur y Panamá son naciones pequeñas: la primera tiene 697 kilómetros cuadrados y su litoral costero es de 193 kilómetros, mientras que Panamá tiene 75 mil 517 kilómetros cuadrados y 2 mil 988 kilómetros de costas. Ambas están estratégicamente situadas en las principales rutas del comercio marítimo; por Panamá pasan unas 145 rutas uniendo a todos los continentes, mientras que Singapur es el principal centro del comercio inter Asia y con los demás países del mundo.

A diferencia de Singapur, que limita sus recursos a los pesqueros y a sus puertos de alto calado, Panamá cuenta con una riqueza ecológica envidiable, incluyendo sus parques naturales, amplias tierras aptas para la explotación agrícola y ganadera y una variedad de recursos minerales.   Sin embargo, con todas las ventajas a nuestro favor, Singapur ha logrado convertirse en una de las naciones más desarrolladas del mundo, mientras Panamá no atina a salir del subdesarrollo.

Con un ingreso per cápita de 36 mil 537 dólares, Singapur multiplica varias veces el ingreso per cápita de Panamá (menos de $6 mil), con la ventaja adicional de que su riqueza está mucho mejor distribuida.

Pero, si Panamá tiene más recursos naturales que Singapur y comparten las mismas ventajas geoestratégicas, ¿Por qué Singapur ha logrado alcanzar el nivel de uno de los países más desarrollados del mundo, mientras que Panamá se debate en el subdesarrollo? Basta con leer los indicadores que miden el comportamiento de las economías del mundo en temas clave para el desarrollo, para comprender las causas.

Mientras que Singapur (86.1 puntos) ocupa el segundo lugar del Índice de Libertad Económica 2010, Panamá (64.7 puntos) ocupa el puesto 60 por debajo de Chile (77.2), El Salvador (69.9), México (68.3), Perú (67.6) y Costa Rica (65.9). Preparado por The Heritage Foundation y The Wall Street Journal, este índice mide el comportamiento de los países en áreas tales como libertades de hacer negocios, comercial, de inversión, financiera, fiscal, económica, laboral, monetaria, derechos de propiedad, gasto del gobierno y percepción de corrupción.

En el Informe 2010, el índice señala que la libertad económica de Panamá está limitada por debilidades institucionales (control del Ejecutivo sobre otros órganos del Estado que deberían estar libres de su influencia). Y tan o más grave, el documento subraya que el “sistema judicial se mantiene vulnerable a la interferencia política, abrumada por la mora judicial, y laxa en vigilar el cumplimiento de los contratos” con el Estado.

Otra de las grandes debilidades del gobierno es su enorme, costosa e ineficiente burocracia. A pesar de promesas de los dos últimos gobiernos para reducir su tamaño y su peso sobre las finanzas públicas, ellas han cedido al clientelismo político con el resultado de que la misma ha aumentado de manera escandalosa. Mientras que Singapur, con un producto interno bruto de 36 mil 537 millones de dólares, cuenta con 124 mil funcionarios, Panamá, con un PIB de 19 mil 374 millones de dólares, se da el lujo de tener 176 mil 800 funcionarios.

Al problema de la burocracia hay que agregar lo siguiente: Mientras que la nuestra es una de las más ineficientes y, con frecuencia, corrupta, la de Singapur es una de las más eficientes del mundo.   De hecho, el Sistema de Consulta sobre Riesgo Político y Económico (PERC por sus siglas en inglés) escogió en 2010 a la burocracia de Singapur como la más eficiente de Asia.   En este escenario, sobran las intenciones, expresadas por nuestro Presidente, de convertir a Panamá en la Singapur de las Américas. A menos que se decida a enderezar el rumbo de su gobierno.

<> Este artículo se publicó el 27 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Vidas por cruzar

La opinión de…

PACO GÓMEZ NADAL
paco@prensa.com

Evelin Acosta Rengifo murió a las 2:43 a.m. del 24 de diciembre junto a otras 40 personas que habían subido al bus que las debía llevar de Quito a Manta, en Ecuador.

Unas horas después, en Boca de Briceño, en la misma provincia ecuatoriana de Manabí, una abuela sonríe discreta al ver a su familia reunida, preparando la comida que compartirán para celebrar la vida o lo que resta hasta la muerte (que no siempre es lo mismo).

Ese mismo día, unas 300 personas se aprestaban a pasar la Nochebuena en el impersonal aeropuerto Charles de Gaulle de París, atrapados por la nieve y el caos.

Ninguno de ellos sabía que mientras buscaban un emparedado cuasiplástico para pasar la noche, en otra esquina del planeta un hombre que responde al nombre de Giuseppe Bonissi, renunciaba a un cargo que nunca fue suyo como procurador.

En Costa de Marfil, las familias de 173 personas lloran en silencio lo que allá no puede ser público: el asesinato de sus seres queridos en los días previos al 24 de diciembre en medio del caos postelectoral debido a la negativa de Laurent Gbagbo a dejar el poder.

Los corazones se rompen la noche del 24 de diciembre, según la Universidad de Duke, Estados Unidos, que ha hecho un estudio para demostrar que esta es la fecha del año en que se producen más fallos cardiacos.

Las vidas paralelas son la norma y las vidas cruzadas, obsesión. No sabemos, no imaginamos, casi nunca pensamos para no caer al abismo, que junto a nosotros, en la casa cercana o en el país remoto, acontecen otras vidas, complejas, hermosas, necesarias todas, prescindibles todas también.

Los puntos de cruce no son siempre azarosos.  Las vidas se encuentran porque provocamos la yunta. Leo que un experto sociólogo anuncia que mientras en la era del teléfono una persona se relaciona con otras 125 en un mismo momento de su vida, en estos tiempos de redes sociales, internet y paranoia velocípeda llegaremos a una media de 500 relaciones a la vez.   Pero… ¿haremos que nuestras vidas se crucen de verdad?, ¿nos dolerá lo que le duele al otro?,   ¿sonreiremos con el otro?,   ¿nos atreveremos a intervenir,   a cruzar la frontera de la persona, para influir en la vida ajena?

En estos tiempos de individualismo extremo, la vida ajena es una paralela que se va convirtiendo en vida ausente conforme se aleja del punto de fuga que es el interés egoísta.   Este siglo de la movilidad (claro, sólo para una élite) nos permite estar en muchos sitios y conocer a mucha gente. La pregunta que hoy me hago es si nos cruzamos realmente con esas personas, si dejamos que nos permee su realidad.   No creo. Tengo la sensación de que, cada vez más, las historias de los otros son parte del noticiero, del mortecino archivo de la realidad.

Reconectarnos, ponerle cara a las noticias, ponerle alma a la vida debería ser tarea urgente si queremos que vivir en sociedad sea algo amable que nos genere seguridad. Para eso, suena como imperativo retomar la confianza en los otros. Si no confío en que mis vecinos también están pensando en mi bien, por qué voy a poner yo más carne, más esfuerzo, en cultivar esas relaciones.

Entrelazar las vidas es, básicamente, restablecer los lazos de confianza que este mundo de urbanizaciones atrincheradas, rejas en las ventanas y sospecha permanente. Si ya no podemos confiar en nuestros políticos (mentirosos profesionales), confiemos en las gentes normales, como nosotros. Tratemos de sentir un poco de dolor al leer de la muerte de Evelin o al imaginar el cruel asesinato de los marfileños, imaginemos cómo echar una mano al vecino que ya está mayor y tiene problemas para abandonar su casa o, simplemente, hagamos la vida más amable a todos los que se cruzan con nosotros.

Les aseguro que este texto no tiene nada que ver con el espíritu de la Navidad, una comercializada celebración que ya pocos dotan de sentido. Las palabras vertidas tiene más que ver con las ventanas abiertas los últimos días, con la estúpida manía de imaginar la vida del otro y realizar que, detrás de máscaras y cortinas, se esconde una humanidad como la nuestra.

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<> Este artículo se publicó el 28 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El principio de irretroactividad de los tratados internacionales y el AIIF

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La opinión del Abogado…

Elías Solís González 

(solisgon@cwpanama.net)

A raíz de la celebración del Acuerdo para la Cooperación Fiscal y el Intercambio de Información en Materia de Impuestos (AIIF), suscrito entre la República de Panamá y Estados Unidos de América (EUA), se ha señalado que el tratado desconoce principios básicos del derecho internacional, porque contempla una cláusula de aplicación retroactiva, debido a que permite a las partes contratantes solicitar y obtener información fiscal relativa a los tres años anteriores a la firma del tratado. Así, erróneamente y sin fundamentos, se ha indicado que el AIIF viola el principio de irretroactividad de los tratados internacional y se ha descalificado a los responsables de nuestra política exterior.

Al respecto, debemos indicar que el principio de irretroactividad de los tratados internacionales no es inmutable o absoluto. El artículo 28 de la Convención de Viena de 1969, sobre el Derecho de los Tratados, dispone que “las disposiciones de un tratado no obligaran a una parte respecto de ningún acto o hecho que haya tenido lugar con anterioridad a la fecha de entrada en vigor del tratado para esa parte ni de ninguna situación que en esa fecha haya dejado de existir, salvo que una intención diferente se desprenda del tratado o conste de otro modo”.

Como se observa, la Convención consagra como principio fundamental la irretroactividad de los tratados, sin embargo, con meridiana claridad advierte que una intensión diferente expresada en el tratado o que conste de otro modo (por ejemplo: una enmienda o un protocolo adicional), permite su aplicación retroactiva. Sin duda, la excepción artículo 28 se sustenta en la autonomía de la voluntad y en la soberanía de los Estados, atributos que les permite contraer toda clase de obligaciones internacionales lícitas, incluyendo darle efectos retroactivos al tratado que suscriben.

Por otra parte, en el plano nacional, tampoco existe incompatibilidad entre el AIIF y el derecho interno, porque Panamá es signataria de la Convención de Viena de 1969 y el artículo 4 de la Constitución Política indica que la República acata las normas de Derecho Internacional. Además, la aplicación retroactiva de la Ley también está permitida excepcionalmente por el 46 constitucional.

Por tanto, la obligación que dimana del artículo 11 del AIIF, en el sentido que tendrá efectos para solicitudes que se hagan en o a partir de la fecha de su entrada en vigor, con respecto a asuntos que correspondan a períodos fiscales que comiencen en o a partir de tres años anteriores a la firma del acuerdo, aún cuando entraña una cláusula retroactiva, no es incompatible con el derecho internacional convencional ni con el derecho interno. Afirmar lo contrario implica un desconocimiento del derecho internacional.

En consecuencia, ambas partes quedarán sujetas a la obligación consignada en el artículo 11 del AIIF, en concordancia con el artículo 28 de la Convención de Viena de 1969 sobre el Derecho de los Tratados (aprobada por Panamá, mediante Ley 17 de 31 de octubre de 1979).

<>Artículo publicado el  28 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

2011, año de expectativas positivas


La opinión de la Economista y Educadora….

 

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ
diostesalvepanama@yahoo.com

Inicia el nuevo año, tras un 2010 mundialmente marcado e impactado por la crisis climática, energética y escándalos de información infiltrada y divulgada por WikiLeaks, sobre cables confidenciales del Departamento de Estado, de los Estados Unidos de Norte América, hechos que también repercutieron en Panamá.

Tras la crisis financiera global, analistas financieros nacionales e internacionales, coinciden en que será un año de recuperación económica. Las proyecciones efectuadas para Panamá indican que nuestra economía continuará su escala sostenida de ascenso (aproximadamente 7.5%).

Es importante resaltar que el excelente crecimiento mantenido en nuestro, país durante las últimas décadas, no se ha visto reflejado en el mejoramiento de la calidad de vida de la población, por lo cual se espera una nueva dinámica gubernamental.

Esta constante de crecimiento presumida, por los gobiernos (pasados y actual), muestra lo equivocado del concepto de éxito obtenido en la misión de administrar la gestión gubernamental, lo cual debe llamar a la reflexión de los que hoy gobiernan.

Evidentemente se requieren implementar políticas acertadas, articuladas a los beneficios de la economía con el desarrollo social humano, sin caer en el paternalismo y populismo.   Estas estrategias políticas solamente permiten el control de grupos marginados, producto de las enormes desigualdades de riqueza y oportunidades promovidas por el sistema, en detrimento de la productividad y justicia social. Solo con cambios verdaderos lograremos un mejor Panamá para todos.

En materia política es innegable la descomposición que sufren los distintos órganos del Estado, enviando un mensaje equivocado a nuestra juventud, profundizando la crisis de valores de nuestra sociedad sobre corrupción, clientelismo, nepotismo, compadrazgo, tráfico de influencias, prebendas, sobornos, extorsiones e impunidad, entre otras modalidades.

Escándalos pasados, como el CEMIS, FIS y otros sin resolver, aunados a nuevos casos de corrupción como los del Ministerio Público, vulneran significativamente las promesas de cambio, sobre aquellas perniciosas prácticas de gobiernos pasados. Situación que permite dudas razonables sobre el perfil de actitudes y valores de quienes son aptos para manejar el patrimonio del Estado, así como la voluntad efectiva de transparencia en beneficio del bien común, orden, respeto y equidad.

Dentro de los acontecimientos positivos, se encuentra la llegada del metro bus.   Modalidad que se prevé, ayudará a resolver parte del conflicto por el mal servicio de transporte. Después de la crisis de la basura en la ciudad capital, quedó atrás la DIMAUDe inicia labores la nueva Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario, con un presupuesto anual de 82 millones de dólares.

Esperemos que esta nueva entidad, respaldada por el Ejecutivo y un enorme presupuesto con el cual no contó DIMAUD, solucione los problemas de saneamiento y opere con eficiencia en la recolección de desprecios en beneficio de la salud ciudadana e imagen de una próspera ciudad turística.

La población esta cansada de promesas incumplidas y que llegado el momento todo continué igual. El 2011 es año de expectativas por cambios positivos.

 

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<> Este artículo se publicó el  5  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Aprendiendo del fracaso

La opinión de…

 

Alfonso Grimaldo Poschl

Albert Einstein dijo alguna vez que la definición de locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados distintos, en cual caso, en materia educativa, este no es país de locos, sino de chiflados.

En días recientes se publicaron los resultados para 2009 del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés). Esta es la primera ronda de PISA en la que Panamá participa y debo reportar que los resultados no son solo terribles, sino espeluznantes y aterradores.

Los resultados se computan en base a tres áreas principales, mediante pruebas y reportes realizados a través del año por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) que, principalmente, resuena en nuestras mentes por las famosas listas de todo color y forma de las cuales Panamá es parte. En este caso particular, salimos beneficiados de la obsesión de la OECD de realizar listas, ya que nos provee un pantallazo objetivo de la situación educativa en Panamá y una comparación con el resto del mundo.

Los resultados se miden en una escala que corre desde los resultados más deficientes, alrededor del rango de los 300 a los 350 puntos, y los resultados más proficientes, alcanzado el edén educativo, en el rango de los 550 a los 600 puntos, con el promedio de los países desarrollados rondando el rango de los 490–510 puntos.

No le pondré azúcar al jarabe, porque debemos enfrentar la realidad para poder mejorarla, y segundo, porque debemos criticar directamente el sistema que produce resultados tan deficientes.

Panamá fue uno de los países que reportó los resultados totales más pobres de todo el ejercicio. El promedio de nuestros estudiantes tiene un nivel de lectura de 371, en el que somos superados por la comunidad estudiantil de Albania (385) y Kazakhstan (390). El promedio de nuestros estudiantes tiene un nivel de matemáticas de 360, ahí podemos clamar victoria orgullosa sobre Kyrgyzstan (331) mas no sobre Azerbaijan (431). Finalmente, el promedio de nuestros estudiantes en ciencias se encuentra en 376, nivel donde somos acompañados por Indonesia (383).

La solución para este problema en nuestro país siempre ha sido bastante simple. Consiste en una receta de dos partes.   La primera es el espectáculo mediático en el que los gremios y sindicatos de profesores protestan por mejores salarios y mejores condiciones de trabajo y los ministros de educación reclaman por mejores estándares, criticando vilmente al sector privado de educación, que realmente es el que previene que caigamos a niveles inferiores de un puntaje de 300.

La segunda parte de la receta es tirarle dinero al problema, ya sea en mejores salarios para profesores o en un presupuesto inflado para el Ministerio de Educación (Meduca), de forma que la mayor parte redunda en beneficios para los funcionarios y maestros y muy poco beneficia directamente a los estudiantes.

Un artículo publicado en la sección de Economía y Negocios de La Prensa, en junio de 2009, reportaba que de cada dólar que gastaba el Meduca, solo 17 centavos redundaban en inversión educativa. Mísero aporte que poco beneficia llegar al zenit educativo de los 600 puntos. Pero esto no es noticia nueva. Siempre hemos conocido esta receta, y siempre hemos estado conscientes de su fracaso. Entre 2004 y 2007, incrementamos nuestro presupuesto de educación en un 55%, pasando de $411 millones de dólares a cerca de $640 millones de dólares, pero aun sin PISA, el coeficiente de eficiencia interno del Meduca se redujo en un 10.55%, pasando de una eficiencia interna de 63.5 puntos a 56.8 puntos. Creo que si algo hemos aprendido, es que hundir el asunto bajo dinero no es la solución.

El próximo año el Meduca ostentará un presupuesto de $1.9 mil millones de dólares.   Con la relación inversa que pareciera existir entre gasto estatal y resultados, ¿será posible que debamos esperar una educación pública más deficiente?

Debemos decir suficiente. Debemos decir “Hasta aquí, y no más”. Debemos mostrar nuestro cansancio sobre el mal manejo que le han dado todos los gobiernos al tema de educación. Debemos decirle a los gremios y sindicatos de profesores que estamos cansados de su gestión, que flaco favor le han hecho al sistema público de educación. Debemos decirle al Meduca que han fracasado, y que merecen repetir el año. En lugar del sistema corriente, debemos mirar a aquellos países que están dando, objetivamente, una educación funcional para sus estudiantes. Pero más importante aún, debemos liberar al sector público educativo (uno de los principales pilares para el desarrollo del país), de las fauces hambrientas del Leviatán gubernamental. ¿Cómo hacer esto? No es sencillo, pero es importante. Debemos empezar a subsidiar, no a la oferta educativa, que favorece únicamente a funcionarios y miembros sindicales, sino a la demanda educativa, a los mismos estudiantes. Hay sistemas alternos, como el sistema de vouchers educativos que han mejorado sustancialmente la posición de otros países en la región, como Chile.

Se conoce que Albert Einstein también estableció que “un nuevo tipo de pensamiento es esencial, si la humanidad desea sobrevivir y escalar a nuevas alturas”. Es tiempo de repensar nuestro sistema educativo. De no hacerlo, sonará el timbre, y nos quedaremos por fuera.

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<> Este artículo se publicó el 27 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.