De pueblo de borregos y mitos

– La opinión del Ingeniero, Banquero Internacional y Diplomático…

Eudoro Jaén Esquivel

Hace unos años escribí un artículo bajo el título “Somos un pueblo de borregos”. Me refería a la paciencia estoica, casi masoquista, de nuestro pueblo para soportar las incomodidades, groserías y maltrato de los bien nombrados “Diablos Rojos”.

Criticaba la ausencia de sentido comunitario en organizarnos para ejercer nuestro poder de usuarios, ya que sin compradores no hay ventas; sin ventas no hay empresa y sin empresa no hay trabajo.

Decía que nuestro país estaba secuestrado y nuestros gobiernos chantajeados por un puñado de pseudo–líderes sindicales del transporte (colectivo y selectivo), quienes obtienen beneficios del Estado con solo amenazar con irse a la huelga. Inclusive elegimos a pseudo–líderes transportistas como diputados que llegan dominar la Comisión de Transporte. Criticaba, igual, nuestra ausencia de sentido comunitario y egocentrismo, al no organizar transporte colectivo con nuestros vecinos y compañeros de trabajo, lo que los gringos llaman car pool, como se acostumbra hacer en otros países.

Han pasado los años desde mi artículo y nuestro pueblo continúa hasta el día de hoy sufriendo del mal transporte público masivo del área metropolitana. Continuamos en no querer compartir nuestro medio de transporte con otros, ni siquiera con familiares, o por pereza, ya que a nadie le gusta caminar y todos quieren estacionarse a solo metros de su puesto de trabajo. Así que cada cual quiere poseer un auto, para el deleite de las agencias de autos, banqueros y “garroteros”; aunque sea chatarra, un chasis y cuatro ruedas.

Por supuesto que el pésimo transporte público contribuye a la tendencia de un carro por cada miembro de familia, situación que hace cada día más desesperante circular por nuestras abarrotadas calles. Afortunadamente, al fin se visualiza el fin de los “Diablos Rojos”, pero la camarilla sigue dando que hacer. Ahora resulta que el salario que ofrece la nueva concesionaria no es suficiente para los “sufridos” conductores y “pavos”, reciclados en responsables nuevos conductores. Aducen que ganan más en las condiciones actuales. Causa estupor y perspicacia este súbito interés de los pseudo líderes sindicales por el bienestar de sus “muchachos”, nunca antes demostrado. Apuesto que el Gobierno cede con subsidios y otras “ayudas”.

Por el otro lado, sigo insistiendo que somos un país surrealista. Un ejemplo: por años venimos viviendo el mito de que el país fue desmilitarizado, que aquí no existe ejército, pues lo prohíbe la Constitución; ¡qué vana ilusión! Tenemos ejércitos, salvo que los llamamos de otras maneras. Los llamamos “servicios”. El “Servicio” de Protección Institucional, la guardia pretoriana del Presidente, es un ejército.

El “Servicio” de Fronteras y el “Servicio” Aeronaval, son ejércitos. La Policía Nacional con todo y los nuevos uniformes tipo Chicago Police es un cuerpo militar. Los jefes de nuestras fuerzas armadas son todos milicos y reciben adiestramiento militar de gringos e israelitas. Tenemos un Ministerio de Seguridad pleno de milicos y cripto–milicos que bien podría llamarse Ministerio de Defensa o de guerra más a tono con el despliegue militar con lanza cohetes que vimos en la festividades patrias.

No tengo absoluto problema con que Panamá cuente con fuerzas armadas, siempre he mantenido en público y privado que todo país soberano tiene el derecho y la obligación de garantizar su integridad territorial y para eso se necesitan ejércitos y Panamá no es una excepción. Lo que critico es la hipocresía de todos los gobiernos post–invasión de abusar de nuestra inteligencia con el cuento de que somos un país sin ejército; como también la hipocresía de muchos comentaristas y políticos que en público muestran desacuerdo con la creciente militarización del país y en privado se regocijan con el despliegue y porte militar de nuestras fuerzas armadas en desfiles.

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<> Este artículo se publicó el 19  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/jaen-esquivel-eudoro/

¡Mito, Religión, Lenguaje!

La opinión del Pedagogo, escritor, diplomático…

Paulino Romero C.

Tradición y renovación obran en sentido opuesto, produciéndose un conflicto, cuyo resultado señala una etapa en el desenvolvimiento de cada pueblo. Los bienes culturales tienden, por un lado, a estabilizarse; por otro, son objeto de una eterna evolución. El hecho educativo, como asimilación de formas de vida cultural, es testimonio y signo de ello. Todos los territorios culturales ofrecen esta lucha; pero no en todos ellos predomina de igual manera, ora el factor que renueva, ora el factor que estabiliza.

En el mito y en la religión, pero más en el primero, se advierte un predominio de la tendencia a la estabilización. Mito y religión son, en efecto, los hechos culturales más conservadores. Lo característico del mito es la narración fabulosa a la cual se atribuye, más por motivos sentimentales que ideológicos, la fuerza o “causa” de hechos reales. La mitificación, forma colectiva de existencia, se petrifica en sus creencias. Vinculada al mito está la religión primitiva. Lo religioso es, por esencia, lo permanente, y lo es, entre otros hechos, por tener un origen inmemorial, fuente culta, enigmática, pero todopoderosa.

En ellos se fundan los ritos, tan rígidos e inviolables, que orientan la vida: ésta, en efecto, discurre en un círculo angosto de consagraciones, observancias, tabúes. Pero esta representación es el impacto que inicia la superación de la etapa mítica y que, andando el tiempo, habrá de promover, bien que a ritmo lento, ciertas mudanzas en la concepción del mundo de la comunidad. En estos cambios las personalidades sobresalientes, cuando existen, señalan el camino. Así, suele quebrantarse el tradicionalismo rígido del mito y de la religión primitiva.

El lenguaje constituye otra forma cultural conservadora. Sin el carácter de estabilidad, el lenguaje no podría propiciar y aun asegurar la comunicación interhumana. Si mito y religión vinculan a los hombres con fines trascendentes, el lenguaje los vincula en un diálogo terreno. El propio mito ha menester del lenguaje. El lenguaje es la más alta creación del hombre para el hombre. Y es, además, un factor poderosísimo de aglutinación social. Entre los bienes culturales legados por España, acaso el idioma ha sido el más decisivo en la formación de los pueblos americanos. De manera pausada, lenta, pero continua evoluciona el lenguaje. Dos hechos, uno habitual, consuetudinario, otro accidental y azaroso, promueven ese cambio.

Al asimilarse el lenguaje, niños y jóvenes asumen una actitud activa; la cual, a veces, acarrea consigo nuevos vocablos y nuevas formas de expresión. El lenguaje recorre, empero, nuevos derroteros cuando aparecen en la historia grandes hombres de letras. Se producen, entonces, las invenciones lingüísticas que, tras cierto tiempo, se propagan en la comunidad. De estas personalidades emana lo nuevo; así, de un Cervantes, de un Alarcón, de un Andrés Bello. ¡Panamá: Nuestro Homenaje Patriótico!

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<>Artículo publicado el  15  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/romero-c-paulino/

Los milagros son solo para santos

La opinión de…..

Olmedo Miró


Más de un político, empresario y funcionario gusta pronunciar una palabrita, que tal la forma parsimoniosa como lo dicen, pareciera una palabra mágica, casi milagrosa, y esa palabra es el “multiplicador”, el supuesto efecto multiplicador que tiene la demanda (gasto) del Estado y/o “estímulo” sobre la economía.

Y como demanda o gasto suena muy terrenal, se le trata de llamar “demanda agregada” como algo esotérico que surge de una dimensión desconocida. Pero ¿es verdad? ¿es posible que un dólar se convierta en muchos dólares a través del mero gasto del Estado y la demanda agregada que genera? Y la pregunta clave: ¿es realmente posible multiplicar panes y peces de la nada?

En principio este mito se resume en un cuento que circuló en internet curiosamente en los días en que la crisis financiera mundial comenzaba: Érase un inglés que llegaba a un hotel, digamos en un pequeño pueblo de Panamá, y paga su habitación con un billete de 100 dólares; con ese billete el hotelero iba y pagaba la deuda que tenía con el panadero; el panadero tomaba el billete y pagaba un filete para llevar a su casa; el carnicero salía y se compraba un televisor y así se va y se va. Luego al final, el inglés no gustó de la habitación y retira el billete, se forma una crisis.

Esta es una historia muy engañosa principalmente porque da la sensación de que un solo billete de 100 se multiplica sin cesar a través de la economía multiplicando igualmente los bienes y servicios. Esto es totalmente falso. La razón es simple: asumiendo que nuestro inglés no falsificó el billete con que paga el hotel, lo que el cuento omite es que el mismo billete lo obtuvo de bienes y servicios que anteriormente ofreció, el inglés, en la economía y que al gastarlo en un hotel en Panamá de hecho decidió “no gastarlo” en un hotel en Londres.   Exactamente lo mismo ocurre en todos los intercambios subsiguientes. Ni el billete se multiplica ni tampoco la riqueza real. Lo único que sucede es que la riqueza pre-existente se intercambia de manera distinta a través de un “medio” que es el billete que el inglés trae de Rusia. Hay que recordar que para la economía como un todo, el dinero no es riqueza en sí sino un medio que facilita el intercambio indirecto y nada más.

Para pensar en riqueza, pienso yo en la madera de teca que compone la mesa sobre la cual apoyo mi laptop. Sucede que para que esta madera se pueda transformar en un elemento útil, ser riqueza, tienen que pasar por lo menos ¡25 años! desde que un empresario decidió iniciar una plantación de la misma hasta que esta semilla se convierta en madera útil. Toda la madera que uno adquiere en la ferretería es producto de un proceso similar. Es su resultado. O sea, que para que ese inventario de madera se “multiplique” tendrán que pasar por lo menos 25 años y no solo eso, ingentes recursos tendrán que ser sacrificados del consumo presente para sostener la producción futura de más madera. Lo mismo sucede para el resto de los productos consumibles en la economía. Son producto del sacrificio y el tiempo. En pocas palabras, no hay tal cosa como free lunches en la economía.

Ahora, ¿qué tal si nuestro inglés tiene una imprenta con que imprime billetes de la nada, los falsifica? Bueno, ahora que tenemos claro que la riqueza no aumenta así porque así y definitivamente no es tan fácil como sacar billetes de una imprenta. El inglés no ofreció bienes y servicios previamente por el billete, simplemente los falseó, pero la gente lo tomará como bueno y entrega bienes y servicios por ese billete. Al principio se siente bien porque da la sensación de que la sociedad es más rica, de que hay más bienes y servicios. Pero luego, como esa riqueza nunca existió poco a poco la gente se dará cuenta y los precios simplemente subirán, pero el inglés ya obtuvo riqueza a cambio de nada. Estafó, robó riqueza real. Hizo más pobres a los demás. Y lo peor es que al principio todos se sentían “tan bien”.

En la vida igual que en la economía no es posible conseguir algo a cambio de nada. Todo efecto tiene su causa. El mito del multiplicador es producto de no entender este proceso. En el mundo los recursos es difícil conseguirlos y si se usan, mejor que se utilicen bien o mejor no usarlos. El dinero y el crédito, herramientas fabulosas para el intercambio indirecto, han sido confundidos con riqueza por los políticos y sus aliados. Por eso multiplican el dinero y el crédito sin respaldo. El resultado es un mundo en crisis donde vivimos en una fiesta en donde hoy descubrimos que tenemos que pagar con recursos que no tenemos.

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Este artículo se publicó el 17 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Autores, literatura y mitos

La opinión del Docente en Filosofía…..

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RICARDO COCHRAN M.

Grandes autores de la literatura universal expresaron a través de sus obras, diversas expectativas según los dirigiesen sus motivos personales o fundamentados en las condiciones sociales en las cuales estuvieron inmersos; la literatura, fue el producto de un complejo y sorprendente proceso que se inició con el descubrimiento de la Escritura por la civilización más antigua de todas, los Sumeria y el lugar preciso fue la ciudad—estado de Uruk, hace más de 6500 años; desde esta formidable invención la cultura humana ha generado toda clase de exposiciones y de explicaciones ajustadas al tiempo en que se vive o “ Zeigest “ y en nuestra sociedad actual, hartamente imbuida en el “ consumismo ” se han producido nuevos mitos.

Uno de estos mitos contemporáneos tiene que ver mucho con el concepto de la “ felicidad ”; en este mito, se estimula la imaginación sobre una sociedad en la cual prima el individualismo y este produce felicidad; pues, a través de un producto de consumo, sea una bebida, un vestido o calzado, un artefacto de comunicaciones, u otro tipos de bebidas más espirituales, como “ el agua de vida ”, o en el peor de los escenarios un asilo para nuestra etapa de la ancianidad, la felicidad se logrará si aceptamos la publicidad que la genera, solo hay que llamar por teléfono y tendremos “ felicidad a la carta ”.

Como quiera, es una falsa creencia el hacer suponer desde su problemas vivenciales que el comprar o lucir algún objeto nos hará más bellos, jóvenes, inteligentes, productivos como personas o más humanos; por ello es cierto que el mito se puede generalizar refiriéndose a nuestra sociedad actual como el mito del hedonismo y el utilitarismo, en donde la solidaridad, la integridad, los valores, la responsabilidad, la templanza, y hasta nuestra familia ocupan un lugar secundario, detrás del objeto que debe consumirse, porque la familia la recrean como un centro comercial familiar.

Este mito es actual y como vemos dista de cualquier dios y atributo, nuestro atributo más apetecible es la sola capacidad de consumir. Pueden citarse muchos mitos más, pero percibiremos que a medida que pasa una época y esta releva a la anterior en todas las culturas, sobreviven y se crean nuevos mitos, los cuales son incorporados a nuestra forma de asimilar el mundo, otro ejemplo los comics y los súper héroes, los cuales no son productos de amoríos entre dioses y mortales, como en todas las mitologías de la antigüedad clásica, sino héroes producto de la ciencia y/o accidentes de experimentos científicos; otro mito el de los líderes políticos eficientes, etc.; lo cual nos dice que los mitos nos han acompañado desde antes de la existencia de la escritura y la literatura y al parecer continuarán con nosotros, porque es la cultura humana quien los necesita y los crea.


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Este artículo se publicó el 15 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.