Vía Argentina: ¿desafueros o complicidad?

La opinión del Abogado, Político independiente…

Juan Manuel Castulovich 

El sector del Cangrejo, del corregimiento de Bella Vista, originalmente creado como destino residencial, ha venido transformándose y hoy, en su principal arteria, la Vía Argentina, se han establecido y funcionan numerosos restaurantes, pequeñas cafeterías y sitios de diversión, que han superado ampliamente a los negocios tradicionalmente existentes en el sector, como las farmacias, lavanderías y minimercados.

A nadie debe sorprender esa transformación del sector que ahora es mixto: residencial y comercial, y tampoco el notable incremento en la cantidad de vehículos que por allí circulan y que han convertido varias de sus intersecciones, y principalmente la que se forma con la calle Arturo Motta (la que pasa al lado del monumento conocido como “la cabeza de Einstein”, en una de las más congestionadas de la ciudad, donde la desorbitada confluencia de vehículos era causa de frecuentes accidentes, tranques y del ruido ensordecedor de las bocinas.

En las postrimerías del gobierno anterior, las autoridades del tránsito decidieron instalar “semáforos inteligentes” en varias de las intersecciones de la Vía Argentina y pintaron con profusión líneas para el cruce de peatones que, supuestamente, mejorarían la situación; pero el remedio ha sido peor que la enfermedad.   Cuando las luces cambian de color, las intersecciones siempre están bloqueadas y comienzan a sonar las bocinas.    De lo que hablo están al tanto y lo sufren los miles de conductores que por allí transitan. Y también quienes vivimos en las proximidades.

Como es frecuente, en la semana siguiente a la instalación de los semáforos y al pintarrajeado de las calles, llegamos a contar hasta a 6 o 7 agentes de la ATTT que dirigían y regañaban a los conductores que bloqueaban las intersecciones; pero más nunca se les ha vuelto a ver.    Resultado: el caos y el ruido han aumentado, de manera exponencial. Solucionarlo sería sencillo: colocar agentes que sancionen a los conductores que bloquean las intersecciones; pero eso, según parece, demanda más células grises que las que poseen los dirigentes del tránsito. Y, al problema agravado de la circulación en la Vía Argentina, ahora se han sumado los abusos de los dueños de negocios que han secuestrado las aceras, para convertirlas en estacionamientos privados, a ciencia y paciencia de las autoridades.

Pero más grave son las prácticas de algunos comercios, especialmente los de venta de licores, que han convertido las terrazas de sus negocios y las aceras contiguas en ruidosas “cantinas callejeras” hasta prolongadas horas de la madrugada, para el desasosiego y la tortura de sus vecinos.

 

Y todavía más grave es que todas las noches, un grupo de descerebrados se dediquen a recorrer la Vía Argentina en motocicletas con ensordecedoras troneras y a correr automóviles “ajustados para hacer ruido” y que, recientemente, nos hayamos desayunado con la noticia de que en las proximidades de colegios se pretenden establecer salas de “chinguia” y hasta un “hotel de ocasión”.

En resumen, la Vía Argentina y sus alrededores son un caos progresivo y prueba fehaciente de abusos, pero, sobre todo, de la indolencia y la incompetencia de las autoridades nacionales: ATTT, ministerios de Salud y Educación y Policía; municipales: Alcaldía, Corregidor y Representante de Corregimiento, que nada hacen para detenerlo.

 

La solución corresponde, primero, a las autoridades que, con su indolencia e incompetencia son cómplices por omisión; pero también es responsabilidad de quienes habitamos en el área, que debemos denunciar y combatir los abusos de quienes, motivados por el afán de lucro, consideran que “todo vale”. Que en el sector aumenten las actividades comerciales nada tiene de pecaminoso; pero hora es ya de que se reglamenten y controlen, para la convivencia pacífica de todos.

<>Artículo publicado el  18  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Comunidades rurales en el olvido

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La opinión del  Educador…

Bertilo Mejía Ortega 

Los habitantes de las comunidades de San Francisco, La Esperanza y Quebrada Llana, en el occidente de la provincia de Chiriquí, se sienten defraudados por la presente administración, ya que a más de un año del presente quinquenio no han recibido la más mínima atención en materia de caminos de producción, una sentida necesidad en estos hombres del campo.

 

La vía que conduce de San Francisco a Volcán, pasando por la comunidad de La Esperanza, constituye la más elocuente indiferencia estatal en un sector que se expresó en las urnas a favor del prometido cambio. Se lamentan de los buscadores de voto que se han olvidado del área que tanto visitaban durante la pasada contienda electoral. Según ellos, se han congelado los Diputados y el Representante del corregimiento de San Andrés que, a decir de algunos, la tienen atado por pertenecer a un partido de oposición.

Estas son las actitudes que restan respaldo y simpatía a los gobiernos; las que promueven el voto castigo, y las que saben aprovechar los líderes locales que aspiran a buscar una representación popular en las contiendas venideras. Pero en las altas esferas gubernamentales pareciera que esto no preocupa, y más se han interesado por sumar ocasionales adherentes, en vez de atender a los genuinos electores en el civilismo, dignos de respuestas que, aunque extemporáneas, aportarían grandes remedios a grandes males.

Conmueve observar las dificultades por las que atraviesan quienes no tienen otra alternativa que transitar a pie y caballo por empinados caminos obstaculizados por la piedra, los derrumbes y el lodo y, por tanto, convertidos en potenciales peligros para ganaderos y agricultores. Peor cuando una mujer embarazada se dirige a los distantes centros de salud, y cuando hay que sacar a un enfermo que requiere de atención médica.

Parece inverosímil que en pleno siglo 21 esta sea la triste realidad de éstos y otros campesinos que a lo largo de la geografía nacional pasan por las mismas dificultades en el diario acontecer. Los voceros de estas comunidades están en la obligación de cumplir con la misión encomendada desde las urnas. Deben asumir la responsabilidad de atender los naturales deseos de la población a mejores niveles de vida, y corresponder, con sentido de equidad, al salario que devengan. Aunque humildes, nuestros hombres y mujeres del campo, no entienden cómo en un Estado donde se paga muy bien a los representantes y Diputados, y en el que abundan los asesores con jugosos salarios, el progreso comunal está estancado en recodos de la Patria dignos de mejor suerte. Nada es tan conveniente para la oposición que la abulia gubernamental, y quienes la promuevan consciente o inconscientemente, están contribuyendo a que se repita en nuestro país el tradicional rechazo en las urnas a los equipos de gobierno. ¡Recapaciten!

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<>Artículo publicado el  2  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Más sobre las vías públicas

La opinión del empresario….

JUAN R. MORALES  

Los cortes y taludes en las carreteras constituyen parte importantísima a la hora de hacerlos. Dependiendo de la altura de estos, los taludes pueden ser de ½ a 1, de ¾ a uno, de 1 a 1. ¿Qué significan estas medidas? Si el corte es pequeño, digamos de dos metros, existe un retiro de 1 metro por cada metro de corte, si el corte es de hasta 6 metros, el retiro será de ¾ por cada metro de corte y si el corte es mayor, el retiro vendría a ser de ½ metro por cada metro de corte. Estos retiros representan la inclinación del talud.

Existen cortes que dependen de varios factores: a) piedras sueltas sin amarre alguno, b) material muy húmedo etc., en cuyos casos se hacen las conocidas banquetas, que consisten en que por cada determinada medida, se retiran de dos a tres metros, garantizando de esta manera que no habrá derrumbes. Actualmente existen métodos modernos, que consisten en retenes de piedras, amarradas por mallas de alambres. Los cortes sobre los cerros, seguidos por rectas, vendrían a constituir las curvas verticales, comúnmente llamadas pendientes y las curvas circulares, conocidas simplemente como curvas. Las curvas para que sean eficientes deben tener un peralte, o inclinación que permite la circulación de los vehículos con alto grado de seguridad, entre más prolongada es la curva, más alto de be ser el peralte. Un peralte deficiente en su confección, constituye una trampa de muerte.

Si la parte superior del peralte, tiene una caída que desvirtúa el peralte, ese defecto constituye un peligro, porque los vehículos podrían salirse de la vía. Entre más pequeña es la curva, más leve es el peralte. Las curvas circulares tiene además para completar la eficiencia un sobre ancho, que va de menor a mayor en la parte central de la curva y luego vuelve a decrecer hasta quedar en nada.

Las curvas circulares no llevan corona. Las aguas lluvias derraman de la parte alta del peralte hacia la baja, hasta llegar a las cunetas. Las curvas verticales o pendientes, no tienen peralte y siempre están en línea recta; sin embargo, las curvas verticales y la vía en rectas, tienen una corona, con el propósito de que las aguas derramen hacia las cunetas.

Todas las carreteras deben estar previstas de buenas cunetas, con la capacidad para que las aguas lluvias corran hasta encontrar ríos, riachuelos, quebradas, alcantarillas, etc.

Cunetas obstruidas son fatales, porque, de estancarse las aguas, puede contribuir a que la calzada alcance grados elevados de humedad y traen como resultado el deterioro de los pavimentos.

Los puentes, las alcantarillas deben ser construidos calculando el caudal de las aguas y crecientes.

De tal suerte que cumplan su función cabalmente, lo contrario significaría que las aguas al no tener el espacio necesario para fluir, elevan su nivel, pasando sobre los puentes o alcantarillas, pudiendo ocasionar accidentes a vehículos, transeúntes, bestias, etc. Así son las cosas.

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Este artículo fue publicado el  5 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.