La lealtad en la política

Para el dramaturgo español Francisco de Rojas Zorilla “ser leal es la mayor valentía”.   Ciertamente, quien es leal en política asume una actitud de gallardía. La lealtad en la política es difícil, pero no imposible.    Esto y mucho más en el siguiente artículo de opinión de…

Rafael A. Fernandez Lara 

Siempre han existido casos de lealtad política (aunque han sido en menor grado), como igual han existido grandes amistades resultantes de una relación iniciada por la política. Ser leal en esta disciplina requiere el compromiso de defender lo que uno cree y en quien cree. Es semejante a la amistad, que se complementa con la reciprocidad.

En nuestro medio observamos cómo miles de militantes de un partido importante se inscribieron en otro. Al hablar con algunos, me dijeron: “yo no le debo fidelidad a la mayoría de la dirigencia de mi partido. Ellos están cómodos, viajan y no dan la cara por el partido. Nosotros tenemos dificultades y ellos por su comportamiento no inspiran y debemos subsistir”. Dicha posición no deja de ser comprensible, pero merece ser cuestionada.

Muchos buscan beneficios personales y económicos particulares. Cuando no los obtienen, abandonan a los líderes porque ya no le son útiles. Así vemos a ex presidentes, ex ministros y a otros funcionarios que tras ayudar a muchas personas, cuando salen del poder quedan solos, pues los aduladores de siempre brillan por su ausencia. Es más importante que un militante político siga a un dirigente porque es congruente con sus principios, que seguirlo solo porque tiene una cuota de poder en el gobierno.

En mi memoria permanece aquella escena que pasaban muchos años en la televisión, la del humilde policía a quien el ex presidente Remón Cantera había ascendido de cabo a sargento, y que todos los años, mientras Dios le dio vida, acudía con un ramo de flores al cementerio Amador como gesto de lealtad y agradecimiento. Probablemente Cantera nunca imaginó que después de muerto, uno de los pocos que visitaría su tumba sería ese modesto policía.

La lealtad política pura es aquella en la que el partidario no sigue al dirigente solo por su poder en el gobierno, sino porque ese dirigente es coherente con la doctrina y principios propios.    La lealtad debe ser dirigida hacia el grupo al cual se pertenece a través de un partido, movimiento o persona.  Así como se brinda apoyo, también se debe recibir reciprocidad del grupo. Así, la fidelidad política entre dirigente y dirigidos requiere fluir en ambas direcciones, su origen debe ser de convicción ideológica y un compromiso de apoyo mutuo, sea personal o colectivo.   Si no hay esto, no podemos hablar de lealtad política.

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Este artículo se publicó el 30 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.