Los Presidenciables

La opinión de la periodista….

Judy  Meana

Ya empiezan a barajarse los nombres de los posibles candidatos a la Presidencia para el 2014. Parece que es muy temprano, pero la carrera que viene no será nada fácil.

En este juego de azar, donde las reglas siempre son claras, el pueblo tiene la última palabra. Tal como ocurre en un deporte mental, se pone a prueba la inteligencia y capacidad (de los electores) para seleccionar las mejores cartas o las menos peores. Algunos escogerán según su percepción o intuición, mientras que los más experimentados y los sensatos, considerarán las probabilidades y jugarán a la defensiva, con la esperanza de lograr un buen resultado.

Hay que votar a conciencia. Hay que conocer las propuestas de los candidatos. Su trayectoria, liderazgo, logros alcanzados y méritos. Miremos su expresión corporal, su mirada, su manera de hablar y si contesta sin rodeos las preguntas de los periodistas. Si tiene que leer siempre los discursos o si habla, desarrolla y transmite sus ideas, su visión del país que desea construir, a partir de las necesidades reales.

Podemos hablar bellezas de todos los presidenciables o mencionar otros nombres que no han sonado en las encuesta y aún así no tendremos una respuesta clara sobre qué quiere la gente, porque los problemas que tenemos hoy, quizás ya no sean los temas que preocupen dentro de cuatro años.

Faltan espacios de verdadera participación ciudadana donde podamos cuestionar a los candidatos sobre los temas de interés nacional. Los medios tienen un papel importante: promover los debates y mantener el balance en sus segmentos o secciones de política, darle igual espacio o tiempo a los candidatos presidenciales.

Los presidenciables han aprovechado una temporada de mucho raiting, pero el tema se irá apagando. Ya vienen las Fiestas Patrias, Navidad.

El voto castigo, ¿a quién castiga?

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<> Este artículo se publicó el 19  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que a la autor, todo el crédito que les corresponde.

Más del autor en https://panaletras.wordpress.com/category/meana-judy/

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Anatomía de un referendo

La opinión del Catedrático de la Universidad de Panamá…..

Dr. Eduardo Flores Castro

Mientras que un total de 10,851 estudiantes votaron NO a la modificación del artículo que permite la reelección del Rector de la Universidad de Panamá, 9,027 votaron SÍ; es decir, hubo una diferencia de 1,824 votos en rechazo a la reelección, de quienes son la razón de ser de la Universidad.

Un dato significativo es que de las 18 Facultades que tiene la Institución, el NO estudiantil venció en 17; incluida la propia Facultad del Rector. De estas unidades académicas localizadas en la capital, el total de votos estudiantiles por el NO fue de 7,091, mientras que el SÍ obtuvo 3,328. Incluso en Veraguas, el Centro Regional Universitario más grande, el NO obtuvo 1,197 votos, y el SÍ 845. En el campus universitario donde se concentra la mayor parte de los profesores, estudiantes y administrativos, el No logró 8,665 entre los tres estamentos, mientras que el SÍ obtuvo 6,586 votos.

La suma total de los votos de estudiantes y docentes nos indica que el NO tuvo 12,220 frente a 11,194 por el SÍ. Con la ponderación ilegal del voto y propuesta por el propio Rector, la cúpula que dirige la Universidad se aprovechó de la vulnerabilidad de los funcionarios administrativos. Bajo estas condiciones el SÍ obtuvo 3,030 votos administrativos, los que les produjo una ponderación ilegal de 26 %.   Toda vez que entre estudiantes y docentes sólo alcanzaron un escuálido apoyo de 34,9 %, obtuvieron un total ficticio de 60,9 %, como aprobación final.

En vista que el número de administrativos es menor al número de profesores, al igualar la ponderación del estamento docente y administrativo, lograron que el voto de un administrativo valiera más que el voto de un docente y mucho más que el de un estudiante.

Durante el referendo, se cometieron faltas electorales al abusar de la autoridad para favorecer al SÍ.   La propaganda del SÍ apareció con el nombre del Rector, cuando esto es una clara falta electoral disciplinaria, toda vez que no estábamos en un proceso electoral para elegir Rector, ni mucho menos en su periodo de propaganda.

Realizaron las elecciones en tres días diferentes; de modo que las adelantaron convenientemente en el Centro Regional de Bocas del Toro y en la extensión de Darién, con el fin de usar sus resultados como propaganda política. Ya fue reconocido oficialmente por el Organismo Electoral que en algunas unidades, personas que no estaban habilitadas para votar ejercieron el voto. Se hizo una campaña tan sucia e indignante, que llegaron al punto de falsificar nuestra firma en volates perversas.

La pretensión unipersonal del rector de reelegirse para ocupar la rectoría por un quinto período, ha desatado una avalancha de críticas de la opinión pública. En todas las encuestas, independiente de la vía que se use, la reelección perpetua ha recibido una rotunda desaprobación. Los comprobados casos de corrupción dados a conocer recientemente, son muestras de las consecuencias indeseables que se producen en un sistema administrativo que permite la concentración de poder durante extensos períodos.

La Universidad de Panamá ha alcanzado notables avances en el ejercicio democrático de su autonomía, pero la reelección ha resultado una experiencia perjudicial para la Institución, donde una sola persona ha ocupado la rectoría durante 14 años, mediante tres reelecciones equivalentes a casi tres períodos presidenciales. Invocamos a la razón, para rechazar la pretendida reelección personalista y perpetua en la Universidad de Panamá, porque académica e institucionalmente es inconveniente para la Universidad y el país.

<> Artículo publicado el 27 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

La obra, el teatro y la sedición

La opinión de…

Hipólito Arroyave 

Mientras al colega columnista, el ahora nombrado sedicioso Paco Gómez Nadal, se le da, no su pase de abordar, sino más bien su pase de factura (todo por sus opiniones adversas al actual gobierno), el gracioso y particular alcalde capitalino dice que no renunciará al cargo, actitud con la cual estoy de acuerdo.

Culminó su rueda de prensa citando una frase del célebre premio Nobel de Literatura de 1922, Jacinto Benavente, dramaturgo español que cautivó en los géneros de la tragedia y comedia.

Realmente la vida política del alcalde, creada en todos estos meses, es merecedora de un premio en cualquiera de estas dos ramas del teatro. Es una mezcla homogénea de ambas. Con seguridad Benavente se hubiera nutrido para sus obras dramáticas de una de tantas historias de su caminar en la comuna capitalina. Pero dejando a un lado la literatura y obra de uno de los primeros premios nobel del siglo pasado, la actitud presentada por el alcalde “electo de la capital”, no es ni más ni menos lo que esperábamos.

Bosco tiene razón. Nadie le puede pedir su renuncia si fue elegido por el pueblo, al igual que nadie le puede pedir la renuncia al Presidente de la República. Si existe alguien a quien esto le incomoda, entonces que se las aguante. Incluyendo a los ciudadanos, al Presidente y vicepresidente de la República.   ¿Quiénes lo ratificaron? ellos mismos.

En realidad Bosco no tiene la culpa. La culpa es del sistema democrático en que vivimos, en donde se premia con el voto a aquellos con mejor apariencia o carisma, y no por su preparación o currículum.   Me veo bien en televisión como un “tal si te digo”, o bailo divertido como un gordito bonachón. Eso es suficiente para darte mi voto. Así piensa el panameño común. Y de esto se aprovechan los sinvergüenzas para ganar el poder y llegar a los puestos cimeros del país.

Igual que Bosco, creo que no debe renunciar, aunque sus otrora promotores ahora lo quieran hacer a un lado por el lastre e impopularidad que les trae a sus aspiraciones políticas para el 2014. El ofrecimiento de renuncia a la Alcaldía a cambio de algún puesto de libre nombramiento, pero también de libre remoción por el jefe supremo del Estado, es un error en el que Bosco no puede caer. Renunciar a su puesto ganado en las “urnas” es tirarse la soga al cuello.   Es alejarse de esa isla y aventurarse en una pequeña balsa en el mar inseguro de la planilla estatal, en donde como hemos visto hasta la saciedad, nadie, absolutamente nadie tiene estabilidad en su puesto.

El ser humano aprende también por ensayo y error. Y de esta forma aprenden muchas personas. No hay una carrera universitaria para ser alcalde, tampoco para ser Presidente de la república. No existe una fórmula mágica para gobernar a un país. A Bosco solo le queda, entonces, quedarse en su isla segura, no cometer ninguna ilegalidad por la cual lo puedan enjuiciar y separar del cargo.

Y seguir cobrando su sueldo durante los próximos años que le quedan como alcalde. De repente, después de tantos ensayos y errores, pueda hacer algo que no sea tan malo.

Lo único malo fue tener doble cara, doble moral y doble nacionalidad. Porque su incapacidad solo es superada por la impopularidad de ser un panameño-yankee y haberlo escondido al postularse a candidato en las pasadas elecciones.

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Este artículo se publico el 8 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Mitos sobre el voto estudiantil universitario

La opinión del Sociólogo y Docente Universitario…

ROBERTO A. PINNOCK

A raíz del referéndum efectuado recientemente en nuestra Universidad, en el que el estudiantado se volcó mayoritariamente por la NO modificación de la ley universitaria, se han esgrimido ciertos argumentos que en nuestra opinión, con todo el respeto que cabe, son argucias míticas en el debate político, más no la explicación científica de tales resultados. Procuraremos desmitificar algunos de ellos.

Primer mito: El voto NO de los estudiantes es el fruto de la influencia que tuvieron los medios de comunicación de masas sobre ellos.

Este argumento, muy similar al anodino juicio hecho frente a los resultados de las últimas elecciones presidenciales, le otorga una omnipotencia insuperable al papel jugado por los medios de comunicación social, a tal punto que soslaya las condiciones materiales y la experiencia personal y colectiva que envuelven la realidad de la población receptora de tal o cual mensaje.

En este sentido, dicha idea estaría negando lo que la Sociología hace rato demostró científicamente, tal es, que para que un mensaje difundido a través de los medios de prensa, quienes la leen, escuchan o ven, lleguen a creer en él y lo hagan suyo, se requieren condiciones materiales que sean suficientemente coherentes con dicho mensaje.

En el caso de nuestra Universidad, por ejemplo, no dudo que mis estudiantes de la Facultad de Medicina, de Humanidades o de Ciencias Naturales, hubieran asumido una conducta electoral distinta, si no vivieran desde hace algún tiempo carencias institucionales en su experiencia cotidiana, tales como: la falta de adecuada logística y de métodos efectivos para los aprendizajes, así como lo inadecuado de contenidos curriculares que docentes jubilados(as) siguen impartiendo (según me lo plantean los propios alumnos) con el inevitable resultado de divorciarlos de las nuevas realidades socioculturales y laborales, razón suficiente para que evolucione cierto malestar entre el alumnado.

Pero este malestar, no resulta ser un espantajo exclusivo en estas carreras, sino la tónica general en nuestra institución. La campaña por el NO desde los medios de prensa fue coherente con el malestar estudiantil, pero de no haber sido así, esa campaña no hubiera tenido efecto en el comportamiento electoral.

No negamos que algunos medios de prensa le tienen planteada una escaramuza a la actual administración universitaria. Pero esto no contradice que fue el SER (la experiencia cotidiana estudiantil) más que la opinión exterior desde los medios, la que determinó la opción electoral de los alumnos(as) de nuestra primera casa académica del país.

Segundo mito: El voto ponderado le otorga la decisión mayoritaria de las cuestiones universitarias a los que más saben de ella.

Esta forma de pensar antidemocrática, revela la misma actitud elitista de quienes estimaban, hasta los años cuarenta del siglo pasado, que las mujeres no tenían la capacidad de opinar en las decisiones de nuestro país. Son actitudes que divagan entre el desprecio a grupos ‘inferiores’ y el temor a perder escalones de poder (como la comodidad de recibir jugosos salarios, sin temor a sanciones por ser un funcionario incompetente).

¿A quiénes se debe una Universidad? A los estudiantes; esto implica que si el conjunto de ellos y no sus élites, están efectivamente bien atendidos(as) desde el punto de vista de su formación profesional y disciplinar, no cabe esperar que muestren comportamientos electorales propios de ‘cretinos’ en los asuntos universitarios.

Por ende, no habría por qué temerle al voto universal (una persona, un voto).

¿Será que se reconoce que en la Universidad no les facilitamos las herramientas para desarrollar el pensamiento crítico, que los vacuna de cualquier campaña malsana desde los medios de comunicación? ¿Será que hay temor por no poder manipular electoralmente a miles, más sí a algunos cientos (a las dirigencias y sus allegados)?

Sin duda, a los(as) próximos(as) candidatos(as) a la Rectoría, les tocará enfrentar ese tipo de retos desmitificadores.

Quien esté a la altura de estos desafíos, contará con el voto mayoritario.

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Artículo publicado el 22 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Así somos los panameños

La opinión del Periodista…

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JUAN LUIS CORREA E.

No me cabe la menor duda de que el voto panameño es el más caro del mundo. Me explico. Cada vez que ejercemos nuestro derecho ciudadano, los panameños tendemos a pensar que los que salieron favorecidos por el voto popular pasan a ser nuestros esclavos.

Desde ese momento en adelante si algún funcionario, no importa su nivel, no hace o cumple con lo que cada uno de nosotros cree que se debe hacer, nos vamos en su contra inmediatamente. Ese pareciera ser el deporte favorito de los ‘panas’.

Nos hemos vuelto una sociedad altamente crítica para casi todo. Y cuando opinamos y no nos toman en cuenta, esos que cometen el ‘gravísimo’ error de no considerarnos se convierten automáticamente en unos chambones, vendepatrias o tipos verdaderamente equivocados. Así de sencillo. Eso es lo que generalmente pensamos a diario al observar los fenómenos que ocurren en nuestro país.

Y no importa el tipo de fenómeno, sean estos de índole social o económica y mucho, pero mucho, peor si se trata de un tema político. Allí somos unos súper expertos. En política a los panameños nadie nos gana. Sin embargo, analicemos con cuidado cómo somos. Los panameños no somos capaces de respetar los derechos de los demás. Los conductores de taxis y buses paran donde les da la gana. Y no te atrevas a pitarles… te insultan de vuelta. Nos quejamos por todo y los que gobiernan nos tienen que resolver siempre. De lo contrario, cerramos las calles o amenazamos con huelga. No somos capaces de conciliar.

Y si de empleados públicos se trata, no hay manera de que podamos exigirles nada. Los médicos, las enfermeras, los camilleros, los del laboratorio, los que manejan las ambulancias, los administrativos, los educadores, los que recolectan la basura, los que atienden para sacar licencias, los pasaportes, en fin; a los funcionarios tenemos que rogarles para poder obtener un buen servicio, que, en la mayoría de los casos, es lento y mediocre. Olvidan quién les paga.

Orinamos en las calles, nos fascina el juegavivo, nos pasamos las luces rojas, estacionamos en las isletas y las aceras, le pitamos a todo el mundo, siempre andamos apurados, ‘rofiamos’ por todo, nos colamos en las filas, somos envidiosos, súper vidajenas, coimiamos a la gente, botamos la basura por doquier, gritamos, insultamos y, si somos de la oposición, no aportamos nada, porque lo común es criticarlo todo. Se nos olvida cuando éramos gobierno y nada se pudo hacer.

En fin, pareciera que nada nos importa. Pero esta descripción jamás la podría aceptar un panameño, así solo pueden ser los demás. Uno jamás.

‘Pero mi voto sigue siendo el más caro del mundo y hay de que no me cumplas. ¡Te jodo!’.

Sonríe Panamá.

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Artículo publicado el 15 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Suspensión de la ciudadanía

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Suspensión de la ciudadanía

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RAYMOND GRANT

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Examinar la doble ciudadanía es como ver el vaso medio lleno o medio vacío. Claro, entre nosotros en el exterior, no estamos todos interesados en el voto desde el exterior o la recuperación de la ciudadanía panameña, pero muchos sí lo estamos en un examen más profundo de las políticas públicas y constitucionales excluyentes, por no gozar de una evaluación “más amplia”.

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Generalmente la emigración de Panama fue por una visión a largo plazo de lo que sería nuestro estancamiento laboral, por motivos étnicos los unos y políticos los otros, junto con nuestras percepciones de la existencia de mejores oportunidades en EUA.

Hablando de visiones y percepciones, en el artículo “Relaciones internacionales” de Deyanira Pino, publicado en La Prensa,  sale a relucir precisamente lo que muchos percibimos nos arroparía laboralmente de no haber emigrado. Sobre los puesto de diplomacia y relaciones internacionales, dice Pino: “Soy egresada de la Universidad de Panamá, de la Escuela de Relaciones Internacionales. Si se hace una investigación de todos los gobiernos, nos enteramos de que hay personas que solo han terminado una escuela secundaria y solo porque apoyan políticamente a un candidato se les premia de esta forma. La mayor parte del personal no es egresado de las relaciones internacionales”.

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Por otra parte, hoy aún hay evidencias de que el sector antillano de Panamá recibe trato como una curiosidad etnográfica, y mucho menos aquello que enarbola la Constitución cuando les fue otorgada la ciudadanía panameña a los antillanos de pie en 1946.

Ante lo expuesto en el artículo señalado arriba, y ante nuestras visiones a corto y largo plazo sobre oportunidades y seguridad laboral, no podemos examinar lo planteado constitucionalmente sobre la suspensión de la ciudadanía, sin tomar en cuenta los motivos de persecución de bienestar social que causaron la renuncia explicita o tacita de la misma.

Quizás, primero nos toca ensayar el voto desde el exterior para elegir las autoridades municipales.

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Publicado el 30 de julio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá,  a quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les  corresponde.

Compraventa del voto (III)

Compraventa del voto (III)
05-27-2009 | CARLOS AUGUSTO HERRERA – Abogado, Profesor universitario,  Escritor..
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Con lo abordado sobre este deleznable e ilícito negociado del voto, no queda la menor duda de que estamos frente a lo más nefasto en todo lo relacionado con las elecciones nacionales. En estas condiciones, es un inalienable deber regular de la manera más enérgica esta deformada actividad, para depurar el sagrado acto de escoger a nuestras autoridades políticas.
El voto es la esencia de toda gestión encaminada en este sentido reformador. Torcer la intención del votante mediante estos fines, es desnaturalizar el deber de escoger a los gobernantes; es admitir la falta de valores; es reconocer una completa ausencia de dignidad. Nada se puede exigir de los seleccionados si pagaron por tal escogencia. Esta noble función tergiversada, se convierte en un negocio inmoral, cuyas consecuencias sumen a la sociedad en lo más bajo de toda relación de solidaridad y para los aspirantes, un negocio del que deben lograr el rédito sobre la inversión más la ganancia.
Debemos concientizar a los electores sobre la aberración que representa la compraventa del voto. Naturalmente que costará educar a una población acostumbrada a beneficiarse para esa gestión, con algo tan reprobable que a la postre les parece natural. Sobre esto, el día de las votaciones hay que arreciar en la medida en que avanzan las ocho horas destinadas para el ejercicio. En consecuencias, debemos hacer la lucha en todo el sentido de la palabra con una clara legislación. Hay que prohibir toda ayuda directa a la población individualmente y si el altruismo de los candidatos los eleva al sitial de las regalías, todas deben ser comunales.
La primera medida es la de abaratar los costos de las campañas. Se debe establecer un tope so pena de nulidad de la candidatura. Asignar los presupuestos sobre los precios y los gastos en las promociones, movilización y organización de cada candidato en función del cargo que desempeñen. Se debe vigilar toda regalía promovida por el partido, candidato, copartidarios, su familia y allegados de cualquier forma, antes o durante de las elecciones, como una obligación del Tribunal Electoral. A todo postulante que se le compruebe la transgresión de estas reglas, se le debe aplicar la nulidad de la candidatura sin menoscabo de la pena de prisión correspondiente.
Precisamente sobre la compraventa de votos y la pena de prisión, hay que aumentarla considerablemente, en consideración a la gravedad del acto. No debe existir la excarcelación, rebaja de pena o la transformación en días multa. Todo el acusado con las pruebas suficiente, debe mantenerse detenido desde que se compruebe el hecho punible y la vinculación hasta que espíe su culpa y cumpla la condena sin rebaja.
El día de las elecciones hay que instalar cámaras alrededor de los recintos de votación y lugares adyacentes para vigiar el comportamiento de los votantes; del mismo modo, el Tribunal Electoral, se debe apoyar en una policía electoral que debe estar facultada para solicitar la cédula de identidad a cualquier persona apta para votar y no portarla para esos momentos, debe considerarse un delito, a menos que compruebe que ya votó. Nadie puede cargar dinero en efectivo en cantidades superiores a la de subsistencia de una persona sin una justificación convincente. Las autoridades pueden allanar al instante, a las personas o lugares en donde se sospeche que hay posibilidad de la compraventa del voto, y para ello, se deben habilitar a funcionarios suficientes, al servicio de los partidos o los candidatos.

Publicado el 27 de mayo de 2009 en la Estrella de Panamá