Sobre la sexualidad

 La opinión del Abogado y Locutor

Gabriel D’Annunzio Rosania Villaverde

Los planteamientos y acciones de los miembros de la Comunidad LGTB, de acuerdo a los sectores conservadores, son causa y efecto de la agenda gay que, según estos sectores conservadores, tiene como impronta la destrucción de los valores familiares tradicionales, lo cual es rechazado por los integrantes de la referida Comunidad LGTB que afirman que su único deseo es que se respete sus derechos a la orientación sexual y la identidad de género.

Según el sicólogo y consejero familiar internacional James Dobson, el cual es uno de los principales exponentes de los sectores conservadores de Estados Unidos de América, plantea que la agenda gay tiene como objetivo el desprecio por las Sagradas Escrituras que condenan el homosexualismo, acallar la voz de los ministros y medios de comunicación religiosos, el otorgamiento de privilegios y derechos especiales, la derogatoria de las normativas jurídicas que prohíben las relaciones sexuales de adultos con menores, el adoctrinamiento y la inducción de los menores, el reconocimiento de los derechos de familia a las parejas homosexuales y que los heterosexuales toleren la conducta homosexual.

Vivimos en una sociedad en la cual, de acuerdo a la filóloga Laura Schlessinger, el “respeto por uno mismo” ha llegado a significar «Merezco más respeto que los demás. Consideren la proliferación de grupos con agendas, rencores, exigencias y expectativas individuales basadas en sentimientos de opresión, dificultades, prejuicio, etc. Hoy, las personas se preguntan ‘A ver qué puede hacer tu país por ti’, haciendo exigencias increíbles y excesivas, volcadas hacia sí mismas, apoyando mentiras y distorsiones siempre y cuando ‘sirvan a la causa’».

Con respecto a la educación sexual hay todo un revuelo ya que, desde hace rato, subsiste una propuesta de ley que pretende restringir, en el contexto de los centros educativos, los derechos a los padres y madres de supervisar, orientar y educar a sus hijos e hijas sobre este tópico. La educación sexual corresponde a la enseñanza y la divulgación responsable acerca de la sexualidad humana en todas las etapas del desarrollo y no a una sobresaturación irresponsable de información e imágenes destinadas, no a educar, sino a enervar las apetencias sexuales y a sobredimensionar el pensamiento de algunas personas, como los niños y las niñas, que aún no han alcanzado una plena madurez sicológica, cognitiva, física y mental.

En muchos países ya están reconocidos ciertos derechos a favor de las personas de la Comunidad LGTB, relativos al Derecho de Familia, además de las normas relativas a la orientación sexual e identidad de género.

En el caso de Panamá, mediante el Decreto Ejecutivo No. 332 de 2008 fue derogado el Artículo 12 del Decreto 149 de 1949 que penalizaba “La prostitución clandestina, el proxenetismo, la sodomía y todo vicio de degeneración sexual no especificado en este Decreto…”, aunque esta normativa no minimiza el deber del Gobierno por fiscalizar los efectos sanitarios relativos a las relaciones sexuales.

Por otra parte, existe una propuesta de ley que busca minimizar la homofobia, pero, que en su articulado castiga severamente a los que se expresen en contra de la homosexualidad, lo cual abre muchas puertas al subjetivismo y a la vez es un atentado a la libertad de expresión de quienes piensan diferente. Además, pretenden que legalmente se les reconozca el derecho a casarse y adoptar hijos como parejas formales, inclusive obligar a las religiones que celebren y bendigan sus uniones.

Nadie puede poner en duda que los homosexuales, como seres humanos, tienen méritos y ejecutorias, y que fueron creados a imagen y semejanza de Dios, no obstante, los derechos humanos aplican de igual forma tanto para los heterosexuales como para los homosexuales, entonces, ¿qué falta? La ruta a seguir es el respeto mutuo y la convivencia pacífica, no normativas jurídicas controversiales.

Desconocer el modelo y la fisiología natural, entiéndase que los hombres son para las mujeres y las mujeres para los hombres, y que los hijos y las hijas necesitan ser criados por un padre (figura masculina) y una madre (figura femenina), no es mas que un atentado contra el desarrollo emocional, cognitivo y mental de toda persona humana y, en consecuencia, contra la estabilidad de las familias y del resto de la sociedad, por las situaciones de riesgo sanitario (enfermedades venéreas, esterilidad y muerte), por la vulneración de derechos elementales de los niños y las niñas (las relaciones sexuales de adultos con menores de edad están tipificadas como delitos por una gran cantidad de países) y por los conflictos de identidad que se puedan generar (“¿qué soy, si vivo con dos mamás o dos papás?”).

Me opongo al odio y la discriminación contra quienes practican la homosexualidad, indistintamente de si lo que hacen es contrario a las leyes divinas y las leyes naturales, sin embargo, debe quedar claro que la sexualidad no es un asunto que se limita al plano sensorial y genital, sino más bien al hecho de ser parte del diseño universal de reproducirse, poblar la tierra y amar, lo que no puede ser cambiado por cirugías, vestimentas, razonamientos y normativas.

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Publicado por el autor en nuestro muro en Facebook el 27 de septiembre de 2013.

Reflexión a propósito de declaraciones del Papa

La opinión de…

 

Ángela I. Figueroa Sorrentini

Dice el Papa que la homosexualidad está contra la naturaleza. Habría que comenzar por definir qué es estar “contra la naturaleza”. Si estar contra la naturaleza es atentar contra ésta, actos contra natura –como los llama la Iglesia– serían todas las prácticas de consumo, malos hábitos en la disposición de desechos y proyectos desarrollistas que contaminan las aguas, secan los ríos, devastan millones de hectáreas e inundan otras tantas, acometen contra la flora y la fauna y aumentan de forma amenazadora el calentamiento global.

Aunque algunas y algunos piensan que el sexo gay o lésbico es lo más caliente que existe, les aseguro que no hay prueba científica alguna de que aumente el calentamiento global, afecte el curso de los ríos o coloque en peligro de extinción a especies marinas o aves tropicales.

Si estar contra la naturaleza es actuar en formas que no son inherentes a nuestra biología, sino que van en contra de ésta, la práctica sexual contra natura por excelencia sería la perpetua abstinencia. El sexo entre dos personas del mismo sexo no va contra nuestra biología, pues nacemos con el equipo y el potencial para dar y recibir gratificación sexual, tanto de personas del mismo sexo como del sexo opuesto.

Si el argumento es que va contra nuestra biología, porque dos personas del mismo sexo no pueden procrear, están cometiendo un grave error de razonamiento lógico: el que el sexo sirva para procrear no significa que tiene que limitarse a ese fin. El reducir el sexo a la reproducción de la especie es un argumento religioso, cultural, social, no un imperativo biológico. Además, quienes lo arguyen caen en la hipocresía de la doble moral, pues no condenan como contra natura el sexo entre personas del sexo opuesto, que no resultará en embarazo porque uno o ambos son estériles, porque usan protección o por otras razones. Y pregunto a las y los heterosexuales –sean sinceros (as) por favor– ¿cuándo fue la última vez que usted tuvo sexo cruzando los dedos para que el fruto fuera un embarazo?

Si estar contra la naturaleza tiene que ver con afectar/actuar sobre/transformar lo que se da naturalmente, contra natura sería producir, distribuir y consumir productos enlatados o congelados que prolongan la vida natural de frutas, vegetales, granos, mariscos y carnes. Contra natura sería la electrificación, focos con baterías y velas que prolongan la luz más allá de lo que la naturaleza brinda. También, las tecnologías médicas que permiten prolongar la vida con respiración artificial, transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos y tecnologías   similares.

Lo que nos lleva a un importante planteamiento: no todo lo que va contra la naturaleza es malo o inmoral.   En esta acepción, lo contra natura en materia sexual sería el uso de juguetes sexuales –sin que quiera decir que eso es malo o inmoral– más no el uso de la piel, la mente y toda la riqueza de órganos que la naturaleza nos regala y que sirven muy bien para el disfrute sexual, sea entre personas del mismo sexo o del sexo opuesto.   Ni siquiera sería contra natura el uso de pepinos o plátanos, porque eso también nos lo brinda la naturaleza y crecen sin una inscripción en su cáscara que diga: para alimento solamente.

Si estar contra la naturaleza es, como dice el Papa, “contra la naturaleza de aquello que Dios ha querido originariamente”, entonces no puede afirmarse que haya algo en este mundo contra la naturaleza. Aún si usted cree que existe ese ser sobrenatural que llamamos Dios, no hay forma humanamente posible de conocer qué es lo que esa entidad quiere, originariamente o en el presente. ¿Cómo lo sabríamos? Por la Biblia no, porque es racionalmente demostrable que la Biblia no puede ser la palabra de un ser quien es, por definición de los creyentes, omnisapiente, perfecto y sin error.

Porque lo dice el Papa o la Iglesia tampoco, porque el Papa es un ser humano y la Iglesia es un producto de seres humanos.   Recuerde que son estos seres humanos –no Dios– quienes dicen que su palabra es la palabra de Dios. Creerles sería admitir su fe ciega en hombres, no en Dios.   ¿Porque Dios lo puso en su corazón? Si cree en Dios, cree también en el diablo, ¿cómo exactamente sabe que fue Dios y no el diablo quien se comunicó con usted? ¿Cómo sabe que no es un diálogo de yo con yo? Por reclamos similares en los cuales no se incluye a Dios o a la religión, hay mucha gente internada en hospitales psiquiátricos.

En conclusión: no importa cómo definamos contra la naturaleza, no aplica a la homosexualidad.

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<> Este artículo se publicó el 4 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Gais en la Conquista

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La opinión del Educador…

Pastor E. Durán Espino 

Joachím de Muñoz, un español amigo de Vasco Núñez de Balboa, escribió de éste en 1519 lo siguiente:  “Debo deciros que aqueste mi amigo, Balboa… (…) es alto e de muy bella semblante, bien barbado e mejor formado de miembros, piel blanca e voz poderosa; e creo yo questa belleza de cuerpo es la que carcome de envidias á los hombres menguados…;  aquesta belleza e la gloria que corona el nombre de Núñez“.

Cuenta el cronista de la Conquista, Pedro Mártir de Anglería, en su obra “Década del Nuevo Mundo”, que cuando vuestro hermoso héroe Vasco Núñez de Balboa cruzó por primera vez el Darién rumbo al “Mar del Sur”, tuvo una gran batalla en la comarca llamada “Cuarecuá”, con la gente del cacique Torecha.   Los indígenas perdieron la batalla. Al tomar Balboa el poblado, la casa de Torecha fue encontrada “llena de nefanda voluptuosidad”.   El hermano de Torecha fue encontrado con vestidos propios de mujer “y a otros muchos acicalados y… dispuestos a usos licenciosos”. Balboa ordenó tirarles los perros, no en el sentido figurado que le damos los panameños a esta expresión, sino en el sentido literal, pues los conquistadores españoles llevaban perros amaestrados que clavando sus dientes en la carne desnuda de aquellos indios sodomitas, a los cuales llamaban “camayoas”, destrozaron ¡a cerca de cuarenta!

El rechazo a los homosexuales era algo que traían los europeos del siglo 16 muy arraigado en su cultura desde tiempos inmemoriales. A pesar de esto, el sacerdote sevillano Bartolomé De Las Casas, en su Historia de las Indias, dice con mucha sensatez:    “Y que fuera verdad muy bien averiguada que aquellos que traían aquel hábito mujeril era por aquel pecado, ¿quién hizo juez a Vasco Núñez, o con qué autoridad se constituyó alcalde en señorío y jurisdicción ajena, siendo él súbdito de aquellos naturales señores por estar en su tierra y que de justa justicia, por sus tiranías, invasiones y robos tan universales y por toda ley natural, divina y humana, dañados, si fuerzas tuvieran, podían hacerlos cuartos y tajadas?”

La cultura indígena también era homofóbica, pues cuenta Anglería que al divulgarse la severidad de los españoles “contra aquel linaje obsceno de hombres”, los pueblos acudían a Balboa “como a Hércules” presentando a los contagiados “de aquella peste”,   y escupiéndoles “clamaban que los quitaran de en medio…” O sea, al igual que los europeos, los indígenas consideraban al homosexualismo como una “enfermedad”.   Hoy, los científicos consideran al homosexualismo como una “opción”.    Lo que nos causa risa es que el citado Anglería, que era italiano, al parecer desconocía que, según la mitología griega, Hércules fue un semidiós homosexual.

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<>Artículo publicado el 28 de octubre de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/duran-e-pastor-e/
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Intentando un país sin Dios

La opinión de…

 

Pedro Medina

Ya han quedado atrás los días de aquellos regímenes, donde se enseñaba ateísmo en las escuelas; y que llegaron a cometer algunos de los más horrendos crímenes de la humanidad. No obstante, y ahora de forma más lite o disimulada, hay quienes pretenden que nos olvidemos de nuestras creencias religiosas y que hagamos leyes, instituciones y eduquemos a nuestros hijos sin Dios.   Y es que, sin ser perfectos, los panameños aún conservamos nuestras creencias: bautizamos a nuestros hijos y los enviamos a hacer la primera comunión, caminamos la procesión, creemos en la Biblia y en lo que nos enseña nuestra religión cualquiera que ésta sea.

Y qué bueno que es así, porque con todo y nuestros defectos no caemos en los sorprendentes absurdos que llegan a cometer las personas, letradas incluso, cuando simplemente quitan a Dios y se van a discernir las cosas a su modo. Como por ejemplo, enseñarles a niños en la escuela que la homosexualidad y la prostitución son opciones en la vida; o prohibir poner crucifijos en lugares públicos, o que alguien vaya a un parque a desnudarse porque ganó la selección de Panamá; y que encima luego le lluevan vivas y felicitaciones. Matar a una criatura que se está formando en el vientre materno, y hacer que esto sea legal y más aun una causa noble que hay que defender.

No somos perfectos ni mucho menos, pero los panameños conservamos latente nuestra creencia en el Dios que nos hizo y nos da la vida. Claro está que en una democracia no todos pensamos igual. Por eso en nuestro pequeño país tú puedes ser como prefieras: desde ateo puedes ser, o protestante, homosexual si te gusta, musulmán o mormón. No hay leyes que te impidan pensar diferente ni vivir como piensas. Como sí ocurre en otros países, donde te pueden castigar con penas que llegan a ser inhumanas por tú no estar de acuerdo con la doctrina oficial.

En Panamá no hay leyes que prohíban la práctica de la homosexualidad, aunque la mayoría pensamos que es una conducta desviada de lo normal.   Y sería interesante ver que estos “hombres nuevos de Panamá” dedicaran sus esfuerzos a solidarizarse en otros países donde dicha práctica es ilegal y es penada por ley.   Pero como en Panamá no hay leyes que lo prohíban, entonces lo que se busca es pasar esta ley 50 que, según han dicho sus defensores, es para que la mentalidad del panameño cambie respecto al tema. De modo que la ley quiere es resaltar esta conducta de un grupo minoritario a fin de que la mayoría lo acepte como normal. Se propone prohibir hasta las bromas y los chistes acerca de homosexuales.

Siempre ha habido homosexualidad, pero lo nuevo es pretender que la sociedad, incluso la inmensa mayoría que no la practica, la tenga que aceptar como normal. Esto solo puede caber en una mente que ha decidido quitar a Dios del medio. Pero, como bien han dicho los promotores de esta ley: ellos piden que el debate no sea religioso. O sea: demandan que el tema sea analizado sin Dios. Ellos por su parte ya lo hicieron: han quitado la Biblia y todas las enseñanzas para, en vez de eso, poner sus propias teorías. Y es que la Biblia y el catecismo de la Iglesia prohíben la homosexualidad, la prohíben los evangélicos, también el islam y todas las grandes religiones. El Dalai Lama ha dicho textualmente que la homosexualidad es mala.

En Panamá ya intentaron hace poco imponer la enseñanza de la homosexualidad a los niños con el nefasto anteproyecto de ley 442, que fue ampliamente rechazado por el pueblo. Pero esta vez viene un poco más disimulado: ahora dicen que solo quieren una ley para no ser discriminados. Si les concediéramos la razón en esto, entonces habría que prohibir también los chistes contra los ñatos, los judíos, los gallegos, etc. Si te burlas de otro porque es chaparrito o porque es calvito, entonces irías para la cárcel también, para ser justos con todos.

En una democracia, que es el sistema en que los panameños hemos elegido vivir, este tipo de leyes no tienen cabida. Y va en la educación y cultura de cada quién saber que no tienes derecho de mofarte de otro ser humano solo porque no lo ves igual a ti. Señores gais: como están las cosas ustedes son libres de vivir y creer como les parece. Pero nunca olviden que son parte de una minoría. Como pueblo la mayoría hicimos una opción por Dios: creemos en la Biblia, nos persignamos al pasar frente a la Iglesia, queremos a Dios en nuestras casas, no nos interesa sacarlo de nuestras leyes ni de nuestra educación. Y al que no le parezca está muy bien, bienvenido a Panamá. Pero por favor dejen las leyes de mi país como están.

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<> Este artículo se publicó el 27  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Una mamá llamada Ramón?

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La opinión del Jubilado del Cuerpo de Ingenieros de EE.UU…..

Carlos E. Rangel Martín

Dos vacas no pueden reproducirse. Dos caballos, tampoco. No pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la biología.   No son cosas de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana. Definitivamente, no es un invento de la Iglesia católica.

Varios siglos antes que Jesús naciera en Belén de Judea, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer para crear una familia. La escueta realidad es que sólo una mujer, con la participación de un varón, puede tener hijos, que son la base de la familia.

El término “matrimonio” procede de la unión de dos palabras del Latín: el sustantivo “mater – matris” y el verbo “munio”. El sustantivo significa “madre” y el verbo significa “proteger”. Consiguientemente, el matrimonio consiste en la protección, por parte del padre, de la madre, que es la más importante y noble ocupación humana.

Cada término tiene su significado particular, y en Francia, por ejemplo, el acrónimo PACS denota un Pacto Civil de Solidaridad, que consiste en un contrato legal entre dos adultos, ya sean del mismo sexo o no, pero que desean compartir sus bienes igual que las parejas unidas por matrimonio, Por consiguiente, este PACS, cuya descripción aparece en http://www.vos-droits.justice.gouv.fr/vos-droits-10062/le-pacte-civil-de-solidarite-10209/, no es un matrimonio, como equivocadamente han hecho ver algunas publicaciones locales.

Aún más, llamar “matrimonio” a un “contrato” entre personas del mismo sexo, no sólo denota un desconocimiento de las inconexas etimologías de esas palabras sino que, jurídicamente, es un disparate. Dicho contrato podrán llamarlo PACS, “homomonio”, “lesbimonio”, lo que quieran, menos matrimonio, porque este término ya fue inalterablemente definido hace mucho tiempo.

Nadie llama pastel de manzanas al que está hecho de fresas. Lo curioso es que, cuando uno rectifica los términos, algunos miran extrañados, como si no se reconociera la libertad de las personas. Y por más que uno diga que sí, que uno respeta la libertad individual, que cada quien puede hacer con su vida lo que quiera, pero que el matrimonio tiene un significado inalterable, entonces van y lo llaman intolerante o irrespetuoso.

No sabemos lo que harán los legisladores a la hora de votar por propuestas semejantes, porque ellos son políticos, no juristas. Probablemente votarán según sus intereses políticos, no según el estricto Derecho. No obstante, de empezar a aprobar leyes absurdas, como una que intentara cambiar el significado del término “matrimonio”, estarían trastornando seriamente nuestro léxico legal y nuestro idioma; como sucedió en un lugar cuyo nombre me reservo, donde una profesora le preguntó a un alumno cómo se llamaba su madre y el niño contestó: “Mi mamá se llama Ramón”.

Nota: Este artículo incorpora y amplía un comentario que circula por la Internet, atribuido a José Carlos Areán, “supuestamente” Capellán del Real Club Celta de Vigo. Enfatizamos “supuestamente” porque nos fue imposible confirmar que ese sea el nombre del actual capellán de ese equipo del fútbol español.

 

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<> Este artículo se publicó el 23  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Mas artículos del autor en:  https://panaletras.wordpress.com/category/rangel-martin-carlos-e/

Pretensiones erradas

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La opinión de….

Guillermo Tatis Grimaldo, hijo

Hay un sentimiento general de que nuestra sociedad va perdiendo valores sensibles, necesarios para la sana convivencia de la familia panameña y la preservación de su dignidad humana. Resulta peligroso y obran en nuestra contra aquellas pretensiones erradas que llevan propósitos de cambiar el orden social y natural.

En la Asamblea Nacional se discute un proyecto de ley que pretende imponer multas y penas de cárcel a quien ofenda o agreda a homosexuales que tiene como propósito oculto convertirse en preludio de lo que será una exigencia de mayor trascendencia.

Es necesario dejar claro que el resto de la sociedad no tiene nada contra ellos, tampoco es cierto que la sociedad los rechace, so pretexto de homofobia; una vez más, este es un país en el que la tolerancia se practica de hecho, aquí todos podemos vivir la intimidad como mejor le parece a cada quién.

Lo que resulta inaceptable es que el resto de la sociedad tenga que consentir sus excesos, su conducta extravagante y exhibicionista, contraria a la moral y a las elementales normas de conducta pública. La comunidad lésbica-homosexual no puede exigirle al Estado panameño que preserve a ultranza derechos para ellos y ellas en detrimento de los demás grupos o comunidades, como castigar a los que ofendan a un grupo cuando lo consecuente es que se castigue a todo aquel que ofenda, difame o ataque a cualquier ser humano o ciudadano sin distingos de religión, condición social, oficio, nacionalidad, edades, sexo, gustos o placeres.

La razón debe estar por encima de todo, y siento muy a mi pesar que lo que sigue es exigir una ley que les permita contraer matrimonio, francamente me parece una aberración. El deseo de esta pretensión es inaceptable porque vulnera el sano juicio, la naturaleza humana y el significado mismo de matrimonio.

De una unión de dos hombres o dos mujeres, no puede surgir nada coherente, sino la terrorífica posibilidad de que adopten un crío, y de llamarlo matrimonio tampoco. El derecho romano consagra desde hace siglos, inclusive antes de Cristo, que matrimonio es la unión de un hombre y una mujer, cuyo propósito es tener descendencia, es decir hijos y la de constituir una familia, como principal intención; lo establece también el antiquísimo y sabio código. Cualquier pretensión o interpretación distinta es un descomunal error. Matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer.

No obstante, lo peligroso de todo esto es que mañana aparezca quien pida derechos y que se les reconozca la unión de un padre con su hija o que se le acepte en matrimonio a un hombre que ha decidido sacarse a su hermana, o qué tal, un antojo de alguien de que le casen con su jumento. Quién podrá decirles que no, acaso no tendrán el mismo derecho que hoy exige la comunidad gay.

Pero hay otras luchas más importantes que debemos librar. Es la aprobación de la Ley de Esterilización en igualdad de condiciones y conveniencia para hombres y mujeres, y la divulgación efectiva de la política de uso de preservativos, aunque nos valga entrar en contradicción con las iglesias, porque puede verse como una interrupción contranatural o divina a que los hombres y mujeres sigan teniendo prole hasta donde su rienda por el sexo alcance, pero no, resulta obligante en el marco de una serie de políticas encaminadas a mitigar la pobreza y las enfermedades fatales de contagio por relaciones sexuales.

Además, por qué es necesario el control de la natalidad, por dos razones muy sencillas, no podemos seguir reproduciéndonos infinitamente en un mundo que es finito, ni tampoco traer hijos para condenarlos a vivir en la miseria material y humana.

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<> Este artículo se publicó el 20  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/tatis-g-guillermo/

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En Francia no existe el matrimonio gay

La opinión del Escritor y Analista Político…

Rafael Montes Gómez 

Es un hecho que el tema del mes es el matrimonio gay y, sobre todo, el supuesto “matrimonio” de Agustín y Carlos. Si lo que buscaban era notoriedad, sí que lo han logrado. Nadie se mete en las relaciones de los gais, en este caso, ellos mismos se aseguraron de que saliera publicado en todos los diarios del país. Tampoco han callado que “se aman” y tienen 3 años de “relación”.

Asimismo, ya salió el señor Beteta a hablar sobre la inconveniencia de publicitar esa unión, porque nosotros los que nos oponemos al proyecto de ley No. 50, vamos a decir que eso del matrimonio gay es precisamente lo que buscaban. Tarde, ya lo sabíamos y lo denunciamos desde el primer momento que eso es lo que buscan. Hemos dicho desde el día uno de nuestra campaña que “el reconocimiento tácito de la orientación sexual por género que implica la aprobación del proyecto de ley No. 50, es el paso previo al matrimonio homosexual”.

En Francia no existe el matrimonio gay. Los países que han aprobado el matrimonio gay son Holanda, Bélgica, España, Noruega y Suecia; en ese orden. La gente habla de Europa y de ponerse a tono con esas corrientes modernas, no obstante si bien al igual que en Panamá, existe mucha indulgencia en lo sexual y tolerancia hacia el tema homosexual, en la mayoría de los países europeos no existe el matrimonio gay.

El PACS (1999) o Pacte Civil de Solidarité o Pacto Civil de Solidaridad, como lo concibe la ley francesa no es matrimonio. El gobierno francés decretó como ley civil el PACS y están disponibles tanto para las parejas heterosexuales como las homosexuales y otorgan muchos de los derechos asociados con el matrimonio, aunque no todos los derechos.

Un alcalde de una ciudad de Francia ofició una ceremonia pública para una pareja homosexual, amparándose en el PACS y llamándole “matrimonio”. Lo que ocurrió es que el acto civil fue demandado y fue revocado de inmediato, debido a esa falta de la autoridad de catalogarlo de matrimonio o casamiento.

Las personas que acceden al PACS pueden beneficiarse de la seguridad social de su pareja y comparten las deudas.   En el parlamento francés tratan de introducir alguna legislación que permita el matrimonio gay o elevar el PACS a matrimonio.

Mientras en Panamá, Augusto y César pueden seguir profundizando en su relación que han declarado tan abiertamente al mundo, no hay impedimentos legales, solo los de Dios.

<> Artículo publicado el 9 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.