Los medios de transporte colectivo y el dolor humano

Y es que hay que vivir a diario la penosa situación del uso y abuso de los medios de transporte colectivo en la ciudad de Panamá y no importa la ruta que sea, el hacinamiento de los buses, su pésima condición, el escándalo en algunos y lo peor que tengamos que soportar “una música” con las letras más obscenas que se les pueda imaginar; que al chofer del bus, con el pavo no les importe el contenido de la letras de lo que dicen los cantantes, si es que se les puede llamar cantantes y lo más triste es que nosotros tengamos que aguantarnos y escuchar tales obscenidades sin chistar palabra.

Para beneficio de ustedes, reproducims el artículo de  opinión completo  publicado por  la Maestra Evangelizadora…

Zoila L. Aquino E.

Hemos escuchado, en múltiples ocasiones, palabras de personas que se destacaron en su vida pública a través del mundo como estas: “El respeto a los demás es el respeto al derecho ajeno” (Benito Juárez),   “No esperes lo que tu pueblo puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu pueblo” (John F. Kennedy),   “Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro.   La vida es un todo indivisible” (Mahatma Ghandi),   “Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta” (San Agustín).

“Ama a Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y al prójimo como a ti mismo”, nos pide Jesucristo, nuestro Señor, para todos los cristianos y no cristianos en todo el mundo.

Y es que a veces resulta un poco difícil poder cumplir con cosas muy sencillas como estas, pero no imposible, porque para Dios todo es posible, siempre y cuando nos pongamos en sus manos y nos dejemos guiar por él.

Y es que hay que vivir a diario la penosa situación del uso y abuso de los medios de transporte colectivo en la ciudad de Panamá y no importa la ruta que sea, el hacinamiento de los buses, su pésima condición, el escándalo en algunos y lo peor que tengamos que soportar “una música” con las letras más obscenas que se les pueda imaginar; que al chofer del bus, con el pavo no les importe el contenido de la letras de lo que dicen los cantantes, si es que se les puede llamar cantantes y lo más triste es que nosotros tengamos que aguantarnos y escuchar tales obscenidades sin chistar palabra.

Yo comencé a orar en mi interior, la señora que venía a mi derecha me mira, otra joven a mi lado izquierdo me dice al oído que letras más feas, me dio un poco de ánimo para levantar la voz y comenzar a decirle al chofer que quitara esa música, el pavo sólo me miró y ni se inmutó, siguió como si nada estuviera pasando, nadie más dijo nada, y es que nosotros muchas veces somos los que permitimos, que los menos hagan lo que quieran.

En estos buses no existe el respeto hacia los demás, a los conductores no les importa si los usuarios queremos escuchar esas atrocidades o en qué condiciones nos hemos levantado porque no les interese a con el dolor ajeno.

En la mañana cuando nos levantamos para ir al trabajo todos queremos estar relajados, si vamos sentados, dormir un poco hasta llegar a la parada que nos corresponde o porqué no escuchar una buena música en un tono bajo que sirva para comenzar un día tranquilo.

Les aseguro que al escuchar aquello, mi corazón comenzó a arder, me sentí impotente y hasta molesta por la pasividad en las otras personas.   Gracias le doy a Dios de que desde que lo encontré, mi vida ha dado un giro que, aunque me moleste, no descargo en los demás, como antes lo hacía.

<>

Este artículo se publicó el  4  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito, el mérito y las responsabilidades que les corresponde.
Anuncios

La vulgaridad y otros detalles de la vida social

La opinión de…..

.

Carmen Quintero Russo

Hoy por hoy la preocupación de un gran número de panameños es no solo la creciente criminalidad y los criminales que nos acechan a la vuelta de la esquina, sino también el derroche de vulgaridad y malas costumbres que mediatizan las relaciones sociales.  Las posibilidades de salir a la calle y no tener un encuentro de mal gusto con otro ciudadano es poco probable, lo que va desde la impertinente negación a contestar el saludo, a la agresión de un empujón o de una “buena tirada de puerta”.

Pareciera que en los últimos años, después de la crisis de la década de 1980 y la invasión, eventos que generaron en su momento un vacío en el orden social,  las definiciones sociales en cuanto a la cooperación y a la convivencia pacífica tienen un nuevo sentido.  El concepto de “buenas relaciones” hoy día no necesariamente implica el verse en el lugar del otro y no hacerle a él lo que no quieres para ti.   Todo lo contrario, los espacios sociales se han convertido en campos de batalla en donde predomina el conflicto y un constante desagrado por el entorno.

Como resultado de esto, hoy día en nuestro quehacer diario nos enfrentamos a un rompecabezas de insensible violencia, matizado por una constante algarabía y el uso constante de palabras altisonantes.   Los modales son expresiones concretas de nuestros sentimientos, algunos dicen que son el espejo del alma, ya que expresan lo que se lleva por dentro.   Imagínense entonces, si esto es cierto ¿qué tienen por dentro las personas que se regodean en la vulgaridad de las malas palabras, el deleite por lo procaz y la impertinencia desbocada?

Tanto el hogar como la escuela deben ser fuentes de ejemplos de buena conducta y armonía, pero pareciera que estos han perdido el rumbo. En muchos de ellos encontramos centros de discordia y lucha cotidiana, donde no se educa a nadie, sino más bien se desvirtúa el buen sentido de la vida en el desorden y la agresión; en lugar de elevar, rebajan y transmiten conductas desviadas.

Los medios de comunicación no se quedan atrás; es deplorable escuchar programas radiales en donde los locutores utilizan expresiones, que si bien reflejan el sentir y los estados de ánimo colectivos de una parte de la población, están llenas de vulgaridad, agresividad y alusiones sexuales bastante explícitas.   Los malos modales y la descortesía con mucha frecuencia se justifican alegando una falsa sinceridad, ya que para muchos desafectos al buen gusto y la consideración estas no son sino hipocresías.

La vulgaridad denigra y perturba la inteligencia agregándose a la lista de factores irracionales tales como los prejuicios y las bajas pasiones. La vulgaridad es una fuente de razonamiento equivocado que enturbia las relaciones sociales con mensajes de hostilidad. No se trata de un modelo a seguir sino a rechazar a ver si se logra recobrar algo de tranquilidad y buen gusto.

<>

Este artículo se publicó el 16 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.