Comentario

La opinión de…

Dimas  L.  Pitty

Coincido parcialmente con lo que opina Juan B. Gómez en su artículo “Sobre las grandes obras literarias”, aparecido en el Panamá América, en la edición del 22 de enero pasado.

Me parece que, efectivamente, la superficialidad, el consumismo y la mediocridad predominan en la hora presente. Para la mayoría es más importante el tener que el ser.

Sin embargo, en cuanto al interés por las grandes obras literarias y la trascendencia de éstas, no comparto su apreciación, porque la grandeza, la profundidad y la vigencia de una obra no dependen de la cantidad de lectores, sino de los valores y virtudes que ella contiene y expresa, por un lado; por otro, de que prenda en unos cuantos espíritus de cada generación, que son los que mantienen viva la llama del entendimiento y la cultura.

Obras como La Odisea, La Iliada, Edipo rey, el Cantar de los cantares, El arte de amar, los Comentarios de la guerra de Las Galias, las Confesiones de San Agustín, el Elogio de la locura, los Ensayos de Montaigne, la poesía de San Juan de la Cruz, la Fenomenología del espíritu, de Hegel, etcétera, no han sido leídas por millones y millones de seres, pero sí han sido comprendidas y revitalizadas por los que importan, que son los que mantienen el rumbo. Eso sucede en todas partes, en todas las lenguas, en todos los tiempos.

Por lo tanto, no debe angustiarnos que una obra de Sábato, por ejemplo, tenga muchísimos menos lectores que una novelita rosa de Corín Tellado o de cualquiera de sus congéneres.

La primera seguirá siendo expresión de lo mejor y más hondo del hombre contemporáneo; la otra, simple y fugaz pompa de mal jabón.

Y en la ciencia, ¿cuántos, en tres siglos, se ocuparon de las contribuciones matemáticas de Newton? No obstante, el conocimiento acumulado, conservado por unos pocos, permitió que alguien como Einstein hiciera lo que hizo.

En fin, la historia de la sociedad humana muestra que lo esencial y auténtico perdura, que lo frívolo se esfuma y que las aberraciones pasan.

¿Recuerdan que en Farhenheit 451, la novela de ciencia ficción de Bradbury, los libros han sido proscritos y, paradójica y demencialmente, los bomberos son los encargados de quemarlos? Sin embargo, aun en ese panorama ominoso y deprimente, unos cuantos espíritus mantienen vivos el amor a los libros y la esperanza en el futuro.

Entonces, en el mundo real de nuestros días, aunque el desinterés y la ignorancia se extiendan, no debemos claudicar ante la confusión, los farsantes, el disparate y la mentira.

<>Artículo publicado el  1 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es nuestro.

Mediocridad, ignorancia y corrupción

La opinión de…

 

Víctor Hugo Herrera Ballesteros

Los panameños vivimos una época caracterizada por un entorno político y social degradado que corroe las bases de la sociedad panameña, con partidos políticos desintegrados por una profunda crisis de liderazgo y de credibilidad, que llega hasta las más altas esferas administrativas del Gobierno. La política electoral ha pasado a convertirse en un medio para acceder a los jugosos negocios propios de las mieles del poder y ligados a la esfera privada, de donde salen ingentes recursos para financiar las campañas políticas y asegurar sus mejores intereses en pro del beneficio individual.

Bajo la modalidad actual de los partidos, tipo franquicia, en los que ya no interesa la ideología o los principios políticos motivadores de una colectividad que comparte ideales, una visión de país y de progreso como aspiración social, se anteponen los tránsfugas, que solo se sirven de dichos colectivos para materializar sus propios intereses, burlándose de sus electores y degradando los valiosos instrumentos de la democracia y de la construcción y ejercicio de nuestra ciudadanía.

Con cada cambio de gobierno se entreteje una burocracia que en algunos casos utiliza la política electoral como un medio para acceder a puestos y prebendas, anquilosándose, con el único mérito de solo haber caminado buscando votos, aunque sean mediocres e ignorantes para determinados puestos. De dichas estructuras se sirven muchos funcionarios inescrupulosos que buscan sobrevivir haciendo shows mediáticos u operativos informativos para dar a entender que hacen algo útil y complacer a las autoridades de turno o como lambones, en buen panameño, exponiendo al final de cuentas su mediocridad pestilente, por ejemplo, persiguiendo billeteros o informando dónde comprar más barato, como si la población no supiera cómo maximizar sus ingresos, que ironía.

Solo les importa figurar para dar una imagen de funcionalidad, pero que al final en nada trasciende para resolver los problemas sociales y económicos de nuestro país. Son iguales que dictadores, en los distintos niveles administrativos, ya que su arrogancia es el único argumento para hacer valer su incompetencia. Solo basta con dar una mirada a los actuales acontecimientos, en los que nuestra población enfrenta problemas de abastecimiento de agua, recolección de desechos sólidos, acceso al consumo básico (servicios y alimentos), mientras la pobreza campea y persiste como un mal endémico, aunada a los actuales procesos inflacionarios e ineficiencia en la producción agropecuaria, aupados por una política de competencia fracasada.

La pobreza no se resuelve con limosnas, caridad o shows mediáticos que solo hacen reforzar la condición social de quienes menos tienen, pues ser pobre no es una elección, sino un condicionante. El combate a la pobreza es política de Estado y exige políticas de desarrollo económico y social integrales, potenciando el desarrollo del capital social y no la dependencia sociopolítica que se logra con las dádivas. Empero, la marginalidad nos devuelve el golpe, mediante el crimen y la violencia generalizada, como respuesta de una sociedad degradada, deshumanizada y en la que viven frustrados miles de jóvenes, por no acceder al consumo desmedido que caracteriza a las capas sociales más privilegiadas o de los lumpen arribistas, que flotan como corchos con cada cambio de gobierno.

La mediocridad, la ignorancia y la corrupción son la antítesis de un modelo económico y político que aliena a la sociedad, desnaturalizándola, sin espacios de expresión ni solidaridad, imitando, por el contrario, los antivalores que dimanan de una burocracia corrupta y que al igual que la cocaína que corre por las venas de sus adictos, desintegra a nuestras familias y al colectivo en su conjunto.

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Este artículo se publicó el 16  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El arte de todo lo posible

La opinión de…

LUIS FUENTES MONTENEGRO
luisfuentesmontenegro@gmail.com

La política en las sociedades folclóricas es el arte de todo lo posible. En una sociedad folclórica lo importante es el juega vivo, es decir el mecanismo de hacer lo que sea para obtener lo que se quiere; en el juega vivo no interesan valores, sino fundamentalmente el dinero, la venganza, formar parte de una rosca o estar en la papa, pues la ética o la dignidad no se comen, por tanto constituyen pendejadas.

La política y las sociedades folclóricas están repletas del juega vivo más cochino, ello explica que la mediocridad no represente impedimento para que en esas esferas triunfe. Que un mediocre sea exitoso en la política y sobre todo en una sociedad folclórica es normal.

En la historia se encuentran presidentes, ministros, dirigentes políticos, artistas, la llamada gente de farándula, que son reflejo completo de un mediocre perfecto, gente que ante las cámaras de televisión, medios de comunicación o en público, hacen y dicen cosas de las que en privado se burlan y no creen.

En los últimos años se viene consolidando la idea de que no hace falta estudiar mucho para triunfar, no importa si sea analfabeta, tampoco si se es un malandrín, lo que importa es ganar muchísimo dinero a como dé lugar, y eso en una sociedad folclórica es el éxito. Por ello ser futbolista, grandes ligas del beisbol, reguesero bien pegado en el ‘top ten’ musical, o político, se han convertido en íconos, modelos a imitar masivamente. Es cierto que estudiar mucho no garantiza necesariamente un éxito profesional, pero el punto esencial es que mientras en una sociedad menos se estudie, más fácil se convierte en un pueblo de imbéciles, de personas que creen que saben pensar, pero que son presas de quién o quienes dominan el cómo se forman las ideas y el cómo se influye para que se piense de una manera, haciendo a la gente creer que se está pensando y tomando decisiones por sí mismo, cuando sólo son peones, autómatas, verdaderos robots, aunque no lo sepan ni lo acepten.

Un pueblo de imbéciles toma decisiones imbéciles, las aplaude, las defiende y se regocija por las estupideces que hace. A los pueblos de imbéciles se les dice que tienen memoria corta, que olvidan con facilidad. Es la realidad triste de una sociedad folclórica. ¿Usted qué piensa sobre Panamá?

 

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<> Artículo publicado el 21  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Calidad educativa o mediocridad

La opinión de la Doctora en Medicina…

Marisín Villalaz de Arias

Un día leo en el periódico que “cerrarán universidades que no alcancen su acreditación” y que el CONEAUPA se encargará de los estudios reglamentarios para ver cada una si amerita continuar funcionando. Me alegró la noticia porque existen demasiadas universidades en el país que no reúnen los requisitos para ser tales. Lo que se logra es sacar profesionales mediocres que se unirán al mercado laboral en forma de papeles en diplomas pero con una enseñanza académica que deja qué desear.

Al otro día leo que bajan estándares para medir universidades porque la mayoría no cumple con las reglamentaciones internacionales. Primero fue el escándalo de los estudiantes que no pasaban el ingreso a la universidad y fueron bajando el parámetro que se utiliza porque pocos muchachos lo pasaban. Consideré eso como un insulto a la inteligencia humana y lo critiqué.    Si los muchachos no saben, no entran; y si los responsables son los educadores, fracasen a esos señores y sáquenlos de la enseñanza nacional. Nadie debe ir a un centro de estudios para pasar la materia sino para aprenderla y que le sirva toda la vida en su carrera.

Me preocupa enormemente esta noticia porque, si antes la educación pública andaba por el suelo, ahora no alcanzaremos el índice de evaluación internacional necesario.   No es que debamos ocultar la ineficiencia, hay que elevar el índice académico para lograr esa garantía de enseñanza-aprendizaje.

Somos un país de servicio en el que lo damos a manos llenas y ni el inglés conocen los muchachos. Me opongo rotundamente a esos planes y permitan ser nuevamente un país con una educación de primera como en tiempos de nuestros estadistas. No iremos a ninguna parte graduando alumnos con pobres conocimientos y teniendo universidades malas para decir que el número de las mismas es alto.

Si esas universidades no cumplen con los requisitos y parámetros, pues ciérrenlas y que vengan otras de mejor calidad, pero acabemos con el paternalismo antes que éste acabe con el país. Nos veremos reflejados en el espejo de la mediocridad porque así se formarán.

Solicito a las autoridades que no cometan el error de trabajar con mediana porque casi nadie cumple los requisitos. Aunque nos quedemos con pocas, que sean buenas pero no apadrinemos la ineficiencia porque es otro índice de corrupción, de engaño hacia los muchachos y nuestras empresas no contarán con gente preparada de verdad.

<>Artículo publicado el 1  de septiembre de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que a l autor,   todo el crédito  que les corresponde.

Razones de peso

La opinión de…

Berna  Calvit 

Para asegurarme de que no estaba delirando, leí varias veces los detalles sobre la cirugía a la que se sometió un diputado. Días antes, la entrevista a otro diputado me había dejado pasmada. Parecen noticias triviales ante otras tan relevantes como el turbio manejo de la quiebra de la British American; que Corea del Sur nos mira con ojos de minero codicioso; los supuestos acuerdos de los ex presidentes Moscoso y Torrijos con las FARC; la pestilencia en los permisos de zarpe de la Autoridad de los Recursos Acuáticos; el juicio contra Noriega, en París; la gripe, la criminalidad, etc.

Lo que dejan al descubierto los comentarios de los diputados Gálvez y Muñoz no son trivialidades. Para mí son razones de peso para opinar. Me explico.

Se compró una silla de mil 793 dólares para el diputado Sergio Chello Gálvez porque las de especificaciones normales no aguantaban sus casi 400 libras de peso; para resolver el exceso de gordura recientemente se sometió a una cirugía para reducción del estómago (banda gástrica) que le ha dado buenos resultados.   ¿Y qué se le ocurrió a tan conspicuo personaje de la política criolla? Aunque parezca chiste cruel, proponer que la Caja de Seguro Social y el Ministerio de Salud enflaquezcan a los obesos con cirugía de banda gástrica.

Gratuitamente, claro. ¿En qué planeta vive este señor? El 4.8% de la población panameña, es decir, 150 mil ciudadanos sufren de obesidad mórbida; “son una carga para el Estado”, dice Gálvez (que lo ha sido por muchos años, y no precisamente por su obesidad).   También propondrá que se castigue a los padres con hijos demasiado gordos. Con su usual desparpajo y chabacanería, este “padre de la patria”, contó en entrevista (TVN 28/6/2010, con la periodista Ciniglio), cómo perder peso ha beneficiado su vida sexual.

¡Como si nos interesaran sus intimidades! A Gálvez no se le pasó por la cabeza (¿cómo podría?) proponer un programa de educación alimentaria; ni que productos sanos como zanahoria, tomate, apio, y frutas en general, se abaraten para ponerlos al alcance de los que, por necesidad, para “llenar el estómago”, consumen exceso de carbohidratos, como arroz, yuca, pan, ñame y mucha fritura.

Ni pensó (sería mucho pedirle), en proponer la construcción de más campos de juego, gimnasios, piscinas y parques que, además de combatir la obesidad y la vida sedentaria, ayudan a alejar a los jóvenes, de la delincuencia. Tan descabellada idea, en un país donde la falta de medicamentos y de servicios médicos es acuciante, el proyecto de Gálvez es perfecto ejemplo de lo que ocupa la cavidad craneana de algunos de los políticos que nos abochornan.

En Panorama (La Prensa, 23/5/2010) la periodista Flor Mizrachi entrevista al nuevo presidente de la Asamblea, José Muñoz. Estas son algunas de sus descarnadas respuestas. ¿En qué son afines usted y Chello Gálvez?, pregunta la periodista. “Iniciamos juntos en la política, nos gustan mucho las mujeres y comemos mucho”. Otra pregunta: ¿Con quién más es “uña y mugre?”.

“Con Alcibiades Vásquez. Somos alegres, nos gusta viajar e ir al casino”. ¿Qué no imitará (de la gestión de Popi Varela)? Respuesta: “Ir a las fiestas de los empleados a cantar y bailar”. ¿Es cierto que usted es como el rey de Tocumen? Sí, porque he trabajado tanto… Yo soy el rey”. Sobre la aceptación de Varela (de que “el Ejecutivo maneja la agenda del Legislativo”, contesta, jactancioso, sin rubor alguno: “Todo lo que venga del Ejecutivo será pasado, discutido y aprobado”.

La entrevista es una radiografía de la pobreza de pensamiento, el descaro, y el poco respeto que le merecemos a este político. Todas las 39 opiniones de los lectores (vía internet) de la entrevista criticaron acremente al diputado Muñoz.

En los casos que cito, lo menos importante son los nombres de los personajes. Lo que debería importarnos es que reflejan la cada vez más acentuada mediocridad de los que nos gobiernan; que acceden al poder gracias a deformados valores ciudadanos, escasa cultura política de los votantes, y por voluntad de los dueños de los partidos. El Legislativo, en diferentes períodos de su historia, fue honrado con la cultura, el intelecto superior, el verbo fogoso, el lenguaje pulcro y las convicciones de distinguidos hombres y mujeres.

Entre ellos, Jorge Illueca, Demetrio Porras, Diógenes de la Rosa, Carlos Iván Zúñiga, Esther Neira de Calvo, Roberto F. Chiari, Oydén Ortega, Thelma King, Gil Blas Tejeira, Teresita Yániz de Arias, Felipe O. Pérez, José Isaac Fábrega, Gumersinda Páez, y otros con tantos méritos como los que cito. ¿Volveremos a contar con diputados de esta talla? Más vale no hacerse ilusiones. No es lo que conviene a los intereses de los que mandan.

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Este artículo se publico el 5 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los valores, antivalores y la mediocridad

La opinión del Filósofo…..

MARCOS A. PAREJA

En Panamá vivimos en un estado de mediocridad, realidad a la que no escapa la Universidad de Panamá, pero este epítome es solo un apéndice de un mal mayor que es la cultura general o la falta de ella; caso Confucio.

Aquí se ha ensalzado el juegavivo por nuestra posición mercantil, el servilismo, la mediocridad y estulticia, como si estos antivalores fueran un valor, entronizados a tal grado que permean en actitudes como en la de ciertas universidades privadas, en donde según sea el ancho del bolsillo así serán los títulos.

El hombre mediocre es absorbido por la masa amorfa del populacho y pseudo-intelectuales, pues, la homogeneidad educativa castiga la genialidad y la inteligencias múltiples o especiales. Para José Ingenieros “ no concebimos el perfeccionamiento social como un producto de la uniformidad de todos los individuos, sino como la combinación armónica de originalidades incesantemente multiplicadas.

Todos los enemigos de la diferenciación vienen a serlo del progreso; es natural, por ende, que consideren la originalidad como un defecto imperdonable ”. ¿Donde están las escuelas de excelencia o genios, cómo se apoyan esas necesidades cognitivas especiales (becas), caso del humilde niño que pasó el examen de la U. Tecnológica; Cuántas personas humilde no pueden seguir sus estudios universitario, pese a sus buenas calificaciones?

Otro aspecto es la falta de actitud y conciencia crítica que tenemos.   Muchas veces formada y fomentada por la partidocracia actual.   Las líneas de partido atacan el santo derecho a pensar, criticar y disentir, “ aurea mediocritas ”.   Todo esto influye en los jóvenes, que ven y copian estos modelos como dignos de seguir, sumado a programas que ensalzan el delito,  el capo, las muñecas de cartel etc.

Esta apología del delito también se ve en nuestros los diputados, que defienden lo indefendible, caso fondo del FIS, que solo velan por sus intereses y les importa un comino con la población que los eligió, véase la renuencia a abdicar a las prerrogativas en los impuestos de importación de carros; La política ha dejado el Bien Común (Platón y Aristóteles) para disociarse de la ética y convertirse en la búsqueda del poder por el poder, Maquiavelo.

Todos estos factores intervienen en la educación que como subproducto de la cultura solo proyecta el grado en que se encuentra la sociedad como tal. De forma inconsciente o no esto tiene un impacto en la juventud y en la sociedad, pues parece “ que el crimen sí paga ” y que los delitos de cuello blanco no son delitos, pues nadie ha sido encarcelado; A esto sumemos la desintegración familiar.

En panameño el juegavivo es el valor insigne (antivalor convertido en valor), cuánto tienes en el bolsillo y te diré quién eres,  ¿no?


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Este artículo se publicó el 30 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

A mejorar la enseñanza

La opinión del periodista……

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Modesto Rangel Miranda

Cuando en una nación existe buena voluntad puede determinar que la calidad de vida es excelente y vale la pena hacer grandes sacrificios que conlleven grandes transformaciones proyectando buenas aspiraciones en el sector educativo.

El sistema educativo permitió que profesores europeos y estadounidenses enseñaran un nivel de excelencia acorde con la realidad que vivía el país.   Sin embargo, todo cambia en 1979 cuando se dio la reforma educativa que hoy en día es una fuente de inmensas controversias donde los más afectados son los estudiantes.

Treinta y un año después, encontramos un nivel educativo deficiente, muy bajo debido a la poca enseñanza que reciben los estudiantes por diversos factores: poca asistencia a clases, un rendimiento deficiente acompañado de altos niveles de fracasos escolares y sobre todo intereses políticos dentro del gremio docente quienes al iniciar el año escolar desean plantear sus ideas de efectuar un paro o huelga.

Esto demuestra la poca versatilidad de algunos docentes para enseñar a los estudiantes. Podemos cuestionar no solamente a los padres de familia, sino al gremio docente y educando en Panamá y en aquellas regiones del interior del país, donde todavía no hay una adecuada preparación técnica-educativa similar a la de otras naciones del hemisferio.

Por años convivimos con los estadounidenses, nos enseñaron sus costumbres y tradiciones, sin embargo, no aprendimos la fuente socioeducativa, conocimientos e ideas que en ocasiones nos transmitieron.

Es evidente que cuando le preguntas a un joven sobre fechas históricas, acontecimientos, datos biográficos, sus conocimientos quedan en el vacío, no recuerda o lo olvidó.

Esto demuestra y enseña que Panamá no esta avanzando en materia educativa y naciones como Cuba y los Estados Unidos nos ganan porque ellos les exigen tanto al estudiante como al docente una mayor preparación educativa.

Al iniciar este año escolar es necesario que cada padre de familia, estudiante y docente sepa que lo esencial es valorar el esfuerzo que se hace en pro de la educación y que esta es una buena inversión y no perder el tiempo en actitudes injustas que para los educadores solamente representan acciones negativas.

Es evidente que se debe reestructurar el sistema educativo y por lo tanto se debe mejorar el nivel de enseñanza en forma que beneficie al estudiante y al docente. Hace más de dos décadas se sigue enseñando con la misma metodología.

Esto representa un retraso para los estudiantes porque no les facilita comprender cómo se desea avanzar frente a los retos y desafíos del siglo 21 donde diariamente los cambios están a la hora exacta. Ojalá que los educadores piensen positivamente en beneficio de la juventud panameña y no sus intereses.

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Publicado el 7 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.