La opinión de…

Arón Benzadón Cohen

Tomé el nombre de la película La tormenta perfecta, protagonizada por George Clooney en la que se dan una serie de circunstancias atmosféricas que producen una tormenta monstruosa que arrasa con todo, incluyendo a los actores. Hago la analogía porque estamos conjugando en nuestro país una serie de condiciones, sobre todo sanitarias, que nos está haciendo sumamente vulnerables a gravísimos problemas de salud pública.

En primer lugar, tenemos el problema crónico de la basura con la acumulación de la misma, la falta de áreas designadas para su ubicación, la creación de minivertederos en cada barriada con la proliferación de gusanos, ratas, mosquitos y demás alimañas.

En este aspecto los municipios de la capital y San Miguelito han hecho gala de ineptitud y desidia hasta la saciedad. A partir del tres de enero con la estrenada Autoridad de Aseo y con más de 80 millones de balboas de presupuesto se debe acometer una estrategia integral, incluyendo ubicación de sitios de recolección, recipientes de tamaño adecuado, recolección regular y lo que se han olvidado todos, el reciclaje, tan importante para bajar el tonelaje de basura.

En segundo lugar tenemos el grave problema del agua, ocasionado por factores climáticos y agravados por la falta de mantenimiento adecuado, así como equipos imprescindibles para la potabilización.

Estoy convencido de que la cantidad brutal de lodo vertido a los ríos y fuentes de agua tiene relación directa, entre otras cosas, con la deforestación y la tala indiscriminada que permite que la tierra sea literalmente barrida por las lluvias. Además no veo que el Idaan tenga los equipos, el personal técnico en cantidad y calidad adecuados ni los recursos económicos que requiere urgentemente para resolver este problema a corto plazo.

Estuve en Puerto Rico hace unas semanas, donde tuve la oportunidad de hablar con una alta funcionaria del servicio de aguas de Puerto Rico. Siendo su población actual de 4 millones de habitantes, un poco más que en Panamá, tienen un presupuesto de 20 millones de dólares anuales solo para asegurarse del mantenimiento de sus fuentes y de la calidad del agua que toman. ¿Cuánto tenemos en Panamá para lo mismo?

El impacto de esta carencia lo estamos viendo a diario en la vida de todos los panameños, afectando la ingesta de agua potable y el aseo personal, además del daño a la industria, los comercios, los restaurantes, hoteles y todo el entorno turístico. ¿Me pregunto qué turista querrá venir a Panamá, si no puede bañarse ni jalar la cadena del inodoro?

Los fenómenos climatológicos están modificándose haciendo los fenómenos atmosféricos cada vez más cambiantes y severos. Lo peor de todo es que los pronósticos son que van a seguir así o se va a poner peor, ya que todos contribuimos al deterioro del medio ambiente.

Si a la basura y a la falta de agua le agregamos otro ingrediente como pudiera ser el cólera, no tan distante como creemos, viendo que en Haití han muerto más de 3 mil 600 personas y en República Dominicana se han reportado 152 casos, tendríamos la epidemia perfecta. ¡No dejemos que ocurra!

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Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Gestión del agua, consumo y sostenibilidad

La opinión de…

 

Graciela Arosemena Díaz

La sostenibilidad de una ciudad está condicionada directamente por la capacidad de carga del territorio del que obtiene recursos para funcionar y abastecer un número de habitantes: materia, agua y energía. De manera que en el último mes, el agua ha puesto a prueba la sostenibilidad de la ciudad de Panamá y no ha aprobado.

La falta de control del crecimiento de la ciudad, la falta de modernización de los servicios de agua potable y la deforestación de las cuencas, junto con la acción de eventos climáticos extremos ha desestabilizado el sistema. Pero hay un tema que es crucial en la gestión sostenible del agua: la cultura en su consumo.

Panamá es el mayor consumidor per cápita del vital líquido en Latinoamérica, a razón de cerca de 350 litros/persona/día. Cuando en países desarrollados se consumen unos 200 lts/persona/día, considerados ya un despilfarro. La ciudad de Panamá hasta ahora había vivido bajo el espejismo de que el agua que consume es un recurso ilimitado, cuando no es así. Hoy ha escaseado porque ha llovido en exceso; mañana puede ser que no llueva suficiente. Así es la dinámica del cambio climático. Y lo ocurrido recientemente evidencia que este cambio ya es una realidad en nuestro país, pero también que nuestro sistema urbano no se está preparando para adaptarse a los efectos del cambio climático.

No olvidemos que las ciudades son los sitios de mayor vulnerabilidad ante este fenómeno. Las ciudades distorsionan los ciclos naturales, como el del agua. Toda el agua lluvia que cae sobre la ciudad de Panamá, ¿a dónde va a parar? Se pierde en el alcantarillado, o peor aún, es responsable de inundaciones; dependiendo entonces de un agua potable que debe recorrer kilómetros hasta llegar a nuestra ciudad. Si este sistema falla, la ciudad se desabastece por completo. Panamá no puede perder más tiempo. Mientras que ciudades del mundo están desarrollando planes para adaptarse al cambio climático, aquí estamos pensando en torres financieras…

¿Qué es lo más inmediato que se puede hacer? Pues comenzar por cambiar el modelo de consumo de agua, mediante campañas de sensibilización. A mediano plazo, establecer normativas urbanísticas que exijan medidas de ahorro y de reciclaje de agua en los diseños constructivos de viviendas y comercios; disposiciones que no representan una mayor inversión en los proyectos.

Por otro lado, promover sistemas de captación de agua lluvia y almacenamiento para el consumo local. En resumen, integrar la gestión del agua en las políticas urbanas. Estas medidas, que podrían reducir el consumo en más de un 40%, son ya una realidad en otros países, cuyo desarrollo no se basa en las apariencias sino en el fondo.

Estas estrategias deberían aplicarse paralelamente a la modernización de los servicios públicos de agua potable. Lo que no podemos hacer es poner todas nuestras esperanzas en una nueva potabilizadora, de lo contrario, en poco tiempo quedará también obsoleta y no sólo seremos más insostenibles, también seremos irremediablemente más vulnerables al cambio climático.

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Este artículo se publicó el 19  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La fantasía mediática

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

Vivimos emborrachados de una fantasía mediática. Nos han ilusionado con cualquier cantidad de proyectos de infraestructura. De un Panamá del cambio.   De los 44 imperdonables. Ya los tiempos donde por semana nos prometían el mundo mágico de Walt Disney convertido en país, más que un parque temático, terminó.

Ya nadie recuerda que la Avenida Balboa tendría playas donde los panameños se podrían bañar.

Que existiría un tren de acceso que movilizaría a los panameños del Oeste de la ciudad.

La continuación de la Cinta Costera, unida a la Calzada de Amador, a través de un túnel que pasaría por debajo del Casco Antiguo.

Los dos grandes rellenos en Barraza y Atlapa para construir hoteles, torres y centros de convenciones.

El gran túnel por debajo del Canal de Panamá para abrir una nueva carretera que una la ciudad con Howard.

La gran carretera costanera desde Howard hasta Pedasí.

La gran carretera del Atlántico Norte que una Colón con Bocas del Toro.

Los diversos aeropuertos internacionales.

El tercer carril en el Corredor Sur.

La ampliación del aeropuerto de Tocumen con tren interno y grandes centros comerciales.

El ‘dream team’ de fútbol que nos llevaría al próximo Mundial.

Ya el lenguaje megalómano varió. Ahora entramos en la realidad tercermundista de un país que ha perdido su capacidad de brindarle agua potable a sus ciudadanos.

La peor crisis de agua potable de la era republicana. La capacidad para mantener la ciudad limpia. (Ahora sí se puede con 82 millones de dólares y contratación directa de camiones nuevos a quién sabe quién).

La interrupción de la conectividad con el Hinterland panameño, al desmoronarse carreteras recientemente construidas.

De la ilusión de un salto en garrocha, al primer mundo, a un aterrizaje forzoso a nuestra realidad tercermundista.

Somos incapaces de ofrecerle los servicios básicos a la población, a pesar de nuestros delirios de grandeza. Si es así, es preferible ir a lo básico.

Señores gobernantes provean al país los servicios básicos que necesita. Del resto se puede encargar la empresa privada. Concentren su atención en proveer agua, mantener el país limpio, servicios de salud, educación y seguridad. Estado de derecho y justicia.

Si no pueden con lo básico, que hacen inventando complejos proyectos sin capacidad técnica o profesional para ejecutarlos.

El Gobierno Nacional debe reconocer que carece de personal competente en los cargos de mando y jurisdicción. La ilusión mediática tiene sus límites y nadie sabe cuánto más durará. Evitemos que la población tome el sartén por el mango.

 

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<> Artículo publicado el 18  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sobre la tercerización de los servicios públicos

La opinión del Abogado y Docente Universitario…

Guy De Puy Morales

Dentro del entorno globalizado, es fácil entender que se deben utilizar mecanismos para hacer más eficiente el funcionamiento de las empresas privadas, usando la tercerización o el “Outsourcing”. 

La tercerización consiste en dejarle a un tercero determinada responsabilidad de la empresa o del Estado, usualmente se usa para cobros,  ya que se entiende que la misma reduciría costos operativos, si le deja dicha actividad a una empresa especializada, bajo un sistema de comisión por cobros.

Hemos visto con mucha atención, la manera como el Estado utiliza este sistema para cobranza, que ya está siendo utilizado por el Municipio de Panamá, en diferentes centros de pagos para hacer efectivos los cobros a los contribuyentes, por intermedio de una empresa extranjera.

Con la implementación de la Autoridad Nacional de Aseo se autoriza a las empresas eléctricas a hacer los cobros, tercerizando una labor que le corresponde al Estado, bajo el concepto de que los cobros a través del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), no son efectivos.

Ahora bien, no sería más sencillo, que el Estado asuma la responsabilidad que le corresponde y legisle en ese sentido, y confiera los instrumentos legales, a las diferentes instituciones, a fin de hacer más eficaz los cobros.

Cada día son más las instituciones que procuran tercerizar los cobros, como vemos con el Ministerio de Economía y Finanzas que está a punto de aplicar este sistema para cobrar la cartera morosa de los contribuyentes, pero sin facultades de cautelar bienes por esas deudas.

Las comisiones para estas empresas por dichos cobros rondarían el 15% o 20% del monto recuperado, lo cual es elevado, en cuenta, el tamaño de dicha cartera de cobros.

Quisiéramos conocer ante quién podríamos presentar reclamos por una mala facturación o error en el consumo, ¿a la empresa cobradora o a la institución pública?,  aparte de todo, cómo se garantiza el cálculo del consumo efectivo y que no aparezcan “cobros misteriosos”, en detrimento de usuarios.

Sin pretender ahondar demasiado en dicho tema, nos preguntamos, al momento que el Estado renuncia a ejercer el servicio de estos cobros a favor de un tercero, de cierta manera privatiza ésta, pero hasta dónde llegaría dicha intención, será este acto la antesala del traspaso del servicio público mismo al sector privado?

Solamente esperemos que las actividades otorgadas a terceros, contengan la eficiencia que los ciudadanos nos merecemos, a fin de lograr un desarrollo íntegro en el siglo XXI.

“Los empleos públicos pertenecen al Estado; no son patrimonio de particulares. Ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos”.  Simón Bolívar.

<> Artículo publicado el 13  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Sobre la atención al cliente

La opinión de…

Enrique Cáceres–Arrieta

La atención al cliente suele ser tan mala que el extranjero y el nacional jurarían ser familia del hombre invisible porque pareciera que no los vieran.    Llegas a un almacén y te cansas de esperar que te atiendan, hasta que te das cuenta de que los empleados están somnolientos o charlando sobre el extraño andar del cangrejo.

“Diga”, es la clásica palabrita con la cual “atienden” muchos. Distinta a “buenos días”, “buenas tardes”, “¿en qué le puedo servir?”, “a la orden”, expresados en otros países.

Innumerables vendedores de tiendas tienen solo educación media o proceden de capas sociales bajas. Igual en otros países. Mas, la atención allá es muy diferente. Es cuestión de cultura.

La mala atención al cliente no está presente solo en tiendas sino también en oficinas públicas y privadas y consultorios de toda índole. Hay corporaciones (sobre todo bancarias) que de tanto cuidarse más allá de lo razonable y lógico se les obnubila el entendimiento en lo más simple.

O no les da la gana ayudarte porque representas poco para su lucro.   No les importas como individuo sino como dólares y propiedades.   Ignoran que ante su gran tamaño y el sinnúmero de sus servicios y planillas el cliente promedio tiene la impresión de ser pequeño e insignificante. De ahí que deberían hacerte sentir importante.

En efecto, eres importante pues sin clientes no hay utilidades. Y por muy pequeño que sea un cliente aporta ganancias a una empresa. Por consiguiente, es falso que “la casa pierde y se ríe”. Ríe debido a que es raro que la empresa pierda en una transacción con un cliente. Y sin importar los millones de dividendos obtenidos, la insensibilidad humana es pobreza espiritual.  Al fin y al cabo, la riqueza espiritual es fortuna que ni la polilla ni el moho destruyen, los ladrones no hurtan y cuya “bolsa” no cae. No se trata de que las empresas sean organizaciones benéficas sino que no hagan acepción de clientes.

¿Qué pasa con la atención al cliente en Panamá? ¿Por qué ese personal en compañías transnacionales en otros países atiende de maravillas y aquí la atención es frecuentemente fatal? Es cuestión de cultura. Aquí, llegas, coges un número, haces cola, saludas con un “buenas” (si alguien responde, date por oído). Después de 45 ó 60 minutos, la persona del otro lado del escritorio te mira con cara de escopeta recortada como si fueras a pedir limosnas o asaltarle. Es urgente subsanar la atención al cliente porque de ella depende el progreso del país, el crecimiento empresarial y el tener existencial de empleados y empresarios. ¿Será que algo tan lógico se sabe? Si se sabe, ¿por qué se hace lo opuesto?

Al querer pagar un servicio público hallas una fila inmensa con uno o dos cajeros. Si reclamas, la contestación consabida es que “no hay más personal” o “están almorzando”. (¿Será que tú no almuerzas?) Debes esperar no menos de una hora para que te atiendan. (Es excelente terapia si eres impaciente;   te sugiero que lleves un buen libro para redimir el tiempo y relajarte). A las mil y 50 te atienden no como un cliente importante, sino como un limosnero.

¡Urgente! ¡Urgente! ¡La atención al cliente en Panamá está herida de muerte! Los empresarios deben capacitar a su personal pues más que un gasto es una inversión. El servicio al cliente en Panamá necesita oxígeno, un trasplante de corazón y transfusión de sangre porque, como está, extranjeros y turistas se llevan una distorsionada creencia del país. Y por ahí aseguran que la primera impresiónes la que vale.

Una vivencia ilustra mejor la desatención al cliente: estando en una tienda en diciembre, vi un amplificador de audio y decidí abonar uno.    Mucho antes de que se venciera el plazo del abono, fui a retirarlo. ¡Lo habían vendido!

Luego de varias horas de espera, me dijeron que traerían uno de otra tienda. ¡Dos días después me lo entregaron!; al intentar prender el aparato en casa no encendía.  Al día siguiente lo llevé a cambiar y después de aguardar más de una hora me dijeron que no había más.   Quedé con una nota de crédito, rabia y frustración.

¡Tres días después! volví a la tienda y no había nada; tuve que ir a otra a buscar un segundo aparato que tampoco funcionó.    Regresé a casa sin el amplificador pero con mi plata. No seas mal pensado… estaba comprando un amplificador de marca, no era “gallito”. En este caso, no era ni “pollito”.

Moraleja: aunque quieras algo, lo abones y vayas a retirarlo a tiempo, es probable que no lo tengas por la horrible atención al cliente que frecuentemente dispensan en Panamá.   Tampoco esperes una excusa del gerente o encargado del negocio. Esa palabra es inexistente en su vocabulario. Es cuestión de cultura. Pero después hay quejas de que los extranjeros “quitan” el pan a los panameños.   Si los migrantes tienen papeles en regla, no usan gafas “juega vivo”, laboran mejor que nosotros y vienen a enseñarnos a atender al cliente, son… ¡bienvenidos!

<> Este artículo se publicó el 17 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa,  a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La atención a grupos medios de las áreas suburbanas

La opinión del Ex Presidente…

Nicolás Ardito Barletta

Varias veces hemos escrito sobre la necesidad de invertir en los panameños pobres para ayudarlos a salir de su pobreza incorporándolos mejor a la vida nacional. Citando cifras que dimensionan el problema, hemos enfocado también la gama de programas que debemos priorizar y sostener por muchos años para producir resultados efectivos de reducción de la pobreza.

Hay otro segmento importante de nuestra población que está ya encaminada con su trabajo y esfuerzo propio a su desarrollo mediante la realización de su potencial. Me refiero a grupos suburbanos de ingresos medios y bajos, pero por encima de los niveles de pobreza.

Incluye un alto porcentaje de la población ubicada entre San Miguelito y la 24 de Diciembre por un lado, hacia Chilibre por otro, y entre Arraiján y La Chorrera. Estos son núcleos humanos mejor estructurados, con mayor capacidad propia para progresar y participar, que no reciben servicios públicos adecuados que complementen su esfuerzo propio para prosperar.

Por ejemplo, entre San Miguelito y la 24 de Diciembre, donde viven más de 600 mil panameños, 20% del total nacional, la población carece de servicios adecuados de transporte, educación, agua potable, Seguro Social, seguridad ciudadana. Los niveles de estos servicios fluctúan entre barrios pero son deficientes en la mayoría de los casos.

Los residentes en las áreas suburbanas y satélites mencionadas ubicadas al este, oeste y norte de la ciudad confrontan por tranques vehiculares el uso de más de cuatro horas diarias para ir y regresar del trabajo; demoras prolongadas para conseguir citas médicas y para cirugías en la Caja de Seguro Social (CSS); con frecuencia, disponibilidad interrumpida de agua potable; niveles considerables de deserción de estudiantes adolescentes del primer ciclo escolar y escuelas deficientes; irregularidades en la recolección de la basura; creciente inseguridad en las calles con focos de criminalidad, movimiento de drogas y de pandillas juveniles. Hay una problemática social de consideración con el denominador común de servicios públicos deficientes.

El problema de la deserción escolar es delicado. Adolescentes que por falta de interés, desatención en la escuela, falta de nutrición, ausencia en el hogar de padres trabajadores u otros motivos dejan la escuela y quedan a la deriva, siendo con frecuencia estimulados a unirse a pandillas callejeras e incluso al tráfico de drogas. La falta de actividades sanas y constructivas, como deportes organizados y otras actividades sociales en las comunidades, a veces por falta de espacio e infraestructura constituyen un cuadro trágico de pérdida de potencial humano.

El Meduca ha comenzado a abordar el tema. La atención médica en la CSS no satisface la demanda. La espera para conseguir citas y la demanda, con frecuencia de meses, para tener cirugías impostergables son conocidas, y estas afectan más a la población suburbana citada de niveles económicos medios y bajos que usan los servicios de la CSS. Muy a tiempo la actual administración ha iniciado un esfuerzo para mejorar y modernizar esos servicios en cantidad y calidad.

Las deficiencias del transporte público son conocidas y las carencias de vías urbanas adecuadas y baratas causan pérdidas de más cuatro horas diarias en el movimiento de residencia al trabajo y viceversa. Un alto costo personal para los afectados, para la economía, para la competitividad del país y para la calidad de vida familiar de los afectados, con sus hijos en espera de sus padres. Ojalá las acciones anunciadas por el Gobierno para mejorar el transporte público y la vialidad contribuyan a mejorar la situación.

La seguridad personal en las calles y el movimiento de drogas afecta más esas áreas suburbanas y su población. No sorprende que este sea el problema social más señalado en las encuestas públicas. Unido a la escasez frecuente de agua en muchas barriadas al este y oeste de la ciudad y a las deficiencias en la recolección de basura, sin áreas recreativas y sociales adecuadas, ilustran la situación de necesidad de mejores servicios públicos.

El crecimiento suburbano ha rebasado peligrosamente la capacidad de los servicios públicos. Visto en su conjunto por su efecto integral, se necesita un esfuerzo enfocado, incluyente, completo, sistemático y mancomunado entre gobierno y comunidades, basado en información real y en técnicas modernas para reducir la creciente brecha. El Gobierno ha iniciado varios programas para responder a la problemática. La empresa privada ha demostrado que puede contribuir con la construcción de barriadas más modernas, aunque aún carentes de áreas sociales adecuadas y con frecuencia faltas de estética paisajista. Hay maneras de abordar mejor las deficiencias multidimensionales señaladas y aún estamos a tiempo para hacerlo. Requiere el apoyo de todos.

<>Artículo publicado el 10 de septiembre de 2010 en el diario la Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La violación de un contrato

La opinión de….

Gabriel Ortega 

En la actualidad las compañías que ofrecen el servicio de distribución de energía eléctrica son privadas; ellas realizaron un contrato con el Gobierno en donde lo plasmado entre ambos no se puede cambiar, pues atenta contra la seguridad jurídica de las partes. Posteriormente, de forma individual, estas compañías realizaron contratos con cada una de las personas que necesitan la luz eléctrica (casas, negocios, industrias).

El contrato es un acuerdo de voluntades entre dos partes reconocido por el derecho civil, dirigido a crear obligaciones, en donde la voluntad de las partes en común acuerdo es plasmada en un documento, que a la final es respetado por ambos.

Este contrato es protegido por la llamada seguridad jurídica, un principio de derecho universal que busca darle a las partes garantía legal, por si surge alguna controversia o disconformidad en el futuro, pues habrá variables que en el camino darán ventaja a uno de los firmantes. Por eso esto se maneja como contrato-ley.

El Estado, como máximo exponente del poder público y primer regulador de las relaciones dentro de la sociedad, es el actor llamado a salvaguardar la voluntad plasmada en un contrato

La seguridad jurídica es la garante dada al individuo o a un grupo por el Estado, de modo que sus bienes y sus derechos sean respetados.

Si yo, como ciudadano, firmo un contrato con las compañías de distribución eléctrica, cómo es posible que ahora se pretenda desconocer este contrato y prácticamente obligarme a pagar la basura de forma casada. No es que no quiera pagar la basura, es lógico pensar que debo pagar por el servicio.   Pero qué hay con la seguridad jurídica.   Esto significa que yo puedo alterar los contratos ya firmados con las distribuidoras eléctricas y las de teléfono. Ojo, ustedes están inventando.

Si usted quiere que las personas paguen por el servicio de basura, simplemente, si no pagan, no se las recojan o busquen otro mecanismo.

Soy de la opinión que el proyecto de ley 180, que crea la Autoridad Nacional de Aseo (ANA) no es malo, pero plasmar artículos como este es algo muy temerario, crea el precedente de que sí se pueden modificar los contratos con las compañías de servicio.   Cuando el pueblo se queja de que los servicios son muy caros, los gobiernos dicen que no se puede hacer nada, que es un contrato y no pueden obligar a las compañías a bajar las tasas de luz y teléfono. ¿Y qué pasó ahora? ¿Es esto un exabrupto jurídico? ¿Es una punta de lanza para modificar otros contratos?

El vínculo entre la tasa de aseo y la tasa de electricidad viola el contrato firmado entre el consumidor de energía eléctrica y el distribuidor.

<>Artículo publicado el  2  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.