Vargas Llosa y la libertad de expresión

La opinión del Escritor y Analista Político…

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Rafael Montes Gómez 

“¡Que se vayan! son un enorme estorbo para el desarrollo de sus países”    Vargas Llosa acerca de Castro y Chávez,  en entrevista a CNN.     Mientras el país se debate sobre la libertad de expresión a causa de la condena por el Segundo Tribunal de Justicia a dos periodistas por un caso de calumnia e injuria, el veterano Mario Vargas Llosa gana el premio Nobel de Literatura 2010. 

Vargas Llosa había perdido el gusto de la espera del extraordinario reconocimiento de la Academia Sueca. El fallo del jurado nos tomó de sorpresa a todos los que comprendemos el juego de la intelectualidad con la izquierda.

Es complejo admirar a Vargas Llosa en medio de un mundo de literatos que tienden hacia la izquierda.   Hay que ser realistas en que después de la gran guerra, a los grandes literatos si son o no son, y a la propia intelectualidad, la catalogan de izquierda. No exagero, ni tampoco quiero decir que los de derecha, son brutos.

Don Mario es admirado por su propia fotografía descriptiva de las realidades sociales, plasmadas en un plano crítico político de derecha. No importa si usted ha leído “Pantaleón y las visitadoras” -mi favorita-, “La tía Julia y el escribidor” –han usado el término en peyorativo conmigo y yo muero de risa- o “La Fiesta del Chivo”, aunque realidades distintas es la misma crítica social que va a encontrar.

El Vargas Llosa de Arequipa (Perú) y Cochabamba (Bolivia) que desde muy joven dio sus primeros pasos en el periodismo es algo así tan grande para nosotros, como lo es Eduardo Galeano para la izquierda y sus simpatizantes.

En sus impresiones a distintos medios ha contado de su simpatía en los años mozos con la revolución cubana y su desencanto por el caso del poeta Heberto Padilla y otros prisioneros de conciencia del régimen castrista; verdaderos atentados contra el derecho a disentir y a la libertad de expresión que una masa crítica intelectual con su silencio siempre oculto.

A Castro ya ni le pone atención, pero ha puesto sus cañones en fila contra Chávez.   Lo importante ¿Qué piensa un hombre como Vargas Llosa de la libertad de expresión? “Yo no creo que vaya a cambiar con motivo de este premio, voy a seguir escribiendo sobre las cosas que más me estimulan… voy a seguir defendiendo las ideas que tengo, la defensa de la democracia, la defensa de la libertad, la defensa de la opción liberal, las críticas a toda forma de autoritarismo”.

Concluyo con el diario el País de España que recoge algunas afirmaciones suyas: “El periodismo, tanto el informativo como el de opinión, es el mayor garante de la libertad, la mejor herramienta de la que una sociedad dispone para saber qué es lo que funciona mal, para promover la causa de la justicia y para mejorar la democracia… precisamente porque el periodismo garantiza la libertad, todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación”.

 

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<> Este artículo se publicó el 23  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al  autor, todo el crédito que les corresponde.
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Vargas Llosa y los Nobel de Literatura

La opinión del Analista Político…

Gil Moreno 

Nunca pensé que la Academia Sueca de la Lengua le concedería el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. En esto yo no estaba tan despistado. El ha sido el más sorprendido, siempre pensó que a sus 74 años iba a morir sin recibirlo. A última hora la Academia le hizo justicia. Es indudable que Vargas Llosa es un escritor, reconocido mundialmente. Su manera de escribir, su lenguaje crudo, sin oropeles, y a veces vulgar, fue lo que, al parecer, impidió que la Academia le concediera tan codiciado galardón.

Alfredo Nobel, inventor de la dinamita, legó los intereses de su fortuna para el establecimiento de los Premios Nobel a las obras más sobresalientes de tendencia idealista y a las personas que se destacasen en literatura, ciencias y a benefactores de la humanidad.

La primera persona que recibió el Premio Nobel de Literatura fue Sully Prudhomme, en 1901 (un poeta oscuro), y no León Tolstoi, que era quién realmente lo merecía. La Academia, a pesar de reconocer que La Guerra y la Paz es un obra inmortal, lo rechazó por sus ideas anarquistas y a causa de un libro que escribió en el que solo reconocía como válidos los Cuatro Evangelios y rechazaba los otros libros del Nuevo Testamento.

En 1926, la Academia Sueca le negó el premio a Gabriel D, Annunzio a causa de su conducta, para concedérselo a Graciela Delleda, desconocida. Por otro lado le concedió el premio a personas de avanzada edad como Anatole France, de 77 años, a André Gide, 78 años y a Winston Churchill de 79. Estos dos últimos muy cuestionados por la crítica mundial: a André Gide por sus conocidas inclinaciones homosexuales, defendidas por él en su libro Corydón y a Churchill, por sus escasos méritos literarios.

Hay que admitir que aunque la Academia Sueca ha galardonado a muchas figuras meritorias al concederle el premio, no siempre ha sido justa porque muchas veces se lo ha negado a otras de gran valía, muchas veces a causa de prejuicios o consideraciones políticas, como a Emilio Zola, por su naturalismo, a Henrik Ibsen, a Marcel Proust, a Mark Twain, a Máximo Gorki, a Teodoro Dreisser, a Ernesto Sábato, a Tomás Alba Edison, a Benito Pérez Galdós en 1916 para concedérselo a Romand Rolland, de innegables méritos, error que la academia pudo subsanar, ya que Galdós falleció 4 años después. Y por otro lado ha demeritado a escritores de renombre como a Federico Mistral, autor de Mireya y Calendal, concediendo el premio, en forma compartida, con un Echegaray, desconocido.

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<> Este artículo se publicó el 21  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El premio Nobel, la libertad y el castrismo difamador

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La opinión del Activista de los Derechos Humanos….

Manuel Castro Rodríguez 

El castrismo mantiene una gran cantidad de sitios en Internet, donde sólo se publican los escritos apologéticos de la tiranía y aquellos que difaman a los que han tenido la valentía de denunciar al régimen.   Cubadebate  –donde no se debate ni se publica comentario alguno que sea desfavorable a la tiranía-, afirmó el 9/10/2010 que al laurear con el Nobel de la Paz al opositor chino Liu Xiaobo y con el Nobel de Literatura al escritor peruano Mario Vargas Llosa,  el premio se volvió “disidente”.

El Gobierno chino es uno de los principales aliados políticos y económicos del régimen militar cubano. Vargas Llosa apoyó a Fidel Castro hasta 1971, cuando protestó por el encarcelamiento del poeta disidente Heberto Padilla (ver Panamá América del 12/4/2010). Desde entonces, Vargas Llosa comenzó a hacer frecuentes críticas a la tiranía cubana, por lo que sus libros están prohibidos en Cuba.

Un artículo publicado en el sitio castrista Cubasí -firmado por el vocero Manuel H. Lagarde-, también atacó a Vargas Llosa y se preguntó “qué pasaría” si en 2011 resultara elegido premio Nobel de Literatura “el terrorista Carlos Alberto Montaner”. Eso es típico del castrismo: la difamación constante de los disidentes, sin ofrecer prueba alguna. Lo que sí está demostrado es el proceder terrorista de Fidel Castro (ver Panamá América del 11/10/2010).

Al igual que en Cuba, los defensores de los derechos humanos en China se ven sometidos a un constante acoso por parte del Gobierno. Tanto La Habana como Beijing reprimen con la cárcel o el destierro a quienes se oponen al Gobierno de partido único. Liu Xiaobo está encarcelado desde 2008 por firmar la Carta 08, un manifiesto que solicita reformas democráticas, entre ellas: modificación de la Constitución que le garantiza al Partido Comunista la permanencia eterna en el poder; libertad de asociación, religión y prensa; separación de poderes; y sistema judicial independiente.

La Carta 08 fue publicada el 10/12/2008, cuando se celebró el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Está inspirada en la Carta 77 -redactada en Checoslovaquia durante el régimen del socialismo real- y en cierta medida en el Proyecto Varela -dado a conocer en Cuba el 22/1/1998.

El Proyecto Varela -recibe su nombre del padre Félix Varela Morales, el padre de la nacionalidad cubana que fue obligado a vivir sus últimos años en el destierro-, propone un referendo para que los cubanos podamos decidir la forma en que queremos vivir: “convertiría en leyes, el derecho a la libre expresión, la libertad de prensa y la libertad de asociación. También el derecho de los ciudadanos a tener sus empresas, algo que ahora es privilegio de los extranjeros. También propone una modificación de la Ley Electoral No 72, puesto que ésta es inconstitucional. Además pide una amnistía para presos políticos y nuevas elecciones”.

Como expresó Oswaldo Payá Sardiñas en el Parlamento Europeo el 17/12/2002, con motivo de otorgársele el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia 2002, los cubanos “no podemos, no sabemos y no queremos vivir sin libertad”.

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<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Paranoico

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La opinión del Escritor…

Guillermo Sánchez Borbón

No recuerdo ya quién puso en mis manos La ciudad y los perros, la primera novela de Vargas Llosa que leí. Me deslumbró. Creo –no estoy seguro– que también fue la primera, o una de las primeras, que dio a la estampa. Era una obra maestra en todo el sentido de la palabra. No era una novela precoz, que anuncia al gran escritor que llegaría a ser con el paso del tiempo. Era una obra acabada, perfecta. Conforme avanzaba en edad y en pericia, se acentuaban estas características que en su hora nos deslumbraron a todos sus lectores.

La Fiesta del Chivo es una de sus novelas más acabadas, y también más complejas, más sabias, más laberínticas en suma. Y tuvo el cuidado de ser lo más fiel posible a los hechos históricos en que se basó su gran obra. Una de las cosas más cómicas, y a un tiempo más trágicas, son los goteos que acompañan las efusiones amorosas del tirano.

Muchos años antes, Vargas Llosa escribió una de las mejores novelas que he leído en mi vida. Es una pieza autobiográfica por la que desfilan todos los espectros de sus mocedades (incluyendo los políticos). Es una obra de despedida de todos los fantasmas e ilusiones de su juventud, aderezados de la intolerancia e intransigencia que solo puede sentirse en los primeros años de nuestra juventud. Para mi gusto, es una de sus mejores obras.

Una de sus noveladas más acabadas es Conversación en la Catedral, también de una gran riqueza y complejidad, cualidades que siempre he admirado en el gran escritor. Confieso que varias veces me perdía en su laberinto, y que tenía que hacer extenuantes esfuerzos para retomar el hilo. Y que cuando lo lograba, tenía que luchar ferozmente para no darme unas palmaditas auto congratulatorias en la espalda, que es lo peor que le puede ocurrir a un buen lector.

Desde que leí su primera novela supe que estaba destinado a grandes cosas. Me alegra comprobar que no me equivoqué, que por primera vez en mi vida tuve razón (aunque me quedé corto). Tan seguro estaba de no haberme equivocado, que todos los años jugaba a una especie de solitario. Este año le darán el premio Nobel de Literatura, pero pasaron tantos años sobre su vida y la mía, que pensé que nunca se lo darían. Me alegra infinitamente haberme equivocado.

Como todas las construcciones humanas, el premio Nobel no está a buen resguardo de nuestras pasiones y tonterías, como lo prueban algunos de sus ganadores, escritores que son apenas un nombre que hoy no nos dice nada. Nadie es capaz de recordar sus nombres, generalmente escandinavos.   En cambio se lo han concedido a todos los grandes escritores, cuyos nombres y obras es imposible pasar por alto.   Con pocas excepciones, se les ha concedido a quienes realmente se lo merecen. Con una excepción: Tolstoi, el más grande de todos, fue pasado por manteca. Tal vez porque se pasó de grande. El hecho es que jamás se lo dieron a él. Este olvido –vacilo en decirlo– para mí es inexplicable. Tolstoi es, sin discusión, uno de los más grandes novelistas de todos los tiempos. Y lo sigue siendo.

Hay otras injusticias menos inocentes. La que se cometió con Borges, sin ir más lejos. Le cobraron una visita del gran escritor al Chile de Pinochet.  No creo que él supiera entonces, con exactitud, quién era, políticamente hablando, el tirano. Pero la virtuosa academia jamás le perdonó el desliz. En cambio, le perdonó todos los suyos a Neruda, tal vez por su Canto de Amor a Stalingrado, su elogio de Browder (meses antes de que lo purgaran). Y su increíble canto al sucesor de Stalin, unos meses antes de que lo devolvieran definitivamente al olvido sus sucesores.

<> Este artículo se publicó el 16  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Reconocimiento universal

La opinión del periodista…

Juan B. Gómez

El mundo ha reconocido con el Premio Nobel de Literatura la grandeza del escritor Mario Vargas Llosa. Los elogios llegan desde todas partes, porque si hay un escritor que lo merece, es este formidable escritor peruano.

 

Cada vez que leía una obra suya, un artículo, una conferencia, una opinión suya, me preguntaba: ¿Pero que están esperando los que otorgan este reconocimiento universal? Sería el colmo que Mario Vargas Llosa muriera sin haberlo obtenido, como hacían año tras año con el escritor argentino Jorge Luis Borges.

Perdonen, pero cada vez que oigo de estos triunfos tan merecidos, recuerdo el papelón que hizo nuestro país al mandar una comisión a Suecia y a Noruega a solicitar el Premio Nobel de la Paz para el dictador panameño Omar Torrijos. ¡Qué ridículo papel hicimos!   Que le otorgaran ese Premio a un hombre que en el poder conculcó todas las libertades; y que durante su gobierno se asesinó, se persiguió, se encarceló y se desterró a todos los que levantaban la voz contra sus arbitrariedades. ¡Hasta allá llegó el servilismo de algunos panameños!

Y luego, para no ser menos, Noriega también envió otra comisión con el mismo propósito. Parecían ignorar que esos Premios no se piden; se merecen. (Vargas Llosa dijo que fue “sorprendido” con el anuncio del Premio.   A él, reconocido en su indiscutible superioridad, no se le ocurrió comisionar a nadie para que se lo otorgaran).

Pero les queda la satisfacción, que no fueron los únicos que cayeron en esos despropósitos.   En la década de los años treinta, un día funesto para la Humanidad, el dictador de República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo, ordenó la matanza de miles de negros que habían traspasado las fronteras de Haití hacia el país dominicano.   Contaba un biógrafo del siniestro personaje, que el río que separa a los dos países, quedó “atorado” con los miles de cadáveres y decapitados de los pobres haitianos.

¿Y saben lo que hizo Trujillo para distraer la crítica internacional?   Compró, no recuerdo con cuánto al presidente de Haití, que protestaba. Y lo puso a gritar su inocencia del monstruoso crimen.   Y poco después, envió una comisión a solicitar el Premio Nobel de la Paz para él, y también para el presidente haitiano.   ¡Ustedes no saben de lo que son capaces los tiranos! (Leer La Fiesta del Chivo, precisamente de Vargas Llosa).

Se ha dicho que todo gran escritor, es un gran hombre que escribe.    Por eso se ha distinguido a Vargas Llosa con el Premio Nobel. Reciba el homenaje de nuestra admiración por su grandeza.

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<> Este artículo se publicó el 16  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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El Premio ‘Ñopo’

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado…

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MARIELA SAGEL

Hace unos días asistí, por invitación de la Fundación Eleta, al lanzamiento del Premio de Prensa Fernando Eleta Casanovas, que se otorgará anualmente a los mejores trabajos periodísticos publicados en el término de un año, que resalten el Patrimonio Cultural y el Patrimonio Natural de Panamá.

Esta iniciativa, a menos de un año de la inesperada muerte del inolvidable amigo ‘Ñopo’ Eleta, que partió demasiado pronto y demasiado aprisa, tiene el propósito de honrar su memoria por parte de sus padres y hermanos.  Lo hace bajo un convenio con el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP), quienes serán los organizadores del mismo. Loable iniciativa que no nos dejó indiferentes cuando ‘Bati’, su hermana, explicó a los presentes, no solo los propósitos de vida de su entrañable hermano, sino el compromiso que tiene su familia para preservar su memoria de la manera en que él mismo lo hubiera hecho: capacitando periodistas que ejerzan con responsabilidad su oficio.

Aparte de los considerables montos que serán destinados para premiar la excelencia periodística, tanto escritos, radiofónicos, como televisivo y multimedia, los jurados internacionales que calificarán los trabajos que se inscriban serán designados por el Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), ramal del Smitshonian Institution que está establecida en nuestro país desde 1923 —para los premios de patrimonio natural— y por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para los premios correspondientes a Patrimonio Cultural. ‘Ñopo’ fue el Representante Alterno de nuestro país ante dicha institución, desde el 2005 hasta el día de su fallecimiento.

Como orador de fondo del almuerzo, donde se sirvió un delicioso pollo ‘A la Ñopo’, estuvo el experto en gestión cultural y desarrollo, docente e investigador, Gerardo Neugovsen, quien destacó ‘la importancia del periodismo responsable para permear la sociedad en todos sus estamentos y capas’. Ante la inevitable masificación de la comunicación, éste —el periodismo responsable— ‘cobra mayor importancia para que cada individuo pueda construirse una imagen de la realidad cercana y lejana’. A su vez, destacó que ‘es esencial que el periodismo sea crítico con su propia práctica y acción’ y que ‘es necesario que el periodismo panameño se sume activamente a iniciativas como ésta, participando de propuestas como la presentada por la Fundación Eleta, proponiendo temas, investigando con sentido crítico y enriqueciendo así su propia acción profesional’.

‘Ñopo’, desde la Gloria donde esté, posiblemente comiendo pixbae y riéndose con esa sonora risotada que siempre alegraba a quienes trataba, estará complacido de esta magnífica iniciativa que han tomado sus hermanos, porque él mismo fue un gran formador de toda una pléyade de comunicadores, quienes han dado, en el tiempo transcurrido desde su partida, franco y abierto testimonio de lo importante que fue para cada uno de ellos trabajar en su momento bajo su dirección.

Desde aquel aciago día en que se fue, siempre ha estado en la mente (y en el bolsillo de quienes guardamos una cruz de vidrio, en su recuerdo) y ahora se materializa en esta actividad, señalada como un acto de ciudadanía responsable. Una forma de generar esperanzas en una época donde las esperanzas están en extinción, como señaló el expositor invitado.

Y como si todo fuera una infausta coincidencia, ese mismo día se celebró una marcha contra la llamada Ley 9 en 1 —que ya fue sancionada por el Ejecutivo— y ese patrimonio natural que precisamente necesita preservar Panamá y que el Premio Ñopo va a premiar, se ve gravemente vulnerado por leyes que nos ponen en seria desventaja frente a un mundo de hoy día, donde la sostenibilidad es el valor agregado que tienen los países, pues, las empresas que aplicarían para un financiamiento que incluya, obligatoriamente, créditos de carbono requieren estudios de impacto ambiental.

Eso nos pasa a los panameños por agarrar todo a relajo, hasta un eslogan de campaña que llevó a un montón de ingenuos a tener esperanzas, cuando vemos cada día cómo las mismas, como lo dijo Gerardo Neugovsen, están en extinción.

Ojalá que el esfuerzo puesto en este ejemplar premio no quede solo en sendos trabajos, sino en prácticas que beneficien el entorno y el ambiente que una partida de locos se ha atrevido a vulnerar.

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Artículo publicado el 20 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Cuarenta años y sus reconocimientos

La opinión de…..

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Fernán Molinos Delaswsky

Nada tiene de extraño que en una hora como la actual la concesión del Premio Honorífico de Poesía José Lezama Lima al escritor y poeta panameño Manuel Orestes Nieto no haya tenido más eco que algún registro en medios locales.

El premio, conferido por Casa de Las Américas, que ya había otorgado a Nieto el galardón correspondiente a 1975, reconoce en el autor nacional a una de las voces mayores de la poesía hispanoamericana.   Tributo similar comparten apenas Juan Gelman (Argentina), Carlos Germán Belli (Perú) y Juan Manuel Roca (Colombia), entre otros pocos.    Nieto también figura en la lista breve de quienes, por sus méritos culturales, han recibido la distinción nacional chilena Medalla Gabriela Mistral.

Duro e ingrato el oficio de los poetas. Bajo los signos que rigen los tiempos presentes, la poesía aparece relegada a condición de trasto arqueológico y los poetas a la de especie que alguna vez conoció tiempos menos ingratos. Mientras la novela como empresa editorial sacrificó talento y creatividad imaginativa para dar paso a los Brown y Coelho de todo pelaje, que igual se consumen en librerías que en supermercados, la poesía se quedó sin editores.

El Honorífico de Poesía José Lezama Lima, premia trayectorias, no a un libro en especial. En el caso de Manuel Orestes Nieto abarca un desempeño que comprende cuatro décadas largas en la artesanía de la palabra, recogidas en el libro El cristal entre la luz. La recopilación contiene, entre otros títulos, los cuatro de Nieto premiados con el Ricardo Miró de Poesía (1972, 1983, 1996 y 2002).

Cuarenta años de trompearse con las palabras para hacerles decir lo que el poeta quiere, no lo que ellas simplemente significan. Pelarlas como a una cebolla; atenazarlas entre los dientes como al cuesco de un durazno; sentir como la nuez del corazón se resiste al diente de la rabia, del dolor, de la alegría.   Sí, fajarse con ellas: torcerle el cuello al cisne como recuerda García Márquez para que las malditas palabras, las maravillosas palabras, calcen al fin en la horma exacta de lo que el poeta siente y necesita convertir en eso: palabras.

Eso ha hecho en este tiempo Orestes Nieto. Hizo suyo el consejo de Rogelio Sinán: “lee a los clásicos y no te permitas concesiones”. Por eso, dice Nieto, “para hacer poesía hay que escribir con un lenguaje propio que permita proponer textos con estética, belleza y recursos literarios”. Porque, al fin, “todo está dicho; la clave de la poesía está en recrearla eternamente”, dijo Cavafis.

Lo suyo en Nieto ha sido un trabajar constante de su voz poética de manera que, entre la luz que ella marque en el texto, brille el cristal de lo que el poeta busca decir:

Créeme: el mar de los sargazos existe

donde el ala de la mariposa y el girasol

al surcar el aire, fundan el rito del silencio de la esponja;

donde la rosa de los vientos tiene su epicentro de espuma y nube.

Hay una constante en la obra de Nieto que atraviesa la mayoría de los 12 libros escritos por él en estos 40 años: Panamá.   Escasas son las líneas que no tengan por aliento este país nuestro de mieles y de hieles; esta nación de glorias y dolores.

A riesgo del mal gusto de acometer metáforas al reseñar la obra de un poeta, siempre he sentido que la poesía de Orestes huele a patria en sus amaneceres y duele cuando el dolor le duele a la nación.   Ese sentir se hace epifanía cuando la patria canta, y es lamento huérfano cuando sus horas malas descuajaringan –así decía Vallejo– el alma.

Ocurre

que nada será imposible en lo posible

y que tú –como siempre–

vendrás por nosotros a contarnos

la dura edad de tus caminos

y el trayecto de tu vuelo de pájaro libre

en la transparente claridad del aire” .

Qué bueno que nuestros creadores literarios obtengan reconocimiento internacional.  Qué bien que logren lauros y aplausos, como lo hacen nuestros atletas en escenarios mundiales. Lástima que sus triunfos tengan eco tan mudo. Y reconocimiento tan mezquino.

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Publicado el 4 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.