¿Y cuál es el camino?

Un Mensaje al Corazón que nos envía Monseñor….

Rómulo Emiliani, cmf.

Si usted quiere ser feliz, aspiración de todo ser humano, debe buscar el camino que llegue a ese término y le expongo en estos pasos unas pistas para encontrar tal sendero.

1. Tome conciencia de que no hay felicidad plena ni estable aquí en la tierra y que además la misma no consiste en obtener desesperadamente cosas, sino en mantener un equilibrio emocional y mental en medio de la agitación y convulsión de un mundo caótico y la satisfacción profunda al sentir que se está cumpliendo una misión que lo trasciende a uno.

Uno debe sentirse llamado por el misterio amoroso del Padre providente que lo ubica a uno en la historia para contribuir al crecimiento pleno de la humanidad y de la creación entera.

Para eso cualquier profesión, trabajo u oficio tienen un puesto esencial en el plan de salvación divino. Ser carpintero, mecánico, médico, ama de casa o ingeniero, todos tenemos un lugar en la historia. Inclusive el enfermo postrado en una cama ofreciendo su dolor por la salvación del mundo, cumple una misión sagrada.

Todos somos importantes en el mundo, y un niño que tenga lamentablemente parálisis cerebral es también indispensable y necesario, es un miembro vivo de este cuerpo místico que trasciende el universo y en el cual todo ser humano brilla por sí mismo, tiene un alma preciosa, única, irrepetible.

2. La felicidad está en sentirse conectado con la vida que en armonía se manifiesta en todo el universo y de la cual uno forma parte y es protagonista de su desarrollo. No estamos solos y vivimos íntimamente enlazados con todo lo que es y desde el respirar con ánimo, el caminar con brío, el pensar positivamente y el amar incondicionalmente, todo lo que hagamos repercute para bien del Todo. Por eso la extrema importancia de hacerlo todo con buena intención y que sean rectas las acciones. El rechazar cualquier pensamiento y acto malo ennoblece a uno y a la humanidad entera, por esa conexión vital que tenemos con todo lo creado. La felicidad consistirá en cultivar pensamientos y sentimientos buenos, los más puros posibles y purificar todo aquello que pueda destruirlo a uno mismo y a otros.

3. La felicidad consiste en tener tan mala memoria de todo lo malo que nos ha pasado, desechando en el basurero del olvido ofensas, ultrajes y fracasos, sabiendo perdonar a los que han actuado mal y perdonándose uno a sí mismo, sabiendo que lo negativo del ayer es una carga muerta tan pesada que arrastrarla nos impide seguir el camino. Nadie puede ser feliz recordando con amargura sucesos y personas que le ocasionaron daño, ya que el recordar es “volver a vivir” lo sucedido y experimentar el “golpe” nuevamente. Más bien vale la pena recordar sucesos positivos que nos han hecho la vida más agradable y han influido en nuestro crecimiento. No recuerde lo negativo sino solamente para aprender alguna lección del pasado.

4. La felicidad tiene que ver con no esperar obsesivamente resultados, porque estos dependen de tantos factores externos que no podemos controlar. Donde hay que estar atentos es en hacer las cosas lo mejor posible, llevando con pasión y organización, perseverancia y buen ánimo los proyectos en donde estamos involucrados, poniéndonos en las manos de Dios y “esperando siempre lo mejor, pero estando preparados para lo peor, por si ocurre”. Esto es la vida. Es ingenuo pensar que se puede triunfar siempre.

5. “Muéstranos al Padre”, le dijo Felipe a Jesús y él respondió: “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Y también dijo:” Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Cristo es el camino hacia el encuentro con el Dios vivo, santo e infinitamente amoroso. Una sana espiritualidad, sin fanatismos, abierta a las insondables vivencias del Señor, quien a través de nuestros encuentros con Él nos va indicando el sendero de la plenitud, de la santidad, es necesaria para encontrar la felicidad. Pero lo paradójico en el cristianismo es que la felicidad se consigue envuelta en sacrificios, persecuciones, renuncias, estando siempre vigilantes para no caer en tentación, llevando la cruz de cada día. Porque ser feliz consiste en amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y todas las fuerzas y en amar al próximo como a uno mismo. La felicidad entonces consiste en: amar, amar y amar sin esperar recompensas, asumiendo todas las consecuencias de esa entrega total, en donde nos vamos inmolando por la causa del Reino, hasta consumirnos, gastarnos y desgastarnos como Jesús, quien vertió por nosotros hasta la última gota de sangre y agua. Así seremos invencibles a la depresión.

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Este artículo se publicó en dos partes:  el  17  de julio y el 24 de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Y quién es Pilatos? (II)

Un mensaje al corazón, por el Monseñor…

Rómulo Emiliani, cmf.

El pueblo sigue vociferando y pidiendo la ejecución de Jesús y como última forma de salvarlo lo pone al lado de Barrabás y le pide al pueblo que escoja a quien liberar.  Para su sorpresa, el pueblo manipulado y endemoniado pide la muerte de Jesús y los líderes religiosos le dicen que si no lo ajusticia, será acusado ante el César de conspiración por dejar libre a un subversivo que se hacía pasar por rey.

El conflicto interior es grande. El sabe de la inocencia de Jesús y su esposa lo previene de condenarlo porque tuvo un sueño revelador. Al final, el miedo a ser destituido y probablemente “decapitado”, pena de muerte por atentar contra el César lo hace “lavarse las manos” y deja que maten a Jesús. ¿Y qué hubiera hecho usted y yo?       ¡Señor Misericordia!.

Por ejemplo: me pregunto las veces que nos hemos “lavado las manos” y no nos hemos comprometido en luchar por un mundo mejor, en denunciar la injusticia, en defender al oprimido, en desprendernos de algo para darlo a los más pobres. Y el argumento, así de fácil como de vacío:   “Yo no me meto donde no me llaman y además qué tengo yo que ver con esas víctimas”.

Para no ser como Pilatos hay que tener un profundo respeto por la verdad. Tener la valentía de decirla.  Vivir en un gran despego para poder defender los grandes valores sin importar lo que perdamos.  Acudir en la oración y sacramentos al Señor para que nos dé la fuerza para vencer la tentación.    No dejarnos manipular por la opinión pública ni por el miedo y actuar de acuerdo a nuestra conciencia.

Tener bien claro de que tengo responsabilidades con la humanidad y con el más cercano y que ante la injusticia, opresión, y la situación dramática en que viven mis prójimos, no puedo ser indiferente y “lavarme las manos” porque me convierto en cómplice de su situación.

El no atender el drama de mi próximo me puede convertir en un Caín que ante la pregunta de Dios sobre su hermano dijo: “¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?”.

Todos en alguna manera somos responsables de lo que pasa en nuestra sociedad y alguna incidencia tienen nuestros actos en otros.

En verdad yo sé que sin el poder de Dios sería otro Pilatos, pero con Él soy invencible.

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Este artículo se publicó el  10  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Y quién es Pilatos?

El  Mensaje al Corazón y la opinión del Monseñor…..

Rómulo Emiliani

Qué fácil es juzgar a Pilatos hoy y yo me pregunto qué hubiera hecho yo en su lugar. Veamos: Pilatos era un ciudadano romano letrado en el derecho nombrado por el César gobernador de Judea.   Vivía con su esposa y eran creyentes politeístas e incluían en su culto la ya incipiente “divinidad” del César y regían gracias al ejército invasor el destino del pueblo judío.

Como extranjeros dominantes tendrían un círculo pequeño de amistades y en la medida de sus posibilidades viajarían a Roma de vez en cuando para escaparse de un ambiente inhóspito para ellos.

Por supuesto que no eran queridos por el pueblo invadido. Esperaba él ser nombrado en otro puesto y ojalá algún día en la capital del imperio. Por lo tanto, estar en Jerusalén “era algo de paso” y había que salir bien librado de problemas para aspirar a algo más grande en la metrópoli.

Era pues un “cargo de carrera” y había “que hacerlo bien” para aspirar a más.   Pero aparece en su vida Jesús de Nazaret y comienza el drama. Y es que Jesús se nos presenta muchas veces desprogramándonos y motivándonos a dar “saltos cualitativos” vertiginosos. En Pilatos hay un conflicto entre su conciencia y su instinto de conservación. Intento ponerme en su lugar y me pregunto si yo hubiera sido mejor que Pilatos. No sé que responder. ¿Y usted?

Pilatos es inteligente y descubre que hay una confabulación de los poderes religiosos de Israel para silenciar a alguien que les hacía tambalear su estructura acomodada. Ve que este Jesús era un líder y profeta. Se entera de que un día echó fuera del Templo a los mercaderes y esto enojó mucho a los sacerdotes. Que inclusive hacía milagros y por boca del centurión romano supo que había curado “a la distancia” a un siervo suyo. Para rematar expulsaba demonios y la gente quedaba en paz, en su sano juicio. Nunca había oído de fechorías ni de que levantara al pueblo contra el imperio. Escucha las acusaciones injustas y ve la envidia, el odio y las mentiras de sus detractores y quiere salir del paso mandándolo a Herodes quien en esos días estaba en Jerusalén.  Ninguno de los dos encuentra causa para condenarlo. Quiere calmar al populacho y lo manda a azotar y los soldados se ceban en Jesús descargando sus frustraciones y el odio que sentían contra los judíos.

(Sigue el próximo sábado).

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Este artículo se publicó el  3  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Enseñanzas de un joven rico

La opinión del Empresario…..

RAFAEL CARLES

Salía Jesús de una ciudad y se ponía en camino hacia otro lugar, cuando vino un joven corriendo y se detuvo ante Él.   Los evangelistas que nos relatan el suceso nos dicen que era de buena posición social.   Se arrodilló a sus pies y le hizo una pregunta fundamental para todo ser humano: Maestro, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?

Es un diálogo abierto, en el que Jesús comienza dándole una respuesta general:   Guarda los mandamientos. Y los enumera: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás… El joven respondió: Maestro, todo esto lo he practicado desde mi adolescencia… ¿Qué me falta aún?

Es la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez ante el desencanto íntimo de las cosas que siendo buenas no acaban de llenar el corazón, y ante la vida que va pasando sin apagar esa sed oculta que no se sacia.

Por eso lo miró complacido y con una voz que tendría entonación particular, le dijo:  Una cosa te falta aún. Una sola.   ¡Con qué expectación aguardaría aquel joven la respuesta del Maestro!   Era, sin duda, lo más importante que iba a oír en toda su existencia.   Vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres.   Luego ven y sígueme.

Era una invitación a entregarse por entero al Señor.   No esperaba esto aquel joven. Los planes de Dios no siempre coinciden con nuestros sueños.    Los proyectos divinos, de una forma u otra, siempre pasan por el desprendimiento de todo aquello que nos ata. Para seguir un camino de espiritualidad necesitamos tener el alma libre.

Dios llama a todos: a sanos y enfermos; a personas con grandes cualidades y a las de capacidad modesta; a los que poseen riquezas y a los que sufren estrecheces; a los jóvenes, a los ancianos y a los de edad madura. Cada hombre, cada mujer debe saber descubrir el camino peculiar al que Dios le llama. Y a todos nos llama a la generosidad, al desprendimiento, a la entrega; a todos nos dice en nuestro interior: ven y sígueme.

Este joven había creído haberlo alcanzado todo, solo porque cumplía los mandamientos de la Ley. Pero cuando Jesús le pone delante una entrega completa se descubre lo mucho que está apegado a sus cosas y el poco amor a la voluntad de Dios.

También hoy se repite esta escena. ¿Qué me dices de ese que frecuenta templos y asiste a misas, que es de vida limpia y buen trabajador, pero que no encaja, porque cuando le hablas de sacrificio y apostolado se entristece y se va?

¿O de aquel político que acumula riquezas y no se digna en compartirla con los más necesitados? ¿O de ese gobernante que, mientras ostenta el poder, lucha por amasar fortunas, pensando que en el más allá podrá hacer uso de ella?   No te preocupes. No es un fracaso de ellos: es, a la letra, la escena de la propia realidad del hombre que se entristece al saber que debe vender todo cuanto tiene, dárselo a los pobres y seguir el camino de Dios.

La llamada de Dios a seguirle de cerca exige una actitud de respuesta continua, porque Él, en sus diferentes llamamientos, pide una correspondencia dócil y generosa. Por eso debemos ponernos con frecuencia cara a cara con Él, sin anonimato, y preguntarle, como este joven: ¿Qué me falta?, ¿qué camino quieres que siga?   Seamos sinceros, quien tiene verdaderos deseos de llegar, llega a conocer con claridad los caminos de Dios.

Aquel joven se levantó del suelo, esquivó aquella mirada de Jesús y su invitación a una vida honda de amor, y se marchó con la tristeza señalada en el rostro. El instinto nos indica que la negativa de aquel momento fue definitiva y nos revela el motivo de aquel rechazo a la Gracia: tenía muchos bienes y estaba muy apegado a ellos.

Después de este incidente, la comitiva emprende su camino. Pero antes, o quizás mientras recorren los primeros pasos, Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos:   ¡Qué difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Ellos quedaron impresionados por sus palabras. Y el Señor repitió con más fuerza:   Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios.

Hemos de considerar con atención la enseñanza de esta cita y aplicarla a nuestra vida.   Hoy puede ser una buena ocasión para que examinemos valientemente en la intimidad qué nos mueve en nuestro actuar y dónde tenemos puesto el corazón. Si frenamos la tendencia a gastar, si evitamos los gastos superfluos, si no nos creamos falsa necesidades de las que podríamos prescindir con un poco de buena voluntad, si nos esforzamos por no ceder en los caprichos, si cuidamos con esmero las cosas de nuestro hogar y los bienes que usamos, si actuamos con la conciencia clara de ser solo administradores que han de dar cuenta a su verdadero Dueño, si llevamos con alegría las incomodidades y la falta de medios, si somos generosos en dar a los más necesitados y en el sostenimiento de obras buenas, si nos privamos de cosas que nos agradaría poseer…, solo así viviremos con la alegría y la libertad necesaria para ser seguidores de una espiritualidad infinita en medio del tormentoso mundo actual. Ese debe ser nuestro supremo ideal;   no marcharnos como aquel joven, con el alma impregnada de profunda tristeza, porque no supo desprenderse de unos bienes de escaso valor ante la inmensa riqueza del Señor.

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Este artículo se publicó el 1° de junio de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Misericordia quiero, dice el Señor (II)

La opinión y el  Mensaje al Corazón que nos trae el Monseñor….
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Rómulo Emiliani, cmf.

Ahora bien, Jesús quiere que así como somos perdonados, perdonemos a los demás. Misericordia consiste en comprender que detrás de las ofensas que nos hacen hay almas enfermas, ciegas, ignorantes y que por lo tanto el perdonar implica un acto de sabiduría en donde nos compadecemos de las limitaciones humanas y no dejamos que el resentimiento y el rencor se adueñen de nuestras vidas. Perdonar setenta veces siete nos asemeja más a Dios y nos hace rendir honor y gloria al Amor eternamente compasivo de nuestro Padre.

La misericordia consiste en perdonar, pero también en sentir el dolor ajeno y a hacer algo por los demás. Dice San Agustín que misericordia es “compasión de la miseria ajena, que nos mueve a remediarla hasta donde es posible”. En la parábola del Buen Samaritano vemos hasta donde llega la misericordia del que atendió al apaleado “y medio muerto”. Se compadeció de éste y le dio todo lo que tenía en ese momento para aliviar su dolor y lo “subió a su cabalgadura” y lo llevó a una posada para ser atendido. Isaías 58,10 nos dice “Cuando des de tu pan al hambriento y sacies al alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad y tus tinieblas serán cual mediodía”. Jesús nos manda: “Den y se les dará; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en su regazo. La medida que con otros usen, esa se usará con ustedes”, (Lc. 6,38).

En el milagro de la multiplicación de los panes, vemos a un Jesús que no quiere que haya hambre en el mundo y manda a los discípulos a repartir el pan que de Dios viene, es decir a facilitar que todos participemos del Bien Común. Misericordia implica compartir lo que Dios nos ha dado. San Remigio dijo: “Se llama misericordioso al que considera la desgracia de otro como propia, y se duele del mal del otro como si fuera suyo”. Y el Señor “dirá a los que estén a su derecha: Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo.   Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer, tuve sed, y me dieron de beber;  anduve como forastero, y me dieron alojamiento”,(Mt 25, 34-35)“. Si somos misericordiosos como Dios lo es, con Él seremos invencibles a nuestra maldad y seremos felices.

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Este artículo se publicó el  29  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Un almuerzo con Jesús

La opinión de…..

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AVELINO BULTRÓN A.

Mi celular tenía tres llamadas perdidas a las 8:00 a.m., a la cuarta llamada respondí, y me dijeron: “Entonces Avelino, el sancocho que me invitaste va o no va hoy?”, en verdad me quedé en el aire, y agregó: “Oye soy yo, Jesús, luego del último café me mandaste un correo que hoy domingo tomaríamos un sancocho por el nacimiento de tu hija, saqué este día para atender tu invitación y de paso conocer a la bebe”, a lo que respondí:   “Claro amigo, llega con confianza, tengo casi todo listo”, y Él contestó: “Ok. Avelino, al mediodía llego y voy a llevar a mi madre, te parece?”, a lo que respondí: “Por supuesto, los espero”. En verdad se me había olvidado, así que me dispuse a comprar una gallina de patio e ingredientes para honrar la invitación que había hecho.

Llegada las doce, todo estaba listo, y en ese momento escuché que llamaron al portal; salí y ahí estaba Jesús acompañado, los hice pasar, Jesús y yo nos dimos el conocido abrazo y le dije: “Jesús, bienvenido a mi casa”, a lo que Él contestó: “Gracias Avelino, en verdad es un gusto, ah. te presento a mi madre”; a lo que contesté con alegría y sorpresa: “¿María?”.  Ella asintió y sonriendo también me dio un abrazo, y me dijo: “La paz sea contigo y con tu familia, mi hijo insistió en que lo acompañara hoy, te estima mucho y, bueno, cuando me habló que de paso veríamos a una niña recién nacida, no me pude resistir”.

Les agradecí e hice pasar al comedor, les presenté a mi esposa, nos sentamos en la mesa, María y mi esposa sirvieron la mesa, compartimos, reímos y por supuesto degustando el sancocho.

Luego de comer, Jesús me dice: “Avelino deseamos ver a la niña”, a lo que dije: “claro”, mi esposa la sacó del play cuna, Jesús dijo sonriendo: “Avelino igualita a ti”, y María entonces mirándonos a mi esposa y a mi dijo: “Puedo cargarla?”, a lo que asentimos.   María la cargó y la miraba con ternura, Jesús le acariciaba su cabello, y María dijo: “así mismo, hijo mío, te cargué, le dijo a Jesús, Él me miró y me hizo un guiño sonriendo.

Les pregunté qué debíamos hacer para que le fuera bien en la vida; Jesús me dijo, “Avelino, amigo mío, dale mucho amor, aconséjala, pide sabiduría cuando quieras explicarle algo, pero sobre todo, déjala ser libre y háblale de que la existencia de este mundo no es casualidad, es el milagro y gran obra de mi Padre, entonces María agregó: “enséñenle a orar y a cultivar el amor al prójimo y corrijan cualquier intención de egoísmo y soberbia, con el ejemplo, brinden humildad y amor”.

Jesús y María le dieron un beso a mi hija y me la cedieron en brazos, y dijo: “Avelino nos vamos”, ambos salieron del cuarto; en la puerta de la casa ambos agradecieron por la velada; Jesús me dijo: “Avelino te doy mis bendiciones y no dejes de llamarme para otra cita”, y María nos dijo: “no lo olviden: mucho amor”. A lo que respondí: “por supuesto, gracias por venir a mi casa”.


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Este artículo se publicó el 18   de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El mundo real vs. el mundo virtual

De la inspiración de la Jurista y Ex Catedrática Universitaria….

Olga Nelly  Tapia

La brisa diaria.  a veces , no la sentimos. En un mundo de competitividad y de celeridad muchas cosas son pasadas por alto.   La tecnología es un gran adelanto que abre espectros espaciales, cruzando grandes fronteras y acercando emociones.
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Cavilaba hace un rato, cuánta gente existe en el mundo virtual, cuántas amistades reales se han roto por la magia de estos inventos, pero aún así, lo más delicado en este mundo, es el juego emocional que traen estas cosas.
Analistas hablan de la adicción al internet, muchas personas , por diferencias horarias cambian sus estilo de vida para seguir en este mundo virtual, porque allí, muchas veces no se muestran las máscaras, los sentimientos, el corazón humano no está expuesto a que sea sorprendido, allí los gestos y los ademanes no se perciben , allí se da rienda suelta a lo que queremos escuchar muchas veces, pues lo real no llena el cometido.
Hay pasiones bajas, traiciones, amores, lloros, esperanzas, expiatorio de culpas, manejos de tantos perfiles, donde personalidades blandas en su constitución son agredidas y no hay culpables, es un mundo invisible, pero más lleno de engaños que de realidades.
Pareciera que el hoy fue proyectado hacia tiempo atrás, si traemos el ejemplo del famoso Don Quijote de La Mancha, donde sus inaccesibles quimeras por las vastas llanuras manchegas, solía convertir las astas de los molinos de viento en gigantes que lo desafiaban con sus lanzas.
He allí el peligro, las enbestidas que da el sistema, ante un manojo sublimal de efectos, se perfecciona el pensamiento en muchos niveles,  pero, lo que hay que evitar es que ese bombardeo alcance nuestro corazón en donde se guarda la esencia del hombre, y por ello, la famosa pintura donde se plasma a Jesús, tocando con sus nudillos una puerta y al terminar la obra se le dice, maestro, todo está hermoso, pero la puerta carece de una cerradura o pestillo, cómo se entra?:  exacto! contesta el maestro, yo llamo a la puerta, pero es al ser humano es quien le compete abrir y acudir al llamado.
No permitamos que el mundo real se pierda, luchemos por fortalecer la Creación que viene de Dios.  Es perceptible, tangible, lo demás es ilusión.
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Nota publicada el 1 de mayo de 2010 en Facebook por la autora, a quien damos todo el crédito, los méritos  y las responsabilidades  que le corresponden.

¡Cuidado! No se deje arrancar el presente (II)

La opinión y mensaje al corazón del Monseñor….

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Rómulo Emiliani

Por eso le proponemos vivir “el ahora”, poniendo atención en todo lo que hace, para no perderse momentos maravillosos en la vida. Vivir en el ahora le trae más salud mental, le permite rendir mejor por su concentración, extraer más la belleza y la armonía de sucesos positivos y aún las cosas buenas que vienen envueltas en lo negativo.

Para vivir en el presente, lugar en “donde ocurren las cosas” le proponemos:

1. Tomar conciencia de que el presente es el momento único que tiene usted para hacer algo, para vivir.

2. Vivir anclados en el pasado o en el futuro le hace estar “fuera de la realidad”, con el peligro de terminar alienado, enfermo mentalmente.

3. Concéntrese en lo que está haciendo, diciéndose mentalmente mientras ocurren las cosas, “estoy tomando un café”, “estoy hablando con mi hijo”, “estoy conduciendo mi auto”. Hay que estar conscientes en el “ahora”, evitando andar distraídos, ya que la mente no funciona abstraída, preocupada en mil cosas del futuro o recordando sucesos tristes del pasado.

4. Saber que el “presente”, “el ahora” es el que decide su futuro. Todo acto tiene su importancia y su repercusión más adelante. Por lo tanto valore sus acciones, sepa que todo tiene consecuencias en su momento.

5. Si lo que le aturde son sucesos negativos del pasado causados por usted, pida perdón a Dios y a los ofendidos, corrija sus acciones para que no pase de nuevo aquello, y aprendiendo del pasado siga adelante y vuelva siempre a su realidad que es el “presente”.

6. Sepa que el presente es el único momento donde puede encontrarse con Dios, con los demás, con la realidad, con usted mismo, y deje ya de perder “momentos maravillosos” por no estar concentrado en el “ahora”. Recuerde que Jesús le dijo a Zaqueo que se bajara de aquél árbol, “porque hoy me quiero hospedar en tu casa”, no mañana ni dentro de un año.

Hoy es el día de tu encuentro con el Señor. En este momento El dice que te ama, que está contigo, que quiere entablar un diálogo cada vez más profundo de amor contigo y por eso, vive tu presente, adora al Señor y recuerda, que con El tú eres invencible.

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Este artículo se publicó el  10  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Un café con Jesús

La opinión de…..

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AVELINO BULTRÓN A.

Hacía cierto tiempo que no me reunía con mi amigo Jesús, cuando llegué al punto de reunión, ahí estaba él, muy puntual, me miró, sonrió y levantó su mano en señal de saludo; caminé hacia la mesa y nos dimos un abrazo en señal de saludo fraterno y el me dijo:

Avelino, ¿cómo has estado?, de vez en cuando recibo tus comentarios y saludos, deberías hacerlo más seguido; asentí y le dije: sí, tienes razón Jesús, se que siempre contestas mis saludos, y que me escudo en los compromisos de trabajo, familiares y otros, y sé que no hay justificación para no poder conversar contigo frecuentemente, créeme amigo, que hablaré más contigo, no sólo porque me apena que siempre tienes tiempo para mí y yo saco excusas innecesarias, si no porque a pesar del tiempo, la distancia, con o sin problemas, siempre estás ahí, me aconsejas cuando estoy confundido, me guías cuando me siento perdido.

Jesús no paraba de mirarme y sonreír al escucharme, en ese momento el mesero nos trajo dos cafés con leche para ambos; mientras yo le agregaba el azúcar al mío, Jesús me comentó: sabes Avelino, cada día tengo más trabajo, pues el ser humano sigue enfocándose en lo material, lo carnal; están muy distraídos con lo efímero y encima de eso hay mucho distanciamiento entre todos, no se ayudan, y cada vez que pasa eso y otras cosas peores se distancian de mí, Avelino, yo tengo tiempo para todos, estoy en todo el mundo, y si me llaman, respondo, duele como me pasan al último plano cuando están en la abundancia, pero cuando están en el límite del problema, se acuerdan de mí, los ayudo, y cuando se recuperan, me olvidan, que piensas sobre esto, Avelino.

Jesús, tú eres el mejor amigo, lo que sucede es que la gente quiere todo masticado, quieren que le lean la Biblia, quieren que le señalen el camino a la Verdad, quieren que les resuelvan todos su vacíos espirituales sin un sacrificio, piensan que un milagro es ganarse la lotería, cuando el milagro es estar vivo, sentir el amor en la familia, los amigos, los hijos, sentir la brisa y mirar el sol; pero dime algo Jesús, estoy confundido en algo: ¿por qué te dejaste crucificar, por qué no luchaste? Jesús me dijo: Avelino, si hubiese luchado hubiese pecado, incitar a la violencia y a la muerte contradecía el mensaje de mi padre; es más hubiese quedado como una simple anécdota de alguien que luchó en nombre de los Zelotas contra los romanos y ese no era el objetivo, el objetivo era que los gentiles, la gente humilde, llegara a mi padre por medio de mí y no por los casi treinta mil dioses de barro y yeso que había en la época.

Avelino, dijo Jesús: me retiro, voy a ayudar a alguien, sólo te pido que no te pierdas y hablemos más seguido, el café ya está pagado, y bendiciones para ti, tu familia y tu niña que viene en camino. Me levanté, nos dimos un abrazo, y solo en la mesa concluí: “Jesús, si es mi amigo, siempre está ahí”, estimado lector, que espera, búsquelo, el nunca falla.


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Este artículo se publicó el 6 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Papá: ¿Quién es Jesús?

La opinión del Abogado…..

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Silvio Guerra Morales

“Papá no hay clases miércoles, ni jueves, ni viernes y tampoco los otros días, porque son días libres por la semana santa”. Eso fue lo que Junior me expresó el martes de esta semana. Le pregunté: ¿Y tú sabes qué es la semana santa hijo?   Realmente quedé sorprendido con la respuesta que me brindó. “Papá, la Semana Santa es la semana en que murió Jesús y después resucitó”.  Ya que Junior me brindaba esta respuesta, encontré un terreno óptimo para profundizar en el tema.

Bueno es muy cierto, fue lo que agregué a su abreviada respuesta. Jesús es nuestro Salvador. “Salvador de qué papá? Bien, escucha. Todos nosotros, los seres humanos, nos apartamos de los caminos de Dios y por esa razón el mal entró en nosotros y eso se llama pecado. Por el pecado hacemos lo malo, decimos y pensamos el mal, actuamos mal. Con nuestras propias fuerzas queremos luchar y vencer el pecado, pero no podemos hacerlo ni lograrlo. Por ello, Dios Padre, viendo nuestra condición de constante inclinación al pecado, allá en el cielo, en su santuario, decidió mandar a su único hijo, Jesús, por eso se llama el Unigénito –único hijo- para salvarnos de nuestra maldad y así ser redimidos ante los ojos de Dios. De modo que es a través de Jesús que podemos ser salvos de todo pecado, de toda maldad y de la ira venidera de Dios.

Jesús, añadí, predicó el amor de Dios, nos habló de la infinita misericordia del Señor y sanó a los enfermos, hizo que los ciegos recuperaran la vista; que los sordos escucharan, los leprosos eras sanados y los cojos andaban, aún los muertos resucitaban. Pero lo juzgamos, y lo declaramos culpable y culpable de muerte. Fue crucificado, muerto fue sepultado. Pero no quedaron allí las cosas hijo: sucedió algo grande, algo terriblemente maravilloso. ¿Qué cosa papá?. ¡Resucitó!, ¡Resucitó!. ¡Jesús no está muerto, vive!. Ya Él se lo había dicho a sus seguidores, a sus discípulos: ¡Resucitaré! y cumplió su palabra.

Pero otra cosa hijito: antes de subir a los cielos prometió que volvería con todo poder y gloria, lleno de gloria y de majestad, como lo que efectivamente es él: El Hijo de Dios, el Rey de Reyes, el Señor de Señores. Y así como cumplió su promesa de que resucitaría, también cumplirá la siguiente: Regresará y su venida está pronta. Las señales que dijo indicarían su pronta venida están cumpliéndose: terremotos, maremotos, hijos contra padres y padres contra hijos; pestes y enfermedades por doquier; estas y otras tantas señales son los horarios, minuteros y segunderos en el reloj del Dios. “Papá hay que amar mucho a Jesús”, finalmente dijo Junior. “Yo quiero mucho a Jesús” siguió diciendo.

Ojalá que en esta época de reflexión y de entrega espiritual al Señor, a Jesús, también saquemos un tiempo para hablar a nuestros hijos de Jesús, de Dios, de su amor y su grande bondad. Muerte, crucifixión y resurrección de Jesús, sí, pero explicándolo a nuestros hijos, cuanto más a los pequeños.

Dios bendiga a la Patria.

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Este artículo se publicó el 2 de abril de 2010 en el Diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Qué Jesús seguimos..?

La opinión de…..

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ROBERTO DÍAZ HERRERA

“Pobres de ustedes fariseos que gustan ocupar el primer puesto en la sinagoga y recibir saludos en las plazas. Ustedes son a los que se pedirán cuentas de la sangre de todos los profetas que haya sido derramada desde el principio de la creación”.

Al leer esa sentencia de maldición de Jesús, no podemos dejar de observar que en 21 siglos Jerusalén y sus áreas circundantes no alcanzan, la paz y la pólvora sigue allí.

La iglesia de mi generación puso énfasis y nos grabó a un Jesús milagroso y súper bondadoso, el cual como clímax de su historia terrena, proyectando sus enseñanzas maestras, termina derrotado y frustrado sobre una cruz. Vencido, vejado y despreciado por soldados obscenos, representantes de una oligarquía clerical corrupta y explotadora, que cohabita hipócritamente con los vulgares colonizadores romanos. Tal es él Jesús, de acuerdo a esa imagen, propio de beatas aburridas, menopáusicas, reñidas con el intelecto y el pensamiento filosófico progresista. De esa lectura histórica heredada, extraen los ideólogos bolcheviques aquella frase, bien vendida: “la religión es el opio de los pueblos”.

Naturalmente que su alimento conceptual es aquella iglesia medioeval retrógrada con sus cúpulas pelechadoras de las cortes reinantes, reñidos todos con sus pueblos y sus hambres morales y físicas. Aquellos mil años de oscurantismo, del que nos vinieron los saqueos conquistadores salvajes de que nos habla Galeano en sus Venas Abiertas. Se prohíbe a los filósofos como si la mente y el pensamiento se pueden aplastar eternamente.

Tiempos en que del Vaticano surgen grandes hombres y también algún Papa tan concuspicente que no se cuida de esconder sus múltiples hijos de las propias gradas de la Capilla Sixtina. Esos asuntos tienden a desdibujar, sin ninguna razón, al Cristo Original, del intermediario erróneo o malévolo, y de ello se produce con la Revolución Francesa y el apagón de un largo milenio, el advenimiento de una nueva y sola Diosa: La Razón.

Aquella entelequia incrédula que desconoce la magia de la creación, el poder del Creador y la fuerza arrolladora del Cristo, que se muestra no solo resucitando muertos y curando ciegos, sino mas bien en la revolución de la conciencia que nos muestra un Jesús, pausado y sereno, humilde y fraternal, pero que también muestra su látigo ante la hipocresía de la clase religiosa que intenta vender a Dios con el propio templo de piedra.

Preferimos en general ver a un Jesús crístico ensangretado y fracasado en el ataúd del Viernes Santo, dándonos lástima por sus cruces y llagas. Pero nos negamos a admirar en su esplendor sencillo al Jesús que emerge de la tumba de Nicodemo, con células frescas y renovadas, que asombra a María de Mágdala, ella misma resucitada moralmente, con entera autoestima, desde las miasmas de la prostitución.

En medio de un planeta, rodeado de ojivas nucleares sin detenerse, agonizando frente a su destrucción, una clase de líderes mundiales, que a pesar de alguna esperanza como la de Obama, no logra penetrar en las lacras de los intereses egoístas; del culto fanático al Dios Dinero.

Jesús no es fracaso ni tontería, ni olor a sotana. El propio autor místico e iluminado, Edouard Schure, plasma en su pluma incomparable, en su obra “Los Grandes Iniciados”, en un recorrido de los mas altos personajes espirituales, Krisna, Hermes, Moisés, Buda, Pitágoras y otros, y se rinde ante el Jesús que muestra, como luego lo imita contemporaneamente Ghandi, a un Revolucionario sin precedentes, a una obra social invencible de fuerza solidaria, de paz poderosa, que doblega sin armas, a los mas arrogantes conquistadores.

Su arma fue el impacto que dura y dura, en sus parábolas sencillas pero estremecedoras. Ese Jesús no puede ser contaminado ni siquiera por los recientes escándalos de parroquias inmorales. ¿Acaso un general generoso y victorioso debe ser culpado por los actos infames de cobardes o traidores, sean coroneles, capitanes o cabos, de entre su ejército?

“¡Pobres de ustedes maestros de la Ley, que se adueñaron de la llave del conocimiento! Ustedes no entran y no dejaron a otros que entraran”.

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Este artículo se publicó el 2 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cuidado Crítico

La opinión del Docente Universitario y Ex Vice Presidente de la República….

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Ricardo Arias Calderón

“Es imposible que no haya escándalos, pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más vale que le pongan al cuello una piedra de molino y le arrojen al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Andad pues con cuidado” Lucas. Cap. 17, 1-2 .

Las relaciones sexuales de un adulto con un o una menor de edad, prohibidas por la legislación, sean catalogadas como pedofilia, pederastia o efebofilia es un delito que debe ser, una vez comprobado, castigado por la ley.   Un agravante en la tipificación de este acto es que el agresor sea un pariente del menor o que la víctima se encuentre a su cargo para cuidarle, educarle o protegerle.

El escándalo que envuelve a la Iglesia Católica por causa de los sacerdotes que han abusado de menores y el encubrimiento de diversos obispos y del Vaticano, es absolutamente reprobable.   Este asunto no debe dejarse de lado ni pasarlo por la mira de la soberbia indiferencia, ni aplicarle un maquillaje semántico para calificar el abuso como efebofilia o pedofilia, o intentar minimizar los hechos recurriendo a la estadística y decir que se trata de una acción cometida únicamente por el 1.5% del clero.

Dar la cara y asumir las debidas responsabilidades es la única respuesta correcta. Sin embargo, la crítica de estos hechos deleznables no debe remover los cimientos de nuestra fe y hacer que perdamos la perspectiva de que el mensaje de Cristo en los Evangelios es permanente e imperecedero, que es la Iglesia como cuerpo místico de Cristo la que nos mantiene en contacto sacramental con Él, la que nos ha acercado tanto ayer como hoy a las Sagradas Escrituras y a todo su caudal de enseñanzas de vida.

Pero esta actitud de fe que debemos tener los católicos no nos exime de exigir que se haga justicia, no sólo por la vía del derecho canónico, sino también por la del derecho penal a cargo del Estado, y sean aplicadas las sanciones correspondientes a los infractores.

Si la Iglesia Católica quiere evitar un daño mayor, no sólo a las víctimas y sus familiares, sino a todos aquellos que la percibimos como una guía moral, debe cambiar de actitud. El encubrimiento quebranta la norma moral y la jurídica, es su obligación entregar a la jurisdicción de cada Estado a quienes son acusados de tales transgresiones. Esto no sólo sucede en México, Irlanda del Norte, Alemania o Estados Unidos, sucede también en Panamá en donde se han dado casos que se han ignorado y, otros, ocultado.

Jesucristo que es la manifestación viva del amor misericordioso de Dios, y que recomendó compasión para los marginados, condena con suma severidad, el comportamiento del que hace daño a los menores. La indefensión en que se encuentran los niños y adolescentes ante la violación de su intimidad, la mayor parte de las veces no les permite comprender lo que les sucede y cuando con el tiempo lo hacen, ya están marcados en muchos aspectos de su vida adulta por el abuso sufrido.

Estemos vigilantes de nuestros pequeños y de nuestra Iglesia, ambos requieren del cuidado crítico de quienes les aman y así podrán superarse las vicisitudes presentes, tal y como ha sucedido en el pasado.

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Este artículo se publicó el 4 de abril de 2010  en el Diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.