Mendicidad y delito infantil

La opinión del Periodista….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO

La vagancia y la mendicidad de los menores constituyen la antesala de la delincuencia infantil.   Quizás por la influencia del medio al que están llamados a actuar, la mendicidad directa o encubierta del menor en compañía de hombres y mujeres que la usan de incentivo para despertar los sentimientos de caridad, constituyen una verdadera lacra social.   A la mendicidad va anexa la degradante costumbre de implorar la caridad pública y rogar por el auxilio ajeno. Ello es una práctica malsana que en los niños da resultados gravísimos porque engendra hábitos contrarios a las elementales normas de honestidad, hombría de bien y moralidad.   Con la generosa idiosincrasia de nuestro pueblo se despertaría en los menores mendigos el acicate de la codicia exagerada y sus consecuencias de violencia y crimen.

En Panamá se prohíbe la mendicidad infantil, aunque esté disfrazada de ‘venta’ de artículos y nuestro Código de la Familia trata de incorporarse a la lucha de prevención del abandono y delito de los niños para combatir esos dañinos factores que, en su gran mayoría, conducen inevitablemente al sacrificio permanente de nuestra infancia.   Tenemos que seguir protegiendo cada vez más a nuestra niñez, a aquellas criaturas que son arrojadas de sus hogares, que deambulan por las calles en procura de mendrugos, mientras la gran mayoría de sus progenitores llevan una vida de licencia y de inmoralidad.

 

Todos corren el riesgo de que jovenzuelas sean llevadas por el camino de la prostitución ante la indiferencia mayoritaria; de jóvenes, quienes afanosamente gritan y vocean sus miserias por las calles, luchando contra las solicitudes de un entorno que pronto les conducirá a las puertas de la cárcel; de niñas que nunca han conocido normas de moral en sus primeros años por la acción desmoralizadora del mal hogar, de malos centros de diversión, de películas inconvenientes o de espectáculos públicos a donde son llevadas por negligencia o incultura de sus padres y aceptadas ante la indiferencia colectiva.

La renovación del sentir moral frente al niño se producirá bajo el imperio de una buena legislación y su enérgica aplicación, la cual dejará de ser individual para convertirse en función de la comunidad. Y, por su acción, sobre el crepúsculo del desamparo y dolor de nuestros niños, aparecerán los destellos de un nuevo amanecer que afirmará los derechos de los pequeños a vivir en una sociedad justa y humana.

<> Este artículo se reprodujo de la publicación del 17 de octubre de 2010 en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.
Más artículos del autor enhttps://panaletras.wordpress.com/category/cedeno-raul-eduardo/

La mendicidad profesional

La opinión de la Comunicadora Social…

Elodia Muñoz 

Dentro del maremágnum de aceradas voces que se erizan, como panameña me permito reflexionar sobre el latrocinio del sistema remunerativo de los jubilados, la justificación sobrada de la tercera edad y como es avalada por un sinnúmero de panameños que atisbamos con gran pesar lo que se nos avecina, claro si tenemos el privilegio de llegar a la edad de jubilación, pues a la par de un Eladio Fernández, nos iremos a las calles de Panamá a revalidar la mendicidad profesional de quienes hoy por hoy ostentamos el vigor y la energía que nos promete la juventud.

 

A lo largo de su vida el jubilado cotiza y acumula un fondo con el único fin de asegurarse un bienestar social,  puesto que resulta ominoso para un profesional jubilado completar su pensión con la buhonería, la venta de rifas o cualquier otra minucia informal, dado que las migajas llamadas pensiones o jubilaciones no alcanzan para la subsistencia.

Para un panameño activo y productivo pero de inconciencia supina que no reconoce el trabajo acumulado por 57 o 62 años, la situación se hace más crítica, cuando vislumbramos que para los profesionales de hoy que con mucho esfuerzo percibimos una remuneración injusta pero al cabo un salario que nos permite planificar los gastos de la quincena, sin embargo, padecemos la constante zozobra de la incertidumbre si al llegar a la jubilación habrá dinero suficiente que nos garantice un descanso digno.

Para no pocos panameños, consideran que el jubilado no es oferta ni demanda, debido a que la connotación que subyace es que el adulto de tercera edad es un ciudadano sin responsabilidades, sin metas y sin dispendios,   no obstante, el jubilado de hoy y el que se aproxima, es coherente, congruente, combativo y con un alto análisis cognoscitivo refrendado por las herramientas tecnológicas, denotando otrora ser un objeto desfasado, decrépito e inútil.

Desde esta tribuna le hacemos un llamado al presidente Ricardo Martinelli, por lo que, respetuosamente, lo instamos a acelerar una respuesta que dignificará a quienes abnegadamente se prodigaron por la consolidación de los mejores valores durante su vida activa y contribuyeron mediante su esfuerzo al mejoramiento del país, puesto que observar a los adultos mayores defendiendo un derecho en las calles de Panamá, suscita la repulsa generalizada.   Recuerde Señor Presidente que para el ciudadano de a pie, los pensionados y jubilados, por regla general, son personas de avanzada edad o sufren de algún padecimiento que además de deteriorar su salud les impide seguir trabajando para procurar la subsistencia propia y de sus familias.

La percepción de esa condición de vulnerabilidad es, tal vez, la causa que concita la solidaridad de la sociedad, de los miembros de la llamada clase política y hasta de algunos legisladores del actual partido en el Gobierno.

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Mendicidad apócrifa

La opinión del Abogado y Comentarista……

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Guillermo Márquez B.

Es tal la proliferación de personas que se dedican a la mendicidad que a veces hasta presentan certificaciones de dudosa identidad sobre enfermedades terminales, delicadas cirugías sufridas o falsos vendajes, que, para beneficio de nuestros lectores, tocamos hoy el tema.

Una persona amiga nos informó de un mendigo que tiene cuenta en un banco, y cuando el cajero le contó varios cientos de balboas y le dijo cuánto era el total, el hombre le comentó que tras haber contado él la cantidad por la cual iba a efectuar el depósito, pensó que tenía más.

A propósito de lo anterior, reproducimos lo que dice nuestro Código Administrativo: – “Artículo 1160.- Es indigente el individuo que no poseyendo renta o beneficio que le proporcione el alimento ni el abrigo necesario para la vida, ni teniendo derecho para que otras personas se los suministre conforme al Código Civil, se halle habitualmente inhábil para obtenerlos por medio de su trabajo personal.”

“Artículo 1161.- Siempre que aparezca en un lugar algún mendigo como indigente, el respectivo Jefe de Policía hará reconocerlo para cerciorarse de si es real o supuesta su invalidez, y procederá en consecuencia.”

Comentario: Le llegará el momento de pagar sus culpas a todo servil; eso, precisamente, por ser vil.

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Artículo publicado el 18  de febrero de 2010  en el diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.