Otro plato roto que paga el pueblo

La opinión del Abogado…

Octavio Villalaz Benzadon

Sentado en el sofá de mi casa, viendo un programa de televisión, el mismo es interrumpido por una propaganda pagada por el Municipio de Panamá, la cual trata de justificar el aumento de impuestos municipales a los comerciantes del Distrito.

Si bien es cierto que el Municipio de Panamá tiene la facultad de gravar aquellos impuestos que no son gravados por la Nación, es igual de cierto que la demanda interpuesta ante la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) no tiene ningún sentido, ya que decir que los impuestos municipales se equiparan al derecho que tiene el gobierno central de cobrar el impuesto sobre la renta, sería dejar en la ruina a la urbe capitalina y a todos los municipios de la República.

Si al Municipio le da la gana de gravar a los comerciantes con un 100% adicional sus actividades comerciales, el gobernante municipal tiene la facultad para hacerlo previa aprobación del Consejo Municipal.

Ahora, como nosotros -y hablo por aquellos a los que no perjudica el alza o la baja de los impuestos municipales como contribuyentes, pero sí como consumidores- podemos ver desde nuestra perspectiva lo que está pasando y opinar objetivamente sobre quién tiene la razón.

Entonces, las preguntas que nos hacemos serían: ¿Cuál es el programa social que tiene la Alcaldía de Panamá?, ¿Cuál es su programación para el año 2011 y lo que le queda de gestión al Alcalde Bosco?, ¿Qué ha hecho todo este tiempo sentado en su silla?

La percepción negativa que tiene la mayoría de los ciudadanos sobre el Alcalde, radica principalmente y según él, en el fuego amigo que tanto cacarea y el cual es promovido por un sector económico que tiene vinculación con el poder ejecutivo, razón por la cual su sed de venganza la centró en una reforma del régimen impositivo que arrastra a otros sectores comerciales ajenos a la disputa política. ¿Acaso somos los panameños culpables de estas guerras intestinas? Pues No.

¿Qué derecho tenía el Alcalde de hacer una reforma inconsulta, esgrimiendo el garrote por delante de toda negociación?   Ello solo demuestra la carencia de la inteligencia política que se debe tener para estos casos.

La Alcaldía no es un sitio de poder que otorga facultades plenipotenciarias para adjudicar consultorías a diestra y siniestra, cuyos beneficios en ningún momento impactan en forma directa o indirecta a los ciudadanos.

¿Qué desean al final: servir a la ciudad o a sus propios intereses? Hasta cuando tenemos que soportar los ciudadanos semejante apatía y seguir sintiendo impotencia por cómo se juega con el bolsillo nuestro, que al final del camino, es el que paga todo el desgreño municipal.

<>Artículo publicado el  21  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Capacidad y responsabilidad de imponer

La opinión del Abogado, Político independiente…


Juan Manuel Castulovich

En el año 1215, los nobles ingleses impusieron al rey Juan Plantagenet, “Juan sin Tierra”, hermano y sucesor de Ricardo “Corazón de León”,  la que, desde entonces, se conoce como “la Carta Magna”, que limitó el poder del monarca para imponer tributos a sus súbditos, de manera inconsulta. No se desconoció el poder “del soberano” a decretar impuestos; pero, a partir de allí, dejó de ser ilimitado. 

Los gobiernos en los estados modernos tienen la potestad de imponer tributos: impuestos, tasas y otras exacciones a los gobernados;   pero ese poder debe ser ejercido dentro de los límites constitucionales y legales y, sobre todo, con responsabilidad.

En la Constitución de 1904, el Artículo 131 disponía lo siguiente: “Corresponde a los Consejos Municipales ordenar, por medio de acuerdos propios o de reglamentos dictados por Juntas o Comisiones técnicas, lo conveniente para la administración del Distrito; votar las contribuciones y gastos locales con las limitaciones que establezca el sistema tributario nacional; y ejercer las demás funciones que las leyes les señalen.”

En la Constitución de 1941, el Artículo 186 decía: “El presidente de la República podrá suspender todo acuerdo municipal o acto del Concejo que sea violatorio de la Constitución, de la Ley, de los decretos del Poder Ejecutivo, o de las ordenanzas provinciales. Los gobernadores de Provincia y cualquier ciudadano podrán pedir la nulidad de tales acuerdos”.

La intención de esas normas era evitar que los municipios pudieran “desbocarse” y trastocar el “sistema tributario nacional”, creando a su antojo y capricho tributos excesivos. Pero esa limitación, desapareció en la Constitución de 1946, por virtud del Artículo 202, de siguiente tenor:   “Los acuerdos, resoluciones y demás actos del Consejo Municipal, de las comisiones o de los Alcaldes, cuando éstos sean elegidos por el voto popular, sólo podrán ser suspendidos o anulados por tribunales competentes.”

La Constitución vigente (artículos 232 y siguientes) reforzó la autonomía municipal y eliminó la posibilidad de que sus acuerdos puedan ser “vetados” o anulados por una instancia superior, distinta de la judicial.   Por ello, la reciente decisión del alcalde Vallarino y el Consejo Municipal de aumentar, desmedidamente y sin ninguna adecuación al “sistema tributario nacional”, plantea un conflicto constitucional y legal difícil de superar,  aunque no insalvable.

Los tributos se justifican para asegurar fuentes de financiamiento de la Administración Pública, tanto nacional como municipal, y de los servicios que están supuestas a prestar a la comunidad.

El Municipio de Panamá, por ser capital de la República y sede del gobierno nacional y, además, centro principal de las actividades económicas, es distinto al resto de los otros distritos y, por consiguiente, sus rectores deben, con buen sentido, coordinar, previamente, sus iniciativas tributarias con las autoridades nacionales, especialmente cuando, como en el caso del distrito capital, los principales servicios públicos son prestados o son responsabilidad de las autoridades centrales, como ocurre con la seguridad, la salud, al agua y el alcantarillado, la educación, la vivienda, la construcción y reparación de calles, el transporte público y la regulación del tránsito vehicular. Y si a eso se agrega que la recolección de la basura ya no es competencia del municipio, cabría preguntar:   ¿en qué se fundamenta un municipio de tan limitadas competencias para lanzarse a una desenfrenada e irresponsable, por inconsulta, carrera de aumentos impositivos?

Desde que a “Juan sin Tierra” se le cortó la facultad de “imponer tributos”, la sensatez y la prudencia han sido criterios rectores de las políticas impositivas y quienes todavía conservan la facultad de decretarlos nunca deben olvidarlos. De lo contrario, se exponen, como en el caso presente, al repudio de la comunidad y, de paso, justifican que sea necesario volver a implantar medidas como las previstas en las constituciones de 1904 y 1941.

<>Artículo publicado el  25  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Por qué?

La opinión del Honorable Diputado…

José Blandón Figueroa

Es la pregunta que me han hecho mucho en las últimas semanas.   ¿Por qué estás asumiendo el desgaste de ayudar a una administración municipal que tiene bajísimos niveles de aceptación popular? ¿Por qué has asumido la vocería de una reforma impositiva a nivel municipal que se ha granjeado tan poderosos enemigos?

Tengo cuatro períodos consecutivos de ser miembro de la Asamblea Nacional, en representación de uno de los cuatro circuitos que componen el distrito de Panamá.   Durante casi todo ese tiempo, he participado de la Comisión de Gobierno, que tenía dentro de sus temas el de la descentralización.

A lo largo de los años, he podido asistir a eventos fuera del país sobre los gobiernos locales y percatarme del alto grado de centralismo que impera en Panamá. Durante este tiempo, he llegado a convencerme de que el próximo paso en la consolidación de la institucionalidad democrática en Panamá es la descentralización municipal.

Con frustración y envidia, de la buena, uno ve lo que se hace en Medellín, Bogotá, Guayaquil, Tegucigalpa y otras ciudades de nuestra América Latina.    Contrastar esas realidades con lo que ha sucedido en nuestra ciudad capital en los últimos 10 años es decepcionante.   Basta con decir que de 2000 a 2010,   solo se construyó un parvulario y ni una sola instalación deportiva de importancia en todo el distrito capital. Cuando acepté ayudar al alcalde Vallarino, revisamos en equipo la situación y uno de los temas ineludibles era, sin lugar a dudas, el tema impositivo.

El Municipio necesita de más recursos para inversión. Eso se logra haciendo más eficiente el gasto y aumentando las recaudaciones. Para aumentar las recaudaciones, no necesariamente se requiere subir los impuestos, puesto que se puede mejorar la fiscalización y aumentar los contribuyentes, “capturando” a muchas empresas que operan en la ciudad de Panamá, pero no se han registrado en la Tesorería Municipal. Sin embargo, analizando el impuesto por actividad económica, que desde el 2006 se paga en función de la facturación anual de las empresas, el equipo técnico del Municipio sugirió modificaciones al cálculo de este impuesto para hacerlo más equitativo.

¿Dónde reside la oposición a los cambios aprobados en diciembre del año pasado?   El 85% de las empresas contribuyentes pagarán en abril lo mismo o menos de lo que pagan hoy en enero. ¿Por qué entonces la oposición de la Cámara de Comercio y el Conep?   Porque las tablas vigentes desde el 2006 establecen topes máximos, lo que provoca que una empresa de venta al por menor que factura 6 millones anuales pague lo mismo que otra que factura 120 millones al año, esto es, mil balboas mensuales.

A usted, amigo lector, ¿le parece que eso es justo?    ¿Que yo facture 20 veces más que tú, pero pague lo mismo al Municipio?    Entendemos que pasar de pagar mil balboas al mes a pagar 10 mil balboas al mes es un salto grande, pero lo que está pagando es el mismo porcentaje que todos los demás.   ¿Dónde está el punto de equilibrio?   ¿Cuánto quieren pagar las grandes empresas? ¿Quieren un tope mensual de 2 mil, 3 mil ó 5 mil mensual? ¿Cuánto consideran que es justo pagar para que la ciudad tenga mejores parques, aceras, instalaciones deportivas y más espacios públicos para los ciudadanos?

En definitiva, ¿por qué estoy en esto? Porque considero que la posición es la correcta y porque creo que esta ciudad se merece un mejor destino. Porque creo que si nuestra democracia desea crecer y fortalecerse debe tener gobiernos municipales fuertes, con recursos para invertir en obras. Porque pienso que humildemente puedo aportar mi experiencia y mi trayectoria a lograr que podamos construir una mejor ciudad, especialmente para los panameños más humildes y aquellos que viven en las afueras de la ciudad donde la presencia institucional de la Alcaldía es nula o casi inexistente.

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Este artículo se publicó el 28  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Impuestos y responsabilidad social

 

La opinión de…

 

Marcos A. Ruiloba

“Nada hay más seguro en este mundo que la muerte y los impuestos”.    Esa célebre frase del que fuera presidente de Estados Unidos (Benjamín Franklin) resulta ser un tanto tajante para los que convivimos en un sistema económico capitalista. La muerte y los impuestos van tomados de la mano como una pareja de tórtolos que caminan a consolidar su unión frente al altar. De la muerte nadie se escapa; pero de los impuestos, eso está por verse.

Desde que nuestro país retornó al sistema de gobierno en democracia, que se caracteriza por la implementación del estado de derecho, en el que supuestamente se respetan la Constitución y las leyes, el Gobierno central a través de las diferentes administraciones que han ocupado el solio presidencial, ha promovido reformas tributarias que buscan recaudar de los contribuyentes, impuestos que contribuyan a incrementar los fondos del erario público.

Los impuestos son necesarios para edificar obras de interés social que redundan en beneficio de toda la comunidad. Eso en el supuesto de que lo recaudado se administre y se invierta con equidad y responsabilidad social. La responsabilidad social no es más que una manera de evaluar la eficiencia de una organización. La primera responsabilidad de todo negocio debería ser proporcionar algún rendimiento sobre el capital invertido.

Proyectar parte de las utilidades sobre el entorno social es una manera de practicar valores como la empatía o la sensibilidad social. Los impuestos, por su parte, representan la oportunidad de cada contribuyente de decirle a la sociedad que somos también socialmente responsables con nuestro entorno, por cuanto a que ellos (los impuestos) coadyuvan a fomentar el desarrollo sostenible de una nación.

En la cultura tributaria del panameño común está presente el presupuesto de que no hay cárcel por deuda, y por lo tanto evadir impuestos no acarrea responsabilidad alguna ante la autoridad competente. Esta tendencia en la cultura tributaria del panameño, pudiera obedecer a lo que se declara al final del artículo 21 de nuestra Carta Magna que expresa: “No hay prisión, detención o arresto por deuda u obligaciones puramente civiles”. Se debe tener cuidado cuando interpretamos la norma, porque se habla de deuda u obligaciones puramente civiles y no fiscales.

El Código Fiscal nos habla de que el hecho de emitir conceptos falsos en cada declaración de impuesto sobre la renta (ISR) constituye defraudación fiscal, la cual puede ser sancionada con multa o con pena de arresto. El Código Fiscal también nos advierte que los plazos para la presentación anual de la declaración jurada del ISR, para las personas naturales es hasta el 15 de marzo, y para las personas jurídicas es hasta el 31 de marzo.

Como medida para prevenir evasión de impuestos, la reforma tributaria (Ley 8 del 15 de marzo de 2010) impulsada por el gobierno de turno contempla para las personas jurídicas el pago de un adelanto mensual al impuesto sobre la renta=Amir. El pago del Amir es equivalente al 1% del total de los ingresos gravables de cada mes. Este inminente desembolso libera a las personas jurídicas de la obligación de estimar y, el primer pago deberá realizarse este 15 de febrero. La reforma permite realizar un ajuste entre la declaración jurada del ISR y el Amir.

Mantener una disciplina tributaria nos da la oportunidad de planificar resultados y por ende, obras de responsabilidad social. Las obras de responsabilidad social son el barómetro que mide la eficiencia de una gestión administrativa. Los ingresos que percibe el Estado a través de los impuestos son la fuente de recursos que utiliza el Gobierno para obras de responsabilidad social (como el Metro) que redundan en beneficio de toda la población, es decir, de cada panameño.

 

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Este artículo se publicó el  22  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La realidad de los impuestos

La opinión de…

 

Fernando Arango Morrice

Si una lección nos dejaron 2008 y 2009 es que nunca antes el mundo había experimentado tan de cerca la interdependencia de la globalización, en la que todos sufrimos las consecuencias de las acciones de otros. Esto mismo aplica a la economía nacional, en la que todos somos actores, Gobierno central, gobiernos locales, empresarios, trabajadores y consumidores; en el momento en que uno de estos actores cree una distorsión en la hoja de ruta plasmada para el desarrollo económico todos sufriremos las acciones de ese único jugador. De ahí la premisa número uno de la importancia de consultar y tratar de consensuar lo más posible en beneficio de todos por igual.

Cuando el Municipio de Panamá decidió de manera unilateral, arbitraria e inconsulta aprobar este cambio radical a los impuestos municipales, ciertamente no tomó en cuenta el impacto que esto tendría en los diferentes actores de la economía nacional, ni siquiera pareciera haber considerado el peso que su distrito tiene sobre las demás comunas del país.

Lo invito, estimado lector, a que hagamos este ejercicio y sea usted quien saque las conclusiones de si esto solo impactará a las empresas grandes. Dentro de las empresas que aportan al erario municipal, podemos mencionar una distribuidora grande que está sufriendo un aumento de 1,150%, si estas empresas tienen un aumento de tal magnitud en sus costos, lo más probable es que lo apliquen a sus productos para recuperar, aunque no descarten para palear semejante alza, ya sea mudar su empresa a otro municipio y/o hasta considerar reducción de personal.

Pero planteemos el escenario de que el distribuidor le aplique esto a los productos que hace llegar a los mini súper y supermercados, a los cuales los impuestos municipales les están incrementando en promedio 400% y 2,504%, respectivamente. Nuevamente, el mini súper y supermercado, que ya pagó el producto con aumento, tendrá que recuperar el aumento de sus costos, tanto la aplicada al producto por el distribuidor como el alza del impuesto municipal a su actividad económica, es decir, el producto llegará al consumidor final, tanto grande como pequeño, con doble alza de precio.

Por otra parte, analicemos el impacto en el Gobierno central. Panamá ha atraído inversiones con base en una política económica de reducción en materia impositiva y logramos sobrevivir la crisis económica internacional en números positivos; obtuvimos las calificaciones de grado de inversión y a diario llegan cientos de inversionistas a Panamá buscando establecer sus negocios y aportar puestos de trabajo, de acuerdo con las reglas de juego vigente. Nuevamente, observamos cómo este acuerdo municipal rompe con la política económica del Estado, que nos ha logrado tantos beneficios para el desarrollo de nuestro país no sólo por el flujo de capitales, sino por la creación de puestos de trabajo, entre otras cosas.

Así, pues, querido lector, como observa, estos impuestos municipales tendrán un efecto cascada en diferentes aspectos de la vida nacional. Entonces, pregúntese usted si realmente esto afectará solo a las grandes empresas.

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Este artículo se publicó el 30  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Con el libro no se meta, Alcalde

La opinión de la Jurista…

Priscilla Delgado

Panamá por años ha sido catalogado como el país donde no se lee; se han esgrimido toda clase de razones para justificarlo y una de las más poderosas es que el libro aquí es muy costoso.   Reconociendo que el libro es costoso en todas partes del mundo por las diferentes alzas en las cadenas que tienen que ver con este elemento cultural, es imperativo que se conozcan las razones de por qué no se puede gravar con un nuevo impuesto.

Panamá cuenta apenas con una docena de librerías y como mucho cinco editoriales nacionales que hacen grandes esfuerzos por editar sus obras y luego venderlas en un mercado local en el que la población lectora es inferior al 10%, debido a que aún, y pese a todos los esfuerzos colectivos que se han desarrollado en el sector privado, como las ferias del libro, no se ha podido llevar la lectura a la gran población y sigue siendo el privilegio de unos pocos.

Ahora bien, si nos vamos a argumentos rígidos que sustentan el no a un aumento a la tasa que se paga en todos los comercios y que no exime a las librerías, tendría que decir que Panamá es signatario del acuerdo de Florencia de 1950 y ratificado en 1976 por el protocolo de Nairobi, en el que se dice textual y literalmente que Los estados contratantes se comprometen a no imponer gravámenes a la importación y venta de libros, favorecer el conocimiento y facilitar la libre circulación de las ideas por medio de las palabras” Con este compromiso, esta ley viola lo firmado por nuestro país.

Pero además y para tal efecto la Cámara Panameña del Libro hace buen rato lleva adelante el proyecto de ley del libro que persigue eliminar todo tipo de trabas, tanto arancelarias como para-arancelarias, y establecer estímulos tributarios a fin de que este pequeño sector crezca y se fortalezca, tal como debe ser y es en la mayoría de países.

No puede ser que se miren todos los sectores involucrados en esta ley que aumenta el gravamen a los comercios sin mirar cada uno por separado y las implicaciones que tienen los diferentes gravámenes en la economía.

El Alcalde debería hacer excepciones con reglas muy claras y de una vez por todas dejar de manifiesto la eliminación del impuesto existente, toda vez que casi todas las empresas dedicadas a la venta de libros lo tienen que hacer a crédito, con un ingreso que no corresponde al real, debido a que al libro se le otorga crédito de meses y a en el caso del placismo (venta de libros de gran formato) hasta años. Con este nuevo impuesto, sin la menor duda, el pequeño sector del libro tendrá que cerrar muchas de sus puertas porque significa que no podrán continuar operando.

Por las razones arriba expuestas y porque la ganancia en el caso de que se vendiera al contado, tal vez es uno de los márgenes de ganancia más estrechos del mercado, en donde la utilidad de un libro no supera jamás el 30%.

Si queremos una población más inteligente, más productiva, más sensata y que tenga la opción a través de la lectura de focalizar mejor sus ideas y de tomar mejores decisiones, créame, Alcalde, el libro es un instrumento valioso y me parece que usted es un fiel creyente de esta teoría.

Dicho esto, le solicito respetuosamente, que no toque al libro, objeto consagrado por la Unesco como bien inmaterial de la humanidad.

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Este artículo se publicó el 27  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

No molestar ya es ayudar

Panamá merece ser conocido y visitado, hagamos entre todos lo posible para atraer turismo, señores políticos, ¿les importaría ayudar un poquito? La opinión de…

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Me siento hoy delante de esta pantalla con una completa confusión. Me he pasado varios minutos mirando el teclado con la vista desenfocada y sin lograr fijar las palabras, el silencio me acompaña en mi desazón y me he puesto a teclear sin saber muy bien por donde empezar a hilar la vorágine de ideas que me vienen a la cabeza.

Les cuento, esta semana estoy leyendo que en España se ha inaugurado FITUR, la gran feria de turismo que se desarrolla todos los años por esos lares, y los medios de comunicación españoles lo han anunciado con gran bombo y platillo. Entonces allí me ven a mí, dándole a los cangilones del pensamiento, tratando de imaginar qué es lo que el stand de Panamá puede ofrecer a aquellos incautos que se acercan a él.

Veamos, seguimos sin agua, y la poca que hay es preferible no beberla. Es decir, los hoteles están llorando lágrimas amargas, lo malo es que con lágrimas no puedes llenar las cisternas de los excusados de todas las habitaciones y el mandar camiones cisterna a buscar agua al interior no es como muy sostenible que digamos.

Los restaurantes, o lavan los utensilios a cubetadas de agua no potable o siguen poniendo platos y cubiertos de plástico, muy poco glamorosa cualquiera de las dos opciones.  Y ya nos están avisando que no están muy seguros de que la cosa se arregle durante los meses de verano, a lo peor seguimos con esta situación per saecula saeculorum.

Esto no hace más que empeorar el tema de la basura, que no se ha terminado de mejorar con ANA, aunque allá vamos…Entonces sólo nos queda vender nuestro país como ‘playa brisa y mar’ pero sigo pensando yo, (es que cuando me pongo no paro) ¿pretenden que los turistas lleguen en autocar o en carro al interior?

Mejor no,  claro, porque los problemas en las vías hacia las playas continúan, y los tranques de ida y de vuelta son terribles, además del canguelo que deben pasar los pobres viendo cómo los accesos a uno de los puentes y el firme del otro están de mírame y no me toques.

Ahora, si lo que pretenden es llevarlos en avión directamente, deberían de tratar de que los vertederos de basura no se les prendan en llamas, porque aunque haya agua en el cuarto, no es muy agradable para un turista el tener que pasarte la semana de vacaciones en una playa paradisíaca encerrado en tu cuarto mirando el techo (los que se salvaron fueron los que estaban en luna de miel…) porque no puedes salir ya que una nube tóxica de basura quemándose en un vertedero próximo te asfixia cada vez que tratas de sacar las narices por la puerta, no digamos ya lo de comer esnifando a bocanadas el deliciosos hedor.

A ver, sigo pensando yo (cogito ergo sum),  ¿qué les estará ofreciendo exactamente el señor administrador de la Autoridad de Turismo a los interesados?   No digo yo que Panamá no sea un verdadero paraíso, que lo es, y que no tenga miles de cosas hermosas que ofrecer, que las tiene,    sino que llega un momento en que, además de naturaleza tienes que ofrecer infraestructuras, porque claro, para naturaleza maravillosa e infraestructuras nulas ya tenemos la competencia africana, y cuidadín y nos ganan algunos países de por allí con mejor oferta de comodidades y servicios.

¿Encima quieren poner más impuesto? Yo de verdad creo que esto último es una broma del señor alcalde, que como es un poco lento en sus reacciones nos está tratando de hacer la inocente mariposa en enero…

Panamá merece ser conocido y visitado, hagamos entre todos lo posible para atraer turismo, pero señores políticos, ¿les importaría ayudarnos un poquito? Aunque sea no molestando, que eso ya es mucho.

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Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.