Hambre y miseria para más trabajo infantil

La opinión del periodista…

RAÚL EDUARDO CEDEÑO 

Hace poco tuve la oportunidad de apoyar a mi esposa con el sondeo para un trabajo de su universidad sobre el trabajo infantil en Panamá. Resultados que ya esperábamos salieron a flote, pero esta vez ellos nos gaznatearon el rostro: dolor, angustia y hambre permeaban de los jefes de familia entrevistados, no solamente por la angustia económica que están viviendo sus familias, sino por la angustia de tener un hijo menor de edad trabajando en la calle, ausentes de todo plantel educativo y sometidos a la infame enseñanza de otros que de seguro nada bueno les darán.

En materia legal, Panamá tiene asegurada la tutela jurídica de la infancia y poco a poco se está notando que más organizaciones se suman a esta gestión para reducir el trabajo infantil. A pesar de ello, considero que no somos conscientes que el problema de la vida laboral de los menores no requiere solamente ser enfocado bajo los aspectos jurídicos, sino también desde el punto de vista económico familiar, porque es de allí donde brota la necesidad de que esos niños y jóvenes consigan una fuente de ingreso para apoyar económicamente a sus padres en la alimentación diaria, en el pago de la vivienda, la luz, el agua y también los gastos escolares de hermanos menores.

 

Estos serios problemas de la infancia nacen de la precariedad económica que hoy aumenta por el alto costo de la vida, y a ella le debemos poner el mismo o mayor cuidado que a la salud de los menores, su abandono, la delincuencia precoz, la iniquidad social, la desorganización familiar, la educación y la protección moral del menor y el adolescente, entre otros.

Tenemos que fortalecer la consideración pública de que son acreedores los niños y la juventud; formemos una conciencia social profunda y sólida sobre la importancia que ello reviste pero destacando aquellos factores de orden económico, más nunca prestigiemos el indiferentismo frente al sacrificio permanente de una gran masa de niños que constituyen la juventud panameña. ¿Hay que castigar severamente a aquellos padres que malbaratan sus salarios como un zoquete en placeres innecesarios y hasta inmorales? ¡Hagámoslo, y bien duro! Así destruiríamos la inercia que puedan haber ganado los corazones y el sentimiento de los panameños frente al niño desamparado moral y materialmente, despertando a la realidad social que vive nuestra niñez en todo el país.

 

<>  Artículo publicado el 3 de octubre de 2010  en el Diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La nutrición infantil es tarea de todos

La opinión del Empresario….

RAFAEL   CARLES

En la vida animal la probabilidad de supervivencia de un individuo depende no solo de sus características genotípicas (las que dependen de nuestro menú genético) y fenotípicas (las que dependen de las influencias del medio ambiente), sino también de la protección que le brinde su comunidad.

En este contexto es posible afirmar que la emergencia del Homo sapiens no hubiera sido posible sin su contención en ella por un largo período luego del nacimiento. Los humanos, en particular, pertenecemos a una especie que requiere de un prolongado cuidado postnatal del recién nacido.

Su inmadurez física inicial es patética por largo tiempo. Y la sofisticación de su cerebro es tal que necesita de un tiempo de maduración más largo que el de otras especies. Es un precio que pagamos por el crecimiento comparativamente desmesurado de nuestro cerebro y la complejidad de su organización orgánica y mental.

Ello obliga a cuidar las condiciones de su desarrollo, al menos hasta la adolescencia. Durante las distintas etapas del mismo, el medio ambiente dejará huellas que serán más, o menos, profundas. Sean favorables o desfavorables. Este cuidado debe ser sincronizado entre el hogar y la comunidad. Pero ambos operan en un contexto mayor, que son las reglas de juego que establece el Estado y los grados de libertad que establece para cada ciudadano, por medio de sus decisiones políticas y económicas.

Durante las etapas iniciales del desarrollo, digamos desde su concepción hasta aproximadamente los tres años de vida, ocurren fenómenos vinculados con el crecimiento de las poblaciones celulares y sus conexiones básicas, que constituirán el cerebro adulto.

Las alteraciones producidas entonces —según sean su naturaleza e intensidad— corren el riesgo cierto de constituirse en lesiones cerebrales de difícil recuperación. Durante ese período, la malnutrición severa, intoxicaciones, carencias, infecciones, drogadicción materna, inatención, etc. pueden constituir fuentes de lesión cerebral. Pero el período de organización del cerebro no concluye a esa edad.

A partir de entonces los cambios cerebrales se vinculan más con la producción y facilitación de nuevas conexiones, la muerte programada de células nerviosas, la organización de los procesos mentales cognitivos y emocionales, el desarrollo del lenguaje, etcétera.

Por ello, las consecuencias de sus alteraciones tendrían más que ver con las relaciones entre circuitos nerviosos, la estructuración de una identidad y de ella con su entorno.

Podríamos decir que en este caso puede haber daño cerebral —en un sentido funcional—, aunque no se perciba una lesión orgánica. Sus expresiones más crudas son los problemas de aprendizaje y la maladaptación social —y no me refiero a la que es producto de ideologías contestatarias a la dominante.

La rehabilitación en estos casos es posible en la medida que se implementen programas coherentes y sistemáticos. Y si es posible, tempranos. En este sentido, el Estado, a través de las instituciones como Senapan, han convergido en iniciar un programa piloto integrado, dirigido a niños entre 3 y 5 años en condiciones de necesidades básicas insatisfechas.

El objetivo es evaluar su eficiencia para evitar/corregir el impacto temprano de tales condiciones sobre el desempeño cognitivo. De esta experiencia podrán extraerse conclusiones útiles para el establecimiento de políticas públicas activas.

Pero resulta obvio que el país se encuentra hoy en un proceso de crisis estructural, que obliga a plantearse objetivos y estrategias adicionales a los de la acción puntual sobre franjas del desarrollo infantil. Hoy en día grandes poblaciones de nuestro país están sufriendo condiciones sociales que son producto de un Estado —en sus distintos niveles organizativos— que ha hecho abandono de sus responsabilidades primarias.

En otras palabras, el Estado no está ejerciendo su obligación de contención y protección de la comunidad ciudadana en condiciones de riesgo. En realidad, su accionar está profundizando la intensidad y amplitud del riesgo en muchas regiones del país. Para afrontarla son necesarios proyectos de efectos inmediatos y a largo plazo. Es imprescindible reconstruir un Estado que propicie y vele por un proyecto de país incluyente y solidario.

A nivel de las comunidades y hogares es necesaria la pronta iniciativa organizada con instituciones locales, para implementar políticas comunitarias activas que tiendan al autoabastecimiento de sus necesidades primarias, tal vez sobre la base de huertas o granjas comunitarias en tierras fiscales. Ello debería ser una política propiciada y supervisada por organismos públicos.

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Este artículo fue publicado el  27 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Buscando fantasmas en la infancia

La opinión de….

RAFAEL  CARLES  

Si se midieran las expectativas que una sociedad tiene acerca de su futuro por el proyecto que sostiene para la generación siguiente, se haría evidente que los niños de esta época, en su mayoría, no son receptores de ninguna esperanza, sino solo de una propuesta de supervivencia que da cuenta del desaliento y la fatiga histórica que empapa a los adultos a cuyo cuidado se encuentran.

Que aprendan lo más rápido posible la mayor cantidad de cosas, que hablen lo menos posible, que no irrumpan con ideas descabelladas y que se sometan a un régimen de vida que implica una jornada de ocho horas de trabajo efectivo, más la labor extra a ser realizada en la casa parece ser el modelo de vida cotidiana con el cual se desplazan por la ciudad arrastrando mochilas repletas de libros, cuyas afirmaciones dejarán de ser eficaces en gran medida cuando pasen de la escolaridad primaria a la secundaria, porque el conjunto de conocimientos técnico—científicos ha acelerado su carácter perecedero y se renueva cada cinco años.

El taylorismo educativo no admite fracasos ni tolera demoras; ninguna distracción es posible. Si un niño no termina su tarea; si habla demasiado con los demás; si por alguna razón que se desconoce tiene dificultades para vincularse con el resto de sus compañeros; si no presta atención por un período prolongado de tiempo; si se mueve demasiado, ahí está la medicación lista para resolver la falla genética de esta unidad que, con sus dificultades, da cuenta de que algo ha venido mal de fábrica.

Algo que debe ser modificado para lograr un encaje adecuado en este hormiguero en el que no caben zánganos ni espacio para quienes no ocupen su cabeza, constante y eficientemente, en las tareas propuestas.

Pero el pensamiento de un ser humano puede estar habitado por muchas más cosas que las que se aceptan, y su psiquismo más desorganizado de lo que se sospecha. Hemos visto en estos años niños medicados a partir de un diagnóstico poco riguroso que culminó en la afirmación de un supuesto ADD (Attention deficit disorder, o trastorno de la atención, como se lo llama vulgarmente), cuya dificultad para concentrarse era efecto de padecimientos importantes de todo tipo, desde cuadros de angustia pasajeros producidos por preocupaciones actuales hasta traumatismos severos, llegando, en el extremo, a cuadros de desorganización psíquica de consecuencias graves para el futuro de su evolución.

La medicación, en estos casos, lo único que hizo fue disimular el síntoma, calmar los efectos, permitiendo que la perturbación productora del cuadro siguiera su camino desencadenando consecuencias de mayor calibre de la adolescencia.

Quienes conozcan la bibliografía pertinente sabrán, como lo indica incluso el Manual de Diagnóstico de la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría, en el cual se basa el diagnóstico, que no existen pruebas de laboratorio que certifiquen el carácter biológico de la multiplicidad de síntomas que incluye el ADD y que la medicación es siempre sintomática y no curativa, lo cual da cuenta de que estamos ante un cuadro no explicado, cuya causalidad permanece no resuelta.

Pero más allá de estas cuestiones de carácter específico del campo médico, lo que observamos es a una verdadera caza de fantasmas en el campo práctico de la infancia. Una farmacologización completa, cuyo alcance se muestra descarnadamente cuando una población entera de niños se ve presuntamente sedada en aras de mantenerlos tranquilos —inmovilizados—, o cuando padres y docentes, acosados por la realidad, dejando de lado convicciones y experiencia acumulada, por cansancio o debilidad, devienen cómplices de este verdadero silenciamiento del malestar que se oculta tras el empleo masivo de modificadores bioquímicos.

Si el maltrato físico ha cedido como modo represivo en la infancia, la medicación no puede ser el relevo sofisticado que maniate toda manifestación de la diferencia. No olvidemos que, después de todo, la vejación más terrible que padecieron los disidentes soviéticos en el archipiélago Gulag no consistió en los castigos corporales sino en su aislamiento y psiquiatrización, una forma de descalificar la razón cuando ésta no coincide con la del ‘establishment’ de turno.

En el caso de los niños, más que de la condena biológica se trata de buscar el modo de reconocimiento de las singularidades y sufrimientos en juego, estando atento a los síntomas sociales que hacen retornar periódicamente la ilusión de automatización exitosa, con la cual la postergación de la felicidad y la alegría deviene sofocamiento de toda posibilidad creativa.

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Este artículo fue publicado el  20 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Criminalidad ‘versus’ desarrollo infantil temprano

La opinión de…..

IMPLICACIONES

Rolando Mendoza Ibarra

Recientemente tuve la oportunidad de participar en un importante foro de conferencias, realizado en la ciudad de Panamá, con motivo de la reunión de ministros del Sistema de Integración Social Centroamericano sobre Desarrollo Infantil Temprano (DIT).

En el marco de tales conferencias, pude comprender con meridiana claridad mi ignorancia crasa sobre las implicaciones sociales de largo plazo que tiene el no atender integralmente y desde edades tempranas a los niños y niñas y, sobre todo, que dicha atención, denominada desarrollo infantil temprano (DIT), está constituida por un conjunto de elementos que nutren al cerebro de los infantes en los primeros cinco años de sus vidas.

Y esto es así, porque los niños y niñas en las edades de cero (antes de cumplir un año) y cinco años, nutren su cerebro no solo de comida, sino también de una buena atención de su salud, pero sobre todo del amor y el afecto de sus padres y familiares, lo cual se acompaña de lo que conocemos como estimulación temprana; algo de lo cual algunos recibimos en la educación preescolar o jardín de la infancia.

Muchos estudios, sustentados en datos y observaciones experimentales, revelan la gran diferencia entre una persona adulta que recibió adecuado desarrollo infantil tempranamente y, aquella que no la tuvo. La primera, en la mayoría de los casos, denota un dominio no solo de su razonamiento sino de los impulsos violentos hacia los semejantes que en un momento determinado pudieran agredirlo verbalmente, lo cual es sinónimo de tolerancia. La segunda, es más susceptible a las provocaciones y observa algunas limitaciones para razonar sosegadamente.

Pero las causas de la ausencia de un desarrollo infantil temprano en centenas de miles de niñas y niños panameños, está relacionado por un conjunto de factores sociales y culturales.

Por un lado la pobreza en que viven miles de familias, caracterizadas por bajos niveles educacionales y, consecuentemente, por los bajos ingresos percibidos en sus actividades productivas. Pero por otro, influyen los elementos culturales de ese amplio conjunto de familias pobres, inmersas en un complejo entorno de fragmentación social, donde la desintegración y la violencia intradoméstica figuran como uno de los determinantes de la violencia en la sociedad.

Entre muchas de las familias pobres, sean estas urbanas, rurales o indígenas, una parte importante de los escasos ingresos recibidos son utilizados en el consumo de alcohol, principalmente; sacrificando con ello a los miembros más vulnerables de la familia como son los niños, a lo cual le siguen las mujeres. Ello es un hecho real, visto por las propias autoridades con programas como Red de Oportunidades y otros, cuyos recursos que debieran fortalecer el desarrollo infantil y de la familia en la compra de alimento, atención a la salud y estimulación temprana; son desviados para otros fines.

La realidad social que viven las familias de clase media, por ejemplo, es totalmente diferente, en virtud de que este segmento de población le otorga una gran prioridad a la alimentación y educación de sus hijos, al margen de las excepciones. Son los hijos de la clase media los que en su gran mayoría no se les dificulta el aprendizaje y registran los porcentajes más bajos de repitencia y deserción escolar, así como menores conductas delictivas.

Los hijos del pueblo, social y culturalmente pobre, son los que muestran las mayores deficiencias en el aprendizaje y un gran desamor por la educación, los cuales finalmente no aprenden ningún oficio digno que les brinde oportunidades de una mejor calidad de vida.

Al final del corto camino desaprovechado por ellos e inentendido por los padres, nos encontramos con un conglomerado de adolescentes y jóvenes que no concluyeron sus estudios, muchos de los cuales pasan a formar parte de aquel grupo de “jóvenes en riesgo social”; es decir, de aquellos que están al borde de cometer actos delictivos, en tanto que otros pasan a formar parte del desafortunado segmento que ya entró en conflicto con la ley.

Bajo esta premisa y comprensión, el desarrollo infantil temprano (DIT), debe constituirse en una política y estrategia de Estado, como la mejor forma de prevenir, en forma efectiva y a mediano plazo, la violencia y la criminalidad que actualmente asola las calles de nuestras ciudades y barrios.

Es por ello que valoramos positivamente los pasos que está dando el Gobierno Nacional, en el sentido de haber creado mediante decreto ejecutivo el Consejo Asesor para la Atención de la Primera Infancia, lo cual constituye una iniciativa que debe fortalecerse con recursos y la participación de todos: el Gobierno y la sociedad civil organizada.

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Este artículo se publicó el 17   de mayo de 2010 en el diario La Prensa, La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

EL Dominio tecnológico frente a la Literatura Infantil y Juvenil

La opinión de la Jurista,  Catedrática Universitaria y Analista Político Social….
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Olga Nelly Tapia

En nuestros pueblos de Panamá y de América los comportamientos culturales han sufrido merma frente a la agresión tecnológica. La mecedora en donde nuestros padres, abuelos o quienes velaran nuestros sueños y entre susurros se nos describía mediante narrativas mundos de magia, tienden a desaparecer de nuestras vidas.

Es memorable aquellos relatos de cuentos emocionantes de grandes aventuras de reinos lejanos que nos hacían soñar en parajes olvidados en los confines de la tierra, las musas surgían de la imaginación y transmutaban sus efectos a nuestras sensibles emociones, haciéndonos sentir bienestar, paz y alegría en ese mundo pequeño que sólo nuestras mentes de niños podían acceder.

Aún con la llegada de la radiodifusión en nuestros pueblos, la imaginación aquella se mantenía latente absorbiendo de todo un poco. Todavía hasta este momento histórico, la mecedora cumplía su misión, mientras la percepción auditiva producía imágenes que llenaban de estrellas y luz excelsa nuestro entorno.

La evolución de las ideas del ser humano, junto al agresivo ataque tecnológico dejan en una tremenda indefensión a la inocencia, la producción del niño y adolescente, la creatividad, al desarrollo integral, a una captación de sus actitudes y ello se reemplaza por un condicionamiento masivo de esa tecnología que con pasos agigantados avanza. Así fenecen los géneros narrativos, la producción de algunas historias, así por igual la mecedora de antaño pierde su rol cultural, pues sólo queda el ruido de su balancín que no sólo duerme conciencias sino al propio ser humano.

El adormecimiento que se produce es de tal magnitud que el idioma de nuestros pueblos se vulnera, el lenguaje parco e incipiente, la oratoria desaparece paulatinamente y grandes fenómenos sociológicos se producen perdiendo identidad; la mecedora se torna vacía ya pierde su encanto, los cuentos de príncipes, reinas y princesas van desapareciendo, igual que la inocencia de esos seres que ven la literatura infantil como algo atrasado y sin ningún valor en sus vidas.

Esto bajo cualquier concepción filosófica, dogmática me hacen inclinar por cuestiones de metodología y didáctica de análisis, a lo que teóricos socialistas – marxistas tienden a enarbolar como banderas y bastiones tendientes a buscar explicaciones a estos efectos o condicionamientos histórico – sociales y por tanto estos supuestos apuntan a la inversión ideológica, a la conciencia de la realidad de la raza humana y sus relaciones entre sí.

Hay en este tipo de explicación un juego de sofismas filosóficos del valor del hombre como tal, frente a circunstancias o contextos económicos – sociales en donde se levantan sus estilos de vida.

Hipostasiar la conciencia, las ideas, la moral, la religión, la metafísica., etc., es un riesgo práctico para contraponer esas verdades en un plano absoluto del hombre sobre la ideología, y suena a sarcasmo, pues la ideología sea cual fuere camina a la par del desarrollo de la especie humana, frente al modelo estructural del Estado y donde se produce el desarrollo y su actividad como tal.

Así pues, la literatura infantil, amén de luchar con estos esquemas esbozados con anterioridad, se encuentra con contradicciones más precisas en su realidad y en la masificación de los medios culturales se les hace ver que el autoritarismo, pobreza, desigualdad, etc., son naturales y a veces hechos inevitables que conllevan mensajes de formas de pensar, de sentir, de vivir su entorno y la producción ideológica por tanto, sea quien fuere quien la ejerza, trasciende sus libros, revistas, juguetes, mobiliario, paletas de colores, programas de televisión, vestuario, decoración, en general su ambiente; la figura de las viejas historias pierden valor y la inocencia y sensibilidad se apartan de las bibliotecas, sitios éstos que recogen grandes tesoros y dejan desprovistos de fertilidad creativa a una masa donde el paso a historias y juegos de videos, donde la violencia se sublima hasta querer o aspirar llegar al control de la matriz, como el film, donde el futurismo roba el escenario rosa por el oscuro brillo que destilan las estrellas en relatos del Cosmos y la Cibernética.

El poco tiempo que dedican los padres a sus hijos alimentan el fenómeno y se van levantando hombres mecánicos que abandonan totalmente la humanística de sus ancestros y la búsqueda del enriquecimiento de su haber cultural.

Conceptuamos que nuestra preocupación no es de ahora, existe un punto de partida histórico para América Latina, independiente cual sea la forma del pensamiento político de quien les escribe estas líneas, hablo en mi calidad de analista, es mi deber escudriñar, buscar cualquier circunstancia que me lleve a datos de importancia en materia ideológica que no sólo inciden en los procesos políticos globales sino sobre el entorno cultural que representan.

Documentos procedentes de la Universidad Católica de Chile, de los años de 1970 y 1972, nos llevan al examen de la revista “Cuadernos de la Realidad Nacional” los cuales buscaban un marco teórico para el análisis de los fenómenos en mención, pero los mismos se vieron inconclusos debido al golpe militar a Salvador Allende, en 1973, el cual impidió el ejercicio investigativo señalado. No obstante, hay señalamientos de tipo de difusión global hechos en ese entonces por Rafael Echevarria y Fernando Castillo quienes intentan dar una metodología a este fenómeno ideológico y el condicionamiento histórico que dicha influencia cultural enmarca, igual que Jesús Manuel Martínez, quien hizo un enfoque más directo a los medios de difusión social. Para ese entonces, la canción popular, las revistas femeninas ilustradas pasaron la lupa a los estudiosos en materia sociológica.

El 23 de Agosto de 1986, tuve la oportunidad de intercambiar opiniones con los esposos Mattelart, quienes dedicaron tiempo y espacio para exponer sus ideas en cuanto a sus investigaciones sobre la obra “Para Leer al Pato Donald”,  la influencia de los personajes de tiras cómicas, pero me encantó la explicación dada por Michael Mattelart, la figura de la mujer en las revistas femeninas y algunas otras tiras cómicas.   Fue un intercambio de excelencia académica donde ambos nos beneficiamos.

Todavía hasta hoy se desconoce cuanto es la influencia ideológica, venga de donde venga, hacia nosotros niños, adolescentes, pero sí vale decir que los anteriores estudios señalaban directamente a ciertos países con ideas neocoloniales como detractores de la inocencia de la literatura infantil, pero hoy, existen otras tendencias de interés, los videos, los juegos, las cómicas mangas, el arte japonés, caricaturas, las películas de hombres robots, los sueños espaciales que ya miran nuestra mecedora como un ser obsoleto y carente de validez para los nuevos contextos culturales donde se levantan nuestras generaciones.

Deseo terminar estas cavilaciones con algunas observaciones señadas por Jean Paul Sastre en el prólogo a Los Condenados de la Tierra, de Franz Fanon, refiriéndose al Colonialismo y Neocolonialismo: “se les metía en la boca mordazas sonoras, grandes palabras pastosas que se pegaban a los dientes, después de una breve permanecia en la metrópoli, se les devolvía a su país falsificados”, esto haciendo referencia de que nuestra América produjo durante el sistema social de las épocas medievales, donde el feudalismo y otros prestaban servicio, una ideología llena de dolor para imponer a nuestros indígenas estilos de vida, lenguajes que hasta ellos aún aprendiendo su pronunciación, estaban bien lejos de conocer y valorar su contenido.

Hoy la mecedora está sola porque los lugares y espacios que eran de su propiedad en razón del esparcimiento y entretenimiento que brindaba en los núcleos familiares, han sido cambiado en su totalidad; hoy día es reemplazada por cómodos almohadones donde aunado al hipnotismo surten, con la proyección de la tecnología, un mensaje sublimado que desea alcanzar nuestras almas.

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Artículo publicado el 22 de marzo de 2010 a las 15:50 en Facebook por la autora, a quien damos todo el crédito, los méritos y la responsabilidad que le corresponde.

El diamante de mi infancia

La opinión de la Comunicadora Social…..

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Elodia Muñoz

Todos, absolutamente todos, tenemos un recuerdo inefable ligado a alguna -o a muchas- anécdotas de la infancia, un padre, amigo o pariente como parte de esa familia extendida que poseemos, y a medida que se alejan en el recuerdo, parte también de los recuerdos más entrañables de nuestras vidas.

Hoy, contemplando mi vida transcurrida, me conmueven vivencias saturadas con nostalgias de mi infancia. Siendo muy pequeña falleció mi padrino Israel y sin que nos uniera parentesco alguno, me brindó el cariño y ternura que solo un padre y abuelo puede prodigar. Desde aquel instante significó para mí los cimientos de los valores éticos y morales que hoy determinan el accionar en mi vida. Irra, fue un ser especial, de principios profundamente religiosos y cristianos, fumador de su pipa de aroma densa, el pastoreo a Manuela y Estrella que eran las vacas que producían la sabrosa leche y quesos caseros.

Este extraordinario hombre residía en las afueras de Capira, en una modesta casa dedicado al ordeño, cargada de árboles frutales, cría de aves de corral con un ancho río de aguas cristalinas; representó el padre que me hizo falta en mi infancia llenó mis vacíos de la niñez, me ayudó a enfrentar mi ceguera, me dio aliento cuando me invadía los temores, me enseñó a avanzar y crecer.

Hoy soy una profesional, debo aceptar la valía del esfuerzo y del sacrificio pues Irra me hizo comprender que acumulaba sabiduría para toda la vida. Otro recuerdo de los más agradables que guardo en mi memoria de este capireño que nunca olvido y es que pasaba gran parte de sus días dedicado a las faenas agrícolas y avícolas también elaboraba los quesos que luego vendía y de vuelta a casa siempre llegaba con víveres y golosinas así un día compró una muñeca especialmente para mí, nunca otras demostraciones de amor podrán superar y remplazar las que Irra imprimió en mi ser.

Eran épocas difíciles, Irra nació con la entronización del siglo pasado, fue un hombre compasivo, padeció muchas carencias, apenas había cumplido mis diez años mi padrino querido del alma, una triste mañana de enero se durmió para siempre, todo fue más difícil después de tanto amor junto a este campesino al que le debo tanto aunque todavía tengo mucho que hacer debo continuar tejiendo mi historia.

En el discurrir de esta rutina han pasado los años, sigo recordando la bruma del tabaco, su ausencia la he sentido hasta los tuétanos de mis huesos, lo que sí tengo claro es que soy privilegiada de las circunstancias por haber contado con este capireño que siempre me aconsejó el buscar la verdad y la bondad en el alma de los demás.

Hoy atesoro estas vivencias como la huella indeleble de un ser ejemplar que marcaron e identifican mi vida, lleno de tanta bondad y amor no me cansaré de agradecerte Irra los años de felicidad, supiste cubrir con afecto el vacío del que adolecí protegiéndome con cariño, cuidándome, siempre te amaré gracias por conocerte, seguirás vivo en mi memoria.

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Este artículo se publicó el 2 de abril de 2010 en el Diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las cometas que el viento se llevó

La opinión de….

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Ananías Alberto Montenegro Correa


En los años 1960-1962, desde noviembre se sentían los vientos alisios o brisas navideñas acariciar nuestro litoral colonense.    Era el aviso de que ya la Navidad estaba a la vuelta de la esquina y con ella la entrada del fresco verano y la terminación de las clases en febrero.   Le pedíamos al Niño Dios bicicletas Raleigh, patines Winchester, escopetas de balín Daysi (BB Gun), rompe–clavos Levy’s, zapatillas pumps Converse, etc.

Siempre hubo consenso entre los miembros de la pandilla con respecto a qué íbamos a hacer para las vacaciones. Las entretenciones más comunes de la época eran la pesca, jugar “farandilida” (following the leader), “roldón” (run down) la lata, ringalillo, etc.

Pero una de las vivencias más apasionantes era el vuelo de cometas. Estas se hacían de virulí, papel crespón, goma e hilo pabilo. Primero se armaba el esqueleto en forma de cruz y luego se le pegaba el papel con la goma. Se le amarraba una cola o tira de trapo de unos tres metros y un rabito más corto para controlarla mejor.

Artesanos más diestros las dotaban de zumbadores o run run armándoles una entrada curva a manera de toma de aire en la parte delantera atravesándoles un hilo entorchado en papel espiral, y en su parte trasera un espacio libre entre el virulí y el papel. Todo esto con el propósito de lograr más aerodinámica y acústica del zumbador.

Entre las variedades de cometas existían los panderos que no eran otra cosa que cometas gigantes. Los olvidados “gallinazos” que se confeccionaban con una hoja de cuaderno y se volaban solamente con el hilo. No tenían colas. Era un simple origami.

La imaginación y creatividad de los voladores de cometa los llevó a inventar la técnica de “envío de mensajes”. Esta consistía en insertar un pedazo de papel redondo con un orificio en el centro desde la salida del hilo en la carretilla. Con la fuerza del viento los “mensajes” subían, subían y subían hasta llegar a la propia brida de la cometa. Cuando esto se lograba, la satisfacción era indescriptible. El mensaje había llegado al cielo.

Otros, con mentalidad más desafiante y malévola, amarraban hojas de afeitar Gillette al final de la cola de la cometa y con extrema destreza las acercaban a cometas vecinas con el propósito de cortarles el hilo terminando así con su vuelo o con su vida derribándolas. Basado en esto sobrevinieron entonces los “kaitfait” (kite fight) o peleas de cometas. Ahora cada cometa tenía su Gillette y empezaba el desafío en las alturas. La cometa “bitopiada” (beat-up) o derrotada era rescatada (o no) por su dueño dependiendo del lugar y la distancia de su caída final. Obviamente las que más alto volaban, caían más lejos, en ocasiones a varios kilómetros de distancia. Unas terminaban en los cables eléctricos, techos, árboles o en el titilante Caribe colonense, y ahí morían derrotadas. Los voladores inconformes regresaban donde los cometeros a pedirles cometas más fuertes con la intención de vengar sus derrotas.

Cuarenta años después vendrían las de tracción para los más fuertes, pasando por las acrobáticas de dos hilos para los habilidosos, pero ninguna como aquellas peleadoras, mensajeras y zumbadoras que surcaron el cielo colonense.

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Artículo publicado el 15  de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.