Idiosincracia o mala costumbre

 

La opinión de…

Marisín Villalaz de Arias 

(marisin@cableonda.net).
No creo que sea lo primero ya que no recuerdo que antes fuéramos así; si es lo segundo, entonces debemos cambiar y dejar las malas costumbres para ser aquellos que éramos en años anteriores.
Si bien es cierto que ya he tratado este tema, cada vez me preocupa más porque influye en el bienestar del país y nos lleva a no resolver los problemas que se nos presenten. Por esto me pregunto cuál es nuestro propósito al comportarnos como lo hacemos y a quién beneficiamos con ello, o más bien lo perjudicamos. El hecho de no creer a nadie ni a nada; el dedicarnos a criticar todo porque sí; contradecir todo lo que dice o hace el gobierno y no encontrar solución a nuestros problemas, se nos ha arraigado hasta llegarnos a lo más profundo del ser.

No sé por qué nos ha dado por defender a los victimarios en la violencia y olvidarnos de las víctimas que, al final, debieran ser nuestra preferencia.   Desconozco si se han dado cuenta de que han endiosado a los muchachos que estaban presos y se quemaron. Si bien es cierto que no estoy de acuerdo con lo sucedido, debemos ser más objetivos y no ver solo lo que nos conviene, porque perjudica a Panamá.

Todos sabemos cómo se llaman los que fallecieron, pero nadie sabe ni quiere saber los nombres de sus víctimas. En algunos programas de radio donde permiten que las personas llamen sin identificarse y dicen libremente lo que desean, permiten que ataquen al gobierno en todo; pero si llama alguien defendiéndolo, dicen que es de un call center y los cortan. ¿Es eso libertad de expresión?

Pienso que debemos ser más imparciales y objetivos, que no debemos oponernos porque si sino con razones de peso. Estamos logrando que la alianza del gobierno se debilite e igual sucede con la oposición. ¿Quién vendrá si continuamos con estas costumbres negativas? Se los dejo allí. Ya casi no escucho ni veo ni leo noticias. A veces siento un gran dolor y me pregunto hasta cuándo alimentaremos lo que no debemos y dejamos de apoyar lo que nos beneficia a todos. No miremos lo malo solamente; creamos en lo bueno y encontraremos que hay más de esto que de lo otro. Me atrevería a recomendarles a los encargados de manejar opiniones y despertar conciencias, que se comporten más positivamente, con más realismo, dentro de parámetros condicionados por la verdad y la credibilidad. Solo así haremos patria.

<>Artículo publicado el  2 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Las diferentes categorías de panameños

Bitácora del Ex- Presidente del 25 de enero de 2011.

La opinión del Abogado, Empresario,  Docente Universitario y Ex Director de la Policía Nacional…

Ebrahim Asvat

He estado escuchando muchas voces con un alto grado de pesimismo sobre la situación política que estamos confrontando.   ¿ Por qué no reaccionamos frente a las acciones políticas o las situaciones fácticas que nos inquietan?

Le he dado vueltas a este tema y un poco más después de leer un comentario del Profesor  Pedro Prados.

Creo que nos toca analizar la calidad de eso que llamamos ¨panameño¨   que en mi opinión existen en tres categorías.   El panameño indiferente.     Aquel que busca lo suyo y cree que el país es responsabilidad de otros especialmente de la clase política.   Es el que  parte de salida señalando que no es político como si eso lo eleva en la calidad de sus argumentaciones.   Cada día son más los panameños indiferentes.   Viven para ellos y piensan que el país tal y cual es , no es de su incumbencia.  Siempre hay alguien que debe resolver las cosas más nunca él.    La indiferencia es quizás una cualidad que se acentúa por los retos de la posmodernidad,  el afán por atender sus propias necesidades,   el desprecio a la estructura de gobierno por considerarla imperfecta o la pereza por participar en la vida pública a cualquier nivel.

La segunda categoría del “panameño” corresponde a los que aman al país por los negocios que pueden hacer en ella.    Panamá es la plataforma para ofrecer todo tipo de bienes y servicios. Un lugar ideal para hacer negocios, una oportunidad de negocios o un medio para enriquecerse lícita o ilícitamente.

Panamá, para esta categoría de panameños está en función del dinero.   Cualquier actividad pública o privada la cuantifican por las ganancias o ingresos que le producen y el país es bueno o malo en función de éstos.  En esta categoría entran la casi mayoría de los empresarios,  los políticos sin valores y los empresarios convertidos en políticos.   Por eso, no es inusual que salgan a decir que Panamá esta abierta para hacer negocios.

La tercera y última categoría de panameños la componen aquéllos que llevan el país en la sangre y más que un negocio es una multiplicidad de cosas, eventos, experiencias y sacrificios que la hacen tal y cual es hoy.

Son aquellos que llevan en sus hombros la historia nacional y conocen como hemos llegado a donde hoy estamos y cual ha sido la contribución de las pasadas generaciones al bienestar común.

Son los que  asumen su responsabilidad sin que nadie se los pida u ordene a dejar un Panamá mejor a como lo recibieron.   Aquí se encuentran las maestras, los profesores, los médicos, las enfermeras,  los obreros, los agricultores,  los ingenieros y todo aquel que ha contribuido que este pedazo selvático de la tierra sea el Panamá que hoy conocemos.

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Artículo publicado el 24 de enero de 2010   alas 21:50  en su muro en Facebook  por el autor  a quien damos todo el crédito que le corresponde.

¿La Singapur de las Américas?

La opinión de…

FRANKLIN  CASTRELLON

Una de las anécdotas que se atribuye al general Omar Torrijos cuenta que cuando se aprobaba la ley que creó el Centro Financiero Internacional de Panamá, un prestigioso economista afirmó, palabras más, palabras menos, “general, Panamá será la Suiza de las Américas”, a lo que Torrijos ripostó lacónicamente, “¿Dónde están los suizos?” Y Torrijos tenía razón; con la idiosincrasia que tenemos los panameños, es imposible convertir a Panamá en “la Suiza de las Américas”, aunque –justo es reconocerlo– el Centro Financiero es uno de los pocos éxitos de los que nos podemos vanagloriar.

Ahora, el presidente de la República, Ricardo Martinelli, ha señalado que Panamá será la Singapur de las Américas. Pero, parodiando a Torrijos, ¿Dónde están los singapurenses? Esta aspiración, expresada desde poco después de haber iniciado su gobierno, se vio fortalecida durante la visita oficial que hizo a Singapur del 17 al 19 de octubre de 2010. Tras reconocer las similitudes entre ambos países, Martinelli y su colega S.R. Nathan se comprometieron a impulsar la cooperación para que ambos países se beneficien del status especial que tienen como hubs marítimo y aéreo y como centros financieros.

Singapur y Panamá son naciones pequeñas: la primera tiene 697 kilómetros cuadrados y su litoral costero es de 193 kilómetros, mientras que Panamá tiene 75 mil 517 kilómetros cuadrados y 2 mil 988 kilómetros de costas. Ambas están estratégicamente situadas en las principales rutas del comercio marítimo; por Panamá pasan unas 145 rutas uniendo a todos los continentes, mientras que Singapur es el principal centro del comercio inter Asia y con los demás países del mundo.

A diferencia de Singapur, que limita sus recursos a los pesqueros y a sus puertos de alto calado, Panamá cuenta con una riqueza ecológica envidiable, incluyendo sus parques naturales, amplias tierras aptas para la explotación agrícola y ganadera y una variedad de recursos minerales.   Sin embargo, con todas las ventajas a nuestro favor, Singapur ha logrado convertirse en una de las naciones más desarrolladas del mundo, mientras Panamá no atina a salir del subdesarrollo.

Con un ingreso per cápita de 36 mil 537 dólares, Singapur multiplica varias veces el ingreso per cápita de Panamá (menos de $6 mil), con la ventaja adicional de que su riqueza está mucho mejor distribuida.

Pero, si Panamá tiene más recursos naturales que Singapur y comparten las mismas ventajas geoestratégicas, ¿Por qué Singapur ha logrado alcanzar el nivel de uno de los países más desarrollados del mundo, mientras que Panamá se debate en el subdesarrollo? Basta con leer los indicadores que miden el comportamiento de las economías del mundo en temas clave para el desarrollo, para comprender las causas.

Mientras que Singapur (86.1 puntos) ocupa el segundo lugar del Índice de Libertad Económica 2010, Panamá (64.7 puntos) ocupa el puesto 60 por debajo de Chile (77.2), El Salvador (69.9), México (68.3), Perú (67.6) y Costa Rica (65.9). Preparado por The Heritage Foundation y The Wall Street Journal, este índice mide el comportamiento de los países en áreas tales como libertades de hacer negocios, comercial, de inversión, financiera, fiscal, económica, laboral, monetaria, derechos de propiedad, gasto del gobierno y percepción de corrupción.

En el Informe 2010, el índice señala que la libertad económica de Panamá está limitada por debilidades institucionales (control del Ejecutivo sobre otros órganos del Estado que deberían estar libres de su influencia). Y tan o más grave, el documento subraya que el “sistema judicial se mantiene vulnerable a la interferencia política, abrumada por la mora judicial, y laxa en vigilar el cumplimiento de los contratos” con el Estado.

Otra de las grandes debilidades del gobierno es su enorme, costosa e ineficiente burocracia. A pesar de promesas de los dos últimos gobiernos para reducir su tamaño y su peso sobre las finanzas públicas, ellas han cedido al clientelismo político con el resultado de que la misma ha aumentado de manera escandalosa. Mientras que Singapur, con un producto interno bruto de 36 mil 537 millones de dólares, cuenta con 124 mil funcionarios, Panamá, con un PIB de 19 mil 374 millones de dólares, se da el lujo de tener 176 mil 800 funcionarios.

Al problema de la burocracia hay que agregar lo siguiente: Mientras que la nuestra es una de las más ineficientes y, con frecuencia, corrupta, la de Singapur es una de las más eficientes del mundo.   De hecho, el Sistema de Consulta sobre Riesgo Político y Económico (PERC por sus siglas en inglés) escogió en 2010 a la burocracia de Singapur como la más eficiente de Asia.   En este escenario, sobran las intenciones, expresadas por nuestro Presidente, de convertir a Panamá en la Singapur de las Américas. A menos que se decida a enderezar el rumbo de su gobierno.

<> Este artículo se publicó el 27 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Capital social panameño

La opinión de…

Eduardo Espino López

Algo no anda muy bien en nuestro país cuando conductas y hábitos como los enumerados a continuación se apoderan de la convivencia diaria, veamos:

1. Espectáculos públicos pésimamente organizados con dos y tres horas de retraso, falta de orden al entrar y apoderamiento de los puestos de más valor por quienes no pagaron por ellos; balaceras a la salida del evento y tranque vehicular descomunal, porque a “alguien” se le “olvidó” abrir las puertas de salida o “se quedó la llave”.

2. Murmullos y tertulias continuas en varias bibliotecas universitarias, sin consideración a quienes están realizando un trabajo de investigación. No hay autoridad para llamar al orden.

3. En congresos, seminarios, simposios o conferencias de lugares lujosos y frente a invitados internacionales, los asistentes se levantan hablando en voz alta sin parar, interrumpen el paso en la salida y entrada, hay una ruidosa competencia a ver quién llega primero a comer y se sirven los refrigerios a horas no contempladas en el programa; expositores que se pasan más de media hora de su tiempo e inicio con dos horas de retraso, porque es “a la hora panameña”.

4. Personas que usan siete veces a la semana, o más, los servicios de salud pública.

5. Reuniones de vecinos de una propiedad horizontal que se efectúan a la tercera convocatoria y acude solo el 5% del total de los propietarios; área sociales vacías, poca participación en actividades comunitarias; críticas malsanas a quienes salen a asumir responsabilidades y discusiones extensas en las asambleas de vecinos sobre temas insustanciales sin llegar a ningún compromiso concreto. También alta morosidad de cuotas de mantenimiento.

6. Indiferencia ciudadana generalizada, pésima atención en oficinas públicas y privadas, incumplimiento reiterado de compromisos, desconfianza y descalificación a priori a las opiniones de las demás personas. Miedo a opinar y pereza para debatir y trabajar en grupo.

7. Empleadas domésticas que roban, mienten y trabajan con desgano, siendo necesario contratar entre 55 y 60 diferentes empleadas al año, para realizar las labores más elementales de un hogar. Cuando se van, cobran lo que no han producido y se llevan lo que no deben.

8. Vandalismo estudiantil y padres que lo apoyan, porque “en otras escuelas han hecho lo mismo y no les hicieron nada”.

9. Queremos “marea roja” invicta en sus presentaciones deportivas, pero sin permitir una sólida trayectoria de talentos gracias a egoísmos estrechos.

Así mismo, encontrar un trabajador para que coloque una tuerca es una proeza en este pequeño pero difícil país, cada vez más violento y fétido de basura. Todo este repertorio de comportamientos al que estamos ya acostumbrados y al que reaccionamos, en mayor o menor frecuencia, de la misma manera hasta los más diligentes ciudadanos, indica que hay un paradigma mental compartido con certeza entre los panameños: “lo que haga o deje de hacer dará lo mismo”.

Y es que en Panamá no prevalece el esfuerzo y el mérito en cualquier labor o actividad; ni la transparencia como principio rector de los actos de una cada vez mayor proporción de personas indisciplinadas y despreocupadas (con o sin títulos universitarios). En esto ha influido mucho la manera como se relacionan la sociedad y el Estado, a través de la política.

Lo informal y el personalismo–amiguismo toman un carácter muy prominente, permeando las conductas sociales en nuestro medio. Este clima de tolerancia a lo chabacano y ordinario e intolerancia y envidia a los que buscan destacar por sus esfuerzos, hacen de Panamá un pobre país rico; en el que un creciente porcentaje de su población vive desconfiando de todo y trata de sacar provecho con el mínimo esfuerzo. Todo esto propiciado por un clima institucional endeble y falto de ecuanimidad que fluctúa entre la improvisación, la impunidad y la represión de las libertades.

El capital social es la red de apoyos voluntarios a nivel de la sociedad, su nivel general de educación y cultura, así como la capacidad global de los ciudadanos junto a sus instituciones políticas de fomentar el trabajo comunitario para fines productivos específicos; preservando las iniciativas individuales de provecho común que al final de cuentas es lo que hace que una nación supere las dificultades que se le presentan.

La psicología del “juega vivo” obra en contra de lograr el pleno desarrollo de los potenciales de Panamá: los miles de millones que genera el Canal y su ampliación, las tierras revertidas con sus multimillonarios precios y la economía transitista. El “pro mundi beneficio” de nuestro lema patrio es en la práctica servir para que otros se sirvan de nuestra nación, a través del Estado.   Es que el factor humano o el capital social en nuestro país parece estar en proporción inversa a la cantidad de dinero circulante.

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<> Este artículo se publicó el 15 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Desde que tú no estás…

La opinión de la Periodista….

DORIS HUBBARD-CASTILLO 
dehubbard.castillo@gmail.com

Tu ausencia me ha convertido en mejor persona, porque perderte fue y ha sido como un despertar, hoy estoy más consciente de las personas a las que amo y de que las amo, porque no quiero que me vuelva a suceder lo mismo que contigo.

Lamento tanto, cada día desde que te fuiste, que nos hayamos tenido que separar para que tu presencia en mi vida fuera más fuerte, más evidente y más sentida por mí. Tú nunca tuviste ese problema, siempre me demostraste que me querías, pese a mi aparente indiferencia.

Ale, en nuestro Panamá ha pasado mucho… y no ha pasado nada, en estos… 21 años. Los panameños seguimos siendo iguales, nobles, pero animales de costumbres, nos enredamos por tonterías, siempre tenemos una emergencia y lo realmente importante lo dejamos a un lado, para después, cuando haya tiempo. Este 20 de Diciembre nos encuentra con muchos de nuestros hermanos literalmente en la calle; muchos han tendido su mano solidaria, ya sabes, siempre es así, pero mucho otros solo están preocupados por las compras de Navidad y otras nimiedades; pero, ¿lo importante? Ya te digo, a veces nos cuesta definir qué es lo importante sin primero entrarnos a golpes, insultarnos y criticarlo todo, para luego dar con las soluciones y ponerlas en práctica.

Los temas relacionados a la invasión militar de EE.UU. a nuestro país en 1989, como cantidad de muertos, por ejemplo, siguen en el limbo; el Barrio Mártir, sigue siendo mártir, pero hasta allí, por definición propia… ningún gobierno ha tenido la entereza, por decirlo de alguna manera, de cerrar este capítulo con, por lo menos, un censo, siendo algo tan fácil.

Hemos progresado en ciertas áreas, pero en otras, como educación, valores, familia, nacionalismo, damos tres pasos al frente y dos para atrás, creo que a veces cuatro… En estas fechas es importante la reflexión, pero muchos solo le aconsejan a otros que la hagan, pero no practican lo que profesan.

Dios quiera que un día logremos ese Panamá con el que tú soñabas, igual que otros muchos panameños de antes y hoy.

Querido Alejandro… es otro 20 de Diciembre y sigo teniendo la esperanza de que un día de estos me dejes en ridículo por decir que te asesinaron en esos días de 1989… durante la ‘Causa Justa’, y te aparezcas vivo, con tu amplia sonrisa, ojalá sea en la puerta de mi casa… Ya sé cómo reaccionaré… me quedaré un buen rato callada frente a ti, mirándote de arriba a abajo, incrédula, —¿recuerdas cómo te miraba cuando me enojaba contigo?—… luego, me acercaré y te acariciaré la mejilla, como hacía siempre que nos encontrábamos, te jalaré hacia mí y, tras decirte ‘¡pero sí que eres idiota, ¿dónde carajo estabas?!’, te daré un abrazo, me quedaré pegada a ti unos minutos y luego te haré pasar a la sala, para que veas el Nacimiento y la vela roja que prendo en estas fechas por ti… hermano querido, ¿cuándo regresas?..

* Hermana de Alejandro Antonio Hubbard Torrero.

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<> Este artículo se publicó el 20  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

La reelección y otras hierbas aromáticas

Bitácora del presidente  – La opinión del Abogado,  Empresario y actual presidente de los diarios La Estrella de Panamá y el Diario el Siglo…

EBRAHIM  ASVAT
easvat@elsiglo.com

Dos diputados de poca envergadura en materia legislativa han propuesto despertar el tema de la reelección presidencial para ganar algo de notoriedad pública. No se trata de darle un segundo período a un presidente de la talla de Álvaro Uribe.   Tampoco de Fernando Henrique Cardoso o Luiz Inácio Lula da Silva. Esto solo es pretender congraciarse con un presidente que apenas lleva año y medio en el poder y que no ha marcado trayectoria histórica para ganarse un cambio constitucional que lo promueva a un segundo mandato consecutivo.

 

Pero estas bufonadas políticas la hemos visto por doquier y debemos interpretarla como parte de esa idiosincrasia del político panameño, que sobrevive estando siempre con el que está arriba. Algunos tendremos nuestros minutos de estupidez, y otros no resisten vivir sin ella. Es parte de su diario bregar. Subsisten en la política por estos tipos de actos.

Aquí en el folklore político panameño hemos visto de todo. Desde la idea de llenar la ciudad con piscinas inflables, hasta una pista de hielo en la cinta costera para celebrar la navidad; desde proclamar presidentes como únicos en el siglo, hasta venerarlos en medallas conmemorativas al asumir sus cargos. Bueno en el camino se han dado caso inclusive de otorgarles todas las condecoraciones nacionales, y a uno inclusive se le mencionó en la constitución política.

 

¿Qué hemos hecho los panameños para merecernos esto? Pues ser indiferentes. Pensar que el problema de la crisis política e institucional es de otros. Ahora nos entusiasmamos con un encantador de serpientes. No nos resulte como el flautista de Hamelin que por no recibir los honorarios requeridos se llevo a todos los niños de la ciudad y por ende a las próximas generaciones.

 

Millones más millones menos, ¿quién sabe cuanto mazo reciben nuestras cuentas nacionales? Si de viejas prácticas se trata, no tendríamos que ir muy lejos en las experiencias nacionales e inclusive privadas. Por ende que autoridad moral tienen los que la divulgan.

Soy demasiado racional para creer en pendejadas y otras hierbas aromáticas. No hay duda que un porcentaje significativo de ilusos viven intoxicados de la verborrea alucinante. Se que en algún momento deberán tocar piso y vivir su realidad que es distinta de los falsos profetas, bufones y cortesanos.

Entendamos la cruda realidad política. Están los gamonales y los manzanillos; los primeros , son vendedores de ilusiones con una agenda oculta; los segundos, están siempre a la expectativa que el gamonal deje caer un dólar para poner el pie. Los indiferentes somos todos los que desde las graderías nos entretienen con el circo.

 

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<> Artículo publicado el 10  de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Esencia del juega vivo panameño

La opinión del Abogado…

LUIS FUENTES MONTENEGRO
luisfuentesmontenegro@gmail.com

Parte de la esencia del juega vivo de tantos panameños es pasársela de rosca en rosca. Una rosca es una estructura de amigos, pasieros, cómplices, familiares que son perfectos vividores de esa amalgama de influencias que tienen. Estar en una rosca significa que se tiene poder, y el poder genera placeres que pueden llegar a ser desmedidos. A muchas personas les encantan el poder, por ello pasarían ad infinitum y complacidos en una rosca. Las roscas son diminutos círculos sociales con pretensiones que varían, pero generalmente son de índole económica. Hay roscas donde uno menos se imagina.

Para unos estar en una rosca, prestigia, las consideran un símbolo para presumir u ostentar. Las roscas contienen un principio de afinidad, pues en ellas sólo se agrupan personas con características iguales, la misma calaña, las mismas aspiraciones y la misma metodología. Estar en una rosca no es malo del todo, porque sirve para identificar grupalmente a sujetos similares, vínculos, relaciones de complicidad, lo malo – se afirma- es no estar enroscado y querer enroscarse haciendo estupideces, desarrollando una arrastradera perpetua para ser aceptado como parte de una rosca.

Conozco de mujeres y hombres que hacen lo que sea para estar en la rosca; abogados, médicos, maestros, ingenieros, profesionales y técnicos de cualquiera rama o disciplina, lo que demuestra que no se trata de un asunto de gente común, o de bajos estratos socioeconómicos o sin educación, la obsesión por ser parte de la rosca es amplia, en la persona que menos se cree, existe idea obsesiva por ser parte de la rosca o de estar enroscado, de ser capaz de arrastrarse, ser un infinito arrastrado o arrastrada, sin respeto propio.

En una rosca universalmente se tiene la convicción de que la moral no se come. Con dicho criterio se explica la motivación sublime de toda rosca, el ser alguien, material y utilitaristamente. Lo espiritual no existe, está minimizado, es un artificio o una verdadera mentira.

Sólo se buscan conveniencias, sin importar trastoques de valores, pérdida de credibilidad, pues todo vale cuando se trata de hacer ‘bussines’, estar en la papa, tener palanca para hacer y deshacer. En el afán de tener todo eso y ser parte de una rosca, el panameño tiene la culpa de cada gobernante que le ha gobernado, aunque después de que él mismo lo haya elegido, le critique con voracidad.

 

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<> Artículo publicado el 7 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.