La verdad y el honor

*

La opinión de la Psicóloga especialista de la conducta humana…

GERALDINE   EMILIANI

Los comunicadores sociales deben mantener un equilibrio entre las exigencias del bien común y los derechos particulares.   Igualmente, la noticia debe ser veraz porque puede controlar las creencias, actitudes y conductas de las personas. La información es condenable en la medida que atente contra la intimidad y la libertad de las personas.

Quiero ligar lo anterior con el caso de Daniel Delgado Diamante acusado de matar a un subalterno de manera indolente hace 40 años. Como psicóloga, creo que la actitud de Delgado Diamante fue en defensa de una familia víctima de violencia doméstica, tras la amenaza de un cabo de matar a su esposa y luego de herir gravemente a un compañero que intentó detenerlo, caso atendido según las reglas del procedimiento policial.   Y, que ello fue investigado por las autoridades, y Delgado pasó 8 meses de arresto cuartelario, hasta que se le comunicó un sobreseimiento definitivo.

El morbo juega un papel importante en el panameño, que parece disfrutar y entretenerse con las desgracias de los demás. Esto lo digo porque cuando apareció hace un año el reportaje de este desenlace fatal entre un militar y su subalterno, estando el militar como ministro de Estado, la noticia fue comidilla pública.   Sobre todo porque algunos aún ven a los militares como seres indeseables, aunque Daniel Delgado Diamante no participara de los excesos del dictador de aquella época.

¿Qué me mueve a hablar sobre el caso de Daniel Delgado Diamante? Primero porque como ciudadana y especialista de la conducta humana, me dolió la muerte de aquel cabo perturbado emocionalmente, como me duele ver a Daniel injustamente condenado por un medio escrito. Segundo, porque se trata de un profesional reconocido, que se ha visto afectado en su vida personal y profesional.

Cuando salió la noticia, se la comenté a mi hermano Mons. Rómulo Emiliani y me expresó: “¿Daniel criminal?   No, eso no lo puedo creer.   Es imposible que Daniel, mi amigo y hermano de la infancia hiciera un acto tan infame.    Lo conozco y estoy seguro que debe haber un error.   Dile a Daniel que rezaré por él. Mantenme informado”.

Las palabras de Mons. Emiliani me recordaron la amistad fraternal de nuestras familias. Daniel proviene de una familia unida, de valores cristianos.   Su padre ejerció el periodismo en Colón por más de 50 años y ahora, a sus 92 años, su vida se ve atormentada por la situación de su hijo Daniel;   su madre se apreciaba como una mujer dedicada a sus hijos y que junto a mi madre, hacían labores en beneficio de los necesitados de mi provincia.

Daniel y sus hermanos fueron educados con los más altos valores cristianos.   Su hermano Nicolás, abogado y sacerdote es una persona caritativa y de una espiritualidad manifiesta.   En fin, su familia goza de consideración y prestigio intachable.

Lo anterior para muchos no tendrá significado alguno toda vez que Daniel ejerció como militar. Su genuina vocación, su militancia política y su desempeño como ministro de Estado sirvió de móvil para desacreditarle como una persona insensible e indolente, sin realmente serlo.   Y, una vez que se desacredita el honor de esta persona, resulta muy difícil cambiar la imagen que de él se crea.   El periodista cuya tarea diaria es comunicar y no valore la honra e integridad de las personas, también perderá su propia honra e integridad.

*
<>Artículo publicado el  7  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/emiliani-geraldine/

De corrupción y ética

La opinión de la Profesora en Geografía e Historia….

Vielka Broce Castillo

Es posible que haya personas que pasen toda una vida menospreciando el valor y la importancia de una Ética Profesional a la par de personal, por cuanto no conocen la integridad y la rectitud.

La acción de todo persona debe ser procurar el bien no solo para sí, sino hacer participe de esa búsqueda y logro a quienes en la comunidad comparten se lo merecen y lo necesite.

En un país en donde la corrupción impere se da por bien servido precisamente el corrupto, este busca aliados iguales o peores que él, que tiene en este flagelo su forma de vida.

El daño que se comete contra las instituciones públicas cuando un funcionario es corrupto, es de tal magnitud que la credibilidad, la honradez de esa persona, su familia y demás camaradas políticos quedan totalmente en el desprestigio, ¿puede algún dinero comprar tal vergüenza a uno mismo?

¡No! Ningún dinero vale quedar ante la sociedad como un corrupto.

Es cierto que en décadas recientes la corrupción campeaba, cuando mayores, tenientes coroneles, coroneles y generales hacían impúdicamente lo que querían, sin consultar ni esperar opiniones y reprimiendo.

Hoy en día quienes han seguido estos mismos patrones de conducta y de cultura política se están viendo reducidos aun más, cuando el panameño común los juzga como ladrones y les desprecia.

Por ello debemos establecer que la corrupción -venga de donde venga- nos afecta a todos y no a un grupo en particular. Juntos estamos viviendo en este país, debemos pues procurarnos mejores días, cierto, pero a la luz de buenas acciones, de trabajo, de educación, de respeto, y no venir haciendo las cosas en el sombrío panorama de la corrupción, aunado a otros elementos como el juega vivo, y el famosísimo “a mí no me importa”.

El país, nuestra sociedad ¡no aguanta ya un corrupto más! Sólo en Chepo nos enfrentamos a la incapacidad, al concepto heredado de la colonia de la denominada “siesta colonial” en donde ni se hace, ni se deja hacer.

La corrupción en esos escenarios se robustece, porque tiene a hijos selectos, para quienes la Ética Profesional y la propia, no existe, jamás se la enseñaron, por que jamás tuvieron al frente de la decencia; la palabra ética la confunden con un anuncio de un detergente para lavadoras, patético.

De tal manera mi amado distrito sufre la ineptitud, el recelo y la corrupción.

¿Qué debemos hacer?   Oponernos con firmeza al mal, porque quien procura un bien para sí mismo por encima de la justicia y de los demás, es un enemigo del pueblo; por ello sigamos ponderando la justicia, la igualdad y la libertad, ¿no eran estos los postulados de la revolución francesa?

<>Artículo publicado el 4 de septiembre de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que a la autora,   todo el crédito  que les corresponde.

El homicidio doloso

La opinión del Abogado y Docente Universitario…
.
CARLOS AUGUSTO HERRERA

Hay mucho interés por la materia, por un tema amplio.   Lamentablemente nos tenemos que circunscribir por razones del tiempo y el espacio con someros comentarios relativos al libro Segundo y en especial al Título I, Delitos contra la Vida y la Integridad Personal, Capítulo Primero.    No podemos desconocer la incidencia de los tres pilares sobre los que se funda el sistema democrático distinguidos como:  Ejecutivo, Legislativo y Judicial y la avalancha de críticas sobre el absoluto incumplimiento de las promesas de campaña sobre Cero Corrupción y mayor seguridad ciudadana de ayer y sobre la seguridad de hoy entre otras cuestiones.

La epidermis cobertora de este sensible tema es muy delicada. La ausencia de una política criminal adecuada y el estado de anarquía en el que nos encontramos y en el que prevalecen las garantías inadecuadas sobre educación, salud, vivienda, electricidad, agua, calles, canasta familiar, salario mínimo, etcétera,    nos tienen a todos los panameños tan desorientados e indignados que cada uno hace lo que le perezca y en cualquier momento le da por cerrar calles, suspender servicios como la recolección de basuras, clausuran las escuelas, suspenden el trasporte público o la atención médica y todo esto afecta la administración de justicia.

La mejor muestra que existe en una sociedad, es la organización de los delincuentes en pandillas como un acto incontrolable cuando prevalece la anarquía, porque este comportamiento llena el espacio de la ley en donde no existe la ley.

Dentro de la cacareada corrupción tenemos que existen engranadas modalidades, cuyo nacimiento está localizado en el ceno de la familia. Son estos actos de corrupción menores los que trascienden hasta coronar con los rejuegos del soborno. Lo cierto es que pareciera desapercibida la falta del conocimiento para atender los asuntos que revierten con efectos dañinos. De este modo tenemos la Ignorancia Consciente y la Ignorancia Inconsciente, esta última, mucho menos perniciosa, puesto que el autor se la lleva a la tumba si saber de su defecto.

La Ignorancia Consciente en cambio, promueve la corrupción, porque quien la ostenta es dado a improvisar en los descargos, como un mecanismo de defensa, para amparar la mala actuación y de este modo justificarla. De allí es que los funcionarios que no tienen la capacidad para ejercer una función para los que han sido nombrados la tergiversan y con ello producen el mismo daño que el caso del soborno. Hay infinidades de casos en los que el engreído burócrata arremete a diestra y siniestra para defender la inconsciencia y en este coro de desavenencias logran sus objetivos. Antes debo referirme a lo peligroso de los cambios legislativos previos, como la Ley 15 del 22 de mayo del año pasado, reformaron el artículo 67 del Código Penal, numeral 5:

‘5. Emplear astucia, fraude, disfraz, uniforme o distintivo de la Fuerza Pública, de cualquier institución pública o privada o de los servicios privados de seguridad, pasamontañas o cualquier otra forma de cubrir el rostro’.

Como se puede advertir en la fugaz ley que nació para quedarse, estuvo concentrada en proteger al cuerpo de policía con prelación.

Resulta interesante que ahora con el nuevo Código en el artículo 88 sobre las circunstancias agravantes, lo dejaron como estaba en el Código anterior: ‘5. Emplear astucia, fraude, disfraz’. Con esta ley pasajera también emparejaron todas las sanciones en el homicidio doloso tal y como aparece ahora. Les puedo adelantar, como docente, que, mientras continuemos gobernando de esta manera, no vamos a salir del atolladero.    No es fuerza, es más bien maña lo que se necesita.

Pasamos de inmediato a comentar brevemente sobre lo expuesto en el Código Penal sobre el Homicidio y sobre el artículo que vamos a copiar, la pena ante era de 5 a 12 años:

‘Artículo 131. Quien cause la muerte a otro será sancionado con prisión de diez a veinte años’.

Sin lugar a dudas, dentro de la coercibilidad de la Ley,   la vida parece lo más importante en el artículo 17 de la Constitución, el cual sostiene que las autoridades están creadas para garantizar la VIDA, HONRA Y BIENES de los panameños donde se encuentren y de los extranjeros radicados en este lugar y con el Código anterior el artículo 255, sobre tráfico de drogas, establecía una pena de prisión entre 8 años a 15 años de prisión, lo que resultaba a todas luces una extravagancia legal, si lo comparábamos con el Homicidio, lo que comprueba sin ningún equívoco que se legisla de forma emocional, consentidas entre los legisladores y quienes las promueven y después los que las aplican.

<>Artículo publicado el  5  de septiembre  de 2010 en el en el diario  La Estrella de Panamá a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Liderazgos en crisis

La opinión de…

Carlos M. Arango Jr.

Tengo especial preferencia por el tema de la formación de líderes y la manera como estos se conducen en la práctica de su liderazgo. Esta preferencia nace porque me da pena como se manifiesta en muchos países del mundo una crisis grave en el ejercicio de tales liderazgos y los grandes perjuicios que heredan los liderados.

El liderazgo es una pieza clave en el desarrollo de los países. En un líder es donde comienza todo. Esto es así en una empresa, una institución, una organización gremial, profesional, sindical o política. Los resultados dependerán de la capacidad visionaria, de la destreza en conjugar fortalezas, de la inspiración de confianza basada en el ejemplo personal, de la disposición a la escucha productiva, de ecuanimidad en el manejo del poder, de la capacidad para definir objetivos en función del bien de los liderados y la ejecución eficiente de los planes de acción evaluados y reajustados en la marcha.

Con pesar vemos hoy día como se improvisan líderes mediante el recurso artificioso de lo mediático, de lo superficial en el manejo de temas importantes y la manipulación de imágenes personales que nada tienen que ver con la estructura personal de un líder, como si se tratara del mercadeo comercial de un producto de consumo. Naturalmente así de artificiales e intrascendentes serán los resultados con el consiguiente atraso y perjuicio para los liderados, resultando al final del día, en un estancamiento en el camino del progreso de pueblos, países, empresas y organizaciones de cualquier clase.

Los liderados tenemos una importante cuota de responsabilidad en los perjuicios heredados de líderes improvisados que de pronto irrumpen en los escenarios de la vida de los países. No tenemos la inquietud de profundizar en las personas de los líderes propuestos para analizar, reflexionar y discernir para una evaluación previa a nuestro apoyo y posterior seguimiento.

Aunque hemos avanzado en la superación de esta debilidad, por aquello de que hace unos años éramos la imagen viva de la patria boba, de quien muchos abusaron para su beneficio personal. Hoy, más avispados e incisivos, somos más precavidos antes de aceptar a un propuesto líder. Reconocemos que aún tenemos que seguir avanzando en esta dirección para evitar equivocaciones que después lamentamos.

Para los efectos de un seguro diagnóstico de un propuesto líder hay varios elementos a tener en cuenta para un eficaz discernimiento. Un factor de primera importancia es la consideración de la estructura de la integridad personal del propuesto líder.

La integridad personal es entendida como la coherencia de lo que se piensa, se dice y se hace. En mi opinión, esta es la medida fundamental para valorar a un líder. Sin embargo, esta medida no puede estar divorciada de la moral, que constituye un conjunto de valores, principios, costumbres y normas de conducta aprendidos y asimilados en el hogar, en la escuela, en la iglesia y en la comunidad. Este peligroso divorcio tendrá connotaciones completamente opuestas a la moral, lo que será traumático para los grupos o sociedades lideradas.

Cuando un líder pierde la integridad personal o se descubre por sus liderados que nunca la hubo y que toda la aparente capacidad de liderazgo no era más que una máscara para ocultar la verdadera estructura personal, el falso liderazgo irremediablemente se viene abajo, perdiendo la confianza y el apoyo de los liderados.

El ejemplo personal es otro factor necesario e indispensable para la evaluación de un propuesto líder. Para ello es necesaria una investigación a fondo del modo de vida del propuesto líder. En la práctica puede ser de mucha ayuda la información conseguida individualmente o la información obtenida por medios de comunicación confiables. De allí la importancia que tienen los medios en hacer sus apreciaciones apegadas a la verdad, alejándose de cualquier juego de poder, lo que resultaría altamente perjudicial e injusto.

En la medida que nuestra evaluación sea lo más estricta posible, estaremos reduciendo el riesgo de una equivocación a la hora de proponer líderes en las diferentes áreas que conforman la vida nacional de los países. Todo esto dependerá de nosotros, los liderados, a quienes nos toca hacer nuestro impostergable y responsable trabajo.

<>

Este artículo se publicó el 30 de julio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Vivir y expresarse con coherencia

La opinión de…

Marcelino González T. 

Existe una realidad que toca las hondas raíces del deseo humano: ser feliz. En no pocas ocasiones la deseamos obtener siendo deshonestos y nos olvidamos de los principios y criterios que hablan bien del ser humano como ente racional. ¿Cuántas veces hemos actuado de este modo?

La honestidad es una cualidad humana que consiste en vivir, comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad de acuerdo con los valores de la verdad y la justicia. Una persona que no es honesta consigo misma, tampoco lo es con los demás. Si eres honesto, puedes pedir honestidad a los que te rodean y a la vez evitar caer en el autoengaño, ya que sabrás reconocer tus errores, corregir tus faltas y ser digno de confianza, porque es mucho más fácil construir la confianza que reconstruirla cuando has sido deshonesto.

La persona honesta es grata y estimada, es atractiva en su carácter, y quien es honesto es bondadoso, amable, correcto, admite que está equivocado cuando lo está; sus sentimientos son transparentes, su buena autoestima la motiva a ser mejor, no aparenta lo que no es, lo que proyecta a los demás es real. La honestidad es una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y lo que se hace, conducta que se observa hacia los demás y se exige a cada quien lo que es debido. Si podemos hacer un listado de las cualidades que nos gustaría ver o, mejor aún, poseer, seguramente diremos que la honestidad garantiza confianza, seguridad, responsabilidad, confidencia, lealtad y, en una palabra, integridad.

Si eres honesto tendrás el reconocimiento de los demás, porque el interior y el exterior son el reflejo el uno del otro. No existen contradicciones entre los pensamientos, palabras o acciones. Esta integración proporciona claridad y ejemplo a los demás; ser interiormente de una forma y exteriormente de otra ocasiona daños y conflictos, porque no se puede estar cerca de los demás ni los demás querrán estar cerca de una persona que no es confiable o digna de confianza. El valor de la honestidad es visible en cada acción que se realiza.

Cuando existe honestidad y limpieza en lo que se hace, hay cercanía; sin estos principios la sociedad no puede funcionar, esto significa nunca hacer un mal uso de lo que se nos confía.

La persona comprometida con el desarrollo y el progreso mantiene una actitud honesta como un principio para construir un mundo de paz. La persona íntegra vive lo que predica y habla lo que piensa.

La falta de integridad se quiere justificar diciendo que todos actúan así, o que es la única forma de salir adelante, es necesario vivir según los principios, aunque esto suponga ir “contracorriente”.

Ser honesto es ser transparente; es necesario desprenderse de las máscaras que el ser humano se pone para ocultar sus inseguridades o miedos. Una falta de honestidad, de veracidad, es aparentar una imagen que no corresponde con la realidad. Termino alegando que decir la verdad no implica ser irrespetuoso con nadie.

<>

Este artículo se publicó el 26 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Corrupción en el sistema judicial

.

La opinión de la Abogada….

JENNIFER  GARCIA

.

Corrupción en el sistema judicial

.

La corrupción de nuestro sistema judicial es un problema que hemos tenido desde hace muchos años.

En incontables oportunidades he escuchado a futuros colegas aseverar, con cierto tono de alegría y desdén por la profesión que “cuando el derecho entra por la puerta, la justicia sale por la ventana”.   Pero ¿qué tipo de derecho puede admitir que las normas sean ultrajadas diariamente por la larga mano de la corrupción?  Pues, considero que no es cuestión de derecho sino de integridad, de respeto con la profesión, de respeto a uno mismo y, sobre todo, con la causa que se defiende, debido a que en nuestras manos está el rumbo que tomará la vida de una persona.

Con el nuevo gobierno, muchos esperaban un boom en las detenciones de altos ex funcionarios públicos; no ha sido así, porque como conocedores del derecho debemos respetar todas las instancias, todos los procedimientos.

Nuestro sistema judicial ha sido víctima de funcionarios de instrucción incapaces de seguir estos procedimientos tan importantes en un proceso.

Por más culpable que sea una persona, el más mínimo descuido puede ocasionar que este acto quede impune, la ciudadanía común no comprende cómo, por una pequeña falta en un expediente ocurran cosas como esta, ni por qué aquel que roba un desodorante en un almacén sea juzgado y condenado a años de prisión, y el que roba tan descaradamente al Estado –que es el protector de todos los ciudadanos– ni siquiera pise un centro penitenciario.

Por otro lado, hace poco se aprobó otro requisito para optar por el título de licenciado en derecho, un seminario de ética judicial que –si no me equivoco– es de 48 horas.

La ética no se aprende en 48 horas, es una costumbre que se adquiere desde la niñez, desde nuestros hogares y debería reforzarse en la escuela.

Nada harán 48 horas si al llegar a los tribunales el abogado se encuentra con que el propio sistema judicial está absorto en la corrupción, en donde los funcionarios se prestan para favores a las grandes firmas, o se dejan llevar por los caprichos de los que dicen sabérselas todas.

Estoy de acuerdo en que debemos ver el problema de la corrupción de manera sistemática y no individual. Muchos dicen que sanear el sistema es difícil porque estas personas conocen y manejan las prácticas judiciales. a diestra y siniestra, pero es preferible sacar, depurar el sistema y reaprender la norma, que seguir sumidos en prácticas corruptas.

Aparte de lo que he señalado, estoy en total desacuerdo con la intromisión permanente de extranjeros en nuestros problemas, pues el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Creo que en Washington hay demasiadas cosas por resolver como para que vengan a meterse en nuestros problemas, pues si de sentarnos a llorar se trata, con la guerra que tienen hace ya varios años es suficiente para que tengan más de un siglo por delante en el que ellos puedan llorar.

Como conclusión, solo puedo sugerirle a cada abogado que se apasione por nuestra profesión, que no colabore con la corrupción, que siga los procedimientos, que estudie, que se prepare y que tenga la suficiente fuerza de voluntad para no prestarse para este tipo de actos.

<>
Publicado el 7 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Modelos de integridad

La opinión de…..

JOSE MACARIO DIAZ

.

Modelos de integridad

.

En la vida cotidiana, son muchos los modelos de conducta que podemos adoptar; tenemos algunos que habría que revaluar ante la situación de nuestra sociedad, que pareciera ir perdiendo sus valores. Uno de esos valores en proceso de extinción es la integridad, que tiene sus raíces en nuestra formación como individuos y que se refleja en la forma de comportarnos. La merma de integridad afecta negativamente a nuestra sociedad.

La integridad es importante para las empresas en sus negocios con sus clientes, con otras empresas y con el Estado.   También lo es en las relaciones interpersonales y en las familias. No sería posible alcanzar la excelencia, sin exhibir en el proceso un comportamiento íntegro, que involucra rectitud y consistencia entre lo que decimos y lo que hacemos, honradez, respeto y coherencia con nuestros valores. Ser íntegro significa que haré lo que está bien, independientemente de si tengo testigos, o sea, que evitaré actuar mal, aunque nadie me esté mirando.

La integridad no es un talento ni una característica genética con la cual nacemos, sino una conducta aprendida que se consolida a medida que vamos formando nuestra personalidad. Es decir, comienza a formarse en el hogar y se perfecciona en las aulas escolares. El dicho popular: “de tal palo, tal astilla”, hace referencia a la similitud entre padres e hijos. El palo y la astilla tienen el mismo color y textura. Pero más allá de las características físicas que se heredan de los padres, el dicho apunta también al rol formador que tienen los padres como los primeros modelos que ayudan en la formación de la personalidad de sus hijos y que, por consiguiente, definen los valores que serán parte integral de sus hijos a lo largo de toda su vida adulta.

Entonces, hay una motivación superior para tener un comportamiento íntegro: siendo íntegro ayudo a que mis hijos también puedan serlo y contribuyo con la formación de generaciones íntegras, que a su vez contribuirán a consolidar una mejor sociedad. Además de los padres, quienes son nuestros primeros modelos de conducta, las autoridades en su gestión de gobierno ejercen un papel importante en la consolidación de una cultura de integridad. Como autoridades, nuestros gobernantes no solo tienen la capacidad de influir en sus subalternos, sino en la ciudadanía que tiene expectativas muy claras sobre el papel que debe jugar en la sociedad.

El comportamiento de las autoridades tiene el potencial para producir el efecto cascada y alcanzar a muchos estratos de la sociedad porque, además, está bajo el continuo escrutinio del pueblo, a través de los medios de comunicación social. La Biblia está llena de referencias a la integridad.   Por ejemplo, el libro de Proverbios 10:9 dice que: “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”. Esta sentencia bíblica hace alusión a la seguridad que nace del saber que estamos actuando bien; es decir, la integridad brinda un camino seguro y libre de miedos para nuestra jornada por la vida.

Ante una sociedad que pareciera estar reñida con los valores, se hace más crítico entender que nuestro rol como padres y formadores, nos impone el reto de exhibir una conducta íntegra para dotar a la ciudadanía de nuevos modelos que promuevan la cultura de integridad que ayude a forjar un mejor Panamá para nosotros y las generaciones por venir.

<>
Publicado el 3 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.