La realidad de los impuestos municipales

 

La opinión del Presidente de la CCIAP…

FERNANDO ARANGO MORRICE
farangom@cciap.com

Si una lección nos dejó 2008 y 2009 es que, nunca antes el mundo había experimentado tan de cerca la interdependencia de la globalización, donde todos sufrimos las consecuencias de las acciones de otros. Esto mismo aplica a la economía nacional donde todos somos actores, Gobierno Central, gobiernos locales, empresarios, trabajadores y consumidores, en el momento que uno de estos actores cree una distorsión en la hoja de ruta plasmada para el desarrollo económico todos sufriremos las acciones de ese único jugador. De ahí la premisa número uno de la importancia de consultar y tratar de consensuar lo más posible en beneficio de todos por igual.

Cuando el Municipio de Panamá decidió de manera unilateral, arbitraria e inconsulta aprobar este cambio radical a los impuestos municipales, ciertamente no tomó en cuenta el impacto que esto tendría en los diferentes actores de la economía nacional, ni siquiera pareciera haber evaluado el peso que su distrito tiene sobre las demás comunas del país. Lo invito, estimado lector, a que hagamos este ejercicio y sea Usted quien saque las conclusiones de si esto solo impactará a las empresas grandes.

Dentro de las empresas que aportan al erario municipal, podemos mencionar una distribuidora grande que está sufriendo un aumento de 1,150%, si estas empresas tienen un aumento de tal magnitud en sus costos, lo más probable es que lo apliquen a sus productos para recuperar; aunque no descarten para palear semejante alza, ya sea mudar su empresa a otro municipio y/o hasta considerar reducción de personal.

Pero planteemos el escenario de que el distribuidor le aplique esto a los productos que hace llegar a los mini súper y supermercados, a los cuales los impuestos municipales les están incrementando en promedio 400% y 2,504%, respectivamente. Nuevamente, el mini súper y supermercado que ya pagaron el producto con aumento, tendrán que recuperar el aumento de sus costos, tanto el aplicado al producto por el distribuidor como el alza del impuesto municipal a su actividad económica; es decir, el producto llegará al consumidor final, tanto grande como pequeño, con doble alza de precio.

Por otra parte, analicemos el impacto en el Gobierno Central.   Panamá, ha atraído inversiones en base a una política económica de reducción en materia impositiva y logramos sobrevivir la crisis económica internacional en números positivos, obtuvimos las calificaciones de grado de inversión y a diario llegan cientos de inversionistas a Panamá buscando establecer sus negocios y aportar puestos de trabajo, de acuerdo a las reglas de juego vigente. Nuevamente, observamos cómo este Acuerdo Municipal rompe con la política económica de Estado, que nos ha logrado tantos beneficios para el desarrollo de nuestro país, no solo por el flujo de capitales, sino por la creación de puestos de trabajo, entre otras cosas.

Así pues, querido lector, como observa, estos impuestos municipales tendrán un efecto cascada en diferentes aspectos de la vida nacional. Entonces, pregúntese usted si realmente esto afectará solo a las grandes empresas.

Este artículo se publicó el  6  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Cuánto me rinde mi Balboa hoy?

La opinión de la Jurista y Ex Diputada de la República…

MIREYA LASSO
mireyalasso@yahoo.com

Las cifras de expertos parecen frías y lejanas; en cambio, el porrazo lo sentimos cuando tratamos de sobrevivir en el laberinto de precios que nos asfixian. ‘Qué cara está la vida’, es la expresión más frecuente entre el común de la gente. ‘Increíble, ayer costaba la mitad y hoy cuesta el doble’, es otra.

Para muchos panameños el crecimiento económico parece una película en cuyo guión no participamos, a pesar de megaproyectos del gobierno y de la cantidad de inversionistas extranjeros que nos llegan para hacer buenos negocios en Panamá. Todo porque nuestro balboa cada día compra menos y nos resultan más caros los servicios y bienes que necesitamos para vivir, comer, vestirnos, curarnos, transportarnos, educarnos o recrearnos; más de una vez debemos prescindir de aquellos que ya nos resultaban rutinarios. Para los economistas es la inflación que, por triste analogía, constituye el cáncer de nuestra economía doméstica.

Nuestro balboa está ligado al dólar y a la economía estadounidense; sus fortalezas y debilidades repercuten acá. Un ejemplo reciente fue el escándalo que explotó en el mercado inmobiliario poniendo en jaque al sistema bancario, cargado con hipotecas sin valor. La industria automotriz estuvo también en crisis, porque, por mucho tiempo, ignoró la competencia extranjera sin preocuparse en ofrecer automóviles eficientes más al gusto de los compradores. El peligro inminente del descalabro de esos sectores tan importantes de la economía norteamericana, con el consiguiente desempleo masivo y reducción del consumo, dio origen al programa de rescate del gobierno: la inyección de miles de millones de dólares, recién impresos, a la economía con papel moneda como ‘préstamos’ al sector financiero y automotriz, con la esperanza de poder detener la caída de empleos y apuntalar el consumo popular.

Como muchas veces en la vida, la solución de un problema crea otro. A Estados Unidos, hasta cierto punto, le conviene ese papel—moneda devaluado, porque el precio de sus productos será más atractivo a consumidores europeos y asiáticos, aumentando sus exportaciones; pero, al contrario, la importación de productos de esas áreas le resulta menos atractiva y más costosa al consumidor norteamericano por tratarse de yenes, marcos o francos más fuertes, fenómeno lógicamente no visto con buenos ojos fuera de Estados Unidos. Paralelamente sube el precio del petróleo árabe, que importan Estados Unidos y otros países que pagan con dólares.

Otro factor que incide en la devaluación del dólar, según los expertos, es el alto nivel de la deuda pública de Estados Unidos. Debido al programa de rescate mencionado y a otros ambiciosos programas del presupuesto del presidente Obama, la deuda pública ha alcanzado cifras que no podemos siquiera imaginar: US$9 seguidos de 12 ceros, es decir, US$9,000,000,000,000.00. La capacidad de su pago, con una economía todavía tratando de recuperarse, tiende a restarle la confianza que tradicionalmente ha disfrutado el dólar.

En ese contexto estamos ubicados los panameños. Todo lo que nos llega del extranjero —materias primas, productos terminados, insumos, etc.— se nos encarece cada día, especialmente si nos viene de fuera del área del dólar, porque por un producto europeo o asiático pagamos tanto el costo de la mano de obra extranjera, como el cambio de moneda.

¿Qué podemos hacer? La lógica nos dice: incentivar aún más todas nuestras exportaciones, incluyendo el turismo, aprovechando nuestros precios atractivos;  promover con mayor empeño al sector agropecuario para producir lo que consumimos, consumir lo que producimos y exportar los excedentes; identificar importaciones de calidad y precios razonables; impedir aumentos de impuestos municipales que agraven la inflación; mejorar la eficiencia de programas sociales dirigidos a sectores más necesitados; diseñar campañas de ahorro de dinero, de agua, de energía; fortalecer la ACODECO para evitar especulaciones malsanas; limitar el exceso de gastos e inversiones públicas que puedan exacerbar la inflación.

Lo cierto es que debemos ser capaces de administrar nuestras fortalezas para hacer los ajustes que nuestra inteligencia colectiva nos indique. Si el balboa pierde poder, tenemos que impedir que continúe en esa ruta, echando mano de toda la creatividad propia del panameño.

<>Este artículo se publicó el 9 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

La creciente inseguridad alimentaria

*

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…

Juan Jované

La lectura de las más recientes estadísticas sobre el costo de vida muestra claramente que el fenómeno inflacionario sigue presente en el caso de los elementos que conforman el conjunto de los bienes básicos alimenticios.   Es así que el costo de la canasta básica del Ministerio de Economía y Finanzas, que se calcula para una familia de 3.84 miembros, mostró entre noviembre del 2009 y el mismo mes del 2010 un crecimiento equivalente a 13.05 balboas, que en términos porcentuales significa un incremento del 4.9%. Por su parte el índice de precios de los alimentos y bebidas que calcula el INEC muestra en el mismo lapso de tiempo un incremento de 4.3%, lo cual se explica por un crecimiento de 3.4% en los alimentos, de un 7.6 % en las bebidas y de un 6.6% en las comidas fuera del hogar.

Este fenómeno inflacionario, que ya de por si atenta contra la seguridad alimentaria de la población, se ve acompañado por una clara decadencia en la producción del sector agropecuario.   De acuerdo a las cifras preliminares del INEC, si bien es cierto que la producción de la agricultura, ganadería y silvicultura mostró un crecimiento del 2.5% al comparar los tres primeros trimestres del 2010 con los correspondientes al 2009, no es menos cierto que dicha producción alcanzó un nivel inferior en 11.4% al observado para el mismo período durante el 2008.   A esto se suma el fracaso de la política de exportación de frutas, tal como lo demuestran las recientes y significativas caídas en el valor de este indicador.   El resultado de lo anterior no es solo el sistemático deterioro de las condiciones básicas de soporte de la seguridad alimentaria, sino la creciente incapacidad de asegurar mínimamente la soberanía alimentaria.   Esto se refleja no solo en el hecho de que el país se vio, de acuerdo a cifras de la CEPAL, obligado a importar durante el año 2009 B/ 1,063 millones en alimentos, sino que Panamá resultó con un déficit en su balance comercial agro alimentario equivalente a B/ 396 millones, que significó, además, un crecimiento del 167.1% en relación al observado el año previo.

 

Este problema, junto al de la inflación se tenderá a agravar en el futuro próximo habida cuenta de la nueva ola de incremento de los precios de los alimentos a nivel internacional, la que se refleja en el hecho de que durante el segundo semestre del 2010 la FAO detectó un incremento de los precios de los alimentos de cerca del 32%, fenómeno que tarde o temprano impactará a la población panameña, principalmente la de menores ingresos, sobre todo a ese 20% de la población que apenas recibe el 2.5% de los ingresos.

Se hace entonces imperiosa una efectiva política de seguridad y soberanía alimentaria que permita hacer frente a la difícil situación que hoy muestra el país en esta vital esfera de la vida nacional.

<>Artículo publicado el 18  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Imprescindible mecanismo de compensación

La opinión de….

 


ROGELIO  HERRERA
rogelio1944@hotmail.com

‘Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación’. Debido a la globalización, inflación, especulación, políticas económicas deficientes y otros fenómenos afines, se hace cada vez más difícil que las personas de ingresos refrenados pueden cubrir sus necesidades presentes y futuras.

Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación. Sugerimos que se ejecute un diseño que resuelva problemas estructurales y el desequilibrio social y económico, que contenga un componente de compensación.

La práctica ya existe, si se sabe que en los próximos meses subirá el costo de la canasta básica familiar y otras necesidades, en la propia medida se aumentará el salario a las personas. En un análisis de la Unión Europea se indica: ‘los salarios y los precios acaban ajustándose a la tasa de inflación, la curva de oferta agregada es vertical a largo plazo. En este caso, las variaciones de demanda agregada, como las que se deben a la variación de la oferta agregada, no afectan a la producción de bienes y servicios de la economía.

‘Siempre que varía la inflación esperada la C.P. a corto plazo se desplaza.’

El economista Friedrich A. Hayek, premio Nobel de economía 1969-1977, dice que la inflación es siempre el resultado de la debilidad o ignorancia de aquellos que tienen a su cargo la política monetaria. El fenómeno consiste en el aumento de los precios de los bienes y servicios, si se da una baja continuada de los precios entonces se produce la deflación.

A mucha gente, incluyendo a nuestro presidente Ricardo Martinelli, le afecta ver comparecer a jubilados y pensionados pidiendo aumento salarial.

Los bajos salarios de muchas personas les inducen a endeudarse y a perder lo poco que tienen.   Coexisten estructuras económicas que impiden el progreso y que perpetúan actitudes empobrecedoras. Si no las identificamos y las corregimos a tiempo, difícilmente podremos crear prosperidad, sin importar cuánto tiempo, recursos, dinero, preocupación, lamentos o sermones dediquemos a la solución de la pobreza.

El Artículo 66 de nuestra Constitución, sobre el trabajo, dice en lo pertinente: La Ley establecerá la manera de ajustar periódicamente el salario o sueldo mínimo del trabajador, con el fin de cubrir las necesidades normales de su familia, mejorar su nivel de vida, según las condiciones particulares de cada región y de cada actividad económica; podrá determinar así mismo el método para fijar salarios o sueldos mínimos por profesión u oficio.

Con todo lo anterior se colige que es un asunto de Estado y debe ser una política económica que dentro del Presupuesto de la Nación, se realicen los ajustes salariales, tanto a los funcionarios de gobierno como a los empleados de las empresas privadas, de tal suerte que se garantice un estatus de vida estable a los ciudadanos.

 

 

*

<> Este artículo se publicó el  7 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Inflación, evasión, fichas virtuales y pensiones

*

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario…

Juan Jované

jovajun@yahoo.com
Frente a las justas reivindicaciones de los pensionados y jubilados, quienes claman por un ajuste de sus pensiones, mucho se ha discutido en torno a las dificultades financieras que muestra la CSS para realizar gastos adicionales destinados a este fin. En términos concretos, sin embargo, la discusión en torno a dichos problemas generalmente dejan por fuera dos importantes elementos que limitan la capacidad de acción de la institución.

El primero de estos elementos, el cual muestra un carácter estructural, es la tendencia observada hacia la caída de la relación entre la remuneración de los asalariados y el PIB, la que pasó de un 35.0% en el 2000 a tan solo el 29.8% en el 2009.

En la medida en que las remuneraciones crecen a un ritmo inferior que la producción, aparece un resultado que no puede menos que significar un problema para la CSS, cuyo ingreso principal son las cuotas obrero – patronales.

Este fenómeno está vinculado, entre otras cosas, al proceso inflacionario que llevó a que, de acuerdo con la OIT, el salario real de los trabajadores que cotizan a la CSS se redujera entre el 2000 y el 2008 en 10%.

Resulta así que mientras la inflación deteriora los niveles de vida de los pensionados y jubilados, y los lleva justamente a demandar un ajuste, los salarios no logran crecer al mismo ritmo que la inflación, con lo que se dificulta la capacidad de respuesta de la CSS.

En segundo lugar, está el problema de la evasión. Se trata de la presencia de un número significativo de trabajadores que sus patrones deberían inscribir en la CSS y entregar a las mismas las cuotas correspondientes, los que simplemente no son reportados a la institución. En Panamá, de acuerdo a cifras oficiales, se observaron en el 2008 79,442 trabajadores no agrícolas del sector formal que debieron ser calificados de informales por no contar ni con un contrato de trabajo escrito ni estar declarados a la CSS.

Estos trabajadores representan cerca del 8.0% del total de cotizantes activos. Por su parte, de acuerdo a la OIT, en el mismo año cerca del 11.0% de los trabajadores de las empresas del sector privado de 6 o más empleados no contaban con los beneficios de la seguridad social.

Se puede, entonces, afirmar que el carácter concentrarte y excluyente del modelo de crecimiento y la ausencia de instrumentos que aseguren la justicia social limitan seriamente la capacidad de la CSS de responder a las legítimas aspiraciones de los pensionados y jubilados.

Cabe agregar que las fichas virtuales recientemente anunciadas, agravarán más el problema.   Si el trabajador no recibe una ficha impresa no tendrá constancia de que su empleador está aportando las cuotas a las que tiene derecho, a menos, claro está, que tenga acceso a Internet. La probabilidad de esto, sin embargo, es reducida si se tiene en cuenta que de acuerdo a UNICEF solo el 22.0% de la población panameña tiene acceso a estos servicios. Los incentivos a la evasión habrán aumentado.

*
<>Artículo publicado el 7  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Inflación persistente

*

La opinión de…

Juan Jované 

jovajun@yahoo.com

A diferencia de lo publicitado por algunos defensores oficiales y oficiosos de las actuales autoridades económicas del país, el alza de precios de la canasta básica alimenticia ha seguido estando presente en la dura realidad de los panameños y panameñas. Es así que, según datos del INEC, el rubro de los alimentos y bebidas mostró hasta octubre un crecimiento de precios equivalente al 4.3% en relación a octubre del año pasado. Por su parte, el costo de la canasta básica alimenticia del MEF sufrió un incremento acumulado de 4.8%, entre diciembre del año pasado y septiembre del presente, el cual medido en términos absolutos equivale a 12.74 balboas. Sigue siendo cierto, además, que la existencia de un proceso interno de especulación resulta ser el responsable de una buena parte del incremento de los precios de los bienes esenciales. En este sentido se puede señalar que el índice de precios al por mayor de los bienes agrícolas y pecuarios importados creció en apenas el 2.1% entre septiembre del año pasado y el mismo mes del presente año, mientras que los referidos a alimentos bebidas y tabacos declinó, para el mismo período, en 1.7%. Así mismo el índice de precios al por mayor de los productos agrícolas y pecuarios producidos internamente solo se incrementaron en 3.3%.

Lo nuevo es que ahora aparece en el horizonte una muy significativa presión inflacionaria proveniente del exterior, la cual necesariamente tendrá un impacto negativo en un país que como Panamá importó el año pasado cerca de 1,063 millones de balboas en alimentos. En efecto, de acuerdo a las cifras de la FAO, debido básicamente a la situación de las cosechas a nivel internacional y a la caída del valor del dólar en relación a otras divisas, el índice de precios de los productos alimenticios a nivel internacional se incrementó entre junio y octubre del presente año en 34.5 puntos, lo que significa un aumento del 21.2% en este indicador. Dada la importancia de los cereales en la canasta alimenticia es conveniente señalar que para el período en referencia los mismos vieron incrementar sus precios en 44.8%, mientras que el de los aceites vegetales, otro elemento clave de dicha canasta, lo hicieron en un 29.2%. El posible impacto negativo de lo anterior se hace más evidente si advertimos que la tasa de crecimiento del PIB agropecuario de nuestro país se sitúa actualmente en apenas el 1.1% anual, cifra que resulta inferior al del crecimiento de la población. Se puede concluir que no solo el país esta frente al problema que representa la promesa incumplida por el actual gobierno que se comprometió a reducir el costo de la canasta básica, sino frente a la amenaza de una aceleración inflacionaria a nivel de los bienes alimenticios esenciales. Solo una política sería de seguridad alimentaria y la eliminación de la especulación comercial podrían hacer frente a la misma. Se trata, lastimosamente, de políticas que son, para decirlo de alguna manera, de baja probabilidad en la presente administración gubernamental.

 

*
<>Artículo publicado el  30  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jovane-juan/

Mecanismo de compensación

 

*

La opinión de…

Rogelio Herrera

Debido a la globalización, inflación, especulación, políticas económicas deficientes y otros fenómenos afines, se hace cada vez más difícil que las personas de ingresos refrenados pueden cubrir sus necesidades presentes y futuras.   Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación.   Sugerimos que se ejecute un diseño que resuelva problemas estructurales y el desequilibrio social y económico, que contenga un componente de compensación.

La práctica ya existe, si en los próximos meses el costo de la canasta básica familiar sube, en la propia medida se aumentará el salario a las personas.   Desde Costa Rica hasta Guatemala la compensación está establecida.  En un análisis de la Unión Europea se indica: “los salarios y los precios acaban ajustándose a la tasa de inflación, la curva de oferta agregada es vertical a largo plazo.”   El economista Friedrich A Hayek, Premio Nobel de Economía 1969-1977, dice que la inflación es siempre el resultado de la debilidad o ignorancia de aquellos que tienen a su cargo la política monetaria. El fenómeno consiste en el aumento de los precios de los bienes y servicios, si se da una baja continuada de los precios entonces se produce la deflación.

A mucha gente, incluyendo a nuestro presidente Ricardo Martinelli, le afecta ver comparecer a jubilados y pensionados pidiendo aumento salarial. Los bajos salarios de muchas personas les inducen a endeudarse y a perder lo poco que tienen.

Coexisten estructuras económicas que impiden el progreso y que perpetuan actitudes empobrecedoras. Si no las identificamos y las corregimos a tiempo, difícilmente podremos crear prosperidad, sin importar cuánto tiempo, recursos, dinero, preocupación, lamentos o sermones dediquemos a la solución de la pobreza.

El Artículo 66 de nuestra Constitución, sobre el trabajo, dice en lo pertinente: La Ley establecerá la manera de ajustar periódicamente el salario o sueldo mínimo del trabajador, con el fin de cubrir las necesidades normales de su familia, mejorar su nivel de vida, según las condiciones particulares de cada región y de cada actividad económica; podrá determinar así mismo el método para fijar salarios o sueldos mínimos por profesión u oficio.

Con todo lo anterior se colige que es un asunto de Estado y debe ser una política económica que dentro del Presupuesto de la Nación, se realicen los ajustes salariales, tanto a los funcionarios de gobierno como a los empleados de las empresas privadas, de tal suerte que se garantice un estatus de vida estable a los ciudadanos.

*
<>Artículo publicado el  19  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/herrera-rogelio/
**