Para ti, buen maestro

La opinión de…

Jacqueline West de Cochez

El secreto mejor guardado de un buen maestro es una clase bien organizada, estimulante intelectualmente, rica en vocabulario y conceptos, cálida en su expresión y comunicación, con algo de risa, porque el maestro necesita transmitir información con cariño y con respeto, no solo con firmeza y disciplina, sino con claridad y de forma organizada.

No se debe subestimar la capacidad intelectual del alumno, vale la pena enriquecer la clase con un buen vocabulario, con ricos conceptos y con toda clase de anécdotas, conectando todos los conceptos entre sí, para lograr que haga sentido. El autoritarismo y la simpleza hay que tirarlas por la ventana. Y no tener miedo de no poder responder a todas las preguntas, sencillamente decir no tengo esto claro, pero para la próxima clase lo averiguaré. La información que se maneja es vasta y trataré siempre de contestar todas sus preguntas, tarde o temprano.

También es importante ser un facilitador. El alumno debe involucrarse directamente en su aprendizaje, ese debe ser un descubrimiento del conocimiento con la actuación directa e involucrada en su aprendizaje. Se trata prácticamente de un fórmula dialéctica de viajar desde lo que se conoce hacia lo que no se conoce, mediante preguntas, respuestas; cuánto sabe él, cuánto sé yo como maestro. Análisis, síntesis y, finalmente, formulación de la propuesta o concepto, que los antiguos llamaban la verdad, y que nosotros hoy en día llamamos el conocimiento o el objetivo.

Siempre es preciso reconocer con humildad que a veces el alumno puede saber algo que uno no sabe, celebrarlo y reírse, felicitándolo. ¿Quién ha dicho que uno es omnisciente?

Esto en el colegio Isaac Rabin se llama el método constructivista, que tanto disfruté utilizar y en el cual me moví creativamente y con todo entusiasmo igual que mis alumnos.

Para ti maestro, empiezo esta serie de artículos para que tu próximo año esté lleno de más logros, serenidad, alegría, éxito y cariño compartido con tus alumnos; esos que tanto necesitan de ti. No los subestimes en esto tampoco. ¡Pecamos tanto de subestimar a nuestros alumnos!

El primer escalón para el aprendizaje es, curiosamente, el que parece menos importante, pero en efecto es el más importante: lograr la atención de forma positiva.

No se produce el aprendizaje sin la atención de todos al mismo tiempo; cosa nada fácil en un salón de 20, 30 y a veces 40 alumnos. Más fácil es vestir a un camello en el desierto.

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Este artículo se publicó el 13  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Sobre el fracaso escolar

La opinión de la Psicóloga y Docente Universitaria….

YOLANDA  CRESPO  DÍAZ
zedirto@cwpanama.net

‘Cuando fracasa un estudiante, fracasa la maestra’.   Todo estudiante con problemas es producto de su situación familiar.

Los fracasados pierden el interés, la motivación, la escuela se convierte en castigo, un lugar aburrido.

Los padres de familia deben interesarse por el rendimiento académico de sus hijos, dedicarles tiempo, premiar, estimular sus logros, fomentar la superación profesional.

Muchos fracasados vienen de familias desestructuradas, problemáticas. (Divorcio, familias reconstituidas, monoparentales). Fracasan para llamar la atención de sus padres. La poca convivencia con los hijos, la ausencia paterna, cuando la familia no se relaciona con el centro educativo: no asiste a las reuniones de padres de familia o eventos escolares, se refleja en el estudiante.

Fracasan, por trastornos emocionales, de conducta, aprendizaje, porque el contenido del curso no es presentado de manera clara o atractiva, por incapacidad intelectual, falta de interés e indiferencia en la familia. Se debe atender individualmente al alumno con dificultades en el aprendizaje.

El fracaso escolar debe remediarse rápidamente, con programas especiales, ayuda de la familia inmediata, entrenamiento en técnicas de autocontrol, responsabilidad, disciplina, autodirección, habilidades sociales, expresión de sentimientos, actitudes positivas, tolerancia, conducta ética, aceptar las consecuencias de nuestros actos, respetar la autoridad, cooperación , desarrollo de la inteligencia emocional.

Porque no pueden controlar sus propias vidas, ni las cosas que les suceden. La respuesta suele ser la agresividad, el ausentismo, ante un mundo incomprensible, frustrante.

Las cifras de fracasos se acentúan en estudiantes de bajos recursos, provenientes de familias de pocos estudios, no valoran títulos académicos.

La sociedad, la familia, el sistema educativo son los mayores res ponsables.

El contexto economicosocial, los años de estudio que han cursado los padres, afecta el interés de los alumnos.

Prevenir el fracaso escolar es una manera de evitar la conducta antisocial en los jóvenes.

El fracaso escolar conlleva: baja autoestima, pérdida de confianza, decepción, cae en un círculo vicioso de pandillerismo, conducta antisocial.

Los alumnos que abandonan o terminan la educación sin la titulación correspondiente tendrán problemas laborales. El riesgo de marginación o de pérdida de un determinado estilo de vida se incrementa.

Las expectativas de los padres sobre el futuro académico de sus hijos, el apoyo en sus estudios, hábitos de lectura, actividades culturales determina las causas de las dificultades escolares. Un bajo nivel educativo puede compensarse por un mayor compromiso de los padres con la educación de los hijos.

Recomendamos una reducción del número de alumnos por aula, incremento de orientadores, maestros de apoyo, programas de diversificación curricular, Centros públicos atractivos para todos los sectores sociales, enseñanza basada en la utilización habitual de computadoras e Internet, aprender un instrumento musical, desarrollar su expresión artística. El arte, la educación plástica, la música tienen un extraordinario valor formativo, así como las deportivas.

Cuando los alumnos se retrasan de forma considerable en sus conocimientos y habilidades en lectoescritura y matemáticas, hay un gran riesgo de desinterés y de abandono de los estudios. En 1968 los psicólogos norteamericanos Rosenthal y Jacobson, descubrieron el efecto Pigmalión donde descubrieron que las apreciaciones de los profesores se reflejan en la evaluación de sus alumnos o sea que si esperan que un estudiante sea bueno o malo esta profecía se cumple independientemente del valor del estudiante. Esto indica que la impresión del profesor sobre el alumno se refleja en la evaluación.

Las mujeres aventajan claramente a los hombres en todos los paneles educativos en la universidad y en todas partes, a la hora de la graduación: más mujeres triunfan en la escuela.

Encontramos que uno de cada cuatro alumnos de 16 años abandonaba el sistema educativo, abandonar el sistema educativo es una decisión personal, aunque los hijos de padres sin estudios son más frecuentes los casos de fracaso y deserción. Los que mejor se sitúan en este sentido son los hijos de padre universitario, pues consiguen mayoritariamente el título obligatorio.

El éxito de las mujeres: las jóvenes tienen más éxito en el sistema educativo, maduración más temprana, mayor cantidad de hombres abandonan el estudio, repiten de curso, presentan problemas disciplinarios, absentismo y abandono prematuro del sistema escolar.

La edad de abandono está asociada al origen social, concretamente al nivel de estudios de los padres.

Las motivaciones del fracaso escolar abandonar los estudios se concibe como una transición a la vida adulta. Pérdida de valor de los estudios. Satisfacción inmediata: Se quiere dinero inmediato. Ocio nocturno temprano. Falta de capacidad intelectual por naturaleza.No le gusta estudiar, desinterés por el contenido, aburrimiento y desmotivación.

La familia es muy importante, la clase social, más común entre los estudiantes de las clases populares, menos familiarizados con el valor real general y particular de los títulos académicos en el mercado de trabajo, más vulnerables a las informaciones sensacionalistas, la idea de que los títulos no sirven,

El alumno de clase popular encuentra en su medio social, actitudes antiescolares: afirmación del trabajo manual y menosprecio del intelectual, culto al físico (la fuerza para los hombres, la sensualidad y reproducción en las mujeres), El alumno de clase media quiere superarse a través del estudio.

 

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<> Este artículo se publicó el  11  de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Generales para un retrato

La opinión de…

 

ERNESTO HOLDER
ernestoholder@gmail.com

En un artículo titulado ‘El Enigma de los dos Chávez’, el Nobel Gabriel García Márquez relata sus primeras impresiones sobre Hugo Chávez, diciendo: ‘Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos. ’Sólo habían pasado unas cuantas horas juntos, tiempo en el cual el reconocido escritor pudo hacer esta valoración, entre otras tantas, sobre la personalidad y el carácter del futuro presidente de Venezuela.

Desde siempre, las personas tienden a hacer caracterizaciones de las otras tomando en cuenta la experiencia directa con el caracterizado, las opiniones de otros (entre esos los bochinches) y el comportamiento del susodicho en situaciones generales y particulares.

En los colegios privados los sicólogos hacen una evaluación que creemos científica para darles el visto bueno al colegio y a los padres sobre la aceptación del niño en el parvulario. Desde esa edad comienzan las evaluaciones. Los niños de las escuelas públicas no corren tal suerte (o juicio). Pero igual recuerdo que en mis días de la primaria, hace muchos, muchos años, la opinión de la maestra con respecto a mi y mi comportamiento llevaba mucho peso y era palabra sagrada para mis padres.   Hoy es al revés, la caracterización que hacen los muchachos de sus profesores y maestros ante sus padres, ha causado más de cuatro altercados y situaciones de violencia de padres de familias contra maestros.

Cuando falleció el Papa Juan Pablo II, los expertos y los medios de comunicación analizaron las posibles figuras que lo reemplazarían con la información que tenían basada en caracterizaciones y evaluaciones de cada uno de los posibles candidatos. Se tomaba en cuenta su hoja de servicio en la iglesia, su filosofía religiosa dentro de la doctrina más amplia del catolicismo y los analistas centraban sus opiniones en el hecho de que sería difícil reemplazar la figura de un Juan Pablo II, el Papa Viajero, que había elevado notablemente la imagen de la Iglesia Católica mundial en los 26 años de su pontificado. Su carácter, ante todo, era de singular importancia y, el carácter de su sucesor, era de particular importancia para los analistas. Al final no parece ser que eso tuvo que ver con la escogencia que realizó el cónclave de cardenales.

Toda nuestra vida estamos siendo evaluados y retratados para que los interesados puedan tener una idea inicial de quiénes somos. Todos tenemos elementos que nos identifican socialmente. Una larga lista de observaciones que hacen los maestros, profesores, curas, ex parejas, jefes, colegas, y hasta los vecinos bochinchosos que en muchos casos, tiene una idea aproximada de quiénes somos –por pura observación–. Si le damos de comer al perro callejero o lo ahuyentamos deja algo de nosotros.

En su autobiografía titulada ‘Madam Secretary’, la secretaria de estado del gobierno de Bill Clinton, Madeleine Albright, en poco más de 700 páginas, caracteriza a un sinnúmero de actores de la vida política de su país y del mundo. Es casi imposible guardar en la memoria tantos detalles de tantos acontecimientos de relevancia personal e internacional, si la actora, en este caso Albright, no lleva un detallado almanaque de notas y recuerdos.

Una de sus caracterizaciones en el libro habla de sus primeras impresiones sobre el entonces vice presidente Al Gore, que ella reconoce que conocía muy poco. ‘Luego de ser nombrada embajadora, a menudo me senté a su lado durante reuniones, e intercambiábamos notas acerca de política y personalidades. A pesar de su imagen ‘rígida’, encuentro que Gore siempre fue confiado y gracioso’.

El libro de William J. Jordan ‘La Odisea de Panamá’ es otro de cientos de ejemplos en donde la diplomacia se fundamenta en la estrategia de conocer y retratar a los interlocutores, y Jordan reconoce que Omar Torrijos era un maestro de la estrategia, no para aprovecharse de las debilidades ajenas, sino para ganar terreno para la causa de la recuperación de la soberanía nacional.

En el mundo diplomático serio y formal, en donde la tarea diplomática es asunto de Estado, más que una actividad ambivalente que no tiene fundamento ni estrategias que superen el quinquenio electorero, conocer a las figuras con quien el Estado – a través de su gobierno de turno – debe mantener relaciones bilaterales continuas, es asunto básico y esencial. Y en la medida en que se vayan levantando un perfil minucioso de los actores, más pronto se podrá establecer las estrategias que le convienen a una parte o la otra, en defensa de los intereses de sus naciones.

 

<> Este artículo se publicó el 3  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

A mi maestro con cariño…

La opinión de la Educadora…

ISIS DE VAZ DE MELO

¿ Puedo acaso olvidar a mi maestra de primer grado, que con amor y cariño me enseñó mis primeras letras, a pesar de que tal vez no era la más dócil de sus alumnas? ¿Qué decir de mi profesora de Español de 9º grado, una santa mujer que marcó mi vida para siempre? Dos veces por semana nos ponía de tarea en el salón de clases una redacción. ‘Escriban’, nos decía, ‘de lo que quieran, pero escriban’, y yo escribía de todo y ella corregía con manos de hada mis escritos.Casi todos los docentes que me formaron fueron increíblemente humanos, respetuosos, dedicados y bondadosos, nunca olvidados por mí, aunque a la mayoría de ellos nunca más los he visto, héroes lejanos de mi querido Aguadulce, en donde no había escuelas privadas en aquel tiempo. Pobres, ricos de pueblo y campesinos, todos estábamos en la misma aula recibiendo la misma calidad de educación.

En tiempo más cercano, casi todos los maestros y profesores de nuestro menor hijo, casi celestiales, a pesar de que cada día es más difícil enseñar a esta juventud descarriada y hago constar que la experiencia de nuestro retoño es en su mayoría de escuela y colegio público.

Tampoco podré olvidar nunca, y es aquí donde adquiere mayor importancia la palabra casi, a mi profesora de 5º grado, que me ridiculizó en público por escribir la palabra ‘ahorro’ con dos letras h, porque dijo que era imperdonable que la escribiera así, porque todos los días esta palabra salía en televisión, en los anuncios publicitarios de la Caja de Ahorros… lo que la maestra en cuestión no sabía era que yo no tenía televisión.

Todavía me conmueve hasta las lágrimas el recuerdo de una pobre niñita que ganó uno en un ejercicio en el que le preguntaban lo que había desayunado ese día y ella lo dejó en blanco, porque no había nada en su casa para desayunar. No olvido tampoco al maestro de 3er grado de mi hijo, que lo golpeaba en la cabeza con un libro cada vez que él se distraía.

Al punto donde deseo llegar, con todo lo anteriormente expuesto, es que malos maestros y profesores han existido toda la vida. Debemos agradecer a Dios que los buenos fueron y son la mayoría.

Desde este escrito quiero reconocer la responsabilidad que me toca, siendo docente en ejercicio, por los resultados obtenidos en las pruebas de conocimientos de los alumnos de escuelas y colegios públicos en los últimos años.

Talvez no hice lo suficiente, talvez no me capacité lo suficiente, talvez me falta regresar a la universidad y talvez no pueda acabar la lista de todo lo que podría haber hecho. Lo que no admitiré jamás es que se le endilgue al docente de este país toda la responsabilidad de los fracasos académicos.

La falta de respuesta social y económica por parte del Estado, el deterioro de la familia como núcleo de la sociedad y las malas influencias foráneas han dado como consecuencia el tener alumnos desmotivados, conformados con su existencia y sentimientos de inseguridad e inferioridad que les impide asimilar lo enseñado.

Todo el que no quiera ver que la responsabilidad de la educación de un país es una tarea compartida, contribuirá para que la misma se estanque y al que no quiera reconocerlo lo invito a que intente enseñarle y hacer que le pongan atención estudiantes con hambre; con miedo de ser violados por padrastros inescrupulosos o por vecinos que saben que están solos en casa; a chicos que delinquen, porque su desesperanza es tanta que creen que es mejor vivir poco, pero vivir bien; a los desposeídos de todo, amor, comprensión y bondad y a los olvidados de todos los gobiernos.

¿Cuántos docentes no contribuyen comprando libros, uniformes, pagando comidas y alentando a muchachos que no tienen casi nada? Muchos de nosotros lo hacemos y sin ánimo de ganar ninguna medalla o recibir ninguna congratulación al respecto, paladines ocultos que nos entristecemos cuando solo recibimos críticas.

Cambiemos, les digo a todos, por nuestros hijos, por nuestros nietos, por el bien del país, cambiemos y dejemos de culpar solo a un sector por lo que es culpable toda la sociedad.

<> Artículo publicado el 25 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Formación en la conciencia de los hijos

La opinión de…

Milagro B. de Calvo

Hay una interrogante que todos tienen en sus mentes; una pregunta que se formula con frecuencia, ¿qué debe hacer el docente para ayudar al estudiante y a la familia en esta época tan difícil? La respuesta es clara: ejemplificar.

Vivimos una cultura de muerte, de violencia y nosotros los docentes tenemos un papel estelar que protagonizar. Y es que apoyar actos vandálicos, incendiarios, no beneficia lo que debe ser nuestra natural e inteligente forma de proceder.

Mostrar imágenes donde montados en cólera gritamos, gesticulamos y evadimos el diálogo, no habla bien de nosotros y el mensaje que enviamos a los alumnos llega distorsionado, porque una cosa es lo que decimos que hay que hacer, y otra cosa lo que hacemos.

Porque cuando trabajamos con vocación, con verdadera fe y pasión somos veraces y podemos adentrarnos, sin dificultad, en la mente de nuestros muchachos, ganar su confianza, su respeto y su admiración. Cuando esto ocurre el estudiante ya tiene un patrón conductual, digno de imitarse y empieza a rechazar y reprobar aquello que no concuerde con ese patrón. He allí un aprendizaje sólido, efectivo e imborrable. A partir de este momento nosotros podemos enseñar a los alumnos valores y virtudes medulares para vivir digna y pacíficamente.

Y es cierto que esta tarea no es sólo responsabilidad del docente, si no altamente compartida por el padre de familia. Y es que ambos nos hemos limitado a una tarea de pura información y eludimos la más importante misión que es la formación integral de los estudiantes.

Todavía no puedo comprender si el hecho obedece al temor o a la indiferencia, lo cierto es que no acabamos de disciplinar y formar a nuestros jóvenes.

Pienso que el hecho puede obedecer a: la falta de carácter o intención del padre; su temor a sentirse expuesto, si asume su rol, porque su accionar no sea el correcto y el hijo pueda confrontarlo y restarle autoridad; quizás, porque en un afán desmedido de cautivar el amor de los hijos se han convertido en padres, no sólo tolerantes, sino también permisivos y se crea que ésta es una buena forma de mostrar amor.

El padre que defiende a un hijo sabiéndolo culpable, que responsabiliza a otras entidades de las acciones de sus hijos se está engañando y empuja al muchacho a cometer actos cada vez más reprobables y punibles.

Las experiencias, en el hogar y en la escuela, deben ser propiciadoras de vivencias gratas y positivas. Será entonces cuando los niños y jóvenes, hoy impotentes, puedan reprochar el descontrol de nuestras emociones y el postergar nuestras labores ocasionándoles un perjuicio permanente.

Invito a mis colegas a la reflexión porque quienes emanamos del pueblo no podemos negarle a los hijos de éste la posibilidad de, que a través de una educación formal y responsable, tengan ellos las oportunidades que nosotros tuvimos.

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Este artículo se publicó el  17  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde

Adiós al maestro: Campo Elías Muñoz

La opinión del Abogado…

Silvio Guerra Morales 

Se ha ido un grande maestro del Derecho Penal. Decir que “un maestro panameño”, sería poca cosa y así, con ello, tan solo lograríamos constreñir su grandeza, en el campo de las letras forenses, a nuestra geografía nacional.

Hablo del Dr. Campo Elías Muñoz Rubio: fecundo penalista, de estirpe gallarda y de enjundiosos análisis en los temas más intrincados del Derecho Penal.

De formación en la dogmática penal española, de esa España de José María Rodríguez Devesa, Cobo Del Rosal y de tantos otros ilustres penalistas del foro de la madre patria, el Dr. Muñoz Rubio asimiló un Derecho Penal en búsqueda de aproximaciones al carácter de ”lo más humano” procurando con ello entender, según lo advertía Cossio en Argentina, que el plexo jurídico no satisface por cuenta propia toda la plenitud del hombre como sujeto de Derecho sino que a dicho plexo hay que acompañarle otro de mayor valía: el plexo psicológico. Ya Kant lo había advertido con singular genialidad: Hombre conoce Ley, Ley conoce Hombre.

Conocimos al jurista y al docente. Del primero lo vimos prolífico en la exposición de las ideas y corrientes del pensamiento penal. Con donaire, siempre expuso sus defensas en los tribunales levantando una voz valiente en pro del imperio de la ley.

¿Y qué decir del docente? Verdaderamente sabio, cariñoso, con sentido paternal respondiendo a nuestras inquietudes. Como discípulos que fuimos del maestro y llenos de curiosidades intelectuales, encontramos en el Dr. Muñoz Rubio, respuestas claras, no confusas, orientadoras, proyectivas. No permitía que estudiante alguno quedara en las sombras de las dudas que acechan al conocimiento.

Me tocó ser su estudiante de la materia Derecho Penal II –Parte Especial- y recuerdo una anécdota un tanto jocosa, bueno, al menos para el resto de los estudiantes y para el propio profesor les pareció jocosa.

Relato: Recordaba, en repaso, el maestro el concepto del verbo rector –tiempos verbales que en la prescripción de la norma usa o emplea el legislador penal para describir o precisar la conducta o la acción que quiere sancionar o prescribir como delictiva- y dirigiéndose a mi, mirándome fijamente a la cara, me dice: “A ver Guerra, contésteme, pero en paz, qué es el verbo rector?”, soltó la risa y como advirtiendo mi exacerbado nerviosismo, cambió la dirección y pasó a otro tema.   Yo estaba frío, en pánico, casi en shock.    Era un maestro.   Nunca lo vi dejar a un alumno en ridículo o burlarse o mofarse de él.

Era un maestro del Derecho Penal y un buen padre. Allí quedan sus obras, todas especializadas en Derecho penal, básicamente su Derecho Penal Panameño, en coautoría con la Profesora Aura E. Guerra de Villalaz, para que las actuales y futuras generaciones se sigan cultivando, se nutran, de su sapiencia jurídica, pues al final de cuentas por mucho que hablemos de defensa social, de imputación objetiva o de finalismo o funcionalismo penal, el Derecho Penal en su dogmática, aun sigue trabajando sobre aquellos conceptos que nos enseñaron doctos maestros como el Dr. Campo Elías Muñoz Rubio. ¡Hasta luego, maestro!

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Este artículo se publicó el  16  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Orientación de la educación nacional

La opinión del Pedagogo, Escritor y Diplomático…

Paulino Romero C. 

En todo proceso educativo –así como lo hemos señalado repetidas veces– lo más importante es tener muy claros y definidos los objetivos que se desean alcanzar, tan importante, como es para el navegante conocer de antemano el puerto de destino, el punto de partida y el rumbo que debe seguir; sin tales referencias no es posible navegar, aunque se posea un excelente navío equipado con los mejores instrumentos y piloteado por el mejor capitán. En tales condiciones, se podrá llegar a cualquier parte, tal vez a la menos deseada, permanecer a la deriva por tiempo indefinido, o en definitiva naufragar; pero nunca se llegará con éxito.

No otra cosa sucederá a las Autoridades educativas, directores y a los maestros y profesores de nuestras escuelas (oficiales y particulares), que no estén plenamente conscientes de la Filosofía Educativa y de los objetivos por ésta determinados. Si preguntáramos a las altas Autoridades del ramo, a los Directores Regionales de Educación, a los Directores de Escuelas, así como a los maestros y profesores en servicio: ¿Cuáles son los objetivos de la educación panameña? ¿Qué habilidades básicas debe procurar desarrollar la escuela en los educandos?   Seguramente que muy pocos podrían contestar con propiedad tales interrogantes. Por eso, es recomendable que en la formación del magisterio y el profesorado esté presente en una forma enfática, el conocimiento de la Filosofía Educativa para que los nuevos maestros y profesores salgan mejor orientados.

¿Cuál es el papel de la Filosofía Educativa y cuál el de la Ciencia en la elaboración de programas, planes y cursos de estudios? Es más fácil poder afirmar que la solución de la problemática educativa es empresa tanto de la Ciencia como de la Filosofía, en solidaria identificación, que afirmar la participación que corresponde por separado a cada una de ellas. De todos modos, a la Filosofía de la educación corresponde decir qué es lo que se debe hacer, para que sea la Ciencia la que diga cómo se debe hacer.

Nadie puede dudar que la educación influye poderosamente, no solo en la vida de los individuos, sino en la vida colectiva de los pueblos; en su desarrollo económico y social. La educación puede formar un pueblo de guerreros, de esclavos o de ciudadanos libres, de acuerdo con los objetivos que determine la Filosofía educativa que la orienta. Ejemplos, en la Italia fascista y en la Alemania nazista, los objetivos que fueron perseguidos en la educación de la nueva generación eran los siguientes: obediencia ciega, sumisión fanática y adoración al amo fuerte; desprecio al derecho, a la razón y a todos los valores del espíritu. Luego aquellos pueblos fueron moldeados en tales patrones, con el desdichado resultado que todos conocemos.

En los países orientados por las doctrinas democráticas, la Filosofía Educativa trata de lograr otros patrones muy distintos, para llegar a la formación de ciudadanos libres, eficientes, de vida digna, creadora y feliz.

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Este artículo se publicó el  12  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.