Reflexión sobre vulnerabilidad sísmica

La opinión de…..

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Óscar M. Ramírez

Los sismos en Haití y Chile ponen en evidencia la importancia de la calidad de las construcciones en la magnitud de un desastre.   A diferencia de Haití, Chile ha experimentado varios de los sismos más destructivos de la historia. Por ello, ha desarrollado normas robustas y exigencias rigurosas en el control de calidad de la construcción de sus edificaciones. El bajo nivel de pérdidas de vidas y edificios dañados (menos del 2%) en el reciente sismo de Chile, resaltan la importancia de la buena práctica.

¿Cómo se reduce el riesgo de pérdida de vidas durante un sismo?   Mediante la aplicación estricta de las normativas. El Reglamento Estructural Panameño (REP) es el documento con fuerza de ley que rige la práctica del diseño de nuestras edificaciones.

La primera versión de esta norma fue en el REP–1984, con dos revisiones posteriores en 1994 y 2004. El REP adopta las normas estadounidenses, basadas en una filosofía de diseño que expresa el estado del arte en el diseño sísmico. Según esta filosofía se acepta daño sustancial a la estructura durante sismos severos, sin permitir el colapso. Es decir, se preserva la seguridad a la vida. Este concepto, presume irrevocablemente el cumplimiento riguroso de las normas de construcción, ejecutado/supervisado por profesionales idóneos.

Un parámetro importante para el diseño sísmico es la aceleración máxima probable en el sitio de obra. El REP especifica esta aceleración en el estrato de roca para el diseño en distintas ciudades del país. La misma sería causada por sismos que pueden ocurrir al menos una vez cada 475 años. Los sismos registrados en Panamá en los últimos 40 años no han superado la aceleración de diseño especificada en el REP.

Por ejemplo, el evento más fuerte registrado en ciudad de Panamá ha generado aceleraciones en roca no mayores de 0.05g (porcentaje de la aceleración de la gravedad), mientras que el REP–04 especifica 0.15g. Pero no debemos olvidar que se han registrado sismos de magnitud entre 6 y 8 en la escala de Richter, capaces de producir aceleraciones importantes. Ejemplo: San Blas en 1883, Puerto Armuelles en 1934 y 1979, Bocas del Toro en 1916, y Limón en 1991. Es decir, se pueden esperar sismos fuertes en el futuro.

¿Qué pasa si nos golpea un sismo como el de Chile? El sistema de fallas en el istmo ha demostrado no tener la capacidad de generar terremotos de esa magnitud. Este escenario, aunque posible, es improbable en Panamá. De hecho, en la historia se han presentado pocos sismos en el mundo con magnitud 8 o más. No obstante, toda ciudad es vulnerable en algún grado ante un sismo fuerte, especialmente si la calidad de la construcción no es buena. Además, intervienen muchos otros factores, cuyo impacto debe ser evaluado con cuidado: tipo y tamaño de ruptura en la falla, distancia al epicentro, profundidad, duración del sismo, tipo de suelo en el sitio, edad, flexibilidad, calidad del detallado, entre otros.

¿Cómo responderían nuestros edificios altos? La estadística mundial de edificios altos colapsados o dañados durante eventos sísmicos severos es muy baja. Durante un sismo, el edificio alto oscila lentamente debido a su flexibilidad, acomodando mejor los desplazamientos inducidos por el movimiento en la base. Por otro lado, en la zona más urbana de ciudad de Panamá la roca sana aflora a la superficie (Paitilla), o se encuentra a poca profundidad (Marbella, Punta Pacífica, Obarrio), permitiendo que nuestros edificios se apoyen directamente sobre la roca o a través de pilas empotradas en roca.

No tiene que presentarse un sismo de gran magnitud para provocar amenazas a la seguridad y daños severos. Por ejemplo, el 25 de diciembre de 2003 se presentó un sismo de magnitud 6.5 en la zona de Puerto Armuelles.   Este sismo, no generó aceleraciones importantes si se les compara a las que exige el REP para esa área. Sin embargo, causó daño irreversible a cerca de 300 viviendas y daño sustancial a otras 300. ¿La razón? Mala práctica de construcción. Por otro lado, es necesario prestar mucha atención al detallado de elementos no estructurales, como cielo rasos, sistemas mecánicos y eléctricos, particiones y elementos no estructurales en general. Las pérdidas económicas directas e indirectas por daños a elementos no estructurales han sido sustanciales en los últimos 30 años. Este tipo de daños causa interrupción de operaciones y en muchos casos desalojos temporales después de un sismo fuerte.

Los edificios más antiguos, ubicados en zonas de mayor sismicidad, son los más vulnerables a los efectos de un sismo severo. Además de la baja capacidad mecánica de los materiales, las edificaciones antiguas fueron construidas cuando el conocimiento sobre respuesta sísmica era limitado, y las normativas no incluían los requisitos estrictos de diseño y detallado. Este es el caso de edificaciones hospitalarias, escolares y residenciales, ubicadas en zonas sísmicas activas y construidas antes de 1970. Incluye las edificaciones residenciales de bajo costo, con mala calidad de construcción, ubicadas en zonas de alto riesgo.

El impacto de un sismo en la economía de un país puede ser devastador, y en Panamá podría tener impactos negativos significativos en nuestro desarrollo. Es necesario concentrar esfuerzos en financiar estudios formales que permitan diagnosticar las zonas más vulnerables con el objeto de implementar programas de mitigación, que se puedan ejecutar en periodos razonables de tiempo.

La seguridad absoluta ante un fenómeno natural no existe. El hombre no puede controlar estos eventos, solo le queda coexistir con ellos. La reducción del riesgo durante un movimiento sísmico dependerá principalmente de la calidad de las obras. Es decir, queda en manos del conocimiento, la experiencia, los procesos de control y, especialmente, de la ética de los profesionales idóneos involucrados en las fases de desarrollo de la obra. Esto es lo único que puede hacer la diferencia en los pocos segundos que la edificación queda a merced de un sismo destructivo.

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Este artículo se publicó el  21  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre el mar, ‘tsunamis’ y la cuaresma

La opinión de……

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Adán Castillo Galástica


El terremoto de Haití y, en especial, el de Chile tienen que poner a pensar a los panameños (¿nos atrevemos?) sobre el comportamiento del planeta.   En el caso de Chile el sismo estuvo acompañado de un tsunami que arrasó importantes áreas costeras de aquel país. Muchas comunidades quedaron sin alimento y se esperan repeticiones (¿Estamos preparados?).  No tengo una cuantificación de los daños ocasionados a las pesquerías de aquel país e inexistentes en Haití, pero veamos el ojo propio.

El inicio de la cuaresma nos recordó el ayuno relativo de carnes rojas y el tradicional consumo de mariscos. Me sorprendió el llamado de algunos a consumir pescado enlatado en vez del fresco. En un país de dos océanos, con un sistema marino costero (1,489.6 km2); mil 518 islas, islotes y cayos; con Coiba, la mayor isla del Pacífico (493 km2) y Patrimonio de la Humanidad; la Isla del Rey (234 km2), entre otros dones de la naturaleza, desconcierta, por decir lo menos, que, a pesar de su amplia biodiversidad y abundancia de productos marinos, no sólo exista un bajo consumo de los mismos, sino que se recomiende la ingesta de enlatados, mientras los pescadores y expendedores del producto fresco dejan de ganar los beneficios del mercado.

Ciertamente, se percibe una disminución en la captura de peces de gran demanda. Ello se debe en gran medida a la sobre explotación y a las malas prácticas y artes de pesca, lo cual no sólo golpea a las poblaciones de peces sino al debido desarrollo de las diferentes especies. A lo anterior agregue la contaminación y las probables alteraciones oceánicas e irregular conducta de los seres del mar. Debo señalar el esfuerzo que se realiza para ordenar este sensible, complejo y postergado aspecto de nuestra economía, a través de plan de acción y programa operativo que adelanta la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá, en relación a la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, acciones que han permitido al país su revalidación exportadora por parte de la Unión Europea.

A esta situación debe añadirse el incremento de algunos insumos indispensables para la pesca y venta de productos del mar, básicamente el combustible (transporte y embarcaciones) y la electricidad (hielo), los cuales inciden sobre el costo final al consumidor. Como se ve, todavía es mucho lo que el país tiene que hacer en relación a los productos del mar: ordenar, preservar, investigar, organizar, promover. Además de las autoridades responsables, municipios, asociaciones, cooperativas de pescadores, comercializadores y, en general, la cadena vinculada tendrán que realizar un esfuerzo mayor para garantizar la seguridad alimentaria de la población, las condiciones de vida de sus actores artesanales y la sostenibilidad del recurso marino–costero. En otras palabras, “volver al mar”, no sea que a alguien se le ocurra ponernos a comer latas.

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Articulo publicado el 9 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Belleza en el caos

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

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MODESTO A. TUÑÓN F.

El panorama que la tierra haitiana suscitó en el novelista Alejo Carpentier cuando escribió El reino de este mundo, le hizo decir en el prólogo que “… lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la libertad…”.

Luis Alcalá Del Olmo, fotógrafo español del diario Primera Hora , al parecer encontró en esa isla caribeña mucha de esa belleza y la plasmó con su lente.   Ahora, unas cincuenta de esas imágenes se exhiben en la galería Arteconsult, (Panamá)  en la muestra “ Haití, los espíritus de la tierra ”, dedicada a la religiosidad, la magia y el misticismo de los haitianos.

Pero la exposición también presenta una segunda parte, un documental fotográfico de las primeras 48 horas posteriores al terremoto que sacudió a ese país en enero de este año.

Este fotógrafo español siguió durante cuatro años a los peregrinos penitentes en seis sitios específicos de Haití, Erzulie Freda, Ogoun Ferraillé, Ganthier, Baron Samedi, Souvenance y Ra-Rá, diferentes acercamientos místicos que llenan el espíritu del creyente a partir de la devoción transformada en cánticos, rezos, baños de agua o de lodo.

El trabajo fotográfico de Del Olmo no es una recreación plástica del espíritu que anima a esta gente en sus manifestaciones culturales; es más que eso, hay una cierta complicidad en la captación de los niveles místicos que alcanzan los peregrinos en cada uno de los lugares; un estudio que descansa en una matriz antropológica.

Mujeres que se bañan en el lodo, pero que a la vez se contorsionan al ritmo de sus creencias, o quienes llevan los santos en procesión, o un rostro lleno del ocre color del barro, pero que engulle un puñado de un arroz blanco que contrasta en su textura con el rostro, con la tierra húmeda, con la expresión de esta cara llena de ansia del alimento material o espiritual.

En algunas ocasiones el sincretismo en las imágenes es el referente que permite al fotógrafo jugar con los colores, las sombras, la expresión y adquirir una nueva dimensión. Como en la fotografía del hombre coronado con una enredadera de una especie de vid y las hojas que se desparraman, parecieran mostrarnos a un Cristo negro con su corona de espinas.

Otras fotos registran el movimiento gracias a los contrastes lumínicos que Del Olmo aprovecha. Uno de esos casos es la gente que se baña en una cascada y uno pareciera escuchar los lamentos, gritos y el torrente de agua que discurre y lava las conciencias. Por otro lado una dama que coloca una vela ante la imagen de un santo o una chica que juguetea con un gallo.

El misticismo que persigue el lente del fotógrafo no es improvisada. Según cuenta, su experiencia tuvo origen en Filipinas, luego con igual orientación en Etiopía. Le atrajo la religión afroantillana y buscó una forma de enlazar su sentido místico con África y en Haití encontró esa relación.

Fueron cuatro años de seguir a la gente y sus creencias, esperar los momentos propicios, a pesar de las contrariedades climáticas y las condiciones de los lugares; el polvo, la lluvia, los colores de la naturaleza y sobre todo eso, las posibilidades de capturar la esencia de esta vida volcada hacia las divinidades. Además, según manifestó, requería de mucha paciencia en las actividades, porque no sabía a qué hora salían los espíritus.

En toda la exposición hay solamente dos fotografías con modelos que posan. Es una pareja de sacerdotes (hombre y mujer), que aparecen en sus templos rústicos y caseros. La foto de él lo presenta como una persona común, lleno de sus instrumentos de trabajo, un plato con una cabeza cadavérica con cabellos rubios. En la imagen de ella, se muestra a una señora vestida con un pollerón, descalza y su equipo a un lado.

El ambiente que rodea a estos sacerdotes es una muestra del sincretismo en la religiosidad de esta sociedad. Velas, tumbas, santos reproducidos en las cartulinas, puros, cruces, diablos, sogas, ropa vieja… todo es útil para llamar a los espíritus que pueblan estas tierras; y dejan, como expresa Carpentier “… que lo maravilloso fluya libremente de una realidad estrictamente seguida en todos sus detalles ”.

Frente a esto, aparece la otra muestra, el testimonio periodístico del impacto del terremoto. Son imágenes que pasan en una presentación sin fin y que permiten apreciar en cualquier orden el caos, la destrucción y la muerte en la capital Puerto Príncipe. El cemento aplastó a miles y dejó en ellos la huella grisácea del fenómeno; encerró a la gente, la planta y a los animales para hacer disminuir el hálito de vida en esa urbe.

No obstante, hay una de las últimas escenas que conmueve; en el suelo, una grieta del terremoto y sobre ella unos niños que juegan y marcan con sus saltos, el reto de la vida sobre al desgracia, de la esperanza sobre el gesto inalterable de la muerte y que nos invitan a celebrar la vida como constante. De allí que el personaje de la novela de Carpentier llegue a la conclusión de que “ la grandeza del hombre está en querer mejorar lo que es …”.

Por eso, concluye el novelista y considero que también Del Olmo al recrear la realidad de Haití, que no hay una belleza o grandeza por conquistar en otro lugar y que lleno de plagas, miseria, el hombre solo alcanza su máxima grandeza en el reino de este mundo. Por eso los espíritus de Haití sacan a relucir esta expresión o búsqueda de la otra cara de los valores, mágicos, místicos que transforman a estos hombres y mujeres de esa tierra.

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Publicado el 24 de febrero de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Haití entre la solidaridad y la ocupación

La opinión del Secretario General del Sindicato de Periodistas de Panamá….

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FILEMÓN MEDINA R.

La situación de Haití, desde antes del terremoto, estaba marcada por la pobreza y la inequidad. Haití es el país más pobre de América y, como si esto no fuera suficiente, le deviene una catástrofe natural, que paradójicamente se evidencia con mayor crudeza en los sectores más pobres del país caribeño.

Tras el terremoto, el panorama de Haití se complica por varias razones: Primero, por la lógica necesidad de ayuda humanitaria, en los rubros de alimentación, salud, seguridad, entre otros, y que está recibiendo solidariamente de los países del mundo. Sin embargo, la falta de instrumentos institucionales, que permitan la distribución efectiva de la ayuda humanitaria ha provocado entre los haitianos, con hambre y sed, situaciones de violencia e ingobernabilidad.

La crisis alimentaria generada por el colapso de las redes de producción y distribución de alimentos, a la caribeña nación, ha llevado a los países miembros del ALBA a fortalecer el plan agroalimentario en el que venían trabajando con el pueblo haitiano desde el 2008, por la crisis alimentaria mundial y que en plena tragedia ha distribuido cerca de 7 mil toneladas de alimentos.

El ALBA, ha propuesto, además, incluir un fondo de semilla para la siembra, con el propósito de reactivar y fortalecer los planes y programas de producción de alimentos, incorporando a los campesinos de Haití; así como la propuesta de un plan de agua. Este ofrecimiento del ALBA tiene un capital semilla de $100 millones.

Segundo, la invasión de fuerzas militares de EE.UU., que si bien han “ normalizado ” el tráfico aéreo, permitiendo primero el aterrizaje de sus naves y luego el resto, no es menos preocupante la opinión expresada por varios diplomáticos, que manifestaron su preocupación por la imponente presencia de tropas gringas en Haití, donde los soldados estadounidenses han sido “ innecesariamente agresivos ” e irrespetuosos con las autoridades haitianas.

Debemos recordar que Haití es una nación soberana y que el apoyo y la ayuda humanitaria, que se le brinda, para la reconstrucción de su país, debe ser en apego a su soberanía, elevando la autoestima y dignidad de ese pueblo. No obstante, la misión invasora de EE.UU., es mirar de frente a Cuba y a Venezuela, instalando una base militar en este país, para lo cual ya empezaron por desconocer a las autoridades haitianas insistiendo en el tema de la ingobernabilidad.

Además, la soldadesca estadounidense tomó la decisión de reconstruir Puerto Príncipe, que no es malo, lo malo es el objetivo que hay detrás de esta aparente solidaridad y que está relacionada con las intenciones de establecer una red de bases militares estadounidenses, para la supuesta lucha contra el narcotráfico, en Panamá y Colombia. Así las cosas, el panorama para la Región se presenta cada vez más incierto, ante la posibilidad de intervenciones militares a las naciones que han tomado la decisión de construir su propia identidad y forma de gobierno.

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Publicado  el 23 de febrero de 2010 en el Diario  La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reflexiones de un forense sobre Haití

La opinión del Médico……

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José Vicente Pachar

Se supone que los médicos forenses, quienes diariamente trabajamos con cadáveres, estamos en ventaja respecto a los demás mortales al momento de afrontar una situación catastrófica con numerosas víctimas fatales. Tal suposición desconoce nuestras vivencias y emociones, ya que si siempre hiciéramos nuestro el dolor asociado a la muerte quedaríamos paralizados y en un precario estado de salud mental.

Partimos hacia el país más pobre de América; despojo de tragedias políticas, humanas y naturales, tres funcionarios del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Panamá, junto con un entusiasta grupo de rescatistas y comunicadores sociales, sabiendo únicamente que había sucedido un cataclismo de dimensiones y repercusiones desconocidas; nosotros, con el propósito de colaborar en el manejo de cadáveres en situaciones de desastre.

El itinerario inicial cambia y en lugar de tocar tierra en el aeropuerto de Puerto Príncipe, arribamos al de Santo Domingo en la República Dominicana para después viajar por tierra hacia Haití el día siguiente.

Llegamos a la frontera entre ambos países, portal entre la seguridad y el dolor y la muerte. En el modesto hospital provincial de Jimani vimos decenas de heridos en precarias condiciones, un pesado ambiente de medicina de guerra con médicos rendidos por el cansancio, el estrés, la sensación de impotencia y la desesperación de las limitaciones.

El viaje continuó a la mañana siguiente y a medida que nos acercamos a Puerto Príncipe notamos las dimensiones de una tragedia apocalíptica. La ciudad estaba parcialmente en ruinas, sumida en el caos, las estructuras básicas de la red social habían colapsado. No había agua ni luz, tampoco comunicaciones, cientos de asesinos y violadores estaban sueltos por el desplome de las prisiones.

Entre los escombros, la brisa levantaba un polvo blanquecino, residuo de las precarias construcciones y en el pesado ambiente había un penetrante olor a cloaca, descomposición y muerte.

Cientos de maltrechos seres humanos, ya sin lágrimas, vagaban por las calles tratando de sobrevivir entre la desesperación y el abandono buscando agua y comida en medio de un salvaje ambiente darwiniano, de supervivencia del más fuerte, donde las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y los ancianos quedaban en clara desventaja.

El terremoto ocurrió avanzada la tarde de un día laborable, cuando los funcionarios públicos estaban en sus oficinas, los creyentes en sus iglesias, los profesores y los estudiantes en las universidades, los niños reunidos en sus centros cristianos, la gente en los comercios y en sus casas. Repentinamente el minuto de terror y destrucción; luego, escombros inestables de edificios, viviendas, escuelas, negocios, tantos que es fácil deducir que miles de personas murieron instantáneamente. Pero el horror de esa suposición se magnifica al comprender que cientos de personas sobrevivieron y quedaron atrapados entre las ruinas, muriendo lentamente en la oscuridad, sufriendo sin esperanzas la soledad de su tormento.

Pasadas las horas de terror, algunos familiares pudieron rescatar y dar sepultura a sus seres queridos. Muchos cadáveres fueron quemados, pero la gran mayoría de los cuerpos de miles de seres humanos fueron amontonados, arrojados con palas mecánicas en volquetes y enterrados anónimamente en fosas comunes.

Somos afortunados al estar de vuelta en nuestro país y tenemos como tarea pendiente, contribuir al desarrollo de los planes de prevención y respuesta para situaciones de desastre.

Mi admiración y respetos para el grupo de rescatistas panameños, muchos de ellos voluntarios, que durante el día exponían sus vidas para salvar la de otros y que al terminar sus labores, completamente extenuados, pasaban las horas entre la oscuridad y el calor; prácticamente a la intemperie, tratando de descansar en medio de legiones de agresivos mosquitos, aullidos interminables de perros abandonados y el miedo permanente de las réplicas crecientes del terremoto.

Mi eterna gratitud a los hermanos dominicanos que nos ofrecieron sincera amistad, cuidado y apoyo. Un especial reconocimiento a las autoridades consulares de Panamá en República Dominicana, ejemplo de nobleza, humanismo y dedicación, quienes hicieron posible nuestro seguro regreso a casa.

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Publicado el 29 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

El derecho de informar y ser informado

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El derecho de informar y ser informado
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Ana Elena Sánchez
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El pánico por los recientes temblores que sacudieron Panamá, nos debe llevar a reflexionar sobre el impacto de esos fenómenos, qué hacer en caso de emergencia y el rol que juega cada entidad del Estado de forma tal que no exista dualidad de funciones en época de crisis.

Deseo expresar preocupación ante declaraciones de las autoridades de Sistema de Protección Civil en el sentido de que los periodistas debemos solicitar autorización de esa entidad antes de divulgar datos, magnitud, intensidad y otras características científico-técnicas.

El susto ya pasó, después de todo no importa de dónde llegó la información, lo que hay es que ponerse a trabajar con medidas de prevención en caso de desastre y previsión de riesgos que es realmente la misión de protección civil de hecho, ni siquiera compete a la entidad adscrita al Ministerio de Gobierno y Justicia asumir la vocería sobre la características de un fenómeno natural, en todo caso las explicaciones técnicas las deben dar expertos del Instituto Geográfico Nacional Tommy Guardia, parte del Ministerio de Obras Públicas y/o los especialistas de la Facultad de Geociencia de la Universidad de Panamá, que deben convertirse en el centro nacional de referencia en temas geográficos.

Para mantener la calma de la población y evitar el caos, hay que decirle a la gente lo que está pasando, es preferible que la información sea oficial, que provenga de una sola fuente; pero a falta de un vocero, es responsabilidad de un periodista investigar y soltar la noticia. Cuando tembló en Panamá, recibí una llamada de Miami, y en el se fondo se escuchaba la radio encendida, eran las noticias de Radio Metrópolis a KW Continente, por más de una hora en esas dos emisora, el operador de cabina sacaba llamadas al aire para que la gente describiera su experiencia, pero no se escuchaba ningún reporte oficial sobre lo ocurrido, me estremeció la desesperación de una oyente que llamó pidiendo a gritos información, en ese momento sentí que mi obligación como periodista era dar la noticia que ya tenía confirmada por una fuente confiable.

Por otra parte, en esta era de globalización y nuevas tecnologías, las comunicaciones han cambiado dramáticamente, las noticias viajan a la velocidad de la luz por lo que es muy difícil controlar la información; en la actualidad, esos intentos por restringir el acceso al sagrado derecho solo se practican por dictaduras como Venezuela y Corea de Norte.

Panamá es un país que avanza en proyectos de grandes proporciones, por tanto debemos esforzarnos para llegar ser una nación del primer mundo y para ello hay que planificar y ejecutar una política que contrarreste los efectos de fenómenos naturales. Al Estado le compete coordinar a fin de que se revisen los equipos que requieren para hacer su trabajo.

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Publicado el 16 de julio de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Miedo al temblor

Miedo al temblor

Charles del Cid
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Desde hace un par de días está temblando en Panamá. Lo usual es que esos acontecimientos sísmicos no ocurrían en nuestro istmo. Por eso los estadounidenses prefirieron construir el Canal en Panamá y no en Nicaragua.   El Arco Chato era la prueba de que aquí no temblaba como en el resto de Centroamérica.   En esta región, los hermanos están acostumbrados a los temblores, terremotos y demás.   Nosotros no.   Es más, hasta decimos “es que Dios es panameño”.

Los recientes temblores nos hacen pensar que es cierto lo del cambio climático. Para colmo, en la televisión vuelven a presentar películas como “El día después de mañana”, sobre cambios de temperatura y glaciaciones. Incluso, el pasado fin de semana se estrenaba el filme “La era del hielo”.

El miedo es un sentimiento humano que paraliza o empuja reacciones irracionales a veces. Cierta dosis de temor es necesaria para la vida. Eso hace que tú cedas la llave de tu carro al conductor designado. El vicio contrario es la temeridad: cuando se pierde el miedo. Eso conduce a los jóvenes a hacer regatas en Calle 50, en la capital y acabar con su vida o la de otros.

La postmodernidad en la que vivimos propugna como uno de sus valores el sentir. Es más agradable sentir que pensar. El pensamiento y la razón eran los valores de la modernidad: hoy muchos abandonan la razón y viven del sentimiento. Eso explica que los jóvenes y los no tan jóvenes busquen experiencias extremas como lanzarse en “bungee jumping” desde un puente o de una grúa telescópica. Eso explica los “reality show” de moda en los que hacen que la gente enfrente sus miedos para sentir experiencias con mucha adrenalina.

Mucha gente salió de sus casas por temor al temblor. Dicen que algunos medios de comunicación serios coadyuvaron a mantener la calma y orientar; otros, característico de nuestra época, hacían chistes del hecho.

Hace unos años hubo temor por un posible tsunami en costas panameñas. Mi hija de nueve años me preguntaba: “¿Papito, si viene un tsunami nos alcanza?” -“Sí hija -le respondí (nuestro colegio, en donde ella estudia y yo trabajo, está en Paitilla)-. No te preocupes estamos en manos de Dios”. Todo está en manos de Dios.

El lunes santo, 6 de abril, ocurrió un terremoto en la región de los Abruzos en Italia. Las fotos, los vídeos, nos hacían reflexionar en la solidaridad humana. El Papa visitó la zona el 29 de abril y pedía a las autoridades “un serio examen de conciencia para que su nivel de responsabilidad jamás venga a menos”.

En las contingencias naturales hay una dosis natural, imposible de controlar; pero hay una dosis de responsabilidad humana. Hoy, diversos rascacielos enorgullecen Panamá. Dios quiera que nuestras autoridades hayan tomado en cuenta todas las medidas de seguridad.

Siempre hay un componente humano en las crisis. ¿Cuánto de ausencia de moral hay en la crisis económica mundial? Ya una vez el entonces cardenal Ratzinger dijo: “Aunque la economía de mercado se base en colocar al individuo dentro de una determinada serie de reglas, no puede hacer del hombre algo superfluo o excluir su libertad moral del mundo de la economía… Estos valores espirituales son de por sí un factor en la economía: las reglas del mercado funcionan sólo cuando existe el consenso moral que las sostiene”.

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Publicado el 8 de julio de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos todo el crédito que le corresponde.