Tumba o pedestal

La opinión de…

Jorge Gamboa Arosemena

Hace pocas semanas, le advertía a la ministra Méndez que para ella el asesinato de los menores infractores podía ser una tumba o un pedestal, dependiendo de cómo enfrentara sus responsabilidades en este caso específico y en su accionar en general.   Todo parece indicar que la ministra no entendió mi señalamiento, sino el alcance del infausto suceso y de sus acciones, lo que se está convirtiendo en tumba política y moral para ella y para sus colegas del gabinete.

Ya Mulino tiene su tumba, bien ganada por la barbarie de Bocas del Toro, por su responsabilidad como cabeza del Ministerio de Seguridad en el caso del Centro de Cumplimiento de Menores y por el rosario de acciones anticivilistas, que han sido su fe de erratas a sus acciones en los años 1987, 1988, 1989.

El ser humano puede rectificar y los políticos que actúan contrario al mandato popular tienen esa oportunidad, aunque no creemos que siquiera intenten comprender sus desvaríos.   Por una u otra razón, el gobierno del “cambio” ha levantado adversarios en sectores ciudadanos no partidistas, como trabajadores, empresarios, estudiantes, educadores, jubilados, médicos, pescadores, iglesias, transportistas y hasta turistas que se han manifestado enérgicamente contra sus políticas erradas.

El colapso de la potabilizadora de Chilibre, junto a la mediatización de la libertad de expresión, y la acción del jefe de la Policía, encubriendo las corruptelas de sus administradores, advierten los alcances de incapacidad y de autocracia de este gobierno.   Algunos dirán que exagero sobre lo de la libertad de expresión y pondrán como ejemplo que emito, con cierta frecuencia, mis críticas en prensa, radio y televisión.   Igual hice, durante la dictadura, hasta que cerraron todos los espacios.

Todavía recuerdo cómo el 1 de marzo de 1988 nos sacaron violentamente de Radio Mundial, junto al Dr. Carlos Iván Zúñiga y su esposa, como también a la Dra. Doris de Mata y más de 30 dirigentes del otrora combativo Papo, cuando no habían pasado ni 20 minutos de un programa especial que hacíamos, conmemorando la puesta en vigencia de la Constitución de 1946.   En esos tiempos nos tomábamos ciertas libertades hasta que los milicos reprimían.   Hoy han mutado las formas, pero la esencia es la misma. Si siguen como van, llegaremos a mayores amenazas contra la libertad de expresión. ¿O ya se nos olvidó el proyecto del señor de la diputada Vallarino?

¿Qué ministro no está cavando su tumba política y moral?   Los de mi partido, actuando contrario a la doctrina panameñista, permitiendo que Panamá se venda a intereses foráneos o implantando impuestos o permitiendo explotaciones mineras que durante la dictadura censurábamos.   Hasta apoyando a golpistas como Micheletti, olvidando que el presidente Arias fue tres veces víctima de golpes de Estado.   Ahora resulta que los ministros panameñistas están actuando contra los principios (ya lo dijo el diputado Blandón de Vallarino).

Esto se da entre los panameñistas, porque no hay vida partidaria, no hay debate, no hay análisis y ahora, los que controlan el partido cavan más su tumba con el intento de reformas al estatuto, para seguir controlando, eliminando cuerpos dirigentes y con menos integrantes esos cuerpos. Como practican el inmoral clientelismo, con menos clientes les saldrán más económicas las campañas. Por eso quieren eliminar la Comisión Política, reducir a 29 integrantes el Directorio Nacional, cuando ahora son 170 integrantes.

Las insensateces de los cuatro gobiernos pos invasión están siendo superadas con creces por el ejercicio de este gobierno. Habiendo tenido la gran oportunidad de pasar a la historia como un gobierno de un real cambio, pasarán como el peor gobierno de la mal llamada era democrática.

Ahora, este gobierno, a través de los medios que controla, está usando la contrainformación para desprestigiar a sus propios funcionarios.   Solo hay que observar cómo el Panamá América, bajo el control de allegados al gobierno, está revelando corruptelas, las que evidentemente son filtradas desde adentro, preservando al Presidente. Utilizan tácticas de los regímenes autocráticos para crear desasosiego en la sociedad, buscando, si es necesario, quemar chivos expiatorios con la intención de convocar unas reformas constitucionales o constituyente, que le den más poder (estrategias similares han sido usadas por Chávez en Venezuela).

Lo que pudo ser pedestal para muchos de este gobierno, enhorabuena será tumba política y moral.   No hay mal que por bien no venga; son las etapas que deben pasar los pueblos para madurar.

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Este artículo se publicó el 10 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Ni pena ni vergüenza

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La opinión del Abogado …

Alberto E. Fadul N.

En el país de la más curiosa y contundente capacidad de golpearnos el pecho, hablando de nuestra gran democracia. Donde hace ya muchísimos años no creemos en las críticas que, a voz caliente, solo buscan defender intereses propios o personas.

Donde el silencio a gritos, de sectores organizados, es para proteger al gobierno de turno. Donde los ignorantes o los vivarachos, escoja usted, manifiestan que no es necesario ni pertinente reformar nuestra Carta Magna.

Donde se comenta, hoy, la posibilidad de añadir una sala quinta a la Corte Suprema de Justicia, para atender asuntos de garantías constitucionales, lo cual no requiere reforma Constitucional, o de crear un tribunal constitucional con aspiraciones mayormente estructuradas que si requeriría reforma constitucional.

No nos deja de preocupar, la repentina velocidad de tales aspiraciones ya que no tienen, por si solas, una urgente relevancia.

Apreciados lectores, consejo, ni la una ni la otra. Lo que hay que hacer primero, es llamar a una amplia consulta nacional para reformar, integralmente, nuestra constitución; un documento excesivamente programático, repleto de desastres jurídicos al que con fines, meramente clientelistas, le queremos agregar, ahora también e innecesariamente, los 100 para los 70, ya regulado vía ley, que ningún partido se atrevería a modificar en sentido negativo, pues le caería el peso del castigo político.

La constitución no es un documento para la protección clientelista de nadie. Es, realmente, uno de orientación en materia legislativa, es decir, ninguna ley debe violar un precepto constitucional o estar por encima de éstos.

En un país, históricamente, carente de transparencia gubernamental, con un Órgano Judicial de dudosa capacidad en el despacho de sus deberes, al que antes de, se desea incorporar tres nuevos magistrados y suplentes, bajo el amparo del mecanismo más ineficiente para su selección y nombramiento, nos dejaría verdaderamente desamparados.

Señor Presidente de la República, deje estas cosas a un lado.   Su plataforma de cambio, requiere más peso en el Órgano Judicial, vía una Constitución jurídicamente sostenible, dentro de una democracia real lo cual la actual, no lo es.

La modificación constitucional forma parte de sus promesas de campaña. Estoy seguro que con la asistencia de la Sociedad Civil, más si es mediante solicitud suya, se le haría un gran favor al país.

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<>Artículo publicado el 23  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Fue puro miedo

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La opinión de…

Gabriel J. Perea R.

Los honorables diputados procedieron a sepultar la iniciativa que promovía la figura de la reelección inmediata alegando que no cumplía con tener la aprobación de la mayoría absoluta de los miembros de la Asamblea Nacional, el proyecto debía contar con la aprobación de 36 diputados y solo tenía la firma de 15 diputados por lo cual se procedió a su archivo. Sin embargo, estoy seguro de que no se ha dicho la última palabra.

La propuesta de reelección con sus diferentes variantes, ya sea inmediata o acortando el periodo que debe esperar un ex presidente para postularse nuevamente, que es de 10 a cinco años, se volverá a presentar, eso es un hecho, y se deduce puesto que ya fue mencionada como parte de las propuestas de modificación a la Constitución Nacional que anunciaron voceros del gobierno las cuales se pretenden presentar a consideración de la ciudadanía.

Tomando en cuenta que la reelección sea nuevamente presentada, ¿por qué procedieron los diputados a su archivo?, el accionar solo fue postergar un enfrentamiento con el poder ejecutivo.

Por otra parte podemos deducir que en el entender del ciudadano común fue por puro miedo político lo que motivo su rápido archivo.

El Partido Panameñista parece que no se siente lo suficientemente fuerte para enfrentar la posibilidad de una reelección por parte de Cambio Democrático, parece que no está preparado para correr con el suficiente convencimiento hacia el elector para que se incline hacia una propuesta presidencial Panameñista.

Por lo actuado se deduce que el Partido Panameñista va a correr con candidato propio con el apoyo de Cambio Democrático, no se atreven a correr en solitario.

Pero nos preguntamos ¿quién les asegura que el actual vicepresidente es una opción aceptada para candidato presidencial para el 2014?   Dónde está la democracia en ese partido que pareciera que no se atreverá nunca a realizar elecciones primarias y presentar un candidato salido de un proceso democrático.

Muy por el contrario desde ahora imponen su candidato.

Definitivamente que en el entender popular eso se llama miedo. El Partido Panameñista no estará preparado para disputar con otras fuerzas políticas mayoritarias la presidencia de la república, por el contrario tendrán desde ahora que preparar la estrategia para contar con el apoyo de otros colectivos políticos o lo que es peor nuevamente aceptar ceder la cabeza de una alianza electoral.

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<>Artículo publicado el 13  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Gatopardismo constitucional o nuevos paradigmas

La opinión de…

Ramiro Guerra Morales 

En reiteradas ocasiones, y por diversos medios, he señalado y criticado el carácter deficitario de nuestra democracia e institucionalidad político–jurídico, y las veces que se ha recreado la reforma constitucional, hemos sido enfáticos en que esta no debe instrumentalizarse para nimiedades o enfoques de corto alcance, que en nada alteran los correlatos o paradigmas, que concurren a mantener el estado de desazón y contradicciones que sobrevienen como consecuencia de un desgaste serio y abrumador de nuestra débil y precaria institucionalidad, que de democrática queda muy poco.

Desafortunada ha sido la historia constitucional de nuestra patria grande, Latinoamérica, cuyos procesos reformistas han adolecido de lo que en ciencia política se conoce como el gatopardismo constitucional; es decir, producir cambios para que nada cambie.

Salvo excepciones, como la reforma constitucional de 1941 y 1946, que en nuestro país, por lo menos desde el punto de vista de un constitucionalismo moderno, le permitió al Estado panameño dar un salto de calidad importante, sobre todo en lo que respecta al constitucionalismo social de la época, inspirado y trabajado por extraordinarios juristas de la talla de José Dolores Moscote, don Ricardo J. Alfaro y Eduardo Chiari. En el caso colombiano, su Constitución del inicio de la década de 1990 amplió la democracia electoral y remozó su jurisdicción constitucional.

En consecuencia, no somos partidarios de ningún debate sobre reformas constitucionales que, en su origen, revela senectud y más de lo mismo. Rechazamos, y siempre lo hemos hecho, esa manía que nos viene de historia pasada de hacer diversionismo político, lo que no soluciona los profundos y reales dilemas de nuestra república.

Exhortamos al debate de fondo; cuestiones como la Corte Constitucional, la elección del procurador por votación popular, el reforzamiento institucional y coactivo de la institución de la Defensoría del Pueblo, la democracia participativa, la creación del Consejo de Magistraturas, son cuestiones que tienen que hacer parte del debate. De lo contrario, seguiremos en la lógica del trompo, dando vueltas para volver siempre a lo mismo.

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Este artículo se publicó el 9  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reformas en tiempos de Wikileaks

La opinión de…

 

Dorindo Jayan Cortez

La novedad que ahora recorre el país se llama “reforma constitucional”.   Pero, ¿cómo justificar el gasto de las finanzas públicas en esa tarea, si luego lo menos que se respeta es, precisamente, la Constitución?   ¿Es una propuesta razonada o un trastorno más? El mismo Presidente hizo el anuncio en la sesión de instalación de la Asamblea Nacional, siendo oportuno, al dedillo diríamos, porque en el debate en los medios nacionales e internacionales se venía cuestionando duramente al Ejecutivo, tanto por el desastre en el Ministerio Público como por las revelaciones de Wikileaks.

¿Qué es lo que se pretende cambiar?   Se nos habla de la segunda vuelta electoral, de extraditar nacionales, de incluir la elección de diputados nacionales y gobernadores, de recortar el periodo (de 10 a 5 años) para la postulación de los presidentes salientes.  Para encontrar apoyo popular, incluyen “los 100 para los 70” y “las becas universales”, el caramelo de la propuesta. Los problemas esenciales, generados por los mismos proponentes de las reformas, están ausentes.

Las reformas constitucionales son necesarias en determinados contextos. Hoy, indiscutiblemente, también lo son, pero no para los fines anunciados; el sentido verdadero de un esfuerzo como ese estaría en refundar la institucionalidad, fortalecerla, de manera que se impida con sanciones categóricas y expeditas la manera como los mismos proponentes, o cualquier otro gobierno, pretendan trastocar y desconocer el orden constitucional establecido.

En Panamá, desde 1972 con la Carta Magna de los militares, hemos transitado por cuatro reformas a la Constitución (1978, 1983, 1994 y 2005; quien escribe participó en la aprobación de esta última).

La “política del parche”, sin negar los avances, ha dominado el escenario del reformismo constitucional y la “debilidad” con que opera el régimen constitucional, al desgarrársele con tanta facilidad, no es culpa del texto escrito, sino del poder que está detrás.

Por ello, pensamos que los problemas álgidos que sufre Panamá, ahora agudizados, van mucho más allá de la Constitución; más allá de esas hojas escritas carentes de cultura política y, en ausencia de esta cultura y presencia, más bien de una mentalidad antidemocrática; sin vocación ni voluntad no habrá Constitución alguna, por más perfecta que parezca, que haga reinar el estado de derecho y, mucho menos, la democracia.

Reformar la Constitución no debe ser, por lo que significa para la estabilidad del país, un juego de coyunturas que se saca repentinamente de la manga con temas que dejan muchas dudas de que estemos ante un verdadero planteamiento institucional.

Esto de permitir la extradiciones (con nombre y apellido) y de los otros asuntos, esencialmente, de carácter electoral y de grupo, nos dice claramente que seguimos por un camino sin rumbo para el país, porque para los proponentes sí están definidas sus intenciones.

Desde luego que las hojas de papel soportarán lo que se escriba y se apruebe, pero habría que ver las cabezas que han de llevarlas adelante. ¿No sería preferible que primero reformen sus cabezas, y luego la Constitución? De repente, es más necesario y urgente el cambio de mentalidad de la clase política que nos dirige, que tenga cultura política y respeto por las ordenanzas establecidas, que reformas de tinta y papel.

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Este artículo se publicó el 7  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La Corte de los Milagros

La opinión de…

 

Vitelio De Gracia Perigault

En la novela Nuestra Señora de París, Víctor Hugo se mofa de los desalmados del hampa parisina que se hacían pasar por ciegos, tullidos, sordomudos y locos; que durante el día se comportaban como pordioseros lastimeros, cerca del famoso mercado de Les Halles, y que por la noche, “milagrosamente”, recuperaban la salud y la plenitud de los sentidos, para convertir en alcohol y favores sexuales lo ganado durante el día con la mendicidad.

Con su fino humor, Víctor Hugo llamó a este inmenso reino del timo La Corte de los Milagros” (extraído textualmente del “saco sin fondo”, internet).

Nos gustaría mucho que Víctor Hugo no hubiese muerto y que hoy nos describiera la situación política y el gobierno que improvisa diariamente en la administración del país, en la recolección de la basura, la falta de agua, la agricultura y la salud, entre muchos otros temas.

Creo que su escrito, más que comedia, sería un drama–tragedia que nos conduciría a una depresión colectiva.

La violación a la Constitución, al injustamente cesar en sus funciones a la procuradora, así como la conculcación de sus derechos humanos, al decretar la prohibición de que ocupe cargos públicos durante cuatro años, son ejemplos de lo que se puede esperar de un gobierno autoritario, que no mide las consecuencias de sus actos; prueba de esto lo tenemos con el desgreño y corrupción judicial, desatada durante la administración de Bonissi “el breve”.

Anterior a esto, vivimos la orden dada a la honorable Asamblea Nacional para devolverle la ciudadanía al alcalde y facilitar su toma de posesión, transgrediendo normas de ética, moral y legales, pobre ejemplo para generaciones presentes y futuras.

Las improvisaciones, mentiras, engaños, medias verdades, demagogia, manipulación, amenazas, persecuciones, violaciones a la Constitución y las leyes de contratación pública, vía los 600 millones de balboas en contrataciones de “yo para ti”, promesas incumplidas (pregúntenle a Eladio), son la hojaldra de cada día.

Pero, las agresiones no terminan. Ahora nos quieren empujar un nuevo chorizo legislativo con las reformas constitucionales, parches para un cuerpo que no tiene espacio para más. Lo que necesitamos es una Constituyente, entendiendo que no es la panacea para los males que nos aquejan, pero sí un principio para remediarlos.

Una Constituyente que contemple y defina el nombramiento de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del procurador general de la Nación y del contralor general… Hay que sacar estos nombramientos del bolsillo del presidente de turno y devolverle la real independencia y honorabilidad que perdieron hace mucho.

La reelección presidencial es un tema de cuidado, cuando hay un presidente como el que tenemos hoy día, a quien no le importa un comino con la sociedad civil, quien nombra comisiones como la que nombró para investigar y aclarar el tema de Bocas del Toro y, luego, él mismo se encarga de demeritarla, porque el resultado no está de acuerdo con su voluntad; cuando despiden a la procuradora porque no sigue la línea; que nombra otra comisión para evaluar a los candidatos a magistrados de la Corte, pero luego la desautoriza, porque le dieron bola negra a su candidato; con un presidente así, la reelección pone en peligro de muerte a nuestra imperfecta democracia.

Gracias a Dios alguien entró en la sensatez y rechazaron la reelección inmediata.

Fíjense que mi percepción es que hoy día lo que mantiene al Presidente en su puesto es el Gobierno de Estados Unidos y Gustavo Pérez… Con el primero, los Wikileaks han puesto en evidencia lo delicado de las relaciones, pero sus intereses están por encima de esta revelaciones, con el segundo las relaciones son excelentes gracias a los continuos aumentos salariales.

Los aliados políticos ponen su barba en remojo, al sentirse amenazados con el tema de la reelección. Hacen bien en poner distancia; día a día se percatan de lo poco que tienen en común y del costo político que pagan por errores y locuras ajenas a su acción y pensamiento.

Nuestra profunda convicción democrática nos señala el camino… La salida (como principio de la solución) es la Constituyente. Así rectificamos nuestra imperfecta democracia y reorganizamos nuestro futuro político, por un Panamá, verdaderamente, para todos.

Así lo percibo, así lo escribo.

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Este artículo se publicó el 10  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

No me pinche, Sr. Presidente

La opinión de…

 

Roberto Quintero

Gracias a Wikileaks y los cables filtrados, nos enteramos de que la ex embajadora de Estados Unidos en Panamá advirtió a su gobierno que el presidente, Ricardo Martinelli, quería utilizar el programa de escuchas telefónicas de la DEA para perseguir a sus adversarios políticos, recurriendo a chantajes y amenazas con tal de obtener el discreto pinchazo del Tío Sam.

Pero más que desatar un escándalo, la revelación provocó un numerito circense protagonizado por los fieles voceros martinellistas y su creatividad ilimitada para recoger los platos rotos.   Lejos de esclarecer, transformaron la realidad nacional en una telenovela esquizofrénica en la que cada ministro dio una explicación distinta, demostrando que en Panamá es muy cierto aquel refrán popular que reza “Cada loco con su tema”.

Los más cautos dijeron que el gobierno estadounidense malinterpretó una genuina solicitud de apoyo para combatir el narcotráfico, la corrupción y el crimen organizado, porque lo que ellos querían era espiar solo un poquito para localizar a un niño secuestrado en La Chorrera.

Pero los más fieros pelaron los dientes y hablaron de rabia, amparándose en jubiladas teorías de conspiraciones internacionales y venganzas orquestadas por gringos entrometidos. Dijeron que entre el Presidente y la Embajadora existían diferencias. Ella le agarró tirria porque él “se le paró firme” cuando osó opinar sobre la designación del jefe de la policía y el manejo de la frontera con Colombia, abuso intervencionista ante el que nuestro mandatario reaccionó cual mártir del 9 de enero y gritó firme Yankee go home. Nacionalista de los que ya no quedan.

Cuando más turbia (palabra que está de moda) era la cosa, otro aseguró que se trataba de un mero asunto de carnicería y que a la embajadora “se le había ido la mano en pollo”. Y como si el exceso avícola fuese poca cosa, hizo otra revelación aún más curiosa.   Dijo que el programa de escuchas funcionaba de lo más bien, bajo supervisión del Ministerio Público y para los fines por los que se había creado, pero al día siguiente avisó que realmente hay dos pinchadoras perdidas y otra que está dañada. Y entonces ¿cómo es que funciona?

Ya cualquier cosa era posible. Y entonces dijeron que lo que faltaba era reformar la Constitución para incluir la reelección inmediata. ¿Qué tenía que ver aquello con los pinchazos? Quién sabe, pero funcionó maravillosamente porque ya nadie habla de otra cosa. Aún me pregunto qué fue del niño secuestrado.

Si por salvarlo terminaron aproblemados con EU, merecemos saber si lo lograron. ¿Dónde está, cómo se llama y quién lo secuestró? ¿Por qué la Embajadora no apoyó la heroica iniciativa? ¿Por qué no lo mencionó en el cable?

El jefe de gobierno, a quien le confiamos los designios de este país, no apareció en toda una semana. Y cuando finalmente dio la cara dijo “Jamás en la vida les pedí pinchar teléfonos”.   Menos mal. Y uno ingenuamente preocupado pensando que, en vez de trabajar, al Presidente le gustaba jugar al súper espía. ¡Pero haberlo dicho antes, hombre! Nos hubiésemos ahorrado tanta acrobacia gubernamental. En Panamá, la responsabilidad siempre es ajena.

 

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Este artículo se publicó el 6  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.