Temor ciudadano: ¿Modus Vivendi?

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La opinión del Político Director Nacional PRD…

Rafael Pitti

Indudablemente el “Pele Police” es una herramienta de tecnología innovadora que contribuye a facilitar la captura y detección de delincuentes o personas con casos pendientes ante la Ley.
Sin embargo el método de uso y aplicación es violatorio al contenido de varios artículos del Título III de la Constitución Política de la República de Panamá. Pienso y lo he manifestado anteriormente que este instrumento debe ser utilizado en casos de extrema necesidad, por ejemplo en alteración masiva del orden público, riñas callejeras, indicios de vagancia como falta administrativa o sujetos en actitudes sospechosas.

Hace un par de meses me encontraba esperando transporte para dirigirme a mi hogar, y había un tranque descomunal porque detenían a vehículos y ciudadanos para verificar su status. Curiosamente frente a los agentes de policía se realizaba una actividad ilícita de parte de algunos ciudadanos; sorprendido ante esa situación, saqué mi cédula y me dirigí a uno de los agentes y le pedí que verificara mi número, el agente chequeó y me devolvió el documento señalando que estaba en orden. Le di las gracias e inmediatamente le pregunté ¿por qué no actuaban frente al hecho delictivo antes mencionado?   La respuesta fue que quién era yo. Le contesté, un ciudadano común que aplaude las cosas positivas que se hagan a favor de la población, pero que no entiende las incomodidades y molestias a quienes nada tienen que ver con la justicia, frente a las libertades que gozan quienes alegremente la violentan. Su mirada me dijo mucho, por lo que opté por reiterar las gracias y retirarme del lugar.

Mi testimonio como el de muchas personas, lo que busca es una objetiva evaluación y real modificación en los operativos. Aunado a ello está la tarea de actualización de la información en base de datos, y no trasladar a los afectados esa responsabilidad, tal como ha sugerido el Director de la Policía, Gustavo Pérez.   Pero mucho más efectivo sería el atacar el flagelo de la delincuencia en su cuna, hay lugares plenamente identificados donde los facinerosos actúan a su libre albedrío, atacando y despojando de bienes a vecinos y transeúntes. No vamos a desconocer el trabajo que realizan los miembros de la institución, pero una acción más recurrente y de mayor efectividad, seria en operaciones encubiertas, con policías en montuno que sirvan de carnada, para atrapar y encarcelar a los infractores.

El programa de Armas por Comida, pareciera no proyectar efectividad por la cantidad de armas que pululan en las calles. Es imprescindible que estas sean destruidas a la luz pública ipso facto, o sea en el lugar y fecha de la acción. Para terminar regresando al tema del “Pele Pólice”, aspiramos que el mismo no sea utilizado disimuladamente para atemorizar a periodistas, adversarios políticos o la ciudadanía que lo sufre agónicamente.

 

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<>Artículo publicado el 30  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/pitti-rafael/
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El temor del pusilánime

La opinión de…

Carlos Ernesto González Ramírez

Hay personas que no tienen el valor de intentar grandes cosas o que son tímidas frente a situaciones que les parecen superiores a sus fuerzas. Normalmente estas personas no tienen siquiera la iniciativa para explorar los límites de la oposición, por un temor basado solo en la percepción y no en un análisis sereno de la realidad. Estas personas son las que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua llama pusilánimes.

Wikipedia, dice que “el miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano”.

Los grandes imperios históricos siempre han contado con este sentimiento y con estas personas para imponer su voluntad sin necesidad de ejercer ningún otro tipo de acción efectiva para lograr sus propósitos. Con solo hacer ver que van a tomar una acción, logran que el pusilánime se atemorice y se someta a los designios del imperio.  Esta es la táctica que ha seguido Estados Unidos, a través de la OCDE, en contra de Panamá para que nuestro país se someta a su interés de acabar con el centro financiero panameño, que le hace competencia a sus centros financieros en su “patio trasero”.   Por suerte, hasta hoy, Panamá ha demostrado que no es un país de pusilánimes, manteniendo una posición de firmeza en la defensa de nuestros intereses (nada nuevo en nuestra historiografía).

Afirmo esto porque desde que comenzaron las listas negras de la OCDE, Panamá no ha hecho más que crecer. Lo ha hecho su centro financiero, sus exportaciones de servicios y el nivel de inversión directa extranjera que llega a nuestra nación. En otras palabras, hasta hoy, la OCDE ha sido un tigre de papel sin ningún tipo de diente para afectar a Panamá.

Dicho lo anterior, y con una visión clara de que como nación, nos guste o no, debemos mantener relaciones con los gobiernos de otros países, corresponde a Panamá ser un “buen ciudadano” del mundo, pero manteniendo el interés nacional sobre todas las cosas. Por esta razón, Panamá ha aceptado la firma de tratados para evitar la doble tributación como el mecanismo más idóneo y cumplir con la exigencia de las naciones que han adoptado, unilateralmente, medidas en contra de nuestro país (medidas que han tenido casi ningún impacto como señalé).

Por tanto, a los panameños no nos debe preocupar mayormente lo que diga o deje de decir la OCDE, por cuanto que en la medida en que adelantemos más de estos tratados, la efectividad de esta organización privada de naciones poderosas y nuevo instrumento de dominación imperial, será aún menor a la que ha tenido desde el año 2000, cuando nos catalogó de “paraíso fiscal”.

A lo anterior hay que sumarle el hecho innegable de que las medidas que algunos países han tomado contra Panamá son contrarias al derecho internacional público y a las obligaciones que esos países han adquirido con Panamá en el marco de la OMC.   Y, en este tema, tengo que admitir que nuestros gobiernos se han comportado como el clásico pusilánime.

En vez de hacer valer nuestros derechos, por un equivocado concepto de las relaciones internacionales, hemos hecho lo que ningún país hace: renunciar a los mecanismos civilizados y aceptados en el mundo para la defensa de nuestros intereses económicos. Lo irónico es que la renuncia ha sido solo para la actividad más importante de nuestra economía en términos de su participación en la arquitectura económica (el centro financiero), pero no así para el banano ni para la Zona Libre, dos casos en los que Panamá ha llevado a la Unión Europea y a Colombia a los estrados de la Organización Mundial del Comercio (ganando ambos casos).

Esto puede cambiar próximamente porque en la Estrategia Nacional para la Defensa de los Servicios Internacionales y Financieros adoptada por el Gobierno se incluye el inicio de acciones en la OMC. Si Panamá inicia un caso en la OMC contra un país discriminador y triunfa, como debe ser en derecho, las amenazas de la OCDE acabarán por desvanecerse en la historia de las medidas imperiales que no funcionaron, porque a quienes iban dirigidas tuvieron la valentía y la espina dorsal de defender los intereses de su nación.

Hay que resaltar que, más allá del derecho nos asiste la razón y la defensa de la libertad de las personas. Panamá, con su actuación en materia de servicios financieros y de exportación de su jurisdicción, ha logrado facilitar los negocios internacionales y les ha proporcionado sosiego y protección a personas que son víctimas de sus gobiernos confiscatorios y abusivos. En otras palabras, ha preservado la libertad.

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<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/gonzalez-r-carlos-e/

El imperfecto ‘ser humano’

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La opinión de….

Hipólito Arroyave

A raíz del acontecer político nacional de los últimos días.   He recordado a mi antiquísimo colega médico, Michel de Notredame, mejor conocido como Nostradamus, quien utilizando un tipo de escritura a la cual le llamó cuartetas expresaba su parecer de lo que ocurría a su alrededor en los años 1550.

Fue la forma más práctica y segura que encontró para evitar su condena y persecución, como hereje, por la temida inquisición de aquellos oscuros tiempos.   Pues bien, en estos momentos me siento como Nostradamus.    Sin el valor de expresar mis opiniones libremente, con el temor a la inquisición y a que me quemen en la hoguera del poder judicial.

¿Qué hemos hecho para merecer esto? Únicamente querer corregir los errores que cometemos los seres humanos. Pues no somos perfectos. Muchas de nuestras creaciones se alejan bastante de la perfección.  La política y la religión son las más importantes creaciones imperfectas del hombre.   Pero lo que atañe a la política es la peor de todas.    La religión ha sido utilizada para obtener el ansiado poder sobre las masas.   La mejor manera de controlar a esas masas es, precisamente, mantenerlas en las tinieblas de la ignorancia y la pobreza extrema.

La democracia es imperfecta, al igual que el ser humano. Una persona instruida ejerce su voto después de un análisis exhaustivo de los planes de gobierno de algún candidato o partido, pero es simplemente anulado por el voto contrario de un pobre analfabeto que no tiene idea de lo que es un plan de gobierno general para una nación. Mi voto vale lo mismo que el de la persona que firma con su huella digital la papeleta de votación.

Pareciera que caigo en una injusticia social, pero ha ocurrido recientemente en Brasil un caso insólito en el que un candidato de profesión “payaso”, ganó como el diputado más votado en todo el país.   Sin embargo, fue impugnado por su probable analfabetismo. Fue utilizado, por su popularidad, por algún genio que visualizó su potencial de atraer votos.   Iguales “payasos” han sido usados aquí en elecciones nacionales.

Me pregunto entonces:  ¿Si un analfabeto puede votar, por qué no puede ser elegido? He aquí la cuestión. Es simplemente una paradoja. ¿Qué dirán nuestras leyes al respecto?

Un pueblo ignorante y a la vez hambriento es fácilmente manipulable. Fácil de engañar, fácil de utilizar. Los medios de comunicación son las principales herramientas para engañar e inculcar ideas de aquellos que,  con el poder económico, pagan la publicidad para meterse en los cerebros mediocres de los que no piensan ni analizan a fondo. El factor sentimental es usado hábilmente por estos “depredadores de mentes” para  manejar las masas a su antojo.

Panamá crece económicamente, sin embargo, la planilla estatal crece en nombramientos pero no en salario.   Las jubilaciones se han quedado cortas en relación al elevado costo de la vida.   Quien quiera tener una vejez digna, que busque otras alternativas de ingresos aparte de su jubilación, porque no hay esperanzas.

¿Quién crece económicamente en el país, si no es la clase baja ni media baja? Los bolsillos que se benefician son otros.    Pero al igual que Nostradamus tendré que utilizar cuartetas para evitar caer en la “calumnia o injuria” de alguien que se sienta ofendido.

Como ya lo había dicho en un artículo anterior: “Me da miedo escribir inclusive”.   Pero existen todavía formas. Y así como lo hizo Nostradamus con las ya citadas cuartetas: “Condena injusta como justa causa, perdón de la condena del magno, merecedor de gratitud esperando luego, la boca, la pluma, y el papel inexpresivos, tu pago”.

<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mas del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/arroyave-hipolito/

El secuestro olvidado

Las letras escritas por una hija de la víctima,  sobre un hecho abominable ocurrido   cuando  Panamá estaba  bajo la dictadura militar.   La opinión de….


Melina Zúñiga Saavedra

Yo era una niña de nueve años. El 21 de agosto de 1985, pasadas las 2:00 p.m. entró a mi cuarto mi hermana Eydita y me dijo: “Melina, a mi papá lo secuestraron”. ¿Secuestraron, eso qué es? ¿Está preso?   No, es peor, me contestó. Bajamos la escalera de la casa y encontramos a mis dos hermanos mayores escuchando la radio con caras de angustia.   Mi tío Carlos I. Zúñiga estaba en la emisora, exigiéndole a Noriega que le entregara a su sobrino sano y salvo.   Mi mamá, para tranquilizarnos nos dijo que no nos preocupáramos, que no pasaría nada.   Sentíamos que dentro de la voz firme de mi tío se escondía una preocupación seria.

Desde que mi papá tomó la decisión de enfrentar a la dictadura militar rara vez dejaba de sonar el teléfono para amenazarnos con que algo malo le pasaría a él o a alguno de nosotros.    Vivíamos temerosos.   Una vez mi papá nos dijo que teníamos que irnos de la casa y escondernos en la de alguna persona no muy cercana.  Dormí debajo de la cama de una pariente lejana de mi mamá.  Era habitual que los autos de los agentes secretos merodearan nuestras barriadas.   En una ocasión, durante una manifestación civilista, los “pitufos” identificaron a mi papá y aún recuerdo el olor de las bombas lacrimógenas que inundaron la casa.

Desde el secuestro de mi papá hasta su llamada, diciéndonos que lo habían liberado, fueron las horas más largas y amargas que pasé en mi vida. Pensábamos que lo desaparecerían tal como le pasó al padre Gallego y a tantos panameños por el “delito” de disentir.   Una vez que mi papá habló con nosotros, nos pidió que contactáramos a la familia para informarles de su liberación, pero el teléfono de la emisora permanecía ocupado, por lo que tuvimos que ir hasta allá.   Al llegar, mi abuelo lloraba en silencio;   sus ojos azules llenos de lágrimas llegaron a una parte de mí que no sabía que existía, porque el llanto que me provocó el secuestro de mi papá se había calmado, para iniciar otro distinto, pero igualmente doloroso, que desapareció cuando se secó los ojos y me abrazó.

Mi papá, para ese entonces, era el secretario general de la Amoacss y había dirigido Cocina, el primer movimiento contra la dictadura.   Estaba con algunos de sus compañeros en una gira por el interior, que se inició el 19 de agosto en Puerto Armuelles y en la que denunciaba el aumento del presupuesto en armas y en pago de la deuda externa y la disminución en gastos de salud y educación.    Al día siguiente habló en las emisoras de David.   En ambos lugares se reunió con el grupo de los médicos y los trabajadores de la salud. El 21 de agosto salieron temprano de David para Santiago.   Después de la reunión, almorzaron en el restaurante Quo Vadis, donde dos personas con la cabeza descubierta y armados,   lo tomaron violentamente y lo sacaron del lugar.

Uno le apuntaba al cuello con el revolver cargado. Lo montaron en un auto sin placa, lo sentaron en el asiento de atrás, entre dos sicarios y lo torturaron física y psicológicamente. Los sicarios lo abandonaron en el camino viejo de Remedios, luego de haber recibido instrucciones por radio para que lo dejaran libre.  Un joven lo condujo al Centro de Salud de San Félix, donde le dieron los primeros auxilios y pudo contactarnos. Cuando mi hermano Mauro llegó al hospital de David y lo vio nos llamó enseguida para decirnos que estaba muy mal herido. Que tenía cuatro costillas fracturadas, hematomas tanto en la espalda como en el pecho, que le habían suturado la cabeza y la oreja.   Tenía en la espalda múltiples heridas de puñal y le escribieron las siglas F–8,   misma que apareció en el cuerpo del Dr. Hugo Spadafora tres semanas después.   La hemoglobina le bajó mucho, pero su estado mental era normal y mi papá le dijo que se recuperaría.

Cuando mi tío Carlos Iván dio la noticia del secuestro, se movilizó todo el país;   los médicos emplazaron a la dictadura diciendo que si no lo entregaban con vida, abandonarían los hospitales, incluso los cuartos de urgencia.

Cuando la familia Spadafora le solicitó a mi papá que reuniera a un grupo de médicos especialistas para ver las fotografías de la autopsia, él estuvo presente en la reunión. El Dr. Keith Arthur le preguntó qué le pasaba y mi papá le contestó que contemplaba su propia autopsia.

Mi papá tenía 42 años al momento de su secuestro.   No dejó un instante de seguir su lucha contra la dictadura. Su cuota cívica la cumplió con creces, pero dice que morirá feliz el día que todos los niños del mundo puedan comer. Quiero agradecer en nombre de sus hijos Mauro, Ernesto, Marelisa, Eydita, Javier y yo a aquellos que lograron que nos devolvieran a mi papá.

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Este artículo se publicó el 21 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

El miedo al miedo

La opinión del periodista…

Miguel A Espino Perigault

Desde los primeros momentos del gobierno de Ricardo Martinelli, los medios de comunicación han recogido el supuesto malestar y, en realidad, el temor, alentado por algunos,  de que resurja y se entronice una dictadura militar,  de la manos del presidente y, sobre todo, de su enérgico ministro de seguridad, (probado civilista),   Raúl Mulino.

Se juega a la política fomentando, irresponsablemente, el temor a la re-entronización de una dictadura desconocida por los jóvenes       de hoy y quizá olvidada por quienes la  sufrimos, como “cruzados civilistas”, o como pasivos ciudadanos.

Cada quien tiene derecho a sus recuerdos y a sus miedos. Pero, algunos de los que hoy se yerguen como paladines de la civilidad  amenazada no movieron, entonces, ni una paja a favor la Cruzada Civilista contra la dictadura.   Hoy día, en cambio, alientan  estos miedos por razones personales y de oportunismo político.

Pretenden, al parecer,   reducir el papel de la policía a amables custodios de maleantes y a  simples  espectadores pasivos y tiro al blanco de turbas enardecidas, con dirigentes enmascarados,  que cierran calles ilegalmente, destruyen bienes ajenos y agraden a inocentes.

Con  la autoridad moral de un cruzado civilista y víctima de agresiones de  entonces, abogo por apoyar al gobierno en la instrumentación de las fuerzas de policías especializadas necesarias para enfrentarse y combatir con éxito a la creciente delincuencia en todas sus manifestaciones.

Es posible, como se da en otros países, contar entre nosotros con el trabajo profesional eficaz y efectivo de las fuerzas del orden necesarias. Es probable, también, que en ellas se de la corrupción, como puede darse en todos los estamentos de la sociedad.

Pero, creo que podremos apostar a la integridad moral de sus integrantes, porque no todo está podrido en el país.

Haciendo a un lado los temores, aboguemos por una fuerza pública organizada y con la formación profesional y  moral (sobre todo), la mística y el patriotismo; valores, todos,   que suelen cultivarse y honrarse  en las profesiones y las artes marciales; valores que suelen ser el mejor escudo contra corrupción.

El alto nivel de delincuencia y sus ramificaciones colocan estos problemas en posición de urgente y prioritaria atención de todos los ciudadanos, para respaldar la labor de las fuerzas de policía. Debe actuarse ya y detener la creciente espiral de crímenes de toda clase: los tráficos de personas, de armas, de drogas, de pornografía; la prostitución clandestina de hombres y mujeres, de menores de edad; las pandillas, los asaltos y demás modalidades del crimen.

Pero, también, el delito de cuello blanco, el lavado de dinero; la corrupción y los delitos de funcionarios, los  de empresarios y los la de organizaciones de la llamada sociedad civil, en todos los niveles.

Los integrantes de la fuerza pública no deben  verse así mismos ni ser vistos como enemigos, sino como los amigos que son de la sociedad.

Tan importante labor, llena de peligros, merece ser bien remunerada.

El miembro de la fuerza publica, reclutado de entre la juventud graduada de la secundaria, por lo menos, debe completar su formación en las disciplinas y artes adecuadas a sus tareas y disponer, sobre todo,  de atención espiritual. Debe contar, además, con otros incentivos, como becas para sus hijos de buenas calificaciones,  recreación familiar; servicios médicos,   seguros de vida generosos, con beneficios especiales en casos de lesiones, o para sus deudos, en casos de muerte y una justa jubilación. La empresa privada sabría diseñar beneficios especiales que, seguramente tendrían más valor moral, como agradecimiento que como pago de servicios.

En las dictaduras militares o civiles, la policía se convierte en instrumento de temor y de terror; en enemiga de la sociedad. En una democracia, bajo el estado de derecho,  la policía es instrumento de paz y  salvaguardia de los derechos de todos. Una diferencia importante, para perder el miedo.

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Artículo publicado  el 26 de julio de 2010 en el Diario Digital Hora Cero, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Hora Cero

26 de julio, 2010

Las tenazas del temor

La opinión de…

Berna Calvit 

En los resultados de la encuesta especial que una prestigiosa firma realizó para un canal de televisión creo haber encontrado la explicación del extraño comportamiento que observaba en muchas personas.

Con una amiga conversaba, entre otras cosas, de lo cara que está la comida, la escasez de todo en el Seguro Social, la delincuencia… En vez de estar reclinada y cómoda, para poder oírla me inclinada hacia delante. “¿Por qué hablas tan bajito?”, pregunté.

Miró hacia todas partes, ¡hasta el techo miró!   Casi en secreto me dijo: “¿No sabes que ahora hay “testigos protegidos”, que antes llamábamos “sapos”, que si nos oyen hablando así nos pueden acusar de enemigas del gobierno?

Hasta números tienen; el sapo 693463 fue el que informó que dirigentes del Suntracs planeaban cosas horrendas contra el canal y el aeropuerto”.    Ya yo había notado personas hablando bajito, como en confesionario; tocándose una oreja como señal de posible “testigo protegido” cerca; y cambios bruscos en la conversación al acercarse los meseros.

Por teléfono se habla en clave como en tiempos de la Cruzada Civilista.   No entendí lo que mi amiga S.2 (así se identifica) contaba. “¿Supiste lo que pasó donde trabaja el hijo de T. O.? El que está arriba, arriba, regañaba a los muchachos como a niñitos porque tenían la calle trancada, ¡qué novedad”! ¿Mulino?, pregunté. “No, el del cerro”.

Después, por las noticias, entendí que “el cerro” era la colina universitaria donde está el despacho del de “arriba, arriba”, Gustavo García de Paredes, rector de la U. de P.

Hace unos días me llama F.G. y dice de un tirón: “No digas mi nombre, estoy llamando desde un teléfono público; a R. L. lo andan buscando; que E.G. avise a la periodista A.M. para que contacte a R.L. que está con M.B. en El P.; no puedo avisarle porque su celular está intervenido”.

Mi compadre O., politólogo taxista, llamó para decirme que “El “mechiblanco”, ¡no digas nombre!, dijo que los indígenas que protestaban en Bocas estaban borrachos”.

¿Habrá suficientes pincha–teléfonos para llamadas así en todo el país? Entre amigos nos preguntamos si tenemos los papeles en orden, cédula, licencia, los impuestos, multas pendientes. Miren lo que le está pasando al españolito Paco Gómez Nadal y al periodista panameño Carlos Núñez. ¡Y el pele police!

La encuesta especial que menciono arriba la encontré en el sitio web de TVN-Canal 2. No tengo información sobre la metodología usada, pero el sólido prestigio de la encuestadora, Dichter & Neira, es garantía de seriedad.

Un 71.4% dice que el derecho a hacer oposición está en riesgo; el 80.5% teme por el derecho a protestar; el 78.1% dice que está en riesgo el derecho a expresarse libremente.

Lo que refleja la encuesta es preocupante: el temor nos atenaza; se ha enquistado en nuestra sociedad. Para facilitar el poder político se puede crear temor por diversos medios: el acoso (inspectores fiscales, de sanidad); la necesidad (te inscribes en mi partido, o te boto); el espionaje telefónico; la manipulación de la ley (Ley Chorizo), etc.

Fomentar estos miedos es peligroso; cuando se rompe la barrera del miedo los estallidos pueden resultar caros. Lo sucedido en Bocas del Toro es costosa experiencia política, más dolorosa y costosa para las víctimas del exceso policiaco.

Atemoriza no poder confiar en las autoridades. En Telemetro Reporta, el 12/7/2010, el periodista Álvaro Alvarado preguntó al procurador encargado Bonissi sobre la orden de conducción contra el profesor Jované.   Respondió: “Puede ser, lo más seguro, que el señor Jované, igual que otros ciudadanos responsablemente deben presentarse ante las autoridades para aclarar la situación, pero no es la forma correcta señalar que la Policía Nacional ni las autoridades están persiguiendo por perseguir, sino simplemente haciendo las investigaciones del caso”. Cantinflesca y “guabinosa” respuesta que dejó patidifuso al periodista y a mí, patidifusa y asustada.

¿Oyó algún “testigo protegido” que le dije a P. Z. que el gobierno debe averiguar quién instruyó disparar perdigones a la cara de los alzados? ¿Me estarán buscando y no estoy enterada?

El Presidente lamentó públicamente lo ocurrido en las zonas bananeras. Parecía sincero, pero no basta disculparse, ni regalar celulares y alimentos a las víctimas; ni repartir culpas entre sindicalistas, oposición y periodistas.

Lo que debe hacer es empezar por “deschorizar” la Ley 30. Y extirpar, de raíz los temores que han sembrado en nosotros.   Dijo Publio Siro, poeta dramático de la antigua Roma: “El que es temido por muchos, debe temer a muchos”.

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Este artículo se publicó el 19 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Miedo a los que no tenemos miedo

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

MARIELA SAGEL  –

Continuando con el tema de la seguridad y los derechos humanos, asistí la semana pasada a la presentación del Cuaderno de Desarrollo Humano No. 2 que amplía los conceptos y ofrece estadísticas sobre la Seguridad Ciudadana, identificándola como una responsabilidad compartida.

Y se convierte en compartida toda vez que al esfuerzo que ha hecho el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se ha unido la Cámara de Comercio de Panamá, lo que hace muy interesante la correlación de fuerzas ahora en juego y se puede decir que el gremio empresarial más importante ha comprendido finalmente que los esfuerzos de los organismos internacionales y la llamada sociedad civil deben ser compartidos para que se obtengan resultados positivos a corto plazo.

En Panamá, tal como lo muestran las cifras, los índices de criminalidad han ido en aumento y las famosas ‘mano dura’ demostró ser un fracaso.   Ya no se habla de seguridad sino de inseguridad. La delincuencia común ha sido desplazada por la delincuencia organizada y las formas de combate a la primera es muy diferente a cómo se debe atacar la segunda.

Este Cuaderno de Desarrollo viene a aportarnos los conceptos urgentes que tenemos que manejar al momento que se abra el debate para identificar las causas de inseguridad y se logre una comprensión cabal del fenómeno. Señala de manera puntual que la cooperación y la corresponsabilidad recae en los actores públicos y privados para que todos, en conjunto, diseñen las estrategias para poder combatir este flagelo. También comprende los contenidos esenciales en toda propuesta de políticas públicas de seguridad, a fin de que se llegue a tener una visión integral de los elementos que identifican el problema y brinda la información completa.

La inseguridad limita el derecho humano y el ejercicio de las libertades y debe abordarse desde dos ángulos: por medio del análisis de la percepción que tiene la ciudadanía y la medición de los hechos mediante las estadísticas.   Debe iniciarse un proceso participativo, equitativo, inclusivo y sostenible en la lucha contra la miseria, la ignorancia y la ausencia de oportunidades. Para los seres humanos, la seguridad es la ausencia de temor y de carencias, sean éstas de ámbito económico, alimentario, salud, ambiental, personal, comunitario y político.

A la par de estas teorías que han sido ampliamente estudiadas y plasmadas, también se han realizado ensayos de combatir la violencia mediante la cultura, como es el caso de Medellín, administrando una alcaldía de manera coherente, al punto que esa ciudad colombiana, que tenía un índice altísimo de muertos, es hoy un ejemplo de civismo y de seguridad; y lo más importante, el cambio lo inició un alcalde, y lo han continuado dos gestiones municipales posteriores no necesariamente del mismo partido, y el progreso continua.   Se ha logrado ofrecer a los habitantes tanto espacios abiertos y verdes, como seguros, para toda clase de actividades familiares, deportivas y culturales (Medellín goza de un excelente clima) y se les ha contagiado también el gusto por las manifestaciones artísticas, sean musicales, pictóricas, teatrales, etc.

Lastimosamente, el papel lo aguanta todo si no se lleva a la práctica. Todos estos estudios y teorías que se presentan a diario es poco lo que pueden hacer, mientras la clase política no se integre a este esfuerzo.

El gran ausente en estos foros son precisamente los funcionarios públicos que pueden ser los que provoquen los cambios y hagan los correctivos. Y más recientemente, los que ejercemos el derecho inalienable de opinar y peor, disentir de lo que se haga desde las esferas del alto poder se nos amenaza, persigue y, en los casos lamentables de los periodistas Carlos Núñez y Paco Gómez Nadal, ver sus derechos seriamente conculcados.

Carlos Núñez, por su edad, tiene derecho a no ser recluido en un centro penitenciario y a Paco le han cambiado el escenario de sus culpas, porque no tienen nada en su contra, solo el hecho que ha sido un crítico agudo y puntual de la actual gestión gubernamental.

‘Nos tienen miedo, porque no tenemos miedo’, decía Bety Cariño, activista antiminera mexicana asesinada recientemente. Nuestras voces y palabras no podrán ser acalladas, porque es parte de nuestros derechos humanos.

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Este artículo fue publicado el  11 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.