Retomo el caso Remón

La opinión de…

Betty Brannan Jaén

PANAMÁ, R.P. –El ex coronel Roberto Díaz Herrera publicó un artículo el domingo pasado, en El Siglo, que ofrece una teoría nueva del asesinato, en 1955, del presidente José Antonio Remón Cantera, y me reta a que la investigue, “si de verdad tenemos reporteros criminólogos”.

Rechazo el reto. En primer lugar, no pretendo ser “reportera criminóloga”. Lo que he venido haciendo, desde 2004, es investigar lo que dicen los documentos estadounidenses de la época y tratar de obligar que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Estado desclasifiquen todos sus documentos sobre el tema.

Hasta ahora, han rehusado hacerlo y creo que tendré que ponerles un pleito; su renuencia a divulgar los documentos es indicio fuertísimo de complicidad estadounidense en el delito.   En 2007 publiqué documentos que tienden a sustentar la tesis de que la CIA y la mafia colaboraron en asesinar a Remón –tesis de la novela Lobos al amanecer, de Gloria Guardia–, pero no he encontrado prueba definitiva todavía.

La otra razón para rechazar el reto de Díaz Herrera es que su tesis carece de información específica que amerite tomarla en serio.   Sin una sola migaja de corroboración, él alega que un amigo (¿cómo se llama?) ha publicado un libro (¿cómo se titula?) en que señala que un peruano de apellido Colina (¿por qué no da el nombre completo?) asesinó a Remón por “agradecimiento” a Rubén Miró  (¿qué clase de “agradecimiento” motiva el asesinato de un presidente?) y luego lo confesó (si lo confesó, ¿por qué tanto secreto ahora?).

Por el momento, esta tesis del asesino peruano tiene la misma credibilidad que le daría a la tesis de que el asesino era marciano, que, de paso, es casi la única teoría del crimen que no se ha planteado.   Al menos ocho hipótesis han circulado en estas cinco décadas (Ver mis reportajes del 2 y 3 enero de 2005, y del 2 enero de 2007), a saber:

1. Que lo mataron los gringos, con o sin complicidad de la mafia.

2. Que fueron los comunistas u otros enemigos internacionales.

3. Que fue Miró, quien confesó y luego se retractó.

4. Que fueron los arnulfistas u otros enemigos de la política criolla.

5. Que fueron los narcotraficantes, ya sea por temor a que Remón les parara el jugoso negocio (en que él o sus allegados posiblemente estaban involucrados) o como venganza por una trampa que él les hizo, y que el sicario fue un tal Martin Irving Lipstein.

6. Que en Nicaragua, un tal Jiménez Ballar confesó culpabilidad y Anastasio Tacho Somoza lo metió preso, mientras los norteamericanos se hacían de la vista gorda.

7. Que lo mataron Adolfo Hans y William Campbell, norteamericanos, pero el panameño que los acusó se retracto después.

8. Que lo mató un grupo subversivo que planeaba, también, ponerle explosivos al Canal, según acusó un norteamericano conocido por inventar historias extrañas.

Últimamente he estado fijándome en la tesis de que fueron los narcotraficantes. Encontré un artículo publicado el 14 de agosto de 1955, en la revista cubana Bohemia, titulado “Los Narcóticos: Móvil del Asesinato de Remón”.   Ese artículo le llamó mucho la atención a los diplomáticos norteamericanos, pero no encontré mucho detalle nuevo allí.

Como han hecho otros, el autor asegura que Lipstein asesinó a Remón, porque el congresista republicano Harold Velde había venido a Panamá por instrucciones explícitas del presidente Dwight Eisenhower a exigir que Remón pusiera alto al narcotráfico, como precondición a un tratado nuevo con Washington que estaba por firmarse.

Según esta tesis, Remón aceptó hacerlo y ello “decidió su destino”, pero una parte esencial del “doble–complot” era inculpar injustamente al vice presidente José Ramón Guizado, aprovechándose del plan “charlatanesco” que Miró, ingenuamente, puso en el camino de los hampones internacionales.

Continuaré la investigación.

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Este artículo se publicó el 9  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

56 años después ( 2)

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La opinión del Abogado y Comentarista..

Guillermo Márquez Briceño 

La negativa del Presidente Guizado de recomendar a la Caja de Seguro Social el préstamo de cuatro millones de dólares solicitado por la gente de la camaronera sin que se constituyera una garantía fue un recio golpe para gente muy poderosa económica y políticamente.

Había que eliminar el estorbo.   Se cometió entonces otro nuevo crimen:  El de imputarle a un inocente José Ramón Guizado, a sabiendas, la autoría intelectual del asesinato del General José Antonio Remón Cantera. Y se le fabricó un expediente para llamarlo a juicio y hasta cometiéndose un error judicial:   El supuesto autor intelectual sería juzgado antes que los presuntos autores materiales del crimen, entre los cuales hubo 7 personas.

En virtud de que se trataba de juzgar a un ciudadano con la jerarquía de Presidente de la República, éste debía ser juzgado en el seno de la Asamblea Nacional según precepto constitucional.

Los familiares del ingeniero Guizado, con su anuencia contrataron para su defensa los servicios del doctor Felipe Juan Escobar, quien curiosamente había sido mi profesor de criminología cuando yo estudiaba derecho, y a mí como vocero.

En una audiencia preliminar en la cual se le formulaban los cargos se le concedió la palabra a la acusación y terminada ella nos la fue negada tanto al doctor Escobar como a mí.

Fue entonces cuando el ingeniero Guizado, airadamente, lleno de indignación y en recio tono proclamó su inocencia y dijo: – ¡Esta es la infamia más grande del mundo, carajo!

El vigor, el tono y la vehemencia con que dijo esa frase, al más incrédulo tuvo que haberlo dejado convencido de su inocencia.

Continuará el próximo domingo

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<>Artículo publicado el 9  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

56 años después

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La opinión del Abogado y comentarista…

Guillermo Márquez B. 

Se cumplen hoy exactamente, 56 años después, y también en día domingo 2, cuando el entonces Presidente de la República, General José Antonio Remón Cantera cayó cruelmente abatido bajo fuego de ametralladora en el Hipódromo de Juan Franco al anochecer.

Su íntimo y querido amigo que para entonces era Primer Vicepresidente y Ministro de Relaciones Exteriores, el ingeniero José Ramón Guizado, fue juramentado y tomó posesión del cargo de Presidente de la República a las 2.00 a.m. del lunes 3.   Desde luego, mucha gente fue detenida e interrogada en la desesperada búsqueda de los culpables.

Casi de inmediato, personajes poderosos políticamente con intereses en el negocio de exportación de camarones le solicitaron al recién juramentado Presidente que le recomendara a la Caja de Seguro Social que le prestara a su camaronera cuatro millones de dólares. El presidente Guizado les preguntó qué garantía podrían ofrecer para el pago del préstamo, cosa que lógicamente solicitaría la Caja. Quedaron en volver y así lo hicieron pero no ofrecieron ninguna garantía más que su promesa de que pagarían. El Presidente Guizado no accedió a la solicitud.

El día 14 mientras se hallaba el ingeniero Guizado en su casa en La Cresta, ella le fue rodeada por unidades de la policía nacional so pretexto de darle protección y sin permitir la entrada o salida de ella a persona alguna. En realidad lo mantenían detenido.

Continuará en esta misma columna el próximo domingo 9.

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<>Artículo publicado el 2  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Retomo el caso Remón

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La opinión de …..

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Betty Brannan Jaén

CONTADORA, PANAMÁ –En enero de 2005, para marcar los 50 años desde el asesinato del presidente José Antonio Remón Cantera, publiqué un reportaje extenso sobre lo que los documentos internos del Gobierno estadounidense revelan sobre el crimen, investigación que continué por tres años. Uno de los grandes obstáculos fue que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) rehusó divulgar todos sus documentos sobre el asesinato, alegando que “por razones de defensa nacional” se requiere mantener esa información bajo llave.

Pedí los documentos bajo la ley de hábeas data estadounidense –Freedom of Information Act– y cuando me los negaron, presenté lo que la CIA llama una “apelación administrativa”. Tras la apelación, la CIA divulgó algunos documentos pero volvió a negar muchos otros. Para entablar una apelación judicial –en otras palabras, demandar a la CIA– será necesario contratar a un abogado en Washington que se especializa en esa clase de litigio.

Desde mi última entrega sobre el caso Remón, en enero de 2007, muchos lectores me han pedido que continúe la investigación. Lamento que dejé “caer la bola” como dicen los norteamericanos [drop the ball] cuando en verdad el tema me parece apasionante y hay muchas rutas posibles de investigación mientras, paralelamente, se lucha por obtener los documentos de la CIA.  Además, algunos lectores muy gentiles me han estado enviando material, lo cual me ha creado un sentido de obligación hacia ellos. Actualmente, este diario está “de luto por la justicia” debido a los abusos que el Gobierno comete contra ella, pero es evidente que la ciudadanía siente una gran sed de justicia, tanto por los crímenes del presente como los del pasado.

Por todo lo anterior, prometo que este año retomaré la investigación del caso Remón y haré lo posible por entablar un pleito contra la CIA, cuyo secretismo sobre el caso abanica la sospecha de que ellos mismos asesinaron a Remón.   La fascinante novela Lobos al amanecer de Gloria Guardia plantea que fue una operación conjunta entre la CIA y la mafia estadounidense, utilizando a Rubén Miró de tonto útil.   Es muy posible que así haya sido –aunque tengo dudas– y en mi ultima entrega sobre el tema revelé que había obtenido un documento que respalda esa tesis. (Ver La Prensa, 2 de enero de 2007).

El documento señala lo siguiente: En 1977, Marion Cooper –un criminal confeso que decía haber sido piloto de la CIA en los años 50, 60 y 70– le dijo al investigador Tom Lutz que la CIA le había ordenado llevar a dos hombres en avión a Panamá el 1 de enero de 1955, y que él tenía “conocimiento directo” de que estos dos asesinaron a Remón.  Lutz entrevistó a Cooper por seis días y envió un informe a Washington.

En el informe, Lutz señaló que Cooper había pasado un examen de polígrafo [detector de mentiras] con respecto a esas dos acusaciones y agregó que había “otras pruebas [y] documentos” de que dos hombres entraron y salieron de Panamá el día del asesinato, en un avión piloteado por Cooper. (Nótese que allí hay una inconsistencia: Cooper dice que llevó a esos hombres a Panamá el 1 de enero de 1955, pero Lutz dice que eso ocurrió “el día del asesinato”, que fue el 2 de enero).

Cooper también le dijo a Lutz que años después, él estuvo encarcelado junto a Paul The Waiter Ricca, figura notoria de la mafia estadounidense. Según Cooper, Ricca le dijo que Lucky Luciano –gran capo de la mafia y colaborador confirmado de la CIA– había ordenado el asesinato de Remón porque éste les había hecho trampa en un negocio de heroína. Para el asesinato, dijo Cooper, se contrató a sicarios conocidos por la CIA. Pero sobre esto, Lutz comenta en su informe que “uno no puede creer todo lo que escucha”.

Allí queda la cosa por el momento, pero no para siempre.

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Publicado el 3  de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.