Decreto obsoleto

La opinión del Ex Presidente de la Cámara de Comercio de Panamá y Ex Embajador de Panamá en Mexico….

RICARDO ALEMÁN ALFARO
ricaleman@gmail.com

Al conocer sobre el último decreto emitido por la máxima autoridad del distrito capital, volví a sentir lástima por la estrechez mental de quienes, sistemáticamente, impulsan año tras año la prohibición de venta y consumo de bebidas alcohólicas en el Día de los Difuntos, costumbre propia y arraigada en algunos pueblos subdesarrollados.

No trato de convertirme en un impulsor del alcohol ni vendedor gratuito de las grandes y pequeñas empresas que se dedican a su venta; se trata de que como Nación iniciemos una discusión sobre si queremos continuar con la mentalidad pueblerina, propia de inicios del siglo pasado, o si, por el contrario, queremos dar el paso hacia la modernidad, la apertura, al crecimiento y desarrollo del país en este mundo globalizado al que hemos apostado, utilizando al turismo como motor impulsor de la economía.   Pero, también se trata, y más importante aún, del ejercicio de nuestros derechos fundamentales como ciudadanos y contribuyentes: al libre comercio, a la propiedad, al trabajo, y a tantos otros ‘derechos’.

Los gobernantes han mantenido como norma culpar a sus antecesores de ‘todos’ los males que encuentran y anuncian en grandes titulares que propiciarán el ‘cambio’; no obstante, nuestro alcalde en vez de transformarse y convertirse en parte del cambio real en el que estamos inmersos, lo que puede apreciarse a simple vista en la ciudad capital y también en otras provincias, decide continuar por el camino trillado, rocoso y lodoso, empantanando a la ciudad, ante la sorpresa de propios y extraños.

Si analizamos el tema desde el punto de vista económico, no existe duda alguna de las pérdidas que sufren los pequeños y grandes empresarios, al impedírseles la venta de los productos que elaboran, distribuyen y venden, que se traducen en salarios pagados por trabajos no realizados, meseros que no ganan su principal sustento, como lo es la propina, además de mantener los gastos corrientes como si estuvieran funcionando.   ¿Quién reembolsa a estos empresarios—contribuyentes de esas pérdidas económicas?

Siento ‘pena ajena’ cuando la gran cantidad de turistas que nos visitan, turismo que en la ciudad capital es, principalmente de ‘negocios’,   no pueden siquiera tomarse una cerveza o una copa de vino en un restaurante, pues los comerciantes pueden ser objeto de multas pecuniarias. Triste espectáculo, que me ha tocado vivir, y que, en su momento, solo pude responder, avergonzado, diciéndoles: ‘es que seguimos teniendo mentalidad pueblerina, a pesar de vivir en una capital moderna, timbre de orgullo de los panameños’.

¿Hasta cuándo la violación a los derechos fundamentales, como lo son, el trabajo, el ejercicio del comercio, la libertad de creencias, al tránsito y a la propiedad? ¿Por qué no puedo comprar una bebida o botella de licor en un establecimiento comercial o supermercado, aunque sea para tomármela en mi casa?   ¿Por qué no puedo vender licor a quien quiera recordar a un ser querido fallecido libando una cerveza o un copa de licor? Señor alcalde, señores concejales, súbanse al tren de la modernidad, cuyo recorrido inició en enero de 1990, que ha permitido la transformación de nuestra querida Panamá en un país que ahora se conoce internacionalmente por su crecimiento, desarrollo, oportunidades, libertad, democracia, y que con grandes esfuerzos de gobernantes, empresarios y trabajadores, intentamos convertir en un país de primer mundo, abierto a todos, nacionales y extranjeros, y deje ya de emitir decretos que resultan en el hazmerreír y provocan pérdidas económicas a gran cantidad de empresarios, trabajadores y al propio Estado recaudador.

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<> Este artículo se publicó el 21 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Chitré, crecimiento y desarrollo

La opinión de….

Milcíades Pinzón Rodríguez

A diario escucho decir que Chitré está creciendo, y no lo pongo en duda; lo que me pregunto es si esa tendencia puede ser llamada desarrollo. El primero de los vocablos recoge aspectos de índole cuantitativa, mientras que el segundo coloca el énfasis en la calidad de vida; porque todo desarrollo implica un crecimiento, pero no todo crecimiento es desarrollo. Por eso, y desde mi particular punto de vista, pienso que debe preocuparnos lo que acontece en la capital herrerana.

Al parecer existe un espejismo en esos guarismos que pregonan que Chitré ha logrado algún grado de avance en la última década. Porque a diferencia de tiempos idos (gran parte del Siglo XX), cuando la influencia externa se hizo carne en la vida del hombre que habitaba Chitré, no acontece lo mismo en los actuales momento.

Me refiero a que desde el Siglo XIX los extranjeros (franceses, alemanes, italianos, etc.) contribuyeron a posicionar la tierra adoptiva del padre Melitón Martín y Villalta. Gracias a ese empeño forastero, y a diferencia de otras comunidades del entorno, la capital herrerana logró asumir el capitalismo como un sistema económico que le permitió catapultarse como centro comercial de las provincias centrales.

Hay que comprender que las minorías étnicas de antaño, contrario a lo que acontece contemporáneamente, terminaron por ser asimiladas por la pueblerina cultura que moraba “en la otra banda del río”. Tómese en consideración que la reciente modernidad acoge el influjo de un capital que responde a consorcios nacionales y extranjeros y que, a la postre, no implica necesariamente una fusión con los grupos humanos que pueblan la zona. Pienso que se trata más bien de una superposición de intereses mercuriales que desplazan al capital nativo y que a la larga tendrá su secuela en los hábitos laborales, festivos y, en general, culturales de la chitreanidad.

Otro elemento estructural del análisis del “desarrollo” chitreano, implica el tomar conciencia de cómo el indicado crecimiento no se enmarca en una estrategia de desarrollo regional, peninsular, santeña o herrerana; porque en el fondo la península no sabe qué quiere ni a dónde va. Por este motivo el crecimiento es “peligroso” para Chitré y la región; porque la ilusión contemporánea puede trocarse en el dolor de cabeza del mañana. Por ejemplo, piense usted cómo la pequeña urbe herrerana atraerá junto a ella, como ya está aconteciendo, a un creciente flujo de inmigrantes que terminarán por poblar la periferia de la ciudad, demandar un conjunto de servicios gubernamentales y, de paso, acelerar la crisis en una comuna que no ha superado los esquemas administrativos de la primera mitad de la vigésima centuria.

En el último lustro esos aspectos pretendidamente cualitativos se expresan (metafóricamente) en lo que podríamos definir como la “semaforización” y “hamburguerización” de Chitré.   Quiero decir que la ingenuidad de la perspectiva reinante conduce a creer que el poblado avanza, porque la ciudad tiene dos semáforos y las empresas comerciales de alimentos venden hamburguesas y una que otra edificación rompe con la monotonía de la casa de quincha, como si ésta fuera una rémora del ayer que necesitamos erradicar.

Nadie desconoce que vivimos tiempos difíciles y de cambios acelerados; es decir, de aldea global y de modernización. Pero sería igualmente candoroso pretender que Chitré se amuralle para impedir el avance de la nueva era; porque ya esa cultura del erizo ha provocado no pocos retrocesos en el desarrollo regional. No es casual que los ejemplos azuerenses más paradigmáticos de la transformación regional estén representados por dos estilos de crecimiento: el chitreano y el pedasieño. Núcleo urbano y comercial, el primero, y desafío del turismo, el segundo. Ambas propuestas tienen que ser pensadas en sus aciertos e implicaciones para el resto de la región y, particularmente, para la actividad agraria y ganadera que ha sido el sustento histórico de la población. Y todo ello sin que aquí entremos a considerar la aberración que representa la minería en la zona de “montaña”.

Pensando en los desafíos modernos y sin negar los beneficios que pudiera promover un capital bien invertido, la realidad parece sugerir que sin planificación del desarrollo, y sin que los frutos de ese crecimiento logren permear a los diversos estratos sociales, lo que acontece en la capital herrerana podría acarrear serias implicaciones en la base de la pirámide social azuerense. Es decir, si prosigue la actual tendencia Chitré crecerá, pero no se desarrollará. Y se repetirá en Herrera la triste historia de la capital republicana, mucho crecimiento y poco desarrollo, con edificios que la gente de El Ñuco y El Tijera sólo los mirarán al pasar.

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<> Este artículo se publicó el 22  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/pinzon-r-milciades/

Unidad Nacional y el Futuro

La opinión del Comunicador Social….

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Jaime A. Quijada

Ahora es tiempo de unir y construir, de dar vuelta a la página del ayer y mirar al futuro. La alternabilidad es una condición fundamental de madurez democrática. La unidad nacional merece crédito por ello.  Las tareas de un gobierno son muchas, pero las prioridades esenciales deben ser pocas. Para mí, el “sello del cambio”, además de la gestión, debiera ser: La Unidad Nacional y el Futuro.

A mi juicio, las prioridades para sólo los cuatro años y meses que faltan serían, la primera es el empleo, que depende del crecimiento, la inversión, la productividad, la innovación, el emprendimiento. Es la madre de todas las batallas en el desarrollo. Una batalla a la que la Unidad había renunciado de hecho. La prioridad social debe ser siempre para el desempleado, y sólo después para el que ya tiene algo.

La segunda prioridad es la pobreza extrema y la equidad en la repartición del crecimiento. Es segunda, porque sin la primera no hay nada que repartir. Por eso puede y debe haber bono de 100 para los 70, la red de oportunidades, y otras medidas asistencialistas. La otra, la verdadera, es de largo plazo, y es básicamente el acceso a la educación de calidad, gran falla de la grandes Concertaciones. Es la gran puerta de la libertad. Asistencialismo donde se necesita hoy, pero creando oportunidades para siempre. La oportunidad más digna y más libre es el buen empleo, y eso depende de la educación.

Lo tercero es la imperiosa modernización del Estado. Modernizar, descentralizar, digitalizar e integrar, eliminar trabas burocráticas, manejar bien las empresas públicas, cumplir en la salud, infraestructura, rehabilitación, en fin. Lo que hay que achicar es el gobierno, no el Estado.

Lo cuarto es la batalla frontal contra la delincuencia y el narcotráfico. No podemos ser ambiguos, se requiere apoyo de todos. Finalmente, lo último, pero no lo menor, es la necesidad de multiplicación del capital social, es decir, las confianzas cruzadas, el gobierno efectivamente de unidad, la no discriminación ideológica, el entendimiento, la búsqueda de consensos, y una verdadera tolerancia. El peso de la prueba lo tiene siempre el que está arriba, es decir, hoy es Ricardo Martinelli y el gobierno los que deben mostrar grandeza, generosidad y marcar la pauta.

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Artículo publicado el 11 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.

Mentalidad del panameño

La opinión de….

Marisín Villalaz de Arias

Mentalidad del panameño
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Nuestro Presidente ha dicho que desea que Panamá sea una tacita de oro imitando a diferentes lugares del mundo avanzado. Yo también quisiera que sucediera así por el bien de todos los panameños.   Mis amigos extranjeros se extrañan del adelanto moderno de Panamá, de la cantidad de edificios que hay y del tránsito que dice del avance que tenemos.   Pero no basta la modernización física, hace falta también la mental y la emocional para que lleguemos a la mitad de otros países. Los nórdicos son los más avanzados. ¿Tenemos la cultura de ellos para imitarlos?

Hablando de cultura, fue en la época de la dictadura que reemplazaron la educación que teníamos por un retazo de la misma, convirtiéndonos en sumisos ignorantes que decíamos sí a todo lo que el General quería. Desde entonces, nadie ha tenido la delicadeza con este pueblo de reactivar una verdadera educación y una cultura digna de este pueblo sano y falto de protección gubernamental.   Así comenzamos a ser populistas, aprovechadores, juega vivos y a formar parte de aquellos que dependen sólo del gobierno para vivir.  La falta de educación nos trajo la irresponsabilidad, la falta de cultura, de disciplina y esto lo vemos reflejado en el tránsito cuando nos pasamos la luz roja de los semáforos, damos la vuelta en U, nos estacionamos en cualquier lugar prohibido y violamos las reglas del mismo.

¿A quién recurrimos? Si vamos a dar un pésame en un velorio, tratamos de llegar primero ante los deudos aunque hayamos llegado de último. Tratamos de evadir responsabilidades cuando sabemos que debemos cumplirlas.   Entonces, ¿qué Dubai o Singapur queremos ser?   Es inútil mientras no cambiemos nuestra manera de ver las cosas y no acatemos los reglamentos, las leyes, la Constitución, y dejemos de querer saltar posiciones o situaciones para ganar prebendas por encima de nuestras obligaciones.

Quisiera ver a los panameños detenerse cuando deben en una luz roja; que paguemos nuestras obligaciones; que los gobiernos utilicen nuestros impuestos debidamente y que la sociedad deje de ver todo negativamente ante las proposiciones que se hagan para mejorar la situación en Panamá. Solo entonces podremos ser un país de primer mundo, pequeño pero pleno de cultura, de consideraciones, de paciencia y de positivismo para alcanzar lo que necesitamos para ser felices y no vivir solo del consumismo y de la burocracia que lleva a los gobiernos a llenarse de parásitos inservibles.

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Publicado el 21  de octubre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Modernización y eficiencia del gasto

Modernización y eficiencia del gasto

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La opinión del Abogado…

LUIS ALBERTO TESTA

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Hasta hace poco tiempo centrábamos la atención del Estado en la producción de mejoramientos técnicos en determinadas áreas administrativas, consideradas claves para algunos objetivos específicos. Se accionaba para impactar un sector, pero muy pocas veces orientábamos la estrategia hacia el mejoramiento funcional del Estado.

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La discusión hoy se centra en que el Estado ha dejado de ser una estructura sectorial coordinada políticamente, para convertirse en una estructura funcional de coordinación técnica intersectorial y con una orientación política por objetivos. El Estado organizado por problemas que se han acumulado en nuestras sociedades, en virtud de su creciente obsolescencia en sus capacidades técnico-burocráticas.   Cuando hablamos de agro. por ejemplo, ya no podemos verlo como un tema sectorial, toda vez que involucra otras funciones, como las política internacionales (libre comercio), el ordenamiento territorial, la infraestructura vial, la cadena de frío, el medio ambiente, etcétera.

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Hay funciones básicas que el Estado debe cumplir. La gestión institucional y política que debe coordinar la organización electoral.   La armoniosa relación entre los poderes, su administración interior y la gestión de crisis. La conducción Macroeconómica, que debe velar por la juiciosa administración y aplicación de los impuestos y la Hacienda Pública, la política exterior, la defensa nacional, el orden y seguridad pública, la educación, salud y cultura.

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Para que se puedan cumplir eficientemente, el Estado deberá garantizar sistemas de información de alta calidad técnica e instalados en red, que le permitan el adecuado conocimiento de variables frente a una decisión; y la capacidad de coordinación intersectorial, que permitan hacer operativas las decisiones.


La modernización del Estado debemos entenderla como el conjunto de acciones destinadas a producir cambios, ajustes, desarrollos o consolidación en las instituciones, normas y procedimientos a través de los cuales el Estado se gobierne políticamente, realice sus objetivos, gestione sus intereses y se relacione con el sistema internacional.

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La experiencia panameña nos indica que el crecimiento multisectorial experimentado en las tres últimas décadas del siglo pasado, si bien respondieron a necesidades específicas de la coyuntura, hoy, con las nuevas dotaciones tecnológicas, las nuevas modalidades de integración social, la búsqueda de mayores oportunidades en la distribución de los bienes de la sociedad, debemos privilegiar un Estado más orientado al desarrollo de funciones que a la gestión de sectores.

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Si analizamos la calidad de los servicios que prestan nuestra instituciones, la forma de sus organizaciones y la poca eficiencia de sus gestiones versus los altísimos costos económicos y sociales que estamos pagando, solo podemos concluir en que la sectorización con que hemos administrado el Estado, nos ha resultado ineficiente para garantizar la coherencia y justeza de los objetivos planteados.

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La modernización no debe entenderse necesariamente como privatización. Toda vez que esta última responde a una visión reduccionista del Estado, situando la discusión en el traspaso de activos estatales a manos privadas. Y no es lo que se propone en la estrategia de funcionalidad que abordamos. Trabajar sobre una racionalidad o lógica estatal en los ámbitos económicos, legales y de justicia, los sistemas de gestión.

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El cambio dramático en lo sistemas de gestión y las capacidades gerenciales que se tiene sobre las reformas que debemos aplicar por ejemplo en el servicio civil, o Carrera Administrativa, rebasan con creces las evidencias de un funcionariado de baja calidad técnica y eficiencia, productos del clientelismo político y el gigantismo estatal de las coyunturas señaladas anteriormente y que nada tienen que ver con una administración pública ágil, flexible y eficiente.

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Publicado el 21 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde