Arquitectos: ‘una denuncia que espero acojan’

La opinión del Miembro Emérito e Insigne de la SPIA.  Miembro de la CAPAC (Ingenieros Asesores). Inspector Ad Honorem de la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura…

Ing. Humberto E. Reynolds de Unamuno – –

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Nicolás Real Osorio

Mi estimado Nicky:

Al regresar del exterior y enterarme de que estás en la Junta Técnica, consideré prudente notificarte que la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura tiene que actuar para mitigar la ‘mala práctica’ que se está usando en la mayoría de las obras civiles.

Si se mantienen callados serán cómplices por omisión y tú conoces, Nicky, la cantidad de cosas que se están haciendo mal, pues, fuiste coordinador de la Comisión Vial, donde denuncié esta mala práctica.

Espero que actúen en la Junta Técnica, teniendo como base nuestras disposiciones, pues, toda empresa que se dedique a edificar obras civiles tiene que tener registrados profesionales panameños que son responsables de lo que realiza la empresa, especialmente si existe la mala práctica que tú bien conoces.

Si la Junta Técnica no le pone atención a este llamado, se convertirán en cómplices de las anomalías que se denuncian diaria mente en los medios y existen en los informes nuestros.

Espero atiendas esta respetuosa notificación, pues el Ministerio Público está avanzando con mi denuncia del 2009 y me pidieron ampliar la denuncia que interpuse en aquella época.

Estoy seguro de que Julio Rovi no apadrinará estas anomalías, pues le conozco desde nuestros años mozos cuando estábamos en La Salle y estoy al mismo tiempo comunicándome con él. El propósito, Nicky, es depurar nuestro ejercicio de la profesión…

Respetuosamente,

Ing. Humberto E. Reynolds de Unamuno*

CC.: Administración S.P.I.A.; Colegio de Ingenieros Civiles.

Este artículo se publicó el  9  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Calidad, instrumento de trabajo periodístico

La opinión del Periodista y Docente Universitario…
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MODESTO  A. TUÑON  F.
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Calidad, instrumento de trabajo periodístico

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El mercado de mariscos de la ciudad de Panamá tiene dos realidades en las que se desenvuelven sus actividades. Adentro, todo funciona según un esquema cronométrico: hay orden, limpieza y cada quien actúa de acuerdo a un plan. Afuera, en el muelle a un costado, es otro escenario informal, donde el público alcanza una relación más desinhibida con quienes ofrecen productos, servicios y favores.

Este mercado, ubicado al inicio de la avenida Balboa, donde estuvo el gimnasio de El Marañón, es el compendio de un conjunto de actividades que expresan la mentalidad panameña sobre el expendio y consumo de los frutos del mar.

Adentro del mercado las reglas son claras, el precio es equilibrado y uno sabe a qué se atiene.   Afuera, el panorama es otro. Los vendedores ofrecen al público los productos; los limpiadores del marisco, toman el pescado y lo llevan a destripar en el sentido más estricto del término. Quienes venden los limones y los que proporcionan las bolsas se ocupan de lo suyo.

Mientras los limpiadores desuellan el animal, los pelícanos esperan para engullir las sobras y remontar el vuelo sobre la bahía.

En este muelle, junto al mercado, hay otra disposición tanto humana como en el ambiente. Unas moscas revolotean sobre los jureles, mientras un gato grisáceo como la mañana de inicio de noviembre, mira con desdén los pámpanos, las catarnicas y la revoltura que esperan en una caja, a algún cliente desorientado.

Pero también dentro de este microcosmos hay reglas y ellas, determinan las relaciones que surgen con el negocio del marisco. Le pregunté al señor que limpia el pescado sobre cuánto ganaba o “ hacía “ al día con su oficio. La única respuesta fue que levantó los hombros, dio media vuelta y se retiró, mientras murmuraba que no sabía y con un gesto de “ ¿por qué quiere saber eso? ”.

Mi entrevista en ciernes fracasó con esta primera pregunta.  Mi “ fuente ” se cerró como un catre, se ensimismó y su indiferencia me dejó con la interrogante de qué había hecho mal para no obtener respuesta.

El primer error fue no comprender al individuo en su contexto y su necesidad de no exteriorizar aquello que fuera íntimo.  Ese es el balance que requiere cualquier tipo de trabajo periodístico de profundidad: conocer la relación entre la gente y su contexto antes de convertir este material en un relato de prensa. Esto es una condición para llevarlo al medio de comunicación y hacerlo común para los lectores.

Guy Talese, el famoso periodista norteamericano, decía recientemente: “ Todos tenemos grandes partes secretas e inexploradas. Si conocieras la verdad completa de esas personas llamadas simples, te sorprenderías. La naturaleza humana es interminablemente impactante, si conoces la historia completa ”.

Entonces, de lo que se trata es de crear el clima óptimo para que el personaje se desdoble y cuente su historia. Esa es una de las diferencias entre un buen y un mal reportaje.

En el caso comentado, quizás debimos iniciar el diálogo por cuestionar al personaje por la cantidad de trabajo al final de cada día, para que fuera más específico con su tarea en la que es experto y al alcanzar su confianza, trabajar sobre otros elementos de su oficio.

Contar bien las historias, profundizar en sus contenidos, configurar a las fuentes en toda su complejidad y renunciar a la superficialidad parecen utopías que los periodistas locales pierden de manera paulatina. Hoy, tiene más espacio y tiempo un crimen cotidiano hasta en sus aspectos más morbosos, que una nota sobre un joven que ha triunfado en un concurso internacional de física.

El público requiere otro tipo de textos. Decía Talese que: “ La gente quiere calidad.  Aunque sean pobres, si pueden optar por algo muy bien hecho y valioso, lo elegirán.   Nadie quiere los hechos contados rápido, sino la verdad. Y los diarios les pueden dar la verdad y de una manera atractiva e interesante, contando una historia ”.

Lo que se escucha y lee a diario a veces impresiona, porque ni siquiera hay las herramientas para un desarrollo lógico del pensamiento; esto sin tomar en cuenta la estructura del pensamiento. ¿Cuántos periodistas saben dónde está la línea que divide lo subjetivo de lo objetivo y cómo diferenciar el resultado de su producto con una dinámica diferente? O en estos días patrios, el sentido de “ enarbolar ” que se utilizó con un sinfín de significados erróneos.

La profesión periodística exige hoy no solamente un título universitario, pues por lo general el claustro trabaja con modelos rígidos y esquemáticos. En este campo, una realidad es tan cambiante, que constantemente hay que adquirir nuevas destrezas, competencias más amplias o quizás más ajustadas a las complejidades de la sociedad actual que no están en ningún manual por muy moderno que éste sea.

Sobre esto, Talese también expresa que: “ … hoy muchos periodistas están imbuidos en sus laptops, se están aislando con la tecnología. No deberían estar todo el día sentados frente a una pantalla, sino afuera, descubriendo cosas de primera mano ”. Además de esto, es necesario saber mirar para poder descubrir y fortalecer o enriquecer el texto de la nota, así como el estilo.

Aquí reside la noción de calidad del trabajo periodístico. Alejo Carpentier tenía una especie de estilo barroco en su percepción de la realidad, como la manifiesta en sus textos sobre la música y arquitectura habanera, pero su trabajo periodístico, en su país primero, luego en Venezuela y finalmente cuando compartía su tiempo de diplomático en París, le hizo saber la íntima relación entre un periodista, un historiador y un escritor.

Una mayor conciencia de que nuestro trabajo periodístico es una síntesis de estas tres tareas, nos daría la dimensión real de los compromisos que tenemos con la realidad, con los tiempos en que vivimos y con nuestra responsabilidad con la sociedad. Lo demás, puede ser semejante a la impresión y los olores alrededor del mercado del marisco.

Ojalá estas ideas formen parte de las reflexiones en el Día del Periodista este 13 de noviembre.

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Publicado el 11 de noviembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.