Un mundo de injusticias

La opinión del Ingeniero y Analista Político…

MARIO A. ROGNONI
marognoni@cwpanama.net

Si en algún momento tuviese yo la oportunidad de pedirle a Dios una gracia convencido de que me la otorgaría, le pediría que hubiera justicia en el mundo. Con el pasar del tiempo todos aprendemos tanto que quisiéramos tener nuevamente la oportunidad de empezar.   Y todos, estoy seguro, creemos que de lograrlo no cometeríamos los errores que en la vida hemos ido cometiendo.   Pero el tiempo no da marcha atrás, el final es irreversible, por lo que solo nos toca a los que más experiencia tengamos, compartirla con las nuevas generaciones para ver si ellos evitan nuestros errores.

Hoy, vivimos en un mundo materialista. Dime cuánto tienes y te diré cuánto vales. Pero es un mundo que por ese materialismo solo ha logrado crear más injusticias. Un mundo donde la honestidad y la moral han perdido el juego ante el respeto al dinero y los bienes materiales.    Donde la insensibilidad priva sobre el deseo desmesurado del bienestar propio. Un nuevo mundo plagado de falsas pretensiones y grandes injusticias.    Pretensiones de desarrollo económico, crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), grado de inversión, pero donde la pobreza campea, la brecha en la injusta distribución de la riqueza es cada vez mayor, donde el rico quisiera que el Estado acabe con la pobreza, pero sin sacrificios en su patrimonio. Un mundo donde el umbral del respeto lo sienta la riqueza y no la capacidad y valores de la persona.

Hoy, en nuestro país, veremos nuevamente el inicio de campañas proselitistas con promesas de aspirantes, que luego se estrellarán contra la realidad de su gestión si triunfan.   Para mí solo una promesa es necesaria, aquel candidato que se proclame el líder de la justicia, aquel que me prometa que todo su esfuerzo irá únicamente a lograr un país justo. Porque no me preocupa la justicia penal ni la justicia divina, hoy me preocupa la justicia social.   Porque Dios siempre hará justicia, al final. Pero las injusticias sociales se deben al hombre y solo el hombre puede corregirlas.

No podemos seguir viviendo en un país donde unos tienen agua y otros no, donde unos comen tres veces al día y otros no, donde unos tiene a sus hijos en excelentes escuelas y otros no, donde unos trabajan y otros no consiguen empleo, donde unos devengan jugosos salarios sin trabajar y otros míseros salarios trabajando en exceso.

Un país justo evita la explotación por parte del intermediario, evita los abusos en los precios, evita el nepotismo en los puestos públicos, evita las estructuras de salarios que no incluyan reconocimientos por eficiencia y permanencia, sino únicamente la relación con quien te designo. Un país justo practica la igualdad de oportunidades, practica la regla de oro de una aplicación de leyes por igual a todos. El mundo, no solo Panamá, hoy está muy distante de ser justo.

Quizás no puedo aspirar a un mundo justo, pero sí puedo soñar con un Panamá justo. Porque en algún lugar del país, en algún partido o gremio, debe haber ya la semilla de ese líder del futuro que llegará impulsando un Panamá justo. Ese país donde dejemos atrás la demagogia y las aspiraciones electorales, donde trabajemos por lograr esa igualdad que todos queremos compartir. No quiero presidentes de grandes obras, presidentes de grandes infraestructuras, quiero un presidente que se limite a lograr más justicia social.

Yo siempre uso de referencia la diferencia que existe entre la labor de las primeras damas y sus esposos. Ellas, como no buscan reelegirse ni tienen interés politiquero, hacen un verdadero trabajo efectivo social. Si los presidentes asumieran la actitud que tienen sus esposas, nuestro país ya hubiese salido del nivel de injusticia social que tenemos.

Pero los discursos de los aspirantes a cargo de elección, lamentablemente, se alejan cada vez más del verdadero problema, la injusticia social.

Panamá tiene mucho a su favor. Un crecimiento sostenido, un futuro promisorio, sectores nuevos se suman ahora al desarrollo económico, como las diversas formas de turismo y minería. Pero sí tengo que predecir algo, es que tendremos a unos más ricos, con más ostentación, y muchos más pobres. La brecha de hoy en la educación solo nos hace prever una mayor brecha económica mañana. Brecha que nos llevará a más violencia y más delincuencia y más injusticia.

 

Este artículo se publicó el  8  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Pensamiento para la transformación

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La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…

Juan Jované 

La necesidad de un profundo cambio social en nuestro país es, a la luz de los acontecimientos recientes, un requisito imperativo para salvaguardar los intereses de la población, la nación, la democracia y el medio ambiente.

 

Para esto hace falta construir un movimiento social amplio, capaz de superar los sectarismos atávicos, el cual articule los intereses de todos los sectores afectados por el modelo de desposesión que se viene implementando en el país. Para esto es útil contar con una visión que pueda sintetizar coherentemente un conjunto de perspectivas conceptuales.

 

Entre estas se encuentra, desde luego, la visión de la economía política con su capacidad de mostrar la falta de equidad que caracterizan actualmente al mundo del trabajo, donde asalariados, ocupados informales, desempleados, desocupados, pequeños y medianos productores del campo y la ciudad, son crecientemente marginados de los beneficios de la sociedad, llamando así la atención sobre los potenciales agentes del cambio.

 

La visión de la Teología de la Liberación, en su profundo humanismo, destaca que la finalidad última de la sociedad debe ser el desarrollo pleno de todas las personas que la componen.   No menos importante resulta la perspectiva de la Ecología, que nos advierte sobre los límites biofísicos que enfrenta la sociedad, la responsabilidad que tenemos con las futuras generaciones, y nos llama la atención sobre la importancia de elementos como la diversidad, el pluralismo, la autorregulación y la autosuficiencia.

 

A estas perspectivas se deben sumar los aportes del pensamiento feminista, el cual nos permite entender mejor, al introducir la dimensión de género, las relaciones de dominación existentes en nuestra sociedad que deben ser superadas.

 

También subraya la importancia de las relaciones no mercantiles y solidarias en el adecuado funcionamiento de la sociedad.

 

En este último aspecto coinciden con la visión que introducen quienes luchan desde la perspectiva de los pueblos originarios y por la eliminación de todas las formas de discriminación, esta enseña que no es posible liberarse oprimiendo a otros, así como la importancia que tienen las luchas por la identidad cultural.

 

Es una perspectiva que llama la atención hacia la necesidad de activarse para sostener los fundamentos de una nación multiétnica, multicultural, basada en la solidaridad y la justicia social.

 

No menos importante es, sobre todo en las condiciones panameñas, la perspectiva de la visión de la acción no violenta, tal como la practicaron Gandhi y Luther King. Esta no solo aclara que la no violencia no es un método pasivo, sino que significa un compromiso con la acción permanente, valiente y decidida por el cambio guiado hacia una sociedad justa.

 

Esta visión, además, da la fortaleza de saber que el testimonio inicial de pocos, si resulta desprendido, justo y sincero, termina por generar verdaderos fenómenos de masas capaces de producir importantes transformaciones sociales.

 

En la medida que se logre articular esta perspectiva con las anteriormente descritas, podremos contar con un pensamiento capaz de guiar nuestras acciones hacia una verdadera refundación de nuestro país.

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<>Artículo publicado el  25  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Paternalismo o justicia social

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La opinión del Doctor…

César Quintero Sánchez

Dentro de poco se conmemorará el natalicio del General Torrijos. Quiero aprovechar esta ocasión para recordar un incidente acaecido hace 30 años cuando caminábamos junto al recordado “Titi” Alvarado,   las montañas de la serranía chiricana y veragüense, encargados de la parte sanitaria del Proyecto Soloy, donde tuvimos el privilegio de asistir a una reunión entre el General Omar Torrijos y los líderes de aquellos grupos de indígenas.
El General les enumeró a todos los presentes, las decenas de proyectos y actividades que él planeaba realizar como propuestas de su proceso revolucionario, y cuando terminó de expresar lo que realmente sentía, la mano sudorosa de un cacique guaymie le solicitó la oportunidad de hablar.
Este autóctono dirigente, perteneciente a uno de los sub grupos nacionales en donde la desnutrición, la diarrea, la bronconeumonía, la pobreza y el analfabetismo no son estadísticas, si no personas de carne y hueso, agradeció las promesas de Omar, expresándole que él no dudaba que todo esto se concretaría en el futuro mediato.

Pero este cacique también nos regaló una frase al final de su intervención, que jamás he podido olvidar y fue la siguiente, “pero General, nuestro pueblo tiene hambre, y hambre quiere hoy, hambre no quiere mañana”.

No cabe duda que la educación y la formación técnica y profesional son las lámparas de Aladino modernas, que pueden transformar a un paria en una persona que llene el sentido de su vida plenamente, pero mientras se prepara para alcanzar esa potencialidad, el Estado debe protegerlo y atender de manera que satisfaga todas sus necesidades vitales.   No puede ser justo que mientras unos pocos se están enfermando de congestión en este país, muchos de los que constituyen el 40% de nuestra población se sigan muriendo por desnutrición, diarreas por falta de agua potable y bronconeumonías por déficit en la atención médica.

Toda la clase media y baja de nuestro pueblo está a la espera de que las riquezas del tan notorio desarrollo turístico, bancario, inmobiliario y de infraestructuras públicas (canal, autopistas, cinta costera, hidroeléctricas, etc. ) que se ha vivido en el pasado decenio les alcance finalmente, para poder aspirar a llenar el sentido pleno de sus vidas.    No la de los que nacen sabiendo que serán, (Costa del Este, Punta Paitilla, Barco y Mala ) si no de los que aún siguen naciendo, creciendo, reproduciéndose y muriendo sin saber qué han sido (20% en miseria y 40% en pobreza de nuestros barrios marginales y las diferentes comarcas).

Por eso cada vez que se implementan planes (becas, bonos, auxilios, agua, electricidad y ahora gas) para redistribuir la inmensa riqueza que se genera en el país entre los menos privilegiados, recuerdo las palabras profundas del cacique guaymie.

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<>Artículo publicado el 22  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es del editor.

‘Los buques que caminan entre las montañas’ —Las casas para aquellos que nunca se vendieron—

La opinión del Artista Veraguense residente en Florencia, Italia….

ARISTIDES UREÑA RAMOS
aristides_urena@hotmail.com

FLORENCIA, 1980. — Recuerdo que era el edificio Pepsi Cola, en el barrio de Calidonia, en la esquina donde se encontraba la terminal de buses que salían para la ciudad de Colón, mi padre me ordenó acomodarme atrás, en donde se llevaba la carga, al descubierto de la camioneta, porque adelante, sentados junto a él, irían mi tío Erasmo y mi tía Lalita, ocupando lo dos puestos disponibles al lado del conductor… operación que fue hecha con gran rapidez, debido al gran alboroto que en tal cruce había.

La camioneta cogió por el costado del edificio de la Asamblea Nacional, rumbo a la avenida Ancón, entrando directo a la Zona Canalera bajo jurisdicción norteamericana… corría el año 1967 en la ciudad de Panamá.

Yo, con mi curiosidad, sentado atrás, trataba de captar la novedad de las escenas que para un niño panameño, proveniente del interior de la República, procuraba tal acontecimiento: visitar las esclusas de Miraflores en la Zona Canalera.

Era el cumplimiento de una promesa hecha por mi padre, la cual en esta ocasión se realizaba bajo un espléndido día de vacaciones a mitad del año escolar.

Vi por primera vez un tren, anaranjado y amarillo, con grandes palabras gringas… y por doquier cartelones con jeroglíficos desconocidos e incomprensibles para mí… y vi las gigantescas maquinarias sobre los carriles… y seguíamos el viaje por recorridos obligados rumbo a las esclusas del Canal de Panamá.

Con enorme sorpresa, mi atención fue capturada con la aparición de un barco gigante, que se movía a través de la colina, entre las montañas, lentamente este blanco buque, con grandes contenedores de color ladrillo y zinc metálico, atravesaba sin problemas las montañas… y eso fue lo que memoricé, con gran sorpresa… llegamos a las esclusas y allí mi padre nos dio una lección de ingeniería colosal, mezclada con discursos políticos de reivindicaciones de dignidad nacional y soberanía, que me hacían soñar nuevos horizontes patrióticos.

Al llegar a Santiago y regresar a mi escuela, la maestra nos pidió que escribiéramos sobre: ‘¿Cómo fueron sus vacaciones de mitad de año?’… y fue así que me tiré un escrito sobre lo que más me golpeó en esa visita a la Zona Canalera, mezclada con los proclamas de dignidad nacional de mi padre… entregando rápidamente y muy satisfecho mi escrito (tarea) a mi maestra.

Fui llamado adelante de la clase —y frente a todos— mi maestra leyó mi escrito… mientras me ridiculizaba, porque en el escrito había cometido el error de describir la escena del barco que pasaba entre las montañas, sosteniendo que ese barco estaba bajo los rieles del tren y que los gringos usaban esa técnica para atravesar las naves de océano a océano… y que en ninguna parte del mundo había barcos que caminaban a través de las montañas, solo en Panamá se podía apreciar la belleza de que los buques caminaran entre las montañas.

Y la cosa no quedó circunscrita a ese episodio, la maestra siguió ridiculizándome sobre lo que había escrito respecto a la dignidad nacional, sosteniendo delante de toda la clase que el progreso que había tenido Panamá era gracias a la presencia norteamericana, que defendía nuestra patria del peligro comunista. Que los panameños teníamos que agradecer a los Estados Unidos de América por su colaboración, por haber escogido a nuestra Nación para enclavar un territorio —‘la Zona Canalera’— para la paz de toda América Latina… Que sin los norteamericanos, Panamá no tendría un porvenir de prosperidad y riqueza social, que sin ellos nos moríamos de hambre… por eso teníamos que agradecer a los norteamericanos su presencia en Panamá y que sostener lo contrario era ser un mal patriota y enemigo del pueblo panameño.

Y humillado delante de toda la clase, que en silencio escuchaba, no pude hacer nada, solo llorar mi rabia en silencio y regresar a mi puesto en absoluta desolación.

Al día siguiente al desayunar conté todo a mis padres… mi papá en silencio agarró mi escrito y me acompañó a mi clase… habló con mi maestra, mucho rato… y después me hizo señas para que me parara junto a él y se echó un discurso de los suyos sobre soberanía nacional… yo no sé si mis compañeros comprendieron todo, porque el argumento era muy difícil, pero para mí el solo hecho de que mi padre hablara era una ayuda moral, no estaba solo… y eso era muy importante para mí.

Esa noche, papá se acercó a mi lecho… en el cuarto que compartía con mi hermano Avelino, y, tomando mis pies entre sus manos, me habló de los futuros escenarios… que la ocupación militar norteamericana era un error, que violaba los derechos soberanos de todos los pueblos y de las naciones, que esa injusticia no tenía justificación, pues, la terminología de ‘a Perpetuidad’ era esclavizante para Panamá e insostenible para una nación —la norteamericana— paladina de los derechos de los pueblos… que el enclave colonial era una espina dolorosa, no solo para los panameños, sino para todos los hombres libres del mundo… y que de eso parte del pueblo norteamericano era consciente… y que llegaría el momento en que entraríamos a la Zona Canalera, patrones de nuestro destino… y que allí, cuando esa gran injusticia terminara, tendrían reconocimiento los tantos mártires y patriotas que por esa causa lucharon sin nunca vender su dignidad de hombres libres… que allí donde vivían los militares gringos, esas estructuras, se convertirían en viviendas para las familias de los próceres, desde Ascanio y Navas a todos los caídos, aquellos que no se vendieron, aquellos humillados, que lloraron silenciosos llantos, aquellas solitarias lágrimas de censura y gritos al viento encontrarían su casa… las casas de las zonas revertidas donde la Justa Patria hará justicia.

Mi padre, después de un largo silencio, nos dijo: ‘¡NO TEMAN!.. no teman cuando imaginen que seremos un solo territorio libre y soberano, no teman en soñar una fuerte democracia basada en la trasparencia de su justicia social y, sobre todo, no teman a imaginar buques que caminen entre las bellas montañas panameñas, porque esos sueños y esas dignidades nunca las venderemos’.

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<> Este artículo se publicó el 18 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Justicia social para una paz universal

La opinión del periodista…

RAÚL EDUARDO CEDEÑO
erece42@hotmail.com

El problema de la paz universal me ha preocupado muy a menudo. Desde que era muy joven. Y es que me considero uno de aquellos numerosos que quieren alejar para siempre el espectro de la guerra y abrir nuevos capítulos de la historia humana. Estoy firmemente convencido de que puede ser así; mi yo interior mantiene en su intimidad la convicción de que el hombre vivirá un día en un mundo en el cual las guerras y las confrontaciones no existirán, aunque no lo conseguirá sino después de largos y penosos esfuerzos. Nuestro mundo de hoy, enlutado y doloroso pero no agotado, lucha contra las tradiciones de una cultura que, de un lado o del otro, sigue mostrando desigualdades que afrentan y humillan nuestra sociedad. Y es esto el germen de cultivo para las grandes guerras.

Todo atentado contra las necesidades básicas de los más humildes es una invitación para las confrontaciones internas que, a la larga y cuando sobrepasan las fronteras, no permiten la paz mundial porque son un atentado contra ella. A pesar de que nuestro hoy está plagado de literatura y verbos pacifistas de algunos que dicen reclamar la justicia para lograr una paz social, no se preocupan por sembrar acciones para promoverla. El solo deseo de paz no la promoverá, como la evocación de una mesa bien provista no alimentará al hombre hambriento. Este doloroso problema sigue planteado con claridad y con mucha fuerza. Se tiene que poner la mesa, servirla, y generar acciones para que ese hombre pueda sentarse a ella y hacer uso de los alimentos que allí hay dispuestos.

No me extraña que ante el justo anuncio gubernamental del aumento de la mensualidad a los jubilados, los elementos contables de muchísimas empresas ya se estén perfilando para el logro de mayores ganancias, olvidando que en cambio debemos revisar con rapidez lo que no estamos haciendo bien para evitar más confrontaciones a corto plazo. Es fácil reclamar la paz social como un cliente reclama un plato en el menú de un restaurante, diciendo que no quiere otra cosa. Es fácil decir: ‘Alejen esta horrorosa polémica y denme la paz social’. Es mucho más difícil obtenerla, porque el simple deseo de paz no la producirá. Debemos preguntarnos todos si estamos haciendo lo necesario por alcanzar esos fines, o por el contrario descuidamos nuestros propósitos para lograrla.

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<> Artículo publicado el 14  de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Obras son amores

La opinión de…

Juan Planells

Hay personas que pasan por la vida haciendo el mal, otros simplemente cumplen con su deber, y un tercer grupo, probablemente el más pequeño, deja una huella por su trabajo a favor de los demás.

Para los primeros, la sociedad guarda desprecio; los segundos pronto son olvidados; pero los últimos permanecen en la mente de todos, recordando los frutos que su obra ha dejado.

Ellos han salido del camino cómodo para enfrentar los desafíos que su inquietud por el bien les plantea. Ofrecen los mejor de sus esfuerzos por lograr transformaciones que nos conduzcan hacia un mundo mejor. En el camino pueden cometer errores, pero nadie será capaz de cuestionar la pureza de sus intenciones.

Así mismo, hay causas más nobles que otras, metas más altas que otras, retos mayores que otros. De entre todas ellas, luchar por brindarle a los jóvenes, especialmente a los más pobres, una oportunidad de desarrollo personal mediante la educación, es seguramente una de las más altruistas, y si para hacerlo se abandonan intereses personales y se someten al escrutinio público, la misión se convierte en apostolado.

La actual ministra de Educación es una de esas personas que han escogido el camino más difícil para alcanzar la meta más alta. Treinta años de parálisis en educación pesan mucho en nuestras aspiraciones de lograr que Panamá alcance un desarrollo con riqueza y justicia social.

En ese trabajo la hemos encontrado durante toda su vida profesional, y del resultado del mismo esperamos contar con un Panamá renovado, sueño compartido por la mayoría de los panameños. Rogamos que muy pronto se recupere, y reciba el apoyo de todos en la continuación de la obra que comenzó.

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<> Este artículo se publicó el 24  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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¡Días libres en familia! Justicia social pendiente

La opinión del Paciente de Hemodiálisis…

DAVID A. OCALAGAN B.
david_280559@hotmail.com

Esta es una ilusión que mantiene el paciente de hemodiálisis. Solo los 2000 pacientes de hemodiálisis que tiene el sistema de salud público y sus familiares que viven en la práctica la realidad de no poder compartir en FAMILIA, como todas las otras personas, durante los días puentes, feriados, vacaciones o días libres, porque el sistema de salud panameño no les permite recibir los tratamientos renales fuera del área de residencia, al no disponer de cupos disponibles, pueden dar testimonio del efecto negativo a su salud que causa esta situación.

Tenemos cerca de ocho años de estar denunciando esta realidad social; sin embargo, no hemos logrado ser escuchado por ninguna de las autoridades sanitarias o políticas que deben resolver esta situación, a fin de permitirnos recibir el tratamiento de hemodiálisis en la provincia que visitemos en cualquier fecha del año.

Comprendemos que no somos los únicos pacientes crónicos en este pequeño país, lleno de tanta riqueza mal distribuida, pero existen salas de tratamientos en siete de las nueve provincias, el problema es la capacidad de la instalación, equipos, recursos humanos y la mala administración de estos servicios sanitarios que no se resuelve y son administrados como finca personales y no del Estado.

Los pacientes capitalinos con familiares en las provincias centrales, Chiriquí, Veraguas, Coclé, son los más afectados ni hablar de los pacientes con familiares en Bocas del Toro o Darién, donde no existe sala de tratamiento aún y estos sí están divididos familiarmente de forma permanente, porque deben vivir en la capital o la ciudad de David para recibir su tratamiento.

Hace poco leímos en los medios de comunicación social que somos más visitados por los turistas, más competitivos, el más globalizado en Centro América, el saneamiento de la bahía camina a todo vapor, vamos a tener un metro y metrobús como medio de transporte en la ciudad, la ampliación del Canal permite que la junta directiva se reúna cada año en EUROPA, en la lucha contra las drogas internacionales invertimos millones de dólares y próximamente se invertirán casi $1000 millones en nuevas infraestructuras hospitalarias, pero no han podido, tampoco en estos últimos 16 meses del nuevo gobierno, solucionar la necesidad sanitaria conocida por las máximas autoridades y estamos a las puertas de las fiestas patrias y luego las de fin de año, donde muchos panameños se reúnen familiarmente y una vez más tendremos los pacientes de hemodiálisis que ver partir a nuestras familias para algún punto del país sola, para no hacerla parte de esta cruz que es nuestra.

Navidad, Año Nuevo, Fiestas Patrias, Carnavales, Día de las Madres, son entre otras fechas las múltiples oportunidades de compartir en familia que son negadas a muchos panameños que padecemos problemas renales y estamos en tratamientos ambulatorio de hemodiálisis. Sin embargo, la característica personal de las autoridades sanitarias se mantiene, ‘la INDIFERENCIA’, hasta que un día a un miembro de su familia les toque la puerta y les diga que tienen el mismo problema de cientos de otros panameños, para que lo puedan ver y resolverlo, salud.

 

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<> Este artículo se publicó el 24 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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