Por una reforma de la política migratoria laboral

La opinión de…

RICARDO ERNESTO SOTO

Recientemente el tema del trabajo de inmigrantes ilegales en Panamá ha despertado opiniones encontradas. El argumento clásico es que el trabajador extranjero desplaza al panameño y que se debe mantener la obsoleta norma del 10% de trabajadores extranjeros en las empresas y hacer redadas migratorias que dejen chicas a las del estado de Arizona.

El problema es que no existen suficientes trabajadores panameños calificados para los puestos que la economía requiere y además en el caso de los trabajadores no calificados existen incentivos que propician la contratación de trabajadores ilegales, incentivos que surgen de la propia condición de ilegal del trabajador.

Lo que pasa es que mientras se preparan los panameños para los puestos a los cuales no están preparados, las oportunidades económicas no esperan. Si las empresas no consiguen el personal hoy, o no abren sus puertas del todo o se van a otro país con su dinero y su trabajo, y pagarán impuestos y seguro social en otro país y no en Panamá.

Es cierto que existen leyes especiales que permiten la mano de obra calificada, pero son leyes que necesitan costosos trámites por abogado bajo condiciones sumamente inflexibles y generalmente están ligadas a zonas económicas especiales. No resuelven el problema de fondo.

No queda más remedio que modificar la legislación laboral y migratoria de Panamá y liberalizar la contratación de mano de obra extranjera, la cual ya se está dando de hecho. La misma ilegalidad se torna un incentivo adicional para contratar a extranjeros ilegales sobre panameños. No es que se trate de promover al trabajador extranjero sobre el panameño, sino de que compitan en igualdad de condiciones. Los trabajadores extranjeros tienen para los empleadores una gran ventaja, están ilegales o sea que si estás dispuesto a jugarte con las multas del Mitradel, te ahorras beneficios laborales, cuotas del Seguro Social, cuotas sindicales, solo eso vale pagar las multas ocasionalmente. Y si Migración los deporta, frecuentemente tras denuncia del propio empleador, no hay problema, vienen otros.

Si los extranjeros estuvieran trabajando legalmente, tendrían que recibir beneficios laborales y pagar las cuotas que la ley exige, además podrían llevar al Ministerio de Trabajo, se podrían traer a sus familias a Panamá y por lo tanto no estarían tan dispuestos a trabajar por tan poco ni tantas horas. Competirían en igualdad de condiciones con los panameños, ya que habría menos incentivos para contratar ilegales sobre nacionales.

Hay un estudio del año 2001 que fue entregado al MEF donde se decía que si Panamá quería mantener índices de crecimiento económico sostenido de 9% (y en esa época eso parecía optimista, pero luego se probó totalmente posible) por varios años tenía que liberalizar la legislación sobre el trabajo de extranjeros y migratoria.

Sin embargo, las tesis proteccionistas laborales que priman en nuestra clase política han hecho este cambio imposible y el estudio nunca fue publicado. Ningún país ha logrado pleno empleo antes de admitir inmigrantes.

No existe un número finito de trabajos en una economía abierta y en crecimiento. Trabajo engendra trabajo. La inmigración crea trabajos. Si no fuera por la inmigración el Canal de Panamá nunca se hubiera construido. Hoy necesitamos a los inmigrantes para lograr crecer sostenidamente por varios años. Y lograr convertir a Panamá en el Singapur de las Américas.

Además hay otros problemas con la actual política migratoria laboral. Según el último censo, las mujeres panameñas tienen 1.9 hijo por mujer. Eso es menos de la tasa de reposición, o sea que ya están naciendo menos panameños de los que van a morir en unos años y la población va a envejecer. Esto es catastrófico para los jubilados panameños del futuro, porque habrá menos trabajadores jóvenes que con sus cuotas e impuestos paguen sus jubilaciones y sus 100 para los 70. A menos que entre a la masa laboral un buen número de trabajadores inmigrantes jóvenes que coticen a la CSS y paguen impuestos se va a tener que cambiar el sistema solidario por uno de cuentas individuales.

Por otro lado, está el tema de los derechos de los inmigrantes. El proteccionismo laboral implica tácitamente una política migratoria restrictiva, represiva, discriminatoria y corrupta. Gústenos o no, la gente va a emigrar legal o ilegalmente para mejorar su estándar de vida.

El problema actual es que la economía demanda trabajadores y cuando se abren empresas nuevas, no viene nadie a atender la solicitud o solo vienen extranjeros sin permiso de trabajo, lo cual los deja en la disyuntiva de abrir o no la opción de contratar ilegales. Mientras se consiguen los trabajadores que la economía necesita, las oportunidades de crecimiento para el país pueden irse. Si se reforma la política migratoria laboral actual sería un gran logro para el progreso del país. Uno largamente retrasado por los gobiernos anteriores.

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<> Este artículo se publicó el 22  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/soto-ricardo/

El Censo Nacional y la Política Migratoria

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM  ASVAT
easvat@elsiglo.com

Los resultados del censo nacional de 2010 se quedaron en sus cifras preliminares del 16 de mayo del 2010. Según las cifras oficiales somos 3.322,576 residentes en Panamá.

Estas cifras han generado todo tipo de especulaciones y sospechas sin que a la fecha se haya ratificado la validez científica del mismo.

En un decenio hemos aumentado, de ser así , en medio millón de residentes adicionales en Panamá.

Los datos que salgan de este censo serán importantes para determinar cual será la política migratoria del país.

Las razones son dos situaciones importantes que experimentan los países del mundo: En primer lugar, la población está envejeciendo cada vez más y el número de jóvenes que ingresan para ocupar las plazas de trabajo están disminuyendo con los años; el otro factor, es el índice de fertilidad.

Hoy las familias mientras se van trasladando a las zonas urbanas tienen menos hijos. No se está produciendo la necesaria sustitución de los habitantes de un país. Hay países que están sufriendo un crecimiento negativo de su población y para crecer depende la inmigración extranjera.

En este decenio las políticas migratorias de muchos países se irán reajustando para invitar la inmigración extranjera, especialmente la calificada. Frente a esta realidad y ante las circunstancias muy particulares que viven los países en desarrollo con altos niveles de crecimiento muy pronto veremos como se irán produciendo la diáspora de personal calificado a otros países.

Recientemente observé un anuncio en los periódicos locales donde la aerolínea de los Emiratos Árabes estaba contratando personal panameño para trabajar en el medio oriente. Esto ya no es algo inusual.

Muchos pilotos panameños han sido contratados por aerolíneas del medio oriente y de la India con salarios libres de impuestos y otros beneficios adicionales. Mañana serán ingenieros civiles, enfermeras, analistas de sistemas, administradores y contadores.

Hay dos tendencias que se vienen reflejando en los movimientos migratorios. Trabajadores altamente capacitados para quienes las puertas están abiertas a la inmigración y trabajadores temporales, visitantes o especiales para trabajos de bajo status social.

Muchos países confrontan la realidad de que los nacionales no están dispuestos a realizar algunos trabajos por considerarlos de bajo status (meseros, vendedores, recolectores de basura, agentes de seguridad, recolectores de frutas, etc). Estos últimos son una mejor opción de trabajo para los inmigrantes frente a las oportunidades dentro de sus respectivos países.

Es hora de que empecemos a elaborar políticas públicas relacionadas con el tema de la inmigración y la emigración. El censo del 2010 debe ofrecernos mucha información valiosa para conocer nuestra situación demográfica.

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<> Artículo publicado el 16 de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/asvat-ebrahim/

Una nueva política migratoria

La opinión de…..


Manuel Cheng P.

Hace un par de meses, los noticiarios destacaban el desmantelamiento de una banda de clonadores de tarjetas, conformada principalmente por extranjeros de nacionalidad venezolana. Semanas atrás escuchaba en un programa de radio de otras bandas de extranjeros, procedentes de Sudamérica, que se dedicaban al secuestro express (secuestran a la persona y la obligan a que haga compras y retiros en efectivo, a través de las tarjetas de débito y crédito). Vemos que se le roba al hermano del director de la Policía, hecho que culmina con la desarticulación de una pandilla conformada por más de una docena de ciudadanos de nacionalidad colombiana. La semana pasada asesinaron a un abogado y, al parecer, uno de los cómplices es una ciudadana de ese mismo país.

Los anteriores son solo acontecimientos delictivos que se han registrado en 2010. Si bien es cierto, no todos los crímenes que se han cometido el presente año (y que según la OMS colocan a Panamá como la ciudad más peligrosa, en proporción de víctimas y número de habitantes) son realizados por extranjeros, un gran porcentaje guarda relación con nacionales de otros países.

Con algunos de esos países Panamá tiene acuerdos muy particulares, al no exigir visa para el tránsito de un país al otro. Uno de los argumentos para esto lo constituye la excusa, no válida, de favorecer y aumentar el turismo. Y digo no válida, porque al estar Panamá en listas de organismos internacionales como un país violento, el turismo y la inversión más influyente y de prestigio procedente de Europa y Norteamérica, se ahuyentarían.

A casi un año de haberse instalado el presente gobierno, los índices de criminalidad van en aumento. Ni los retenes permanentes ni el pele police ni las amenazas por televisión dirigidas a frenar la delincuencia parecen disminuir la espiral de violencia en que se encuentra inmerso este país.

Creo firmemente que un cambio en la política migratoria de este país, como el requerimiento de una visa para entrar, disminuiría los índices de criminalidad. Panamá tiene una estrecha relación con Estados Unidos, a pesar de ello los panameños tenemos que solicitar una visa para poder entrar a suelo estadounidense. Preguntas como la razón del viaje, ingresos, estado civil, familiares residentes, etc., forman parte de un largo cuestionario y que constituyen un requisito para aspirar a una visa migratoria.

Otro ejemplo lo constituye España, país que no solicita visa de entrada a los panameños, por su buen comportamiento, pero sí lo hace con personas de otras nacionalidades “problemáticas”.    Eso como un Estado soberano y en defensa y protección de sus connacionales.

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Este artículo se publicó el  6  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La regularización de extranjeros

La opinión de…..

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Carmelo González


En Panamá, en ocasiones, nos empujan a hacer falsos debates sobre problemas reales; tomo como ejemplo la regularización de extranjeros.

La conceptualización de la seguridad del Estado panameño, desde su origen constitucional y legal, es mucho más autoritario de lo que los simples y comunes ciudadanos solemos creer.  Aunque la seguridad ciudadana exige ciertos niveles de discrecionalidad para funcionar con eficiencia y está consagrada mediante ley en materia migratoria, se ha convertido en la herramienta que ha permitido toda clase de abusos.

La regularización de extranjeros es el único camino posible para combatir la clandestinidad que permite que opere con impunidad el crimen organizado de cualquier nacionalidad.

Para eso es necesario resolver algunos problemas institucionales antes de lanzar una campaña de regularización de extranjeros. Debemos comenzar por aceptar que los archivos de Migración colapsaron hace 30 años y pretender que el modelo documental funciona, es una ficción irresponsable. Lo único que facilita el estado de los archivos de Migración es la corrupción.

La rutina para el control de entradas y salidas de nacionales y extranjeros debe ser reglamentada, e instrumentalizada electrónicamente y mediante manuales para el manejo de funcionarios según niveles de acceso, de modo que la realización periódica de auditorías permita identificar las violaciones a los sistemas de control migratorio por parte de funcionarios y/o particulares, lo que se traduciría en mayor seguridad para los extranjeros y los ciudadanos panameños.

La rutina para la expedición de todos los documentos de identidad otorgados por el Servicio Nacional de Migración debe ser reglamentada y automatizada, para que se pueda realizar con fundamento legal la auditoria de su expedición, de modo que se identifiquen los abusos o violaciones y se establezcan los controles necesarios. Ya la seguridad del documento que expide el servicio nacional es muy frágil para que además el proceso para su otorgamiento pueda ser subvertido.

Es necesaria la generación de información estadística para conocer la incidencia real de los extranjeros que entran a Panamá como turistas y permanecen ilegales. Es imprescindible la conectividad de todos los puestos migratorios terrestres, marítimos y aéreos, de modo que tengamos un verdadero Sistema Integrado de Migración (SIM), con registro y control de salidas de ciudadanos nacionales y extranjeros, así como de impedimentos de entrada y salida, o reportes internacionales de pasaportes hurtados, etcétera.

El sistema integrado de Migración requiere de un servicio de soporte técnico por agencias de seguridad especializadas en la materia, que capacite al personal panameño, genere las fortalezas institucionales y la información confiable, con auditoría periódica.

¿Es necesaria la regularización de los extranjeros para generar mayor seguridad? Sí. ¿Estamos preparados para ello? No.

Me gustaría que los responsables de la seguridad y de la migración presentaran al país un plan, o se nos permita a los ciudadanos sugerirlo, que esbozara objetivos, actividades y metodología para alcanzar las políticas que públicamente se declaran. Tal vez así dejemos de tener falsos debates sobre problemas reales.

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Este artículo se publicó el  26  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Un país de inmigrantes sin política migratoria

La opinión de…..

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Ricardo Soto

Las sociedades que hacen las cosas bien siempre atraen a personas que en busca de un mejor futuro quieren vivir en ellas.   Esa es la historia de Estados Unidos, de Australia, de Canadá y de Argentina de antes de la década de 1930. De la Venezuela de la década de 1960. Esta es la historia del Panamá de hoy.

En Panamá viven hoy miles de colombianos, chinos, venezolanos, peruanos, nicas, indostanos, gentes de todos lados de la tierra.   Pero Panamá carece de las intenciones de afrontar la realidad que pese a todos nuestros defectos y carencias, somos una sociedad relativamente exitosa en la región, por detrás de Chile, pero generalmente comparada con Costa Rica y Uruguay.

Sin darnos golpes de pecho, los panameños debemos aceptar que hemos hecho algunas cosas bien aunque todavía nos queda en materia de seguridad, justicia y educación. Y mejorar lo que hemos hecho en materia económica para hacer nuestra sociedad más abierta e incluyente.

Es lógico que la gente pobre de muchos países quiera venir a vivir acá en busca de un mejor futuro. Desgraciadamente nuestra clase política no entiende esta realidad.

De declarar a afroantillanos, indostanos y chinos razas de inmigración prohibida a nivel constitucional o a prohibir de igual manera a los extranjeros el comercio al por menor, oficio tradicional de los inmigrantes en todos los países, o el confundir la política migratoria laboral con la idoneidad profesional al declarar ciertas profesiones prohibidas para extranjeros, violando así normas internacionales de derechos humanos ante el silencio cómplice de grandes sectores de la sociedad civil.

Panamá tiene un largo historial de xenofobia excluyente en materia migratoria. Las leyes migratorias y laborales en Panamá están diseñadas para hacer la vida imposible a los inmigrantes de bajos recursos que deseen vivir en Panamá mientras supuestamente hacen las cosas fáciles para los inmigrantes de grandes recursos. En realidad estas leyes no han frenado ni podrán jamás frenar la oleada migratoria, sino que sirven de una especie de filtro negativo. Puede emigrar a Panamá quien está dispuesto a infringir o burlar las leyes, el chino que está dispuesto a ser un esclavo por varios años de las triadas, el indostano o ruso que está dispuesto a pagar cuantiosas coimas, el centroamericano o colombiano que está dispuesto a violar los términos de su visa y trabajar en la informalidad o la ilegalidad. Esta es la gente que nuestra excluyente legislación migratoria permite llegar a quedarse en Panamá mientras que castiga a quienes no están dispuestos a hacer estas cosas.

Se castiga por ejemplo a la camarera colombiana o al trabajador manual centroamericano, o al técnico indio o chino mientras Arcángel Henao, Lorena Henao, Rayo Montaño o David Murcia se paseaban por nuestro país como perros por su casa.

Se le niega la permanencia y derecho a trabajar honestamente a Juan Valdez, el campesino desplazado por la violencia, o doña María, ama de casa, mientras que don Pablo el traqueto, John Jairo, el sicario, o Cata, la prepago, son los que se quedan.

Obviamente nuestra legislación migratoria y laboral, hecha todavía más excluyente durante el último gobierno, es un gran fracaso y los políticos permiten que se mantenga así porque permite mantener tanto un discurso económicamente nacionalista y de seguridad excluyente y simultáneamente a la Dirección Nacional de Migración como caja menuda secreta de los partidos políticos.

La idea del Presidente actual de legalizar a algunos de los inmigrantes colombianos ya existentes es un paso en la dirección correcta, pero insuficiente. Hace falta una política migratoria incluyente que acepte la realidad de que mientras los panameños hagamos algunas cosas bien habrá gente humilde que en pos de un mejor futuro desee emigrar a Panamá y en vez de ver esto como una amenaza busquemos ir hacia delante y ver esto como una oportunidad para Panamá. Una legislación migratoria y laboral que evite crear, como la actual, filtros negativos que hagan que las personas que logren quedarse en nuestro país sean precisamente las que están dispuestas a incurrir en la ilegalidad y la informalidad y en su lugar atraiga a las personas, independientemente de su riqueza, dispuestas a trabajar duro, honestamente y a vivir el sueño panameño. A ser panameños con fe de conversos.

A personas que traigan capital humano a Panamá. ¿Cómo rayos vamos a tener un cluster de tecnología en Panamá cuando sistemáticamente negamos visas a chinos y a indostanos como si fuera 1941? ¿O centros de turismo cuando negamos permisos de trabajos a camareros colombianos pero se los damos a las alternadoras? Por lo visto en lugar de buscar el turismo familiar nuestros dirigentes prefieren el turismo sexual. Esa es una tarea pendiente que la clase política debe tener el valor de aceptar.

La historia nos muestra que el país que es excluyente con los pobres inmigrantes extranjeros, frecuentemente lo es con los pobres del propio país. Jugar a oponer a pobres locales contra pobres extranjeros es un juego muy viejo de muchos déspotas desde los zares a Trujillo a Idi Amin Dadá. No lo juguemos.

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Este artículo se publicó el  19  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.