Expropiaciones, empleomanía y contaminación minera

La opinión del educador…

PASTOR E. DURÁN ESPINO
pastornatural@gmail.com

 

Campesinos latinos e indígenas han iniciado movilizaciones contra los proyectos mineros, no sólo porque significan desastres ambientales y ecológicos, sino porque también significan la pérdida de sus derechos posesorios sobre sus tierras y porque los supuestos empleos en las minas son para ‘obreros calificados’, que en su gran mayoría serán traídos de otros lares.

Los depredadores proyectos mineros están considerados ‘de interés público’ en nuestra legislación, para justificar las expropiaciones cuando nuestros campesinos latinos e indígenas se nieguen a entregar o vender sus propiedades a las transnacionales mineras.   Cuando algo está considerado ‘de interés público’, significa que está por encima del interés particular o privado, y la persona que se oponga a entregar o vender su propiedad tiene que ceder ante la ley a las buenas o a las malas.

Cuando la ley estipula el carácter de interés público de la minería, oponerse supone estar fuera de ley, aunque la declaración de ‘interés público’ de las concesiones mineras implique, precisamente, estar en contra del interés público, como lo es el interés de los campesinos latinos e indígenas por sus explotaciones agrícolas y/o ganaderas.

Si una concesión minera incluye miles de hectáreas de terreno, significa que una gran cantidad de familias de campesinos latinos e indígenas pueden ser despojadas de sus tierras. Como los trabajos de las minas son para obreros calificados, indudablemente, masas de familias de campesinos latinos e indígenas emigrarán hacia las ciudades aumentando los anillos de miseria.

Si tomamos en cuenta que –según la legislación vigente- el 98% de la ganancia bruta de los proyectos mineros se la llevan las transnacionales dejándole al Estado panameño sólo el 2% que no compensa el daño ambiental ni ecológico que causan, hay que poner atención al atentado contra los derechos humanos de los campesinos latinos e indígenas, pues según un estudio del economista William Hughes titulado: ‘El impacto económico de la minería’, las solicitudes en trámite en el Ministerio de Comercio e Industrias totalizaban para diciembre de 1996 ¡dos millones setecientas quince mil cuatrocientas dos hectáreas!!! (2,715,402).

Por otro último, ¿qué pasaría si en Cerro Colorado ocurriera un desastre ambiental? Allí nace el río San Félix. A cinco kilómetros de allí el río Cuvíbora, afluentes del Tabasará cuyas aguas bañan no sólo las tierras de los indígenas sino también las llanuras de los campesinos latinos del Oriente chiricano, y desembocan en el Pacífico. Al norte de Cerro Colorado nace el río Cricamola cuyas aguas atraviesan la provincia de Bocas del Toro, para desembocar en el Atlántico.

 

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<> Artículo publicado el 27  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La pelea es contra el hambre

” Siento que el señor alcalde de Panamá está equivocado. “Pelea tu beca” es una campaña tan ridícula como ofensiva. La pelea de los niños es contra el hambre y la deuda social con ellos se paga con políticas institucionales aplicadas con imaginación.” Conozcamos más sobre los planteamientos que nos hace en su interesante artículo de opinión el autor….

Jorge Iván Mora

La mañana que el niño Celestino Pelenchín Caballero, con rabia y desespero decidió llegar a la Arena de Colón para servir de sparring, ante un llamado que escuchó por altoparlante, se impuso la sagrada misión de regresar a su casa con el desayuno para sus cuatro hermanitos y su madre. Perdió la prueba, recibió unos cuantos golpes y cinco dólares, pero sintió que ese día había vencido.

En condiciones dramáticas no menos distintas, Demetrio Pambelé Ceballos, con 12 años apenas, aceptó un trato a escondidas de sus padres con un expendedor de carnes, a la sazón promotor local de boxeo, para que fuera a entrenar a cambio de unas libras de carne de cerdo para llevar a su hogar y un par de dólares. A lo largo de todas las Américas, los boxeadores se parecen por el origen de sus historias, la miseria, así como en varios casos, por sus finales tristes.

Al alcalde Vallarino no hay que señalarlo por ser quien ha sido, un creativo al servicio del mercadeo de productos.   Es legítimo.   Los temas de Estado son otro asunto. “Pelea tu beca” es un intento improvisado de mejorar la imagen del mandatario capitalino, que confunde la caridad con los derechos.

La promoción de su deteriorada imagen, no revela el éxito de la asistencia, como aseguró el comentario de un vocero oficial de la Alcaldía, sino la cruda realidad de la gran mayoría de la niñez panameña, que habita en la marginalidad.

Aquí estamos frente a la disyuntiva de construir políticas de Gobierno o políticas de Estado al servicio de la niñez, o administrar los asuntos públicos con pálpitos del corazón. Estamos frente al derecho a existir, que empieza con la garantía y obligación del Estado de proteger y velar por la niñez.

Siento que el señor alcalde de Panamá está equivocado. “Pelea tu beca” es una campaña tan ridícula como ofensiva.   La pelea de los niños es contra el hambre y la deuda social con ellos se paga con políticas institucionales aplicadas con imaginación.

Apelando a la imitación sugiero un verdadero programa de Estado, “Panamá sin hambre”, con presupuesto de la ciudad, recursos del nuevo Programa de Ayuda Nacional (PAN) y las grandes fundaciones empresariales panameñas, que pueden aportar capital y pulcritud administrativa, y entonces, alcalde, institucionalice los comedores sociales al lado de las escuelas públicas, en centros neurálgicos del área metropolitana, para que los padres puedan ir a rebuscarse la vida sin el dolor del vacío en el estómago y los niños puedan superar la escolaridad sin hambre.

Así también unos serán mejores padres y los hijos mejores deportistas. El modelo existe y fue creado por el ex alcalde de Bogotá Lucho Garzón y lo ha continuado el alcalde actual Samuel Moreno.

No es política partidista ni gestos del corazón. Son políticas de Estado. Así noquea la miseria y de paso dignifica la pobreza. Le garantizo que ganamos todos.

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Este artículo se publicó el 1 de agosto de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Medidas urgentes para nuestro remedio

La opinión de….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO


Al punto a que han llegado las cosas no debemos demorar por más tiempo toda acción que procure la armonía, la paz y la comprensión entre los panameños.

Son muchos los grupos que están tocando los límites de la tolerancia, y un poco más de espera puede conducirnos a situaciones catastróficas, probablemente imposibles de allanar después.

El cúmulo de circunstancias por las cuales ha atravesado el pueblo panameño durante los últimos veinte años y que se previeron tiempo atrás, han producido en nuestro suelo un excesivo predominio de muchos elementos nocivos que hoy nos urge desarmar, contener por lo menos esos elementos que no amenacen seriamente el bienestar, la paz y el progreso moral.

La miseria, las enfermedades y la incultura, son tres elementos de indiscutible carácter real y verdadero en sus manifestaciones y de orden netamente social y económico en cuanto a su acción inicial y letal por excelencia.

Contra ellos, contra la triste y degradante miseria especialmente, nada puede hacer ninguna razón obrando por sí sola y menos que no salga del corazón de todos los ciudadanos.

Es este el momento en que todos, pueblo y gobierno, la Nación entera debe entrar en acción para cerrar heridas, corregir errores y encontrar soluciones a las diferencias que hoy vemos todos los días. Todas las fuerzas válidas de la Nación debemos concurrir unidas a esta obra de impostergable urgencia. Y si los recursos actuales no bastan, dada la magnitud de esta empresa, debemos pedir ayuda al crédito y empeñar el porvenir.

Nuestra sociedad, sin miramientos ni resabios, debe hoy cubrir en breve plazo y con toda la dedicación posible, una tarea que debimos haber hecho hace muchos años y que no se realizó quizás por motivo que ahora resulta hasta cierto punto inútil de examinar, pero que hay que reparar de inmediato sin mayor dilación. Quizás una tarea que debió comenzar hace años y que en verdad muy poco se ha hecho durante décadas. Panamá tiene hoy el potencial para mejorar drásticamente las condiciones de existencia de toda la ciudadanía incluyendo hasta los menesterosos, palabra ésta que ya no debiera existir en nuestra tierra.

Cuando encontramos una sociedad como la nuestra, desgastada todavía por la miseria, lanzamos un grito de alerta y exigimos la pronta e inmediata provisión de medidas que nos lleven a contener el avance del mal, sino a suprimirlo.

Artículo publicado el  18  de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.