Sobre religión y otros mitos

La opinión de…

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Abel L. Guerra I. 

Desde que el ser humano comenzó a razonar, ha entrado en una búsqueda incesante para conocer la verdad de las cosas, especialmente sobre aquello que está más allá de lo físico; es por ello que explicar los fenómenos que percibían a diario en torno a su vida, lo llevó poco a poco a crear relatos fantásticos (mitos) sobre el origen de los dioses, del mundo y de ellos mismos; estas mismas creencias tomaron carácter de validez para aquellos pueblos que las asumían como verdades incuestionables, dando origen a la religión.

Lo que conocemos hoy día como religión –sea cual sea– no es otra cosa que la evolución del pensamiento de aquellos primeros hombres que buscaban comprender el porqué de su vida en el mundo.

El hombre moderno, tecnócrata con conocimientos reales del mundo que lo rodea está ante el dilema de los primeros seres humanos pensantes ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿hacia dónde voy?, esto lo lleva a un estado de infelicidad, quiere encontrar respuesta, y su búsqueda lo lleva a la religión, a la magia, a los brujos, chamanes; es ahí donde los gurús espirituales van llevando a este hombre deprimido, neurótico a experimentar un nirvana, una ataraxia donde su espíritu llega a comunicarse con su creador que lo ha abandonado a la incertidumbre de develarle la verdad y le exige un acto de fe, “… cree en mí por medio de estos ‘profetas’ porque ellos interpretan el destino”.

De todo esto, la problemática que percibo es la de “líderes religiosos”, llámese pastores, rabinos, sacerdotes, brujos, espiritistas, etc. que con astucia y perspicacia de conocer los textos sagrados, leer la bola de cristal, las cartas, el café, etc., se aprovechan timando, violando y juzgando a estas personas sin conocimiento y desprotegidas por sus carencias psicológicas.

Si bien en cierto que en Panamá hay libertad de culto, también es cierto que el Estado debe intervenir para salvaguardar la vida y honra de los individuos.   Es imposible creer que la proliferación de los “estafadores de la fe” opere libremente en este país, donde la cantidad de personas vulnerables crece cada día por la falta de esperanza.   Se pierde la esperanza en los políticos que solo piensan en ellos en detrimento de los que los eligieron; se pierde la esperanza en la sensatez de las religiones que no saben cómo seguir encubriendo los errores de sus líderes.

Para que este país se convierta en uno de primer mundo, es necesario brindar cultura general, dar luces educativas con respecto a conocimientos sobre historia del pensamiento del hombre, para que no se dejen embaucar y puedan defender sus derechos como ciudadanos en todos los ámbitos.

Imposible pensar que las autoridades educativas quieran eliminar materias como filosofía y lógica porque las consideran no aptas para la demanda laboral,   ¿acaso lo que se busca es personas que no razonen, que se dejen explotar por las transnacionales y por inescrupulosos que utilizan la fe para enriquecerse?

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Artículo publicado el 29 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

La unidad perdida

La opinión de…

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Ruling Barragán Yáñez 

De los términos “racionalidad” (o “razón”, sin más) y “religión” se han encargado eminentes eruditos en portentosas enciclopédicas filosóficas. Quienes los han leído saben bien que ambos conceptos, razón y religión, son sumamente controvertidos, pero no por ello queda a criterio de cada quien decidir qué significan.

En términos generales, por razón o racionalidad se comprende básicamente la facultad humana de pensar y argumentar de acuerdo a ciertos principios lógicos; por religión se entiende aquellas creencias y prácticas que adopta el ser humano como visión general del mundo y fundamento moral de su existencia.

Según algunos estudiosos, a partir de la modernidad (vagamente, desde el siglo XVI), se resquebraja la unidad existencial entre la pura racionalidad y la dimensión espiritual de la experiencia humana sustentada por grandes filósofos antiguos (por ejemplo, Platón y Plotino) y eminentes teólogos medievales (Tomás de Aquino, Avicena, o Suárez), en el contexto de la cultura occidental.

Hoy día, la ciencia moderna reemplaza a la sabiduría antigua; ya no se habla de Dios o el alma humana, pues el progreso científico–técnico del mundo moderno no sustenta concepciones religiosas o espirituales.

Antes bien, tiende a desestimarlas como ilusiones o fantasías, generando un proceso de “desencantamiento” (Weber), que sumerge a los individuos y sociedades modernas en un universo “humano, meramente humano” (Nietzsche), sin ninguna trascendencia, fundamento o finalidad en sentido metafísico.

Así pues, con “la muerte de Dios” –esto es, cuando las creencias religiosas ya no son aceptables u operantes en el mundo moderno– el hombre se enfrenta a un vacío existencial que la ciencia, el arte o la política al parecer no pueden llenar.   La pregunta “¿por qué debo ser justo, o bueno?” se da entonces de un modo mucho más acuciante y problemático.

Gran parte de nuestros actuales problemas éticos, sociales y políticos se deben al “déficit motivacional” (Habermas) que ha producido la muerte de Dios en la modernidad. Desde hace siglos, intentamos sobrellevar la muerte de Dios con variados cultos seculares: a la nación, al Estado, a la ciencia y la técnica, al capitalismo (o al marxismo), a la democracia (o a los derechos humanos), a la cultura y al individualismo, entre tantos otros.    Tal vez, Dios pervive en ellos en alguna forma, pero de manera fragmentaria, dispersa y debilitada.

En otros tiempos y culturas, la racionalidad no excluía a la transcendencia. Actualmente, no es así, al menos para la cultura occidental en significativa medida. Ante esta situación, es menester replantearnos ciertas preguntas de suma importancia vital: ¿cuál es el sentido y cuánto el valor que le damos a lo que llamamos “racionalidad”?

Asimismo, ¿qué significado y validez otorgamos a lo que denominamos “trascendencia”? ¿Debemos renunciar a una en virtud de la otra? ¿O es posible recuperar de alguna manera la unidad perdida entre la razón y lo trascendente que sustentaba y enaltecía al ser humano en tiempos pretéritos?

De las respuestas que tengamos para estas preguntas, dependerá la orientación moral que le demos a nuestras vidas y el mundo en general.

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Artículo publicado el 28 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

¿Qué es el ateísmo?

La opinión de…

Ruling Barragán Yáñez


En términos generales, el ateísmo puede ser definido como la negación razonada de la existencia de Dios. En cuanto tal, se trata de una postura filosófica no una doctrina científica. No obstante, el ateísmo recurre a la ciencia moderna para demostrar que la existencia de Dios –en particular, su concepción tradicional y popular– es sumamente improbable. Asimismo, despliega razones filosóficas –en especial, de naturaleza moral– para mostrar que nuestras creencias acerca de Dios y la religión en general son racionalmente cuestionables.

Sin embargo, el ateísmo no siempre se ha comprendido del mismo modo a través de la historia y las culturas.   En la antigüedad occidental, por ejemplo, la no creencia en un dios en particular (aunque se creyera en otro u otros), podía ser considerada como ateísmo. Del mismo modo, algunas doctrinas filosóficas, al igual que ciertas enseñanzas religiosas, podían calificarse de “ateas”.    Tal fue el caso de las enseñanzas de Sócrates y las creencias religiosas del cristianismo.   Por otra parte, en Oriente, las ideas del jainismo y el budismo, sin dejar de mencionar al confucianismo o al taoísmo, han prescindido generalmente de la idea de un Dios creador y personal, lo cual las define formalmente como ateas.

En el occidente medieval, el ateísmo fue una doctrina sumamente extraña. La influencia general del cristianismo en todos los ámbitos de la cultura hicieron del ateísmo una posición filosófica bastante inusual. Para algunos historiadores de la filosofía, el ateísmo en sentido estricto surge en la Edad Moderna, en los siglos XVII y XVIII, especialmente, con los filósofos de la Ilustración Francesa. Estos pensadores consolidan los cimientos ideológicos de un ateísmo “militante”, esto es, una forma de ateísmo que se distingue por el modo intransigente y agresivo con que atacan a la religión, acusándola de irracional y opresiva en su totalidad. Marx, Nietzsche y Freud son los epígonos más conocidos de esta clase de ateísmo en los siglos S. XIX y XX.

En la actualidad, el ateísmo militante encuentra sus más destacados exponentes en el mundo anglosajón con intelectuales públicos como Richard Dawkins, Sam Harris y Christopher Hitchens. Estos “nuevos ateos” (the new atheists, como les ha denominado la prensa angloamericana), al igual que sus predecesores ilustrados, son radicales y proselitistas a extremos inusitados, lo cual les ha hecho proclives a un dogmatismo e intolerancia que incluso resulta irritante para muchos de sus partidarios. En esta línea, tienden frecuentemente a hacer afirmaciones descomedidas al expresar, por ejemplo, que “la religión es la raíz de todo mal” o que “el mundo sería esencialmente mejor si la humanidad entera fuera atea”. Sin embargo, afirmaciones como éstas –expresadas usualmente en un estilo retórico y abusivo– son más bien el resultado de la idiosincrasia de sus expositores, no del carácter per se de sus argumentos.

En nuestros tiempos, el sentido y valor que le demos a la existencia humana dependerá del diálogo que se suscite entre las tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad y las diversas corrientes del ateísmo. Todos los que estimamos el diálogo intercultural e interreligioso deberemos esforzarnos por responder apropiadamente los cuestionamientos y desafíos que propone el ateísmo en el mundo contemporáneo.

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Este artículo se publicó el 24 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Comentario (sobre la burka)

La opinión de…



Fernando Amador 

En varias ocasiones he visualizado en la ciudad de Panamá, concretamente en el mall de Albrook, la extraña visión de varias mujeres con una vestimenta o ropaje color oscuro llamado burka, donde lo único que exhiben son los ojos, enfundadas en esa decadente ropa que les cubre todo el cuerpo; eso sí, sus supuestos maridos, caminando delante de ellas, con pantalones jeans y camisas modernas.

Estas mujeres, a no dudarlo, pertenecen a la religión musulmana que les impone el uso de esta represiva y sofocante ropa. Están bajo el imperio del ‘machismo más represivo del mundo’.   Deseo instar a las autoridades panameñas que contemplen algún tipo de ley que prohiba en su sociedad el uso de la represiva burka en las mujeres.

Les transcribo lo expresado por la Secretaria de Organización del partido PSOE de España, Leire Pajín, calificó el uso de la burka como ‘una cárcel de tela para las mujeres’. El ministro de Justicia español, Francisco Caamaño, expresó que el uso de la burka es incompatible con la dignidad humana.

Hagamos un esfuerzo por refrenar en nuestros países, esta costumbre que deshumaniza a la mujer. Creo con certeza, que ningún panameño obligaría a sus hijas o esposa a utilizar semejante escafandra de tortura. Brindémosle a estas mujeres musulmanas en nuestra región, un ambiente de mayor libertad y consideración poniendo una prohibición al uso de esta ‘cárcel de tela’.

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Este artículo se publicó el  24  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Discrepancias

La opinión del Sacerdote Jesuíta…..

Rosendo Torres 

Dejo en claro que escribo como un ciudadano observador atento a una discrepancia que se le ha dado publicidad entre las muchas que existen y deben existir por aquello que decía Sócrates: Discuto para aprender. Por otro lado los intersticios legales se los dejo a los letrados.

Aludo a las divergencias que han surgido entre el COP y Pandeportes, admiro los razonamientos que aducen ambas partes, pero en el fondo percibo una ironía y una materia de reflexión no ya religiosa sino de tipo ético.

A veces confundimos la moral con la religión, y no son la misma cosa.  La religión tiene como base la fe y las prácticas piadosas junto con las distintas creencias que cada uno pueda tener y que ojalá tenga.   La moral tiene que ver con las “mores”, es decir la costumbres dentro de un contexto social y normalmente tiene en cada religión ciertas normas que atañen a la conciencia de los actores.

Digo esto porque según le escucho en televisión a la Directora de Pandeportes a quien le atribuyen ciertas dificultades en el manejo del deporte, responder a los cargos.

Según la directora fuera de otras funciones que velan por el desarrollo del deporte, maneja sobre todo parte del presupuesto nacional destinado al ejercicio del deporte en sus distintas federaciones, estas a su vez lo administran asignándolo a los distintos compromisos nacionales e internacionales pero con la obligación de rendir cuentas, de acuerdo con la descripción de los posibles gastos previstos y presupuestados.

Por lo visto, aquí surge la divergencia. Y aquí me sonrío yo. Porque como dice la Directora aquí es donde viene parte del mencionado “cambio” político. Hay que cambiar de método de organizar nuestras representaciones deportivas al exterior y atenerse a un presupuesto.

Con frecuencia leíamos en el pasado más o menos en estos términos, “salió la delegación nacional al extranjero en tal deporte, llevando dos o tres atletas, pero la delegación la componían federados, directores, kinesiólogos, esposas de funcionarios, etc., eran más que los mismos atletas.” Y al final participábamos sin pena ni gloria y eso repetidas veces. Y lo que siento es que como se trata de deportes como que la praxis de la ética como que no entra aquí.

Veo en la discrepancias que ojalá llegue a término feliz una ocasión de que se discrepe antes de embarcarse en gastos suntuarios de ir a pasear en vez de ir a competir sanamente y lograr algo. Ojalá todos los atletas fueran Saladino, lo cual es imposible.

Veo que muchos países iguales al nuestro en luchas económicas no suelen enviar delegaciones a otros países no porque no tengan atletas sino porque pesan antes qué clase de papel va a hacer. Uno no puede estar peleando siempre o casi siempre por el último puesto.

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Este artículo se publicó el  27  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Comunidad Bahá’í – Persecución religiosa en pleno siglo XXI

La opinión de…..

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Fernando Reid

Mayo de 2008. Siete Bahá’ìs encargados de coordinar los asuntos de su comunidad en Irán fueron arrestados sin cargos y puestos en la prisión de alta seguridad de Evin, en Teherán. Hasta ahora se les ha mantenido incomunicados durante más de año y medio, privados incluso de comunicarse con sus abogados. Finalmente, en enero de este año fueron llamados a juicio, pero antes de presentar la fiscalía los cargos, los jueces suspendieron el proceso sin dar explicación alguna.

Este es una más de una larga serie de atropellos y vejaciones que ha estado sufriendo la Comunidad Bahá’í por parte del Gobierno de la República Islámica de Irán, desde que este último asumió las riendas del estado iraní en 1979. En efecto, poco después de la Revolución Islámica y el retorno del Ayatollah Khomeini, la Comunidad Bahá’í en Irán empezó a ser objeto de persecuciones sistemáticas y cada vez más enconadas cuyo objeto último es su erradicación, como pudo saberse en 1991 a raíz de la publicación de un documento secreto llamado “La Cuestión Bahá’í” que delinea los pasos para dicha erradicación.

La primera ola de persecución se centró en amedrentar a los Bahá’ís mediante encarcelamientos, torturas y ejecuciones. Más adelante, las autoridades iraníes añadieron la opresión económica, social y cultural. A los Bahá’ís se les niega el acceso al trabajo, la educación y la propiedad. Sus lugares sagrados han sido profanados, sus monumentos saqueados y se les ha obligado a desarticular sus instituciones.

No obstante las reiteradas denuncias y resoluciones en las Naciones Unidas y los pedidos de diversos estados al gobierno iraní para que respete los derechos humanos de esta asediada comunidad, hasta ahora las mismas han sido infructuosas. El gobierno iraní sigue su campaña de persecuciones.

Cabe preguntarse a estas alturas cuál es la razón que invocan las autoridades iraníes para justificar esta política sistemática de exterminio. Más allá de las acusaciones coyunturales, la razón de fondo de las persecuciones parece ser la idea de que cualquier reclamo a una posición profética posterior al mensaje de Muhammad se considera una herejía. Es esta interpretación la que ha llevado a las autoridades iraníes a negar a los Bahá’ís su calidad de seres humanos, tratándoles de apóstatas y, por ende, a negarles los derechos humanos que toda persona tiene por el solo hecho de serlo. Así, una comunidad de más de trescientos mil personas está sufriendo el menoscabo de sus derechos y la posibilidad de desarrollar sus potencialidades y contribuir con el desarrollo de su país, en base a una diferencia teológica la cual, en cualquier caso, debiera dejarse al libre arbitrio de cada individuo, como lo establece la Declaración Universal de Derechos Humanos. ¿Cuál es el legítimo reclamo de la Comunidad Baha’is en Panamá? Que sus correligionarios reciban tan solo un juicio justo, público y con apego a la ley.

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Este artículo se publicó el  14  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La madre de todos los miedos

La opinión de….

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Efraín Hallax

El miedo entumece, te hace sangrar y ladra. Algunas veces también te puede salvar la vida. Descubrir la diferencia es un arte que te toma toda una existencia.

Si crees que tu peor miedo es perder un hijo, todo tu dinero o tu amor, te pido te detengas y mires dentro de tu universo interior, hurgando profundo hasta dar con nuestro “cuco” personal.

Perder el alma, irse al infierno, no ir al paraíso, estar excomulgado, etc. son los miedos más comunes de la psiquis del homo religiosus. Igual que un témpano de hielo, el homo religiosus ve un tempano de hielo solo en lo superficial, y por ende su verdad solo en lo que aflora del agua.

La madre de todos los miedos, para la mayoría religiosa, es nuestro miedo a morir. Nuestro terror a desaparecer sin pertenecer a nada ni a nadie. La existencia del vacío después de la muerte…

Hablar demasiado o criticar a la Iglesia se castiga quitándote tu entrada al cielo. La inquisición y la tortura no son cosas del pasado. Lo seguimos recibiendo hoy de parte de nuestra sociedad religiosa y del clero en general, bajo sublimes amenazas en relación directa a nuestras objeciones para con la Santa Iglesia. ¡Shhhhhhhhhh! Callado…..

Acabo de leer la patética carta escrita por Andrés Carrascosa Coso, nuncio apostólico en Panamá. Primero que todo, no son 300 sacerdotes acusados de abusos sexuales en nueve años Sr. Carrascosa Coso. Los 300 son la punta del iceberg.

En su escrito usted afirma que los “expertos” indican que la pederastia y los otros abusos sexuales son independientes del celibato, (quiénes son estos expertos?). El universo y yo estamos en desacuerdo con usted y con esos expertos.

La Iglesia que usted defiende en su artículo por parte de monseñor Mueller percibe “sentirse acosada”. Créame que aquí los acosados son los niños abusados sexualmente y ante esa cruel realidad no hay lugar a justificación subliminal alguna como la que ha tratado de comunicar en su reciente escrito.

Me altera saber del miedo de la Iglesia católica a que sus “hijos pierdan su miedo”, ese temor propio y ajeno que metódica y sistemáticamente nos vienen inculcando por siglos.

¿Porqué este miedo a la libertad? Me pregunto. Créame que el prohibirle a los curas el matrimonio y el permiso para poder amar y ser amados es una porción directa y porcentualmente altísima del problema de abusos sexuales y pederastia existentes.

El iceberg es profundo y duro, la verdad débil como la carne.

Confíe usted también en que casi todos los curas han buscado y seguirán buscando el amor aquí en la tierra. Apóstoles, curas y santos casi todos, han amado aquí en la tierra a una mujer. Esa es la gran verdad de la vida. Todo el resto es una burda película, inventada por la ambición de un control desmedido.

El mundo entero está en un despertar, en un amanecer que si es aceptado con valentía por parte de la Iglesia, podrá conducirnos a una nueva época. Mantener esta actitud de cobardía y miedo, llevará a la Iglesia católica a su propia destrucción. Perdonar como propone el Papa y luego encubrir disimuladamente esta locura no es una solución aceptable.

Nadie está libre de pecados para tirar la primera piedra; nos lo recuerda el Papa. Esta vez no dejaré que este versículo utilizado por Jesús con otro propósito, sea utilizado de una forma tan engañosa. Particularmente no me molestaría ver preso a todo culpable de abusar de un niño, ya sea cura o bombero. Las estadísticas (no de la Iglesia) indican que casi siempre estos reinciden en su acción criminal. Y aunque camine en valles de sombras de muerte no le temeré al mal, ya que Jehová, mi Dios, estará conmigo.

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Este artículo se publicó  el  30 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pena de Muerte y Religión

La opinión del Biólogo y especialista en género y desarrollo….

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Ricardo Mejía Miller

El 22 de febrero pasado, un diario de la localidad reportaba que en la procesión del Cristo de Atalaya, la multitud de peregrinos se estimaba “en más de 150 mil personas”.  El personaje central de la fe cristiana es Jesús y fue un hombre, que según la historia, se caracterizó por su inmensa compasión por la humanidad y sus acciones en bien de todos y todas, sin distingos de ninguna clase.

Este hombre, el guía de los cristianos, murió producto de la pena de muerte que se implantaba en esa época. La pena le fue impuesta a través de una forma plebiscitaria cuando el pueblo fue consultado para decidir entre Jesús y Barrabás. Este evento nos dice que no siempre “el pueblo” acierta en sus decisiones.

Por otro lado, el mismo Jesús, el guía de los cristianos actuales, evitó la aplicación de la pena de muerte a una mujer adúltera, quien, según las leyes levíticas, debería morir apedreada al haber sido encontrada “in fraganti” en el acto mismo del adulterio.

El cristianismo, como religión, se caracteriza por su defensa al derecho a la vida. Aunque no soy cristiano, con todo respeto, quisiera recordarles algunas aseveraciones de sus propias creencias.

La opción por la vida del ser humano, a pesar de que llegue a delinquir gravemente, se manifiesta cuando Dios, según la Biblia, a través del profeta Ezequiel, manifiesta “¿acaso me complazco yo en la muerte del malvado y no más bien en que se convierta de su conducta y viva? (Ez, 18,23). Tal como decía, no soy cristiano; soy budista; y para nosotros/as también lo más importante es atesorar la dignidad de la vida.

La pena de muerte se usa como advertencia o como represalia/venganza por una acción. Pero una represalia, siempre conduce a otra. Las “manos duras” traen “pechos duros”; los corazones de los delincuentes sólo se insensibilizan aún más. Los datos en Panamá, no nos dejan mentir.

El filósofo budista Daisaku Ikeda nos dice que “la dignidad de la vida es un fin en sí mismo; por lo tanto, cuando es necesario aplicar un freno social, seguramente es mejor acudir a un procedimiento que no menoscabe la vida”.

Yo imagino que los 150 mil peregrinos de Atalaya, no se cuentan entre los que piden a gritos la pena de muerte.  Mi pregunta es, cómo es posible qué varios católicos y cristianos contradigan con sus opiniones, las acciones y pensamiento de Jesús; y por otro lado, los practicantes budistas sí podamos seguir fielmente a nuestros maestros.   Algo está pasando con la religión en Panamá.

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Este artículo  fue publicado el 20 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Asunto privado

La opinión de…..


MARALICETH MELAMED

En medio de los cambios que sufre el planeta, en contraste con el poco valor que le concedemos al derecho de la vida ¿qué ha logrado que nuestra confianza en el amor de Dios mengüe? Si observamos detenidamente el acontecer mundial y nacional, pareciese que la Humanidad ha caído nuevamente en el paganismo, en donde la adoración por lo irreal, efímero, material y carnal aniquilan la fe, el amor y la esperanza.

La fe por la promesa de Dios, el amor por la humanidad (probado hace siglos a través de la cruz) y la esperanza de su llegada. Basta con sentir el asalto constante en que vivimos: delitos, muerte, drama, dolor, pobreza, cinismo, irrespeto, destrucción de ecosistemas, guerras, libertinaje, incredulidad, corrupción y demás faltas que nos alejan de Dios. Sin embargo, existe una promesa, una luz en este penoso camino y un perdón a nuestras faltas.

Es cierto, la oscuridad de este tiempo fue anunciada, pero también es cierto que Dios nos conoce y no se esconde de nosotros, ni nos niega. Entonces, ¿por qué escondemos nuestra confesión de fe? ¿Por qué no caminar con ella en nuestro actuar diario? Mostrémosle a Dios nuestro agradecimiento, esperanza y respeto: asistiendo a misa, al despertar cada mañana, ayudando al prójimo, orándole, leyendo La Santa Biblia.

¿Por qué hemos convertido nuestra religión en un asunto privado y ocasional? No es correcto que traslademos nuestra fe tan adentro y casi a escondidas, mostrándola solo cuando necesitamos ayuda, cuando sentimos miedo o cuando asistimos al Miércoles de Ceniza o al Domingo de Ramos.

¿Podríamos negar acaso nuestras faltas: orgullo, vanidad, malos pensamientos, mentira, odio, envidia, si no cojeamos de uno, cojeamos de los dos lados, el único bueno y perfecto es Dios. Sentimos tanto amor y apego por este mundo que hemos olvidado el siguiente, al igual que nuestra identidad y dirección y que nuestros actos tienen eco en la Eternidad.

El confesar nuestros pecados válida nuestra fe en el camino, la verdad y la luz de Cristo. Compartamos esa seguridad en familia, en comunidad; empecemos con la penitencia, confesémonos, pidamos ayuda a Dios para regresar a Él. Confiemos en su infinita misericordia, para la cual no hay pecado grande.

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Artículo publicado el 10 de Marzo de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Carta abierta al arzobispo Ulloa

La opinión y peticiones de…..

Xavier Sáez–Llorens


Lo felicito por su designación al frente de la Iglesia católica panameña. Algunos amigos que aprecio me han comentado que es usted una magnífica persona, humilde, solidaria y conciliadora. Enhorabuena. Como sabrá, no compartimos espiritualidad ni creencia. No obstante, este antagonismo es secundario cuando el bienestar del prójimo es objetivo principal.

Me tomo, por tanto, el atrevimiento de pedirle que introduzca cambios para dirigir una institución más humana, menos estigmatizante y desprovista de doble discurso. Dimas Cedeño fue tan gris que la sociedad todavía extraña a McGrath. Aunque sé que le puede resultar difícil contrariar a quien lo designó en esta posición, distánciese de las ideas inquisidoras y anquilosadas de B–16. Demuestre autenticidad y valentía. Me encanta ver a compatriotas dejando legados positivos e imborrables para los demás. Le ofrezco humildes consejos.

Su ámbito de poder es únicamente entre la cúpula eclesial y los feligreses. No pretenda ejercer influencia sobre otros ciudadanos no afiliados a su religión. No interfiera en la salud pública. Este asunto le compete al Minsa. Los métodos anticonceptivos han sido extraordinarios avances para la dignidad femenina, la felicidad conyugal y el planeamiento familiar.

Estos no solo evitan la penosa ocurrencia de embarazos indeseados y abortos provocados sino que, en el caso del condón, previenen la transmisión de enfermedades sexuales, algunas de ellas fatales. La falta de acceso e información sobre la anticoncepción afecta particularmente a la población más pobre del país. Criticar las campañas sanitarias y presionar a los políticos para votar contra estas medidas es irresponsabilidad criminal.

Condene enérgicamente la pederastia del clero. La frase de cero tolerancia es un buen comienzo, pero vaya más allá y entregue a la justicia a cualquier sacerdote que practique estos execrables actos. El abuso sexual de un menor merece un castigo ejemplar, venga de donde venga. Apártese de la hipocresía papal que por un lado reprueba estas vergüenzas, pero por el otro las oculta por décadas, indemnizando a víctimas y trasladando de parroquias a los depravados. Lidere un movimiento para hacer del celibato una opción no obligatoria.

La castidad es una aberración antinatura. Remueva la etiqueta de enfermedad a la homosexualidad. Hay muchos homosexuales en el sacerdocio. Al ocultar esa realidad, se propicia la represión y clandestinidad de sus instintos hormonales. No discrimine a la mujer. Ellas también tienen derecho y capacidad para ejercer el ministerio de la fe, quizás mejor que la contraparte masculina.

Aléjese del Opus Dei. La derecha moralista no tiene muchos adeptos. Se percibe elitista, fundamentalista, controladora y dueña de la verdad absoluta. Sus miembros utilizan un lenguaje caritativo para mejorar opinión pública y generar más fortuna. Esta prelatura siempre ha coqueteado con regímenes fascistas. Puedo entender que estén preocupados por estar perdiendo membresía y que necesiten aliados acaudalados para hacer frente a la competencia, pero esta vinculación es perniciosa y contraproducente.

La gente, particularmente la juventud, está sucumbiendo a otras vertientes cristianas y a corrientes agnósticas, debido a las estrategias militantes de aproximación evangélica, a los avances científicos y al desfase de los dogmas religiosos con la realidad contemporánea. Modernice pensamientos medievales. La existencia de purgatorio, limbo y demonio es solo metáfora bíblica. Estamos en el siglo XXI, por favor. Desista del retrógrado plan de crear una escuela de exorcismo. El padre Fortea es un enfermo mental. La proliferación de santerías y ritos satánicos es motivada por falta de educación y reforzamiento de las supersticiones por charlatanes de oficio y medios televisivos.

Practique un genuino ecumenismo. Ninguna creencia puede arrogarse la superioridad de su doctrina. Ni la ciencia, con sus métodos racionales, ha podido todavía descifrar el enigma del origen del universo y surgimiento de la vida en la Tierra. El cristianismo es minoría. Solo una tercera parte de la humanidad cree o sigue las supuestas enseñanzas de Jesús. La preponderancia del catolicismo en América Latina es solo circunstancial y aleatoria, originada por la venida de conquistadores ibéricos y sometimiento del indígena a las directrices de la corona española.

Si nos hubieran descubierto los árabes o los asiáticos hoy seríamos musulmanes o budistas. No hay necesidad de realizar invocaciones en actos oficiales de un Estado que debe ser aconfesional e incluyente. La educación estatal no debe inculcar conceptos y símbolos de una religión específica sino cultivar la convivencia pacífica y la tolerancia entre distintas convicciones. Adoctrinar a la niñez en una determinada creencia es tan pernicioso como la práctica de imbuir extremismos de izquierda o derecha en escuelas.

En 1985, un grupo de indígenas peruanos regresó la escritura sagrada al pontífice JP–2 diciéndole: “En cinco siglos no nos ha dado amor, ni paz, ni justicia. Por favor, tome su Biblia y devuélvala de nuevo a nuestros opresores, porque ellos necesitan más sus preceptos morales que nosotros”. Yo agregaría que en dos milenios oficiales transcurridos, ninguna religión ha propiciado equidad, honradez y bienestar a la humanidad. Es hora de cambiar la imagen. Shakespeare decía que “ningún legado es tan rico como el de la honestidad”. Empecemos, arzobispo Ulloa.

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Publicado el 7 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El amor no hace mal al prójimo

La opinión de…..

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J. Enrique Cáceres–Arrieta

Si intentara definir el amor, hallaría serias dificultades. No caeré en la tentación. Lo importante no es definirlo, sino entender que el amor no hace mal al prójimo. Que si me amo y acepto tampoco atentaré contra mí. Amarme y amar es vital.   El amor es un valor universal objetivo. Religiones, filosofías, morales y éticas lo consideran un bien fundamental. De la ley moral (adherida en nosotros sin importar que seamos teístas o ateístas) del universo moral en que existimos, el amor es preeminente.

Amar es lo único trascendental. Lo más potente en el universo. Creencias religiosas, filosóficas, ideológicas, morales, éticas y naturalistas suelen pasar y quedar en el olvido porque sus postulados y paradigmas son remplazados o renovados por otros más ajustados a la verdad, mas el amor permanece. “Las muchas aguas no podrán apagarlo ni lo ahogarán los ríos”, escribió el sabio. El amor vence resentimiento, rencor, odio, desamor. Nunca el desamor ha vencido al amor. Jamás resentimiento, rencor, odio prevalecerán sobre el amor. Nadie en el goce de sus facultades psicoemocionales se opone al amor. Repudiamos religiones, filosofías e ideologías porque abrazamos creencias e intereses y arrastramos emociones y criterios cargados. Pero nunca objetamos al amor pues nuestra búsqueda primaria y más apremiante necesidad natural es el amor.

La religión y filosofía pretendidas como verdaderas deben girar sobre tres puntos eje. En religión, amor a Dios sobre todas las cosas, temor reverencial a Él y amor al prójimo como a uno mismo. En filosofía, amor al prójimo como a uno mismo. El amor repite por ser un valor universal objetivo reconocido por religiones y filosofías. Pero frecuentemente está ausente en religiosos y filósofos. Por ello conflictos y barbaries, en religiones e ideologías. Y la retórica intolerante e incendiaria, en filosofías.

Verdad sin amor es legalismo y fanatismo. Amor sin verdad es sentimentalismo empalagoso e indulgente. Franqueza sin amor es impiedad. ¿De qué vale religión sin amor y temor a Dios y sin amor al prójimo? ¿De qué sirven filosofía, ética y ciencia sin esos ingredientes? O si soy ateo y/o practico una religión sin Dios, ¿sin amor al prójimo como a uno mismo? Sin amor, eso es heno, hojarasca y madera que el fuego quema.

Si practicáramos la mitad de lo bueno que sabemos, la convivencia sería mejor. Si guardáramos la ley moral escrita en la conciencia, el mundo fuese diferente. El inconveniente no estriba en falta de moral, ética y ley, sino en el nulo temor a Dios y casi generalizado desamor a Dios y al prójimo.

El desafío es amarme y amar al prójimo como a mí mismo. La religiosidad no justifica la omisión porque sin amor al prójimo como a uno mismo la religión es hueca. Si soy ateísta, el ateísmo tampoco exime pues el amor es el valor universal objetivo por excelencia.

¿Seremos capaces de observar tal mandato siendo meros religiosos o viviendo sin Dios? No. Con esfuerzos humanos es imposible amar al prójimo como a uno mismo. Si hacemos honesta introspección, notaremos ausencia de amor al prójimo. En nuestra naturaleza no hay amor ni perdón para quien lesiona honor e intereses o daña a la familia. Vivir sin Dios y asegurar amar al prójimo como a uno mismo es autoengaño. Y para vivir como si Dios no existiera no es menester ser ateo.

La vida es breve, una sola y muy frágil; por tanto, haré todo lo posible para vivir en paz con la mayor cantidad de personas, permitiendo que sea el amor (sobre creencias religiosas, filosóficas, ideológicas o naturalistas) el vínculo que al prójimo me una, pues “si no tengo amor, nada soy”; y si lo que hago lo hago sin amor, “de nada me sirve”, escribió el ex perseguidor que camino a Damasco tuvo un encontronazo con el amor encarnado.

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Publicado el 25 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cultura y ritualismo: a propósito del ayuno cristiano

La opinión del Consultor en Sociología……

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ROBERTO A. PINNOCK

Tanto en Sociología como en la Antropología Social, se sabe que un conjunto de individuos es parte plena de una determinada cultura en la medida en que comparte ideas (creencias, conocimientos, saberes) instituciones (entidades que regulan su comportamiento) y medios o instrumentos útiles a sus quehaceres cotidianos, todos ellos aprendidos socialmente. Pero si solamente se comparten las creencias, pero no las normas prescritas o viceversa, es más probable que estemos frente a un grupo que es parte de otra cultura, por más parecidas que sean entre ellas.

Este es el caso de prácticas religiosas como la que se refiere al ayuno cristiano. Quienes están integrados(as) a esta cultura saben que el valor del ayuno poco tiene que ver con la renuncia a comer carnes y mucho tiene que hacer con conductas que tienden a privar de un tipo de placeres: aquél que pueda conducir a perjuicios de sí mismo o del prójimo (que en cualquiera de los dos casos significaría un rompimiento de su relación con Dios).

En el primer tipo de conducta, se sigue detrás de lo simbólico y no del principio que rige la cultura cristiana, es decir el segundo tipo de conducta. El sociólogo Robert Merton denominaba al primer caso “ conductas ritualistas ”, porque se utilizan los medios o los símbolos, sin que necesariamente se tenga un comportamiento identificado con los principios y valores de la cultura, en este ejemplo, la cristiana.

Esto no debe confundirse con la llamada religiosidad popular, toda vez que aquí se siguen prácticas de la cultura religiosa en sus formas más elementales, casi primitivas de la misma, pero que no implican una negación de los principios y valores, una vez sus practicantes estén adecuadamente educados(as) al respecto. De allí que en el caso de la Iglesia Católica, la religiosidad popular no es objeto de sanción, porque se ve como un escalón inicial dentro del proceso de culturización del cristianismo. El riesgo es que no se supere este nivel.

Cosa diferente es el ritualismo, aquí nos encontramos con confesos(as) seguidores(as) de la doctrina cristiana muy afanosos(as) en la privación de la degustación de carnes, pero que no se privan de darle rienda suelta al rumor o la calumnia en perjuicio de personas y grupos, porque no coinciden con sus “ creencias ” en temas sensitivos como el aborto, la guerra, la sexualidad o el ejercicio de la política.

Los maestros de mis primeros conocimientos teológicos (el difunto monseñor Carlos A. Lewis encabezándolos) calificaban a este tipo de “ fieles ” como “ ateos practicantes ”, o ejercientes modernos del más puro “ fariseísmo ”. Es el caso, de rabiosos(as) opositores(as) al aborto, pero que callan ante variadas formas de genocidios que se han venido llevando a cabo en África, Irak y hasta en Haití antes y después del terremoto, por parte de los más oscuros poderes de la geopolítica norteamericana. O de grupos de homofóbicos(as) que se amordazan ante denuncias de abusos sexuales por parte de religiosos heterosexuales, aún cuando el propio Papa Benedicto XVI ha planteado tolerancia cero ante estas conductas. Tales ritualistas, definitivamente hacen referencia a un ayuno que se parece al de la cultura judeo cristiana, pero sin serlo en lo esencial. Lo lamentable aquí es que se trata de gente con inconmensurable acceso al poder político, económico y mediático de nuestra sociedad contemporánea.


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Publicado el 22 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.