La pérdida de la infancia

La opinión de la Psicóloga Especialista de la conducta humana……
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Antes de entrar en materia voy a referirme a la programación lamentable de La Cáscara, Código 4, Al Descubierto, Así es mi tierra, Hecho en Panamá, In Fraganti, El Reventón, presentada durante los días de carnaval.   En que hasta un micrófono simulaba el miembro viril; imagínense lo demás, un reality show digno de videos pornográficos, desluciendo el carnaval panameño.

¿Autorregulación? ¡ja! Eso no existe. Dueños y gerentes de canales de televisión, productores y presentadores parecen no saber el significado de las palabras autorregulación, moral, decencia, respeto, sensatez y prudencia. ¿Cambiar el canal? ¿Por qué?  Para eso pago mi mensualidad para ver buena televisión, para apreciar nuestras buenas costumbres, no la porquería que suelen mostrar.

En nuestro país hay redes muy bien organizadas para la explotación sexual y mental de nuestra niñez y juventud y los programas mencionados parecieran ser una de esas redes.

Todos los niños deben disfrutar de una infancia inocente y hasta cierto punto, despreocupada y feliz.  Sin embargo, la triste realidad es que para muchos de ellos es algo inalcanzable. Solo hay que pensar en los miles de sueños infantiles que se hacen añicos cuando ven su vida arruinada por la injusticia, la prostitución infantil y el maltrato físico y psicológico.

Solo hay que imaginar cómo se siente un niño cuando tiene que vivir en las calles, porque le parecen más seguras que su propio hogar; o cuando, a pesar de hallarse en la época de su vida en que más necesita que lo amen y protejan, se ven obligados a aguzar su ingenio para esquivar a todo aquel que desea explotarlo como mulas de cargas para transportar estupefacientes, trabajar para llevar el sustento a sus casas, o al ser explotados por el turismo sexual, la prostitución infantil y programas de televisión como los mencionados. Es muy triste vivir así, sin fuerza, sin luz propia, sin voluntad, sin esperanzas, sin seguridad, sin educación.

Bastante se ha escrito y hablado sobre el tema. Sin embargo, parece que las palabras se las lleva el viento. Es importante que el gobierno central, los gremios empresariales y profesionales, clubes cívicos, padres, madres, y educadores, se involucren en subsanar una vez por todos estos delitos. Esto es un problema de salud pública que aqueja a toda una sociedad.

Limitarse a hablar de un mundo mejor para estas criaturas no es suficiente. Por eso no cabe la indiferencia ni la superficialidad.   He de observar una gran indolencia cuando se tratan estos aspectos. Tal vez hay quienes observen estos hechos desalentadores y no hagan nada para ayudar a encontrar la solución, porque se sienten afortunados de poder darles a los suyos un buen hogar y lo necesario para vivir.

Cuando a un niño o niña se le priva de una infancia y adolescencia sin riesgos psicosociales, de seguro cometerá delitos a fin de sobrevivir en un mundo lleno de injusticias. Las noticias y las estadísticas señalan que empiezan a delinquir a temprana edad. Entonces nos alarmamos cuando estas criaturas se nieguen a ir a la escuela, consumen drogas, y por el afán desmesurado de ganar dinero empuñan un arma, asesinan y hasta se convierten luego en dueños y gerentes de empresas televisoras, y en productores y presentadores de programas como los citados.

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Publicado el 21 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la distinguida autora, todo el crédito que les corresponde.

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Tus hijos pueden ser víctimas de la internet

La opinión de…..

Aisaida Batista

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Tus hijos pueden ser víctimas de la internet

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Mucho se ha hablado de avances y tecnología en este siglo. La internet es uno de estos grandes avances, millones de hogares se suman a este servicio tecnológico de comunicación. Hoy día los estudiantes, niños y niñas de todas las edades hablan el argot de la internet, que muchas veces los padres no entendemos.

Nuestro país es parte de este proceso de modernización. Muchos pueden ser los beneficios de esta herramienta, sin embargo, ante esta gran demanda surge el fantasma de la violencia hacia la niñez.  Hombres y mujeres inescrupulosos aprovechan esta puerta abierta para entrar a tu casa, acceder a tus hijos e hijas y abusar de ellos.  ¿Cómo? A través de la pornografía infantil que circula en la red y que se comparte incluso en el celular.

Una de las actividades que se realizan en la internet es asistir a las salas de chat.  Nuestros chicos son casi adictos a estas conversaciones.  Parecen inofensivas pues no los “conoces” realmente, sin embargo muchas de estas personas son depredadores a la caza de nuestros hijos e hijas.   Primero obtienen su confianza (se hacen amigos/as), empiezan a compartir información, intercambian imágenes por la webcam, cámara incorporada que ya casi todas las PC traen, atracción en la que ingenuamente caen, sin darse cuenta de lo que realmente hay detrás de todo eso, comparten experiencias eróticas, y responden a los desafíos “a que no te atreves a mostrarme…” y siempre un poquito más.

Hay programas que graban lo que está pasando en la conversación y esa escena que parecía breve e inofensiva por la distancia y ausencia física “entre dos”, se puede convertir en una situación de dominio público, que se comparte, se vende y que lesiona la dignidad de los niños, niñas y adolescentes involucrados.


También hay personas inescrupulosas que graban las violaciones y abusos a los que someten a cientos de niños y niñas en el mundo y este material es colocado en el ciberespacio para compartirlo con otro “consumidor”.

Parece macabro, asqueroso, sin embargo es la triste realidad de muchos menores de edad, a los cuales este tipo de acto les vulnera sus derechos.

La pornografía infantil es un delito que debemos prevenir con información y comunicación en el hogar.   Las consecuencias a corto, mediano y largo plazo muchas veces son irreparables.

Hablar del tema de comunicarnos con nuestros hijos e hijas parece una tarea imposible, por el poco tiempo que dedicamos al hogar y las múltiples responsabilidades que adquirimos, pero por la salud y bienestar de ellos, vale la pena saber qué están haciendo y para qué utilizan internet.

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Publicado el 16 de octubre de 2009 en el diario LA PRENSA, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

¿Y qué de la Junta de Censura?

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¿Y qué de la Junta de Censura?
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Santander Tristán Medina
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Algunas empresas del país, en especial las cerveceras y las distribuidoras de licores, representan para el fisco nacional significativos ingresos económicos en concepto de impuestos, sin embargo, ello no da el derecho a que se utilicen cuñas televisadas de promoción con la imagen de damas semi desnudas que atentan contra la moral de un pueblo que requiere de su fortalecimiento para la formación de las presentes y futuras generaciones.

Día tras día vemos como en la televisión aparecen espacios anunciando la calidad de productos que debe consumir el pueblo, presentando como atracción del comercial a nuestra bella mujer panameña en forma inapropiada para la niñez y juventud que son asiduos televidentes.

El mensaje es brutal y requiere de la acción moralizadora de una Junta de Censura que impida que esto siga sucediendo a ciencia y paciencia de un pueblo que merece más respeto y de una mujer a quien hay que elevar por encima de todo lo vulgar y lo mediocre.

Son innumerables los motivos de nuestro folklore que pudieran explotarse como medios de propaganda comercial y en esa forma contribuimos al desarrollo y fortalecimiento del mismo y evitamos la vulgaridad del chiste y la pornografía que tanto daño está causando.

Todo un moralizador y constructivo programa de censura podría lograrse si la Junta de Censura nombrada por el Ministerio de Gobierno y Justicia, con formada por la iglesia, el Ministerio de Educación y asociaciones cívicas, etc., se tornan conscientes del problema y se disponen a trabajar con miras al fortalecimiento y desarrollo de la moral y buenas costumbres en Panamá

Es gigante la labor que puede desarrollar una Junta de Censura frente a los peligros que acechan a nuestra niñez y juventud, porque no es sólo la televisión con sus cuñas inapropiadas, sino también las películas que en muchos casos no son aptas para niños y menores de l8 años. Así mismo se debe regular la asistencia a centros de diversión, la calle con su peligrosidad, la li teratura pornográfica y toda una gama de situaciones que demandan la acción inmediata de las autoridades a quienes corresponde salvar a la niñez y a la juventud que son el futuro de Panamá.

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Publicado el 1 de agosto de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.

Panamá, capital de la pornografía

Panamá, capital de la pornografía

Roquel Iván Cárdenas

No creo que a muchos panameños nos agrade que el país sea conocido como el paraíso de los pornógrafos; se está convirtiendo en un centro de operación y distribución de pornografía por Internet, atrayendo a empresarios desde este “negocio”; a tal punto que, desde el 2007, están realizando convenciones en nuestro suelo.

Sólo desde el punto de vista fiscal, el Estado panameño está siendo perjudicado al permitir que sin mucha regulación este negocio prolifere en nuestra nación. Estamos hablando de un negocio que probablemente esté generando millones de dólares al año, sin embargo sería interesante conocer, ¿cuánto impuesto paga al fisco nacional?

Visto desde otra perspectiva, la pornografía como tal es un mal que le hace mucho daño a la humanidad, porque con ella se ofende la dignidad humana y se desnaturaliza el acto sexual. En la pornografía se presenta una imagen distorsionada de la persona, como objeto de placer, valorándola en función del goce que pueda brindar. Es la motivación para que muchos opten por la violencia sexual.

Es un hecho comprobado que el consumo de pornografía va directamente relacionado con el incremento desmesurado de crímenes y abusos sexuales.

Conciudadanos, no vendamos por unas cuantas monedas de plata nuestra dignidad, permitiendo que ese pernicioso negocio prolifere impunemente en nuestra querida nación.

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Publicado el 26 de junio de 2009 en el diario el Panamá América a quien damos todo el crédito que le corresponde.