Ocaso de un ex presidente

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Ocaso de un ex presidente

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PAULINO ROMERO C.

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La trayectoria política del ex presidente de la República, Martín Torrijos, comenzó en 1999, y finaliza ahora en 2009, a menos que sus actuaciones respondan a los requerimientos de las circunstancias. Su gran capacidad de simulación contribuyó decididamente al éxito político alcanzado, hasta llegar a ocupar la Presidencia de la República durante el quinquenio 2004-2009.

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Según José Ingenieros, todos los hombres son simuladores, en mayor o menor grado, siendo ello indispensable para la adaptación de la conducta a las condiciones del medio. Pero la simulación es la nota dominante en el “simulador característico” , en quien la simulación es el medio preferido en la lucha por la vida. Ahora bien, existen dos clases de simuladores: los congénitos y los adquiridos. En los primeros predomina el temperamento individual; en los segundos, la influencia del medio social.

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Luego de alcanzar el partido PRD la más alta cifra de adherentes (casi 700,000 miembros), en la historia política de Panamá, y contar la administración gubernamental del presidente Torrijos con una mayoría parlamentaria y con el mayor auge económico jamás registrado por gobierno alguno, el PRD pierde la Presidencia de la República, con un 61% de diferencia a favor de la Alianza por el Cambio.

Inmediatamente surgen grupos dentro del colectivo que señalan como principal culpable de la estrepitosa derrota al propio Torrijos, también secretario general del PRD, y exigen su renuncia inmediata junto con el resto del CEN de ese partido..

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Se acordó realizar cambios a principios del año 2010. Empero, Torrijos debe promover con su renuncia la reestructuración y reorientación del PRD con un nuevo equipo de dirigentes. La necesidad de la reestructuración se debe tanto a la información disponible luego del resultado de las pasadas elecciones, así como el estado de ánimo derrotista en que han empezado a sumirse los miembros del PRD. En tales circunstancias, la capacidad de reacción resulta vital, así como el tiempo que se toma en producir los cambios esperados. La rectificación se debe producir en meses no en años, porque de lo contrario se consolidaría una tendencia negativa difícil de revertir.

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Se ha detectado un mal, una falla central, pero el actual CEN se resiste a aceptar en qué consiste y, aun más, en decidir qué posición adoptar: sencillamente, por dignidad es menester renunciar. Lo que ha sucedido con Martín Torrijos y otros miembros del CEN es, simplemente, que no han podido asimilar los acontecimientos. Creían estar haciéndolo todo bien. Creían tener la estrategia ganadora. Creían que estaban manejando a sus adversarios. Juraban que estaban haciendo sus movidas con maestría. Estaban convencidos de que los resultados de las elecciones los iban a favorecer. Y ahora resulta que saben que no ha sido así. No se lo dicen unos a otros, pero es evidente que en el fuero interno cada cual sabe que no llegarán a buen puerto.

En cuanto a Torrijos (como presidente y político) ya tuvo su “luz y sombra” , ahora le corresponde decidir si desea añadir al rotundo fracaso electoral de su partido el fiasco adicional del entorpecimiento y la obstaculización de su necesaria renovación o prefiere seguir el camino de la conducta honrosa.

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Publicado el 25 de julio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor del artículo, todo el credito que les corresponde.

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Viajero frecuente

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Viajero frecuente
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Miguel Antonio Bernal
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Durante su mandato presidencial de cuatro años y diez meses, Martín Torrijos realizó más de doscientos viajes fuera del país. La frecuencia de estos, lo llevó a hacerse merecedor del sobrenombre de “El muñeco que pasea”, -de parte del ciudadano jubilado Eladio Fernández.

Poco o nada aportaron a la población panameña o a su administración pública, las decenas de viajes presidenciales o el de sus acompañantes. Jamás se conoció informe público sobre la paseadera presidencial y, la mayoría de los viajes, se caracterizaron por su inutilidad práctica y un secretismo que revela la irresponsabilidad administrativa de su autor. Hasta las fotografías, que se publicaban en los medios, de los periplos, nos resultaban inútiles a los contribuyentes, dado que sólo recogían el rostro sin expresiones del muñeco que pasea(ba).

¿A cuánto pudo ascender en costos para el fisco el escapismo presidencial? De seguro, nunca lo sabremos, dada la complicidad de la Contraloría General de la República en esos menesteres. Lo que sí sabemos es que el viajero frecuente, promedió casi un año fuera del país y acumuló, suficientes millas, como para poder seguir viajando gratis, otro año más.

Iniciada una nueva gestión presidencial que, por cuestión de personalidades, sin duda tendrá otra dinámica, se hace necesario aprender las lecciones de lo negativo de los años perdidos con Martín Torrijos y, lograr lecciones que nos resulten positivas para la población panameña.

En efecto, se hace necesario -y hasta urgente-, que la sociedad civil desarrolle los mecanismos de control ciudadano, que obligue a las autoridades a dictar las disposiciones legales pertinentes para que todos los viajes que realicen al extranjero, todos los servidores públicos y que sean sufragados con fondos del erario, sean no solo divulgados debidamente, sino que también se de a conocer los informes de las gestiones que estos realicen en sus lugares de destino.

También debe establecerse, de parte de la Contraloría General de la República, el mecanismo que permita que todas las millas que se acumulen, -con los planes de viajero frecuente de las compañías aéreas-, con motivo de viajes oficiales de funcionarios de todos los órganos del Estado y de sus instituciones autónomas y semiautónomas, en lugar de beneficiar a los funcionarios viajeros, sean acumuladas en un fondo común.

Dicho fondo común de millas deberá servir para que los billetes de avión, que se obtienen con las mismas, sean destinados a personas que por sus escasos recursos los requieran por motivos médicos, duelos familiares u otras situaciones que deberán estar previstas en las disposiciones normativas que se den. También se podrá, con dicho fondo común de millas, cubrir pasajes de delegaciones deportivas, culturales o educativas que así lo requieran, lo cuál vendrá a significar un importante ahorro para el fisco. Iniciemos , como ciudadanos, acciones en ese sentido.

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Publicado el 17 de julio de 2009 en el diario El Panamá América a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Carrera Administrativa: méritos = estabilidad

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Carrera Administrativa: méritos = estabilidad

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LUIS EDUARDO CAMACHO C.
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La Carrera Administrativa ha sido y seguirá siendo, sin duda, objeto de acalorados debates al momento de iniciar funciones las administraciones que surgen luego de realizarse la respectiva elección general para renovar democráticamente las autoridades nacionales, distritales y de corregimiento.

Una nota característica de los análisis y las discusiones que se producen en tales debates, es que los mismos giran únicamente en torno al tema de la estabilidad de los servidores públicos, como si esta hubiese sido la razón de ser de la creación de dicha Carrera.

Es por ello que si le preguntamos a cualquier panameño ¿qué es la Carrera Administrativa?, lo más probable es que nos conteste que es una ley para darle estabilidad a los servidores públicos.

La saliente administración Torrijos-PRD dio pie para que este equivocado concepto continúe cobrando fuerza en la sociedad, al aprobar la Ley 24 de 2 de julio de 2007. Esta norma, que reforma la Ley de Carrera Administrativa, establece en su Artículo 14 la incorporación automática, sin verificar si reúnen los requisitos mínimos para el cargo y sin concurso, de todo servidor público en funciones que a la fecha de entrada en vigencia de dicha Ley haya laborado por dos años o más en forma ininterrumpida en la Administración Pública.

Este artículo, inicialmente transitorio, se hace permanente al establecerse en el Artículo 13 del Decreto Ejecutivo No. 44 de 11 de abril de 2008; ambas normas fueron impuestas ya casi al final de su mandato.

Esta normas son contrarias al espíritu del texto constitucional que sustento la creación de las diferentes carreras públicas. Esto queda claro al observar que el Artículo 300 de la Constitución, establece que: “los servidores públicos se regirán por el sistema de méritos; la estabilidad de sus cargos estará condicionada a su competencia, lealtad y moralidad en el servicio”.

Salta a la luz, entonces, que el objetivo real de las reformas era, ante la inminente derrota electoral del PRD, procurar la permanencia en los cargos de aquellas personas que fueron nombradas por ese partido. Ellas permitieron el ingreso forzado al régimen de Carrera Administrativa de más de 32,000 servidores públicos durante la administración Torrijos-PRD, no en base a sus méritos, sino en base a la afinidad político-partidista.

Las modificaciones perjudican a los servidores públicos, al instaurar un privilegio para un grupo de servidores, que debe su ingreso al régimen de Carrera Administrativa a factores ajenos a los méritos. Además, al tener una clara motivación política, producen frustración a los servidores públicos y los desmotiva, porque en la Carrera Pública la estabilidad debe ser el resultado de la valoración de los méritos ganados, en base a la capacitación permanente y al comportamiento correcto en el ejercicio de los cargos.

Finalmente, las reformas impuestas, promovieron el clientelismo político. Crearon ineficiencia y permitiendo que los intereses personales y partidistas se pongan por delante de los intereses del país, al utilizar en beneficio propio los recursos que debieran estar al servicio del pueblo panameño.

En resumen, el espíritu fundamental de la Ley original era procurar que el servidor público mantuviera un permanente espíritu de superación y un comportamiento personal acorde son sus responsabilidades. Lo serio y responsable es aprobar con prontitud una Ley que deje sin efecto las reformas que desvirtúan este espíritu, para garantizar así que en Carrera Administrativa: méritos = estabilidad.

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Publicado el 16 de julio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Nuevas realidades, nuevos retos

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Nuevas realidades, nuevos retos

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Mitchell Doens
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En los últimos días las alusiones hechas por el presidente electo Ricardo Martinelli sobre temas considerados de “alto perfil” judicial, han hallado eco en los medios de comunicación, en los comentaristas políticos y en nuestras propias filas a través de Ernesto Pérez Balladares, que se ha sumado entusiastamente a la cruzada de los impolutos nuevos gobernantes del país.

Días antes, Héctor Alemán contaba sobre un panel en que participó junto a Roberto Eisennman y Yeyito Barría y otros líderes de la desvanecida Cruzada Civilista; quedó sorprendido por las cosas que se dijeron sobre el PRD y sobre el problema del poder en nuestro país. En el evento que analizaba las elecciones pasadas, escuchó decir que había sido un error haber dejado que el PRD se hubiese levantado después de la invasión y que se le hubiese permitido ganar las elecciones en dos ocasiones.

El “viernes de la paella” escuché palabras similares de uno de los más conspicuos asesores de Martinelli; invitaba a que nos sumáramos a la cruzada que ellos desarrollarían contra la corrupción, entendiendo por ésta –señalaba el asesor– las acciones legales que emprenderían cuando estuviesen en el poder contra figuras cercanas al presidente Torrijos y contra miembros del PRD. Ya esa experiencia –dije en la ocasión– la hemos vivido después de la invasión, cuando se replegaron las tropas gringas y entró en escena la persecución judicial contra miles de perredistas; persecución que pretendía, como ahora, paralizar e inhabilitar nuestras fuerzas políticas; también le dije que en materia de corrupción ni Martinelli ni sus aliados tienen la autoridad moral para dar cátedra.

No resulta raro que dentro de nuestras propias filas se escuchen las mismas argumentaciones y amenazas que hacen nuestros adversarios y, quizás, hasta con mayor virulencia. Antes habían comenzado en las primarias con los epítetos del chavismo, militarismo, asesinos y norieguismo que lanzó don Juan Carlos Navarro contra Balbina Herrera, lo que sirvió de telón de fondo para que después, como papagayos, los utilizara la campaña de Martinelli en el proceso electoral.

Derrotada la propuesta del PRD en las elecciones, los neo–oligarcas de afuera y los de adentro enseñan sus cartas. Los de fuera ya hicieron su trabajo, lograron hacer un líder mediático, compraron medios, periodistas y presentadores televisivos (hoy pagados con cargos ministeriales), políticos y partidos, a la vieja usanza oligárquica; y los de adentro se proponen culminar el objetivo “implosionando” al PRD como en su momento Díaz Herrera hizo con la institución armada.

No en balde el escandaloso asunto del Cemis junto a otros presuntos hechos que son ventilados en la justicia panameña, son esgrimidos por Martinelli, los medios que bailan al son que les toca y recientemente en Chiriquí, por Ernesto Pérez Balladares; éste amenaza con destruir a Martín Torrijos y a sus inmediatos colaboradores con los mismos argumentos, sin considerar los alcances y las implicaciones que tal temeridad ocasionarían.

No hay que ser un genio para concluir que los intentos por destruir al torrijismo son parte de un proyecto y de un plan que tiene como propósito acabar con el PRD; o en el peor de los casos “oligarquizarlo” para retrotraer al país al escenario político de 1968, pues el proyecto de la plutocracia panameña encabezada por Martinelli y por los que gravitan alrededor de sus chequeras nunca han aceptado, como decían en el panel descrito, a ninguna otra fuerza que no sea parte de sus propios intereses. Ellos no temen ni a Chávez ni a Fidel ni al socialismo; a lo que siempre han temido es al torrijismo que hace más de 40 años acabó con el monopolio económico y político de este sector social de la sociedad panameña.

Todos ellos comparten un proyecto que históricamente ha marginado a los panameños que no pertenecen a su exclusivo club de plutócratas. Retomar el poder con un proyecto político con claros objetivos, como expresó en días recientes en Costa Rica don Ricardo, para acabar con el “populismo”, entiéndase bien con el PRD y los torrijistas, es el verdadero propósito que anida en la neo–oligarquía panameña. El reto es si los torrijistas logramos impedir que se salgan con las suyas. Para ello será necesario usar la crítica, la autocrítica y el debate político y doctrinal de altura, las necesarias y las oportunas rectificaciones que todos los perredistas claman; abordar así la coyuntura es garantía de unidad y la muralla para cerrarle el paso al enemigo. En manos de los que no aceptamos un país manejado al antojo de esta plutocracia, está el futuro de los panameños con los que el general Torrijos se matriculó.

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Publicado el  11 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

El ‘Principio Martineliano’

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El ‘Principio Martineliano’

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Jorge Luís Macías Fonseca

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Luego del duro golpe asestado al Partido Revolucionarios Democrático (PRD), que dicho sea de paso transita por serias dificultades, Ricardo Martinelli Berrocal asume el poder con una aureola cambista, lo que ha despertado serias expectativas a nivel de pueblo.

En un afán, por ser, más que por parecer, ha iniciado su mandato apurando una serie de diligencias, con el afán de incorporar a la psiquis del electorado una imagen distinta a la común de los que lo antecedieron, buscando –desde luego– el apoderamiento de ella por parte de la gente. Esto, sin lugar a dudas, le permitirá crear las condiciones para actuar con propiedad y para impulsar con energía su propuesta gubernamental. Todo esto, es correcto decirlo, se plantea como una primera consecuencia del extraordinario apoyo dado en las urnas por un número altamente significativo de panameños.

El diseño de gestión pareciera querer alejarse de las fórmulas protocolarias, para enfrentar directamente los problemas.

Desde el discurso de toma de posesión, ayuno de retórica y de teorizaciones, pero fundamentado principalmente en el quehacer hasta la primera reunión de gabinete, fuera del escenario de palacio, realizado en una comunidad de gente pobre,existe ya un primer planteamiento del gobierno martineliano en los términos de la dirección que tomará su gestión.

Sin descuidar el contenido de su campaña, y lo que se anuncia en la práctica, pareciera surgir un gobierno para la gente.

Si el actual gobierno logra identificarse con los sectores desprotegidos, resolver sus principales problemas y prosperar los aspectos más importantes de la sociedad nacional (como lo son educación, salud, empleo y seguridad), estaría legitimándose y convirtiéndose en el principal soporte de la gente, y consecuencialmente en un referente importante que desplazaría a aquellos sectores que se consideran auténticos representantes del sector popular. En una palabra, le quitaría el discurso a los sectores de la izquierda -que aún no logran una unificación en fines, propósitos y acción-, como también al Partido Revolucionario Democrático, tenido por algunos como el depositario del sentimiento popular.

Lo importante de todo es que estamos ante un gobierno empresarial, reconocido por propios y extraños, que se ha planteado la reivindicación popular.

Lo difícil está –para muchos sectores– en el hecho de que los ricos en este país han asumido el poder y –con el mismo– están en la dirección de seguir consolidándose. No obstante, si se trata de los beneficios a la población, el dilema estaría planteado, no en quién gobierna, sino para quién gobierna.

El temor –no cabe duda– no lo experimenta la población que hoy tiene fincadas sus esperanzas en un mañana al que aspira que le sea mejor. El peligro lo advierten los que han jugado con las necesidades de la población para enriquecerse, los que han elaborado permanentemente discursos falaces, los que hacen elucubraciones estériles en nombre del pueblo, y los que llamándose sus auténticos representantes, se debaten entre un ser o no ser.

Si hoy comienzan a sentarse las bases de un populismo, habría que detenerse con seriedad a reflexionar sobre lo que acontece, pero lo que sí queda claro es que la gente no entiende de conceptualizaciones, sino de respuestas a sus problemas inmediatos.

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Publicado el  13 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

Augurios para la cinta costera

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Augurios para la cinta costera
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Álvaro González Clare
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La cinta costera es una gran obra muy bien construida, pero diseñada con un pésimo concepto que solo resuelve parcialmente algunos de los problemas críticos del momento en la ciudad, dejando sin solución efectiva los espacios abiertos, la circulación peatonal, la vialidad ideal, los estacionamientos que hacen falta en el sector y sobre todo la recuperación de una ciudad abierta al mar. Como resultado de esto, es fácil hacer algunas predicciones de la evolución de esta obra a corto plazo.

Voy hacer una reseña de lo que pronto será la cinta costera: Además de los múltiples megapuentes vehiculares y las largas rampas enroscadas que exclusivamente sirven a la “nueva vialidad”, se construirán un montón de nuevos puentes peatonales muy similares a los que pululan en nuestras avenidas, para que los peatones crucen desde la Avenida Balboa a los parques, degradando el escenario y obstruyendo más la vista de la bahía, derecho por el cual tanto luchamos los ciudadanos de esta capital. La Contraloría de la República y el Hospital del Niño construirán igualmente sendos puentes peatonales para tener acceso a los estacionamientos que instalarán en los parques, para mejorar su falta de espacio de estacionamientos y “modernizar sus instalaciones”.

Como el Municipio de Panamá no tiene presupuesto para mantener las instalaciones deportivas, baños, parques y áreas verdes de la cinta, darán en concesión a todo lo largo de la vía la instalación de enormes letreros luminosos unipolares, además de muchos otros letreros dentro de los parques y frente a los barandales de los puentes peatonales para generar los ingresos requeridos. Como este ingreso no será suficiente, procederán a instalar en los estacionamientos de los parques tragamonedas para cobrar por su uso y harán concesiones para la construcción de estacionamientos privados de los megaedificios ubicados a lo largo de la Avenida Balboa. Además, muy consistente con su práctica populista, el municipio permitirá las ventas de las ferias libres del Mida y que los desempleados instalen quioscos y carretillas para el expendio de comidas y refrescos en las veredas, estacionamientos y al lado de las pistas de juego.

Debajo de los puentes, protegidos por la sombra, se concesionarán cafetines improvisados para el gozo de los ciudadanos a quienes la muralla de edificios a lo largo de la ciudad les negó el derecho de ver el mar y los lugares más recónditos de los puentes, obviamente, servirán para “hospedaje” de los piedreros.

Durante la noche, la “nueva vialidad” diseñada para el tránsito rápido se transformará en una pista de carreras para que compitan los chiquillos en carros preparados, convirtiéndola en trampa de muerte; y durante el día será el sitio de mayor incidencia en atropellos en la república.

Los faroles de las veredas, que sobrevivan al robo de los piedreros, permanecerán apagados para ahorrar energía. Los árboles nativos se irán secando, al igual que la grama que no es apta para crecer con agua salada. Las calles, veredas y ciclovías se llenarán de botellas y cajetas de comida rápida que los ciudadanos botarán a su antojo. Los buses harán paradas para descargar y recoger pasajeros donde les venga en gana, como lo hacen en los corredores Norte y Sur.

Estoy seguro de no quedarme corto en las predicciones de la magna obra de la administración Torrijos, porque puedo reconocer los errores conceptuales del diseño. Eximo de este error a la empresa Odebrecht que ejecutó el proyecto respondiendo puntualmente al concepto especificado en el pliego de cargos. El ministro de Obras Públicas y su equipo técnico fueron advertidos por varios grupos ciudadanos, sobre todo, de los requisitos que debería incluir el proyecto para integrar en una solución todas las necesidades viales, sociales, recreativas y de servicio necesarias para el buen funcionamiento y mantenimiento de la obra. Puntualmente se les indicó que el costo de mantenimiento óptimo de la vialidad, parques y veredas sería de un balboa por metro cuadrado, basado en la información que nos suministró en su momento el administrador de la cinta costera de Guayaquil.

De igual forma, se les advirtió que la vocación natural de los parques generará actividades comerciales periféricas, tales como comer, comprar souvenirs, hacer reuniones de grupos para conversar y jugar dominó. Se les indicó que los grandes edificios que están construidos, y se seguirán construyendo en la Avenida Balboa, no tienen capacidad suficiente para albergar los estacionamientos que requieren, consecuentemente, los vehículos se estacionarán al otro lado de la avenida, obligando a los peatones a cruzar una vía de seis carriles transitada a 60 Km por hora. También les advertimos que la “nueva vialidad” no tenía que ser de alta velocidad, porque el largo de la carretera es solo de 3.3 Kms, lo que se recorre en tres minutos a la velocidad propuesta y que lo importante del viaje es el tiempo para apreciar el escenario y eliminar las carreras de carros.

Se pidió que consideraran el aumento del nivel del mar, la retención del agua en las calles de Calidonia, Bella Vista, Vista Hermosa y Marbella, cuando coincidan las lluvias con la marea alta; la reubicación del monumento de Balboa; soterrar los tendidos de alta tensión en la Avenida Balboa; la creación de una peatonal en la Avenida Ecuador; la integración del Parque Urracá, y la entrada al Casco Antiguo, etc.

No descarto la posibilidad de que podamos hacer las correcciones para enmendar todos los errores. Aun es posible revertir problemas y solucionar las omisiones. Si no lo hacemos, perderemos la oportunidad de oro para liberar a la ciudad de Panamá de su mediocridad histórica.

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Publicado el  11 de julio de 2009 en el diario La Prensa; a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.

Consulados, prueba de ácido

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Consulados, prueba de ácido

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Franklin Castrellón
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Uno de los problemas seculares de Panamá ha sido la endémica corrupción en consulados privativos de marina mercante, llamados así por estar dedicados casi exclusivamente a atender negocios relacionados con el registro panameño de naves. Problema que no ha querido resolver ninguno de los gobiernos que se han sucedido en el poder.

El problema fundamental está referido a la discrecionalidad que tienen los cónsules de marina mercante para realizar cobros por tasas de registro, certificaciones técnicas y otros servicios. Como funciona en la actualidad con base en el Decreto de Gabinete No. 75 del 1 de julio de 1990, aparte de su salario, los cónsules reciben el 8% de los recaudos hasta la suma de $20 mil; 9% hasta los $50 mil y 10% hasta los $100 mil mensuales.

El volumen de negocios que generan consulados como los de Tokio, Kobe, Manila, Singapur, Londres, Nueva York, Hong Kong, Rotterdam y Pireos, solo para citar los más importantes, es tal que los ingresos de algunos cónsules exceden los $20 mil mensuales, más del doble del salario presidencial.

En artículo sobre el tema publicado en La Prensa por Betty Brannan Jaén el 17 de septiembre de 2004, la periodista cita un estudio sobre los consulados panameños, escrito por la diplomática Luz Lescure, a la postre directora de la Academia Diplomática. Al referirse a los “incentivos” (comisiones), la autora afirma que en la práctica ello “lo que ha producido en la mayoría de los casos es una rebatiña de clientes tal que nuestros consulados parecen tiendas de víveres a la usanza medieval, en donde sus ‘dueños’ son capaces de cualquier acto, pulcro o vil, para capturar a un cliente”.

La apetencia por algunos consulados es tal que políticos y donantes se han convertido en dueños feudales de ciertos consulados, y algunos padrinos de esos cónsules “cobran porcentajes por nombramientos y recaudos”. Emulando una de las frases emblemáticas de campaña del hoy presidente Ricardo Martinelli, “al servicio consular muchos entraron limpios y salieron millonarios”.

Meses antes de que Brannan Jaén expusiera el problema de los consulados, el entonces candidato a la Presidencia Martín Torrijos prometía erradicar esa fuente de corrupción y convertir a los consulados “en un vehículo para promover inversiones, no un privilegio para que unos pocos se hagan millonarios” (La Prensa, 16/01/04).

Lamentablemente, al concluir el gobierno de Torrijos, lejos de haberse resuelto, el problema de los consulados sigue igual o peor que antes. Quizás estimulado por la promesa del ex presidente, en diciembre de 2004 el diputado José Luis Fábrega propuso un proyecto de ley para establecer una tasa fija de salarios para los cónsules, pero no tuvo el respaldo esperado. Como testimonio al incumplimiento de la promesa electoral, los medios han recogido denuncias de corrupción en varios consulados, que van desde cobros con recibos no oficiales, ingresos no reportados y el pago por el consulado de gastos personales, hasta el reporte fraudulento de la tasa de cambio.

Lejos de atacar el problema, el pasado gobierno, cediendo a presiones de algunos cónsules y políticos, dilató la implementación del programa de automatización, que habría evitado que los dineros pagados por armadores y gente de mar pasaran por las manos de los cónsules. De acuerdo al contrato suscrito con la firma española Indra, el sistema automatizado debió estar en operación en 2007. Sin embargo, todavía no se ha implementado. En cambio, el registro de Nevis, insignificante al lado del de Panamá, implantó la automatización en solo seis meses.

La presidencia de Martinelli ha levantado grandes expectativas, entre ellas la de resolver este grave problema. La solución es muy simple. Debe completar la automatización, eliminando la participación de los cónsules en los recaudos, profesionalizar el servicio consular y dotarlo de personal técnico bilingüe con estabilidad. La diferencia en costos por región se podría compensar mediante un ajuste por “costo real” (actual expense allowance), similar al que aplican los países desarrollados. Cumplida esta necesaria tarea, el Estado podría dedicar los millones que antes se repartían los cónsules para combatir la pobreza.

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Publicado el  8 de julio de 2009 en el diario La Prensa;  a quien, al igual que al autor, les damos todo el crédito que les corresponde.