El efecto de la estupidez humana

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

A veces quisiera hacerme la muy valiente cuando emito mis opiniones a través de esta columna semanal.   Pero en verdad muchas veces siento miedo y eso no es bueno, no es saludable.   Es ese miedo a que mi país vuelva a los años en que la libertad de expresión y de información guardaban silencio.

Expresar tus ideas, opinar sobre lo bueno lo malo y lo feo, te ayuda. Y ayuda a todos hasta al que no quiere oír, al que está enfrascado en su torpeza, en su capricho, en su desamor a la patria y hace daño.   Él no es tu dueño, tú no tienes dueño.    Sentirte en libertad te dignifica, te engrandece. Esa libertad que muchas veces hemos de prostituir porque la untamos en todo, como mantequilla al pan y la encontramos en acuerdos, convenios, contratos, hasta en las obras literarias.   La hemos cantado, la hemos bailado, la hemos llorado, la hemos pintado y, la seguimos soñando. Es causa de inspiración y emotividad. La usamos como bandería de rivalidades y disputas y hasta nos orgullecemos al pronunciarla y nos creemos grandes patriotas al defenderla.

Amigo y amiga, cuando sientan una molestia, preocupación o temor, escríbelo en el diario de tu propia vida, eso alivia y te hace reflexionar.   Allí te desahogas, te confiesas contigo mismo. Guardar silencio te afecta, debilita tu corazón que se agita de dolor, porque sientes esos sobresaltos angustiosos, el sobresalto de ese peligro inminente que se te acerca y no puedes con él.

A los periodistas que trabajan con la obsesión de hacer el bien buscando e investigando la noticia, craneando para que la verdad salga a relucir, y nos llegue sin un punto y coma de más, aunque esa verdad moleste a otros, mi admiración. Ese es el buen periodista, amante de su profesión, que bajo las inclemencias del tiempo y muchas veces sin ingerir alimento alguno, nos mantienen bien informados.

Es terrible y muy pero muy triste el periodista que se doblega porque ha de bailar al ritmo de la complicidad en la fiesta de los corruptos porque el dueño del medio le advirtió:   ‘¡Eso no va! porque molesta a los poderosos’.    Señores Periodistas ustedes son nuestros oídos, nuestros ojos, nuestra voz, no nos defrauden. Háganse sentir como Dios manda, porque la Panamá por dentro los necesita.

La Panamá por fuera es bella, elegante, entusiasta, la envidia de muchos de nuestros hermanos países, pero la Panamá por dentro sufre, gime, llora, y grita, porque la maltratan, la golpean, la queman con el fuego de la indiferencia y sin misericordia igual como le sucedió a los 7 internos del Centro de Menores aquel domingo 9 de Enero, precisamente en la fecha en que muchos panameños murieron enfrentándose a la estupidez humana del intruso prepotente, y cuyo único y sano objetivo fue por nuestra soberanía, por nuestra libertad que no se compra, no se vende y no se alquila.

Así como castigamos la conducta del delincuente, gente que lucha contra el egoísmo resistente de una sociedad humanamente deteriorada, materialista, hostil y espiritualmente vacía, ¿quién castiga la pasividad, el individualismo, el oportunismo, el amiguismo, el parentesco, y los favores y compromisos políticos debido a la estupidez humana de todos los gobiernos en detrimento de un pueblo sediento por abrir caminos, conocer los medios y encontrar los fines?

Somos soberanos de nuestra vida mental y afectiva, praxis y razón, ese es el sentido de la verdadera libertad. El hombre no puede estar sometido bajo el dominio de nadie. Nuestra conciencia en sus perspectivas intelectuales, afectivas y de acción, no tiene dueño.

El rostro de la estupidez humana se ve reflejado en el rosario de problemas e injusticias sin resolver y en el tiempo que se invierte en temas tan insignificantes como las discusiones estériles,  peleas irreconciliables, enredos, bochinches e hipocresías,  y que me hacen sentir indignada y sin fuerzas para continuar y luchar contra la corriente.

Cuando será el momento en que esa misma estupidez humana entienda que se ha comprobado científicamente que la convivencia social de un país es uno de los factores más trascendentes para el bienestar, armonía y felicidad de sus habitantes. Somos fundamentalmente animales grupales y nuestro equilibrio mental es mucho mayor cuando nos encontramos en un ambiente de tolerancia y de estrecha comunión.

Se ha demostrado hasta la saciedad que cuando nos encontramos solos estamos más predispuestos a un amplio espectro de enfermedades físicas, sociales y mentales.  No puede haber un ‘yo’ sin un ‘tú y todos’ esto es mucho más que un concepto filosófico y constituye una necesidad humana fundamental.

 

Este artículo se publicó el 26 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Fue puro miedo

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La opinión de…

Gabriel J. Perea R.

Los honorables diputados procedieron a sepultar la iniciativa que promovía la figura de la reelección inmediata alegando que no cumplía con tener la aprobación de la mayoría absoluta de los miembros de la Asamblea Nacional, el proyecto debía contar con la aprobación de 36 diputados y solo tenía la firma de 15 diputados por lo cual se procedió a su archivo. Sin embargo, estoy seguro de que no se ha dicho la última palabra.

La propuesta de reelección con sus diferentes variantes, ya sea inmediata o acortando el periodo que debe esperar un ex presidente para postularse nuevamente, que es de 10 a cinco años, se volverá a presentar, eso es un hecho, y se deduce puesto que ya fue mencionada como parte de las propuestas de modificación a la Constitución Nacional que anunciaron voceros del gobierno las cuales se pretenden presentar a consideración de la ciudadanía.

Tomando en cuenta que la reelección sea nuevamente presentada, ¿por qué procedieron los diputados a su archivo?, el accionar solo fue postergar un enfrentamiento con el poder ejecutivo.

Por otra parte podemos deducir que en el entender del ciudadano común fue por puro miedo político lo que motivo su rápido archivo.

El Partido Panameñista parece que no se siente lo suficientemente fuerte para enfrentar la posibilidad de una reelección por parte de Cambio Democrático, parece que no está preparado para correr con el suficiente convencimiento hacia el elector para que se incline hacia una propuesta presidencial Panameñista.

Por lo actuado se deduce que el Partido Panameñista va a correr con candidato propio con el apoyo de Cambio Democrático, no se atreven a correr en solitario.

Pero nos preguntamos ¿quién les asegura que el actual vicepresidente es una opción aceptada para candidato presidencial para el 2014?   Dónde está la democracia en ese partido que pareciera que no se atreverá nunca a realizar elecciones primarias y presentar un candidato salido de un proceso democrático.

Muy por el contrario desde ahora imponen su candidato.

Definitivamente que en el entender popular eso se llama miedo. El Partido Panameñista no estará preparado para disputar con otras fuerzas políticas mayoritarias la presidencia de la república, por el contrario tendrán desde ahora que preparar la estrategia para contar con el apoyo de otros colectivos políticos o lo que es peor nuevamente aceptar ceder la cabeza de una alianza electoral.

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<>Artículo publicado el 13  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El pele police, un infame instrumento de represión

La opinión de….

PEDRO  RIVERA  RAMOS
pedrorivera58@hotmail.com

Ha sido la inseguridad en nuestras calles, barrios y hogares, la excusa principal que los gobernantes de antes y de ahora, han aprovechado para suspender, limitar o conculcar derechos y libertades públicas, que se creían sagradas.

 

El miedo a perder la vida, bienes o ambas cosas, nos ha conducido a aceptar como natural cualquier ultraje, cualquier vejamen, cualquier invasión de nuestra privacidad o de nuestra intimidad, no importa el grado de disimulo o crudeza con que se presente, siempre que con ello nos creamos a salvo.

 

Renunciamos a menudo al ejercicio pleno de nuestras garantías ciudadanas, para ‘disfrutar’ de una seguridad fundada básicamente, en una de las herramientas más antiguas y brutales que el género humano ha conocido para controlar y manipular a los demás: el miedo.

 

De ese modo, consentimos, con el silencio de casi todos, ser constantemente observados por cámaras de vigilancia situadas en parques, calles y centros comerciales; adquirimos sofisticados y costosos sistemas de seguridad personal y familiar; sospechamos de cuanto desconocido se nos acerque demasiado; justificamos el rearme de nuestra policía y que hagan uso de aparejos que como el llamado ‘Pele Police’, violan nuestros más elementales derechos y ha servido para ensañarse contra periodistas, defensores de la naturaleza o ciudadanos humildes, principalmente de aquellos que la injusta distribución del bienestar social, ha condenado a sobrevivir en las zonas excluidas, marginadas o populares de nuestro país.

 

Lentamente a través del miedo y las inseguridades, se nos viene imponiendo una sociedad casi panóptica u orwelliana, que con cierta deliberación es atizada por algunos poderosos sectores, que ahora ven en el Pele Police el artefacto represivo que les faltaba, para anular al ciudadano junto con sus derechos fundamentales, convirtiéndolo así, sólo en un sujeto sospechoso y potencial delincuente.

 

De nada ha valido, la sensatez y cordura de algunos ciudadanos que se han levantado desde el principio, para solicitar la suspensión o reglamentación de este infame instrumento. Se ha optado en su lugar, por profundizar su uso y evaluar las posibilidades de multiplicar su alcance.

 

En la defensa del Pele Police se arguyen las fantasías y medias verdades, que suelen difundir los que les resulta incómodo reconocer sus desatinos y los que ocultan sus protervos fines hacia los reclamos y protestas legítimas de los ciudadanos. Se busca imponer la desconfianza entre nosotros mismos, que el miedo sea una constante en nuestra existencia y que sacrifiquemos nuestras libertades para cederlas al control policial.

 

El Pele Police cumple aquí las funciones represivas no contempladas en su diseño original y que no realiza ni siquiera en Israel y sus ciudades, pese al permanente e histórico conflicto que esta Nación tiene con el pueblo palestino.

 

Carece por completo de la eficacia del 110% que se le atribuye (ahí están por doquier los hechos que refutan tan temeraria afirmación) y tampoco es utilizado en 35 países, entre ellos algunos del primer mundo como se sostiene, a no ser que Rishon LeZion, Bat-Yam, Guivatayim, Kiryat Tivon, Kiriat Ata y tres pequeñas ciudades ucranianas, tengan ese nivel y al menos una, sea una nación desarrollada.

 

Por eso no nos llamemos a engaño. Lo que hay en marcha es una verdadera ofensiva neoliberal, principalmente contra los pobres, donde el Pele Police viene a representar una pieza fundamental.

 

De allí que ahora se le descubran a este engendro represivo, ‘virtudes’ para cobrar la tasa de aseo, verificar el pago de impuestos y la morosidad en el consumo del agua potable. Ninguna de estas propuestas deben resultarnos extrañas, cuando aquí ya es común perseguir con saña a humildes billeteras, desalojar brutalmente a familias enteras de sus viviendas, criminalizar las protestas y causar daños físicos irreparables a sus participantes; en un país que tiene el honroso honor de figurar entre las quince naciones de mayor desigualdad del planeta, según el último informe sobre Desarrollo Humano del PNUD.

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<> Este artículo se publicó el 7 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Auxilio, quiero interceptar llamadas telefónicas

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM ASVAT
easvat@elsiglo.com

La solicitud no pudo ser más inapropiada. Denota que, al final de todo, un 60% de popularidad no significa nada sin la capacidad para destruir a los adversarios políticos.

Interceptar llamadas telefónicas es apenas un recurso de los servicios de inteligencia. Si los idiotas que se la pasan escuchando y grabando conversaciones no tienen la capacidad de análisis, toda esas horas de información son inútiles. Los políticos que le ponen demasiado énfasis a conocer la vida ajena denotan su inseguridad al poder. Al final, quien tiene miedo es él y no los ciudadanos.

En cierta forma hay una reversión de los miedos en Panamá. Los políticos, empresarios y los ciudadanos dicen tener miedo a las intercepciones telefónicas, a las amenazas, al chantaje, a la persecución.   Pero quien utiliza esas herramientas a pesar de sus altos niveles de popularidad denota una inseguridad extrema. El que tiene miedo es quien manda no los gobernados. Es por ello que, asustar a quien tiene miedo, con poder es una forma de mantenerlo bajo control. Hasta la fecha solo los americanos con un mejor análisis de la situación panameña han levantado una voz de alerta.

Este informe confidencial enviado por la embajadora saliente de Estados Unidos en Panamá al Departamento de Estado, y que revela Wikileaks, es hasta ahora el documento que mejor describe la conducta y proceder de nuestras autoridades.

Explica coherentemente el peligro que representa el personaje para la democracia panameña y el distanciamiento que existe entre las autoridades estadounidenses y las panameñas.

También nos da luces del por qué el mandatario panameño no ha podido visitar Washington D.C. en año y medio de gestión y por qué esas posibilidades se encuentran, por lo menos, estancadas.

Explica de igual forma el peligro que se ciñe sobre la aprobación de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos por sugestionar a una alta autoridad del Gobierno estadounidense sobre temas sensitivos como la cooperación internacional contra la delincuencia organizada.

El estilo de política de este Gobierno es crudo, sin refinamientos. La embajadora saliente, inclusive, acusa al nuevo Gobierno de querer lograr sus objetivos, hasta los políticos, con total desprecio del estado de derecho. Esto lo manifiesta la propia diplomática y lo ratifica el propio mandatario al calificarla a ella como ‘muy legalista’.

Conclusiones sobre este cable: el Gobierno nacional no puede negar que graba e intercepta llamadas de sus adversarios políticos y quizás de otros también. Que es una prioridad de su estrategia de seguridad interceptar llamadas telefónicas sin control judicial y por motivos políticos o de otra índole.

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<> Artículo publicado el 27  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

 

Therapeia del 19 de diciembre de 2010

La opinión de la estudiante graduanda….

SHARON TORRIJOS 
sts2309@gmail.com

Diciembre no es solo el mes en el que se celebra Navidad, Hanukkah y la llegada del Año Nuevo; también es el mes en que las escuelas panameñas se preparan para graduar a una promoción que, tras 13 años de educación formal, se enfrenta a una serie de decisiones que definirán su vida.

Dónde y qué estudiar son las clásicas dudas. Pero hay quienes también consideran ingresar a la milicia o entrar a un seminario religiosos y otros simplemente no estudian y se unen a la fuerza laboral.

El miedo al futuro, nostalgia por lo que dejamos atrás y emoción por lo que vendrá, nos deja en un estado incongruente y a veces de insatisfacción al no saber bien qué sentir.

La semana pasada fui a dos graduaciones: la de dos grupos de amigos con los que estudié. Durante ambas ceremonias me puse sentimental al borde de llorar y probablemente lo único que evitó que lo hiciera fue el mi incapacidad para llorar en público. Mientras los veía caminando a recibir el diploma algo hizo clic en mí: ya todo terminaba. Nada de ser ‘colegiales’ sino universitarios. Sentí orgullo por ellos, celos de verlos graduarse antes que yo y un profundo cariño.

Nunca más seremos los niños inmaduros que iban a la escuela por obligación, ahora estudiaremos para tener un lugar en el mundo. Al haber estado en tres escuelas complemente diferentes —una anglicana, una judía y esta última bautista americana— he tenido la posibilidad de ver las diferentes formas de proceder a la hora de elegir.

Hay amigos que por ley deben ir al ejército de su respectivos países y otros que por lealtad a su fe y cultura voluntariamente se enrolan. También tengo amigos que en honor a Dios decidieron estudiar teología en un instituto bíblico o decidieron convertirse en misioneros e ir por el mundo compartiendo el evangelio.

Amigos que decidieron quedarse en Panamá y otros que decidieron irse a EE.UU., a la Unión Europea, Sudamérica y hasta destinos exóticos como Egipto.

Puedo asegurar una cosa: sin importar cual es nuestro origen todos nos enfrentamos al miedo de tomar una decisión que nos destruya. Ya sea que tengamos el futuro asegurado por conexiones familiares o por la bendición de tener la mente clara en nuestro propósito en la vida o por el contrario, no tener ni pizca de idea de lo que será de nosotros, el futuro está allí, a la vuelta de la esquina esperándonos.

Como dicen, valiente no es el que no tiene miedo sino el que lo tiene y actúa.

Piensa. Razona. Analiza. Investiga.

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<> Artículo publicado el 19 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Hay quienes viven del miedo

La opinión del Economista, Educador,  Escritor,  Humanista…

Victoriano Rodríguez S.

Hace años venimos alertando sobre el interés de los gobiernos en limitar a los comunicadores sociales. En la década pasada, con la “presunta democracia”, se llevó a cabo seguimiento y persecución. Así lo expresamos el 25 de agosto de 2005 en El Panamá América, cuando expusimos: “… la población se siente desprotegida. La corrupción se está apoderando de los órganos del Estado. Existe persecución encaminada a enmudecer a periodistas y comentaristas radiales, quizás hasta tratar de cerrar medios… Hoy son ellos, mañana puede ser cualquiera de nosotros, inclusive la sociedad en su conjunto…”.

¡Cuánta realidad en esa reflexión! En ese escrito hicimos un llamado y considerar un día determinado para: “…abstenernos de brindar cualquier tipo de información (escrita, televisiva o radial)”. Un llamado a la democracia para demostrar a quienes provocan o persiguen que hay unidad y apoyo, tanto de los comunicadores sociales como en los medios. Nos falta unidad gremial, sintonía entre mente y cuerpo. Hay quien expresó que en comunicación bailamos con dos pies izquierdos, nos tropezamos nosotros mismos. Hay quienes viven del miedo y sufrirán igual, no habrá perdón para el temeroso, máxime si fue reconocido. Será utilizado, solo, mientras sea necesario.

Presumiblemente los seres humanos actuamos en función a nuestra inteligencia emocional y desarrollo intelectual, pero, cuando se quieren imponer caprichos, presumiendo razones generalmente equivocadas, pero se encuentran con personas analíticas e incorruptibles, se recurre a la más vil de las manifestaciones: atacar, violar la intimidad, correspondencia, comunicación, acosar, amedrentar y tratar de destruir a quien con valentía y honestidad defiende sus puntos de vista y hace valer sus principios. Quizás por ello se realizan tantas persecuciones o destituciones, violando las leyes.

Cuando se recurre a la persecución, acoso o violencia, quizás se deba a falta de honestidad, discernimiento o escasa capacidad intelectual. Hay suma diferencia entre la capacidad de razonar del humano y el instinto animal. Generalmente, los seres irracionales atacan (salvo raras excepciones) por sobrevivencia, sentirse acorralados o necesidad de escapar para salir del apuro.

Debemos tener cuidado, porque el mal prevalece cuando los hombres buenos se mantienen en silencio, son indiferentes y se reservan el derecho de actuar. Hace más de 40 años, Cantinflas, reconocido cómico mexicano, en un juego de póquer expresó: “¿Vamos a jugar como caballeros o como lo que somos?”. Pregunta que quizás muchos nos estamos haciendo hoy, ¿a qué estamos jugando? Es necesario recordar que Thomas Paine (1737–1809), indicó: “Es la obligación del patriota proteger a su país de su gobierno”.

Nadie es tan valiente para no sentir recelo y mirar atrás para cuidar su espalda o tratar de escuchar algo adicional a sus pasos, pero quien vive del miedo y lo mantiene aferrado, como su mandíbula superior, vivirá a la sombra de lo que pudo ser; en el rincón de la hecatombe, en el que políticos ignorantes y déspotas los mantendrán identificados y no tendrán piedad de ellos, cuando llegue su momento.

Quizás la razón por la que en su momento Mark Twain (1835–1910) expuso: “Al principio de un cambio, el patriota es un hombre escaso y valiente, odiado y despreciado. Sin embargo, cuando su causa tiene éxito, el tímido se le une, porque entonces ser patriota ya no cuesta nada”.

Algo me dice que quien impulsa esos avances melodramáticos no necesariamente es el presidente Martinelli, más bien serían sus asesores (ministros, diputados, manzanillos, etc.), pero nada podemos hacer, son sus colaboradores y si él no se percata del daño que le hacen, mal podemos continuar insistiendo.

Las alternativas son pocas, las soluciones mínimas, pero existen. Lo importante es que comprendamos que cambiar nuestros principios por regalos, por unas monedas o por un puesto de trabajo, puede llevarnos al despeñadero.

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<> Este artículo se publicó el 16 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los documentos secretos de Wikileaks

La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz
opinion@prensa.com

Me opongo a la guerra por consideraciones éticas. He dedicado 40 años a mantener la vida de miles de personas. Soy un convencido de que el modelo capitalista salvaje puede ser transformado por vías pacíficas, y los habitantes del planeta podremos disfrutar de un mundo mejor sin derramamiento de sangre.

Hago este preámbulo a propósito de los 300 mil documentos secretos que filtró Wikileaks, vinculados a los peores actos de exterminio cometidos por la administración Bush en contra de civiles durante la guerra de Irak. Cuando se habla de contratación privada de agencias de seguridad, debe leerse “mercenarios a sueldo” con licencia para matar y torturar a mujeres, niños y ancianos. Estos documentos desnudan la naturaleza de esa administración, lo que viene a colación con lo que la prensa ha difundido sobre el libro escrito por el propio Bush, Decision Point, en el que confiesa haber aprobado el uso de ahogamiento simulado en los interrogatorios a los prisioneros de guerra iraquíes, por lo que varias organizaciones, entre ellas la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos, reclamaron al fiscal general, Eric Holder, que abriera una investigación al ex presidente George W. Bush.

Todo el marco de esa guerra obliga a hacer algunas reflexiones. No tengo aún claro quiénes fueron los autores del atentado del 11 de septiembre de 2001. No me trago el cuento de la inocencia de la CIA. En el libro escrito por Víctor Ego, Ducrot, Bush & Ben Laden, se describen las relaciones económicas entre ambas familias. Osama Bin Laden fue reclutado para la CIA durante la guerra afgano–soviética.

Lo que sí tengo claro es que la guerra fue por el control y tenencia del petróleo. La administración Bush les mintió a los estadounidenses: que en Irak había armas de destrucción masiva, que Sadam estaba vinculado a Al Qaeda y su implicación en los atentados. En marzo de 2004, el Subcomité de la Cámara de Representantes de EU para la Reforma del Gobierno emitió el informe The Waxman Report en el que se recogían 237 declaraciones falsas o engañosas hechas por George Bush, Richard Cheney, Donald Rumfied, Colin Power y Condoleezza Rice en 125 comparecencias públicas.

Lo que me interesa destacar es lo siguiente: los think thank de las instituciones encargadas de moldear la mente de las personas a través de acciones psicopolíticas (el Instituto de Investigación de Stanford, el Instituto Tavistok y sus filiales), saben bien que la mayoría de las veces la toma de decisiones de las personas es inconsciente, cuando es consciente obedece a dos procesos: la cognición o el procesamiento de la información y las emociones. Saben que la emoción más profunda del cerebro es el miedo a la muerte. Que cuando se evoca la muerte, las personas se agarran de lo que tienen y de lo que creen como refugio y defensa.

Los ataques del 11–S se vincularon a la indefensión (muerte por terrorismo) y se asociaron a una necesidad: hacer la guerra. Esos moldeadores de la mente saben que el miedo se vincula a su a vez a dos emociones: la ira y la angustia. Cuando uno toma una decisión impulsado por la ira los riesgos de las consecuencias de esa acción no se miden, quedan anulados; en tanto que si a uno lo embarga la angustia tiende a ser más racional en el momento de una decisión. ¿Cómo se asoció un hecho, el ataque a la torres gemelas y una emoción (miedo) a una acción, esto es la guerra? Porque se vinculó el terrorismo a la guerra y se invocó el patriotismo, un sentimiento enraizado en la cultura estadounidense. La nación está amenazada. Toda la administración y los medios de comunicación se dispararon en esa dirección. La emoción se apoderó del cuerpo social. ¡A la guerra!

El problema se complicó cuando los periodistas documentaron que la guerra se había hecho sobre la base de la mentira. En esa dirección un reportaje del veterano reportero Dan Rather, dado a la BBC en 2002, sostenía que los medios de comunicación de EU (él incluido) habían comprometido los principios del periodismo al informar sobre la administración Bush después del 11–S, por temor a parecer antipatrióticos. Cuando las conexiones entre las neuronas se vuelven rígidas, como consecuencia de frases repetidas y reforzadas por la emoción, es difícil modificarlas.

Las personas tienden a creer lo que quieren creer. Aún hay individuos en EU que creen que en Irak había armas de destrucción masiva y que Sadam estuvo vinculado a los actos del 11–S. Los profesionales de Stanford y de Taviskov saben hacer bien su trabajo. Asocian el miedo a la muerte con el terrorismo. Ese mismo trabajo de moldeado cerebral se está haciendo con los panameños. Muy pronto volverán, de manera oficial, las bases norteamericanas a nuestro territorio para defendernos del terrorismo. ¿Sería aconsejable investigar quiénes están detrás de ese terrorismo?

<> Este artículo se publicó el 1 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Vamos bien Presidente…, vamos bien!

La opinión del Economista, Educador y Humanista…

VICTORIANO  RODRÍGUEZ  S.
diostesalvepanama@yahoo.com

Mucho se ha dicho sobre las persecuciones que recibimos los comunicadores sociales cuando mantenemos actitudes positivas, imparciales, transparentes, apegadas a la verdad y exponiendo con objetividad, independientemente a corrientes políticas o partido en el poder.

Nunca hemos estado tan cerca a esa realidad. Hoy somos más los comunicadores sociales asediados o acosados, producto de nuestras posiciones objetivas en los medios.   Se comenta que a Juan Carlos Tapia y Guillermo Antonio Adames les cayeron ‘coincidentalmente’ auditorías de la Dirección General de Ingresos. Si fueron ‘meras casualidades’, a otros se les acosa o levantan falsas acusaciones para hacerles expedientes desfavorables.  ¡Vamos bien Señor Presidente…, vamos bien!

El imperio del miedo llegó. Los funcionarios públicos no se atreven a hablar.   Son muchos los destituidos bajo el concepto de cargos de ‘libre nombramiento y remoción’ (irrespetando el profesionalismo, años de servicio y experiencia), pero no para quienes adulan al Rey, según expresó Diógenes a Aristipo.

La mentira, así como el concepto poco claro, libre de ética y más enredada que un brillo viejo de metal, se ciñe sobre personas serias, objetivas y honestas.   El fantasma es la calumnia e injuria. Correrán igual suerte decenas de periodistas y dirigentes gremiales honestos por sus claras posiciones.  ¡Vamos bien, Señor Presidente…! ¿Fortaleciendo valores?

Definitivamente que a personas sin mayor criterio que la ‘rabia’, producto de su impotencia intelectual, no les queda de otra que lanzar, cual dragón mitológico, bocanadas de fuego, arrasando hasta con sus propios adeptos.

Quienes históricamente hemos hecho gala de una pluma y opinión vertical, sincera y honesta, sin permitir presiones ni aceptar dádivas; hemos sido víctimas de esas persecuciones y atropellos.

Tanto en las instituciones públicas como en la calle, la ciudadanía se siente víctima del miedo. Una anécdota antiquísima, casi desconocida, dice que había un reino donde la gente podía hablar solamente cuando el Rey se los permitía, muchas personas estaban tan temerosas hasta de pensar, considerando que con ello ofendían al Rey.

Cuando estas cosas ocurren, más preocupante que la propia perversidad de esos infames, es la indiferencia con que actúan los buenos. La historia nos enseña que por ese poco importa o ‘no es conmigo’ ensuciarán su cara, como quien escupe para arriba.   Dios te salve, Panamá.

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<> Artículo publicado el 2 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El ‘pele police’: vigilancia ciudadana

La opinión de….

Mauro Zúñiga Araúz

No me quiero convertir en promotor de un Estado paranoico, pero las evidencias abundan y los ciudadanos tienen el derecho de saber la verdad que se esconde detrás de ese “inofensivo” sistema de detectar a los que tienen cuentas pendientes con la justicia.

El pele police es un sistema de vigilancia de tecnología avanzada. La ingenuidad de algunos de que se actualicen los datos desvirtúa el significado de este moderno sistema de espionaje.    Es la primera etapa de la vigilancia. Ninguno de nosotros sabe lo que de nosotros está en el sistema, el que se está alimentando permanentemente.   Es una hoja de vida resumida en la que se van a incluir, si es que ya no se ha hecho, todas nuestras actividades públicas y privadas. El actual gobierno le está dando la connotación de miedo, como parte del nuevo arte.

La idea no es nueva ni nace en Panamá. Como hemos señalado, el sistema vigente crea un problema, para darle luego la solución que conviene a sus intereses. Hubo una época en la cual el secuestro de niños en Estados Unidos se hizo notable.   La solución que se ofrecía era que a cada niño se le colocara un microchip para así poder detectar su ubicación y rescatarlos.    ¿Quién se iba a negar? Por allí se empieza. De igual manera, la instalación de microchip a las mascotas es una práctica usual.

Uno de los objetivos centrales del nuevo orden mundial es el manejo de una sociedad sin dinero en efectivo.    Todas las transacciones han de hacerse a través de tarjetas, denominadas “inteligentes”, ya que en las mismas están registrados todos sus datos, incluyendo nuestros hábitos íntimos.   Las corporaciones transnacionales ya están utilizando estas tarjetas para espiar las actividades de sus empleados, por “razones de seguridad”.    Ya nos estamos acostumbrando a ese término. Cada vez que llamamos a la oficina de una multinacional se nos dice que esta conversación puede ser grabada “por razones de seguridad” y ninguno protesta.

En esa misma línea de la seguridad, cuando proliferen los secuestros se nos hará ver la imperiosa necesidad de que nos coloquemos un microchip por debajo de la piel.   En 1991 se lanzó la primera ofensiva publicitaria para la implantación de los VeriChip. Se ofrecía un descuento del 50% a las primeras 100 mil personas que se registraban.    Por pura curiosidad, la IBM, la compañía que está detrás de los VeriChip, también se encargó del sistema de catalogación utilizado por los nazis para almacenar información sobre los judíos en la Alemania de Hitler.

Los grupos de hombres fabricadores de ideas con técnicas de control mental, que en Estados Unidos está en el Instituto de Investigación Stanford y en Inglaterra en el Instituto Tavistock, han desarrollado lo que se denomina penetración de largo alcance, que consiste en la organización de bandas criminales cuyos delitos inundan los medios de comunicación con crónica roja, y atemorizan a la ciudadanía.    Se siembra en los hogares la idea de que la sociedad no está segura. ¿Cuál es la solución?, preguntará la gente a gritos. Colocarse un microchip, será la respuesta dada y aceptada con gusto y seguridad.    ¿Qué hay en ese pequeño aparato que puede pasar inadvertido? Todos tus datos, absolutamente todos.

Las crisis económicas que se están dando nos llevarán a la sociedad sin dinero en efectivo y al establecimiento de este nuevo orden mundial muy vigilado y controlado. Ellos suponen que toda información sobre tu vida es propiedad del gobierno.

La obligatoriedad de que cada auto tenga un GPS, política que está por implementarse a nivel mundial, y la existencia de satélites que vigilan a la gente las 24 horas al día forman, junto al pele police, del sistema de vigilar las actividades de los ciudadanos para detectar a aquellos que se desvían de los marcos de este nuevo orden, vale decir, los rebeldes e inconformes.    Esos que de una u otra forma no acepten ser los borregos de este nuevo orden serán excluidos y tratados como enemigos públicos. Los medios de comunicación a su servicio se encargarán de la tarea.

¿Quiénes creen ustedes que han estado como asesores de estos sistemas? El Departamento de Seguridad de EU contrató al antiguo jefe de la KGB, general Yevgueni Primakof, y a Markus Wolf, el hombre que con eficacia construyó el aparato de inteligencia estatal en la Alemania Oriental.

¿Se da cuenta, estimado lector, que ellos son blancos y se entienden y nosotros vivimos con miedo esperando que sean ellos los que nos den la solución?   El pele police es el primer paso… y todos contentos.

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<> Este artículo se publicó el 3  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/zuniga-arauz-mauro-j/

El temor del pusilánime

La opinión de…

Carlos Ernesto González Ramírez

Hay personas que no tienen el valor de intentar grandes cosas o que son tímidas frente a situaciones que les parecen superiores a sus fuerzas. Normalmente estas personas no tienen siquiera la iniciativa para explorar los límites de la oposición, por un temor basado solo en la percepción y no en un análisis sereno de la realidad. Estas personas son las que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua llama pusilánimes.

Wikipedia, dice que “el miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano”.

Los grandes imperios históricos siempre han contado con este sentimiento y con estas personas para imponer su voluntad sin necesidad de ejercer ningún otro tipo de acción efectiva para lograr sus propósitos. Con solo hacer ver que van a tomar una acción, logran que el pusilánime se atemorice y se someta a los designios del imperio.  Esta es la táctica que ha seguido Estados Unidos, a través de la OCDE, en contra de Panamá para que nuestro país se someta a su interés de acabar con el centro financiero panameño, que le hace competencia a sus centros financieros en su “patio trasero”.   Por suerte, hasta hoy, Panamá ha demostrado que no es un país de pusilánimes, manteniendo una posición de firmeza en la defensa de nuestros intereses (nada nuevo en nuestra historiografía).

Afirmo esto porque desde que comenzaron las listas negras de la OCDE, Panamá no ha hecho más que crecer. Lo ha hecho su centro financiero, sus exportaciones de servicios y el nivel de inversión directa extranjera que llega a nuestra nación. En otras palabras, hasta hoy, la OCDE ha sido un tigre de papel sin ningún tipo de diente para afectar a Panamá.

Dicho lo anterior, y con una visión clara de que como nación, nos guste o no, debemos mantener relaciones con los gobiernos de otros países, corresponde a Panamá ser un “buen ciudadano” del mundo, pero manteniendo el interés nacional sobre todas las cosas. Por esta razón, Panamá ha aceptado la firma de tratados para evitar la doble tributación como el mecanismo más idóneo y cumplir con la exigencia de las naciones que han adoptado, unilateralmente, medidas en contra de nuestro país (medidas que han tenido casi ningún impacto como señalé).

Por tanto, a los panameños no nos debe preocupar mayormente lo que diga o deje de decir la OCDE, por cuanto que en la medida en que adelantemos más de estos tratados, la efectividad de esta organización privada de naciones poderosas y nuevo instrumento de dominación imperial, será aún menor a la que ha tenido desde el año 2000, cuando nos catalogó de “paraíso fiscal”.

A lo anterior hay que sumarle el hecho innegable de que las medidas que algunos países han tomado contra Panamá son contrarias al derecho internacional público y a las obligaciones que esos países han adquirido con Panamá en el marco de la OMC.   Y, en este tema, tengo que admitir que nuestros gobiernos se han comportado como el clásico pusilánime.

En vez de hacer valer nuestros derechos, por un equivocado concepto de las relaciones internacionales, hemos hecho lo que ningún país hace: renunciar a los mecanismos civilizados y aceptados en el mundo para la defensa de nuestros intereses económicos. Lo irónico es que la renuncia ha sido solo para la actividad más importante de nuestra economía en términos de su participación en la arquitectura económica (el centro financiero), pero no así para el banano ni para la Zona Libre, dos casos en los que Panamá ha llevado a la Unión Europea y a Colombia a los estrados de la Organización Mundial del Comercio (ganando ambos casos).

Esto puede cambiar próximamente porque en la Estrategia Nacional para la Defensa de los Servicios Internacionales y Financieros adoptada por el Gobierno se incluye el inicio de acciones en la OMC. Si Panamá inicia un caso en la OMC contra un país discriminador y triunfa, como debe ser en derecho, las amenazas de la OCDE acabarán por desvanecerse en la historia de las medidas imperiales que no funcionaron, porque a quienes iban dirigidas tuvieron la valentía y la espina dorsal de defender los intereses de su nación.

Hay que resaltar que, más allá del derecho nos asiste la razón y la defensa de la libertad de las personas. Panamá, con su actuación en materia de servicios financieros y de exportación de su jurisdicción, ha logrado facilitar los negocios internacionales y les ha proporcionado sosiego y protección a personas que son víctimas de sus gobiernos confiscatorios y abusivos. En otras palabras, ha preservado la libertad.

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<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/gonzalez-r-carlos-e/

¿Trato o truco?

Mientras el gobierno extrema esfuerzos por convencernos de que el aumento de la inseguridad es una percepción,   la policía nos amedrenta.

La opinión de….

Monica Miguel 

Hace un par de noches un grupo de amigos salimos a cenar y decidimos irnos varios en un solo coche.  Después de la cena, regresaba con uno de ellos al lugar donde había aparcado su auto. Háganse la idea, miércoles, once de la noche, barrio del Cangrejo, en una calle con acceso a varios de los restaurantes más importante de Panamá, con un hotel a media cuadra, y un teatro al lado.

La cosa es que al llegar a su carro aparqué correctamente el mío y seguimos hablando para terminar la conversación que traíamos hasta el momento.   Y me preguntarán ustedes, ¿por qué me extiendo tanto en estos preliminares?   Pues porque quiero que comprendan la intrascendencia del hecho, lo normal, habitual y banal del mismo.

Ni lugares apartados, ni discotecas, ni alcohol, ni horas de la madrugada, ni actitudes sospechosas.  Aún no habíamos pasado ni tres minutos dentro del carro, cuando a nuestro lado se detiene una patrulla.  De ella se baja un policía, con mirada suspicaz nos pide documentación, con toda la tranquilidad se la damos, hasta ahí todo normal. (Conste que a mí a esas alturas ya me estaba entrando la risa floja, ¡a mi edad!   ¡Detenerme un policía en el carro! ¡Si ni en la adolescencia lo hicieron!).

Nos preguntó qué estábamos haciendo allí y pareció poner cara de decepción ante lo prosaico del hecho y lo normal que todo parecía. Pero no desesperen señores, que ahora viene lo bueno, ante la mirada asombrada de mi amigo y la mía, el policía, a través de la ventanilla abierta, se puso a darnos un discurso aleccionador acerca de las medidas de seguridad a seguir en Panamá por la noche.

Nos dijo que ante la creciente inseguridad (sic) que había en las calles lo mejor es (atentos, abro comillas): ‘no andar por las calles más allá de lo imprescindible’.   Ahí les juro que yo ya no sabía si reírme o llorar.   Una vez que el agente del orden público montó en su patrulla, no sin antes hacernos casi prometer que terminaríamos rápido la conversación y nos iríamos rápido de allí, nosotros nos miramos alucinados.

Aún al día de hoy yo no salgo de mi asombro, o sea, el señor presidente y varios de los que lo rodean siguen gritando a los cuatro vientos que la percepción ciudadana del aumento de la delincuencia es culpa de los medios de comunicación; con algún medio de prensa escrita convertido en el tablón de anuncios de la policía, publicando montones de noticias cortadas y pegadas de los comunicados que estos mandan, diciéndonos quien fue aprehendido, donde y por qué delito se le buscaba, supongo que todo para hacernos creer que la policía trabaja mucho y que ya está poniendo a buen recaudo a todos los malos malosos que andan por ahí sueltos, mientras tanto, los de sus propias filas van por ahí amedrentando a la gente.

Porque díganme ustedes, si yo no fuera como soy y un policía me dice que lo mejor que puedo hacer es no salir de mi casa más allá de lo imprescindible,   seguramente lograría que yo me atrincherase en mi hogar y no volviese a asomar la nariz ni al portal. ¿Qué imagen pretende dar la policía? Después de esto quisiera que alguien me responda ¿tengo que tener miedo sí o no?

<> Artículo publicado el 26 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

‘La vida no vale nada’

La opinión de…

Patricia Pizzurno

El título de este artículo corresponde al de una película que filmó Pedro Infante en 1954, y a una canción que 20 años después compuso Pablo Milanés y cuya letra dice: “La vida no vale nada, si no es para perecer. La vida no vale nada, cuando otros se están matando. Y sigo aquí cantando, cual sino pasara nada”. También José Alfredo Jiménez abordaba la misma temática en una célebre ranchera.

Lo cierto es que esta triste sentencia, válida para lugares extremadamente violentos como la Colombia de la década de 1990 o la fronteriza ciudad Juárez, en México, sitiadas por los carteles de la droga, parece encajar hoy a la perfección en Panamá, ya no exclusivamente por las movidas del narcotráfico, sino y, fundamentalmente, por la extrema fragilidad institucional.

En diciembre de 2006 escribí un artículo publicado en esta misma sección: “¿Casualidad o causalidad?” en el que analicé el alcance social de la tragedia del incendio del bus y del envenenamiento con dietilene glycol por parte de los asegurados de la Caja de Seguro Social.

Eran tiempos difíciles para los panameños durante los cuales nos embargó un sentimiento de extrema vulnerabilidad y pesimismo, pese a lo cual aún guardábamos la esperanza de que tamaños desastres lograrían inyectar en nuestras instituciones y sus representantes, sobre todo en la justicia, sensibilidad social y sentido de responsabilidad. Hoy reconozco que estábamos equivocados.

El escenario de inseguridad ciudadana que nos enfrenta al surgimiento de sectores urbanos inaccesibles por la extrema violencia, así como diversas explosiones en la ciudad capital, producidas por fallas eléctricas o por estallidos de gas, sin olvidar las traumáticas toneladas de basura que nos inundan, nos sumergen en el siniestro círculo del miedo que es muy difícil romper. Una sociedad con miedo es una sociedad paralizada, confundida y altamente ineficiente. La conclusión es que la vida no vale nada, máxime “si cuatro caen por minuto”, como dice Pablo Milanés, y a nadie parece importarle.

La falta de regulaciones, la escasa presencia del Estado como gendarme y garante de nuestras vidas y del cumplimiento de las disposiciones existentes, la laxitud en el tratamiento de los problemas de seguridad ciudadana que aquejan a la sociedad en general, demuestran a las claras que aún estamos lejos de alcanzar los estándares de respeto por la vida humana imperantes en el primer mundo. Aunque obtengamos los grados de inversión de las calificadoras más reputadas y lleguen poderosos inversionistas a Panamá, debemos aceptar que si las instituciones no son capaces de garantizar la vida de los asociados, es seguro que esos capitales enrumbarán hacia otras latitudes donde la vida humana sí tenga valor.

El fracaso del sistema educativo no debe medirse por el desconocimiento del nombre del autor del himno nacional, sino por la absoluta ausencia de cultura ciudadana y urbana, escaso o nulo civismo y, sobre todo, la total ignorancia de lo que significa vivir en sociedad. Estas carencias hacen de Panamá una jauría humana intentando sobrevivir, aunque para ello tengamos que ensayar el devorarnos unos a otros. Aquella sentencia que nos enseñaban en la escuela: “Mis derechos comienzan donde terminan los derechos de los demás”, parece ya no tener valor, igual que la vida.

El tráfico es buen ejemplo de la barbarie que nos maniata, pero no es el único. Jóvenes agresivos que no saludan y ni siquiera conocen el significado de las palabras “gracias, por favor o disculpe”, adultos que empujan y avasallan para abordar un bus, pasan primero frente a una larga fila o se hacen atender antes en cualquier mostrador sin respetar a los demás, que abusan de los niños, los ancianos y los discapacitados, me indica que hemos construido una sociedad especialmente miserable de la que somos sus principales rehenes. Me viene a la memoria el cuento de Guy de Maupassant, La miseria humana.

El “juega vivo” y la ley del más bruto (el síndrome de Pedro Picapiedras) son los motores del escenario: el que grita más; el que tiene el 4×4 más grande para amedrentar al transeúnte; el más vulgar; el que tiene más dinero aunque sea mal habido, son las voces escuchadas y respetadas.

La vida no vale nada y cada vez vale menos, porque la institucionalidad está en crisis y no cumple sus funciones, sean cuales sean. Lo peor de todo es que la justicia no parece tomarse en serio a los muertos. “La vida no vale nada si yo me quedo sentado” dice Pablo Milanés, porque las muertes violentas en lugares públicos a los que asisten nuestros hijos, como antes lo hacíamos nosotros, los accidentes urbanos en edificios nuevos, las extorsiones telefónicas, la violación del domicilio, los secuestros express forman parte del paisaje cotidiano, de la normalidad de la vida y quedan impunes la mayoría de las veces.

Creo que debemos volver a creer que la vida es valiosa y a exigir, como dice el cantautor cubano, el derecho a “morirme en una cama”.

<> Este artículo se publicó el 22 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

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