Resistamos al femicidio

La opinión de la Ingeniera y Ex Candidata Presidencial….

BALBINA HERRERA
El 25 de noviembre a nivel internacional conmemoramos el día de la no violencia, en honor a las hermanas dominicanas Mirabal que fueron asesinadas brutalmente por defender sus ideales, sus principios y su fe en el futuro.

 

En nuestro país cada día se hace más evidente la violencia de género, y expreso de género porque no solamente es la violencia doméstica, es la verbal, la institucional y la sicológica. Además, tenemos lo que hoy conocemos como la violencia política, como lo llamó la ex presidenta Michelle Bachelet, el femicidio político.

En Panamá cada 10 horas hay un asesinato y entre esos están los de nuestras mujeres, que pierden la vida a manos de quienes dicen amarlas con pasión y locura, que no pueden vivir sin ellas. Y mueren con las boletas de protección bajo el brazo porque no hemos podido responder como sociedad, ni como país.

Voy a referirme al femicidio político: el femicidio político debería ser considerado un crimen. Aunque no quita la vida, persigue aniquilar a la mujer como sujeto social, destruirla como ciudadana y hacer tabla rasa de la igualdad de derechos que las leyes proclaman de la boca para fuera.

En Panamá, esto nos pasa a muchas, que sin tener mentores entre los actores de poder, los cuales sólo ven sus mezquinas ambiciones, sus rentables negocios que les facilita el poder y no hacen nada y miran hacia el otro lado, porque dicen que las mujeres no son para la política; que este espacio está reservado para los hombres y que es necesario que nosotras regresemos al hogar, porque la familia está en crisis, nuestro lugar está allí y nosotras somos responsables de ella. Sin darse cuenta, que no puede haber un mundo ni un país, con afirmaciones positivas si no hay mujeres en los lugares donde se toman las decisiones. Lo que buscan es invisibilizarnos, desaparecernos, bajarnos la autoestima, hacernos creer que la política es corrupta y por ende, no apta para mujeres.

Este mundo sería mejor y nuestro país también, teniendo la mitad de nosotras administrándolo.

Todas tenemos que ser conscientes que la tarea no es fácil, ¿pero quién dijo que sería fácil?   Si no pregúntenle a Olga Cárdenas, Crecencia Prado, América de Jhonson y qué decir de las nuevas generaciones: Elsa Fernández, Lizette Berrocal, Ileana Molo, Larissa Montano, Nadia Del Río y muchas otras.

Vamos a seguir siendo activas y visibles, para que nadie robe nuestros sueños.

 

<> Artículo publicado el 21 de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/herrera-arauz-balbina/

Del ‘power point’ al ‘power people’

La opinión de la Diputada de la República…

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Marylín Vallarino

Esta frase tan simple y tan sensata la dijo el ex presidente colombiano Álvaro Uribe cuando quiso ejemplificar la diferencia entre trabajar para la gente encerrados en cuatro paredes, elaborando cifras y gráficos que reflejan una percepción algo parcializada o cuando, por el contrario, se experimenta la realidad del entorno mediante el contacto directo con las comunidades.

Confieso que cada vez que asisto a conferencias internacionales que hablan sobre “el estado del arte”, en lo que respecta a temas tan relevantes como el empoderamiento de la mujer, como uno de los objetivos de desarrollo del milenio, o del terrible flagelo de la trata de mujeres, niñas, niños y adolescentes para convertirlos en esclavos modernos con fines comerciales y sexuales y otros temas que afectan de manera directa a esta población vulnerable, no puedo evitar cierta desazón al comprobar que se han convertido en conversatorios interminables sobre lo que se debe o no hacer, muchos diagnósticos, buenos deseos, leyes a granel, recomendaciones y acuerdos para en próximos encuentros seguir debatiendo sobre lo mismo, una y otra vez, sin aterrizar en respuestas prácticas y confiables.

Ese es uno de los grandes problemas que enfrentamos para paliar los males que aquejan a nuestra sociedad. Nos hemos quedado estacionados en el dicho, y el trecho que nos falta para llegar al hecho se antoja cada vez más lento por obstáculos como la falta de voluntad, la pesada carga burocrática o simplemente el desinterés.

Una de las pocas buenas cosechas que he tenido la posibilidad de presenciar como testigo de excepción fue en un encuentro al que asistí con otros legisladores del continente realizado en Cuenca, Ecuador, en un congreso denominado “Combatiendo la Violencia Contra las Mujeres y las Niñas”; cuando tuve la oportunidad de exponer el vía crucis experimentado por la familia de Alí Cuevas para que se hiciera justicia en su caso, ya que el homicida se encontraba amparado por las influencias de un hermano legislador del Congreso mexicano, mis colegas mexicanas no daban crédito a lo que les exponía y terminaron declarándose ignorantes de lo que estaba sucediendo, pero comprometidas a esclarecer ese caso.   Afortunadamente, a pocos días de cumplirse un aniversario del asesinato de Alí, nos llega la buena noticia de la condena a 42 años y seis meses de su victimario.

Me doy cuenta de lo importante que es esa solidaridad genuina para lograr los objetivos que a nivel de país y región nos debemos seguir trazando para alcanzar el nivel de calidad de vida que todos merecemos tener. El ingrediente fundamental es el accionar, abrir los ojos a esa realidad que nos golpea a la cara y empezar con pequeñas acciones, desde la individualidad hasta lo familiar, desde lo vecinal hasta lo comunitario, desde los corregimientos hasta las provincias y de allí a nivel país.

No basta sólo estar preñado de buenas intenciones o que nos condolamos por un episodio de injusticia o inequidad hacia un semejante; debemos tender la mano no sólo para meterla en el bolsillo y dar dinero (lo cual es necesario pero no sustentable), debemos poner en práctica la solidaridad en el conocimiento, en el ejemplo, en lo que podemos aportar desde nuestro nicho particular y transformarlo en práctica eficiente y modeladora para beneficio de pocos o de muchos, lo importante es hacer.

Ayudar a transformar la incapacidad en capacidad, como lo expone Amartya Sen (Premio Nobel de Economía), las personas en situación de desventaja, por falta de educación, pobreza, maltrato o explotación, no deben ser consideradas como entes pasivos que sólo reciben ayuda, sino como motores de generación y cambio de desarrollo y justicia con una guía oportuna; modelo que aplicamos en Fundader Arraiján, donde de manera holística proveemos a nuestros beneficiarios de herramientas para su autonomía.

El desarrollo se basa en la libertad y oportunidad de superar la incapacidad, esto incentiva a los individuos a aumentar sus capacidades innatas para que les permitan vivir de mejor forma, asegurándose un mayor desarrollo y bienestar. Esa es la forma más inteligente y perdurable de poder transitar del “power point” al “power people”.

<> Este artículo se publicó el 29  de septiembre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Violencia intradoméstica

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La opinión de la Psicóloga y Catedrática Titular  de la Universidad de Panamá….

YOLANDA CRESPO DÍAZ
zedirto@cwpanama.net

El proyecto de ley que modifica y adiciona artículos de la Ley 38 de 2001 sobre Violencia Doméstica, hoy en la Asamblea Nacional, es de gran importancia para todos, especialmente quienes hemos sido víctimas de la violencia doméstica.

De niña me advirtieron nunca hablar con extraños, podían hacerme daño; pero la vida me ha enseñado que las personas que más daño hacen son las más allegadas, íntimas, cercanas a nuestras vidas, en quienes confiamos y pensamos que nos van a proteger, quien metemos en nuestro lecho.

Los casos de muerte de la mayoría de las mujeres son de la mano del amigo, marido, esposo o amante. A veces de los mismos familiares. La Violencia Intradoméstica y la asfixia económica se ven sin distingo en todas las clases sociales, independientemente del nivel cultural o económico, solo que ‘los grandes’ tienen los medios para ocultarla. Como psicóloga, trabajadora de la salud y de la enseñanza he conocido íntimamente muchos casos de víctimas de la violencia y acoso moral cotidiano en diferentes esferas.

Hay un caso de una humilde panameña, cuyo marido tomó un machete y le cortó la mano. Temerosa, llevó su mano en un cartucho al hospital, dos prominentes cirujanos plásticos panameños pasaron 20 horas operándola gratuitamente hasta salvarle la mano, que le funciona, la puede utilizar, dejando una gran cicatriz, pero hay cicatrices en el alma que no se pueden borrar, la verdad es más aterradora que la fantasía. La violencia crece en los medios televisivos, que incrementan los programas violentos engendrando más agresividad en los jóvenes y adultos.

Recuerdo una noche, apareció una vecina embarazada a tocar mi puerta con el vientre morado de los golpes que su esposo le había propinado por consecuencia, perdió su hijo.  Su marido le pegaba salvajemente, pasaba días sin dirigirle la palabra, la asfixiaba económicamente. Sin embargo, delante de la sociedad era un hombre encantador y galante. Muchos son los casos que quedan impunes en todas partes del mundo cuando hay influencia. La víctima queda aislada. Como dicen ‘cornudo y apaleado’.

Es indignante que en pleno siglo XXI se practique la lapidación y sentencia de muerte a la mujer acusada de adulterio, cuando esta práctica es tolerada en los hombres. Una de las maneras más comunes de violencia intrafamiliar es la asfixia económica.

Se entiende por violencia doméstica todo tipo de ‘violencia sexual o psicológica, la intimidación o persecución de una persona por su cónyuge, ex cónyuge, familiares o parientes con quien cohabita o haya habitado, viva o haya vivido bajo el mismo techo o sostenga una persona con quien se haya procreado un hijo, para causarle daño físico o emocional a su persona’.

La violencia física es el uso de la fuerza o coerción por parte del agresor contra la víctima para lograr que haga algo que no desea o deje de hacer algo que desea por encima de sus derechos.

Violencia patrimonial: Acción a omisión dolosa que implica daños, pérdidas, destrucción, retención o distracción de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, derechos a otros recursos económicos destinados a satisfaces las necesidades básicas.

Violencia sicológica: Toda acción u omisión que realiza una persona contra otra destinada a coaccionar, degradar o controlar las acciones, comportamiento creencias, sentimientos o decisiones de las personas. Se manifiesta por medio de intimidación, manipulación, amenazas directa o indirecta, permanente, hostigamiento, acoso o menosprecio al valor personal destrucción de objetos apreciados por la persona, privación al acceso a la alimentación, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud psicológica, la autodeterminación o el desarrollo personal.

Conozco el caso de un alto funcionario público adúltero, quien reventaba imágenes sagradas, cuadros, vajillas, golpeaba, amenazaba de muerte a su esposa e hijas y portaba armas atemorizando a la familia. La nueva ley castiga la violencia patrimonial, sexual y psicológica, prohíbe que se introduzcan o se mantengan armas en el domicilio común, así como incautarlas, a fin de garantizar que no se utilicen para intimidar amenazar ni causar daño, con independencia de la profesión u oficio del presunto agresor. Prohíbe al presunto agresor acercarse al domicilio común o aquel donde se encuentre la víctima, lugar de trabajo, estudio u otro habitualmente frecuentado por ésta. Ordenar al presunto agresor cubrir el costo de la reparación de los bienes o de la atención médica. Dicho costo será descontado, en caso de condena civil.

Sin perjuicio de que se inicie o continúe el proceso civil, penal familiar o administrativo respectivo, la autoridad, cuando tenga conocimiento del hecho queda inmediatamente facultada según su competencia para aplicar a favor de las víctimas de la violencia doméstica las siguientes medidas de protección:  Ordenar el arresto provisional del agresor por un término que no sobrepase las 72 horas.   Ordenar al presunto agresor que desaloje la casa de habitación que comparte con la víctima, independientemente de quién sea el propietario de la vivienda.  Otorgar en uso exclusivo a la persona agredida los bienes muebles necesarios para el funcionamiento adecuado del núcleo familiar.

<> Artículo publicado el  7 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

El problema de la violencia contra la mujer

La opinión de…

María Eugenia Hernández

La violencia contra la mujer es un fenómeno social que afecta a las mujeres como grupo, donde el hombre ejerce poder y autoridad, utilizando la violencia como medio o control, obligándola a comportarse de determinada forma. Teóricamente se define la violencia de género como todas las formas de violencia que mantienen la dicotomía entre hombres y mujeres y aseguran la desvalorización e inferioridad de todo lo asociado con lo femenino (Fempress, 1993:13).

En febrero del presente año tuve la oportunidad de entrevistar a la Dra. Teresita Ramellini en San José, Costa Rica, directora del Centro de Investigaciones de Estudios de la Mujer. Expresaba ella que la violencia contra el género femenino es “la opresión y la discriminación en todas las formas de sexismo, comprendiendo las agresiones física, emocional, económica y sexual. En nuestro país se observa cómo los medios de comunicación dan un marcado interés a la cuantificación de los casos de la violencia física, es decir, el número de agresiones, el número de “femicidios”, etc., pero se mide poco la cualificación del problema, los avances abordados desde el punto de vista de la ciencia social y sus posibles respuestas a la magnitud del mismo.

Es importante tener presente que la categoría del género no sólo es analizada desde el punto de vista biológico sino desde posiciones ideológicas culturales que determinan el estereotipo femenino y el masculino y hacen mención a todo lo heredado biológicamente, es por ello que algunas personas parten de lo biológico para definir el género, mientras otras lo hacen desde el punto de vista cultural-ideológico.

Visto desde lo sociológico, se da la violencia hacia la mujer no sólo cuando esta es golpeada por su esposo o compañero, sino cuando la sociedad la discrimina como grupo en las relaciones de poder, cuando se le ubica en posición inferior. Es aquí donde debemos reflexionar cuántas mujeres tiene la población panameña, de estas cuántas son profesionales, cuántas han tenido la oportunidad de participar en materia de política del Estado de nuestra llamada democracia, cuántas magistradas hay en la Corte Suprema de “Justicia”. Porque el hombre tiene más aval por la ley y las costumbres para este dominio, cuándo se hará justicia para la otra mitad de la población, es decir, para las mujeres.

Panamá como región puede avanzar a verdaderos niveles de desarrollo, cuando objetivamente se vea igualdad de oportunidades, no sólo en áreas urbanas sino en las más excluidas del país, como sucede con aquellas mujeres de la campiña interiorana y las comarcas indígenas, quienes actualmente viven excluidas del discurso de la inclusión, como si vivieran en otro mundo.

Esto lo observo cuando viajo a comunidades apartadas de la comarca y veo niños y niñas morir de hambre, o por un resfriado sin control médico, una madre en labor de parto sin la opción de salud igual para todos, el rostro de la desnutrición de mujeres y niños especialmente en los meses de verano, cuando no existe ni siquiera una yuca para sobrevivir.

Debemos trabajar mucho más para enorgullecernos como nación. Yo me pregunto: desarrollo para qué o para quién, si nos persigue la pobreza y se aumenta la brecha de las desigualdades que a su vez se convierten en las grandes injusticias del sistema. Para estos hechos sociales no existe una política pública de familia que responda atinadamente a los intereses de tales grupos vulnerables, como lo son las mujeres, ancianos, niños y niñas.

<> Este artículo se publicó el 27 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Igualdad y participación política

La opinión de…

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Dayana M. Bernal Vásquez 

El derecho a la igualdad y participación política, establecido en la mayor parte de legislaciones en el mundo, es una construcción histórica, entretanto, supone reconocer y comprender el largo camino emprendido por hombres y mujeres para su consecución.

Si no hubiesen existido hombres y mujeres que lucharan por erradicar o abolir la esclavitud, la desigualdad o la subordinación genérica en todas sus expresiones, por solo mencionar algunas, no podríamos hablar tan siquiera de justicia y equidad social, igualdad de oportunidades y menos, de democracia.

En ese sentido, a las mujeres, en materia política (y en muchas otras) nos ha costado y nos cuesta más. Seguimos ocupando un lugar de subordinación con respecto al hombre. Hay quienes, todavía, consideran a la mujer una incapaz mental; un instrumento para la procreación; un mero producto de consumo y placer; un objeto inanimado que adorna el hogar; sin derecho a decidir, incidir o hablar por sí sola.

Todo ello se configura en la creciente violencia hacia la mujer en todas sus formas. A pesar, de los grandes avances legislativos que “reconocen” la igualdad la distancia entre el reconocimiento, la obligación y su cumplimiento, es lejano; ya que sin acciones y mecanismos que permitan la eficacia de las normas que garantizan tales derechos, no podremos cristalizar efectivamente la igualdad formal.

Nos cuesta más porque las mujeres, políticas o no, tienen que luchar por espacios en contra de los convencionalismos masculinos, socialmente establecidos, barreras discriminatorias y estereotipos sexistas. Superar esas imposiciones culturales, costumbres y conductas que nos colocan, única y exclusivamente, en la orbe de lo doméstico, es una lucha que aún continúa.

Ninguna habla o pretende acabar con el matrimonio o la familia, se trata de romper ataduras que limitan e imposibilitan la igualdad entre ambos, compartiendo, hombres y mujeres, iguales responsabilidades, obligaciones y derechos. No se trata de que las mujeres quieran ser hombres o suplantarlos, como erradamente se entiende y menos, ser oportunistas en base a nuestro sexo para obtener espacios.

Las cifras son claras, contundentes, innegables y muestran la limitada y escasa participación política de las mujeres y no precisamente porque el electorado así lo decide, es a lo interno de los colectivos donde se configura nuestra realidad. Entramos en una carrera con serias desventajas económicas, culturales y sociales; y en condiciones desfavorables que no contribuyen en nada al buen gobierno.

La representación igualitaria en política no se logra porque estemos en democracia. Hoy día, los postulados que fundamentan la igualdad de derechos políticos y aceptados universalmente han sido insuficientes cuando intentamos llevarlos a la práctica cotidiana si no se adecuan e insertan fórmulas y políticas públicas que así lo permitan.

Para consolidar y constituir Estados modernos, democráticos y de derecho es importante que todos los actores de la sociedad tengan iguales derechos de participación, representación y en condiciones que así lo permitan. Es a través de los mecanismos electorales y políticos que se puede acceder y ascender al poder para contribuir al desarrollo y progreso de nuestra sociedad.

En la política es necesario y se requiere que más mujeres se involucren y participen para que en la toma de decisiones y en la administración del Estado haya y exista una real, verdadera y efectiva convergencia igualitaria de hombres y mujeres que favorezcan la paz, convivencia y armonía social.

<> Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Las malqueridas

La opinión de la Abogada y Ex Diputada de la República…

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MIREYA LASSO


Francisco se presentó, en un distrito del interior, a la residencia de Narcisa, su suegra, para reclamarle sobre un supuesto rumor esparcido por ella.  Discutieron.   Francisco le propinó un bofetón, que la lanzó contra el bajareque de cañablanca de la cocina, causándole una incapacidad comprobada de ocho días.   Hace solo un mes Francisco fue absuelto por el juez, convirtiendo a Narcisa —humillada y golpeada— en una muestra palpable de la subyugación que sufren muchas mujeres aún hoy en Panamá.

Es ejemplo de una cultura milenaria que resta valor a la mujer y que, dentro o fuera de una relación conyugal formal, considera a la mujer como un objeto inferior al varón.   Peor aún: Las agresiones no son solo físicas, cometidas por individuos violentos, sino que abarcan otras ‘sutiles’ o ‘de baja intensidad’ —como el autoritarismo, ofensas verbales, gestos amenazantes, control del dinero— impuestas por personas, acomplejadas en el fondo, que disfrutan del abuso económico y psicológico.    Para ellas es imperdonable no servirles la comida a tiempo o no lavarles la ropa a su gusto.

Muchas declaraciones y convenios de organismos internacionales se han manifestado contra estos abusos. La ONU, la OEA, el BID, el Banco Mundial, la OPS y otros lo han hecho, cada cual desde el punto de vista que le atañe.    Además han instituido dos fechas para focalizar la atención en la mujer:   El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer;   y el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Panamá ha aprobado muchas convenciones internacionales y ha expedido un racimo de leyes de protección de la mujer.   Los Códigos de Familia, Comercio, Penal y Electoral, y leyes que disponen igualdad de oportunidades y castigan la violencia contra la mujer han sido complementadas mediante la creación de entidades como el MIDES y la labor de ONGs vinculadas al tema.

¿Pero de qué sirven, si parecen ser letras muertas?   No logramos aún solucionar problemas cotidianos que afectan a miles de mujeres en Panamá: Pensiones alimenticias, abuso de menores, agresiones físicas y femicidios.

El maltrato económico se refiere a la discriminación salarial que, aunado al acoso sexual, humilla a la mujer en su trabajo y al nivel de estrés causado por la pobreza que la fuerza a perseguir el pago de la pensión alimenticia del padre a sus hijos.    No merecen el calvario que sufren para exigir —inclusive de honorables diputados— lo que legalmente corresponde a los hijos, carentes del apoyo efectivo de las autoridades.

El abuso de menores es tema diario. Dos noticias recientes ilustran la forma como este mal nos permea: Adultos y niñas todavía vistiendo uniformes escolares, pero medio desnudas, son sorprendidas en autobús por la policía cuando regresan de un paseo de playa y, en situación inexplicable, niña de once años es encontrada también a medio vestir con su maestro (¡un docente!) en un bus colegial a tempranas horas de la mañana.

Las agresiones físicas son diarias; muchas terminan en homicidios. Las estadísticas son alarmantes y vergonzosas.  La falta de acceso a la justicia real demuestra que de nada sirven las boletas de alejamiento o de protección expedidas en balde por corregidores, que la víctima deberá —infructuosamente— notificar en persona al escurridizo victimario.

Es triste ser una mujer malquerida y es vergüenza nacional que haya tantas en un país que se jacte de los recursos financieros que desfilan frente a nosotros, mientras gobiernos van y vienen, sin que al parecer dediquen al problema una atención adecuada, efectiva e integral.

La desprotección de niñas y mujeres sometidas es el ejemplo malsano que nuestra sociedad ofrece a niños y adolescentes varones, mostrándoselas como personas de segunda categoría, sumisas al macho.   ¿Será que esos muchachos también exigirán mañana que sus mujeres les sirvan la comida a tiempo y castiguen su osadía si intentan rebelarse contra el sometimiento que ven en las prácticas que hoy toleramos?

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Este artículo se publicó el 1 de septiembre de 2010 en el diario Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

“Ante la masacre de Bocas del Toro: ni olvido, ni silencio, ni perdón”.

La opinión de….

NELVA REYES 

El Espacio de Encuentro de Mujeres, durante todo el año 2010, realiza la Campaña “Alto al femicidio, la impunidad y la violencia de género”, con el propósito de hacer conciencia en las autoridades y en la sociedad sobre estos asesinatos y la situación de violencia que afecta a las mujeres.

Este 26 de agosto se realizó un piqueteo frente a la Corte Suprema de Justicia, con el objetivo de rechazar el mensaje que se le envía a la sociedad panameña al proferirse fallos o sentencias que dejan en la impunidad los femicidios, nos solidarizamos con los familiares de las víctimas, quienes no encuentran justicia en estos procesos legales.

Esta situación de injusticia se manifiesta en los fallos, en los cuales se declara no culpables a los imputados dentro de procesos penales por asesinatos de mujeres. El sistema de justicia y todo el andamiaje debe garantizar la vida y el bienestar de las personas.

Las muertes violentas de mujeres en condiciones totalmente previsibles, como son los femicidios íntimos revela la urgencia de la entrada en vigencia del sistema acusatorio, la implementación de las medidas de protección, el nombramiento de jueces (zas) de garantías y de los juzgados de ejecución de sentencias.

La violencia contra las mujeres es un tema de seguridad nacional y de salud pública, por lo que la protección de las víctimas, la emisión de sentencias justas y el castigo ejemplar sin derecho a libertad por indulto de los femicidas, compromete directamente al Órgano Judicial, al Ministerio Público y al Ejecutivo.

El Observatorio Panameño contra la Violencia de Género (OPVG), adscrito a la Defensoría del Pueblo, los primeros seis meses del 2010, y parte de agosto, registra 46 mujeres muertas de forma violenta, de las cuales 31 son femicidio.

Rechazamos la criminal represión que se ha dado contra las y los trabajadores bananeros y la población indígena de Bocas del Toro.

Cada vida cegada es responsabilidad de quienes gobiernan y de todas las instituciones que tienen la misión de ejercer justicia y no lo hacen. ¡Ni una muerta más!

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Artículo publicado el  7 de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Para frenar la violencia contra la mujer

Según la opinión de….

María Eugenia Hernández 

La violencia contra la mujer es la mayor barbarie cometida contra sus derechos en esta sociedad. La mujer, desde que nace hasta que muere, enfrenta episodios de discriminación, violencia del Estado, la comunidad y en su propia familia. Ejemplo de esta violencia son los embarazos y abortos forzados; así como la violencia intrafamiliar o doméstica, donde ella se convierte en víctima de un agresor, quien es en este contexto su esposo o compañero.

La violencia contra la mujer se manifiesta en todos los estratos sociales, no es exclusiva de una estructura política o económica; se observa en todas las sociedades sin distinción de etnia o cultura. Está sentada sobre bases sólidas de poder en la sociedad que la legítima, le da cobertura y la perpetúa con raíces profundas e impide que la mujer ejerza sus derechos humanos.

Este es un fenómeno social que insiste en mantenerse invisibilizado y lleno de mitos que se han ido construyendo sobre que lo femenino es inferior a lo masculino, reforzándose en imaginarios sociales que, con sus prácticas, atentan contra la mujer. Esta violencia se da por razón de su género y persiste dañando a la mitad de la población, es decir, afecta a millones de mujeres en el mundo.

En Panamá la violencia contra la mujer se da en diversos tipos que van desde la violencia física (puñetazos, patadas, uso del fuego y ácidos para causar dolor), la violencia sexual (violaciones), la violencia psicológica (insultos, amenazas y comentarios denigrantes, lenguaje sexista) y la violencia económica, en donde el varón del cual depende, le priva de alimentos, vestimenta y otras necesidades de índole económica.

Según las estadísticas del Observatorio Panameño de la Violencia de Género, en el año 2008 se registraron 10 casos de asesinatos de mujeres; en 2009, 17; y en 2010 la cifra ya suma 23 casos de mujeres muertas a manos de sus esposos, compañeros o ex compañeros; hombres que en algún momento juraron amarlas, pero acabaron con sus vidas.

El Estado panameño debe legislar mejor al respecto. Se han hecho pinitos en la construcción de políticas públicas, mas el problema en vez de disminuir va aumentando. La población no recibe capacitación en todas sus dimensiones, al ritmo que amerita lo pactado en los convenios internacionales. Los casos más altos de homicidios de mujeres se observan en las provincias de Colón y Panamá.

Debemos reforzar entre la población la enseñanza de perspectiva de género; debemos romper los esquemas tradicionales y crear un compromiso de cambio. El Ministerio de Educación debe adoptar ese reto y preocuparse por desideologizar culturas patriarcales y, en su transformación curricular, implementar la asignatura para reeducar y construir un aprendizaje significativo para las nuevas generaciones. Solo así lograremos un proceso de cambio social, que se verá reflejado en bajos índices de violencia.

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Este artículo se publico el 27 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

El Derecho Penal y su apreciación bajo la óptica feminista

La opinión del Abogado y Odontólogo…..

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Omar López S.

A nivel hispanoamericano, el Derecho Penal ha sido objeto de críticas por parte de los sectores feministas, los cuales aducen que fue estructurado por hombres y que hoy día responde al modelo neoliberal, el que se adecua a los interese masculinos.

La Penalista Española Elena Larrauri nos señala que existen tres reproches desde la óptica feminista hacia el Derecho Penal: (1)

1. Deficiente regulación de los delitos que tiene a la mujer como víctima.

2. Insuficiencia de tipos penales que protejan a la mujer.

3. Irregular aplicación (o inaplicación) en los tribunales de determinados delitos contra las mujeres.

En referencia a la regulación, las feministas señalan que los delitos contra las mujeres a consideración estatal, no representan un delito contra la sociedad o simplemente carecen de la gravedad o el peso necesario para que se constituya en interés del Estado.

Las feministas han realizado solicitudes tales como por ejemplo la eliminación de la “interposición de denuncia”,  para que sean procesados delitos sexuales de oficio.   Esta situación trae a la discusión el examen de la moralidad de la víctima, para conocer si es apropiada o no; o para conocer si es inocente y posee credibilidad.  A nuestro criterio, es necesaria la denuncia, pues existe una multiplicidad de factores vinculados a esta tipicidad de delitos.  Esta pretensión de manera alguna no garantiza que se defiendan los intereses de la mujer.

Las feministas señalan que el Derecho Penal al incluir la lógica jurídica de la igualdad y a partir de la concepción género neutro, obnubilaba el hecho que por ejemplo la violación sexual, es un delito que produce una género en este caso el masculino sobre otro, el femenino.

En mi concepto el Derecho Penal es neutro, ha sido estructurado en términos de igualdad, y que los nuevos tipos penales y en lo que concierne a la mujer, están siendo incorporados.

Lo que si debemos considerar tal y como lo señala la socióloga feminista Encarna Bodelón, es que hay que diferenciar las políticas públicas en razón de dos grandes modelos que nos permita la óptica sobre el fenómeno de la violencia contra las mujeres (2).

1-El modelo de la violencia de género o violencia patriarcal y la violencia contra las mujeres que comprende un problema de derechos

2- El modelo de violencia contra las mujeres como un problema de seguridad. Esta autora señala que el problema es de tipo social porque en la sociedad las mujeres poseen una posición de subordinación y que se debe producir cambios en las estructuras que “oprimen” a las mujeres, y sobre todo una estructura jurídica que considere los derechos de las mismas.

En la actualidad las mujeres y nuestro país no escapan a esta realidad, están cada vez más ocupando cargos en la estructura, económica, política, jurídica y social, lo cual definitivamente trae la incorporación de leyes que favorezcan o que consideren los intereses legítimos de la mujer.

– Control Formal y el Derecho Penal de las Mujeres. Elena Larrauri.

– De la Seguridad a los derechos, el debate sobre la violencia de géneros en el ámbito jurídico y el movimiento feminista.  Encarna Bodelón.

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Este artículo se publicó  el  25 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Asesinadas por la dictadura

La opinión del Educador……

Pastor E. Durán E.

A aquellas mujeres que por su convicción y actuación política fueron asesinadas por la dictadura militar. También, en honor al Día Internacional de la Mujer, establecido el 8 de marzo de 1975.

Dora Ceferina “Dorita” Moreno Jaén, fue asesinada el 1 de febrero de 1969 en Huacas de Quije, Provincia de Coclé, después de ser detenida. Tenía 26 años de edad. Estudiaba el profesorado de español en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. Laboraba como corredora de aduanas y era activista del grupo “Boinas Negras”, del derrocado Partido Panameñista.

Ese día militares capturaron vivos a varios jóvenes (Heriberto Manzzo, Javier Guerra, Daniel Heart, José Pimentel, Cesáreo Tejada y la joven Moreno) en unos cafetales de Huacas de Quije. Se decía que eran “guerrilleros”. Fueron torturados y, algunos, ejecutados en esa misma oportunidad, a pesar de que campesinos del lugar abogaron por ellos en el sentido de que estaban desarmados. A “Dorita” se le había visto durante las protestas por el derrocamiento del Presidente Arnulfo Arias y en algunas ocasiones había sido detenida. Se dice que fue violada antes de ser ejecutada. En junio de 1982 sus restos fueron ubicados y trasladados al cementerio de La Chorrera.

Betzy Marlene Mendizábal Hill, fue asesinada en Mariato, Distrito de Montijo, Provincia de Veraguas, el 31 de enero de 1976 junto a su novio Jorge Falconet, universitario. Ella viajó a La Atalaya (Veraguas), para pasar unos días donde su abuela materna. Tenía 19 años y estudiaba en el Instituto Nacional. Su novio también viajó a esa región, invitado por uno de sus compañeros universitarios emparentado con miembros de la cúpula militar. Durante el juicio que se les siguió a los imputados –allegados a la cúpula militar- se dieron obstáculos e intimidaciones contra familiares de Marlene por exigir una investigación justa. Alegaron que todo había sido un accidente y entraron en múltiples contradicciones. El cadáver de Marlene fue encontrado con los cabellos atados a las raíces de un árbol de mangle y el de Jorge está desaparecido.

Rita Wald (17) desaparecida en las Galerías Obarrio (ciudad de Panamá). Era dirigente estudiantil del Colegio “José Antonio Remón Cantera”. Su grupo, Solidaridad Estudiantil Democrática, rivalizaba con la otrora gloriosa Federación de Estudiantes de Panamá, cuyos dirigentes se habían entregado al régimen militar. Había recibido amenazas por teléfono.

Marisol del Carmen Aguilar (16), estudiante del Instituto América. Su cadáver fue encontrado en mayo de 1979 en el Río Chagres. Según el certificado de defunción falleció el día 19 por asfixia cerrada. Se vinculó a su muerte a un miembro encubierto del G-2 (brutalidad militar) vinculado también a la muerte de Rita Wald.

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Este artículo  fue publicado el 13 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Poner fin a la violencia contra la mitad de la Humanidad

La opinión de la Abogada especialista en Género y Derecho Penal….

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HAYDÉE MÉNDEZ ILLUECA

Con ocasión del Día Internacional de la Mujer, que se celebró el 8 de marzo, vale la pena pensar en la urgente necesidad de que tanto hombres como mujeres se unan para ponerle fin a la violencia y la discriminación (porque la discriminación es una forma de violencia) en contra de las mujeres.

La violencia contra la mujer es un grave problema de salud pública que es tema de Estado: pobreza, discriminación laboral, salarial, social, religiosa y en los servicios públicos de salud; desigualdad política y educativa; violencia sexual y maltrato judicial— en fin, todo lo que pone en desventaja a las mujeres con respecto a la otra mitad de la población.

Esperemos que en este Siglo XXI, que se ha llamado El Siglo de La Mujer , sea liberada por fin de su jaula la paloma de la libertad femenina y la veamos surcar los cielos, libre y orgullosa. La nueva manera de ver la vida, el enfoque de género, es una filosofía que despierta tanto en hombres como mujeres la conciencia de que el género es una estructura de opresión social para ambos sexos.

Mis felicitaciones a las mujeres en nuestro día. Ojalá que jamás permitamos que nadie nos esclavice; que nuestros ojos nunca derramen lágrimas por alguien que nunca nos hará reír; que jamás desperdiciemos nuestro tiempo con alguien que nunca tendrá tiempo para nosotras. Que nadie nos hable a gritos —si nos han de hablar, que sea con amor. Que jamás permitamos vivir angustiadas en la dependencia de un hombre que nos haga creer que nacimos inválidas y sin iniciativa. No perdamos jamás nuestra dignidad de ser mujer.

Feliz Día Internacional de la Mujer a todas: que pronto alcancemos la libertad y el amor merecidos.


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Artículo publicado el 12 de marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

La mujer en el ojo de la tormenta social

La opinión de la Docente Universitaria…..

Emma Mendoza

Pese a los significativos y crecientes avances en el camino hacia la igualdad de género en el mundo contemporáneo, es imperativo reconocer que la equidad no es uno de los atributos que acompañan los reconocidos esfuerzos en esta temática, tan significativa para el pleno desarrollo de nuestras sociedades .

Treinta y cinco años como docente del Departamento de Sociología, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, nos permiten atisbar ese universo cotidiano de la mujer universitaria, que empoderada de diferentes y a veces conflictivos roles, se ve obligada a desempeñarlos ”con la cruz a cuestas”, en su afán de resolver aspiraciones y/ o mitigar las demandas de una sociedad no estructurada en función de la familia, mucho menos de la mujer trabajadora, madre y estudiante, sector al que principalmente queremos referirnos

Hasta la fecha seguimos siendo nosotras, la principales víctimas de violencia de género, física, verbal, psicológica, sexual, laboral, social, estatal, criminal y hasta académica; pues con mayor frecuencia de lo imaginable, ocurren casos de “docentes” del sexo masculino (en diferentes niveles educativos) que acosan sexualmente a las alumnas, como consecuencia de sus deformaciones particulares y del poder que les confiere el cargo.

Pruebas palmarias de lo anterior podemos encontrarlas en diarios de la localidad, cuando los casos salen a la luz pública.   Pero, ¿cuántos quedan en la niebla del olvido o sumergidos en la impunidad, por el temor y/o la vergüenza de la víctima; la complicidad de superiores influyentes o sencillamente la ineficiencia de un sistema judicial que no posee las condiciones básicas para ejercer una justicia accesible y oportuna?

Claro que el acoso sexual no es una particularidad de las instancias educativas, también ocurre en niveles laborales, en Instituciones de Salud y todas aquellas en que prive una relación comandada por el hombre, tal cual lo relataron algunas mujeres y estudiantes trabajadoras, que no obstante la orientación que se les brinda, se rehusan a ponerla en práctica, por lo dificultoso del proceso y claro está, la posible pérdida del empleo.

Recordemos que un alto porcentaje de mujeres, incluidas las estudiantes universitarias, integran familias monoparentales; pero según un machista anónimo,” eso les pasa por no cerrar ciertas parte del cuerpo”;  denotando no sólo una falta de capacidad afectiva, sino también el uso del sexo como mero artículo de placer, al cual le sustrae su responsabilidad procreadora (¡la mujer sola se embaraza!)

He allí la semilla de tanta irresponsabilidad paterna en nuestro medio. He allí la actitud de supremacía masculina desenmascarada por Sor Juana Inés de la Cruz (S XVII): “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…pues para qué te espantáis de la culpa que tenéis. Queredla cuál las hacéis o hacedla cual la buscáis.

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Publicado el 7 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.