Ex-militares al banquillo

La opinión del Educador….


PASTOR E. DURÁN ESPINO
pastornatural@gmail.com

Según el Comité de Familiares de Asesinados y Desaparecidos de Panamá ‘Héctor Gallego’,  el 29 de diciembre del presente tendrá lugar en la ciudad de David el juicio por el caso de la desaparición forzada de Julio Mario Villarreal De Las Casas, hecho ocurrido durante la narco-clepto-dictadura militar de Omar Torrijos Herrera.

Mario Julio Villarreal (28) despareció en Sioguí Abajo, Provincia de Chiriquí, el 17 de agosto de 1969. Había tomado cursos de supervivencia en la selva y sabía manejar armas, por lo que antes del golpe de Estado de 1968 trabajó limpiando y arreglando armas para la Guardia Nacional (GN). Sin embargo, como pertenecía al derrocado Partido Panameñista, se involucró en la lucha antimilitarista en la Provincia de Chiriquí. Fue detenido varios meses y los militares le propusieron dejarlo en libertad con la condición de que trabajara para ellos. Mario aprovechó esta propuesta para salir. Cuando salió mostró a sus familiares las cicatrices que habían dejado las torturas en su cuerpo: el brazo izquierdo quebrado, sin uñas en los pies, quemaduras en todo el cuerpo, le daban choques eléctricos, por lo que decidió unirse nuevamente a las guerrillas antimilitaristas.

Según la declaración de un ex-combatiente, Julio tenía tres días de estar en la región de Sioguí, cuando fue denunciado por un sargento de la GN. La GN envió pelotones a la región y le hicieron una encerrona. Cuando se vió rodeado opuso resistencia con su metralleta. Hubo muchos heridos, pero no se informó más de él ni de su grupo. Según el Informe de la Comisión de la Verdad (CV), amigos de la familia de Julio informaron que a éste lo habían matado en Sioguí. Un sargento de la GN también informó a la familia Villareal De Las Casas los nombres de los militares responsables: Rodrigo ‘Botita’ García y Ricardo ‘Orejita’ Ruiz.

Según información desclasificada obtenida por la CV, un reporte diplomático hizo referencia a ‘un encuentro de guerrilla en Sioguí’. Según este reporte, Villarreal estuvo involucrado, ‘pero no fue uno de los muertos’ (sic.).   Esto quizás motivó que un familiar de Villarreal pusiera una denuncia en 1990. El 19 de octubre de 1990 se solicitó el sobreseimiento provisional que fue acogido por la Juez Cuarta del Circuito de Chiriquí. La CV concluyó que no había pruebas que indicaran que Villarreal murió bajo custodia de la GN.

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<> Artículo publicado el 28  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De pueblo de borregos y mitos

– La opinión del Ingeniero, Banquero Internacional y Diplomático…

Eudoro Jaén Esquivel

Hace unos años escribí un artículo bajo el título “Somos un pueblo de borregos”. Me refería a la paciencia estoica, casi masoquista, de nuestro pueblo para soportar las incomodidades, groserías y maltrato de los bien nombrados “Diablos Rojos”.

Criticaba la ausencia de sentido comunitario en organizarnos para ejercer nuestro poder de usuarios, ya que sin compradores no hay ventas; sin ventas no hay empresa y sin empresa no hay trabajo.

Decía que nuestro país estaba secuestrado y nuestros gobiernos chantajeados por un puñado de pseudo–líderes sindicales del transporte (colectivo y selectivo), quienes obtienen beneficios del Estado con solo amenazar con irse a la huelga. Inclusive elegimos a pseudo–líderes transportistas como diputados que llegan dominar la Comisión de Transporte. Criticaba, igual, nuestra ausencia de sentido comunitario y egocentrismo, al no organizar transporte colectivo con nuestros vecinos y compañeros de trabajo, lo que los gringos llaman car pool, como se acostumbra hacer en otros países.

Han pasado los años desde mi artículo y nuestro pueblo continúa hasta el día de hoy sufriendo del mal transporte público masivo del área metropolitana. Continuamos en no querer compartir nuestro medio de transporte con otros, ni siquiera con familiares, o por pereza, ya que a nadie le gusta caminar y todos quieren estacionarse a solo metros de su puesto de trabajo. Así que cada cual quiere poseer un auto, para el deleite de las agencias de autos, banqueros y “garroteros”; aunque sea chatarra, un chasis y cuatro ruedas.

Por supuesto que el pésimo transporte público contribuye a la tendencia de un carro por cada miembro de familia, situación que hace cada día más desesperante circular por nuestras abarrotadas calles. Afortunadamente, al fin se visualiza el fin de los “Diablos Rojos”, pero la camarilla sigue dando que hacer. Ahora resulta que el salario que ofrece la nueva concesionaria no es suficiente para los “sufridos” conductores y “pavos”, reciclados en responsables nuevos conductores. Aducen que ganan más en las condiciones actuales. Causa estupor y perspicacia este súbito interés de los pseudo líderes sindicales por el bienestar de sus “muchachos”, nunca antes demostrado. Apuesto que el Gobierno cede con subsidios y otras “ayudas”.

Por el otro lado, sigo insistiendo que somos un país surrealista. Un ejemplo: por años venimos viviendo el mito de que el país fue desmilitarizado, que aquí no existe ejército, pues lo prohíbe la Constitución; ¡qué vana ilusión! Tenemos ejércitos, salvo que los llamamos de otras maneras. Los llamamos “servicios”. El “Servicio” de Protección Institucional, la guardia pretoriana del Presidente, es un ejército.

El “Servicio” de Fronteras y el “Servicio” Aeronaval, son ejércitos. La Policía Nacional con todo y los nuevos uniformes tipo Chicago Police es un cuerpo militar. Los jefes de nuestras fuerzas armadas son todos milicos y reciben adiestramiento militar de gringos e israelitas. Tenemos un Ministerio de Seguridad pleno de milicos y cripto–milicos que bien podría llamarse Ministerio de Defensa o de guerra más a tono con el despliegue militar con lanza cohetes que vimos en la festividades patrias.

No tengo absoluto problema con que Panamá cuente con fuerzas armadas, siempre he mantenido en público y privado que todo país soberano tiene el derecho y la obligación de garantizar su integridad territorial y para eso se necesitan ejércitos y Panamá no es una excepción. Lo que critico es la hipocresía de todos los gobiernos post–invasión de abusar de nuestra inteligencia con el cuento de que somos un país sin ejército; como también la hipocresía de muchos comentaristas y políticos que en público muestran desacuerdo con la creciente militarización del país y en privado se regocijan con el despliegue y porte militar de nuestras fuerzas armadas en desfiles.

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<> Este artículo se publicó el 19  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/jaen-esquivel-eudoro/

Roderick Esquivel, ante la historia

La opinión del Empresario….


JUAN RAMÓN MORALES
juramor777@hotmail.com

Conocí a Roderick Esquivel hace 20 años, su desaparición física me ha consternado profundamente. Lo traté más en el plano personal que en el plano político; sin embargo, lo que puedo afirmar vehementemente es que cuando fungió como vicepresidente de la República no alcanzó la más alta magistratura, porque la reciedumbre de su carácter y su integridad no le permitió arrodillarse ante los militares.

Su vínculo político en aquel episodio de la historia no fue con los militares, sino en razón de la amistad que por muchos años sostuvo con el Dr. Nicolás Ardito Barletta.

Muchos panameños injustamente lo han vinculado a los militares, porque por desventura apareció una alianza de los liberales con los militares, la que en el fondo nunca fue así.

Hoy, cuando Roderick deja la vida terrenal para arribar al plano de lo sublime, es oportuno el momento para que los panameños sepan que fue un hombre íntegro que no lo maleó el poder, porque hubiera bastado sumisión para ocupar la más alta magistratura de la nación.   ¿Cuántos hombres, como él, pueden resistir esa tentación?, dejo esta respuesta para que en la intimidad de sus vidas se lo respondan, cada panameño y cada panameña.

Roderick prefirió entregarle a sus hijos y a sus connacionales el nombre de un panameño, de un chiricano que hoy hubiere podido dejar una fortuna, pero no fue así.

La estrechez económica con que vivió Roderick no le permitió ni siquiera ayudar en las candidaturas de su hijo Rodrigo, lo que nos pone de manifiesto que no utilizó los cargos públicos para entrar ‘pobre y salir millonario’.

En el pasado, Roderick fue ministro de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública y lo fue por larga data, lo que reafirma mis palabras.

Cuando los hombres íntegros caen abatidos por el peso de los años, nos corresponde a los que les sobrevivimos recordarlos con cariño, con respeto y presentarlos a las futuras generaciones como hombres de gran valía, que no se dejaron salpicar por la corrupción y el cieno imperante en el ámbito nacional.

Hubo otros aspectos de la vida de Roderick que hay que destacar, había que escucharlo hablar, era un maestro en el más amplio sentido del vocablo, su verbo era cadencioso y sonoro, parecía cantar, sus charlas eran piezas de verdadera oratoria, lo escuchábamos como los alumnos escuchan a un buen profesor. Hace más de medio siglo, en el Parque de Cervantes, concluyó su discurso con versos de nuestro laureado poeta chiricano Santiago Anguizola: ‘Yo quiero decirle con orgullo al mundo / que no en sus glorias mi esperanza fundo / porque es mi gloria mayor / ser chiricano’.

En el campo profesional, dedicó su vida a la Ginecología y a la Obstetricia y lo hizo con prestigio y dedicación, como los grandes cuando entregan su vida para recibir tantas nuevas vidas. Hace pocos años atendía consulta y por dos motivos, porque a más del amor a su profesión, lo demandaba su posición económica que no era holgada.

Hasta pronto, querido amigo, solo nos precedes en ese camino inexorable hacia lo ignoto, por donde habremos de trascender las fronteras de lo terreno a lo sublime, no estuve presente en este último recorrido de tu vida terrena, pero te acompañé espiritualmente, con esa fuerza espiritual que nos amalgama y que nos une.

 

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<> Este artículo se publicó el  1 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/morales-m-juan-ramon/

“Escuela de Las Américas” 26 años de su clausura

La opinión del Pedagogo, Escritor,  Diplomático…

Paulino Romero C. 

Para renovar la memoria histórica: Hace 26 años la antigua “Escuela de las Américas” (que mantenía el Pentágono por años, en Panamá), fue clausurada definitivamente por el Presidente de la República, Dr. Jorge E. Illueca, en 1984. ¡Indudablemente, aquello fue un acto patriótico de afirmación nacionalista! Durante la llamada Guerra Fría, los militares latinoamericanos fueron entrenados en las consignas anticomunistas de las Doctrinas de Seguridad Nacional, en la referida escuela militar. Más de un golpe de Estado fue dado con la participación de Washington para derrocar a un gobernante que propiciaba acercamientos a Moscú o posturas de expropiación a compañías de los Estados Unidos de América.Esta situación cambia a contar de 1960. En Perú y Bolivia se dieron golpes de Estado por militares que promueven medidas nacionalistas contra los intereses de los Estados Unidos de América. El gobierno de Velasco Alvarado llegó más lejos y compró material bélico soviético para el Ejército y la Fuerza Aérea. Los gobiernos militares de Brasil entre 1964 y 1982 propiciaron una política de gran potencia y con ello la autonomía frente a Washington, a quien incluso se le considera un rival y se desarrollan programas de investigación nuclear que alarma a la Casa Blanca. 

El gobierno militar chileno, después del asesinato del opositor Orlando Letelier en Washington (1976), entra en una situación de distanciamiento de la Casa Blanca. Los militares argentinos, entre 1976 y 1983, tienen relaciones zigzagueantes con EE.UU. y mientras apoyan al Pentágono en las guerras centroamericanas, son condenados por las agrupaciones políticas estadounidenses por la práctica de la tortura y el asesinato de los opositores. La situación llega a su clímax en 1982 con la invasión argentina a las islas Malvinas. En la subsiguiente guerra, EE.UU. apoyó a su aliado de la OTAN, Gran Bretaña, en contra de Argentina.

Como consecuencia de lo relatado, a contar de 1982 la Casa Blanca perdió la confianza en los militares latinoamericanos como aliados estables. Entonces Washington inicia una nueva estrategia en la cual preconiza la democratización en América Latina y el rechazo a los golpes de Estado, situación que se mantiene en la actualidad. El fin de la Guerra Fría llevó al término de las guerras civiles centroamericanas, a la declinación política de los militares y al asilamiento y empobrecimiento de Cuba. Los movimientos guerrilleros, tanto campesinos como urbanos, desaparecieron. La violencia dejó de ser política para asumir un carácter criminal, siendo los grupos vinculados al narcotráfico quienes cuentan hoy con mejor organización.

Infortunadamente, en nuestro Panamá democrático, durante los últimos años, el negocio clandestino de drogas en grandes cantidades se ha incrementado peligrosamente: proliferación de pandillas de menores delincuentes, robos, asaltos, asesinatos, secuestros, crímenes (pese al freno policial), se dan frecuentemente y operan con dolo en todo el país.

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<> Este artículo se publicó el 25  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Mas artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/romero-c-paulino/

Los demonios que aterrorizan

Bitácora del Presidente.    La opinión del Jurista,  Presidente de los Diarios El Siglo y La Estrella de Panamá…
EBRAHIM ASVAT

Night Shyalam es el director de cine que produjo la película: ‘El Sexto Sentido’ con Bruce Willis.   La historia de un doctor que debe redimirse salvando a un niño y que solo al final de la película se da cuenta que había muerto.

 

Shyalam produjo una película que no fue un éxito de taquilla y hasta muy criticada llamada ‘La Aldea’.   La trama era sobre un pueblo a finales del Siglo XIX que decide aislarse del mundo y vivir su propia vida. Para evitar que los pobladores salieran de la aldea la rodearon de un espeso bosque e inventaron toda una serie de historias de miedo sobre criaturas que vivían en ella. A esas criaturas del bosque la llamaron ‘los innombrables’, ‘those we do not speak of’.   Algunos ancianos habían decidido crear esta sociedad autárquica y diseñaron toda una serie de leyendas para proteger la aldea de los innombrables.

 

En las sociedades autoritarias o que aspiran a propiciar un culto a la personalidad, la figura del líder se convierte en algo innombrable en los medios de comunicación.  Deja de ser objeto de crítica, análisis y discusión para convertirse en alguien sobre la cual solo se pueden decir cosas buenas o bonitas.

 

Ese espeso bosque sobre la cual se inventan toda una serie de falsos demonios hay que cruzarlo para poder descubrir las mentiras, falsedades e inventos con la cual enturbian la claridad mental de los ciudadanos.

 

Los habitantes de ¨ la Aldea ¨ vivían aterrorizados porque creían en la existencia de las criaturas innombrables. Hasta que un día uno de de ellos decidió cruzar el bosque, para descubrir que después del bosque estaba la ciudad y el Siglo XXI; la aldea se encontraba encerrada dentro de una gran propiedad privada y amurallada, de un empresario.

 

Los panameños vivimos muchos años encerrados en una pequeña aldea con una estructura de gobierno militar del siglo XIX latinoamericano. Se cayeron muchas murallas en otras latitudes que permitieron darnos cuenta que los demonios que nos aterrorizaban lo habíamos creados nosotros para nuestro propio consumo.

 

Pero hay ocasiones que nos vuelven a engañar con la existencia de estos demonios y volvemos a ser sus victimas. Me pregunto si hoy alguien vive aterrorizado por esos innombrables militares de la década de los 80.   Caminan en las calles, visitan las iglesias, tienen familiares y nadie se inmuta. Desapareció el miedo y se desplomaron los demonios que nos aterrorizaron. Al final resultaron ser seres humanos como nosotros.

<> Artículo publicado el 6 de octubre de 2010  en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito que les  corresponde.

Justicia, justicia

La opinión del Médico y Ex Ministro de Estado…

GUILLERMO ROLLA PIMENTEL -*

Se acerca la tétrica fecha del 11 de octubre. Día que manchó con sangre la historia de la patria. Se dio por la ingenuidad, ambiciones y entreguismo de fatuos militares que sembraron el terror en la población, violando todos los Derechos Humanos. Desde entonces el pueblo luchó por su libertad desde la cárcel, la guerrilla, el exilio y la calle. Sí… los derrotamos. Y sus contradicciones, corrupciones y el tráfico de armas los llevó a lo negativo de la historia. Inventaron un supuesto ideario que es pragmatismo, oportunismo, juega vivo, indefinición, hablar a la izquierda y actuar con la derecha, estar con las guerrillas y con USA, con la DHEA y el narcotráfico, hacerse pasar por revolucionario siendo espía del Pentágono. Lograron distorsionar y engañar a parte de la población, solo con favores insostenibles. Con la libertad rescatada el Pueblo ha exigido JUSTICIA.

La condena de la sociedad es evidente, aunque en las escuelas no se haga suficiente mención de esa trágica historia, creo por vergüenza nacional. Lo que ha condenado a los jóvenes al riesgo de volver a cometer los mismos errores. Las violaciones de los Derechos Humanos, los desaparecidos, los exilios aun están impunes. La Fiscalía Especial la hicieron inoperante. Nos dejaron la crisis de valores, las armas en la calle, la violencia, el tráfico de influencias y un montón de nuevos millonarios. Pero talvez lo más grave es que nos dejaron un tratado entreguista a perpetuidad. Que ya se usó para invadirnos y que hoy, ante los conflictos en la frontera, hacen surgir la amenaza de otra intervención, argumentado esos tratados. Tenemos varias deudas con Panamá. Modificar el Tratado de Neutralidad, eliminado la intervención militar de USA. Una Constituyente democrática moderna, consensuada por toda la ciudadanía, garantizada por un Tribunal Electoral imparcial, que concrete la justicia social, proteja a los más humildes y regule las inversiones para el desarrollo económico.

El pasado dictatorial está depredando el presente con la continuidad de las mismas lacras, las mismas trampas y los mismos arribistas, cuya única ideología es hacer dinero (torrijismo). El presente, que mañana será pasado, debe enmendarse, corregirse, para poder avanzar al futuro. La sociedad, los gremios, los indígenas, los panameñistas, los civilistas están dando observaciones. Todos, considero, queremos tener la más sana intención de superar la panameñidad. Que el país cambie para bien. Que el orgullo no empañe la visión de quienes deben actuar como gobernantes, estadistas responsables y unitarios en los niveles de decisión. Que el cambio sea real, que se terminen las coimas, las mafias intra—administrativas, que la justicia impida la impunidad, que arresten a los grandes capos del tráfico de armas y drogas. No solo de los chiquitos y pequeños pandilleros. Que se termine el estereotipo de lista negra. Si los países desarrollados no pueden cobrar sus impuestos, no nos acusen de lavadores de dinero. Esto significa una depuración y perfeccionamiento de la administración pública, de sus estructuras y procedimientos y también de las manzanas podridas antiguas y nuevas. Pero también alcanza a los malos capitalistas corruptores locales y foráneos.

Los gobiernos de los partidos de base popular fueron anteriormente desviados por intereses económicos ajenos a los pronunciamientos de sus publicados principios.

En su frustración, el electorado se inclinó al grupo empresarial, confiando en que con los zapatos del pueblo se harían zurdos; es decir, estando a la derecha, actuarían mejor con la izquierda, es decir con el Pueblo. Eso estaría de acuerdo a sus aliados panameñistas, que tienen una orientación por estatutos y de tradición de beneficio popular y desarrollo para cumplir una función social. Las medidas iniciales de apoyo a los ancianos y estudiantes creó prestigio, pero formas metodológicas y objetivos trasladados e injertados de la dictadura han sido cuestionados y rechazados en la sociedad, por falta de consulta y consenso, o por la intervención de intereses distintos a los pronunciamientos ideológicos de algún partido originales de la alianza para el cambio. Que no incluía al PRD.

Si se mantiene la desviación y no se hace el cambio que el electorado espera, se creará un grave conflicto psicosocial del electorado. Si no es la derecha, serán las bases gremiales populares. Estas generan dudas en algunos niveles. (Lula o Fidel). Serían precisas definiciones concretas de procedimientos y metas. Así como otras alianzas con algún partido de base popular y realmente democrático, los que podrían crear alguna nueva opción. Por eso la participación del pensamiento panameñista debe ejercer la fuerza de sus principios sociales y nacionalistas (Madre Tierra) para acelerar y hace eficaz el cambio que siempre ha aspirado, para un Panamá Mejor.

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<> Artículo publicado el 2  de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Entrenamiento militar

La opinión de…

Carlos Guevara Mann

Una nota de prensa de la Cancillería, fechada el 16 de septiembre, informó acerca de la firma de “acuerdos de cooperación” (en plural) según los cuales Estados Unidos aportará a Panamá bienes y servicios “por un monto superior a los 10 millones balboas” para contribuir “a los programas de fortalecimiento de la seguridad en nuestro país”.

Sobre el particular, el vicepresidente Varela, ministro de Relaciones Exteriores, señaló: “Estos acuerdos permitirán contar con recursos de cooperación no reembolsables para apoyar acciones de capacitación, asistencia técnica y equipamiento en las áreas de reformas del sector seguridad [sic], lucha contra el crimen transnacional y fortalecimiento del estado de derecho”.

Según la Cancillería, el vicepresidente “añadió que la cooperación estará enfocada en los esfuerzos de seguridad marítima y fronteriza, y el equipamiento y capacitación para esas tareas, así como en el Proyecto para Mejorar el Entrenamiento en las Academias de Policías, desarrollado en el marco de la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana (CARSI).” CARSI (no lo dice la nota) forma parte del Plan “Mérida”, un programa de cooperación de seguridad entre Estados Unidos, México y los países de América Central anunciado en 2007 y aprobado por el Congreso estadounidense en 2008.

Un análisis de los escasos datos suministrados por la Cancillería genera varias inquietudes. Primeramente, el Gobierno nacional debe proveer el desglose de la donación e indicarnos qué compromisos adquiere Panamá al recibirla y cuál es el cronograma de desembolso. Además, debe informarnos en qué consisten las “acciones de capacitación”, qué funcionarios panameños las recibirán y qué unidades del Gobierno de Estados Unidos las impartirán.

Este aspecto –relativo a entrenamientos– es sumamente importante, al menos por dos motivos. En primer lugar, el adiestramiento que Estados Unidos ofrece en materia de seguridad muchas veces se imparte por unidades de las fuerzas armadas de ese país, frecuentemente con un énfasis unilateral, belicista y de contrainsurgencia.

En ocasiones anteriores, los resultados de estos entrenamientos militares fueron deplorables para el desarrollo democrático y el respeto por los derechos humanos en América Latina.   Por ejemplo, los manuales de instrucción de la Escuela de las Américas (hoy llamada “Instituto de Defensa para Cooperación Hemisférica de Seguridad”) incluían la tortura como estrategia de seguridad nacional.

En segundo lugar, si los acuerdos suscritos el 16 de septiembre comprendieran el entrenamiento de personal de nuestra Fuerza Pública por militares estadounidenses, habría que oponerse firmemente a dicha cooperación. “La República de Panamá no tendrá ejército”, estatuye la Constitución vigente en su artículo 310.

Una república sin ejército no puede acceder a que su personal de seguridad reciba entrenamiento militar. “Pero ese adiestramiento viene dándose a miembros de la Fuerza Pública desde 1991 (Betty Brannan Jaén, La Prensa, 13 de agosto de 1995)”.   Entre 1999 y 2007, 2 mil 320 funcionarios panameños, supuestamente civiles, fueron entrenados bajo programas del Departamento de Defensa de Estados Unidos, según estadísticas del propio Departamento.

El tema tiene graves implicaciones. A los militares se los entrena para matar al enemigo en un contexto de guerra. El entrenamiento que corresponde a los cuerpos civiles de seguridad es muy distinto.   No se basa en liquidar al delincuente, sino en prevenir la delincuencia y someter a los criminales según lo establece la Ley.

¿Cuáles son los resultados del adiestramiento militar recibido por nuestra Fuerza Pública? Este es otro aspecto fundamental del asunto en consideración.

A pesar de la instrucción impartida por Estados Unidos (y otros países), la Fuerza Pública dista mucho de ser un organismo confiable que contribuye al desarrollo nacional.   Por el contrario: resulta evidente que no promueve adecuadamente la seguridad, está penetrada por la ineptitud y la corrupción y tiene en su personal un número importante de agentes abusivos, cuya norma de conducta es la violación de los derechos humanos de muchos ciudadanos conscientes, comprometidos con el bien común y respetuosos de la Ley.

Aunque abundan los ejemplos, vale la pena traer a colación el reciente caso de Carmen Tedman, defensora del medio ambiente en Chiriquí, brutalmente agredida por la Policía Nacional el 20 de septiembre último (La Prensa, 21 de septiembre).

A fin de evitar que la militarización de los servicios de seguridad, iniciada hace varios años, termine por reinstaurar un narcomilitarismo corrupto y vesánico en nuestro medio, hay que partir por entregar a la ciudadanía detalles precisos acerca de los programas de adiestramiento para los funcionarios de la Fuerza Pública.

<> Este artículo se publicó el 29  de septiembre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.