Para las personas especiales y sus padres

La opinión de la Psicóloga y Docente Universitaria….

YOLANDA CRESPO
zedirto@cwpanama.net

Para muchos tener un hijo diferente es una desgracia, entendamos que todos podemos quedar discapacitados en un momento dado, por un accidente, un infarto cerebral por muchas circunstancias ajenas a nuestros deseos.

El psicólogo ítaloamericano Leo Buscaglia escribió LOS DISCAPACITADOS Y SUS PADRES un libro que aborda este tema profundamente.

Muchos padres pasan por un periodo de negación, recriminaciones, auto castigo, del porqué esto les ha pasado.

Realmente muchos de estos jóvenes son mucho más compañía para sus padres que los hijos sanos serán el resto de la vida.

Las cosas no siempre salen como disponemos, debemos aceptar la persona como es, ayudarla a vivir dentro de un mundo difícil, duro , lleno de prejuicios, dar lo mejor de nosotros mismos, procurarle un ambiente positivo. No se nace con un impedimento es el medio circundante lo que lo determina.

La psicología de los discapacitados es una psicología social basada fundamentalmente en la interacción con los demás en el ambiente personal y particular del individuo. Es posible que los discapacitados asuman opiniones e impresiones que la sociedad tiene, proyecta, en cuanto a la discapacidad física, como parte de su comportamiento y personalidad este fenómeno se conoce como somatopsicología. Estudia la manera como la sociedad responde ante la discapacidad, el modo de actuar, las interacciones y sentimientos ante los discapacitados. Esta influye sobre ellas limitando su autoestima, modo de actuar, modificando sus sentimientos y relaciones interpersonales.

La escritora norteamericana Pearl Buck, Premio Nóbel de Literatura en 1938, pasó la mitad de su vida en China, relata que mientras su hija nacida con un retraso mental grave vivió allí, jamás fue tratada como discapacitada, los chinos aceptaban la discapacidad como un simple hecho de la vida, se ocupaban de ellos como otro niño más. Empezó a notar la estigmatización y los prejuicios al regresar a la cultura occidental.

‘El primer grito de mi corazón cuando supe que ella sería siempre una niña, fue el grito ancestral que todos emitimos ante lo inevitable. ‘Por qué me tenía que pasar esto a mí’ No podía recibir respuesta a esta pregunta, no la tuve.  Entonces ella misma empezó a ver a su hija como impedida, tratarla de esa manera y a sentirse incómoda.  Ella recomienda que nos sintamos orgullosos de nuestros hijos discapacitados.

Se pertenecen a ellos mismos, cada uno es diferente y único, son seres humanos, personas que sienten y tienen las mismas necesidades de amar y ser amados, de aprender, experimentar lo mismo que nosotros. No son monstruos, tienen derecho a equivocarse como nosotros, caerse, fracasar, sufrir, maldecir, desesperarse, si los sobreprotegemos les impedimos vivir. Deben aprender hacer las cosas por si mismos, tratar de ser autosuficientes hasta donde sea posible.

Tienen derecho a vivir y a ser felices, poseen un potencial ilimitado para llegar a ser las cosas que son importantes para ellos, necesitan al mundo y a los demás. El mundo es la mejor escuela de la vida.

La disciplina es una de las enseñanzas más valiosas que podemos utilizar con ellos, basada en el sentido común, una preocupación real tratarlos con amor. No creo en la integración, como docente me he dado cuenta que no funciona. La mayoría de las personas no se atreve a tratar a los discapacitados como trataría a los demás, tememos hacerles daño, contribuyendo al aislamiento social que puede significar en privarlos de las primeras relaciones significativas con otras personas.

Recomendamos participación en planteles multidisciplinarios, planeamientos de educación especial individualizada, controles del progreso, asesoramiento a los padres, planificación de actividades extracurriculares. Utilice un lenguaje claro, una atmósfera cálida y abierta, asesorar padres e individuos excepcionales.

El rol de la familia como encara la discapacidad es esencial, siendo la fuerza individual mas destructiva de la individualidad, el crecimiento humano y la personalidad.

Algunos se avergüenzan de sus hijos excepcionales, los esconden, someten a sus hijos con el síndrome de Down a operaciones dolorosas de cirugía plástica para disimular la discapacidad, que su hijo se vea normal.

Sin tomar en cuenta lo doloroso que esto pueda ser para la criatura.

Algunos matrimonios se desintegran, otros se consolidan y adaptan. Los discapacitados tienen derechos. No olvidemos aquellas personas que al final de su vida se convierten en discapacitados.

Procuremos escuchar los discapacitados hablar sobre sus obstáculos, frustraciones, temores, diferencias, aceptan que nunca serán normales, el dolor, los sentimientos encontrados.

Muchos dejaron su nombre en la historia como Henri de Toulouse Lautrec, pintor francés, el científico británico Stephen Hawking, Lord Byron, Fyodor Dostoevsky, (escritor ruso epiléptico), el gran músico Ludwig van Beethoven (sordo) Andrea Boccelli, José Feliciano, Stevie Wonder (cantantes ciegos), Jorge Luis Borges eminente escritor (ciego), han dejado grandes contribuciones a la humanidad, ciencia, artes, la literatura.

Debemos proporcionar todo lo necesario para la educación, superación personal y física a estas personas, que tanto lo necesitan. Es muy importante el rol específico del maestro asesor. Educar el cuerpo, la mente, satisfacer las necesidades afectivas del discapacitado dentro y fuera del aula. Debemos recordar que ellos también tienen instintos sexuales. Se les debe asesorar sobre el comportamiento sexual, muchos se casan y tienen familias. Otros sufren decepciones, como todos nosotros, nadie se salva.

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<> Este artículo se publicó el  6 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.
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Un ejemplo esperanzador

 

La opinión del Educador…

Fredy Villarreal Vergara

Que la educación panameña está sumida en una crisis, es una información poco novedosa con la que ya llevamos conviviendo varias décadas, tiempo en el que hemos visto pocos o ningún cambio positivo.    Los males de este sistema anacrónico aparecen por doquier: problemas de infraestructura, organización curricular obsoleta, falta de una verdadera capacitación del docente, alejamiento escuela–sociedad,  poco apoyo de los padres de familia en las tareas educativas y un largo etcétera que ya hemos repetido demasiadas veces.

Por ello, prefiero dedicar estas líneas al verdadero centro de todo proceso educativo: el estudiante, cuyo día de homenaje se celebra cada 27 de octubre.

La vida me ha dado la oportunidad de laborar como docente en una escuela nocturna que además tiene una extendida, donde cada noche he podido observar los auténticos sacrificios de estudiantes que se empeñan con ahínco en demostrarse y demostrar a los demás que la firme convicción que tienen de que la educación es el mayor instrumento transformador de la calidad de vida de las personas, es valedera.

Una noche cualquiera, tras la sesión de trabajo, hay estudiantes que se trasladan a sus casas a caballo o a pie sorteando monte y quebradas, ríos embravecidos y la más absoluta oscuridad, en recorridos que pueden durar hasta dos horas.

El estudiante de la nocturna para quien el sistema no regular representa una segunda oportunidad, casi siempre ocupa el día en su trabajo cotidiano, y dispone de muy poco tiempo para estudiar o elaborar trabajos, y aún así, en la mayoría de los casos cumplen con sus deberes escolares, precisamente porque están comprometidos con su aprendizaje.

Esta experiencia me ha dado la ocasión de presenciar una situación que no podría verse en el sistema regular: madres e hijos como compañeros de clase, donde cada mamá que asiste, de vez en cuando se ve impulsada por el instinto maternal no solo a tratar de captar una lección o de obtener una buena calificación, sino a estar pendiente de lo que hace el hijo, de cómo rinde, de cómo aprende, de ver en qué puede colaborarle; y al contrario, también sucede: a algunos hijos que aprenden sin problemas y a una mayor velocidad que sus madres, los he visto expresar alguna preocupación cuando éstas –convertidas en compañeras de clases– no mantienen el ritmo de aprendizaje que él lleva, olvidando quizás que pertenecen a generaciones diferentes, y que eso en tareas de aprendizaje a veces marca diferencias.

Ante un panorama como este, en el que los estudiantes son realmente inspiradores, uno se pregunta, ¿qué es lo que debemos hacer para que nuestros estudiantes en general sientan esta necesidad de aprender más allá de la simple promoción o consecución de títulos? ¿Qué hay que hacer para desarrollar primero la cultura del aprendizaje y después la de la promoción? Esta es una cuestión sobre la que tenemos que reflexionar. Mientras tanto, en el mar picado de nuestro sistema educativo, seguiré navegando con la infalible convicción de que en educación nada está perdido, mientras expreso mi admiración por estos estudiantes que, como en Tonosí, sé que existen en otras latitudes de la patria istmeña, y que han de ser fuerza impulsadora para la larga travesía que nos espera.

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<> Este artículo se publicó el 1  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/villarreal-vergara-fredy/

Hay vida más allá de los ‘malls’

 

La opinión de…

Ivonne Checa Fonger

Los padres solemos quejarnos porque los niños de hoy no juegan a “la queda” o “el escondido” o porque no corren, en fin, son sedentarios y tecnológicos. Pero si analizamos un poco nos daremos cuenta de que muchos padres y madres somos –sin ánimo consciente– cómplices de ello; los invitamos al cine, a algún centro comercial, a comprar un juguete de temporada (por inservible que sea) a cualquier cosa que nos haga sentir que hemos cumplido con ellos.

Estos días de lluvia, en algunas familias, son de los más escalofriantes; se escucha la frase “estoy aburrido” casi, como un coro celestial. Unos quieren ir a la acostumbrada caminata en algún centro comercial, que incluye la compra de “algo” –no importa qué sea–, lo importante es comprar, y si hay algún adolescente poco cooperará con las decisiones, porque ellos se ajustan. Si están ocupados en su mundo personal, responderán con un profundo “no sé”; mundo personal que se llama últimamente “bb”.

Algunos niños y niñas, por lo general, no juegan bajo la lluvia. Eso es de esperarse, porque cuando nos lo piden les decimos: “no inventes”, “no, te vas a resfriar” “no, acabas de pasar un resfriado”, “no, después cae un rayo y te mata”, “no, dice tu abuela que las primeras lluvias son malas”.

Curioso, pero real, es triste que nuestros pequeños no disfruten más de la naturaleza; vemos que no quieren hacer algunas cosas porque están muy grandes para ello. Sería interesante inspirarnos, en ese día de lluvia, en tantas anécdotas que escuchamos sobre ese tema en común en algunos hogares, y comenzar alguna campaña casera para los más tiernos de la casa. Nombrarla de algún modo, para crear más inspiración en ellos. “No dejes que te roben niñez”, por ejemplo; hacer un cartel y pegarlo en la puerta de su habitación, aunque después nosotros mismos protestemos que el pegamento dañó la pintura de la puerta. Vale la pena si se trata de rescatar un poquito de lo que sea, siempre que sea bueno.

Poner en práctica juegos como: palitos chinos, indias, bingo, pollito, cruz y cero, en fin motivarlos. La próxima vez que llueva invítelos a sentir las gotas de la lluvia y ¿por qué no?, a una competencia de barquitos o cualquier sencillo juego que usted pueda compartir con ellos, soy consciente que muchos padres no cuentan con el tiempo y que, seamos honestos, cuando llegan los fines de semana solo queremos descansar de las faenas duras que muchos tenemos o hacer otros pendientes, pero vale la pena intentarlo.

Hay vida más allá de los malls, que aprendan a disfrutar de las cosas sencillas que nos regala la vida, alejados de lo material y tecnológico (con lo que no estoy en contra, utilizo y me beneficio), pero combinemos estos elementos, un poquito más descalzos y sin capotes.

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<> Este artículo se publicó el 27  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/checa-fonger-ivonne/

Pollito, una anécdota familiar

La opinión de….

J. Enrique Cáceres-Arrieta

El Día del Niño de 2007, mientras los niños celebraban su día en las escuelas, mi hijo Jonatán ganaba un pollito en una tómbola escolar.

No era la primera vez que los mellizos regresaban con pollos de la escuela. Hacía un par de años me habían preguntado si podían llevar unos pollitos al apartamento. No objeté y su madre tampoco lo hizo. De manera que varios pollos fueron acogidos en la familia.

El pollito ganado por Jonatán era diferente. Pasaron semanas, y Pollito (así lo llamaba su dueño) creció; y junto con un conejo, unos pececillos y una perrita contribuían a la alegría del hogar.

Una noche, me informaron que Jonatán y David (los mellizos) lloraban porque Pollito estaba moribundo al ser golpeado por la puerta de la cocina. Mientras iba para ver qué pasaba, un zarpazo de sentimientos y emociones encontrados trajo a mi memoria una escena en la cual lloraba ante las plumas de mis periquitos que un gato había devorado. El dolor fue indecible. De modo que sabía muy bien lo que sentían los mellizos, especialmente Jonatán, dueño del pollito. Quizá para alguien sea tontada escribir sobre un pollo, y hasta pensará que el problema se habría resuelto comprando otro.

Uno de los errores más recurrentes de los padres es invalidar las emociones de sus hijos y abandonarles física y afectivamente, criándose sus hijos como niños huérfanos de padres vivos. No se trata de consentir o ser indiferentes, sino validar apropiadamente las emociones de nuestros hijos.

Al llegar al apartamento, encontré a Jonatán llorando a lágrima viva y a Pablo (mi hijo mayor) abanicando al pollo. Abracé a Jonatán y le pregunté qué sucedía. Entre sollozos contó lo sabido. Quería que al expresarlo fuese terapia para él y sintiera que papá estaba interesado en sus cosas.

El pollo se veía muy mal.  Supuse que moriría, y me dispuse preparar a mis hijos para lo peor.   Me equivoqué.   Mientras consolaba a Jonatán, David salió llorando del cuarto donde oraba por el pollo.   De repente Pablo exclamó que el pollo estaba vivo.

Contra mi diagnóstico, el pollo sobrevivió; los mellizos lo atribuyeron a un milagro. Decían que Dios había escuchado sus plegarias.   Cierto o no, el pollo se recuperó gracias al cuidado de los niños.

El 20 de agosto, Jonatán por accidente atropelló a Pollito con un carrito que montan los niños pequeños. Pollito estaba muerto y Jonatán lloraba a cántaros. Traté que el chico no se sintiera culpable, y en medio de todo sintiera mi consuelo, amor y empatía.   En ningún momento insinué reprimir el llanto sino que convalidé sus emociones y le animé a expresar su dolor.

La tarde del 20, fuimos aenterrar a Pollito. Camino al entierro, Jonatán advirtió: “De ahora en adelante no tendré más mascotas tan frágiles”. Me partió el alma al externalizar Jonatán el profundo cariño que tenía al pollo, al preguntar: “Papá, ¿los pollos van al cielo?”. Respondí no recordar si la Biblia decía algo al respecto. Además, aseveré a mis hijos que la muerte de Pollito era una lección para que viéramos la brevedad, unicidad y fragilidad de la vida.   A solas con mis pensamientos y meditando en la pregunta de mi hijo, recordé que la Biblia revela que en la Nueva Jerusalén habrá animales pero las bestias salvajes no harán daño ni al niño de pecho,   y “morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará”.

A propósito del cielo, ¿es “perversa” la creencia del cielo?  Perverso es adulterar (para confundir) la esperanza del cristiano con fanatismo religioso que ve al cielo como recompensa por dañar al prójimo.    Si el cielo fuese una creencia falsa (según el cientificismo, toda verdad para ser verdad debe pasar por el filtro de las ciencias naturales, creyéndolas omnímodas e infalibles), prefiero ser soñador que un matador de sueños.

A pesar de las muy merecidas críticas al fanatismo religioso, Ravi Zacharias sostiene que “solo la religión permanece como bastión de esperanza frente a la muerte, tanto para el difunto como para su dolorida familia”.   Luego de acariciar el suicidio y desistir, León Tolstoi escribió en su autobiografía: “La mayoría de las personas tiene una vida más difícil que la mía y, sin embargo, la encuentran maravillosa.   ¿Cómo lo logran?   No con explicaciones, sino con fe”.

Cada uno cree lo que quiere y lo que le conviene, pero ¡qué cómodo es decir ser ateo cuando estamos sanos y no hay enfermos en la familia cercana, hay buenas finanzas, profesión y empleo prometedores! La puerca tuerce el rabo en situaciones extremas o toques de fondo. Ahí se sabe en realidad qué creo y cuáles son mis convicciones; y, para frustración y rabia de algunos, en esos momentos los resentimientos y odios irreligiosos suelen esfumarse.

Pues bien, al ver la tristeza y el amor de mis hijos por su muerto y sepultado pollo, las lágrimas brotaron y quedamos llorando todos por Pollito, el pollo que el Día del Niño vino a formar parte de la familia y del corazón de tres niños.

<> Este artículo se publicó el 16  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/caceres-arrieta-j-enrique/

Un hijo, un regalo

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La opinión del prestigioso médico y destacado miembro del Club Rotario….

CARLOS VÁSQUEZ

‘No hay regalo más precioso de Dios como tener un hijo sano’. Pero Ser sano no es ausencia de defectos o enfermedades, es algo más profundo que está unido a la vida misma; disfrutar plenamente de un completo bienestar físico, mental y social.

El hijo viene al mundo como producto del amor de sus padres.   ¡Qué lindo suena todo esto!   Pero cuán diferente es lo que se vive diariamente.   Con qué facilidad son traídos a este mundo luego de una relación hedonista, huérfana de afecto y respeto.   Otros nacen en un ambiente donde no existe amor, hogares rotos, donde hay un solo progenitor; en ambientes donde se le maltrata e irrespeta, donde carecen del alimento material y espiritual.

Hay una enfermedad social, ‘aceptada’ y arraigada como algo ‘usual’, que obstaculiza los nacimientos, por ejemplo casarse, disfrutar la vida, los hijos que esperen.   Se coloca al hijo como un bien, lo adecuamos a nuestros gustos y placeres.   Cuando nacen, los tenemos en casa, alguien con quien jugar. No tienen derecho a protestar por nuestras ausencias de trabajo.   Lo hacemos para que no ‘les falte nada’, pero justamente les negamos lo más importante: Nosotros mismos, nuestro amor.

Cuán indefensos están… expuestos a caprichos egoístas y alevosos, cuando se les niega el derecho a vivir.   Si nacen necesitan de un cuidado amoroso de una madre, controles médicos; en fin, un ambiente único y adecuado, para que reciba los estímulos y desarrolle al máximo sus potencialidades. Este ambiente debe ser gratificante y estimulante, para que forme su carácter y adquiera una personalidad que lo haga apto y digno.

Tener un niño sano implica ser padres en todo el sentido de la palabra, o sea trabajar con seriedad en su formación integral, no dejando en manos de terceras personas aquello que nos corresponde. Inculcar valores, ser congruente en lo que decimos o exigimos. Si pedimos al niño que no mienta, no debemos mentir.

El amor es un elemento primordial en la salud del niño, le da alegría de vivir y sentido a la vida.   P ero para amar y enseñar a amar a nuestros hijos, se debe tener una comunicación abierta y sincera con ellos.   Conocer y aceptar lo que dicen y lo que no, observar sus gestos, su semblante, sus comportamientos.   Un patrón de hiperactividad es una manera de trasmitir lo que no se atreven o no saben comunicar… es un escape de ser distintos a como les exigimos sean.

Pensamos que muchas familias son felices, porque lo tienen todo; sin embargo, al mirar con detenimiento, carecen de lo más elemental, el amor. Un hijo es entrega, horas de sueño, privaciones, pero como padre, sé que es un regalo maravilloso, que toca las fibras más íntimas del ser.

<> Artículo publicado el  7 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Realidades de nuestra sociedad


La opinión del Empresario…

JUAN RAMÓN MORALES

Durante una charla con algunas jóvenes, comentaba sobre los hechos ocurridos en nuestra sociedad. Por un lado tenemos adolescentes que se enredan con jóvenes de la misma edad, procrean y surge de este modo un núcleo importante de madres solteras cargando niños que la más de las veces vienen al mundo a pasar calamidades en el mejor de los casos o a convertirse en delincuentes por múltiples razones.

Otro grupo de damas, que no se han criado con sus padres, se sienten atraídas por hombres mayores. Ven en ese hombre al padre y al marido indistintamente procrean, en el mejor de los casos, los padres apenas se hacen cargo de aquellos hijos en forma tímida, unos por falta de medios y otros por irresponsabilidad.

Aparecen también las mujeres profesionales que se destacan, con buenos salarios cuyos maridos se quedan atrás por no haber concluido ningún tipo de carrera.   Sin aporte significativo, quieren ser los que mandan exclusivamente en su hogar, en cuyo caso dicho matrimonio se deshace y los hijos han de pasar trabajo, pero no tanto como los anteriores.   Si bien es cierto que sus madres profesionales reciben buenos salarios, no es menos cierto que viven en un ambiente que demanda mayores gastos.   Es allí en donde sale a la luz la ausencia del padre y de su aporte y su presencia.

Se presenta otro grupo de mujeres muy estudiosas que han culminado su vida profesional con más de un título y que simple y llanamente no tienen la menor intención de contraer matrimonio y sencillamente establecen un patrón de búsqueda: Un hombre inteligente, bien parecido, de buena familia, etc. para así procrear sin ningún vínculo que las ate, prefieren vivir solas que mal acompañadas.

A más de lo expuesto ante las jóvenes en la medida en que exponía mis puntos de vista, decía una, ‘ese es mi caso, me gustan los hombres mayores’,  otras decían,  ‘mi caso es que procreé con adolescente y ahora estoy pasando trabajo’ y comentaban otras, ‘los casos de las profesionales son conocidos por doquier.   Es una realidad que se manifiesta en nuestro medio y que se acentúa día a día’.

Demos un vistazo por las universidades, encontraremos una diferencia entre hombres y mujeres abismal, las mujeres cuadruplican a los hombres y tal hecho a la postre se convertirá en lo que reitero, un matriarcado.

¿Qué hacer para ponerle remedio a esta situación? Por una parte los hombres deben replantear su vida y convencerse de que de no estudiar llegará el momento en que quien lleve las directrices, de la casa, del Estado, serán las mujeres. Un matriarcado verdadero sin duda alguna.

Por otra parte las jovencitas que hacen del sexo ratos de esparcimiento también deben replantear su vida. Es allí en donde juegan un papel muy importante los hogares que a más de no desintegrarse, los padres deben orientar a sus hijos, hombres y mujeres para que se inspiren en verdaderos valores humanos.

Así son las cosas.

<> Artículo publicado el 4 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

¿Cómo hacemos para controlar a nuestros hijos?

La opinión de…

Alejandro Tejeira Ramos

Muchos padres de familia estamos preocupados por el comportamiento, rendimiento escolar y futuro de nuestros hijos.   Hace poco acudimos a recibir las calificaciones correspondientes al segundo bimestre, las cuales no fueron muy halagadoras, las más bajas, por lo general, corresponden, a las asignaturas de español, matemáticas e inglés.   Como acudientes, cuando comparecemos a este tipo de eventos, interactuamos con los profesores y demás acudientes, y es cuando escuchamos infinidades de comentarios, por ejemplo: que existen estudiantes especiales que están rehabilitando, por decir algo cuatro asignaturas y en todas están fracasados; regulares que de once asignaturas están fracasados en diez, otros sin notas, porque asisten al colegio, pero no se apersonan a sus respectivos salones. Algunos profesores manifiestan que no se atreven a llamarle la atención a los estudiantes por temor a represalias. Ya no sabemos cómo educar, ni qué hacer para que nuestros hijos mejoren sus calificaciones. 

En nuestra opinión son muchos factores que inciden negativamente en el desempeño de los estudiantes, entre ellos personas que son elevadas a la categoría de profesores de inglés, solo porque dominan una pizca de ese idioma, al igual que profesores de matemáticas graduados, que pareciera que tuvieran conflicto de intereses con los estudiantes, ya que su consigna no es enseñarlos, sino fracasarlos, para alimentar su ego. Si bien es cierto, nuestros hijos son nuestros y los únicos responsables de su educación y comportamiento somos nosotros, pero nos preguntamos todos los padres, ¿Cómo hacemos para controlar a nuestros hijos?, si no contamos con la autoridad necesaria para hacerlo?

Hace poco, en las noticias presentaron a unas estudiantes quevenían en un bus, supuestamente de la playa en horas de clase, entrevistaron a varias personas y todos coincidieron, en que la culpa era de los padres, nos indignamos al oír esos comentarios, porque ¿Cómo hacemos los padres, para llamarle la atención a nuestros hijos, sin que nos acusen de maltrato?, ¿Cómo hacemos para impedirles que lleguen y salgan de la casa a cualquier hora?, ¿Cómo hacemos para obligarlos a estudiar, cómo hacemos si existe un Código de la Familia al cual todos como padres, estamos subordinados?

Los pocos padres que todavía podemos controlar a nuestros hijos, somos muy afortunados, por lo cual debemos darle gracias a Dios y rogarle, para que nunca permita que vuelvan a nacer personas malvadas, con pensamientos e intenciones similares, a los que crearon el Código de la Familia.

<> Artículo publicado el 30 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.