Panamá y Washington

La opinión de…

Ricardo Eskildsen M.

Washington D.C, la ciudad más importante en nuestra era contemporánea, lo es no solo por las oportunidades diplomáticas, sino por la oferta y ventajas comerciales que se pueden lograr del Congreso.

Los acontecimientos de la semana del 11 al 14 de diciembre, en la que se confirmó la intempestiva visita del presidente Ricardo Martinelli a esa ciudad, pasarán a la historia como fecha importante, no solo por haberse confirmado el interés de consolidar, en una voz presidencial, los temas comerciales con esa nación, sino por la renuncia de quien fuera el colaborador más importante en Washington del presidente Martinelli, el ex embajador Jaime Alemán.

La nueva relación con Estados Unidos, que se inició desde el año 2000, ha quedado centralizada –más que en temas de seguridad– en el tratado de libre comercio (TLC).

Este último proyecto lleva más de siete años sin completarse. Sobre este tema, recordamos a los cuatro candidatos a la Presidencia de Panamá que, en septiembre de 2003, asistieron al primer debate público sobre el TLC, organizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá (UPSA), en el Hotel Sheraton; logro que se anunció a la nación. Martín Torrijos, Ricardo Martinelli, José Miguel Alemán y Guillermo Endara G. (q.e.p.d.) confirmaron que –de ser elegidos– se esforzarían en continuar y terminar las rondas de negociación, cuanto antes.

Las primeras rondas de negociación del TLC ya las había iniciado el ministro de Comercio Joaquín Jácome, en Panamá, con el apoyo del embajador panameño en Washington, Roberto Alfaro. Todo ello bajo la política exterior trazada por el gobierno de la presidenta saliente Mireya Moscoso.

En aquellos tiempos, el Gobierno de Panamá buscaba definir el rumbo a seguir y se concluyó que equipararse a las ventajas comerciales logradas por el bloque de Centroamérica era la mejor vía, pero que el TLC entre Panamá y EU debía ser bilateral. La cruda realidad de la época señalaba que el presidente Bill Clinton había desestimado el Alca o la integración comercial de América Latina –fijada para 2005– por las acciones proteccionistas adoptadas por los países del Cono Sur… Las rondas de negociación emprendidas por el gobierno de Moscoso, en 2003, concluyeron con el apoyo brindado por el ministro de Comercio e Industrias, Alejando Ferrer, y el presidente Martín Torrijos, en 2007. Y la Asamblea ratifica el tratado con 58 votos a favor.

Transcurridos tres años, por razones harto conocidas, sin lograr la ratificación del tratado en EU, el gobierno del presidente Martinelli decide, responsablemente, avanzar. Y al conocerse recientemente el éxito de la visita a comienzos de diciembre del presidente Lee Myung-bak, de Corea del Sur, retoma con ímpetu el tema… Y coordina su visita, proyectada a aprovechar los resultados de las elecciones del Congreso en EU el 3 de noviembre, en las que la mayoría de la Cámara Baja del Congreso queda en manos del Partido Republicano.

El detonante, ante los recientes acontecimientos en Washington, fue el Panama Week. Este evento, ya histórico, fue planeado meses atrás y celebrado entre el 18 y 19 de noviembre. El grupo empresarial, integrado por varios gremios, bajo el paraguas de UPSA –hoy liderado por el ex embajador Roberto Alfaro y su directiva, y por el ex embajador Juan B. Sosa y su directiva en Washington– proyectó la visita de este año con base en los esperados resultados de las elecciones en EU.

De allí que la visita al congresista Kevin Bradley, republicano y presidente de la comisión de Ways and Means Committee, se concretó el 18 de noviembre. En dicha visita se conoció la inminente ratificación del hoy denominado Tratado de Protección Comercial, antes de julio de 2011. Participaron en dicha reunión en el Congreso, el ministro de Comercio Roberto Henríquez y sus dos viceministros, José Domingo Arias y Francisco Álvarez de Soto, al igual que el ex embajador Jaime Alemán, y nos acompañó el ex congresista Jerry Walash, también, del Partido Republicano.

La versión que se conoció el 19 de noviembre de la firma, el 30 de ese mismo mes, del Tratado de Intercambio de Información Tributaria con EU, tendiente a eliminar a Panamá de la lista gris del grupo de la OCDE, tuvo un impacto favorable posterior en la semana, cuando se conoció el texto. Varios congresistas indicaron que los medios en Estados Unidos, al comentar la discusión en el Congreso para la ratificación del TPC, durante el primer semestre de 2011, no serán tan críticos con Panamá, al conocer de la firma del Tratado de Intercambio de Información Fiscal.

Por otro lado, llenar la vacante y seleccionar a un nuevo embajador en Washington que ofrezca lealtad al Presidente, no es tarea fácil. Sin embargo, ya escuchamos los comentarios de un profesional probado en el dominio de la idiosincrasia y la cultura de EU, que estudió en el Incae con el Presidente la maestría de administración de empresas; que obtuvo su título empresarial en Louisiana State University y fue presidente de la Apede.

Estas son características que garantizan el éxito en Washington. No solo el embajador debe apoyar a los cabilderos seleccionados y lograr dicha ratificación, sino entender las oportunidades comerciales que generará el tratado y ofrecer a la generación de panameños presentes, las oportunidades del mismo.

Y si sumamos el hecho de que el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, cuando joven trabajó con el congresista John Boehner, hoy electo speaker de la Cámara Baja, esto ayuda a lograr la ratificación del tratado en EU. Sin embargo, las circunstancias de ayer no son las de hoy. Pero con un embajador dinámico, de pensamiento empresarial y conocedor de las oportunidades, mucho es lo que ganará Panamá.

*

<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Panamá y Washington

La opinión de…

 

Ricardo Eskildsen M.

Washington D.C, la ciudad más importante en nuestra era contemporánea, lo es no solo por las oportunidades diplomáticas, sino por la oferta y ventajas comerciales que se pueden lograr del Congreso.

Los acontecimientos de la semana del 11 al 14 de diciembre, en la que se confirmó la intempestiva visita del presidente Ricardo Martinelli a esa ciudad, pasarán a la historia como fecha importante, no solo por haberse confirmado el interés de consolidar, en una voz presidencial, los temas comerciales con esa nación, sino por la renuncia de quien fuera el colaborador más importante en Washington del presidente Martinelli, el ex embajador Jaime Alemán.

La nueva relación con Estados Unidos, que se inició desde el año 2000, ha quedado centralizada –más que en temas de seguridad– en el tratado de libre comercio (TLC).

Este último proyecto lleva más de siete años sin completarse. Sobre este tema, recordamos a los cuatro candidatos a la Presidencia de Panamá que, en septiembre de 2003, asistieron al primer debate público sobre el TLC, organizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá (UPSA), en el Hotel Sheraton; logro que se anunció a la nación. Martín Torrijos, Ricardo Martinelli, José Miguel Alemán y Guillermo Endara G. (q.e.p.d.) confirmaron que –de ser elegidos– se esforzarían en continuar y terminar las rondas de negociación, cuanto antes.

Las primeras rondas de negociación del TLC ya las había iniciado el ministro de Comercio Joaquín Jácome, en Panamá, con el apoyo del embajador panameño en Washington, Roberto Alfaro. Todo ello bajo la política exterior trazada por el gobierno de la presidenta saliente Mireya Moscoso.

En aquellos tiempos, el Gobierno de Panamá buscaba definir el rumbo a seguir y se concluyó que equipararse a las ventajas comerciales logradas por el bloque de Centroamérica era la mejor vía, pero que el TLC entre Panamá y EU debía ser bilateral. La cruda realidad de la época señalaba que el presidente Bill Clinton había desestimado el Alca o la integración comercial de América Latina –fijada para 2005– por las acciones proteccionistas adoptadas por los países del Cono Sur… Las rondas de negociación emprendidas por el gobierno de Moscoso, en 2003, concluyeron con el apoyo brindado por el ministro de Comercio e Industrias, Alejando Ferrer, y el presidente Martín Torrijos, en 2007. Y la Asamblea ratifica el tratado con 58 votos a favor.

Transcurridos tres años, por razones harto conocidas, sin lograr la ratificación del tratado en EU, el gobierno del presidente Martinelli decide, responsablemente, avanzar. Y al conocerse recientemente el éxito de la visita a comienzos de diciembre del presidente Lee Myung-bak, de Corea del Sur, retoma con ímpetu el tema… Y coordina su visita, proyectada a aprovechar los resultados de las elecciones del Congreso en EU el 3 de noviembre, en las que la mayoría de la Cámara Baja del Congreso queda en manos del Partido Republicano.

El detonante, ante los recientes acontecimientos en Washington, fue el Panama Week. Este evento, ya histórico, fue planeado meses atrás y celebrado entre el 18 y 19 de noviembre. El grupo empresarial, integrado por varios gremios, bajo el paraguas de UPSA –hoy liderado por el ex embajador Roberto Alfaro y su directiva, y por el ex embajador Juan B. Sosa y su directiva en Washington– proyectó la visita de este año con base en los esperados resultados de las elecciones en EU.

De allí que la visita al congresista Kevin Bradley, republicano y presidente de la comisión de Ways and Means Committee, se concretó el 18 de noviembre. En dicha visita se conoció la inminente ratificación del hoy denominado Tratado de Protección Comercial, antes de julio de 2011. Participaron en dicha reunión en el Congreso, el ministro de Comercio Roberto Henríquez y sus dos viceministros, José Domingo Arias y Francisco Álvarez de Soto, al igual que el ex embajador Jaime Alemán, y nos acompañó el ex congresista Jerry Walash, también, del Partido Republicano.

La versión que se conoció el 19 de noviembre de la firma, el 30 de ese mismo mes, del Tratado de Intercambio de Información Tributaria con EU, tendiente a eliminar a Panamá de la lista gris del grupo de la OCDE, tuvo un impacto favorable posterior en la semana, cuando se conoció el texto. Varios congresistas indicaron que los medios en Estados Unidos, al comentar la discusión en el Congreso para la ratificación del TPC, durante el primer semestre de 2011, no serán tan críticos con Panamá, al conocer de la firma del Tratado de Intercambio de Información Fiscal.

Por otro lado, llenar la vacante y seleccionar a un nuevo embajador en Washington que ofrezca lealtad al Presidente, no es tarea fácil. Sin embargo, ya escuchamos los comentarios de un profesional probado en el dominio de la idiosincrasia y la cultura de EU, que estudió en el Incae con el Presidente la maestría de administración de empresas; que obtuvo su título empresarial en Louisiana State University y fue presidente de la Apede.

Estas son características que garantizan el éxito en Washington. No solo el embajador debe apoyar a los cabilderos seleccionados y lograr dicha ratificación, sino entender las oportunidades comerciales que generará el tratado y ofrecer a la generación de panameños presentes, las oportunidades del mismo.

Y si sumamos el hecho de que el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, cuando joven trabajó con el congresista John Boehner, hoy electo speaker de la Cámara Baja, esto ayuda a lograr la ratificación del tratado en EU. Sin embargo, las circunstancias de ayer no son las de hoy. Pero con un embajador dinámico, de pensamiento empresarial y conocedor de las oportunidades, mucho es lo que ganará Panamá.

 

<>
Este artículo se publicó el1 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Coordinadora de ex trabajadores portuarios solicitan a Obama no firmar T.L.C con Panamá

La opinión del Periodista….

ANTONIO GRAELL FLORES
agraell@hotmail.com

Ante la negativa del administrador de la Autoridad Marítima de Panamá, Roberto Linares, de instruir a Panamá Ports Company para el pago a los extrabajadores portuarios por los daños y perjuicios ocasionados tras el perverso programa de privatización de los puertos de Balboa, Cristóbal y Oficina Central en 1996, la Coordinadora de los extrabajadores de dichos puertos, han solicitado formalmente al Gobierno de los Estados Unidos a través de la Embajadora de esa nación norteña, Phylis Powers, que interceda ante el presidente Barak Obama, los Senadores y los Congresistas para que NO FIRMEN el Tratado de Libre Comercio con Panamá, hasta que los propietarios de Panamá Ports Company: Li Ka Chin, Víctor Li, John Meredith –representada por la firma de abogados Morgan & Morgan– cancelen todos los daños y perjuicios.

Cabe destacar que luego de 14 años de largas y extensas jornadas de lucha incesante, los extrabajadores portuarios lograron el pasado 23 de septiembre que el Gobierno de Ricardo Martinelli les abonara 20 millones de balboas de 40 millones que debia pagar el Estado.

Como quiera que el Estado panameño es solidario con la empresa Panamá Ports, le corresponde en esta ocasión al Estado instruir por medio de la Autoridad Marítima de Panamá (A.M.P.), a Panamá Ports a cancelar los daños y perjuicios causados a los extrabajadores portuarios.

La petición de la Coordinadora tiene su fundamento, entre tantas otras normas jurídicas, en el hecho que el Artículo 255 de la Constitución Nacional señala de modo imperativo que los puertos son del Estado panameño y de aprovechamiento libre y común, por lo tanto no pueden ser objeto de apropiación privada.

En este sentido, la Coordinadora ya le ha enviado dos escritos a Roberto Linares, Administrador de la A.M.P., a fin que instruya a la Sociedad Panamá Ports Co. S.A., de manera que se les honre a los extrabajadores portuarios sus justas reclamaciones.

Pero tal parece que en nuestra tierra istmeña las leyes favorecen a los ricos y no existe justicia para los pobres.

Lamentablemente, los extrabajadores portuarios son parte de ese conjunto de pobres, hombres y mujeres maltratados por la justicia panameña, pero sobre todo por la Sociedad Panamá Ports Co. S.A.

 

*

<> Este artículo se publicó el  2  de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Intriga en Washington

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. –La visita sorpresiva del presidente Ricardo Martinelli a Washington esta semana y la igualmente sorpresiva renuncia del embajador Jaime Alemán han dado lugar a toda clase de especulaciones, incluso algunas que me parecieron risibles.

El propio Alemán sostiene que la renuncia fue por “razones personales y profesionales”,   pero no hay duda de que en verdad hubo alguna intriga de palacio de por medio. Evidencia de ello: que Alemán no acompañó a Martinelli a sus citas el jueves y que el Panamá América del viernes informó en primera plana que Alemán fue destituido (citando una fuente anónima en Washington que parecía oficial).

Encuentro increíble esa noticia del Panamá América.   No por primera vez diré que Alemán y su esposa Pilar han sido unos embajadores incomparables, absolutamente tops en cuanto a inteligencia, charm, y dinamismo.   Mi buzón de correos electrónicos confirma a diario que ellos han llevado un ritmo incansable de trabajo, especialmente, porque decidieron no utilizar cabilderos a sueldo, sino ser ellos mismos los cabilderos por Panamá.

Creo que esa decisión fue correcta, no solamente porque así le ahorraron millones al país, sino también porque ningún cabildero “comprado” pudo haberlo hecho con la elegancia y credibilidad que mostraron ellos. Alemán reveló ser un máster de networking y desplegó tremenda visión estratégica sobre cómo ir creando la red de apoyo que necesitaría para diversos temas, cuando llegara el momento.

Pues el tema primordial es la ratificación del tratado de promoción comercial (TPC) y el momento es ahora. Resulta que la Casa Blanca desea proceder con la ratificación solamente del recién renegociado tratado con Corea, dejando atrás los acuerdos también pendientes con Panamá y Colombia (después de años de estancamiento).   Mucho se dice que el acuerdo con Panamá es el menos controversial de los tres y que los votos en el Congreso “están allí”, pero el TPC no podrá ratificarse si el presidente Barack Obama no lo envía al Congreso.

Del lado liberal es un dilema político para Obama, porque su base demócrata se opone a los tratados de libre comercio. Del lado conservador mi información es que los republicanos, liderados por el nuevo presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, están insistiendo en que Obama envíe los tres tratados juntos al Congreso.

Uno ve, por lo tanto, que estamos primero en un momento crítico de persuadir políticamente a Obama de que haga lo correcto por Panamá; y si eso se logra, enseguida entraríamos en otro momento crítico de persuadir políticamente al Congreso de que ratifique el acuerdo panameño. Y en esa etapa de batalla en el Congreso, los tres países entrarían en una dura pugna de “sálvese quien pueda”, compitiendo por la ratificación de su acuerdo. Peor aún, la ventana política para todo eso solo estará abierta en los primeros meses del año entrante, porque después viene el inicio de la campaña presidencial de 2012, que hundirá toda posibilidad de proceder con temas difíciles.

En otras palabras, este no es el momento de cambiar embajadores, menos aún de remplazar a uno que ha hecho una labor tan excepcional. Tengo información de que sí es cierto que los norteamericanos ven con inquietud ciertas acciones del gobierno de Martinelli (especialmente con relación a justicia y libertades ciudadanas), por lo que Alemán ha tenido que manejarse con delicadeza. Como creo que su retiro de Washington es una gran pérdida para el país, lo óptimo sería que él reconsidere.

Cerraré con una crítica severa de que Martinelli insista en viajar al exterior sin periodistas que fiscalicen su actuación. Siguiendo el modelo martinista, lamentablemente, la Presidencia arma en secreto sus viajes, esconde los detalles exactos de su agenda, hace imposible que periodistas independientes puedan acompañarlo, y luego emite unos comunicados auto-elogiosos que son más propaganda que información. Eso no es transparencia, no es el actuar de un presidente democrático, y no es aceptable.

*

<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La espiral de la historia y otras minas

La opinión de…

.

Pedro Luis Prados S.

Un desaparecido político nuestro dijo en una ocasión: “la historia se repite en espiral”, no sé si previendo un tercer golpe de Estado o porque leyó algún texto de Nietzsche, anunciando el eterno retorno.

Aunque no soy de los que creen en la repetición de los ciclos históricos, por lo atroz que sería revivir algunos de ellos, no deja de asombrarme la similitud de hechos, personajes y consecuencias de algunos eventos que reiteran ominosas experiencias pasadas.

El pasado 14 de mayo se firmó, en la ciudad de Ottawa, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Panamá y Canadá, que se venía fraguando con el gobierno anterior desde octubre de 2008 y suspendido por las vicisitudes electorales, pero que fue retomado de inmediato por el nuevo gobierno que cerró negociaciones durante la visita de Stephen Harper, primer ministro canadiense, el pasado 11 de mayo.   Finalmente, el tratado fue suscrito por los ministros de Comercio de ambos países.

Una de las cosas más inquietantes en la firma de la negociación son las declaraciones del ministro de Comercio canadiense Peter Van Loan, quien señaló: “Algunos de los elementos de protección de las inversiones extranjeras [en el tratado] ayudarán a proyectos mineros”.   El ministro canadiense explicó que esos proyectos podrían generar pedidos de equipos mineros y que el TLC permitirá a las empresas canadienses competir con Estados Unidos en un mercado que ha sido tradicionalmente suyo.

Por su parte, su homólogo panameño Roberto Henríquez dijo que la llegada “de inversión canadiense a Panamá con seguridad va a crecer de manera explosiva”, principalmente ahora que el país “ha decidido desarrollar una política seria en el sector de la minería, ya que Canadá es el minero del mundo”.

Reitero lo de inquietante, porque no está clara la naturaleza ni la ubicación de esas concesiones mineras, las áreas de afectación, la tecnología a utilizar ni el impacto en el precario ecosistema de un país tan pequeño y limitados recursos como el nuestro.

Sabemos, no por información gubernamental, sino por un programa del Grupo Albatros, entidad con respaldo internacional y muy seria en sus investigaciones, que en Panamá hay por el momento 109 solicitudes de explotación minera que alterarían 2 millones 400 mil hectáreas; que se han aprobado hasta el momento nueve de ellas con una afectación de 154 mil hectáreas y que las mismas abarcan el Corredor Biológico Mesoamericano, zona de frágil equilibrio ecológico, al igual que zonas importantes de la región montañosa del Darién, de igual riqueza ambiental.

El rechazo a la minería en otros países del continente debe mantenernos muy alertas sobre su instalación en el país. La experiencia de La Alumbrera, en Argentina, puso a las comunidades en contra de las concesiones a las canadienses Meridian Co. y Río Tinto, S.A.; en Arequipa, Perú; Baja California, México, Esmeralda, Ecuador y, más recientemente, en Santa Cruz Quiché en Guatemala, las comunidades han rechazado con movimientos y consultas populares las minas en sus territorios.

Empresas mineras y petroleras han sido demandadas en los tribunales de Estados Unidos y otros países por la violación a los derechos humanos. Tal es el caso de Chevron en Ecuador, Nigeria y Burma; Río Tinto en Papúa Nueva Guinea; Shell en Nigeria; Freeport McMoran en Indonesia; Drummond Coal en Colombia y Exxon Mobil en Indonesia.

Las empresas extractivas contribuyen directa o indirectamente a la violación de los derechos humanos, cuando no generan, conjuntamente con los gobiernos, procesos de consultas adecuados en las comunidades, las desalojan de las tierras reclamadas por las empresas y contaminan los recursos de las comunidades, como son el agua y la tierra, de los que dependen para su vida.

Ahora que el señor Ricardo Martinelli ha sometido a debate un proyecto de ley que garantiza la consulta popular en las decisiones importantes del Gobierno, sería oportuno que encabece su agenda con una consulta a las comunidades en peligro de afectación, para determinar si estas quieren o no los proyectos.   De lo contrario, ese tratado sería una imposición que pasaría de forma expedita en una Asamblea Nacional que, sabemos, toma decisiones unánimes, como otro que ya solo la perversión de la memoria se empeña en recordar en un cíclico retorno y que padecimos casi un siglo.

La espiral de la historia me trae a la memoria una anécdota de triste recordación para el pueblo boliviano sobre el dictador Mariano Melgarejo (1864-1871), según la cual él, deslumbrado por un magnífico caballo blanco obsequiado por el emperador Pedro I del Brasil, tomó una pata del equino, la colocó sobre un mapa de Bolivia y regaló en reciprocidad el área marcada por el casco del animal y, con ello, la región de Acre, de 150 mil km2, un rico yacimiento de gas y carbón mineral, parte de la Amazonia brasileña.

Con la misma celeridad cedió regiones del altiplano a las mineras inglesas, desalojando a sangre y fuego a miles de comunidades indígenas.   Sin embargo, como ahora le toca al pueblo y esto no ocurrirá, puedo seguir leyendo mi periódico al revés, como lo hacía el sátrapa del altiplano –que no sabía leer– y responder a quien me haga ver el error como aquel inoportuno soldado del palacio:  ¡Carajo, el que sabe leer, lee!

<>

Artículo publicado el 2  de junio de 2010  en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Porqué un TLC con Canadá

La opinión del Embajador de Panamá en Canadá…..

.

Francisco Carlo Escobar Pedreschi

El inevitable movimiento y evolución de la economía internacional exige cada día más la búsqueda de nuevos mercados y nichos de intercambio comercial sobre todo entre economías estables y democracias sólidas.

Uno de los objetivos que me tracé desde mi designación como Embajador de Panamá en Canadá, fue el de procurar la culminación y lograr la ratificación del Acuerdo de Libre Comercio.

Desde mi llegada a este país, pude palpar la pujanza de una nación primermundista con una economía diversificada y sólida, y que podía servir de claro ejemplo para los productores e inversionistas de mi país.

El acceso a un mercado amplio y sobre todo con mucho poder adquisitivo se muestra favorable para nosotros, además de las ventajas que genera el intercambio, el cual nos dará más acceso a productos de calidad y con mejores precios.

Como valor agregado de esta ejecución tendremos todo el contacto y acercamiento tecnológico, además del conocimiento, el cual nos permitirá copiarlo para beneficios de nuestro productores en Panamá.

Canadá ha demostrado toda la madurez y profesionalismo en estas áreas de intercambio comercial, como por ejemplo entre sus socios más cercanos e importantes a través del NAFTA con los Estados Unidos y México, lo cual no da lugar a dudas de las ventajas que puede traer este Tratado de Libre Comercio con uno de los integrantes más importantes del G-8, y de gran influencia mundial.

A nuestros productores apelo, a su coraje me remito, la situación está próxima a darse, estamos llamados a asumir el reto de seguir demostrando que estamos dispuestos a continuar incursionando en nuevos mercados, con productos de toda índole, desde los tradicionales hasta los no tradicionales.

La aprobación de este Acuerdo nos dará la ventaja siendo uno de los primeros países del área en expandir nuestra producción a este gran mercado.

Solo nos resta no desmayar, y asumir el gran reto que los nuevos tiempos nos imponen, el mundo nos abre las puertas al mercado de libre oferta y demanda, solo de nuestra parte queda como salir airosos y conformes con este nuevo compromiso, entonces asumámoslo.

<>

Este artículo se publicó el  16  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Visitas, transparencia y consensos

La opinión del Abogado y Político Independiente…..


Juan Manuel Castulovich

Conspicuos y muy altos personajes de los Departamentos de Estado y de Defensa de los Estados Unidos nos “han honrado” con sus recientes visitas.   La última, la de los señores Arturo Valenzuela, Secretario Adjunto para Asuntos Interamericanos, quien se hizo acompañar de John Maisto, de larga vinculación y con muchos “contactos” en nuestro país.

Habrá, desde luego, información dosificada y maquillada sobre lo tratado que, para la exportación, fue “examinar temas de seguridad y aspectos relacionados con la lucha contra el narcotráfico”. Algo de eso hubo, pero mucho más que no nos contarán.

Es por demás llamativo que no bien levantaron vuelo “los distinguidos visitantes”, medios de información costarricenses dieron cuenta de “ciertos roces” entre los norteamericanos y el gobierno Martinelli, debidos a insatisfacciones, privadamente expresadas por aquellos, sobre la independencia del Ministerio Público y el Órgano Judicial y los pocos resultados en los temas seguridad y la lucha contra el narcotráfico.

En la administración norteamericana, no es un secreto para nadie, existen importantes e influyentes funcionarios con agendas específicas que determinan el diseño de las políticas y las acciones de su gobierno hacia nuestros países, sin que importe mucho si gobiernan republicanos o demócratas.

Panamá, por el canal y por nuestra posición geográfica sigue siendo “punto aparte” en el ajedrez de la política norteamericana para América Latina. Y como no somos uno de “los grandes”, nuestra capacidad de resistir “las sanas y amistosas sugerencias” de “nuestros tutores” es, por consiguiente, limitada. Eso lo sabemos desde el nacimiento mismo de la república. La larga y también cruenta lucha que sostuvimos por casi un siglo para librarnos del enclave colonial es el mejor referente.

Lo grave de la situación presente es que parece que hemos olvidado las lecciones de la historia.   La causa del Canal triunfó porque en ella se involucró toda la nación. Los gobiernos y las sucesivas generaciones, cada uno en su momento, hizo su aporte. No apartarse del guión fue fundamental.

Una de fallas de la administración Martinelli es su cada vez más marcada tendencia a desconocer la importancia de los otros actores de la vida nacional. Y por sus aciertos, así como de sus errores, responderá políticamente en su momento, cuando al pueblo le toque volver a votar.  Pero hay temas, como la política exterior, o el de las relaciones con los Estados Unidos, en el que no debe haber margen para errores.

Poco o nada sabemos el resto de los panameños sobre la verdadera situación del Tratado de Libre Comercio.   Poco o nada sabemos sobre los acuerdos que seguramente existen para nuestra participación como país en el “nuevo diseño de seguridad” que impulsa el gobierno norteamericano. Poco o nada sabemos sobre “las condiciones que se nos demandan”, por ejemplo, en materia laboral, para merecer “la buena disposición” de la administración Obama hacia nuestras pretensiones comerciales o para que se nos mantenga el “llamado grado de inversión”.

Saludable sería, más que para la administración Martinelli, para el país, que nos pertenece a todos, que en temas de tanta importancia se abandone “la política de los secretos” y se la sustituya por la del consenso. En el pasado nos dio buenos resultados. Y siempre ha sido un error ignorar las lecciones de la historia.

<>

Este artículo se publicó el  11  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.