2011, año de expectativas positivas


La opinión de la Economista y Educadora….

 

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ
diostesalvepanama@yahoo.com

Inicia el nuevo año, tras un 2010 mundialmente marcado e impactado por la crisis climática, energética y escándalos de información infiltrada y divulgada por WikiLeaks, sobre cables confidenciales del Departamento de Estado, de los Estados Unidos de Norte América, hechos que también repercutieron en Panamá.

Tras la crisis financiera global, analistas financieros nacionales e internacionales, coinciden en que será un año de recuperación económica. Las proyecciones efectuadas para Panamá indican que nuestra economía continuará su escala sostenida de ascenso (aproximadamente 7.5%).

Es importante resaltar que el excelente crecimiento mantenido en nuestro, país durante las últimas décadas, no se ha visto reflejado en el mejoramiento de la calidad de vida de la población, por lo cual se espera una nueva dinámica gubernamental.

Esta constante de crecimiento presumida, por los gobiernos (pasados y actual), muestra lo equivocado del concepto de éxito obtenido en la misión de administrar la gestión gubernamental, lo cual debe llamar a la reflexión de los que hoy gobiernan.

Evidentemente se requieren implementar políticas acertadas, articuladas a los beneficios de la economía con el desarrollo social humano, sin caer en el paternalismo y populismo.   Estas estrategias políticas solamente permiten el control de grupos marginados, producto de las enormes desigualdades de riqueza y oportunidades promovidas por el sistema, en detrimento de la productividad y justicia social. Solo con cambios verdaderos lograremos un mejor Panamá para todos.

En materia política es innegable la descomposición que sufren los distintos órganos del Estado, enviando un mensaje equivocado a nuestra juventud, profundizando la crisis de valores de nuestra sociedad sobre corrupción, clientelismo, nepotismo, compadrazgo, tráfico de influencias, prebendas, sobornos, extorsiones e impunidad, entre otras modalidades.

Escándalos pasados, como el CEMIS, FIS y otros sin resolver, aunados a nuevos casos de corrupción como los del Ministerio Público, vulneran significativamente las promesas de cambio, sobre aquellas perniciosas prácticas de gobiernos pasados. Situación que permite dudas razonables sobre el perfil de actitudes y valores de quienes son aptos para manejar el patrimonio del Estado, así como la voluntad efectiva de transparencia en beneficio del bien común, orden, respeto y equidad.

Dentro de los acontecimientos positivos, se encuentra la llegada del metro bus.   Modalidad que se prevé, ayudará a resolver parte del conflicto por el mal servicio de transporte. Después de la crisis de la basura en la ciudad capital, quedó atrás la DIMAUDe inicia labores la nueva Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario, con un presupuesto anual de 82 millones de dólares.

Esperemos que esta nueva entidad, respaldada por el Ejecutivo y un enorme presupuesto con el cual no contó DIMAUD, solucione los problemas de saneamiento y opere con eficiencia en la recolección de desprecios en beneficio de la salud ciudadana e imagen de una próspera ciudad turística.

La población esta cansada de promesas incumplidas y que llegado el momento todo continué igual. El 2011 es año de expectativas por cambios positivos.

 

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<> Este artículo se publicó el  5  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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Bien sabe el asno en qué casa rebuzna

La opinión de…

Evans A. Loo R.

El populismo es un estilo de gobernar más que una ideología política. Por esta razón, es difícil identificar un vínculo entre una posición política en particular y el populismo. Sin embargo, es posible establecer una serie de factores que caracterizan la mayoría de gobiernos populistas.

Por lo general, el populismo nace de un líder carismático que es percibido como parte del pueblo, y que como parte de este, entiende sus problemas y dificultades. Los líderes populistas explotan el sentimiento de opresión de las masas y las injusticias sociales para movilizar tanta gente como puedan hacerlo, muchas veces en contra de los intereses de las elites sociales o políticas, estos se mantienen en el poder precisamente por medio de su popularidad, y por esto, es necesario para ellos implementar políticas que favorezcan al pueblo, lo cual muchas veces significa poner a un lado las leyes y normas de la Constitución.

El uso de “medidas de gobierno populares”, destinadas a ganar la simpatía de la población, aún a costa de tomar medidas contrarias al Estado democrático, y la constante apelación al “pueblo” como fuente del poder, puede bien identificarse, como conductas populistas, al punto que “populismo” y “democracia” han llegado casi a identificarse.

A pesar de las características que pueda tener una conducta populista, su objetivo primordial no es transformar las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas. Del discurso político de campaña hemos pasado a las medidas que tienen como fin último la aceptación de los votantes, por eso las encuestas de opinión son importantes aun cuando no estemos en campaña electoral.

El neopopulismo panameño esta dando, a amplias capas de la población, beneficios limitados o soluciones a corto plazo que no ponen en peligro el orden social vigente ni le otorgan a los ciudadanos capacidades reales de autodeterminación, pero que sirven para que eleven o mantengan la popularidad de los caudillos o del régimen reforzando su poder.

Estas conductas se diferencian de la demagogia que nos viene desde el nacimiento de la República, porque se refiere, no sólo a discursos, sino también a acciones. Así, se la puede entender como una táctica de uso limitado, o bien como una forma permanente de hacer política y permanecer en el poder.

El populismo define un sistema en el que el poder recae de manera absoluta en el pueblo, no en que los políticos profesionales gobiernen para la mayor comodidad de este último. Son dos cosas distintas, no es lo mismo que los ciudadanos puedan tener más poder y menos las élites, de tal manera que puedan darse cosas a sí mismos, a que sea el gobierno el que tenga el poder y ese gobierno favorezca medidas que les puedan venir bien a los ciudadanos, quienes luego recompensen con el voto.

Y como han estado las cosas en los últimos años en nuestro país, donde queremos que nos den todo sin esfuerzo, los políticos han sabido bien cómo comportarse frente a este pueblo, porque bien sabe el asno en que casa rebuzna…

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/loo-r-evans-a/

Las tres dimensiones del movimiento sindical panameño

La opinión del Doctor en Ciencias Empresariales…..

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TOMÁS  SALAZAR  RODRÍGUEZ

McConnell, Brue y Macpherson 2003 en su libro Economía Laboral hacen esta pregunta. ¿Por qué existen los sindicatos? Existen multitud de teorías cuyos objetivos es explicar los orígenes y la evolución de los sindicatos “Los sindicatos son esencialmente una consecuencia de la industrialización”. Tomando en cuenta esta reflexión explico con hechos históricos el pasado, el presente y futuro de las tres dimensiones del movimiento sindical panameño.

Nuestro pasado estaba lleno de muchas tendencias, formación y luchas para mejorar la calidad de vida de la clase obrera y la sociedad. Los dirigentes sindicales en aquel momento vivían de muchas místicas, ideologías, unidad y visión común.   Prueba de esto en el libro “Las luchas obreras en Panamá 1850 – 1978” Navas, Gandásegui, Saavedra, A. Chong y Quintero señalan: – El movimiento obrero se definiría por su “tarea histórica”, como fuerza social revolucionaria, en el sentido de una superación de la sociedad capitalista.

Además voy a resaltar de la misma fuente algunos momentos sobresalientes del movimiento obrero en el periodo del 1936-1968.   14 de agosto de 1945 fecha de fundación de la Federación Sindical de Trabajadores, 9 de noviembre de 1946 huelga de las operarias y operarios del Bazar Frances, 30 de marzo de 1956 fecha de fundación de la CTRP,   4 de septiembre de 1956 huelga del Sindicato de Choferes y Anexo de Panamá, 4 de octubre de 1959 Marcha de Hambre y de Desesperación, 25 de marzo de 1965 Huelga de los obreros empleados en el ingenio azucarero de Santa Rosa.

Si recordamos después de 1968    el concepto de las luchas del movimiento sindical cambió:  fue una estrategia militar y política que consistía:   “Tenemos que conquistar nuestra soberanía nacional para lograr mejorar la situación laboral y social”.

Existía el populismo, los pobres ingresaron a la Universidad de Panamá, muchas becas para estudiar en el exterior, había afinidad política y se fortalecía en la sociedad la lucha por la soberanía nacional; en la cual, se cumplió con los tratados Torrijos – Cartes.

Al cumplirse dichos objetivos. El movimiento sindical mira sus estructuras administrativas, sus bases, el idealismo y la mística. Fueron trastocados estratégicamente y utilizados políticamente.   Por ser una lucha nacional. ¿Qué tenemos hoy de dichos dirigentes? Algunos diputados, ministros, intelectuales, empresarios, futuros candidatos presidenciales, lograron hasta ocupar puestos en organismos internacionales como OIT.

La sociedad solo observa y comenta. Algunos de los dirigentes actuales no tienen poder de convocatoria, están divididos, se mantienen en el poder consiguiendo un nivel de vida de beneficios, no existe el relevo generacional.   No hay tolerancias, a todo le dicen NO. Para que el país funcione debemos estar de acuerdo. Debido a que todos somos socios tanto: el gobierno, empresarios, la sociedad y el movimiento sindical.

Validando lo mencionado comparto esta información Ricardo D. Buono y Marcos Gandásegui 2007 en el libro “Un continente en la encrucijada” se menciona a Daniel Pereyra en el periodo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher —el movimiento obrero mundial comenzó a retroceder, a perder conquistas y a bajar su nivel de vida. De igual manera señalan los autores— El movimiento sindical controlado por la patronal o el Estado al perder su independencia, deja se ser útil a los intereses de los trabajadores.

El futuro del movimiento sindical está presionado por la sociedad, el gobierno, la credibilidad de los dirigentes, el libre mercado, etc.   El nuevo liderazgo del movimiento sindical deberá ser flexible a los cambios generados de la globalización, el libre mercado de la mano de obra altamente calificada, la forma de lograr nuevas conquista o resolver los conflictos laborales a través de la mediación – arbitrajes, el incremento de servicios profesionales, disminución de la mano de obras en la productividad por los avances tecnológicos.

No habrá grandes movimientos de obreros en las luchas sociales y la razón es: La sociedad no resiste cierre de calle y el vandalismo. La nueva ley 110 no lo permite. Los dirigentes sindicales no duraran mucho tiempo en el poder, la formar de lograr nuevas conquistas será pensando en la colectividad social y no en su dirigencia de lo contrario se desvanecerán.

Concluyo con esta meditación de los ilustres Luis Navas, Hernando Franco, Gerardo Maloney del libro El Movimiento Obrero en Panamá 1880 – 1914. El verdadero significado del I° de Mayo. No es un día de fiesta, de descanso, propiamente hablando, es un día de propaganda, de la lucha reivindicatoria. Los obreros vivirán tan solo de un salario mientras que el capitalista se adueña de la mayor parte de la riqueza social.


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Este artículo se publicó el 1 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Premiando la irresponsabilidad

La opinión de…..

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Leandro Ferreira Béliz

Nunca he comprendido por qué razón cuando las instituciones públicas desean cobrar saldos morosos correspondientes a usuarios irresponsables siempre recurren apresuradamente a la condonación o rebaja de esas cuentas, a cambio de abonos mínimos, cuando lo que procede es la adopción de medidas que garanticen que quienes reciben un servicio público que debe pagarse, efectivamente paguen por él.

Esta modalidad de populismo, que tradicionalmente ha sido ensayada por entidades como el Banco Hipotecario Nacional, el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales, y la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, ahora será aplicada por la Dirección Metropolitana de Aseo Urbano y Domiciliario (Dimaud), lo que constituye una burla para todos los que cumplen pagando a tiempo la facturación por servicios recibidos, y a quienes nunca se les toma en cuenta para otorgarle algún tipo de trato preferencial como premio a su conducta de cliente o usuario responsable.

El mensaje nocivo parece ser: “No seas tonto, no pagues esa cuenta que después el Gobierno te la va a perdonar”. Con esto, estamos promocionando toda una generación de hijos pródigos que siempre serán recibidos con las manos abiertas, sin importar qué tan irresponsables hayan sido.

Cuándo llegará el día en que los funcionarios que dirigen instituciones que deben generar ingresos propios para cumplir con sus funciones comprendan la importancia de disponer de una buena gestión de cobro.

Los métodos de cobranza para hacerlos más eficaces en una sociedad como la nuestra requieren de elementos coactivos. En este sentido, la inclusión de los morosos en las listas de “mala paga” que lleva la Asociación Panameña de Crédito, o la creación de juzgados ejecutores, presionarían a quienes piensan que no deben pagar por agua, recolección de basura, multas de tránsito e incluso viviendas.

Resulta indispensable que se eduque a la ciudadanía y se erradiquen prácticas que sólo sirven para motivar el establecimiento de sociedades parásitas, aquellas compuestas por individuos que exigen del Estado la satisfacción absoluta de todas sus necesidades sin costo alguno para ellos.

Un incentivo siempre debe otorgarse con justicia; es decir, a quien en realidad lo merece. Esa idea de que es preferible cobrar algo de la deuda a no cobrar nada debe abandonarse o reservarse para casos en los que realmente resulte imposible el cobro. Con los ajustes precisos a las disposiciones legales pertinentes las expectativas de recuperación de los saldos morosos crecen significativamente.

En el caso de la Dimaud, la recaudación de ingresos es vital para la adquisición y el mantenimiento de los equipos, y esto solo será posible en la medida que esta dependencia de la administración municipal, sufra una transformación integral que la convierta en una institución eficiente y sostenible en el tiempo.

Por otro lado, los ciudadanos debemos comprender que para lograr vivir en una ciudad limpia, tenemos que colaborar en varias vías, entre las que no pueden faltar nuestro pago a tiempo por los servicios recibidos, la correcta disposición de los desechos, uso del reciclaje y la vigilancia del uso de los camiones recolectores. Sobre este último punto, es necesario resaltar que a través de esta fiscalización ciudadana evitaremos o por lo menos reduciremos el riesgo que la flota de compactadores resulte maltratada por sus propias cuadrillas de operarios, acortando con ello la vida útil de estos costosos activos.

En definitiva hay mucho por hacer para asegurar la limpieza de la ciudad, pero dentro de este esfuerzo no debe haber cabida para la premiación de morosos. En todo caso, lo que podría implantarse es un plan que incentive el pago puntual.

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Este artículo se publicó el  1  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La pobreza ensalza la política

La opinión de…..

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RAFAEL CARLES

Proyecciones estadísticas, datos demográficos y estudios oficiales muestran que un tercio de los pobres actuales en Panamá son ex integrantes de la clase media. El hecho constituye un sarcasmo histórico, cuando uno evoca que, durante la mayor parte del siglo pasado, el sueño de los pobres fue llegar a ser clase media.

Pero, más allá de los tremendos efectos psicosociales de este despeñadero histórico, quisiera recordar que el hecho tiene complejas consecuencias políticas.   Durante más de veinte años de turbulencia transformativa de esta sociedad, la dictadura militar de Torrijos y Noriega representó los intereses populares. La primera conquista fue la participación política, condición inexcusable de las reivindicaciones económicas y sociales, no tan apremiantes en aquellos tiempos por el crecimiento de la economía con activa movilidad social ascendente. Por esto fue aquello que “el pueblo al poder”, consigna sobreviviente de esos tiempos, precisamente como un catalizador para impulsar al partido de los militares de vuelta al sillón, luego del nacimiento de la nueva democracia.

Hay que recordar que entre 1968 y 1989, los gobernantes de turno tomaron la posta en la expresión de las necesidades de los más pobres y marginados, a los que sirvieron, al modo populista, tanto a través de la beneficencia pública como a través del derecho de los nuevos trabajadores que los años benévolos de la dictadura incorporaban al sistema productivo.

Posteriormente y sin querer reconocerlo del todo, el militarismo se consolidó en sectores medios a pesar de las políticas retrógradas, en parte por su tremendo aparato de repartir prebendas y también por simpatía partidista.

Pero hoy las cosas son mucho más complejas, tras los sismos económicos y sociales de los últimos años. La pobreza actual en Panamá expresa una profunda crisis de poder, distributiva y cultural, del conjunto de esta sociedad, y ello plantea desafiantes dilemas políticos.

Quienes vienen de la pobreza tradicional tienden a conformarse con algún poquito más que pueden recibir, y a mostrarse reconocidos al patrón de turno. Traslucen menos amargura que los sectores medios devenidos en pobres, más propensos a la desconfianza y al resentimiento, envenenados por la percepción del despojo.

Pero ellos añoran algo más que los bienes y el ingreso perdidos. Extrañan también un conjunto de valores y objetivos de vida en los que no pocos creyeron y vieron luego fracasar. Su escepticismo no es olvido, es desaliento. Quizá, para una generación siguiente, será violencia.

El dilema de la reconstrucción de la política sobre esos escombros sociales tiene perplejo al espectro político panameño. La democracia, triunfante en el poder desde 1989, refleja sus errores al enarbolarse en consignas sociales —”ahora le toca al pueblo”—, las cuales desnaturalizan su verdadero propósito, al acumular pequeños o grandes privilegios particulares que atropellan la equidad y profundizan la desigualdad.

La actual democracia vacila ante el agobio del propio descrédito. La clase gobernante, agotada ya la esperanza de la receta neoliberal, enmudece. ¿Quién tendrá mensaje creíble y posible para los desencantados? Porque, paradójicamente, en esa pobre clase media empobrecida reside, potencialmente, la mayor fuerza política para gestionar la reinserción de la mayoría de los panameños, hoy en la sala de espera del camino hacia un mundo de oportunidades de realización plena y dignidad.

Si el dilema central del panameño de hoy es la desigualdad, la respuesta tiene que ser esperanzadora. No puede ser divisoria o fragmentaria, como ha predominado en nuestra historia política y social.  Para tal efecto, el país requiere de políticos que cuenten con un currículum digno para presentarse y ganar ese concurso cívico. Hasta ahora, no existe ningún partido político con prédica igualadora y de ciudadanos íntegros, atributos fundamentales para hacer de un pueblo una nación. Por eso, curiosamente, sólo reconociendo y haciendo caso de nuestra realidad podremos proyectarnos hacia el futuro.

Para encaminarse a ese destino, el país deberá evitar la ansiedad por fechas electorales, así como la lectura de encuestas por un tiempo. Sólo concentrar la energía en buenas ideas y todavía mejores comportamientos. Los panameños tardamos casi un siglo en lograr que la primera de nuestras reivindicaciones centrales se realizara.   Hoy los tiempos exigen no sólo paciencia, sino también trabajar con otros sectores tradicionalmente divergentes.

Si eso no se hace, el reto seguirá vacante hasta que lo recojan quienes sepan insuflarle a la política la semilla de la confianza. El rumbo está claro: hacia un país sin contradicciones sociales tan profundas como el actual.


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Este artículo se publicó el 20 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El populismo no es el remedio

La opinión de…..

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Eduardo González

Para comprender la magnitud del problema de la calidad de la educación, basta con analizar el producto final de nuestro actual sistema educativo oficial, me refiero a los miles de jóvenes que egresan anualmente de los planteles donde se imparte la educación básica, pre-media y media.

Tal como lo muestran los resultados de los exámenes de admisión aplicados por las universidades estatales, un porcentaje importante de ellos carece de una base sólida de conocimientos indispensables para asumir correctamente el reto de obtener un grado académico o desempeñarse exitosamente en el mercado laboral.

Estas carencias van desde la incapacidad de resolver un problema de matemáticas simple, hasta la imposibilidad de analizar lógicamente una situación planteada. Y ni hablar de las habilidades para la lectura y comprensión, la expresión oral y la redacción.

Lo paradójico es que Panamá es el país latinoamericano que proporcionalmente destina más recursos financieros al sector educativo, lo que evidencia que el problema no es de escasez de presupuesto.

Los educadores al servicio del Ministerio de Educación, en términos generales, devengan salarios superiores a los de sus colegas de los colegios particulares, y las condiciones laborales de estos servidores públicos son mucho más ventajosas, destacando entre ellas la garantía de tener un trabajo de por vida.

Entonces, ¿qué ocurre?

Tradicionalmente, los gobiernos han tratado de mejorar la calidad de la educación recurriendo a opciones desgastadas, cuya ineficacia ha quedado ampliamente demostrada. Medidas como: la extensión del año escolar, incrementos de salario a los docentes, la significativa inversión en infraestructura, el regalo de costosas computadoras portátiles a estudiantes graduandos, etc., han fracasado rotundamente.

Este año, el recién estrenado gobierno de los locos que fueron más, viene con receta nueva. La innovación consiste en obsequiar gratuitamente uniformes, textos y útiles, a todos los estudiantes de escuelas y colegios públicos, independientemente de que sus padres puedan o no pagar por ellos. O sea, populismo y paternalismo estatal a su máxima expresión, lo que a mi juicio sólo ocasionará mayores erogaciones al Estado y le dará al gobierno la excusa perfecta para fijar más impuestos.

Esta es una medida innecesaria, con la que solo se conseguirá mal acostumbrar a la población, que al final terminará por no valorar el esfuerzo, incluyendo a los propios estudiantes. Como dicen por allí, “lo que no nos cuesta hagámoslo fiesta”.

Pienso que la calidad del proceso pedagógico se elevará significativamente cuando las autoridades en materia de educación se decidan de una vez por todas a realizar un verdadero proceso de selección del personal docente.

El actual método es una vulgar competencia de quién presenta la mayor cantidad de títulos académicos y certificados de cursos o seminarios, sin importar si ese aspirante posee el talento, las destrezas y la vocación necesaria para transmitir esos conocimientos que los papeles dicen que tiene.

¿Cómo es posible que se seleccionen docentes sin aplicarles pruebas de psicoanálisis, de redacción y de expresión oral? Muchas veces la cantidad de diplomas o certificados obtenidos, no asegura el grado de competencia de un profesional.

Es sabido que en la actualidad, con el surgimiento masivo de universidades que ofrecen cursos que ni siquiera requieren la presencia física del estudiante y los exámenes se hacen en casa, cualquiera obtiene licenciaturas, diplomados, posgrados, maestrías y hasta doctorados. Entonces, no debe ser suficiente mostrar estos documentos para hacerse de una vacante.

De igual forma, urge la implementación de un método de supervisión de docentes que sea objetivo y diseñado con blindaje a prueba de amiguismos e influencias.

Ojalá se rectifique el rumbo. Con simples medidas populistas se pueden lograr aplausos y el beneplácito de las masas, pero no se asegurará la formación íntegra de las futuras generaciones de panameños.

No desperdiciemos recursos.

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Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.