La nutrición infantil es tarea de todos

La opinión del Empresario….

RAFAEL   CARLES

En la vida animal la probabilidad de supervivencia de un individuo depende no solo de sus características genotípicas (las que dependen de nuestro menú genético) y fenotípicas (las que dependen de las influencias del medio ambiente), sino también de la protección que le brinde su comunidad.

En este contexto es posible afirmar que la emergencia del Homo sapiens no hubiera sido posible sin su contención en ella por un largo período luego del nacimiento. Los humanos, en particular, pertenecemos a una especie que requiere de un prolongado cuidado postnatal del recién nacido.

Su inmadurez física inicial es patética por largo tiempo. Y la sofisticación de su cerebro es tal que necesita de un tiempo de maduración más largo que el de otras especies. Es un precio que pagamos por el crecimiento comparativamente desmesurado de nuestro cerebro y la complejidad de su organización orgánica y mental.

Ello obliga a cuidar las condiciones de su desarrollo, al menos hasta la adolescencia. Durante las distintas etapas del mismo, el medio ambiente dejará huellas que serán más, o menos, profundas. Sean favorables o desfavorables. Este cuidado debe ser sincronizado entre el hogar y la comunidad. Pero ambos operan en un contexto mayor, que son las reglas de juego que establece el Estado y los grados de libertad que establece para cada ciudadano, por medio de sus decisiones políticas y económicas.

Durante las etapas iniciales del desarrollo, digamos desde su concepción hasta aproximadamente los tres años de vida, ocurren fenómenos vinculados con el crecimiento de las poblaciones celulares y sus conexiones básicas, que constituirán el cerebro adulto.

Las alteraciones producidas entonces —según sean su naturaleza e intensidad— corren el riesgo cierto de constituirse en lesiones cerebrales de difícil recuperación. Durante ese período, la malnutrición severa, intoxicaciones, carencias, infecciones, drogadicción materna, inatención, etc. pueden constituir fuentes de lesión cerebral. Pero el período de organización del cerebro no concluye a esa edad.

A partir de entonces los cambios cerebrales se vinculan más con la producción y facilitación de nuevas conexiones, la muerte programada de células nerviosas, la organización de los procesos mentales cognitivos y emocionales, el desarrollo del lenguaje, etcétera.

Por ello, las consecuencias de sus alteraciones tendrían más que ver con las relaciones entre circuitos nerviosos, la estructuración de una identidad y de ella con su entorno.

Podríamos decir que en este caso puede haber daño cerebral —en un sentido funcional—, aunque no se perciba una lesión orgánica. Sus expresiones más crudas son los problemas de aprendizaje y la maladaptación social —y no me refiero a la que es producto de ideologías contestatarias a la dominante.

La rehabilitación en estos casos es posible en la medida que se implementen programas coherentes y sistemáticos. Y si es posible, tempranos. En este sentido, el Estado, a través de las instituciones como Senapan, han convergido en iniciar un programa piloto integrado, dirigido a niños entre 3 y 5 años en condiciones de necesidades básicas insatisfechas.

El objetivo es evaluar su eficiencia para evitar/corregir el impacto temprano de tales condiciones sobre el desempeño cognitivo. De esta experiencia podrán extraerse conclusiones útiles para el establecimiento de políticas públicas activas.

Pero resulta obvio que el país se encuentra hoy en un proceso de crisis estructural, que obliga a plantearse objetivos y estrategias adicionales a los de la acción puntual sobre franjas del desarrollo infantil. Hoy en día grandes poblaciones de nuestro país están sufriendo condiciones sociales que son producto de un Estado —en sus distintos niveles organizativos— que ha hecho abandono de sus responsabilidades primarias.

En otras palabras, el Estado no está ejerciendo su obligación de contención y protección de la comunidad ciudadana en condiciones de riesgo. En realidad, su accionar está profundizando la intensidad y amplitud del riesgo en muchas regiones del país. Para afrontarla son necesarios proyectos de efectos inmediatos y a largo plazo. Es imprescindible reconstruir un Estado que propicie y vele por un proyecto de país incluyente y solidario.

A nivel de las comunidades y hogares es necesaria la pronta iniciativa organizada con instituciones locales, para implementar políticas comunitarias activas que tiendan al autoabastecimiento de sus necesidades primarias, tal vez sobre la base de huertas o granjas comunitarias en tierras fiscales. Ello debería ser una política propiciada y supervisada por organismos públicos.

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Este artículo fue publicado el  27 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.
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Ingreso familiar y educación

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…..

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Juan Jované

Más allá de las dificultades de la cobertura, entre los elementos que en nuestro país limitan la posibilidad de que la educación adquiera un efectivo perfil de equidad, potenciándose como instrumento para la promoción de una ciudadanía bien formada y una fuerza de trabajo con elevada capacidad productiva, está el problema del porcentaje de reprobados, el cual, a su vez, se vincula con la deserción.

En este caso se puede señalar que, de acuerdo a estadísticas oficiales, resulta que el 8.4% de los alumnos y alumnas matriculados en primaria no logran ser promovidos al próximo grado, dado que el 6.6% de los mismos son reprobados y 1.8% simplemente deserta. En el caso de la educación premedia y media la situación resulta aún más difícil. En este nivel el 21.2% de los matriculados son aplazados en menos de tres materias, el 9.9% es reprobado, mientras que el 3.9% deserta de las aulas.

Sin intentar negar los problemas internos del sistema educativo y su calidad, resulta importante destacar tres elementos vinculados al contexto económico y social que tienen la capacidad de incidir en dichas dificultades.

En primer lugar, es evidente que el desempleo y el subempleo de los padres empujan tempranamente a los niños y niñas hacia la deserción, así como de manera prematura al mundo del trabajo. No debemos olvidar que, oficialmente, el 6.6% de la población económicamente activa está desocupada, mientras que el 42.8% de los trabajadores no agrícolas se encuentra en la informalidad.

En segundo lugar, se encuentra el problema de la nutrición, siendo un hecho reconocido que una adecuada alimentación mejora las condiciones cognoscitivas y de aprovechamiento de los estudiantes.   Teniendo en cuenta que, de acuerdo a la FAO, el 17% de la población se encuentra en condiciones de desnutrición se debe concluir que este problema debe ser tomado en cuenta entre los factores que conspiran en contra de los procesos de educación.

En tercer lugar, las investigaciones realizadas a nivel internacional han demostrado, de manera contundente, que el nivel educativo de la familia y principalmente de la madre es un determinante significativo de la estabilidad y del rendimiento de los niños y niñas en el sistema educativo. Es así, por ejemplo, que los niños de hogares pobres que cuentan con padres con un nivel educativo bajo, reciben menos apoyo en el hogar para estudiar y realizar sus deberes escolares.

De lo anterior se desprende que el éxito en la transformación en los resultados de la educación depende, de manera no poco importante, de la presencia de un modelo económico que, a diferencia del existente, genere una sinergia entre empleo y educación.

Además, resulta necesaria una política estatal que ligue la seguridad alimentaria con la educación, profundizando la entrega de alimentos en los centros educativos, la que, además, le adjudique una atención especial a los estudiantes provenientes de los hogares más pobres. Los planteamientos del MEDUCA centrados en elementos básicamente formales carece, lastimosamente, de esta perspectiva.

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Este artículo se publicó el  13  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El proyecto social de Nutre Hogar

La opinión de…..

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Rolando Mendoza Ibarra


Visitar los Centros de Recuperación Nutricional y los Centros Comunitarios Nutricionales de Nutre Hogar es una experiencia novedosa para quienes hasta hace poco desconocíamos la labor que desde hace más de 20 años realiza esta organización sin fines lucrativos, en beneficio de miles de niños desnutridos de comunidades donde la pobreza golpea con dureza.

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar varios de estos centros y constaté la extraordinaria labor de Nutre Hogar en Chiriquí, la comarca Ngäbe Buglé, Veraguas, Azuero, Coclé, Panamá y Colón, con el apoyo de donantes nacionales e internacionales, que han visto en el enfoque y compromiso social de esta organización un espacio para luchar contra el flagelo de la desnutrición infantil en niños de cero a cinco años. Los centros de recuperación nutricional son establecimientos que bien podemos denominar de salud; donde los niños referidos de los hospitales regionales y provenientes de comunidades pobres en extremo, especialmente de la comarca Ngäbe Buglé, reciben atención nutricional en la cual intervienen nutricionistas, niñeras, personal de enfermería y maestras de estimulación infantil temprana.

Conviene resaltar la importancia de la atención nutricional en menores de cinco años y el impacto incalculable en su proceso de aprendizaje y en su desarrollo intelectual futuro. Estudios científicos de organizaciones internacionales que trabajan a favor de los derechos de los niños demuestran que este impacto no solo se refleja en su etapa infantil, sino que puede transformarse en un ahorro en el gasto social de los gobiernos, en la medida en que el ataque a la desnutrición en edades tempranas reduce la no aprobación escolar en el nivel de educación primaria, lo que permite a los niños concluir este nivel y los potencia a pasar a los niveles de educación premedia y media. Y si la pobreza se asocia a la falta de educación, es posible observar un efecto en cadena orientado a impactar, finalmente, en la apertura de mejores oportunidades laborales y de los ingresos.

La estimulación infantil temprana también constituye un componente de un valor incalculable, en la medida en que en los centros de recuperación, pero también en los de prevención, se oriente al desarrollo de las habilidades psicomotoras, a través de un conjunto de actividades de motora fina (rayar y colorear sobre papel) y, también, a las actividades de motora gruesa (manipulación de objetos y juguetes), todo lo cual se desarrolla en un ambiente de aprendizaje o socialización que garantiza en el niño desarrollar y/o mejorar sus capacidades intelectuales.

La labor de Nutre Hogar, sin embargo, representa solo un grano de arena en el desierto de pobreza en el que viven decenas de miles de familias con niños desnutridos; pero es una experiencia digna de replicar tanto por el Gobierno como por otras organizaciones privadas que movilizan recursos sin mayores evidencias tangibles de un impacto efectivo en la reducción de la desnutrición y la pobreza.

El trabajo de Nutre Hogar evidencia el esfuerzo de una labor en torno a los centros comunitarios nutricionales, a partir de los cuales es posible verificar la implementación de programas de producción de alimentos para el sostenimiento de los comedores (granos, raíces, tubérculos, hortalizas y cría de especies menores).

¿Quién pensaría que una idea surgida en 1988, de un grupo de mujeres interesadas en trabajar en beneficio de uno de los segmentos de población más vulnerable del país, se convertiría al cabo de 22 años en un proyecto social de primera línea, con el que se ha evitado que la desnutrición severa lesione el cerebro de miles de niños?

En este esfuerzo, en el que se han involucrado muchas personas, resulta meritorio reconocer el trabajo sostenido de Susy de Varela, actual viceministra del Mides.

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Este artículo se publicó el  10  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

10 años: éxito sostenible

La opinión de…..

I. Roberto Eisenmann, Jr.


Cuando la presidenta electa Mireya Moscoso insistió (y, como es sabido, logró convencerme) en que un independiente de la sociedad civil le construyera su agenda social, reunimos a casi 500 miembros de la sociedad y armamos 10 prioridades sociales para el nuevo gobierno.

Por unanimidad se decidió que la primera prioridad del programa era atacar de frente la desnutrición que condena para toda la vida a niños que por falta de nutrición quedan con sus cerebritos subdesarrollados. Para el tema estudiamos todo lo que habían intentado gobiernos anteriores, sus éxitos (muy pocos) y sus fracasos (demasiados)… y todo lo que en ese momento se intentaba internacionalmente, con sus éxitos (pocos) y sus fracasos (muchos). Concluimos que:

1. El programa tendría que llevarse a cabo en los campos de mayor pobreza de nuestro Panamá profundo.

2. Tendría, por fuerza, que blindarse al programa de la politización, ya que esa era la mayor causa de los fracasos anteriores.

3. Que lejos de los regalos o subsidios que son pan para hoy y hambre para mañana, el programa tendría que empoderar a los beneficiarios y así convertirse en sostenible, para tener futuro.

4. Que el programa se construyera en forma tal que la sociedad no gubernamental pudiera integrarse para poder contribuir en forma solidaria.

5. Que el programa fuera constituido por muchas entidades lo suficientemente pequeñas para evitar la burocratización y de esta forma motivar la solidaridad entre los participantes.

Luego de mucho estudio encontramos que el Patronato Nacional de Nutrición tenía un programa incipiente que llenaba todas nuestras exigencias: el de las granjas autosostenibles.

El manejo por parte del patronato (con representación de gobierno, sociedad y entidades cívicas) garantizaba la no politización. Las granjas (con una técnica original israelí) eran pequeñas: aproximadamente cinco hectáreas con más o menos 15 familias por granja, lo que permitía la solidaridad y orgullo de todos los participantes.

En esas cinco hectáreas los múltiples siembros y criaderos permitían una dieta técnicamente balanceada para eliminar la desnutrición (hay siempre que recordar que las granjas autosostenibles no son un programa agrícola sino de nutrición).

El manejo de la granja conlleva una tarea solidaria y de toda la familia: maridos, mujeres y niños (quienes se dedican a la cría de pollos, peces y puercos) sin que el campesino participante abandone “su monte” donde sigue sembrando y cosechando como siempre lo ha hecho… pero donde puede aplicar las nuevas técnicas aprendidas en la granja.

La empresa privada contribuía al inicio con B/.10,000 para armar “su” granja y la seguía atendiendo con visitas solidarias. Cada vez que la Presidenta iba en el helicóptero presidencial a inaugurar una granja nueva, se llevaba a dos empresarios al paseo, garantizando así dos patrocinios más para nuevas granjas, y así éstas iban en aumento, sin dinero estatal.

El programa –como proyecto de Estado– era para 3 mil granjas en todo el país, para erradicar la desnutrición, el dilema social prioritario de la Nación. La presidenta Moscoso completó 300 y pico de granjas. Al llegar a la presidencia Martín Torrijos, en un acto de inmadurez política típica de un país joven como el nuestro, no solo abandonó el proyecto sino que lo atacó porque “era de Mireya”. El argumento para el ataque era de que las granjas realmente no eran sostenibles, cosa que aquí hoy estamos comprobando que era una total falsedad.

Esta granja Las Gaitas, patrocinada por Empresas Eisenmann, cumple hoy 10 años de éxito sostenible. Tan fácil hubiera sido para Torrijos pensar: “si el programa es de 3 mil granjas y Mireya completó 300 y pico… yo haré miles y el programa será finalmente de mi gobierno”… pero eso hubiera requerido de una madurez política ajena a los políticos nuestros.

Me indican que con el gobierno Martinelli–Varela hay esperanzas de que el programa de nutrición de las granjas autosostenibles pueda completarse… para bien de la Nación… esperamos que así sea.

Quiero felicitar en este aniversario tan simbólico al Sr. Lorenzo Hill, presidente fundador de la granja Las Gaitas, y a los subsiguientes presidentes; Otilio Martínez, Domingo Valdés y Alcides Martínez, a la vez que a todos los miembros de la granja, sobre todo a las señoras que han sido la fuerza espiritual y a los niños (que ya no son tan niños) por su alegre trabajo. Si quieren medir el éxito de las granjas, solo miren a los niños: su tamaño, su aspecto de plena salud y sus caras de alegría y esperanza.

Felicito igualmente a los asociados de Empresas Eisenmann, dirigidos por nuestra hija Anabella, que han sido ejemplares en su solidaridad con los miembros de la granja… realmente se han convertido todos en una sola familia.

Finalmente, felicito al patronato y a todos sus directores y ejecutivos, especialmente a la Ing. Yariela Gallegos y a Guillermo Fernández, Manuel Madrid y Elías González por su trabajo incansable a favor de este vital y ejemplar proyecto.

Considero que la vida es un ritmo… una ola… una vibración… una pulsación del corazón; aquí en esta granja se siente vida.

Se siente vida con dignidad y, sobre todo, con esperanza en nosotros mismos… en nuestro abrazo humano y solidario.

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Este artículo se publicó  el  26 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una ayuda que aún no llega

La opinión de….

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RAFAEL CARLES

Los programas alimentarios en Panamá conforman un conjunto desarticulado y fragmentado de acciones que implementan el Gobierno Nacional, las empresas, los clubes cívicos y las organizaciones religiosas, entre otros.

Las superposiciones, duplicaciones de esfuerzos, carencia de criterios para definir los beneficiarios y, principalmente, el clientelismo político desembozado hacen que muchos que no necesitan ayuda la reciban mientras que, dramáticamente, otros que deberían mejorar sustancialmente su nivel alimentario no sean alcanzados.

Estos programas cuestan anualmente algo más de 50 millones de dólares, sin contar lo que de forma desprendida muchos ciudadanos anónimamente invierten a través de las campañas dentro de sus propias parroquias o directamente participan a través de juntas comunales y organismos no gubernamentales.

Pese a este esfuerzo fiscal y económico significativo, el país ha carecido históricamente de un sistema que garantice la seguridad alimentaria principalmente de niños, madres y ancianos en riesgo.

En el orden nacional, existe desde el año 2004 la Secretaría Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Senapan), cuyo Plan 2009-2015 involucra a más de 30 instituciones gubernamentales, académicas, gremios profesionales, laborales, sindicales y agencias de cooperación internacional.

Del plan se derivan varios programas enfocados a reducir la vulnerabilidad nutricional de las poblaciones más pobres, prevenir la desnutrición infantil, reducir la mortalidad materna, mejorar los conocimientos sobre nutrición y alimentación, incentivar la agricultura familiar, y establecer un sistema integrado de vigilancia y evaluación nutricional.

Sumado a esta atomización de esfuerzos, el Gobierno Nacional ahora intenta implementar la campaña 5 al Día , con el interés de crear conciencia acerca de los beneficios que brinda el consumo de frutas y verduras.   Esta iniciativa se realiza con la participación de los ministerios de Educación, Salud, Desarrollo Agropecuario, el IMA, productores nacionales y la Acodeco, y empezará en 95 escuelas primarias de la región metropolitana, donde se ha detectado altos niveles de sobrepeso y obesidad debido al consumo de frituras y golosinas.

Se estima que la inclusión de por lo menos 5 porciones diarias de frutas y verduras a la alimentación habitual reduce sensiblemente la mortalidad por enfermedad arterial coronaria, accidente cerebro-vascular y cáncer, así como la incidencia y prevalencia de sobrepeso y obesidad, hipertensión arterial y diabetes, todos factores de riesgo de la enfermedad arteriosclerótica.

Según la Organización Mundial de la Salud y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación, la sustitución de alimentos altos en calorías, ricos en grasas no saturadas y abundantes en azúcares de absorción rápida, por frutas y vegetales, es crucial para combatir las enfermedades crónicas.

Pero si el Gobierno no cambia el enfoque, independientemente de sus buenas intenciones, seguirá el malgasto de recursos y la nutrición de toda la población será cosa de sueños. Por tanto, se presupone que Senapan defina, compartidamente con la sociedad civil, los criterios para identificar los beneficiarios, asignar los recursos a las áreas más necesitadas y diseñar mecanismos de auditoría, seguimiento y evaluación de los programas.

Para la ejecución de estos programas, no se necesitan más recursos de los ya existentes.  Lo que realmente se requiere es unificar las acciones dentro de un esfuerzo único, para evitar superposiciones y asegurar que las instituciones gubernamentales, productores y agencias de cooperación internacional se sincronicen con los mecanismos establecidos.

No se trata, entonces, de que el Gobierno Nacional tenga el propósito de centralizar la política alimentaria, sabiendo que Panamá es un país deficitario en cuanto a su producción de alimentos.

Tampoco se trata de generar un sistema vertical y autoritario, puesto que lo que se está haciendo es firmar acuerdos alimentarios. Y un acuerdo es, por definición, un consenso como mínimo entre dos partes libres.

Los panameños tienen la obligación de saber el destino final de los recursos que el Gobierno está designando para ayuda social, así como respetar que los recursos lleguen a donde deben llegar.

Mecanismos de auditoría deben ser realizados por organismos independientes y por inspectores de Contraloría, según corresponda los procedimientos diseñados para tal propósito.

En definitiva, se pretende aumentar la eficiencia conjunta de las acciones alimentarias introduciendo elementos de cooperación y no de competencia estéril, y terminar así con programas fragmentados entre los distintos niveles burocráticos. Asimismo, se promueve la participación de diferentes organismos de la sociedad civil en la programación alimentaria a nivel nacional.

Es importante igualmente destacar que la propuesta de organizar un sistema consistente de programas para aumentar su eficiencia y para que los alimentos lleguen efectivamente a quienes los necesitan ha sido siempre una recomendación hecha en varios estudios realizados por los equipos técnicos de anteriores administraciones. Entonces, las diferencias entre el Gobierno y las demás instancias, si las hubiese hoy, no son técnicas, sino políticas. La cuestión no es la centralización, sino la transparencia misma de la política alimentaria. Una de las maneras de reconciliar la política con la ética es finalizar con el uso político-clientelar de la ayuda alimentaria.

Tratándose de una inversión social crucial para toda la sociedad panameña, los gobernantes deberán entender que lo que está en juego es un imperativo moral para con los hogares más vulnerables de nuestro país y que, en este sentido, lo que aquí también debe minimizarse definitivamente es la política folclórica, típica de la frase del que reparte y comparte le toca la mejor parte. Solo así comenzaremos a construir ciudadanos y no súbditos.

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Artículo publicado el 16 de marzo de 2010 en el Diario la Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡Nutricional de qué!

La oponión del empresario……

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RAFAEL CARLES

Los anuncios apoteósicos de que el Ministerio de Educación (MEDUCA) celebrará tres licitaciones por un monto de más de 21 millones de dólares para la distribución de alimentos para estudiantes en las escuelas primarias del país ciertamente conmueven al más insensible de los humanos y dan al traste con cualquier planteamiento político de oposición. Incluso, los medios se han encargado de difundir esta información con fotos de bellos rostros de niños en áreas remotas de extrema pobreza, merendando un plato de comida apetitosa como reflejo de la oportuna acción gubernamental.

La verdad es que este tipo de noticias no acepta el más mínimo escrutinio por aquello de que la alimentación es un derecho fundamental de las personas y que el Estado debe asegurar que la población alcance un nivel aceptable de nutrición. Pero entre líneas surge un amargo sabor, especialmente los que conocemos sobre la bioquímica de los alimentos, y comprendemos que detrás de este Plan Nutricional del MEDUCA hay más que una simple merienda escolar. En mi opinión, existe un negocio legítimo, nada pecaminoso, pero que en el fondo se traduce en pan para hoy y hambre para mañana. Y paso a explicar.

La primera de las licitaciones consiste en una bebida láctea fortificada de 8 onzas, en envase de larga vida UHT y en sabores de vainilla, fresa y chocolate, todo por un monto de 11 millones de dólares. La segunda, por 4 millones de dólares, incluye cremas enriquecidas y fortificadas a base de cereales de maíz, arroz, sorgo, frijol o soya, formuladas especialmente para niños entre las edades de 5 a 12 años. Y la tercera involucra a la tradicional galleta nutricional en los sabores de vainilla, fresa, canela y limón, y es por más de 6 millones de dólares.

Hasta allí pareciera todo perfecto y legal, y por ello felicito al Gobierno por sus propósitos humanitarios bien intencionados. Pero lo que no entienden las autoridades es que lo que ellos llaman Plan Nutricional no tiene nada de nutritivo. Todo lo que allí se señala son alimentos “ muertos ”, pausterizados, cargados en sal y azúcar, con preservantes, colorantes, productos químicos agregados, vitaminas sintéticas añadidas, químicamente tratados, sin ninguna propiedad o beneficios fisiológico, nutritivo, curativo o terapéutico.

Los niños en la edad escolar necesitan alimentos “ vivos ”, es decir comida fresca, natural y recién preparada. La declaración de uno de los ministros de Estado, en cuanto a que “ servirle un plato de comida caliente ayudará a mejorar la nutrición de los estudiantes ”, no solo es un exabrupto, sino que además denota un total desconocimiento en el campo de la nutrición.

Es inconcebible, con tanto campo, tierras y facilidades para el cultivo de frutas y vegetales en el país, que el Plan Nutricional de MEDUCA quede circunscrito únicamente a tres alimentos “ muertos ” y no involucre el establecimiento y mantenimiento de huertos domésticos o escolares en las áreas aledañas a los centros de enseñanza. Por lo visto, las autoridades del MEDUCA han olvidado que existe en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario un programa denominado Plan Rural para la creación de huertos urbanos. Igualmente, los funcionarios del MEDUCA deben investigar qué han hecho sus homólogos en otros países, con menos superficie arable y productiva, para aplacar el hambre de la población escolar. En Israel, por ejemplo, se dedica un tiempo importante para educar a los jóvenes en el arte de la agricultura. En otras palabras, las autoridades panameñas debieran entender que regalar galleta, leche y crema a los estudiantes, y no invertir en su enseñanza técnica de cómo producir alimentos, contribuye a dictar la sentencia de muerte a esta generación de estudiantes. Como dirían en otros tiempos, “ no le des pescado sino el trasmallo ”.

Es un hecho irrefutable que las enfermedades, en gran parte, son causadas por factores alimentarios. Los analistas señalan que dos de cada tres muertes se deben a enfermedades relacionadas con la alimentación, que entre 30 y 40% de los cánceres podían reducirse a través de ciertos hábitos alimenticios, y que el 20% de las muertes podían prevenirse si se reducían las grasas y se aumentan las frutas y los vegetales.

Por tanto, es esencial establecer en Panamá, no un Plan Nutricional como el de MEDUCA, sino una Estrategia Nacional de Nutrición para promover el bienestar de toda la población. Esta Estrategia incluiría pilares tácticos de nutrición, tales como la educación, promoción y producción de comida “ viva ”, sana, fresca y natural. Igualmente, la Estrategia consistiría en premiar a aquellas empresas dedicadas a fabricar o distribuir productos saludables, con incentivos financieros, rebajas en el costo del trámite de certificados de salud y registros sanitarios, y excepciones en el pago del impuesto sobre la renta. En otras palabras, se crearían los estímulos para que las empresas promuevan la vida de las personas y no el alargue de las fechas de vencimiento de los alimentos con el uso de preservantes tóxicos.

De igual forma, la Estrategia establecería límites a las cantidades de azúcar y sal en los alimentos de consumo para niños. Como es harto conocido, el azúcar y la sal son bioquímicamente enemigos del ser humano y, como tal, deben ser tratados como perjudiciales para la salud.

Sin duda, habría que fomentar la preparación de huertos para la producción de frutas, verduras, legumbres y granos, y a toda costa habría que desincentivar el consumo de enlatados, especialmente en áreas de extrema pobreza. En otras palabras, para salir del círculo mortal del hambre hay que presentar propuestas de vida. No es igual llenar la panza con un plato de comida caliente que nutrir el cerebro con frutas y jugos naturales. Para esto hay que adecuar las normas y leyes para que se generen verdaderos programas que ayuden a promover salud y combatir la desnutrición.

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Publicado el  26  de enero de 2010   en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Educación y nutrición

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La opinión del Médico y Ex Ministro de Estado….
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GUILLERMO  ROLLA  PIMENTEL

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Al revisar al Estado y su problemática, se dificulta tomar un punto inicial de observación. Tomemos la salud, que, aparte de sus acciones concretas operativas, depende de factores sociales básicos, como: nutrición, seguridad y educación popular. Sus carencias causan: violencia, delincuencia, ignorancia, desnutrición, enfermedad.

Sus causas primarias: analfabetismo, incultura, desempleo, pobreza. Dónde iniciar las soluciones: Educación Familiar por los medios de comunicación social, trabajo por la empresas privadas, cultura política. El Estado debe coordinar, motivar y regular efectivamente todos estos esquemas.

Mientras exista desempleo y altos costos de los alimentos y de sobrevivencia. Existirá violencia, delincuencia, prostitución, por más policías y penas que pongan; también tendremos enfermedades, por mucho esfuerzo que efectúe el personal de salud. Mientras exista incultura e ignorancia, continuará la basura en las calles, la indolencia y la negligencia colectiva. Pareciera que llegamos al punto en que la Educción Familiar, la Escolar y la radio televisiva son la vía primaria del camino a la solución de todo. Más que instrucción, es educación, formación psicológica, personalidad, valores. La primera lección en estilo de vida la da la Familia. Es el modelo, la vivencia diaria, el contacto, el amor, la orientación constante. La Escuela es el complemento o suplemento cuando la familia no cumple su rol. Pero actualmente el gran y permanente modelo y guía de la sociedad son los medios de comunicación social. Pero estos están tomados por el comercio y su efectividad está en el consumismo y su uso con fines económicos. Todos sabemos lo costoso de esta tecnología. Si la prioridad es educar al pueblo masivamente, la radio y televisión (comercial) deberían estar al servicio de la educación.

Aquí es donde tiene que hacerse práctico el concepto de “ el sector económico produciendo para el desarrollo social ”. Es una forma concreta de distribuir la riqueza y de paso contribuir a producirla. Distribuir enseñanzas no dinero. Además, los productores y creativos de radio y televisión, con el apoyo profesional de las diferentes áreas del saber, aplicando psicología, sociología, filosofía, salud, etc., podrían hacer, como de hecho algunos hacen, excelentes programas y documentales, que son híbridos en entretener, promocionar productos o servicios comerciales y educar efectivamente en diferentes aspectos del saber, para promocionar un estilo de calidad de vida saludable, solidario y productor de bienestar y felicidad. Hay experiencia internacional. Hasta las telenovelas por su gran audiencia, emotividad e identificación con los personajes, sería de alta efectividad por su carácter casi vivencial. Si todos los programas y publicidad pasaran mensajes y contenidos con una “social regulación” (no estatal), se cumpliría una función social. Sacando cuentas de costo beneficio. Las altas inversiones en educar en todo, en las pantallas y parlantes, por ser preventivas y de elevado nivel cerebral, serían mucho más económicas que el costo de las enfermedades, las muertes, los robos y las cárceles.

El otro aspecto vital son los alimentos, las primeras necesidades y la energía y otra vez llegamos a la responsabilidad social empresarial. Reduciendo costos y precio, el aumento del número de usuarios por el mercado de escala, mantiene las ganancias.

La empleomanía aumenta el circulante. Las áreas de alto riesgo requieren un mecanismo efectivo local (indígenas). Todos estos delicados instrumentos requieren de una regulación normativa técnica, para no perjudicar a nadie. Pero las experiencias, tanto en el capitalismo privado como en el capitalismo de Estado, nos dicen del beneficio a los “clientes”, que es la sociedad.

Con gente educada y alimentada, las empresas deben generar empleos.

La educación en valores a los padres y madres por la TV y reducir la canasta básica con la responsabilidad social empresarial es un camino hacia un Panamá Mejor.
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Publicado el  5 de diciembre en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.