Luego o en medio de la tragedia, la alegría llega a los niños de las familias afectadas

Gobierno Nacional de Panamá,  llevando alegría a los que más necesitan.    La nota informativa de…

Jennie  Gonzalez

A pocos días de celebrar las fiestas navideñas y a pesar de que en sus hogares perdieron casi todo producto de las inundaciones, una sonrisa vuelve a los rostros de niños y niñas de las familias afectadas, al disfrutar de un espacio de entretenimiento y recibir juguetes que les estregaron personal de la Secretaría de Asuntos Públicos de la Presidencia.

Autoridades de la Secretaría de Asuntos Públicos, del Despacho de la Primera Dama y voluntarios, realizaron un recorrido por el área afectada donde llevaron a los pequeños -de los albergues temporales del Colegio Marco Alarcón y el Centro Cultural de Mashdi- la alegría del grupo La Torre de los Sueños y además algunos presentes para que –a pesar de las adversidades- puedan disfrutar estas fiestas de navidad.

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Agasajo navideño llega a niños de familias afectadas del accidente del bus de Las Garzas

Personal de la Secretaría de Asuntos Sociales de la Presidencia llevó un agasajo de navidad a niños y familiares de las víctimas del accidente del bus de Las Garzas de Pacora -que ocurrió en el 2009- para compartir momentos agradables durante esta época de fin de año.

Payasos, premios, golosinas, brincolines y muchas otras atracciones fueron disfrutadas por los pequeños, en la actividad desarrollada en la iglesia de La Virgen de Guadalupe y que fue presidida por Dayra Fábrega, jefa de esta secretaría presidencial.

Durante la actividad también se entregaron juguetes a cada niño y bolsas de higiene personal para los adultos, vajilla a cada familia, al igual que bolsas de comida.

El accidente del bus de Las Garzas se produjo el pasado 14 de agosto de 2009 al colisionar contra un vehículo de carga [volquete] accidente que dejó como resultado 23 personas fallecidas y 11 heridas.

 

Autoridades de la Secretaría de Asuntos Públicos, del Despacho de la Primera Dama y voluntarios, realizaron un recorrido por el área afectada donde llevaron a los pequeños -de los albergues temporales del Colegio Marco Alarcón y el Centro Cultural de Mashdi
Agasajo navideño llega a niños de familias afectadas del accidente del bus de Las Garzas.

 

GOBIERNO NACIONAL

 

¡JUNTOS HACIENDO UN MEJOR PANAMÁ!

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<> Reproducción de nota publicada el 25 de diciembre de 2010  en Facebook por la autora a quien damos todo el crédito que le corresponde.

¿Por qué los niños siguen trabajando?

La opinión de…

Mayteé Zachrisson

Muchas veces cometemos el error de ser tolerantes ante distintas situaciones; pensamos que si bloqueamos lo que nos incomoda, desaparecerá; que despertaremos y todo estará resuelto. La erradicación del trabajo infantil es uno de esos temas con los que hemos sido tolerantes. El año pasado se dio a conocer que había crecido a 89 mil 767 la cifra de niños y adolescentes, entre los 5 y 17 años, que realizaban algún tipo de trabajo, según datos de la Encuesta de Trabajo Infantil que realizó la Contraloría en 2008.

En su momento se explicó que esta encuesta fue mucho más técnica y abarcó otros tipos de trabajo que no se habían contabilizado en la anterior, realizada en 2000, y que daba a conocer que 47 mil 976 personas menores, en las mismas edades, trabajaban en Panamá y que, por lo tanto, los indicadores iban a ser más precisos; situación completamente lógica y corroborada. Debo ser sincera, tenía la esperanza de que disminuyera. Desde mi perspectiva, muchos actores colaboramos activamente para contribuir a la causa de la erradicación del trabajo infantil, sobre todo en las peores formas, lo que garantizaba más personas combatiendo este flagelo; pero la realidad es que las cifras no mienten y aún falta mucho por hacer.

El trabajo infantil suele definirse como todo trabajo que priva a los menores de su niñez, potencial y dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Algunos confunden este término con las tareas realizadas por los niños al ayudar a sus padres y madres en el hogar, en un negocio familiar o con las tareas que realizan fuera del horario escolar o durante las vacaciones, que en cierta medida son importantes para la formación de los pequeños y que a veces les llamamos “trabajos de ayuda familiar” y que, por lo tanto, no son remunerados.

En nuestro país la edad mínima para admisión al empleo es de 14 años. El Estado ha asumido el compromiso de eliminar las peores formas del trabajo infantil para el año 2015. Es decir, esa obligación es tanto suya como mía, por lo que no podemos ser ajenos a este problema.

Una de las maneras, sino la única segura, es la de lograr disminuir el trabajo infantil a través de la educación. Este flagelo no lo pueden eliminar por sí solos el Gobierno, los organismos internacionales, empresas, sindicatos y organizaciones no gubernamentales; debe ser un compromiso y una responsabilidad compartida de toda la sociedad. En este sentido, incentivar la promoción de trabajo decente para los adultos responsables de los menores de edad que realizan el trabajo que los “grandes”, se debe hacer para garantizar que vayan a la escuela.

La coordinación de esfuerzos, la ejecución de estrategias y acciones en muchas direcciones pueden hacer posible alcanzar este objetivo. Mi recomendación es sencilla: no se quede esperando a que otros resuelvan el problema, comprométase con la causa y ayude a que Panamá alcance la meta de país libre de trabajo infantil. ¡Juntos podemos lograrlo!

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<> Este artículo se publicó el 30  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/zachrisson-maytee/

Grata visita

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La opinión del Jurista y Comentarista…

Guillermo Márquez B.

El lunes 22 por gentil invitación de la UNESCO que es la sigla en inglés de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, asistimos a una reunión celebrada en la Universidad Latina.

Nos impresionó muy gratamente advertir en ella que hay personas desprendidas y de buena voluntad que generosamente dedican tiempo y energías en beneficio de la niñez y la adolescencia y de la sociedad en general.

Los logros de sus esfuerzos no pueden ser más alentadores. Conforme dijo uno de los expositores: Si muchos hacemos aunque sea un poquito de algo, se obtiene bastante.

En nuestro país la UNESCO trabaja en el mejoramiento de la seguridad ciudadana, y también lo hace en el establecimiento de centros de acceso de algunas comunidades rurales. Y conforme recomienda sobre la promoción, el uso del lenguaje y el acceso universal al ciberespacio: “Los Estados Miembros y las organizaciones internacionales deberían fomentar y apoyar la creación de capacidades para la producción de contenidos de origen focal e indígena en Internet.”

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<>Artículo publicado el  25  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/marquez-b-guillermo/

Los hijos, derechos y deberes

La opinión de…

Marisín Villalaz de Arias

Hace unos días escribí sobre la familia en un programa del Club Rotario de Panamá y ahora escribo éste a nombre personal porque es hora de ordenar nuestros hogares y formar mejores hijos para que sean el futuro de la patria y la prolongación de nosotros.

Hablamos de los niños y de sus derechos; hemos hecho leyes que los protegen a tal extremo que les ponen un número telefónico en la TV donde ellos pueden llamar si consideran que sus padres los maltratan y se llevan a los viejos presos. Siento disentir con este comportamiento de ciertos adultos que han creído en esas leyes que son reflejo de complejos y estupideces queriendo sobresalir en algo para ser alguien.

No saben el daño que hacen a los niños porque todos necesitan el freno de los padres y, sobre todo del padre que millones de veces no existe en los hogares por irresponsabilidad de los mismos. Me pregunto dónde dice la ley sobre los deberes de los niños porque quien tiene derechos tiene deberes que cumplir y uno de los principales es: respetar a padre y madre, a los maestros, a los mayores y a todo aquel que ponga orden en la vida de esos niños.

Hay un dicho: el que no tiene padre en su casa lo encuentra en la calle y eso es lo que siento cuando le llamo la atención a niños malcriados que encuentro por allí y las madres no les dicen nada. Es hora de que permitamos a los padres conscientes poner autoridad en sus hijos y criarlos con la noción de respeto y demás valores que existen porque a esa edad es cuando se absorbe todo.

No continuemos desautorizando a los padres y estos que aprendan sus responsabilidades para con sus hijos, no solo monetaria sino moral y de autoridad. Son muchos los hombres panameños que forman hogares completos; pero otros actúan fuera de contexto y no quieren saber de esos niños que engendraron. El MIDES debe educar a la gente y permitir que se formen más hogares completos con la presencia de los padres. Si es cierto que falta el padre y que las madres panameñas son excepcionales, también las hay que no les importa con los hijos, ya sea por ignorancia o por descuido.

Algo debemos hacer para coadyuvar en la formación de mejores hogares y que la niñez esté protegida para que sean luego buenos ciudadanos.

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<>Artículo publicado el 27 de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la  autora en: https://panaletras.wordpress.com/category/arias-marisin-villalaz-de/
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Mendicidad y delito infantil

La opinión del Periodista….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO

La vagancia y la mendicidad de los menores constituyen la antesala de la delincuencia infantil.   Quizás por la influencia del medio al que están llamados a actuar, la mendicidad directa o encubierta del menor en compañía de hombres y mujeres que la usan de incentivo para despertar los sentimientos de caridad, constituyen una verdadera lacra social.   A la mendicidad va anexa la degradante costumbre de implorar la caridad pública y rogar por el auxilio ajeno. Ello es una práctica malsana que en los niños da resultados gravísimos porque engendra hábitos contrarios a las elementales normas de honestidad, hombría de bien y moralidad.   Con la generosa idiosincrasia de nuestro pueblo se despertaría en los menores mendigos el acicate de la codicia exagerada y sus consecuencias de violencia y crimen.

En Panamá se prohíbe la mendicidad infantil, aunque esté disfrazada de ‘venta’ de artículos y nuestro Código de la Familia trata de incorporarse a la lucha de prevención del abandono y delito de los niños para combatir esos dañinos factores que, en su gran mayoría, conducen inevitablemente al sacrificio permanente de nuestra infancia.   Tenemos que seguir protegiendo cada vez más a nuestra niñez, a aquellas criaturas que son arrojadas de sus hogares, que deambulan por las calles en procura de mendrugos, mientras la gran mayoría de sus progenitores llevan una vida de licencia y de inmoralidad.

 

Todos corren el riesgo de que jovenzuelas sean llevadas por el camino de la prostitución ante la indiferencia mayoritaria; de jóvenes, quienes afanosamente gritan y vocean sus miserias por las calles, luchando contra las solicitudes de un entorno que pronto les conducirá a las puertas de la cárcel; de niñas que nunca han conocido normas de moral en sus primeros años por la acción desmoralizadora del mal hogar, de malos centros de diversión, de películas inconvenientes o de espectáculos públicos a donde son llevadas por negligencia o incultura de sus padres y aceptadas ante la indiferencia colectiva.

La renovación del sentir moral frente al niño se producirá bajo el imperio de una buena legislación y su enérgica aplicación, la cual dejará de ser individual para convertirse en función de la comunidad. Y, por su acción, sobre el crepúsculo del desamparo y dolor de nuestros niños, aparecerán los destellos de un nuevo amanecer que afirmará los derechos de los pequeños a vivir en una sociedad justa y humana.

<> Este artículo se reprodujo de la publicación del 17 de octubre de 2010 en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.
Más artículos del autor enhttps://panaletras.wordpress.com/category/cedeno-raul-eduardo/

Pollito, una anécdota familiar

La opinión de….

J. Enrique Cáceres-Arrieta

El Día del Niño de 2007, mientras los niños celebraban su día en las escuelas, mi hijo Jonatán ganaba un pollito en una tómbola escolar.

No era la primera vez que los mellizos regresaban con pollos de la escuela. Hacía un par de años me habían preguntado si podían llevar unos pollitos al apartamento. No objeté y su madre tampoco lo hizo. De manera que varios pollos fueron acogidos en la familia.

El pollito ganado por Jonatán era diferente. Pasaron semanas, y Pollito (así lo llamaba su dueño) creció; y junto con un conejo, unos pececillos y una perrita contribuían a la alegría del hogar.

Una noche, me informaron que Jonatán y David (los mellizos) lloraban porque Pollito estaba moribundo al ser golpeado por la puerta de la cocina. Mientras iba para ver qué pasaba, un zarpazo de sentimientos y emociones encontrados trajo a mi memoria una escena en la cual lloraba ante las plumas de mis periquitos que un gato había devorado. El dolor fue indecible. De modo que sabía muy bien lo que sentían los mellizos, especialmente Jonatán, dueño del pollito. Quizá para alguien sea tontada escribir sobre un pollo, y hasta pensará que el problema se habría resuelto comprando otro.

Uno de los errores más recurrentes de los padres es invalidar las emociones de sus hijos y abandonarles física y afectivamente, criándose sus hijos como niños huérfanos de padres vivos. No se trata de consentir o ser indiferentes, sino validar apropiadamente las emociones de nuestros hijos.

Al llegar al apartamento, encontré a Jonatán llorando a lágrima viva y a Pablo (mi hijo mayor) abanicando al pollo. Abracé a Jonatán y le pregunté qué sucedía. Entre sollozos contó lo sabido. Quería que al expresarlo fuese terapia para él y sintiera que papá estaba interesado en sus cosas.

El pollo se veía muy mal.  Supuse que moriría, y me dispuse preparar a mis hijos para lo peor.   Me equivoqué.   Mientras consolaba a Jonatán, David salió llorando del cuarto donde oraba por el pollo.   De repente Pablo exclamó que el pollo estaba vivo.

Contra mi diagnóstico, el pollo sobrevivió; los mellizos lo atribuyeron a un milagro. Decían que Dios había escuchado sus plegarias.   Cierto o no, el pollo se recuperó gracias al cuidado de los niños.

El 20 de agosto, Jonatán por accidente atropelló a Pollito con un carrito que montan los niños pequeños. Pollito estaba muerto y Jonatán lloraba a cántaros. Traté que el chico no se sintiera culpable, y en medio de todo sintiera mi consuelo, amor y empatía.   En ningún momento insinué reprimir el llanto sino que convalidé sus emociones y le animé a expresar su dolor.

La tarde del 20, fuimos aenterrar a Pollito. Camino al entierro, Jonatán advirtió: “De ahora en adelante no tendré más mascotas tan frágiles”. Me partió el alma al externalizar Jonatán el profundo cariño que tenía al pollo, al preguntar: “Papá, ¿los pollos van al cielo?”. Respondí no recordar si la Biblia decía algo al respecto. Además, aseveré a mis hijos que la muerte de Pollito era una lección para que viéramos la brevedad, unicidad y fragilidad de la vida.   A solas con mis pensamientos y meditando en la pregunta de mi hijo, recordé que la Biblia revela que en la Nueva Jerusalén habrá animales pero las bestias salvajes no harán daño ni al niño de pecho,   y “morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará”.

A propósito del cielo, ¿es “perversa” la creencia del cielo?  Perverso es adulterar (para confundir) la esperanza del cristiano con fanatismo religioso que ve al cielo como recompensa por dañar al prójimo.    Si el cielo fuese una creencia falsa (según el cientificismo, toda verdad para ser verdad debe pasar por el filtro de las ciencias naturales, creyéndolas omnímodas e infalibles), prefiero ser soñador que un matador de sueños.

A pesar de las muy merecidas críticas al fanatismo religioso, Ravi Zacharias sostiene que “solo la religión permanece como bastión de esperanza frente a la muerte, tanto para el difunto como para su dolorida familia”.   Luego de acariciar el suicidio y desistir, León Tolstoi escribió en su autobiografía: “La mayoría de las personas tiene una vida más difícil que la mía y, sin embargo, la encuentran maravillosa.   ¿Cómo lo logran?   No con explicaciones, sino con fe”.

Cada uno cree lo que quiere y lo que le conviene, pero ¡qué cómodo es decir ser ateo cuando estamos sanos y no hay enfermos en la familia cercana, hay buenas finanzas, profesión y empleo prometedores! La puerca tuerce el rabo en situaciones extremas o toques de fondo. Ahí se sabe en realidad qué creo y cuáles son mis convicciones; y, para frustración y rabia de algunos, en esos momentos los resentimientos y odios irreligiosos suelen esfumarse.

Pues bien, al ver la tristeza y el amor de mis hijos por su muerto y sepultado pollo, las lágrimas brotaron y quedamos llorando todos por Pollito, el pollo que el Día del Niño vino a formar parte de la familia y del corazón de tres niños.

<> Este artículo se publicó el 16  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/caceres-arrieta-j-enrique/

¿Defensoría del niño?

La opinión de la Periodista…

Betserai Richards 

Un niño de edad escolar, vendiendo productos en las calles, con trapos deteriorados sobre su piel demacrada que refleja su estado de pobreza, es uno de los ejemplos que vemos a diario en nuestro país. De la misma manera, los menores que se ven obligados a “trabajar” en los buses de las diferentes rutas.

Es triste saber que aquellos pequeños estén sometidos (ya sea por presión o consentimiento de sus padres) a esta salvaje actividad. Sabemos que los niños de hoy, mañana serán los ciudadanos de Panamá y aún así permitimos que este abuso infantil se desarrolle de manera fluida.

Hace algunos días abordé un autobús de la ruta Corredor Sur. Ante los ruidos de nuestra urbe, con dificultad se escuchaba un niño gritando el nombre de la ruta del bus al que él pertenecía. Me asombré de ver a este pequeño en una actividad como esta, salvaje y grosera, sometiéndose a insultos de los usuarios que, disgustados por el pésimo servicio, ventilaban sus frustraciones con él.

Mientras que el crecimiento económico nacional va en escalada, la pobreza en nuestra sociedad se torna más palpable. A diario nuestros noticieros lo demuestran. Podría decirse que es reflejo de la injusta distribución de la riqueza y el alto índice de criminalidad juvenil.

En esta etapa es cuando deben dar sus primeros pasos hacia la superación académica. La educación básica supuestamente es gratuita en nuestro país, pero muchos hogares requieren de subsidios (fondo fiduciario educativo, nutrición, transporte, útiles, uniformes etc.).

Para muchos no es secreto que los familiares de estos pequeños ciudadanos son cómplices del trabajo que desempeñan, aprovechándose de su paupérrima condición y que los transeúntes se compadezcan con la compra del producto que tienen a la venta.

Mientras que el gobierno de turno gasta millones de dólares en automóviles lujosos y salarios jugosos, problemáticas como estás siguen vigentes.   Sugerimos la pronta resolución de estas necesidades y contribuir a que estas criaturas puedan disfrutar su niñez.

> Artículo publicado el 8 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.