La administación del Patrimonio Mundial

La opinión de…

Orlando Acosta Patiño

La última reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación Ciencia y la Cultura, Unesco, sobre la protección del patrimonio cultural tuvo lugar en Brasilia entre el 25 de julio y el 3 de agosto de 2010. Varias conclusiones y recomendaciones fueron vertidas con relación al presente y futuro de los sitios panameños. La realidad se mueve entre el pasado reconocimiento de sus valores universales que llevaron a su inclusión a la categoría de Patrimonio de la Humanidad a la posible consideración para el próximo 2011, a la evaluación de estos a lista de Patrimonio en Peligro.

Las razones de cambio de categoría se colocan, tal como lo expresamos en otros espacios de opinión en la ausencia de una política estatal que logre articular los objetivos de conservación, uso y continuidad de este patrimonio. La meta de lograr subir al tren de desarrollo el patrimonio cultural panameño y dar vigencia a los valores universales que sustentaron su declaratoria es imperativa.

Es urgente detener el proceso de abandono, deterioro y riesgo de desaparición al cual estamos siendo espectadores. San Lorenzo, Portobelo, el Casco Viejo y Panamá Viejo están en riesgo de desaparecer. El informe preliminar del encuentro en Brasilia identifica la falta de claridad en la definición de una política nacional de preservación de las los bienes panameños bajo categoría de Patrimonio de la Humanidad como elemento que amenaza su continuidad y que destina su desaparición. La ausencia de esta política se refleja en la falta de una acción de planeamiento y administración coherente y sistemática de los conjuntos de Portobelo y el Fuerte San Lorenzo Real de Chagre. La condición de ruina, deterioro natural y de origen antropogénico es su presente y su futuro inmediato no es promisorio.

Para los sitios en el Caribe panameño, el descontrolado desarrollo urbano y presiones del turismo son parte del problema. La ausencia de intervenciones regulares y sistemáticas, el abandono y falta de mantenimiento y el resultado de actividades humanas sin control comprometen la integridad y autenticidad de estas estructuras. Por otro lado, la actividad turística desarticulada, sin planeamiento y desvinculada con el desarrollo local es otra de las amenazas que se ciernen sobre estas estructuras que son referencia para entender el proceso de conquista y colonización del continente americano y que se erigen como piezas clave para interpretar el pasado y visualizar a Panamá como sitio de tránsito. El deterioro del Casco Viejo amenaza los valores patrimoniales.

El conflicto de intereses entre los actores, identificados en la especulación inmobiliaria, y los procesos crecientes de “gentrificación” son evidentes en el barrio. La limitada capacidad de mantenimiento y rehabilitación del parque eticado y la falta de una política de mantenimiento y conservación de los edificios, junto con la demolición de edificaciones emblemáticss (Hotel Central), además del desplazamiento de sus habitantes originales es otra de las situaciones. El no evaluado impacto de los recientes proyectos urbanos viales (extensión de la cinta costera) son amenazas reales y sin control que atentan con la continuidad del Casco Viejo. Estamos ante una de las realidades donde la ausencia de una política clara de conservación liderada por una organización débil del Estado nos arrebata uno de los sitios excepcionales que cuenta del devenir histórico de América.

De manera contraria, el sitio de Panamá Viejo se encuentra trabajando con eficiencia y compromiso. No lo digo yo, lo afirma el reporte de la reunión. El desarrollo de facilidades interpretativas, las acciones de detener la densificación por torres de apartamentos en los límites de su área de amortiguamiento son valoradas como expresión de un interés de conservar el carácter y sus condiciones de unicidad.

No todo es bueno para Panamá Viejo. Persiste la amenaza de la vía Cincuentenario cuyas alternativas de relocalización aún no han tenido asignación de fondos de inversión del Estado. No se precisan itinerarios claros sobre cuándo este problema será abordado. Finalmente y como pronóstico del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco, la condición de Patrimonio Mundial de las propiedades panameñas será considerada en una lista de patrimonio en peligro si para el 2011 el contexto de política de administración, conservación del patrimonio panameño no sea redefinida. No son buenas noticias. Parece que se repite el grito que se pregonaba en el siglo antepasado: el que quiera venir a Panamá, que venga porque se acaba.

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Este artículo se publicó el 12 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Por las rutas patrimoniales

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

MARIELA  SAGEL

Gracias a los lectores que opinaron sobre mi artículo de la semana pasada, en el cual tocaba el tema de atraer un turismo cultural, que tenga como destino las ruinas de Panamá Viejo, el Casco Antiguo, el Fuerte San Lorenzo, Portobello y otros monumentos, como la Iglesia de Natá, la de San Francisco de la Montaña y muchos otros, me he sentido incentivada a seguir aportando en el tema, toda vez que la reunión de la UNESCO, celebrada en Brasilia, no nos puso como ‘sitios en peligro’, por lo que tenemos que continuar en la lucha para preservar nuestro acervo cultural.

Durante la administración del ex presidente Ernesto Pérez Balladares contamos con las directrices de la experta consultora Hanna Ayala, quien desarrolló, junto a un equipo interdisciplinario, el novedoso concepto de ‘Turismo del Conocimiento’.   El Doctor Omar Jaén Suárez participó en ese equipo como geógrafo e historiador y el resto estaba formado por biólogos, antropólogos y profesionales de otras disciplinas, que rescataron las rutas patrimoniales que incluían la transístmica, que comprendía su historia y sus atractivos.

De ese equipo, según entiendo, resultó un enjundioso documento, bastante voluminoso, con información valiosa y preciada, que debe reposar en el IPAT, ahora llamada Autoridad de Turismo de Panamá. Mal pueden clamar los responsables de esa entidad, que debe velar por conducir la política de atraer turismo, que los sitios históricos, como el Casco Antiguo, no son del interés de los que nos visitan.

En el caso concreto de San Felipe, tal como lo he expresado en entregas anteriores, existe una mala interpretación de las regulaciones y una malversación de los puestos directivos que intervienen en la toma final de las decisiones. Los promotores del Hotel Central, por ejemplo, además de irrespetar la altura, han eliminado las ventanas bíforas y los vanos con arco rebajado (escarzano) y el frontón, del segundo y el primer piso respectivamente. Siguen escavando a un costado como si buscaran petróleo, lo que seguramente provocará más erosión y Dios no quiera que se les venga abajo otro muro.

Pero en la Plaza Catedral empezaron las anomalías a partir de que se destruyera el edificio del Arzobispado y se convirtiera en Casa Alianza, lo que no estuvo apegado a ninguna referencia histórica ni arquitectónica.   El Museo del Canal Interoceánico rescató la plaza cuando fue restaurado en 1997, después de haber servido de sede del Ministerio de Educación y de los correos nacionales, entre otros usos que se le dio.   Recordemos que este valioso inmueble fue la primera estructura que albergó la Compañía del Canal Francés, previo a nuestra independencia. Su excelente manejo, una vez conformado el Patronato que lo rige, demuestra que la voluntad de hacer bien las cosas ha tenido continuidad precisamente por su independencia de las sucesivas administraciones.

El edificio del Ministerio de Gobierno y Justicia, que está adosado (back to back, como se dice en inglés) al Teatro Nacional, fue restaurado con mucho respeto. Este edificio, originalmente llamado Palacio Nacional, fue construido en 1908 bajo los planos diseñados por el arquitecto Guisseppe Ruggiere, incluyendo también la estructura del teatro, en el estilo neoclásico tan propio de los primeros años del siglo XX. Para aderezar más la mística del inmueble, y en virtud que antes de albergar oficinas de gobierno fue un claustro de monjas, se dice que en las noches se escuchan los pasos de las religiosas deambulando por los pasillos. Lo que sí es cierto es que su estructura es muy sólida y las paredes son tan anchas que las señales de los teléfonos celulares se pierden en algunos puntos del edificio.

No han corrido con tan buena suerte otras estructuras del gobierno, como la Casa Amarilla, la misma Presidencia o el Ministerio de Relaciones Exteriores, los que caen en lo feamente restaurado por los caprichos de insertarles elementos que no vienen al caso, casi que por arte de birlibirloque.

Ya que he ido señalando lo bueno, lo malo, lo feo y lo horrible que se ha hecho o se está haciendo en el Casco Antiguo, toca ahora velar y exigir que se cumplan como deben ser las normas y regulaciones y no andemos persiguiendo a última hora una acreditación que en buena hora nos dieron y que no hemos entendido a cabalidad su alcance.

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Este artículo fue publicado el  8 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

En busca de turismo cultural

La opinión de….

MARIELA SAGEL


Como parte de la extraordinaria capacitación y serie de conferencias que lleva a cabo la Universidad Tecnológica, con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), asistí recientemente a la tercera charla del Proyecto I +D en Cultura, que persigue establecer ésta como herramienta para el desarrollo.

El tema era el patrimonio cultural y turismo, y coincidió con un artículo que publiqué en Facetas, de este mismo diario, el domingo pasado, en el que alertaba sobre el peligro de perder la designación con que la UNESCO nos honró en el año 1997 al incluir el Casco Antiguo como Patrimonio de la Humanidad.

El conferencista, el catalán Jordi Tresserras, expuso una presentación comprehensiva, donde señaló las ventajas que tiene contar con una estrategia de turismo que atraiga a los visitantes a los sitios históricos y mostró estadísticas de los lugares que mejor han aprovechado su riqueza ancestral.

En mi artículo Un Patrimonio en Peligro señalaba con preocupación que nos van a poner en la lista de sitios en peligro, después de la dura labor que se realizó para inscribir tanto el Casco Antiguo como a Panamá La Vieja. Los funcionarios locales y de la organización de Naciones Unidas invirtieron tiempo y recursos revisando miles de documentos para llegar a la decisión de incluirnos en esa lista.

Y luego de trece años de haber logrado tan preponderante sitial, pareciera que no hemos entendido la responsabilidad que se adquirió con ello.  La Oficina del Casco Antiguo se fue convirtiendo en tinglado político, vitrina o pasarela para la farándula y más recientemente, desprecio de los encargados de la estrategia turística, quienes alegan que esos sitios no atraen turistas.

Jordi Tresserras desgranó las múltiples experiencias que han atravesado otros países, con menos recursos que Panamá, y han mantenido y conservado sus tesoros culturales.

Cuba, sobre todo, bajo el liderazgo de Eusebio Leal, ha sido un ejemplo del respeto a la historia y eso le ha permitido la supervivencia en todos estos años de bloqueo.

Perú ha ido poco a poco saliendo del estigma de ser un país peligroso por lo de Sendero Luminoso (al senderismo allí le llaman ‘treking’) para que sea mundialmente asociado con Machu Pichu y la gastronomía.

La República Dominicana ha ‘dado la vuelta’ y además de ser recipiente de muchas inversiones en sus idílicas playas, apuesta a la capacitación para entrenar a las personas a atender apropiadamente a los visitantes.

Colombia ha hecho una marca país —algo que nosotros no hemos logrado por el prurito que cada administración tiene para c ambiar el eslogan turístico— y ahora se enfrasca en una campaña que utiliza íconos, como esculturas de Botero, para posicionar, por ejemplo, a Cali, como capital de la salsa a nivel mundial.

Algo que me llamó mucho la atención fue el caso de Barcelona, que al ser considerada por Woody Allen para filmar ‘Vicky Cristina Barcelona’ en sus escénicos parajes, exigió la utilización de los íconos de esa ciudad, —las obras de Gaudí y Miró—, así como la comida mediterránea y los vinos, reforzando las costumbres que atraen al visitante a esa ciudad.

Qué diferente hubiera sido si Panamá le hubiera sentado estrictas pautas al director de ‘El Sastre de Panamá’, y no resultara el desastre que fue.

Para entender lo grave de la vulnerabilidad que estamos ahora mismo atravesando, hace falta una verdadera voluntad política que impulse una preservación con sentido ético y humanístico, respeto a la parte estética, arquitectónica e histórica y equipos interdisciplinarios, que no sean liderados por instituciones desfasadas o por funcionarios que solo quieren conservar su puesto y se prestan para todo tipo de caprichos de ricos.

Profesionales que entiendan de políticas de preservación, que es un trabajo altamente sensitivo y técnico y que existen en nuestro país, pero que son dejados de lado, porque no se amedrentan ante las acciones de fuerza que esgrimen los que pasan por las posiciones de decisión con la única finalidad de enriquecerse.

Qué triste e irónico será que nos otorguen un grado de inversión como país y al mismo tiempo, nos saquen de la lista de patrimonio histórico de la Humanidad. Como se dice, es para dormirse de pie.

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Este artículo fue publicado el 1 de agosto de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

El Casco Antiguo de Panamá, un patrimonio en peligro

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

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MARIELA SAGEL


En el año 1997 el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO (siglas en inglés de la Oficina de las Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura). Este asentamiento fue el segundo constituido como capital de la república y fundado en 1673, posterior a la destrucción por enfermedades y ataques de piratas que sufriera lo que se conoce hoy como Panamá La Vieja.

Ambos conjuntos históricos y monumentales están ahora mismo en peligro de perder la categoría de Patrimonio de la Humanidad por razones muy diversas, pero que afectarían enormemente tanto la imagen del país como atractivo tanto turístico como histórico. Este hecho, además, dejaría muy mal al gobierno por su falta de coherencia y supondría un deshonor para todos los panameños.

Panamá La Vieja está en esa cuerda floja por diversas afectaciones externas provocadas por el lógico deterioro y una aguda falta de presupuesto que se combinan para sabotear la diligente preservación que lleva a cabo su patronato. El Casco Antiguo ha sido llevado a esa situación por la violación a las normas establecidas, tanto de parte de las autoridades como de particulares y los mismos propietarios que dañan los inmuebles o le restan autenticidad. Toda esa maraña de cables, tragantes, carteles, invasiones, así como la acción inmisericorde de las pandillas y depredadores de cuello y corbata lo han llevado a una situación que debe avergonzarnos como panameños responsables, cuando lo que deberíamos es estar orgullosos de contar con una joya arquitectónica e histórica como ésa.

La culpa no la tiene una sola entidad sino la malversación en la dirección de varias que no se ponen de acuerdo y no tienen una visión coherente hacia dónde ir. Inicialmente se constituyó la Oficina del Casco Antiguo, que dependía del Ministerio de la Presidencia, pero que ahora ha pasado a la Dirección del Instituto Nacional de Cultura (INAC). Inciden también en las decisiones la Dirección de Patrimonio Histórico (dependencia del INAC) y el Municipio de Panamá, a través de la Dirección de Ingeniería Municipal. Existe tal zaperoco en la aprobación de lo que debe ir y lo que no –además de serios indicios de corrupción de funcionarios pasados y actuales, y el usufructo de las posiciones decisivas por parte de los menos competentes— que ha colocado algo que nos debería enorgullecer al borde de la categorización de ‘sitios en peligro’, donde no va a haber inversión y que sumará aún más al desprestigio del país.

Este sitio histórico, que visitan muchos turistas como parte de la lista que la UNESCO ha catalogado como ‘World Heritage Sites’ (lugares de herencia mundial), sitios que hay visitar antes de morir, atrae a miles de personas anualmente que se dedican a recorrer estos conjuntos.

Son varias las edificaciones que ponen en peligro un patrimonio de todos los panameños que se gestó con mucho esfuerzo, fue escenario de las luchas sociales y nacionalistas que determinaron nuestro rumbo como nación, y que a través de las diversas gestiones, ha ido perdiendo impulso y prioridad: el PH Independencia, cuyas referencias históricas no le permiten excederse más de tres a cuatro niveles, y ya va por 11. Este polémico inmueble está ahora mismo paralizado por todas las demandas y contrademandas que le han puesto los arquitectos restauradores que se mantienen vigilantes en preservar el legado de nuestra segunda ciudad histórica, pero no debe sorprendernos que algún iluminado le dé por levantarle esa alarma y siga alcanzando su objetivo de deslucir nuestra herencia cultural.

Al Hotel Central, otro emblemático inmueble que fue construido en 1880, se le ha derrumbado en dos ocasiones una de sus paredes y se tratado de esconder uno o dos niveles dentro de una disfrazada mansarda. El antiguo Club Unión, que fuera posteriormente el Club de Clases y Tropas, y que ha sido objeto de varios intentos de restauración, ahora mismo corre peligro de que se remodele como un adefesio más con que se disfraza lo ‘avant garde’ en nuestro país. Menciono estos como de muestra, tres botones.

Cuando la UNESCO puso los ojos en el Casco Antiguo lo hizo confiando en que el gobierno, sea el que fuera, se mantendría vigilante para que se cumplieran estas normas; lo hizo creyendo en que las autoridades locales se esforzarían en rescatar aquello que caracterizó una época de nuestra historia patria. Por encrucijadas parecidas han pasado otros países, como Egipto, que vio amenazadas sus pirámides por el proyecto de la construcción de una vía en las cercanías y ante eso, el gobierno de aquel país tomó partido a favor del valor histórico y el atractivo que el sitio representaba y cambió el recorrido trazado, lo que le causó un enorme desembolso, pero le permitió conservar su tesoro. Igual e imaginario lo hace el escritor Juan David Morgan, en su libro ‘El Silencio de Gaudí’, al novelar el trazado del tren AVE por debajo de la Sagrada Familia, iglesia inacabada de Antoni Gaudí, el arquitecto catalán, en Barcelona, en una historia de espionaje, intrigas clericales y el enamoramiento entre un cura y la arquitecta a cargo de la obra.

Perder la categoría de Patrimonio de la Humanidad para el Casco Antiguo, así como para Panamá La Vieja, sería una vergüenza nacional y un desprestigio internacional. Leyes y reglamentaciones sobran para que se siga el plan maestro concebido inicialmente y que ha sido dejado a un lado en estos 13 años desde que se logró tan ansiado reconocimiento.

¿Queremos un país de plástico o uno que ofrezca tanto atractivos históricos como riquezas naturales, que combine lo moderno y donde respete lo antiguo? En manos de todos nosotros está esa decisión.

Para mayores informaciones ingresar a: www.conservatoriosa.com o www.hacheuve.com

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Artículo publicado el 25 de julio de 2010  en  Facetas, suplemento cultural de La Estrella de Panamá, a quienes demos, lo mismo que a la autora que nos envió el material por e-mail, todo el credito que les corresponde.

La gran muralla que salvó a Panamá

La opinión de…

Patrizia Pinzón

Aquí estamos en nuestro Panamá de hoy lleno de rascacielos, pantallas gigantes, buses y tecnología digital. De polución y problemas políticos. Pero dentro de todo, nos hemos convertido en una ciudad exitosa en Latinoamérica, el sitio hub por excelencia en donde nuestra economía ha podido crecer incluso dentro de las crisis mundiales. Pero nada de esto hubiera sido posible sin nuestra gran muralla.

Al igual que la Gran Muralla China, la muralla que rodea el Casco Antiguo y su plataforma rocosa nos defendieron a capa y espada, permitiéndonos crecer como pueblo y más tarde pensar en transformarnos en República.   El que vive hoy piensa que las cosas “siempre fueron así”. Pero para 1671 era un hecho que cientos de panameños morían en manos de las enfermedades que traía el pantano que rodeaba Panamá la Vieja y por los ataques piratas. Si queríamos sobrevivir, teníamos que mudarnos… y rápido. O perderíamos Panamá para siempre.

La escogencia del sitio no fue casualidad. La península de vientos cruzados era más saludable ya que alejaba a los temibles mosquitos. Las rocas de su plataforma continental daban la perfecta base para la construcción de la muralla y evitaban que barcos pesados se acercaran demasiado. Sin esas condiciones no hubiese habido un Casco Antiguo, y mucho menos una declaratoria de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Hoy día, la muralla y su rocoso paisaje ofrece a los turistas y visitantes nacionales su dramática belleza. Especialmente, cuando la marea baja se puede caminar y admirar el atardecer o amanecer mientras se bordea la impresionante muralla. Estar ahí, entre rocas de distintos colores y formas, da la impresión de estar en otro planeta. Además se puede apreciar a los caracoles y las aves marinas que cruzan buscando alimento. El sitio es un oasis para la vida natural y una puerta a nuestro pasado, cuando los carros no decidían la escala de nuestra vida. Tiene un potencial turístico increíble. Se me encoge el corazón de pensar que en algún momento alguien inclusive pensó en pasarle una carretera por encima. ¿Será que los panameños nunca podremos apreciar lo que tenemos… sino hasta que lo perdemos?

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Este artículo se publicó el 28 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Cuando destruimos la memoria

La opinión de…

ERNESTO A. HOLDER

Me maravillaba la otra noche cuando veía un reportaje sobre el ‘Bridge Café’, ubicado en la 270 Water Street, a un costado del famoso puente de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York.   El reportaje se enfocaba en la existencia del local por más de 216 años como negocio de bebidas y alimentos.

En el censo de 1860 realizado en la ciudad, la mencionada dirección fue documentada como el hogar de ‘seis prostitutas irlandesas’, y un artículo de la revista Time señaló que el ‘Bridge Café’ ha sido un establecimiento de bebidas desde 1847, convirtiéndolo en ‘el más antiguo bar de la ciudad de Nueva York, continuamente en operación’.

Hoy el ‘Bridge Café’ es reconocido por los neoyorquinos como un sitio histórico. Según el articulo del Time, su famoso ex alcalde, Edward Koch, ‘… atendía asuntos de la ciudad dos veces a la semana en este local desde su mesa privada y, aún hoy en día, algunos políticos locales aprovechan la atmósfera comunal y tranquila del lugar para realizar negocios entre una que otra cerveza’.

Quizás algunos vean un tanto mundano y folclórico este ejemplo para las razones de este artículo, pero este diario informó el pasado miércoles en un articulo titulado ‘El Casco Antiguo, ‘sitio en peligro’’ que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ‘viene evaluando la posibilidad de degradar al Casco Viejo o, en términos técnicos, pasar de su actual condición a ‘sitios en peligro’’.

El Casco Antiguo de la ciudad de Panamá junto a los fuertes coloniales de Portobelo y San Lorenzo y el sitio arqueológico de Panamá Viejo gozan de la categoría de Patrimonios Históricos de la Humanidad que confiere la UNESCO. La Estrella señala que, según el Instituto Nacional de Cultura, ‘… miembros de una comisión evaluadora de Patrimonio de la UNESCO que recientemente estuvieron en Panamá entregarán sus sugerencias y recomendaciones para ser evaluadas el próximo 24 de julio en Brasil’.

El afán en las últimas décadas ha sido el de construir y construir, y no el de preservar. Numerosos proyectos de viviendas, resorts exclusivos y enormes rascacielos están en construcción o se han planificado para el futuro. Ningún área del país —la ciudad, el campo, las playas, las islas, las montañas— escapa de un proyecto concebido para exhibir un ambiente de desarrollo y prosperidad. Un cálculo ligero plantea que hay miles de propuestas habitacionales o espacios para negocios u oficinas, cuyo valor promedio será de unos B/.125000. (Hay proyectos cuyo precio unitario está por arriba del millón de balboas).

La fiebre de construcciones modernas ha afectado nuestro Casco Antiguo, en la manera en que inescrupulosos inversionistas han falseado sus intenciones para obtener acceso, para luego incumplir con los señalamientos técnicos establecidos para el área, causando daños posiblemente permanentes a estructuras antiguas y de incalculable valor histórico al complejo universal. Igual argumento podemos hacer con respecto al área de Bella Vista y La Exposición, en la ciudad capital.

El ejemplo del ‘Bridge Café’ se hace con la intención de que pongamos en perspectiva el valor que las sociedades de primer mundo (si queremos en realidad llegar allá) le dan a su Memoria Histórica, esto incluye la de su cultura popular. Es harto sabido el cuidado y orgullo que los estadounidenses y los habitantes de otras naciones ponen en la preservación de su historia. No quiero pensar que algún inversionista de los que negocian en nuestro país hubiera, hace tiempo, destruido el pequeño edificio de ladrillos de más de 200 años que alberga el ‘Bridge Café’ para erigir uno de sus rascacielos.

A nadie le parece importante invertir y preservar nuestro pasado. La destrucción de nuestra memoria como país y sociedad parece preocuparles a muy pocas personas en posiciones de liderazgo que pueden influir para que se detenga este asesinato histórico. Y esto no es únicamente con las estructuras arquitectónicas. Todos los historiadores con los que he podido hablar sobre el tema han expresado dolor y frustración con el robo, saqueo o la depredación de documentos históricos de gran valor que reposaban en nuestro Archivos Nacionales.

En el libro ‘Path of Empires’, el historiador estadounidense Aims McGuinness relata esa frustración cuando le fue imposible tener acceso a una serie de documentos históricos que había solicitado al personal de los Archivos y que deberían estar allí. Tenemos, como nación, enormes desafíos para corregir las deficiencias actuales en lo sociopolítico y cultural. Pero claramente la mayoría de los personajes o grupos que nos deben guiar cotidianamente manifiestan marcada incapacidad para asumir las responsabilidades presentes. No hay madurez política, ideológica ni mucho menos cultural. Y si seguimos por ese camino, no habrá textos, estructuras ni documentos que nos recuerden de dónde realmente venimos.

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Artículo publicado el 28 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El negocio de la historia

La opinión de…..

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Patrizia Pinzón Di Marzio


En efecto, señor presidente Martinelli: en la historia hay dinero… y sostenible. Pero solo si se hace bien. Aprendamos de Roma, en su país de ascendencia y la mía: ¿cree usted que ellos osarían levantar dos pisos adicionales a uno de sus edificios históricos? Ni pensarlo. ¿O que dejarían que alguien rellenara enfrente de una bahía histórica? Ni locos.   ¿Por qué? Muy simple: su industria del turismo, la cual genera millones de euros a Italia depende de ello.

Y no es que les haga falta ¡mafia ni corrupción! Leí recientemente un artículo de cómo habían atrapado a varios capos el otro día. Pero no se meten con la historia: es demasiado importante económicamente.

Panamá Viejo y el Casco Antiguo –igual que Roma– tienen una designación de Patrimonio de la Humanidad. Ciertamente no son Roma (todavía), pero a este paso de rellenos ilegales enfrente de Panamá Viejo y con edificios que “mágicamente” y sin sustento histórico suben pisos adicionales en el Casco Antiguo nunca lo seremos… y habremos matado para siempre la gallina de los huevos de oro.

Para mí y el resto de los casqueños (y para muchos panameños que no viven pero aman el Casco) la razón principal para salvaguardar nuestro patrimonio no es el dinero.   Pero ya he escrito mucho sobre su rol en nuestra identidad y cultura.   Hoy, simplemente voy a resaltar su aspecto económico, porque me doy cuenta ante la noticia del relleno al lado de Panamá Viejo y de que se le está “buscando una solución” a un proyecto polémico que se construye en el Casco Antiguo que –tal y como decía cierto website costarricense– “esto no es un país sino un negocio”.   Al menos, señor Presidente, que sea un buen negocio.

Tanto Panamá Viejo como el Casco Antiguo están generando.   Especialmente en el Casco Antiguo, en donde no solo hay una masa crítica de restaurantes y nuevos residentes generando empleo y atracciones sino que hay varios hoteles en construcción. Es más, este dinero se está revirtiendo en la comunidad, donde hay programas como Capta que capacita a mujeres del barrio para que puedan salir de la pobreza y sumarse a la actividad económica del área.

La Fundación Calicanto ha llevado a cabo, por años, este programa con un éxito impresionante. También está la Asociación pro Juventud de San Felipe que da seguimiento escolar a los niños del área. Su objetivo: lograr que se gradúen de la escuela. Sus herramientas: amor, arte, pedagogía, psicología y seguimiento médico. Todo financiado por el dinero de la empresa privada y de los nuevos residentes del Casco que quieren ver que el barrio realice su potencial como el mejor barrio histórico y mixto del país.

Si cae la designación de Panamá Viejo cae también la del Casco Antiguo. Su gobierno pasaría a la historia como el gobierno que permitió que nos quitaran la designación de Patrimonio de la Humanidad y se destruyeran estos íconos de la identidad panameña.   Perderíamos historia y potencial económico/turístico al mismo tiempo. Sería como matar dos pájaros de un tiro, solo que el pájaro en este caso es Panamá.

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Este artículo se publicó el 20   de mayo de 2010 en el diario La Prensa, La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.