Clero en el banquillo

La opinión de la  Periodista…..

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Adelita Coriat

Los repetidos testimonios de abusos sexuales por parte de sacerdotes tocaron el corazón de la iglesia; el papa Benedicto XVI fue acusado de omisión a los delitos sexuales del clero, especialmente durante los 25 años que estuvo al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe.

“Cuando el Santo Padre era Arzobispo no hizo nada distinto de cumplir las leyes de la iglesia. De eso no hay más que hablar”. Fueron las palabras del Cardenal colombiano Darío Castrillón al ser cuestionado sobre el tratamiento de las denuncias que llegaron a los oídos del papa.

Los escándalos han desencadenado una crisis de legitimidad y confianza en la iglesia. Muchos creyentes aun se preguntan si la reacción de la iglesia ha sido la atinada.

Si se mira desde la perspectiva en que la justicia penal debe encargarse de estos delitos, los abusos dejarían de ser materia propia de la iglesia. Una navaja de dos filos; muchos religiosos consideran que la Iglesia Católica tiene facultad para sancionar estas conductas internamente, situación que ha aflorado un sentimiento de abandono e impunidad entre las víctimas que exigen una sanción tan profunda como sus heridas. No se trata de faltas disciplinarias sino delitos, en ocasiones cometidos en forma sistemática.

Otro debate se enciende; ¿existe relación directa entre el celibato y los abusos sexuales? ¿Se trata de homosexualidad?

Los científicos indican que los pedófilos no tiene cura. Su conducta retrotrae la experiencia propia de la infancia que buscan canalizar por diferentes vías.

La posición adoptada por el Vaticano sugiere que las autoridades eclesiásticas trasladen los casos a la justicia. Con este proceder, la iglesia podría reinvindicar su compromiso con las víctimas y la comunidad. De igual forma aliviaría a aquellos sacerdotes correctos que cumplen su labor en una institución que en ocasiones ha sido cómplice, por omisión, de delitos tan atroces.

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Este artículo se publicó el  26  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde

Pedofilia y sexualidad

La opinión de…..

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Irving H. Bennett N.


La pedofilia es la preferencia sexual de un adulto por niños. Puede estar arraigada en la psiquis tal como lo describe el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense, o puede resultar por elección.   Se usa inapropiadamente para denotar la relación de un adulto con un joven adolescente y, peor todavía, cuando se trata de un joven que ya ha llegado a la edad de consentimiento sexual.

La pederastia es la costumbre de permitir y aún promover las relaciones de un hombre mayor con uno adolescente. Hoy lo referimos al abuso sexual de un joven por un mayor.

La efebofilia es una desviación de la atracción sexual normal hacia adolescentes que experimentan los adultos, cuando lo único que atrae a una persona mayor es la juventud de su objeto sexual, a despecho de los coetáneos.   Cuando un adulto se deje arrastrar por esta pulsión y emprende la seducción de un menor, se llama estupro.   En tiempos modernos se está disuadiendo el matrimonio durante los primeros años de la edad núbil, pero es importante recordar que la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce el derecho de las personas a escoger libremente su pareja al llegar a la edad núbil, según la costumbre inmemorial.   Sin embargo, tal derecho necesita de la tutela de los padres.

La homosexualidad es la interacción o atracción sexual hacia individuos del mismo sexo. La palabra viene del griego homós (igual) y no del latino homo (hombre). Así, incluye el lesbianismo. La homofobia es la repulsión que causa esta conducta desviada.

Para entender acertadamente estos términos es preciso comprender el sexo. El término sexo se refiere a la reproducción caracterizada por el aporte de gametos masculinos y femeninos, lo cual introduce una gran variación en la descendencia, en contraste con la reproducción asexual en la que la célula paterna se divide y resultan dos gemelos idénticos al padre. Por extensión, se refiere primero al carácter masculino o femenino de la especie, luego a las diversas estrategias de las especies para lograr el apareamiento y la mejor selección de material genético para una cría de características favorables.

La reproducción sexual comenzó hace unos 800 millones de años, después de unos 3 mil millones de años de reproducción asexual. Con ello se inició una diversificación inmensa y fecunda de la vida sobre la tierra.   A la función reproductora se añade una gratificación complementaria como estímulo para la mejor estrategia reproductiva. Pero la humanidad se distingue porque tal gratificación sirve en primera instancia para asegurar la cooperación leal entre los padres para el cuidado de los hijos.

Una reflexión cuidadosa de la biología de la reproducción humana revela que lo particularmente humano es que el ejercicio del sexo se limite a una sola pareja para reforzar los lazos de lealtad y formar una familia que enfrente solidariamente los retos de la vida para la crianza de los hijos. Por ello, cualquier otro uso para la mera gratificación individual va en contra de la naturaleza de la sexualidad y por ende no debe llamarse propiamente sexualidad. Un mejor término para ello sería erotismo y debe considerarse como una desviación de las pulsiones sexuales, las que deben estar sometidas por la voluntad a sus muy necesarias funciones, las cuales incluyen, sin lugar a duda, la gratificación y el deleite que se incrementan inmensamente por el amor que une a la pareja, a la vez que robustece ese amor.

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Este artículo se publicó el  24  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Sacerdotes y pederastas

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…..

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GERALDINE EMILIANI

Mucho se ha publicado sobre el abuso sexual a niños, pero al enfocarlo únicamente sobre la Iglesia Católica se puede perder la perspectiva de un problema grave, antiguo y de proporciones gigantescas.

La paidofilia es la tendencia a sentir atracción sexual por los niños y la pederastia es la práctica sexual con menores y se considera una conducta delictiva. Hay quienes relacionan el celibato con la pederastia. Son dos situaciones completamente distintas y explico:

El servicio del ser humano a Dios se puede hacer de dos maneras: dentro de un matrimonio para servirle a su familia o bien dentro del sacerdocio para servirle a toda la iglesia. Ambos son sacramentos que dejo Jesús y quien dio el ejemplo de celibato.

A nadie se le obliga hacerse sacerdote y el que decide serlo tiene que aceptar que no se casa, y es por su propia voluntad. A ningún postulante a sacerdote se le oculta la verdad de lo que está por asumir, tienen todo el tiempo para tomar sus decisiones, gozan de todo tipo de información sobre el celibato y lo más importante tiene la oportunidad de renunciar antes de ser consagrado.

Y, me pregunto, ¿todo ser humano que renuncia a la actividad sexual o que se mantiene soltero es sinónimo de pederasta?

Los pederastas actúan conscientemente y su proceder no se debe a que padezcan de algún tipo de trastorno psiquiátrico grave. Lo cual no significa que su cerebro funcione de manera normal. Estudios han detectado que la acción de la serotonina —un neurotransmisor involucrado en la regulación de la conducta sexual— suele estar alterada.

Son personas inseguras, con poca autoestima e incapaces de afrontar una relación sexual en términos de igualdad; por ejemplo, ante una criatura indefensa se encuentran en una situación de dominio absoluto. Sus efectos son devastadores para las víctimas, quienes sufrirán en el futuro traumas a menudo muy serios. Además, el pederasta en su niñez pudo haber sufrido de vejámenes sexuales que posteriormente suele repetir y esta vez como agresor sexual. No se trata de venganza, sino que sucede a nivel inconsciente. “El pederasta lo será para toda la vida, es un estado crónico”.

No hay un perfil único para describirlos. Se reparten en todas las clases sociales. Los hay listos y los hay tontos igual que en el resto de la población. No importa el credo que profese y tampoco su inclinación sexual. Pasa inadvertido entre el conjunto de la población. Los encuentras en grupos juveniles, en la colectividad educativa, y personal de las fuerzas armadas, navales, aéreas, y policiales, en grupos atléticos, en instituciones religiosas, internados y en personas comunes. Y, no se identifican por su aspecto físico o sus actitudes, pueden estar solteros o casados y tener familia.

Habría que esperar el resultado final de las investigaciones que hace el Vaticano y los expertos científicos referente al vínculo de la homosexualidad con la pederastia, ya que este tiene como su objetivo a menores del sexo masculino. Según mi experiencia como psicóloga y sexóloga la preferencia sexual no es la génesis del problema. Tengo pacientes masculinos adultos que cuando niños fueron abusados por familiares sin que estos sean homosexuales.

La doctrina de la Iglesia Católica para nada tienta ni estimula ni apoya la pederastia. Pensar de esa manera es una total aberración. Los sacerdotes que practicaron la pederastia son un porcentaje mínimo del gran porcentaje de sacerdotes que no tienen ninguna desviación sexual y están dedicados únicamente a su labor evangélica.

Hoy día en los Seminarios y de manera intensa se realizan Exámenes Psicológicos sin alterar la formación de los seminaristas.  Lo que se pretende con este estudio exhaustivo, es seleccionar a aquellos futuros seminaristas sin ningún conflicto de personalidad.


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Este artículo se publicó el 18 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

¿Arar en el desierto o en tierra buena?

La opinión de…..

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Raúl Orillac Arango


Al emitir una opinión sobre los publicitados abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes católicos se corre el riesgo de que sea interpretada como una justificación de esos delitos y pecados. No es esta mi intención, ya que un solo abuso por parte de un clérigo es absolutamente inaceptable, como tampoco es mi deseo entrar en una polémica estéril. Hay muchísimas personas que leen con avidez, y hasta con cierto grado de satisfacción, lo que con excesiva prominencia y mal disimulada malicia se publica en ciertos medios.  Solamente pretendo sugerirles que busquen la verdad en fuentes de información más autorizadas, más objetivas y más equilibradas, ¡que las hay muchas!

Verificar la información es siempre un deber ineludible del periodismo, particularmente cuando se refiere a instituciones como la Iglesia católica, sus obispos y de manera especial al Papa.   El tratamiento sensacionalista y sesgado que muchos (y “renombrados”) medios de comunicación social han dado a este tema da a entender que la frecuencia de casos de pedofilia es mucho mayor entre católicos que entre miembros de otras denominaciones religiosas.

Sin embargo, los expertos señalan que no existen datos que respalden esa afirmación y no se ha llevado a cabo ningún estudio formal para comparar la incidencia de abusos sexuales entre miembros de distintos grupos religiosos (Newsweek, 8 abril 2010). Es más, en Estados Unidos solamente la Iglesia católica ha encomendado a expertos imparciales –John Jay College of Criminal Justice, City University of New York– rigurosas investigaciones sobre este tema y ha divulgado los resultados. Puede ver el estudio en: http://www.usccb.org/nrb/johnjaystudy/index.htm.

En artículo publicado el 1 de abril se pregunta el Dr. Joaquín Navarro-Valls “¿Cuántos estados han investigado con seriedad y tomado medidas explícitas contra abusos de pedofilia entre sus ciudadanos o en las instituciones publicas de educación, deporte o recreación? ¿Cuántas denominaciones religiosas se han mostrado dispuestas a investigar, asumir públicamente y perseguir explícitamente el problema?”. (http://ncregistder.com/blog/navarro-valls_on_the_abuse_crisis/).

La consigna parece ser: atacar a la Iglesia vendiendo la idea de que “es un refugio de pederastas”, y desprestigiar al Papa sugiriendo que ha fallado al “encubrir los abusos cometidos”. Estas aseveraciones han sido ampliamente desmentidas por los hechos. Los dos últimos Papas se han manifestado claramente en innumerables ocasiones desde hace varios años. Solo algunos ejemplos: En su discurso a los cardenales norteamericanos, en 2002, señalaba el papa Juan Pablo II: “Como a vosotros, también a mí me ha dolido profundamente que algunos sacerdotes y religiosos, cuya vocación es ayudar a las personas a vivir una vida santa a los ojos de Dios, hayan causado tanto sufrimiento y escándalo a los jóvenes”…

“Desde todos los puntos de vista, el abuso que ha causado esta crisis es inmoral y, con razón, la sociedad lo considera un crimen; es también un pecado horrible a los ojos de Dios. A las víctimas y a sus familias, dondequiera que se encuentren, les expreso mi profundo sentimiento de solidaridad y mi preocupación”…“ Los abusos de menores son un síntoma grave de una crisis que no sólo afecta a la Iglesia, sino también a la sociedad entera”… “La Iglesia, tratando el problema de esos abusos con claridad y determinación, ayudará a la sociedad a comprender y  afrontar la crisis en su seno”. (http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2002/april/documents/hf_jp-ii_spe_20020423_usa-cardinals_sp.html).

En la primavera del año 2005, cuando se acercaba la hora de la muerte de Juan Pablo II, le correspondió al entonces cardenal Joseph Ratzinger presidir el vía crucis del Viernes Santo en el Coliseo romano. Dijo en esa ocasión: “¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia! Incluso entre quienes, en el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a Jesús. ¡Cuánta soberbia! ¡Cuánta autosuficiencia!”.

Durante su visita ad limina a Roma en 2006, el papa Benedicto XVI exhortó a los obispos irlandeses a “establecer la verdad de lo sucedido en el pasado, a tomar todas las medidas necesarias para evitar que se repita otra vez, a garantizar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, a curar a las víctimas y a todos aquellos que están afectados por estos crímenes atroces” (http://www.vatican.va/resources/resources_adlimina-irish-bishops-oct2006_sp.html).

Puedo ofrecer muchas otras referencias, especialmente la reciente Carta Pastoral de S.S. Benedicto XVI a los Católicos de Irlanda. Pero dejaremos esto para otra ocasión.

En estos tiempos podemos dejarnos llevar por noticias malintencionadas y fijar nuestra atención en aquellos sacerdotes que fallaron, que no estuvieron a la altura de sus deberes, que –como Judas– traicionaron al Señor. Han hecho mucho daño… ¡han arado en el desierto! O, podemos concentrarnos en los que han permanecido fieles a su vocación, a los que se desviven por imitar a Cristo y servir al prójimo. Estos siembran en tierra buena y la abonan con su sacrificio permanente y callado… ¡cosechan el ciento por uno!

Por unos y otros debemos orar, implorando para todos la fortaleza del Espíritu Santo.

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Este artículo se publicó el  18  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Pederastia y antisemitismo

La opinión de…..

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Daniel R. Pichel

El enredo de la pederastia entre los sacerdotes católicos está creciendo más de lo que B16 y sus admiradores quisieran, especialmente cuando se sugiere que el pontífice pudo tener conocimiento de lo que estaba ocurriendo.

Este tema no es fácil tratarlo objetivamente, porque hay quienes consideran que nada de lo que digan o hagan en el Vaticano puede ser cuestionado. Y que, si se les critica es por “odio a Dios y/o a la Iglesia”. Por eso, durante las últimas semanas, he estado leyendo opiniones “de uno y otro bando” para tratar de sacar una conclusión. Intentaré escribirla tal cual lo entiendo, dejando claro que no pretendo cambiarle la opinión a nadie ni mucho menos.

Para comenzar, considero que alguien que abusa sexualmente de 200 niños sordos o que amenaza a sus víctimas para que guarden silencio, mientras abusa de ellas por años, no merece perdón ni misericordia alguna. Merece pudrirse en una cárcel como cualquier otro delincuente común. Pero, si el uniforme de quien comete la vejación es una sotana, parece que surgen otros elementos en la discusión.

No se debe culpar de la pedofilia a la Iglesia católica como organización, porque obviamente “está hecha por hombres imperfectos”. Por eso, si se sugiere olvidar el alias de cada quien e investigarlos como seres humanos comunes y corrientes, en general, todos están de acuerdo. Pero, al pedir que se investigue a uno de esos seres humanos imperfectos llamado Joseph Ratzinger, entonces ya no vale, porque hay de por medio “odio contra la Iglesia católica” (o contra el cristianismo).

La pedofilia en sí, puede ser producto de un trastorno mental o de simple sinvergüenzura. Si es una enfermedad, el pedófilo merece tratamiento, pero el encubridor merece un juicio. ¿O no? Aunque, lo verdaderamente complicado es determinar si la institución a la que pertenece el pedófilo lo defiende u oculta para evitar un escándalo. En ese sentido, leí la traducción al inglés del documento Crimine Solicitationis de 1962, donde dice: “debe tenerse más cuidado del habitual para que estos asuntos sean tratados con la máxima confidencialidad y que, una vez ejecutada la decisión, esto sea cubierto con permanente silencio (según instrucción del Santo Oficio, 20 de febrero de 1867, No. 14)”. Esta redacción no da mucho margen a otras interpretaciones y, si por eso no se denunciaron los abusos, las víctimas tienen el derecho a alegar que hubo encubrimiento.

En ese sentido, he escuchado explicaciones muy variadas. Me mandaron una muy original, escrita por el presidente del Catholic Vote Action que asevera que todo este asunto es una campaña mediática contra B16, financiada por (agárrense) Barack Obama, Nancy Pelosi y el lobby abortista de Washington, en represalia a que los católicos no apoyaron la reforma del sistema de salud de EU que solo busca financiar más y más abortos. Mientras tanto, llaman a Obama anticristiano y promusulmán.

Otros hablan una ofensiva “laicista” que intenta sacar a Dios de la vida de los ciudadanos, o hasta de un complot de grupos evangélicos para propiciar el éxodo de católicos hacia sus sectas.

Y de estas teorías de la conspiración, surgen opiniones como la del predicador Raniero Cantalamessa, equiparando “la campaña contra el Papa” con el antisemitismo. Que conste, yo creo que sí tienen elementos comunes. Me explico: tanto la “campaña anti–Benedicto” como el “antisemitismo” se sacan de contexto para defender lo indefendible. Así, como se dice que cuestionar el encubrimiento de curas pederastas es “odiar a Dios y a la Iglesia”, frecuentemente escuchamos como, criticar la creación de asentamientos israelíes en Jerusalén en medio de conversaciones de paz o decir simplemente “ese judío es un coimero”, son llamadas “opiniones antisemitas” como si fuera una apología del holocausto o una opinión contra todos los hebreos. Decir eso, es tan absurdo como pensar que criticar a Al Qaeda significa “odiar al islam”.

Otro argumento es que pedófilos hay en todos lados. Cierto. Hay maestros y médicos que aprovechan su posición de confianza para abusar de menores. Pero, en ningún momento, las asociaciones gremiales ni el ministerio correspondiente los han defendido. En sus reglas no se sugiere que esas conductas deben ocultarse para proteger al gremio de un escándalo. En esto, el problema con la Iglesia católica (de acuerdo con el profesor de psicología Peré Font de la Universidad de Lleida, España) es que, al autodesignarse como guía moral de la humanidad, estas acciones son mucho más cuestionadas por la sociedad en su conjunto.

En fin, al problema no se le ve solución a corto plazo. Se dice que citarán a Ratzinger a declarar en los tribunales sobre si trasladó de parroquias a pedófilos, de quienes se ponía en duda su posible curación. Si eso es cierto, jurídicamente pudiera considerarse que hubo encubrimiento del delito de pederastia. Mientras, sus abogados parecen decididos a alegar argumentos tan terrenales como que tiene inmunidad por ser jefe de Estado.

Mientras todo este entresijo de derecho civil, penal y canónigo sigue complicándose, yo le sugeriría a su santidad que, si sigue estando en el ojo de una tormenta que pudiera ser la peor desde la Reforma de Lutero, revise bien el té que se toma por las noches antes de dormir, no vaya a ser que, con su avanzada edad y su frágil estado de salud, le vaya a indigestar.

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Este artículo se publicó el  11  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cuidado Crítico

La opinión del Docente Universitario y Ex Vice Presidente de la República….

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Ricardo Arias Calderón

“Es imposible que no haya escándalos, pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más vale que le pongan al cuello una piedra de molino y le arrojen al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Andad pues con cuidado” Lucas. Cap. 17, 1-2 .

Las relaciones sexuales de un adulto con un o una menor de edad, prohibidas por la legislación, sean catalogadas como pedofilia, pederastia o efebofilia es un delito que debe ser, una vez comprobado, castigado por la ley.   Un agravante en la tipificación de este acto es que el agresor sea un pariente del menor o que la víctima se encuentre a su cargo para cuidarle, educarle o protegerle.

El escándalo que envuelve a la Iglesia Católica por causa de los sacerdotes que han abusado de menores y el encubrimiento de diversos obispos y del Vaticano, es absolutamente reprobable.   Este asunto no debe dejarse de lado ni pasarlo por la mira de la soberbia indiferencia, ni aplicarle un maquillaje semántico para calificar el abuso como efebofilia o pedofilia, o intentar minimizar los hechos recurriendo a la estadística y decir que se trata de una acción cometida únicamente por el 1.5% del clero.

Dar la cara y asumir las debidas responsabilidades es la única respuesta correcta. Sin embargo, la crítica de estos hechos deleznables no debe remover los cimientos de nuestra fe y hacer que perdamos la perspectiva de que el mensaje de Cristo en los Evangelios es permanente e imperecedero, que es la Iglesia como cuerpo místico de Cristo la que nos mantiene en contacto sacramental con Él, la que nos ha acercado tanto ayer como hoy a las Sagradas Escrituras y a todo su caudal de enseñanzas de vida.

Pero esta actitud de fe que debemos tener los católicos no nos exime de exigir que se haga justicia, no sólo por la vía del derecho canónico, sino también por la del derecho penal a cargo del Estado, y sean aplicadas las sanciones correspondientes a los infractores.

Si la Iglesia Católica quiere evitar un daño mayor, no sólo a las víctimas y sus familiares, sino a todos aquellos que la percibimos como una guía moral, debe cambiar de actitud. El encubrimiento quebranta la norma moral y la jurídica, es su obligación entregar a la jurisdicción de cada Estado a quienes son acusados de tales transgresiones. Esto no sólo sucede en México, Irlanda del Norte, Alemania o Estados Unidos, sucede también en Panamá en donde se han dado casos que se han ignorado y, otros, ocultado.

Jesucristo que es la manifestación viva del amor misericordioso de Dios, y que recomendó compasión para los marginados, condena con suma severidad, el comportamiento del que hace daño a los menores. La indefensión en que se encuentran los niños y adolescentes ante la violación de su intimidad, la mayor parte de las veces no les permite comprender lo que les sucede y cuando con el tiempo lo hacen, ya están marcados en muchos aspectos de su vida adulta por el abuso sufrido.

Estemos vigilantes de nuestros pequeños y de nuestra Iglesia, ambos requieren del cuidado crítico de quienes les aman y así podrán superarse las vicisitudes presentes, tal y como ha sucedido en el pasado.

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Este artículo se publicó el 4 de abril de 2010  en el Diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Si eres gay, no seas cura

Si eres gay, no seas cura

La opinión del estudiante de Derecho…

Kevin Arjona-Moncada

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Hace unos días leía horrorizado un reportaje realizado por el Panamá América, que informaba que el Vaticano abrió recientemente un proceso canónico contra varios curas (católicos, para variar) por delitos de abuso de menores y de encubrimiento.

De acuerdo al reportaje, en el 2008 se presentaron ante el Ministerio Público diecisiete denuncias por abuso sexual, encubrimiento, corrupción de menores, entre otros delitos, contra religiosos (católicos). ¡Qué barbaridad!

Mi consejo para aquellos sodomitas y pederastas que estén sopesando disfrazarse de ‘santos’ con la religiosidad célibe: si son homosexuales, vivan su vida como tal.  No engañen a la congregación portando ínfulas de santidad presunta, mientras que con sus perversiones sexuales y cochinas menoscaban la inocencia infantil. No se metan a ‘cura’ para andar tocando penes de criaturas párvulas (así, textualmente, confesaron varios niños-víctimas de la Ciudadela Jesús y María, en Howard).

La pedofilia es castigada penalmente en este país. Se que no todos los ‘padres católicos’ mantienen esas inclinaciones sexuales marradas, empero, ante tanta trapisnda irrogada por unos cuantos degenerados, cada vez que veo a un ‘cura’ o hermano católico, automáticamente se me viene a la mente la imagen de un depravado farsante.

Se que es injusto; no obstante, la desconfianza me carcome. Y es que los encubrimientos por parte de Obispos y otros clérigos de esa religión, han ocasionado que muchos desconfíen de estos señores.

Recuerdo con asco, cuando estaba en el colegio (católico), cómo tenía que salir huyendo, al igual que otros estudiantes, de un hermano (actualmente fallecido) que, sin ambages, acostumbraba a sobar a ciertos alumnos varones en pleno pasillo.

Otra anécdota que memorizo, fue que una vez me vi obligado a denunciar ante las autoridades católicas a un ‘padre’ por haberle prestado su cleriman (cuellito blanco) a un joven homosexual de 22 años, para que se ataviara con él en una fiesta de halloween celebrada en una discoteca gay.

¿Así se toma en serio el supuesto servicio a Dios? Para rematar, la ‘acción’ tomada por los superiores jerárquicos de este estafador sodomita que acusé, fue trasladarlo a un pueblo en Chiriquí… ¿Será que se basaron en que en Chiriquí no hay bares gays? Con ‘estas sanciones’ jamás se acabará con tamañas burlas. ¡Ojo con estos enfermos!

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Publicado el 28 de agosto de 2009 en el diario Panamá América Digital, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde