Importación y desarrollo del agro – obstáculos a superar

La opinión de….

Ángelo Chen Guardia

Panamá marcha en pos del primer mundo, pero persisten las barreras que chocan contra ese propósito como la violencia y las franjas de pobreza que el éxodo del campo siembra en las ciudades.

La inversión juiciosa en la producción agropecuaria detiene el abandono del campo, produce comida suficiente sin la especulación que ocasionan los precios altos y reduce el costo de la canasta básica.

La agricultura local es incapaz de abastecer el mercado en muchos rubros, destacándose de forma crítica el maíz, el arroz y la leche, cuya demanda se suple con importaciones masivas; es el resultado de una óptica miope de planificadores y economistas que recomiendan importaciones, en lugar de apoyar la producción local.

Sin capacitación no habrá disciplina para manejar el negocio agrícola, aumentarán las carteras morosas y las “cuentas malas”.   Iniciativas como la Ley 25 y el plan agro Compita llegan a pocos productores y no generan impacto por ese déficit en la preparación del agricultor.

La producción de maíz es de un millón de quintales, frente a una demanda de ocho millones que habría que producir con 80 mil hectáreas (has), sin embargo, la superficie plantada es de 11 mil has. Problemas de tecnología, climáticos, genéticos, sanitarios y nutricionales estancan la producción lechera en la que prevalecen los pequeños productores que venden uno o dos tanques diarios; por esto, solo se producen 150 millones de litros (50% de la demanda de 300 mil litros).   El caso más sensitivo es el arroz que no superó el 40% de la exigencia del mercado en la producción de 2009.

Las importaciones se hacen para asegurar el abastecimiento y obtener mejor balance entre las ganancias del importador con los precios al consumidor y el apoyo a la producción de los rubros deficitarios. Los contingentes arancelarios permiten amplios márgenes porque los productos son subsidiados y entran al país casi exentos de aranceles; en consecuencia cumplen su cometido si el beneficio se comparte con el consumidor, mediante un precio justo, y se fortalecen los planes de producción nacional. Si los importadores o el comercio establecen sus precios de acuerdo a los costos del producto obtenido en Panamá, sin considerar el costo del importado, el mecanismo se confunde desviándose de los objetivos y hay que revaluar la eficacia de la empresa privada en el manejo de los contingentes.

Los precios se fijan sobre la base de los promedios ponderados del producto importado y el nacional para garantizar utilidades razonables y ahorros al importador, al comercio y al consumidor, definiendo su condición de renglones estratégicos en la seguridad alimentaria.

El descenso abrupto, a menos de 55 mil hectáreas, y un año 2009 sin lluvias propiciaron una pobre producción de 2 millones 134 mil 814 quintales (qq) de arroz pilado, que junto al producto de los contingentes, por el orden de un millón 581 mil 900 qq abastecerían el consumo por ocho meses y ocho días; por tanto, no se puede enfrentar la demanda de cinco millones 396 mil 904 qq, faltando aún un millón 680 mil 190 qq para los tres meses restantes del año.

Esto obliga a la importación adicional de 2.4 millones de quintales en cáscara. La demanda para 2011, de 5 millones 478 mil 838 qq pilados, exige sembrar 97 mil 662 has este año, pero la siembra real alcanzaría 60 mil hectáreas, con un estimado de 3 millones 366 mil qq pilados, y un déficit de 2 millones 112 mil 838 qq pilados para 2011.

En diciembre de 2009 se elaboró un plan para la autosuficiencia de arroz en cuatro años, que se discutiría en un foro nacional con todos los actores. Se solicitó a la FAO el patrocinio del evento, lo que se condicionó a la aprobación de las autoridades nacionales del sector, que aún no responden.

La propuesta contiene la siembra escalonada de 35 mil hectáreas con riego suplementario, compra de 55 cosechadoras, 55 graneros, construcción de 51 secadoras, perforación de tres mil 500 pozos y la adquisición de 3 mil 500 turbinas con sus aditamentos, con una inversión de 22 millones 29 mil 584 dólares, a financiarse con parte de los diferenciales de importación en consulta con los molineros. Los pequeños y medianos productores de Chiriquí, Coclé, Veraguas, Los Santos, Panamá, Bocas del Toros y Darién aportarían, después del cuarto año, dos millones 231 mil 460 qq pilados que, en junto a la producción de la siembra ordinaria, asegurarían el consumo del país.

En maíz el déficit de siete millones de quintales se produciría con la siembra de 77 mil hectáreas, tarea imposible en el corto plazo. Estructurar un plan similar al del arroz contribuiría en la sostenibilidad del rubro. La avicultura con un valor que supera los B/.100 millones, que importa miles de toneladas a precios subsidiados, tiene una buena oportunidad para dirigir acciones del fomento a la producción, con mecanización completa, apoyo a la investigación interna, y de soltar los nudos que atan la producción de semilla.

En un buen número de explotaciones lecheras se superaron aquellos obstáculos y, mediante extrapolaciones con las adaptaciones específicas se puede cambiar la situación. Si las industrias lácteas apoyaran un plan de desarrollo lechero, el país estaría preparado a corto plazo para evitar el desabastecimiento que se cierne sobre el panorama global.

Las conclusiones de que la demanda se distancia de la producción y que las importaciones generan buenas ganancias, recomiendan buen juicio con los precios y ceder un poco para que la estabilidad del campo garantice el progreso y la seguridad en las ciudades. Se puede hablar de precios justos cuando se prepare al productor para competir, antes no, porque él libra un desleal combate contra la naturaleza y, también, contra algunos de sus semejantes, no es indulgencia, es justicia.

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Este artículo se publico el 24 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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