Los perdedores en la venta de lotería

La opinión de…

Jaime Cheng Peñalba 

El Estado, según la ley, tiene la potestad de administrar y organizar los juegos de azar en la república. Tiene también el derecho de otorgar en concesión su explotación a empresas privadas, previa licitación. Así el Estado ha ofrecido concesiones a hoteles y compañías privadas para la administración de casinos, lo que ha resultado un negocio bastante jugoso.

La Lotería Nacional quizá sea la única institución, de gran escala, que aún mantiene un perfil de empresa pública. Hace décadas y como forma de paliar el desempleo imperante en Panamá se permitió la adquisición de libretas de chances y billetes a personas que necesitaban una fuente de ingreso.   Con esto se resolvió un problema momentáneo, pero se creó otro de gran consideración. Resulta que la cultura del pequeño propietario es ajena a cualquier servicio que contribuya al bien colectivo. La visión del pequeño propietario no se basa en el beneficio compartido.

Es decir, ganar y hacer ganar a los demás.   Muchos de ellos quieren convertirse en medianos y grandes propietarios, olvidándose de la naturaleza del servicio que prestan.   Prueba palpable de esto son los taxistas quienes brindan el servicio a quien les conviene y su interés, al igual que el del vendedor de chances y billetes, es sacar la mayor cantidad de ganancia a costa de un servicio público.

Una numerosa cantidad de vendedores de lotería, asumiendo esta mentalidad, practican las famosas ventas, casando los números bajos con altos, con one-two o con rifas, porque esto les reporta tangibles beneficios. La actitud arrogante y grosera de algunos de ellos generó una ola de protestas por parte de los compradores (no organizados), lo que tuvo eco en la institución que ordenó operativos de supervisión. En respuesta, los vendedores exigieron un aumento en el margen de ganancias, de lo contrario suspenderían las ventas.

La respuesta de la Dirección de la Lotería Nacional, lejos de resolver el conflicto, lo que ha hecho es evidenciar la falta de carácter de los directivos que por años han buscado la solución en el parche, no en la cura de la enfermedad. El aumento del margen de ganancias y el maquillaje en el cambio de nombre (promotores de ventas) no elimina el origen del conflicto: la venta de los chances y billetes casados o con otros aderezos. Me parece que ahora, con mayor razón, se incrementará esa mala práctica.

La solución debe ser estructural. Si las ventas reportan sustanciosas ganancias a la institución y estas redundan en algunas obras de beneficencia, entonces que sea el propio Estado el que reorganice la naturaleza de las ventas, asumiendo el papel de empleador, pagando salarios a sus vendedores sin poner límites a los compradores. Lo mismo podría pasar con los taxis y otras pequeñas empresas que responden más a los intereses egoístas de sus dueños que al beneficio colectivo. Se acabaría de raíz el problema, el ciudadano sería el gran ganador. No obstante, después de tantos años, ¿quién se pondrá de verdad el cinturón para enfrentar estos males con verdadero carácter?

<> Este artículo se publicó el 23  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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La Lotería Nacional

La opinión de…

Marisín Villalaz de Arias

Últimamente se han presentado problemas en la Lotería Nacional de Beneficencia, entidad de larga data de existencia y que siempre ha gozado del respeto y confianza de la población. Las situaciones que hemos visto en la televisión y otros medios, han sido realmente bochornosos y poco apropiados de personas que trabajan para esa institución y que disminuye la confianza en la misma. Yo creo que los vendedores de chances y billetes merecen una mejor recompensa monetaria ya que la vida ha encarecido; también es cierto que la manera que utilizaron para sus protestas no era la adecuada; los gritos desenfrenados, las palabras que se dijeron y que no pueden recogerse y la actitud de algunas vendedoras deja mucho que desear y pierden el apoyo que la ciudadanía pudiera darles en sus luchas reivindicativas.

Nunca he sido asidua compradora de lotería, pero cada tanto me gustaba probar suerte. Sin embargo, no tengo por qué comprar chances casados, ni con otros ni con las rifas que muchas veces no pagan. La honestidad y la educación en ellos deben estar por encima de sus aspiraciones. Con el producto de sus ventas, la Lotería ayuda a miles de personas y organizaciones y no es justo que se aprovechen de la falta de inspección que ha habido para actuar inconvenientemente. Las amenazas que gritaron desaforadamente no llevan a ningún entendimiento porque, en el momento en que ellos se nieguen a vender los billetes para que la institución pierda dinero, también lo hacen ellos y uno de estos días pueden cambiarle el sistema de venta del producto para hacerlo con agencias y ellos pierden sus trabajos.

También ha habido un poco de falta de liderazgo e iniciativa de parte de las autoridades para arreglar el problema sin violencia y llegando a acuerdos positivos para ambas partes. La actitud del Director dejó algo que desear y faltó decisión en su actitud. Como no compro lotería, no sé si han continuado vendiendo casados; el escándalo ya pasó y todos nos olvidamos de lo sucedido. ¿Continuará ACODECO vigilando que los clientes no sean estafados o ya cambió la dirección de su atención? La ciudadanía nunca ha sabido ni sabrá el resultado del bochorno que protagonizaron algunos vendedores y los medios de comunicación se olvidaron del asunto, como sucede todo en Panamá.

El público quiere saber el final y si llegaron a acuerdos beneficiosos para las tres partes: el gobierno, los vendedores y los compradores. ¡Veremos!

<> Artículo publicado el 15 de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Y el número es…

La opinión de…

MODESTO A. TUÑÓN F.

La oportunidad, según la mitología griega era una hermosa mujer escurridiza que andaba en puntillas, físicamente caracterizada por poseer un largo mechón de cabello en la frente, pero calva en la parte de atrás de la cabeza. Así los hombres podían atrapar a este ser sobrehumano y no desaprovechar la ‘ocasión’.

Es una metáfora decir ‘la oportunidad la pintan calva’. Algunos hacen de ella, no un instante o momento para aprovechar, sino que viven de prolongar las coyunturas que el destino les pone enfrente. Por esa razón, hacen del juego, del azar y todo lo que signifique adquirir posibilidades fáciles de éxito y fortuna, una norma de vida con el menor esfuerzo.

Hace unos días, un colegio secundario de Colón celebró una feria para promover los temas turísticos en su población estudiantil y en la comunidad que sirve de contexto a este centro de enseñanza. Dentro de las actividades, el club de padres de familia programó un bingo para aprovechar la audiencia a esta jornada.

En un momento dado, los pasillos feriales se vaciaron y el área del juego de las bolitas y cartones se colmó con los aficionados que esperaban con febril entusiasmo los números. La gente ocupó las sillas, mesas, paredes y cuanta columna permitió apoyar los formularios para apuntar las cifras, completar las listas e impulsar el grito ganador.

La inclinación por el juego o ludopatía es una realidad en el país. La transmisión de los sorteos de la Lotería Nacional de Beneficencia, es un hito dentro de la cultura nacional, que paraliza un conjunto de actividades y hace a todos volver sus ojos al tablero donde se colocan los números.

Los resultados, probablemente permitan en muchos casos encender el fogón o salir al mercado a buscar lo que va a comer la familia ese día. Resulta paradójico, pero es la realidad de un amplio sector.

La lotería se inició en Panamá como un negocio privado y se amplió tanto, que el Gobierno lo asumió para darle el carácter benéfico como se le conoce hoy.

Cuando la lotería se hizo estatal con sus propios objetivos, empezaron a surgir formas privadas y paralelas de premiar a los incautos o insatisfechos con otras posibilidades y aparecieron opciones como ‘la bolita’ con sus ‘tiempos’ limitados que cautivaban a los jugadores, quienes esperaban al último momento cuando los sueños y las ‘cábalas’ les iluminaban sobre el posible número favorecido.

Esta ludopatía que mueve a una gran cantidad de personas a ‘invertir’, se amplía con otras posibilidades como la Casa Grande, incluso con la lotería de Miami y en Chiriquí y Bocas del Toro con los sorteos costarricenses que se transmiten por radio, cruzan la frontera y se reciben de este lado.

En una época, los azuerenses escuchaban una lotería en las emisiones radiofónicas que llegaban desde Cuba. Felipa, en La Villa de Los Santos, caminaba el pueblo y ofrecía los ‘tiempos’ de la bolita cubana. El viernes en la noche en un cine habanero, se hacía una espectáculo que se transmitía y luego, se anunciaban los números ganadores. A la mañana siguiente, la vendedora acá en la ciudad santeña, llevaba puntualmente el premio a los ganadores.

La ilusión del panameño se acrecienta cuando el velo raudo de la diosa Oportunidad, roza su sensible epidermis. El imaginario busca acertijos en hojas de la planta Millonaria (Dieffenbachia amoena), en las placas de vehículos accidentados, en la fecha de grandes hombres fallecidos y en un sinfín de códigos que se originan en los sueños y números asociados.

Las maquinitas de los casinos rebosan de adictos. Hay gente que busca en las nubes y pasan el día ‘mirando alto’ para ver si se dibuja la cifra que le traiga la suerte. Otros auscultan el fondo de la taza de café —por si acaso—. La mayoría tiene la costumbre de jugar la fecha de nacimiento, que llega solo hasta el 31.

Esto crea la tendencia a favorecer las demandas de estas primeras decenas de la lotería, por eso el resto, tiene una salida menos rápida. Esa es la razón del conflicto actual entre los expendedores y el ente que regula los sorteos, porque los vendedores ‘casan’ los números bajos con los altos o promueven la venta de contingencias alternas de premiación.

Menudo conflicto el de la diosa con sus acólitos nacionales que ‘cifran’ su futuro, sin considerar que el mañana se construye con el trabajo y labor cotidianos, que configuran la realidad para asegurar la vida y la verdadera fortuna.

<> Este artículo se publicó en 8 de septiembre de 2010 en el diario Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Propuesta ciudadana sobre conflicto de billeteros de chance y lotería

La opinión de la Abogada….

Hanya Martínez Hernández

Antes sólo se quejaban algunos consumidores de lotería, hoy día resurge con mayor fuerza el conflicto de la Lotería Nacional con los billeteros sobre porcentajes de comisión, modos de venta, la fuga de divisas por medio de los vendedores clandestinos, la escasez de números bajos (01-31) más comprados por los consumidores que conlleva la venta de números casados, one-two, one-five y rifas, productos no autorizados y la incidencia de revendedores. Las acciones tomadas por parte de la Lotería Nacional de Beneficencia han sido aplicación de multas y cancelación de billeteros con la propuesta de estudiar un aumento de entre el 12.5% al 15% por comisión de venta.

Una opción exitosa a evaluar: La mecánica de la nueva opción consiste en la entrega de una libreta de billetes programables de chance y/o lotería a todos los billeteros con la cual puedan ofrecer todos los números requeridos por el usuario y la cantidad que ellos deseen al mismo precio con los mismos premios que se brindan hoy.

De evaluarse dicha mecánica resultaría rentable para los intereses de todas las partes involucradas en el conflicto, con propósitos como: 1) evitar los elevados reclamos de comisiones por ventas bajas y 2) erradicar ventas irregulares que da lugar a cancelación de billeteros.

Su impacto involucraría economizar espacios y utilidades como tableros que llenan las aceras y comercios, estimular la compra-venta sin riesgos convirtiéndolo en un negocio más lucrativo y competente sin reducir el número y calidad de vendedores.

La nueva propuesta ofrece garantías de pago al premio (eliminando chanceros mala-paga), y dar seguridad legal al producto vendido (previene las estafas por ventas de chances clandestinos).

El usuario podría comprar con tranquilidad y seguridad masivamente el nuevo producto debido a que el vendedor se adecuaría al perfil de la mecánica por ser altamente lucrativa y controlada por la Lotería Nacional de Beneficencia.

El incremento de ingresos permitiría que la institución tecnifique el control de ventas, reduzca costos de papelería, logre transparencia y realice mayores obras de beneficio social.

El hacedor de la propuesta es consumidor de lotería y víctima de casas grandes clandestinas quien sin denunciar ideó una solución para innovar la actividad que hoy está en discusión y casi desprestigiada por aprovechamientos ilícitos y antiéticos. Consulte a través de hmartinez@legaliudex.com

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Artículo publicado el 31  de agosto  de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que a la  autora,   todo el crédito  que les corresponde.

Los billeteros de la Lotería Nacional

La opinión de la Educadora….

ELKA RODRÍGUEZ 

Los vendedores de la Lotería Nacional son gente de pueblo esforzada y humilde que se levanta todos los días con su tablero al hombro y se ubica en una posición estratégica para vender sus productos; son buenos trabajadores porque lo que hacen es con honestidad.

La mayoría tiene una situación económica y social difícil y delicada, es cabeza de hogar responsable y constituye el motor que mueve la existencia de la Lotería Nacional de Beneficencia. Por lo tanto, no merecen ser tratados como enemigos de la institución a la cual han servido durante toda su vida.

Los verdaderos enemigos de la Lotería Nacional son las “casas grandes”, que jamás dan la cara pero viven en la opulencia y cada día se vuelven más ricas e influyentes explotando a sus vendedores. Son personajes ocultos con mucho poder, se esconden y disimulan, tienen tentáculos a nivel de toda la República y están presentes en todas partes; es una cadena difícil de romper porque a ellos nadie los persigue, ofende ni amenaza, pues son las vacas sagradas.

Viven en una riqueza desmedida y sin control en grandes palacetes, con toda clase de seguridad y carros finos último modelo; comen manjares; compran residencia cada cinco años, y visitan los mejores sitios turísticos del país y el extranjero. Son verdaderos “capos” de la venta de chance clandestino, sanguijuelas que le chupan la sangre a la Lotería; mientras tanto, los pobres billeteros pasan los días vendiendo sus chances y billetes bajo sol y agua, víctimas de los ladrones, perseguidos, ultrajados, peleando sus derechos y comiéndose un cable en los patios limosos, sin esperanza de mejorar su calidad de vida o de reconocimiento alguno.

Todos sabemos que la Lotería Nacional es la más afectada por este negocio ilícito de las “casas grandes” porque deja de percibir millones de dólares cada año.   Estos “capos” diariamente aumentan su solidez económica, sólo se dedican a recoger fuertes sumas de dinero que les entregan sus billeteros por la venta de los mismos.

¡Cómo es posible que estos mafiosos y mafiosas de las “casas grandes” no hayan sido desmantelados de su organización que protegen a capa y espada! Por décadas se han dedicado a esta actividad y no hay autoridad que los rastree y ponga fin a este negocio fraudulento.

En otro sentido, el director de la Lotería Nacional ha declarado la guerra a las “casa grandes”, pero hasta el momento no ha caído ningún pez grande y gordo; no obstante se nota, eso sí, el atropello despiadado a los billeteros, puro pueblo.   El presidente Martinelli debe tomar cartas en el asunto.

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Artículo publicado el  21de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Ordenando la venta de lotería

La opinión de…

Aracelis Leoteau 

Desde hace un tiempo he estado dando seguimiento a la polémica de la venta de lotería en nuestro país. Y lejos de definir una posición a favor o en contra de los vendedores de chances y billetes, deseo llamar la atención sobre la necesidad de modernizar el sistema de ventas y el fin de la grosería y el maltrato a que son sometidos los consumidores.

Hoy en día, en muchos países del mundo, la venta de lotería está organizada a través de agencias, que a su vez se diseminan en pequeños puntos de ventas.

La experiencia más cercana que me permite plantear esta necesidad de modernización, fue la que conocí en Chile, donde la venta de lotería está ordenada de tal forma que el cliente puede comprar los boletos de los diferentes juegos de azar que existen, en cualquier supermercado, quiosco y hasta panaderías o refresquerías.

Como ven, el “billetero” como tal no existe. Sé que al plantear esta opción podría pensarse que sería el fin de la única fuente de ingreso de muchas familias; sin embargo, esto puede ser previsto y gestionado de tal manera que los billeteros que hoy forman parte de un sistema que, según ellos, no les conviene, puedan participar del cambio y salir beneficiados con un salario fijo, seguro social y los demás beneficios que el Código Laboral ofrece a los trabajadores panameños.

Aquí le tocará a la institución proponer una reestructuración en cuanto al sistema de venta, en el que los billeteros pasarán a ser funcionarios de la Lotería y no vendedores independientes con un pequeño porcentaje de ganancia. Ahora bien, sobre el trato, o en este minuto maltrato, a que son sometidos los compradores de lotería, debo decir que se hará necesaria una capacitación intensa sobre la atención al cliente, porque claramente el problema no se limita a un asunto de insatisfacción de los billeteros con su contraparte la Lotería Nacional de Beneficencia, aquí hay un tema de “educación”, entiéndase amabilidad y cortesía.

¿Quién en Panamá, no ha sufrido insultos, malas caras a la hora de comprar un chance o un billete por el simple pecado de elegir un número bajo? Hasta llegan a ignorar al comprador cuando osa preguntar “¿por qué tengo que comprarlo casado?”

De no tomarse una solución pronta a este problema, lo único que se va a conseguir es crear más desgano en el comprador, que seguirá prefiriendo el servicio ilegal de las “casas grandes”, donde es más probable que encuentre su número favorito sin caras ni groserías.

Ojo, aclaro que así como hay billeteros groseros, hay quienes con su buena vibra son capaces de cambiar esa percepción negativa que muchas veces se tiene de ellos; lástima que hasta encontrarlos sea un golpe de suerte.

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Este artículo se publicó el 11 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Ya nadie quiere hablar

La opinión del Comunicador Social….

ERNESTO A. HOLDER

El mensajero de la empresa donde trabaja la vecina es del interior. Tiene cinco años de haber llegado a la capital. Terminó la secundaria y quiere seguir la universidad, pero aún no se matricula. Es cordial y amable. Hace bien su trabajo. Le gusta el coqueteo con las chicas con que hace amistad en Cerro Batea, donde vive con su hermana mayor, el esposo de esta y sus tres hijos.

En la empresa le dieron un celular para comunicarse con él durante el día y para darle seguimiento a las encomiendas que debe realizar durante su jornada de trabajo, pero por ese celular no puede hablar con las chicas, así que se compró otro celular, a un precio módico y con todos los minutos que le ofrece una de las telefónicas en la captura de clientes.

Con su celular nuevo puede hablar con Diana, la vecina de la otra calle que se dejó hace 10 meses con un albañil que trabaja en la construcción de uno de esos rascacielos en Costa del Este. Diana le dio su número de celular para que la llamara cuando quisiera, pero el mensajero no se atreve. El albañil le dijo que se alejara de su ex mujer, sino se busca un lío. Desde hace una semana, solo atiende el celular del trabajo para cumplir con sus obligaciones, no vaya a ser que alguien escuche y le diga al albañil.

La señora Justina piensa devolver el celular que le dio el señor Carballo, el de la casa grande.   Le va a decir que se va un tiempo a Chiriquí a ver a un familiar, pero no es cierto.   Ahora que el gobierno aumentó la comisión a las billeteras, no quiere que nadie sepa que también vendía los chances clandestinos para Carballo, la lotería de Miami, rifas y one-two’s.    Una billetera rival amenazó con denunciarla. Usó ese mismo celular por más de 8 años y había logrado formar una larga lista de clientes para vender para la casa grande de Carballo todos los ‘tiempos’ posibles de los números bajitos que la gente quería.   Ese número de celular ya es un peligro, por eso lo devolverá.  No vaya a ser que alguien escuche.

La niña Ángela, de 15 años, ya no habla con su novio Rubén, de 16, tarde en las noches cuando sus padres la creen dormida. ‘No hables esas cosas Rubén, que alguien puede escuchar’. También está considerando dejar de chatear en la computadora.   El viejo Edgardo le pidió a su mujer que vendieran la casa y que se fuera a vivir al interior. No confía en las antenas satelitales que una empresa de cable televisión tiene en un lote del barrio. ‘Esos aparatos le dicen a todo el mundo lo que está pasando en la casa de uno’, dice.

El asunto de las escuchas telefónicas es de temer, realmente de temer.   Frente a los peligros que amenazan a las sociedades en estos tiempos, puedo, en principio, estar de acuerdo con que los estados (no los gobiernos) utilicen estos sistemas para protegernos contra el crimen organizado que atenta cada día contra la integridad de la sociedad. Creo que a nivel mundial estamos viviendo tiempos muy peligrosos y debe haber mecanismos de inteligencia y de cooperación entre las naciones para salvaguardar y proteger una sociedad de paz.

El tráfico de armas y de drogas; el blanqueo de capitales, el tráfico de seres humanos, marcan los más horrendos crímenes que, dadas sus características y su modus operandi, deben ser combatidos con las más modernas tecnologías de inteligencia para, por lo menos, disminuirlos y salvar vidas.

Por ejemplo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en la página 76 de su Informe Mundial sobre las Drogas del 2009, puntualizó que ‘Centro América y el Caribe, dos de las más importantes rutas para el tráfico de cocaína, representaron un 15% de los decomisos globales’.   El ‘World Factbook’ de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos señala que Panamá es un ‘punto importante de trasiego de cocaína’, que la ‘actividad de lavado de dinero es especialmente pesada en la Zona Libre de Colón’ y que ‘la corrupción oficial sigue siendo un problema mayor’.

Creo que hay suficiente que hacer en materia de vigilancia y seguimiento al crimen organizado, y a las pandillas y bandas que se reparten nuestro país, como para que nuestros especialistas en inteligencia se la pasen escuchando a sus adversarios políticos,  al mensajero,  a la señora Justina,  a la pobre Ángela de 16 años o al Sr. Edgardo.   Ya ninguno se atreve a hablar por un aparato electrónico, mientras que la corrupción y el crimen organizado siguen ganando terreno en nuestro país.

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Este artículo fue publicado el  9 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.