Mala práctica de los policías de tránsito

La opinión de…

Carlos A. Carrasquilla Zamora

Resulta increíble la facilidad con la que los servidores públicos abusan de sus cargos y de la ignorancia de los ciudadanos respecto al contenido de las leyes que regulan el ejercicio de éstos.   Un caso que lo hace palmario, por la frecuencia con que se presenta en estos días, tiene que ver con los policías de tránsito, y es que estos funcionarios, haciendo uso extensivo (eufemismo) de su condición de autoridad, retienen la licencia para conducir de los conductores, luego de que la verificación efectuada en el pele police arroja que adeudan dinero a la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) en concepto de infracciones al Reglamento de Tránsito, ley esta que en ninguno de sus artículos les concede esa atribución de manera autónoma.

Explico: El Art. 133 del Reglamento de Tránsito establece sobre la retención de la licencia de conducir, que la misma puede ser ejecutada por el policía de tránsito, obrando en función de autoridad competente (ver el glosario de términos en el Art. 3), como consecuencia de la violación del inciso “c” del artículo 132, es decir, portar licencia de conducir vencida, suspendida o cancelada. Nada dice sobre adeudar algo a la ATTT.

Ahora bien, si consultamos el inciso “h” del Art. 120 del Reglamento de Tránsito, notaremos que “el no cumplir la sanción impuesta por una falta cometida en un período de 30 días” es una causal de suspensión de la licencia, pero esta orden-sanción, solamente puede ser emitida por el director de la ATTT o un juez de tránsito que lo represente, tal como lo dice el artículo 119.

Lo que encontramos a diario en las calles es que en retenes o como consecuencia de un accidente de tránsito, los policías, obrando en función de inspectores de tránsito, verifican la base de datos (pele police), confirman que hay boletas sin pagar, usurpan la función del director de la ATTT o sus jueces de tránsito y sin dejar constancia documental de ello, suspenden la licencia, ejecutan la sanción reteniendo la misma y dan inicio a un calvario que puede durar una, dos y hasta tres semanas: recuperar la licencia ante un juez ejecutor que a su turno, también tiene su propio procedimiento inventado.

Si nos atenemos al artículo 133, lo único que le es dable al policía de Tránsito que advierte que el conductor está en mora con la ATTT, es requerirle que no conduzca más el vehículo, que llame a una persona que esté legalmente habilitada para hacerlo y si nadie se presenta, proveer al retiro con grúa.

¿Cuánto le cuesta a una persona un día sin carro (sin licencia, no se maneja)?

Ojalá pudiera cobrarle al sargento que me retuvo ilegalmente la licencia por una infracción de B/.10.00, las dos semanas de taxi, el paz y salvo, el historial de conductor y sobre todo, las dos semanas de incomodidad que padecí por no poder manejar.

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<> Este artículo se publicó el 13  de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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La verdad y el honor

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La opinión de la Psicóloga especialista de la conducta humana…

GERALDINE   EMILIANI

Los comunicadores sociales deben mantener un equilibrio entre las exigencias del bien común y los derechos particulares.   Igualmente, la noticia debe ser veraz porque puede controlar las creencias, actitudes y conductas de las personas. La información es condenable en la medida que atente contra la intimidad y la libertad de las personas.

Quiero ligar lo anterior con el caso de Daniel Delgado Diamante acusado de matar a un subalterno de manera indolente hace 40 años. Como psicóloga, creo que la actitud de Delgado Diamante fue en defensa de una familia víctima de violencia doméstica, tras la amenaza de un cabo de matar a su esposa y luego de herir gravemente a un compañero que intentó detenerlo, caso atendido según las reglas del procedimiento policial.   Y, que ello fue investigado por las autoridades, y Delgado pasó 8 meses de arresto cuartelario, hasta que se le comunicó un sobreseimiento definitivo.

El morbo juega un papel importante en el panameño, que parece disfrutar y entretenerse con las desgracias de los demás. Esto lo digo porque cuando apareció hace un año el reportaje de este desenlace fatal entre un militar y su subalterno, estando el militar como ministro de Estado, la noticia fue comidilla pública.   Sobre todo porque algunos aún ven a los militares como seres indeseables, aunque Daniel Delgado Diamante no participara de los excesos del dictador de aquella época.

¿Qué me mueve a hablar sobre el caso de Daniel Delgado Diamante? Primero porque como ciudadana y especialista de la conducta humana, me dolió la muerte de aquel cabo perturbado emocionalmente, como me duele ver a Daniel injustamente condenado por un medio escrito. Segundo, porque se trata de un profesional reconocido, que se ha visto afectado en su vida personal y profesional.

Cuando salió la noticia, se la comenté a mi hermano Mons. Rómulo Emiliani y me expresó: “¿Daniel criminal?   No, eso no lo puedo creer.   Es imposible que Daniel, mi amigo y hermano de la infancia hiciera un acto tan infame.    Lo conozco y estoy seguro que debe haber un error.   Dile a Daniel que rezaré por él. Mantenme informado”.

Las palabras de Mons. Emiliani me recordaron la amistad fraternal de nuestras familias. Daniel proviene de una familia unida, de valores cristianos.   Su padre ejerció el periodismo en Colón por más de 50 años y ahora, a sus 92 años, su vida se ve atormentada por la situación de su hijo Daniel;   su madre se apreciaba como una mujer dedicada a sus hijos y que junto a mi madre, hacían labores en beneficio de los necesitados de mi provincia.

Daniel y sus hermanos fueron educados con los más altos valores cristianos.   Su hermano Nicolás, abogado y sacerdote es una persona caritativa y de una espiritualidad manifiesta.   En fin, su familia goza de consideración y prestigio intachable.

Lo anterior para muchos no tendrá significado alguno toda vez que Daniel ejerció como militar. Su genuina vocación, su militancia política y su desempeño como ministro de Estado sirvió de móvil para desacreditarle como una persona insensible e indolente, sin realmente serlo.   Y, una vez que se desacredita el honor de esta persona, resulta muy difícil cambiar la imagen que de él se crea.   El periodista cuya tarea diaria es comunicar y no valore la honra e integridad de las personas, también perderá su propia honra e integridad.

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<>Artículo publicado el  7  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/emiliani-geraldine/

Temor ciudadano: ¿Modus Vivendi?

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La opinión del Político Director Nacional PRD…

Rafael Pitti

Indudablemente el “Pele Police” es una herramienta de tecnología innovadora que contribuye a facilitar la captura y detección de delincuentes o personas con casos pendientes ante la Ley.
Sin embargo el método de uso y aplicación es violatorio al contenido de varios artículos del Título III de la Constitución Política de la República de Panamá. Pienso y lo he manifestado anteriormente que este instrumento debe ser utilizado en casos de extrema necesidad, por ejemplo en alteración masiva del orden público, riñas callejeras, indicios de vagancia como falta administrativa o sujetos en actitudes sospechosas.

Hace un par de meses me encontraba esperando transporte para dirigirme a mi hogar, y había un tranque descomunal porque detenían a vehículos y ciudadanos para verificar su status. Curiosamente frente a los agentes de policía se realizaba una actividad ilícita de parte de algunos ciudadanos; sorprendido ante esa situación, saqué mi cédula y me dirigí a uno de los agentes y le pedí que verificara mi número, el agente chequeó y me devolvió el documento señalando que estaba en orden. Le di las gracias e inmediatamente le pregunté ¿por qué no actuaban frente al hecho delictivo antes mencionado?   La respuesta fue que quién era yo. Le contesté, un ciudadano común que aplaude las cosas positivas que se hagan a favor de la población, pero que no entiende las incomodidades y molestias a quienes nada tienen que ver con la justicia, frente a las libertades que gozan quienes alegremente la violentan. Su mirada me dijo mucho, por lo que opté por reiterar las gracias y retirarme del lugar.

Mi testimonio como el de muchas personas, lo que busca es una objetiva evaluación y real modificación en los operativos. Aunado a ello está la tarea de actualización de la información en base de datos, y no trasladar a los afectados esa responsabilidad, tal como ha sugerido el Director de la Policía, Gustavo Pérez.   Pero mucho más efectivo sería el atacar el flagelo de la delincuencia en su cuna, hay lugares plenamente identificados donde los facinerosos actúan a su libre albedrío, atacando y despojando de bienes a vecinos y transeúntes. No vamos a desconocer el trabajo que realizan los miembros de la institución, pero una acción más recurrente y de mayor efectividad, seria en operaciones encubiertas, con policías en montuno que sirvan de carnada, para atrapar y encarcelar a los infractores.

El programa de Armas por Comida, pareciera no proyectar efectividad por la cantidad de armas que pululan en las calles. Es imprescindible que estas sean destruidas a la luz pública ipso facto, o sea en el lugar y fecha de la acción. Para terminar regresando al tema del “Pele Pólice”, aspiramos que el mismo no sea utilizado disimuladamente para atemorizar a periodistas, adversarios políticos o la ciudadanía que lo sufre agónicamente.

 

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<>Artículo publicado el 30  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/pitti-rafael/
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‘Rofiones’

La opinión del Médico…

Pedro Ernesto Vargas 

El “rofión” no es más que un individuo socialmente inadaptado, que solo sabe comunicarse con la amenaza, aunque sea de “dientes para afuera”. Alguien a quien le han enseñado que la autoridad o el respeto se logran atemorizando, metiendo miedo. Alguien a quien se le inculcó ser sumiso u obedecer a punta de palo, rejo, golpes, insultos verbales, mentadas de madre, aunque la madre sea la propia o la de sus hijos.

Durante la niñez y la adolescencia el “rofión” suele ser un “ronconcito”, el estudiante o compañero de escuela o de barrio que se viste peor que los demás, o más escandalosamente, o más andrajoso. No le gusta observar reglas de convivencia ni de comportamiento ni practicar modelos de conducta aceptables porque a él “se le resbala”, “le importa …”.   La autoridad es él, él pone las reglas del juego.

Muchos, si no todos, son sociópatas o sufren trastornos que bien pueden encuadrar en la bipolaridad, los déficits de atención o, algo más serio, los trastornos de oposición y desafío.

Transitan difíciles caminos para ser aceptados y suelen fracasar en ese intento. Cuando mejor lo hacen, solo lo disimulan, y ante un stress superior, sale el cobre a brillar y doblegar.

El “rofión” escolar denota y denuncia serios problemas de estructura en su entorno familiar. Su actitud y comportamiento deben llamarle la atención a sus maestros y, una vez, buscarle solución u ofrecerle ayuda. El pronóstico social e individual de este estudiante es pobre: la calle, la cárcel o el cementerio. De la misma medicina que da, le van a dar un día, porque sigue creciendo, aunque no madure, en las mismas detestables conductas.

Son las 2:45 de la madrugada. Vengo llegando a mi casa después de una larga jornada de trabajo hospitalario.   No está muy lejos mi casa del hospital, pero pronto debo estar otra vez de pie y cumplir con mis pacientes y obligaciones del día que acaba de comenzar.   Hace unos minutos, aceleré mi auto para cambiarme de un carril de la calle a otro, a pesar de que no hay tráfico a esta hora, y me detuve frente a la luz roja del semáforo, que tenía a escasos 100 metros antes del cambio de carril.   Por el espejo retrovisor veo los colores rojo y azul rotando en el techo de una chota.

“Estás apurado o solo probando el carro”, con tono punzante y sangrón, cual banderillas taurinas.  Dos gendarmes en busca de clientes y problemas. Dos policías nacionales descorteses y prepotentes. Salidos, seguramente, de barracas militares y entrenamientos para matar gente, para meter miedo, para pisotear dignidad y personas.   En el sitio equivocado, en la ronda que no tienen por qué hacer.  Mejor estarían en la frontera colombiana, pero allí ya no pueden ser “rofiones”.

La carnada fue el carro deportivo. Al volante esperaron frustradamente encontrar a un adolescente miedoso, con dinero,   “hijo de papá”. La plata de mis canas les debió alumbrar su equívoco.   Quien quedó más cerca de mí, no moduló palabra.   La sorpresa lo enmudeció.   El otro,  al mando del timón y la acción, espetó su estilo de vaquero sin bandidos.   Además del uniforme, lo envalentonó la distancia entre los dos. Ningún motivo para pegar la chota al lado de mi auto, como si fueran a simonizarlo.

¡Qué distante esa conducta a la del policía cortés y educado, que se hace querer y respetar por los conciudadanos agradecidos! A agentes de orden público sin formación cívica, como estos señores, no se les puede dar instrumentos para cumplir su función, sin esperar que no abusen de ellos.   Un día y muy pronto se van a encontrar a otro “rofión” en la calle y solo les quedará o ir a la cárcel o al cementerio.

<> Este artículo se publicó el 28 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Trato o truco?

Mientras el gobierno extrema esfuerzos por convencernos de que el aumento de la inseguridad es una percepción,   la policía nos amedrenta.

La opinión de….

Monica Miguel 

Hace un par de noches un grupo de amigos salimos a cenar y decidimos irnos varios en un solo coche.  Después de la cena, regresaba con uno de ellos al lugar donde había aparcado su auto. Háganse la idea, miércoles, once de la noche, barrio del Cangrejo, en una calle con acceso a varios de los restaurantes más importante de Panamá, con un hotel a media cuadra, y un teatro al lado.

La cosa es que al llegar a su carro aparqué correctamente el mío y seguimos hablando para terminar la conversación que traíamos hasta el momento.   Y me preguntarán ustedes, ¿por qué me extiendo tanto en estos preliminares?   Pues porque quiero que comprendan la intrascendencia del hecho, lo normal, habitual y banal del mismo.

Ni lugares apartados, ni discotecas, ni alcohol, ni horas de la madrugada, ni actitudes sospechosas.  Aún no habíamos pasado ni tres minutos dentro del carro, cuando a nuestro lado se detiene una patrulla.  De ella se baja un policía, con mirada suspicaz nos pide documentación, con toda la tranquilidad se la damos, hasta ahí todo normal. (Conste que a mí a esas alturas ya me estaba entrando la risa floja, ¡a mi edad!   ¡Detenerme un policía en el carro! ¡Si ni en la adolescencia lo hicieron!).

Nos preguntó qué estábamos haciendo allí y pareció poner cara de decepción ante lo prosaico del hecho y lo normal que todo parecía. Pero no desesperen señores, que ahora viene lo bueno, ante la mirada asombrada de mi amigo y la mía, el policía, a través de la ventanilla abierta, se puso a darnos un discurso aleccionador acerca de las medidas de seguridad a seguir en Panamá por la noche.

Nos dijo que ante la creciente inseguridad (sic) que había en las calles lo mejor es (atentos, abro comillas): ‘no andar por las calles más allá de lo imprescindible’.   Ahí les juro que yo ya no sabía si reírme o llorar.   Una vez que el agente del orden público montó en su patrulla, no sin antes hacernos casi prometer que terminaríamos rápido la conversación y nos iríamos rápido de allí, nosotros nos miramos alucinados.

Aún al día de hoy yo no salgo de mi asombro, o sea, el señor presidente y varios de los que lo rodean siguen gritando a los cuatro vientos que la percepción ciudadana del aumento de la delincuencia es culpa de los medios de comunicación; con algún medio de prensa escrita convertido en el tablón de anuncios de la policía, publicando montones de noticias cortadas y pegadas de los comunicados que estos mandan, diciéndonos quien fue aprehendido, donde y por qué delito se le buscaba, supongo que todo para hacernos creer que la policía trabaja mucho y que ya está poniendo a buen recaudo a todos los malos malosos que andan por ahí sueltos, mientras tanto, los de sus propias filas van por ahí amedrentando a la gente.

Porque díganme ustedes, si yo no fuera como soy y un policía me dice que lo mejor que puedo hacer es no salir de mi casa más allá de lo imprescindible,   seguramente lograría que yo me atrincherase en mi hogar y no volviese a asomar la nariz ni al portal. ¿Qué imagen pretende dar la policía? Después de esto quisiera que alguien me responda ¿tengo que tener miedo sí o no?

<> Artículo publicado el 26 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Pelele Police

La opinión del Empresario….

Max Crowe

El disgusto del Ministro de Turismo, Salomón Shamah, frente al irrespetuoso e innecesario operativo policial que acaba de manchar la competencia internacional de surf en Panamá, me anima a compartir la siguiente experiencia.

El miércoles 25, en la noche, venía yo saliendo de trabajar en el Hotel Intercontinental Playa Bonita, luego de supervisar el montaje de una conferencia internacional. Viajaba agotado, en compañía de mi hijo de 18 años.   Saliendo al cruce con el Puente de las Américas, de repente me sale de la oscuridad un sujeto vestido de fatiga, señalando muy agitado, mientras otro me apuntaba al pecho con su ametralladora.  Se trataba del ya clásico retén. Inmediatamente me detuve (hay que ver que iba lento, llegando a la intersección) y bajando la ventana, increpé al sujeto del rifle para que nos dejara de encañonar.   Al darse cuenta, supongo, que evidentemente no se trataba de ningún maleante, el muchacho de inmediato bajó el rifle. Sin embargo, creo que a su superior —y secuaces— no les gustó mucho mi reacción, porque ya habiendo verificada la placa del auto y mi cédula y la de mi hijo, me han seguido provocando verbalmente e insultado, en presencia de mi hijo, por no haber visto de noche, a un sujeto disfrazado de mata.   Han revisado el carro con toda malicia, para luego revisarnos a ambos de cuerpo entero antes de dejarnos en libertad. Francamente, yo a mis 50 años y que soy viajero frecuente, tomo las revisiones como cualquier chequeo médico, pero no creo que a mi hijo de 18 años, el mero cuadro y figura del Buen Pelao, le hacía falta que un hombre que le dobla la edad, que no se define ni de policía ni de militar, le sobara la nalga ni le manoseara los testículos.   A mi concepto, que hay otras áreas donde no se definen tampoco, porque esto me recordó vívidamente los hostigamientos de corte homosexual que caracterizaban a las Fuerzas de Defensa.

Por supuesto que esto le puede pasar en cualquier momento a cualquier otro huésped, ciudadano, o turista que venga saliendo del Intercontinental Playa Bonita o la comunidad de Veracruz, incluido usted, estimado lector.   Desde los tiempos de Noriega no había vivido yo semejante abuso de parte de una supuesta autoridad. Tristemente, la pérdida de respeto hacia la policía ha sido instantánea por parte de mi hijo.   Temor no equivale a respeto.   Tampoco el asco.

Aunque comparto los objetivos del Ejecutivo al tomar medidas radicales para enderezar el camino de un país que anda de mal en peor, yo voté por Martinelli justamente para bloquear la posibilidad de un gobierno con antecedentes de hostigar a la población civil. Parece que me equivoqué. Ya llevamos decenas de ciegos en Bocas, y sepa Dios cuantos vejámenes más vienen en el camino. Le garantizo que, con enseñarle a la población que tanto las autoridades como los delincuentes representan una amenaza, vamos a contrapelo. Nadie quiere que Panamá se maneje como si fuera un Iraq.

mcrowe@allied.bz

<>Artículo publicado el 2  de septiembre de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito  que les corresponde.

Yo protesto…

La opinión del Técnico en Riesgos…

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GABRIEL ORTEGA W.

Me cuenta un joven —Néstor Danies—: ‘Nací y crecí en la provincia de Colon, mi padre es un dirigente sindical reconocido y me madre una educadora, sus consejos me han ayudado a no caer en malos pasos, la tentación está en todas partes, pero más fuerte es la enseñanza de mis padre. En las aulas de clase nos enseñaron que los policías están para proteger y servir, por esto cuando salgo de casa y veo un policía me siento seguro, camino tranquilo, pero el 3 de mayo pasado sufrí tremenda decepción’.

‘Somos un grupo de seis bailarines, competimos con muchos grupos y ganamos el derecho de participar en un programa televisivo, se trata de un show de baile a nivel nacional, nosotros representamos a la provincia de Colon, nos dirigíamos a la sesión de práctica, pues estamos en pleno concurso’.

‘La Policía nos detuvo, no nos dieron tiempo de hablar, tratamos de explicarles que no somos delincuentes y que pertenecíamos a un grupo de baile, pero nos tiraron al suelo y nos rociaron gas pimienta. Nos decían: ‘si son bailarines bailen ahora’ (que injusticia, que impotencia), nunca le faltamos el respeto ni nos resistimos al arresto. Esto me dolió mucho, me decepciono, nos dejaron muchas horas encerrados, no pudimos ir a la práctica después de un muchas horas nos soltaron sin disculpas ni nada’.

‘No les importo el esfuerzo que hacemos, para llevar una forma de vida distinta, sin delitos ni faltas, no les importó que tratamos de elevar la cultura, de decirle al mundo que hay otra forma de hacer las cosas sin robar y fumar o matar, se burlaron. Me preguntaba ‘son mis amigos o mis enemigos, están para protegerme o para abusar y ridiculizarme’. Las lágrimas no tardaron en correr mis mejillas, no sé si de odio o de la rabia, pero estoy seguro que muchas fueron por la decepción de un sistema que oprime al justo y abusa del inocente. ¿Qué hago? Solo puedo protestar. Por medio de las letras es lo más razonable, es lo que aprendí en las aulas de clases’.

‘Me pregunto si así quieren la paz, y evitar la delincuencia… como dicen los medios: ‘Hay que sacarles TARJETA ROJA a los que violan su propia naturaleza de servir y proteger’.

COMENTARIOS | 5 comentarios

1. Geraldine Emiliani | 6/5/2010 | 11:39:18 AM
. Yo tambien protesto : . En toda profesión hay malos y buenos. Y de que los hay malos y coimeros en la policía nacional, los hay. Y, son pocos. Pero, hacen un gran daño tanto a la institución como a la ciudadanía en general. Esto lo puedo confirmar porque estuve encargada del departamento de desarrollo humano integral de la policía nacional y estando en el mismo, me di cuenta de las errores de algunos uniformados. La idea fue depurar la institución. Desafortunadamente, no se me dejó cumplir con mi trabajo y tuve que renunciar ante las presiones. Y, denuncié este hecho ante la opinión pública. La drp sobreprotege a muchas de sus unidades en problemas.

2. Carlos Lasso | 6/5/2010 | 11:00:07 AM
. Hey, tanquilos. : . No tengo razon para dudar de las palabras de este joven, pero, la mas elemental regla de justcia me indica que tengo que oir la otra parte tambien. Solo despues de escuchada la version contraria, podre emitir un juicio justo. El poder de la palabra escrita nos hace reaccionar como manada y correms en la direccion que el periodista quiera. Asi tampoco es a cosa. Y si en verdad son culpables, que se les elimine de la fuerza publica. Si algo no queremos, es mas gorilas.

3. Geraldine Emiliani | 6/5/2010 | 9:13:04 AM
. Yo protesto tambien : . Estos abusos pasan con frecuencia. Hace aproximadamente un mes mi hijo y yo regresábamos a casa de un compromiso familiar, eran aproximadamente la una de la mañana. Por los lados del santuario nacional un par de policías nos detuvieron. Nos revisaron cual delincuentes y a mi hijo le hicieron la prueba del guarómetro. En ese momento llegaba una patrulla y una mujer policía se nos acercó y su rostro reflejaba disgusto. Le hicieron la prueba a mi hijo en tres ocasiones. Como no marcaba nada, entonces fue peor el acoso. Se disgustaron mucho más. Fueron groseros con nosotros. Y, lo peor, aunque no sé qué fue lo peor, es que, no se les pudo ver sus nombres en sus camisas y al preguntarle para la denuncia respectiva, se negaron a dar sus nombres. No contentos con esto, el policía amenazó a mi hijo diciéndole que se cuidara que lo tenía fichado. Además, pudimos ver cómo coimeaban a unos jóvenes que los tenían retenidos. Mi hijo no ha querido poner la denuncia porque en una ocasión lo hizo por otro incidente que le ocurrió de abuso policial, y murió el asunto en la drp. Hay que depurar a la policía nacional. Esto es ináudito. Y, creo se ha salido de las manos de la dirección de la p. N.

4. Chombom De Calle 4 Viviendo En Ny | 6/5/2010 | 7:38:33 AM
. Soy de colon. Y apoyo al joven! : . Es triste, pero no todos los policias son malos, hay que entrenarlos de como lidiar con el pueblo. Lo que pasa que colon, es en si -una zona de guerra por las estructuras de sus edificios y mas que nada por la basura y el agua de mahoul!, y la gente vive en callejones, con agua estancada brotando como si nada por los callejones, y la gente como si nada? yo soy chombom, de calle 4 y sali hacia ny hace anos, pero colon sugue los mismo?!.

5. Ciudadano Común | 6/5/2010 | 5:01:03 AM
. Esas son las cosas que no me dejan engordar!!!! : . En toda institución hay bestias y en este caso este joven se encontró con una manada de burros. lamentablemente uno se encuentra con individuos asi. Mi experiencia es que esos son la minoría aunque esas malas acciones calan. No hay otra que acusarlos a las autoridades que probablemente no les harán mucho pero les hacen el momento bastante incómodo y asi, eperamos, aprenderán que el lo que no se debe hacer.

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Artículo publicado el 5 de junio de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá,  a quien damos, lo mismo que al autor y a los comentaristas, todo el crédito que les corresponde.