La Familia

*

La opinión del Sacerdote Jesuíta…

Rosendo Torres 

El primer domingo después de Navidad se nos presenta la Sagrada Familia. ¿qué más decir? No hay nada nuevo bajo el sol. No se puede negar que en distintos estamentos de nuestro engranaje social se está insistiendo y trabajando por la familia. Tampoco podemos negar que muchas amistades lo traten a uno y lo mencionen como familia. Es la suprema distinción que uno agradece, porque somos y no somos y nos hacen sentir como si fuéramos. Gracias por lo que a mí toca.

Aun cuando en nuestro ambiente es un lugar común el buscar la causa de muchos males morales de nuestra juventud en la familia o en la falta de familias, hay que reconocer también que existen muchas y buenas familias, hecho que se constata en muchos de los convivios familiares que se celebran durante las navidades. Al menos esa impresión deduje en estos últimos días en que fui invitado a bendecir una nueva casa o apartamento, al llegar los primeros que salieron a saludarme fueron los jóvenes con toda naturalidad y luego se fueron presentando los demás miembros de las familias allí presentes dándome la ocasión para confirmar el aserto de que sí hay todavía grupos familiares y gente que cree en la familia tradicional. Lo deseable es que esto continúe aun cuando la familia está amenazada por los queridajes y concubinatos que también se dan más de lo que quisiéramos esperar y a veces en personas supuestamente allegadas a la iglesia católica.

Y aquí vienen las consideraciones sobre este día de la Sagrada Familia.   Dios es amor y es en la familia , justamente en donde nosotros recibimos la primera y definitiva manifestación de lo que es el amor , así que es la familia en donde se nos revela, primera y definitivamente , lo que es de verdad Dios.

Es en la familia donde se experimenta el valor infinito de persona , de cada persona, puesto que es en ella en donde experimentamos que somos amados incondicionalmente, y no por nuestra belleza, inteligencia, bondad o simpatía. Es en la familia en donde aprendemos vivir en comunidad, porque en ella experimentamos desde que nacemos la participación comunitaria en el amor de nuestros padres, compartimos con otros una misma casa, una misma mesa familiar y las cosas indispensables del hogar. La familia nos enseña el valor de la solidaridad porque en ella compartimos el sentido maravilloso de formar parte de un mismo núcleo familiar con los hermanos y hermanas, y con el papá y la mamá.

En sus más de treinta años de vida ordinaria en el trabajo manual y como parte de una familia en Nazaret, Jesús demuestra que las tareas más extraordinarias del mundo, como son honrar a Dios, liberar a los oprimidos, revelar el amor incondicional se lleven a cabo viviendo a fondo y en serio la más normal vida familiar.

*
<>Artículo publicado el  26  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡Apártate de mi Satanás!

*
*

Un mensaje al Corazón.  El mensaje, el consejo y la opinión del Obispo Auxiliar de San Pedro Sula,  Monseñor…

Rómulo Emiliani

Esta frase de Jesús dirigida a su fiel e impetuoso discípulo Pedro, que quería impedir que el Maestro fuera a inmolarse a Jerusalén, causa mucho impacto por su trascendencia.   Le habla así a su “hombre de más confianza”, al que había destinado para ser su “vicario en la tierra”.   Esto nos hace pensar que los “engaños diabólicos” pueden presentarse inclusive en las personas y cosas más “inocentes y buenas”.
No es para ver al diablo siempre, ya que más bien hay que ver a Dios en todo, pero sabiendo que aún en las personas, cosas y momentos más “puros”, pueden presentarse situaciones que nos aparten del camino. Ejemplo, el de una madre que por “amor” le arranca a la hija su deseo de consagrarse al Señor, porque es un “camino donde se sufre mucho”. Recordemos el siniestro consejo de Herodías a su hija Salomé, ordenándole que pidiera a Herodes la cabeza de Juan el Bautista. Su propia madre lleva a la hija a cometer tan espantoso crimen. Vemos pues que aún de una madre pueden venir “tentaciones de las tinieblas”. “Quien ame a su padre o a su madre más que a mi, no es digno de mi” dice el Señor.   Quien obedezca más a su padre, esposo, jefe o amigo, más que al Señor, se convierte en enemigo del plan de salvación de Dios. Por una parte los cristianos debemos ser los más respetuosos de toda autoridad y orden, pero por otro lado, los más rebeldes si se nos manda algo que va contra Dios, contra la moral, contra la vida.

El joven que induce a la novia a abortar, el jefe que intenta seducir a la empleada, el padre que lleva al hijo al licor, el amigo que quiere llevar a uno a realizar un acto delictivo o a consumir droga, deben al momento ser “detenidos” con un “!apártate de mi Satanás!”.   Y en esto hay que ser radical.    Más aún, cuando una madre u otro tipo de autoridad, inclusive religiosa, apaga en un joven o en cualquier persona, su deseo de superación, de perfección, de santidad, supuestamente por el bien de la persona, por prudencia, por salvar a uno de meterse “en problemas”,   deben ser detenidos con un claro   “!apártate de mi Satanás!”.

Nadie debe parar la sed de amor, de subir la montaña de la santidad, de la perfección de una persona, porque se convierte en instrumento de las tinieblas. Así como suena. Nuestra misión es crecer, crecer, sin detenernos, hasta llegar al encuentro con el Señor al final de nuestra vida. Lógicamente nunca está de más la advertencia, gracias a la experiencia, que hay que dar siempre a las personas que se lanzan a conseguir una meta, sobre obstáculos, tentaciones y de más cosas que van a encontrar en el camino y sobre todo, si en verdad se ha pensado bien en el camino que se va a seguir.

Pero un pueblo, una comunidad, una nación debe estar continuamente diciendo: “!apártate de mi Satanás!” a las tentaciones de injusticias, vicios, corrupción que se ciernen continuamente en su vida, sumando fuerza espiritual, moral, judicial, policial y otras, para luchar contra el mal, adecentar el ambiente y humanizar la cultura de un conglomerado social. Ahora bien, todo cambio comienza por uno mismo. ¿ En qué me tienta más Satanás?. ¿ Cuál es mi talón de Aquiles, mi mayor debilidad?. ¿ En qué estoy consintiendo yo las tentaciones de las tinieblas?.

Todos estamos tentados por esas “30 monedas” de Judas que están continuamente sacudiendo nuestra conciencia. Debo gritar con todo el alma: “!Apártate de mi Satanás!”. Para eso, igual que Jesús debo:

1. Estar consciente de mi misión en la tierra.

2. Ser un celoso defensor de mis metas y saber qué es lo que puede apartarme de mi camino.

3. Cultivar al máximo mi fidelidad a la obra del Reino de los Cielos y poner todo el empeño en sacrificar lo que sea para alcanzar mis objetivos en la vida.

4. Contar con la ayuda del Señor, implorar siempre su bendición, entregarme a El con todo mi ser.

5. Unirme a personas que como yo tengan aspiraciones parecidas y compartir conocimientos, consejos, apoyos de diversa índole.

6. Intentar superarme cada vez más en lo que es de mi competencia con la dedicación, estudio, perfección de habilidades, buscando crecer cada vez más.

Y por supuesto, cuando veo que hay algo que me quiere apartar del camino de superación emprendido, gritar con todo mi ser “!apártate de mi Satanás!”, e implorar la fuerza del Señor con quien en verdad somos invencibles. Amén.

*
<>Artículo publicado en dos partes, el  25  de diciembre  de 2010   y el 1 de enero de 2011 en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Navidades de plástico

La opinión del Abogado…

ROBERTO DÍAZ HERRERA
robertodiazherrera@hotmail.com

Para los propios niños de un ateo o un agnóstico, sus corazones, sintonizados con el espíritu que cultivan o sienten en sus propios colegios, seguramente en este mes de diciembre estarán conectados a un sentido de ilusión y de esperanzas. No creo que ningún intelectual, inclinados más que los no académicos a la ausencia de fe en Dios, le enseñe desde tierna edad a sus pequeños: ‘no creas en Dios, que eso no existe, la religión fue inventada para controlar a los ignorantes’.

De hacerlo, o sea, de volver ateos o agnósticos a sus hijos, puede ser que en los criterios paternales haya un sentido de crianza positivo, racionalista, de buscar que sus hijos no se conviertan en ‘beatos o beatas fanáticos’.  Aun en ese supuesto, aquellos niños, que bien pueden ser el caso hoy día de los infantes cubanos, con padres marxistas — leninistas, carecerán no solo de la ventaja psicológica de sabernos protegidos por un Ser Superior y la guía ética que nos manda a practicar la Justicia, la Caridad, la Compasión y el huir de los crímenes y actitudes negativas. Solo lo anterior, ya es un sendero que promueve los mejores valores humanos, sino que, llegadas estas fechas, nos inculcan igualmente el análisis de la vida —desde su nacimiento— de ese ícono de la revolución del amor, llamado Jesús.

Curiosamente, pese a todas las influencias de los filósofos materialistas que niegan la existencia de Dios, muy variados, los libros que, según las temáticas, más se venden hoy día, son los de autoayuda, por ejemplo de los Paulo Coelho, al igual que los de otros motivadores.    En esencia, todos se basan en esa revolución del amor, que impulsó Jesús de Nazaret. Y lo hizo cuando predicarlo costaba incluso la vida.   Más aun, los teólogos y filósofos hebreos de su tiempo, que podrían ser los Coelho de esta época, o sea, predicadores de la fraternidad y la sensibilidad (no sabemos cómo es Paulo en su propia casa), eran meros propagadores de principios muy bellos, pero que se cuidaban mucho de realizarlos ellos mismos.

El problema, a mi juicio, que daña más las enseñanzas de Jesús, incluyendo el espíritu real de las navidades, es la superficialidad con la cual nos han enseñado, aun los curas, la obra revolucionaria de ese Hombre Poderoso. Al querer mostrárnoslo como un Mesías que Ora, nos han hecho perder al Líder que conduce y enfrenta los peligros más recios, al predicar lo que Él sí enseñaba y lo que Él sí nos mostraba, yendo adelante, no atrás ni a los lados.

Una charla impactante de Jesús, para mí, es cuando, cabreado ya (no encuentro otro término más claro) de esos ‘maestros’ que recomiendan cosas, que jamás cumplen, los sentenció: ‘¡Pobres de ustedes, fariseos!, ustedes dan para el templo la décima parte de todo, sin olvidar la menta, la ruda y las otras hierbas, pero descuidan la justicia y el amor a Dios… ‘¡Pobres de ustedes también, maestros de la Ley, porque imponen a los demás cargas insoportables, y ustedes ni siquiera mueven un dedo para ayudarles!..’ ‘¡Pobres de ustedes, maestros de la Ley, que se adueñaron de la llave del saber!  ¡Ustedes mismos no entraron, y cerraron el paso a los que estaban entrando!’…

¿Cuántos políticos, educadores, militares, banqueros, aun obispos, no entran en esa categoría de hipócritas y farsantes que denunciaba un Jesús sin miedo a las censuras ni a las leyes penales de aquél tiempo?   (leyes que si bien lo condenan a muerte, lo catapultan al rol histórico e imperecedero que mantiene 20 siglos más tarde).

Cuando vemos este tipo de ‘navidades’ que hoy ‘celebramos’, ¿a qué grupo creemos pertenecer, según las reglas de Jesús?   Con valor autocrítico creo que no pasamos del 2.5 de calificación. Sabemos a conciencia que entramos a festejar unas Navidades de Plástico, como los envoltorios de las muchas cajetas de licores de lujo, o las pequeñas del ron ponche y el seco, según nuestros bolsillos. Podemos comprarle a los hijos o nietos, esos juguetes, carísimos de Félix, o de rebaja en El Machetazo, también envueltos en plásticos.

El plástico retratará bien los corazones ‘cristianos’, de estas navidades, huecas de contenido y de propósitos. Habrá, por supuesto, espíritus diferentes, que practican estas fechas.

*

<> Este artículo se publicó el 11 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

La sexualidad es una expresión

La opinión del Abogado, Locutor y Analista político…

LUIS CARLOS GUERRA

He observado con mucho detenimiento el tema del reconocimiento, mediante ley del derecho a elegir una orientación sexual, que busca, según sus proponentes ‘se respete el derecho a elegir nuestra orientación sexual y nuestra identidad de género, para que sea reconocido como un derecho en nuestro país’.

La Asamblea Nacional de Diputados tiene ahora en el proyecto de Ley No. 50, que da derechos a homosexuales y lesbianas y sanciona a quienes discriminen a este grupo un debate más que jurídico, moral, dado que incorrectamente, como lo apuntan sus detractores, este proyecto no posee características de inconstitucional,  pues si se lee,  da cuenta que busca reforzar el derecho de libertad de expresión y pensamiento de los ciudadanos que desean hacer pública su orientación sexual, entiéndase bajo este parámetro; heterosexuales, homosexuales, bisexuales, asexuales, transexuales y hasta se habla de la pansexualidad u omnisexualidad.

El proyecto de ley sería inconstitucional si plantease como reconocimiento la unión matrimonial de ciudadanos del mismo sexo; sin embargo, el debate de fondo es sancionar a aquellas personas que generen acciones discriminatorias contra una persona que profese, exprese, su posición acerca de cómo asume, cree, piensa o interpreta su sexualidad.

La sociedad humana tiende a ser farisea; y esto lo entendió Jesús al reclamarle a los miembros de la principal secta política religiosa judía de su tiempo, pues era de conocimiento público su hipocresía, porque fingían una moral, sentimientos o creencias religiosas que no tenían o practicaban realmente.

La línea de pensamiento puede aplicarse a los políticos del país, al tratar temas de relevancia nacional, muchas veces la población solo escucha estupefacta como tergiversan realidades para aprobar o desaprobar proyectos o acciones, a conveniencia de las coyunturas políticas o intereses personales; es decir, lo malo o lo bueno, lo será en la medida que se apegue al querer personal o económico de ‘alguien’, lejos de la esperanza de la población que creyó, confió, en ellos.

¿A quién afecta la idea que una persona pueda expresar su orientación sexual sin prejuicios?; a la familia, los niños, la religión, la moral; ¡vana hipocresía! si la realidad es que tenemos muchos más bombardeos mediáticos que inducen hacia una sexualidad libertina, que hace mucho más daño frente a la permisión legal de escoger y aceptar a libre albedrío la naturaleza de la propia concupiscencia como un derecho inalienable del ser humano a pensar y expresarse, a ser libre o condenarse.

A fin de cuentas, ¿a quién le toca juzgar o discriminar el proceder humano?;   Dios dijo: ‘¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!’, pero asimismo determino: ‘Solo hay un dador de la ley y juez, que es poderoso para salvar y para destruir; pero tú, ¿quién eres que juzgas a tu prójimo?’.

<> Artículo publicado el 25 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

“La restauración del corazón”

La opinión de la Comunicadora Social…

Yasmira Singh

Las sagradas escrituras enseñan que Dios mira el corazón y lo escudriña. También detalla el papel significativo que presenta en la sociedad.  Aunque conocemos su gran valor físicamente, muchas veces ignoramos lo que puede poseer este órgano principal de la circulación de la sangre, si no se lo entregamos al Señor para que pueda ser restaurado para bienestar propio y de los demás.

Este órgano musculoso y cónico, es donde se concentra demasiado la sensibilidad humana, esos sentimientos internos como el amor, el afecto entre otros. Provienen igualmente los impulsos instintivos o instintos, esos arranques impetuosos, espontáneos (aunque estos últimos influye mucho el temperamento y carácter), interviene sobremanera el corazón.

Así como la intuición y el presentimiento. Aunque el corazón muchas veces es engañoso, hace sentir lo que no es verdadero, también “indica” cuando algo no anda bien en el ser humano, reconoce lo que se ha hecho; por lo que debemos vigilar nuestra vida; para que no pueda ser almacenado lo indebido en el corazón. El Todopoderoso nos formó con perfección; pero las constantes acciones dañinas y los recurrentes pensamientos malos, con el trascurrir del tiempo afectan, endureciendo y alejando al corazón hacía lo que es correcto y sano. Sobre toda cosa guardada (tener cuidado, protegerlo) guarda tu corazón, porque de él mana la vida cita la Biblia.

Con el corazón se cree lo bueno y también se induce a lo malo. Si deseamos que nuestra existencia sea buena y diferente, aceptemos al Señor en el corazón y sea quien guíe nuestros pasos en todo lo que hagamos. Si hay conflicto familiar, nos enseña a perdonar y a olvidar lo pasado. Dios lo restaura todo.

Si buscamos evitar que haya tanta violencia entre humanidad y obtener paz y seguridad “la ayuda eficaz”, es entregándole “verdaderamente” el corazón a Jesús y sea quien dirija nuestros caminos. Del corazón salen los malos pensamientos, homicidios, fornicaciones, adulterios, hurtos, falsos testimonios, todo lo que contamina a la humanidad afirma la Biblia.

Dios proporciona un corazón entendido para discernir entre el bien y el mal. Da un corazón nuevo. Lo limpia, cambia, transforma, convierte y restaura. Hace que sea puro, sincero y recto; sobre todo, este pronto y dispuesto para lo bueno. Debemos cuidar el corazón, porque puede ser llenado de soberbia y orgullo y se enaltece. Procurar ser de corazón humilde y sencillo. Sin olvidar que el corazón generoso, produce en la persona gozo.

Entrégale tú corazón a Jesús, te restaurará, su paz te dará y de seguro te guardará del mal. Y todo lo que hagas en la vida, hazlo de corazón como para el Señor. Dios te bendiga siempre.

<>Artículo publicado el 9 de septiembre de 2010 en el diario  El Panamá América a quien damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

¿Y cuál es el camino?

Un Mensaje al Corazón que nos envía Monseñor….

Rómulo Emiliani, cmf.

Si usted quiere ser feliz, aspiración de todo ser humano, debe buscar el camino que llegue a ese término y le expongo en estos pasos unas pistas para encontrar tal sendero.

1. Tome conciencia de que no hay felicidad plena ni estable aquí en la tierra y que además la misma no consiste en obtener desesperadamente cosas, sino en mantener un equilibrio emocional y mental en medio de la agitación y convulsión de un mundo caótico y la satisfacción profunda al sentir que se está cumpliendo una misión que lo trasciende a uno.

Uno debe sentirse llamado por el misterio amoroso del Padre providente que lo ubica a uno en la historia para contribuir al crecimiento pleno de la humanidad y de la creación entera.

Para eso cualquier profesión, trabajo u oficio tienen un puesto esencial en el plan de salvación divino. Ser carpintero, mecánico, médico, ama de casa o ingeniero, todos tenemos un lugar en la historia. Inclusive el enfermo postrado en una cama ofreciendo su dolor por la salvación del mundo, cumple una misión sagrada.

Todos somos importantes en el mundo, y un niño que tenga lamentablemente parálisis cerebral es también indispensable y necesario, es un miembro vivo de este cuerpo místico que trasciende el universo y en el cual todo ser humano brilla por sí mismo, tiene un alma preciosa, única, irrepetible.

2. La felicidad está en sentirse conectado con la vida que en armonía se manifiesta en todo el universo y de la cual uno forma parte y es protagonista de su desarrollo. No estamos solos y vivimos íntimamente enlazados con todo lo que es y desde el respirar con ánimo, el caminar con brío, el pensar positivamente y el amar incondicionalmente, todo lo que hagamos repercute para bien del Todo. Por eso la extrema importancia de hacerlo todo con buena intención y que sean rectas las acciones. El rechazar cualquier pensamiento y acto malo ennoblece a uno y a la humanidad entera, por esa conexión vital que tenemos con todo lo creado. La felicidad consistirá en cultivar pensamientos y sentimientos buenos, los más puros posibles y purificar todo aquello que pueda destruirlo a uno mismo y a otros.

3. La felicidad consiste en tener tan mala memoria de todo lo malo que nos ha pasado, desechando en el basurero del olvido ofensas, ultrajes y fracasos, sabiendo perdonar a los que han actuado mal y perdonándose uno a sí mismo, sabiendo que lo negativo del ayer es una carga muerta tan pesada que arrastrarla nos impide seguir el camino. Nadie puede ser feliz recordando con amargura sucesos y personas que le ocasionaron daño, ya que el recordar es “volver a vivir” lo sucedido y experimentar el “golpe” nuevamente. Más bien vale la pena recordar sucesos positivos que nos han hecho la vida más agradable y han influido en nuestro crecimiento. No recuerde lo negativo sino solamente para aprender alguna lección del pasado.

4. La felicidad tiene que ver con no esperar obsesivamente resultados, porque estos dependen de tantos factores externos que no podemos controlar. Donde hay que estar atentos es en hacer las cosas lo mejor posible, llevando con pasión y organización, perseverancia y buen ánimo los proyectos en donde estamos involucrados, poniéndonos en las manos de Dios y “esperando siempre lo mejor, pero estando preparados para lo peor, por si ocurre”. Esto es la vida. Es ingenuo pensar que se puede triunfar siempre.

5. “Muéstranos al Padre”, le dijo Felipe a Jesús y él respondió: “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Y también dijo:” Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Cristo es el camino hacia el encuentro con el Dios vivo, santo e infinitamente amoroso. Una sana espiritualidad, sin fanatismos, abierta a las insondables vivencias del Señor, quien a través de nuestros encuentros con Él nos va indicando el sendero de la plenitud, de la santidad, es necesaria para encontrar la felicidad. Pero lo paradójico en el cristianismo es que la felicidad se consigue envuelta en sacrificios, persecuciones, renuncias, estando siempre vigilantes para no caer en tentación, llevando la cruz de cada día. Porque ser feliz consiste en amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y todas las fuerzas y en amar al próximo como a uno mismo. La felicidad entonces consiste en: amar, amar y amar sin esperar recompensas, asumiendo todas las consecuencias de esa entrega total, en donde nos vamos inmolando por la causa del Reino, hasta consumirnos, gastarnos y desgastarnos como Jesús, quien vertió por nosotros hasta la última gota de sangre y agua. Así seremos invencibles a la depresión.

<>

Este artículo se publicó en dos partes:  el  17  de julio y el 24 de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Y quién es Pilatos? (II)

Un mensaje al corazón, por el Monseñor…

Rómulo Emiliani, cmf.

El pueblo sigue vociferando y pidiendo la ejecución de Jesús y como última forma de salvarlo lo pone al lado de Barrabás y le pide al pueblo que escoja a quien liberar.  Para su sorpresa, el pueblo manipulado y endemoniado pide la muerte de Jesús y los líderes religiosos le dicen que si no lo ajusticia, será acusado ante el César de conspiración por dejar libre a un subversivo que se hacía pasar por rey.

El conflicto interior es grande. El sabe de la inocencia de Jesús y su esposa lo previene de condenarlo porque tuvo un sueño revelador. Al final, el miedo a ser destituido y probablemente “decapitado”, pena de muerte por atentar contra el César lo hace “lavarse las manos” y deja que maten a Jesús. ¿Y qué hubiera hecho usted y yo?       ¡Señor Misericordia!.

Por ejemplo: me pregunto las veces que nos hemos “lavado las manos” y no nos hemos comprometido en luchar por un mundo mejor, en denunciar la injusticia, en defender al oprimido, en desprendernos de algo para darlo a los más pobres. Y el argumento, así de fácil como de vacío:   “Yo no me meto donde no me llaman y además qué tengo yo que ver con esas víctimas”.

Para no ser como Pilatos hay que tener un profundo respeto por la verdad. Tener la valentía de decirla.  Vivir en un gran despego para poder defender los grandes valores sin importar lo que perdamos.  Acudir en la oración y sacramentos al Señor para que nos dé la fuerza para vencer la tentación.    No dejarnos manipular por la opinión pública ni por el miedo y actuar de acuerdo a nuestra conciencia.

Tener bien claro de que tengo responsabilidades con la humanidad y con el más cercano y que ante la injusticia, opresión, y la situación dramática en que viven mis prójimos, no puedo ser indiferente y “lavarme las manos” porque me convierto en cómplice de su situación.

El no atender el drama de mi próximo me puede convertir en un Caín que ante la pregunta de Dios sobre su hermano dijo: “¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?”.

Todos en alguna manera somos responsables de lo que pasa en nuestra sociedad y alguna incidencia tienen nuestros actos en otros.

En verdad yo sé que sin el poder de Dios sería otro Pilatos, pero con Él soy invencible.

<>

Este artículo se publicó el  10  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.