Para las personas especiales y sus padres

La opinión de la Psicóloga y Docente Universitaria….

YOLANDA CRESPO
zedirto@cwpanama.net

Para muchos tener un hijo diferente es una desgracia, entendamos que todos podemos quedar discapacitados en un momento dado, por un accidente, un infarto cerebral por muchas circunstancias ajenas a nuestros deseos.

El psicólogo ítaloamericano Leo Buscaglia escribió LOS DISCAPACITADOS Y SUS PADRES un libro que aborda este tema profundamente.

Muchos padres pasan por un periodo de negación, recriminaciones, auto castigo, del porqué esto les ha pasado.

Realmente muchos de estos jóvenes son mucho más compañía para sus padres que los hijos sanos serán el resto de la vida.

Las cosas no siempre salen como disponemos, debemos aceptar la persona como es, ayudarla a vivir dentro de un mundo difícil, duro , lleno de prejuicios, dar lo mejor de nosotros mismos, procurarle un ambiente positivo. No se nace con un impedimento es el medio circundante lo que lo determina.

La psicología de los discapacitados es una psicología social basada fundamentalmente en la interacción con los demás en el ambiente personal y particular del individuo. Es posible que los discapacitados asuman opiniones e impresiones que la sociedad tiene, proyecta, en cuanto a la discapacidad física, como parte de su comportamiento y personalidad este fenómeno se conoce como somatopsicología. Estudia la manera como la sociedad responde ante la discapacidad, el modo de actuar, las interacciones y sentimientos ante los discapacitados. Esta influye sobre ellas limitando su autoestima, modo de actuar, modificando sus sentimientos y relaciones interpersonales.

La escritora norteamericana Pearl Buck, Premio Nóbel de Literatura en 1938, pasó la mitad de su vida en China, relata que mientras su hija nacida con un retraso mental grave vivió allí, jamás fue tratada como discapacitada, los chinos aceptaban la discapacidad como un simple hecho de la vida, se ocupaban de ellos como otro niño más. Empezó a notar la estigmatización y los prejuicios al regresar a la cultura occidental.

‘El primer grito de mi corazón cuando supe que ella sería siempre una niña, fue el grito ancestral que todos emitimos ante lo inevitable. ‘Por qué me tenía que pasar esto a mí’ No podía recibir respuesta a esta pregunta, no la tuve.  Entonces ella misma empezó a ver a su hija como impedida, tratarla de esa manera y a sentirse incómoda.  Ella recomienda que nos sintamos orgullosos de nuestros hijos discapacitados.

Se pertenecen a ellos mismos, cada uno es diferente y único, son seres humanos, personas que sienten y tienen las mismas necesidades de amar y ser amados, de aprender, experimentar lo mismo que nosotros. No son monstruos, tienen derecho a equivocarse como nosotros, caerse, fracasar, sufrir, maldecir, desesperarse, si los sobreprotegemos les impedimos vivir. Deben aprender hacer las cosas por si mismos, tratar de ser autosuficientes hasta donde sea posible.

Tienen derecho a vivir y a ser felices, poseen un potencial ilimitado para llegar a ser las cosas que son importantes para ellos, necesitan al mundo y a los demás. El mundo es la mejor escuela de la vida.

La disciplina es una de las enseñanzas más valiosas que podemos utilizar con ellos, basada en el sentido común, una preocupación real tratarlos con amor. No creo en la integración, como docente me he dado cuenta que no funciona. La mayoría de las personas no se atreve a tratar a los discapacitados como trataría a los demás, tememos hacerles daño, contribuyendo al aislamiento social que puede significar en privarlos de las primeras relaciones significativas con otras personas.

Recomendamos participación en planteles multidisciplinarios, planeamientos de educación especial individualizada, controles del progreso, asesoramiento a los padres, planificación de actividades extracurriculares. Utilice un lenguaje claro, una atmósfera cálida y abierta, asesorar padres e individuos excepcionales.

El rol de la familia como encara la discapacidad es esencial, siendo la fuerza individual mas destructiva de la individualidad, el crecimiento humano y la personalidad.

Algunos se avergüenzan de sus hijos excepcionales, los esconden, someten a sus hijos con el síndrome de Down a operaciones dolorosas de cirugía plástica para disimular la discapacidad, que su hijo se vea normal.

Sin tomar en cuenta lo doloroso que esto pueda ser para la criatura.

Algunos matrimonios se desintegran, otros se consolidan y adaptan. Los discapacitados tienen derechos. No olvidemos aquellas personas que al final de su vida se convierten en discapacitados.

Procuremos escuchar los discapacitados hablar sobre sus obstáculos, frustraciones, temores, diferencias, aceptan que nunca serán normales, el dolor, los sentimientos encontrados.

Muchos dejaron su nombre en la historia como Henri de Toulouse Lautrec, pintor francés, el científico británico Stephen Hawking, Lord Byron, Fyodor Dostoevsky, (escritor ruso epiléptico), el gran músico Ludwig van Beethoven (sordo) Andrea Boccelli, José Feliciano, Stevie Wonder (cantantes ciegos), Jorge Luis Borges eminente escritor (ciego), han dejado grandes contribuciones a la humanidad, ciencia, artes, la literatura.

Debemos proporcionar todo lo necesario para la educación, superación personal y física a estas personas, que tanto lo necesitan. Es muy importante el rol específico del maestro asesor. Educar el cuerpo, la mente, satisfacer las necesidades afectivas del discapacitado dentro y fuera del aula. Debemos recordar que ellos también tienen instintos sexuales. Se les debe asesorar sobre el comportamiento sexual, muchos se casan y tienen familias. Otros sufren decepciones, como todos nosotros, nadie se salva.

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<> Este artículo se publicó el  6 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.

Un ejemplo esperanzador

 

La opinión del Educador…

Fredy Villarreal Vergara

Que la educación panameña está sumida en una crisis, es una información poco novedosa con la que ya llevamos conviviendo varias décadas, tiempo en el que hemos visto pocos o ningún cambio positivo.    Los males de este sistema anacrónico aparecen por doquier: problemas de infraestructura, organización curricular obsoleta, falta de una verdadera capacitación del docente, alejamiento escuela–sociedad,  poco apoyo de los padres de familia en las tareas educativas y un largo etcétera que ya hemos repetido demasiadas veces.

Por ello, prefiero dedicar estas líneas al verdadero centro de todo proceso educativo: el estudiante, cuyo día de homenaje se celebra cada 27 de octubre.

La vida me ha dado la oportunidad de laborar como docente en una escuela nocturna que además tiene una extendida, donde cada noche he podido observar los auténticos sacrificios de estudiantes que se empeñan con ahínco en demostrarse y demostrar a los demás que la firme convicción que tienen de que la educación es el mayor instrumento transformador de la calidad de vida de las personas, es valedera.

Una noche cualquiera, tras la sesión de trabajo, hay estudiantes que se trasladan a sus casas a caballo o a pie sorteando monte y quebradas, ríos embravecidos y la más absoluta oscuridad, en recorridos que pueden durar hasta dos horas.

El estudiante de la nocturna para quien el sistema no regular representa una segunda oportunidad, casi siempre ocupa el día en su trabajo cotidiano, y dispone de muy poco tiempo para estudiar o elaborar trabajos, y aún así, en la mayoría de los casos cumplen con sus deberes escolares, precisamente porque están comprometidos con su aprendizaje.

Esta experiencia me ha dado la ocasión de presenciar una situación que no podría verse en el sistema regular: madres e hijos como compañeros de clase, donde cada mamá que asiste, de vez en cuando se ve impulsada por el instinto maternal no solo a tratar de captar una lección o de obtener una buena calificación, sino a estar pendiente de lo que hace el hijo, de cómo rinde, de cómo aprende, de ver en qué puede colaborarle; y al contrario, también sucede: a algunos hijos que aprenden sin problemas y a una mayor velocidad que sus madres, los he visto expresar alguna preocupación cuando éstas –convertidas en compañeras de clases– no mantienen el ritmo de aprendizaje que él lleva, olvidando quizás que pertenecen a generaciones diferentes, y que eso en tareas de aprendizaje a veces marca diferencias.

Ante un panorama como este, en el que los estudiantes son realmente inspiradores, uno se pregunta, ¿qué es lo que debemos hacer para que nuestros estudiantes en general sientan esta necesidad de aprender más allá de la simple promoción o consecución de títulos? ¿Qué hay que hacer para desarrollar primero la cultura del aprendizaje y después la de la promoción? Esta es una cuestión sobre la que tenemos que reflexionar. Mientras tanto, en el mar picado de nuestro sistema educativo, seguiré navegando con la infalible convicción de que en educación nada está perdido, mientras expreso mi admiración por estos estudiantes que, como en Tonosí, sé que existen en otras latitudes de la patria istmeña, y que han de ser fuerza impulsadora para la larga travesía que nos espera.

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<> Este artículo se publicó el 1  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/villarreal-vergara-fredy/

Hay vida más allá de los ‘malls’

 

La opinión de…

Ivonne Checa Fonger

Los padres solemos quejarnos porque los niños de hoy no juegan a “la queda” o “el escondido” o porque no corren, en fin, son sedentarios y tecnológicos. Pero si analizamos un poco nos daremos cuenta de que muchos padres y madres somos –sin ánimo consciente– cómplices de ello; los invitamos al cine, a algún centro comercial, a comprar un juguete de temporada (por inservible que sea) a cualquier cosa que nos haga sentir que hemos cumplido con ellos.

Estos días de lluvia, en algunas familias, son de los más escalofriantes; se escucha la frase “estoy aburrido” casi, como un coro celestial. Unos quieren ir a la acostumbrada caminata en algún centro comercial, que incluye la compra de “algo” –no importa qué sea–, lo importante es comprar, y si hay algún adolescente poco cooperará con las decisiones, porque ellos se ajustan. Si están ocupados en su mundo personal, responderán con un profundo “no sé”; mundo personal que se llama últimamente “bb”.

Algunos niños y niñas, por lo general, no juegan bajo la lluvia. Eso es de esperarse, porque cuando nos lo piden les decimos: “no inventes”, “no, te vas a resfriar” “no, acabas de pasar un resfriado”, “no, después cae un rayo y te mata”, “no, dice tu abuela que las primeras lluvias son malas”.

Curioso, pero real, es triste que nuestros pequeños no disfruten más de la naturaleza; vemos que no quieren hacer algunas cosas porque están muy grandes para ello. Sería interesante inspirarnos, en ese día de lluvia, en tantas anécdotas que escuchamos sobre ese tema en común en algunos hogares, y comenzar alguna campaña casera para los más tiernos de la casa. Nombrarla de algún modo, para crear más inspiración en ellos. “No dejes que te roben niñez”, por ejemplo; hacer un cartel y pegarlo en la puerta de su habitación, aunque después nosotros mismos protestemos que el pegamento dañó la pintura de la puerta. Vale la pena si se trata de rescatar un poquito de lo que sea, siempre que sea bueno.

Poner en práctica juegos como: palitos chinos, indias, bingo, pollito, cruz y cero, en fin motivarlos. La próxima vez que llueva invítelos a sentir las gotas de la lluvia y ¿por qué no?, a una competencia de barquitos o cualquier sencillo juego que usted pueda compartir con ellos, soy consciente que muchos padres no cuentan con el tiempo y que, seamos honestos, cuando llegan los fines de semana solo queremos descansar de las faenas duras que muchos tenemos o hacer otros pendientes, pero vale la pena intentarlo.

Hay vida más allá de los malls, que aprendan a disfrutar de las cosas sencillas que nos regala la vida, alejados de lo material y tecnológico (con lo que no estoy en contra, utilizo y me beneficio), pero combinemos estos elementos, un poquito más descalzos y sin capotes.

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<> Este artículo se publicó el 27  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/checa-fonger-ivonne/

Pollito, una anécdota familiar

La opinión de….

J. Enrique Cáceres-Arrieta

El Día del Niño de 2007, mientras los niños celebraban su día en las escuelas, mi hijo Jonatán ganaba un pollito en una tómbola escolar.

No era la primera vez que los mellizos regresaban con pollos de la escuela. Hacía un par de años me habían preguntado si podían llevar unos pollitos al apartamento. No objeté y su madre tampoco lo hizo. De manera que varios pollos fueron acogidos en la familia.

El pollito ganado por Jonatán era diferente. Pasaron semanas, y Pollito (así lo llamaba su dueño) creció; y junto con un conejo, unos pececillos y una perrita contribuían a la alegría del hogar.

Una noche, me informaron que Jonatán y David (los mellizos) lloraban porque Pollito estaba moribundo al ser golpeado por la puerta de la cocina. Mientras iba para ver qué pasaba, un zarpazo de sentimientos y emociones encontrados trajo a mi memoria una escena en la cual lloraba ante las plumas de mis periquitos que un gato había devorado. El dolor fue indecible. De modo que sabía muy bien lo que sentían los mellizos, especialmente Jonatán, dueño del pollito. Quizá para alguien sea tontada escribir sobre un pollo, y hasta pensará que el problema se habría resuelto comprando otro.

Uno de los errores más recurrentes de los padres es invalidar las emociones de sus hijos y abandonarles física y afectivamente, criándose sus hijos como niños huérfanos de padres vivos. No se trata de consentir o ser indiferentes, sino validar apropiadamente las emociones de nuestros hijos.

Al llegar al apartamento, encontré a Jonatán llorando a lágrima viva y a Pablo (mi hijo mayor) abanicando al pollo. Abracé a Jonatán y le pregunté qué sucedía. Entre sollozos contó lo sabido. Quería que al expresarlo fuese terapia para él y sintiera que papá estaba interesado en sus cosas.

El pollo se veía muy mal.  Supuse que moriría, y me dispuse preparar a mis hijos para lo peor.   Me equivoqué.   Mientras consolaba a Jonatán, David salió llorando del cuarto donde oraba por el pollo.   De repente Pablo exclamó que el pollo estaba vivo.

Contra mi diagnóstico, el pollo sobrevivió; los mellizos lo atribuyeron a un milagro. Decían que Dios había escuchado sus plegarias.   Cierto o no, el pollo se recuperó gracias al cuidado de los niños.

El 20 de agosto, Jonatán por accidente atropelló a Pollito con un carrito que montan los niños pequeños. Pollito estaba muerto y Jonatán lloraba a cántaros. Traté que el chico no se sintiera culpable, y en medio de todo sintiera mi consuelo, amor y empatía.   En ningún momento insinué reprimir el llanto sino que convalidé sus emociones y le animé a expresar su dolor.

La tarde del 20, fuimos aenterrar a Pollito. Camino al entierro, Jonatán advirtió: “De ahora en adelante no tendré más mascotas tan frágiles”. Me partió el alma al externalizar Jonatán el profundo cariño que tenía al pollo, al preguntar: “Papá, ¿los pollos van al cielo?”. Respondí no recordar si la Biblia decía algo al respecto. Además, aseveré a mis hijos que la muerte de Pollito era una lección para que viéramos la brevedad, unicidad y fragilidad de la vida.   A solas con mis pensamientos y meditando en la pregunta de mi hijo, recordé que la Biblia revela que en la Nueva Jerusalén habrá animales pero las bestias salvajes no harán daño ni al niño de pecho,   y “morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará”.

A propósito del cielo, ¿es “perversa” la creencia del cielo?  Perverso es adulterar (para confundir) la esperanza del cristiano con fanatismo religioso que ve al cielo como recompensa por dañar al prójimo.    Si el cielo fuese una creencia falsa (según el cientificismo, toda verdad para ser verdad debe pasar por el filtro de las ciencias naturales, creyéndolas omnímodas e infalibles), prefiero ser soñador que un matador de sueños.

A pesar de las muy merecidas críticas al fanatismo religioso, Ravi Zacharias sostiene que “solo la religión permanece como bastión de esperanza frente a la muerte, tanto para el difunto como para su dolorida familia”.   Luego de acariciar el suicidio y desistir, León Tolstoi escribió en su autobiografía: “La mayoría de las personas tiene una vida más difícil que la mía y, sin embargo, la encuentran maravillosa.   ¿Cómo lo logran?   No con explicaciones, sino con fe”.

Cada uno cree lo que quiere y lo que le conviene, pero ¡qué cómodo es decir ser ateo cuando estamos sanos y no hay enfermos en la familia cercana, hay buenas finanzas, profesión y empleo prometedores! La puerca tuerce el rabo en situaciones extremas o toques de fondo. Ahí se sabe en realidad qué creo y cuáles son mis convicciones; y, para frustración y rabia de algunos, en esos momentos los resentimientos y odios irreligiosos suelen esfumarse.

Pues bien, al ver la tristeza y el amor de mis hijos por su muerto y sepultado pollo, las lágrimas brotaron y quedamos llorando todos por Pollito, el pollo que el Día del Niño vino a formar parte de la familia y del corazón de tres niños.

<> Este artículo se publicó el 16  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/caceres-arrieta-j-enrique/

Un hijo, un regalo

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La opinión del prestigioso médico y destacado miembro del Club Rotario….

CARLOS VÁSQUEZ

‘No hay regalo más precioso de Dios como tener un hijo sano’. Pero Ser sano no es ausencia de defectos o enfermedades, es algo más profundo que está unido a la vida misma; disfrutar plenamente de un completo bienestar físico, mental y social.

El hijo viene al mundo como producto del amor de sus padres.   ¡Qué lindo suena todo esto!   Pero cuán diferente es lo que se vive diariamente.   Con qué facilidad son traídos a este mundo luego de una relación hedonista, huérfana de afecto y respeto.   Otros nacen en un ambiente donde no existe amor, hogares rotos, donde hay un solo progenitor; en ambientes donde se le maltrata e irrespeta, donde carecen del alimento material y espiritual.

Hay una enfermedad social, ‘aceptada’ y arraigada como algo ‘usual’, que obstaculiza los nacimientos, por ejemplo casarse, disfrutar la vida, los hijos que esperen.   Se coloca al hijo como un bien, lo adecuamos a nuestros gustos y placeres.   Cuando nacen, los tenemos en casa, alguien con quien jugar. No tienen derecho a protestar por nuestras ausencias de trabajo.   Lo hacemos para que no ‘les falte nada’, pero justamente les negamos lo más importante: Nosotros mismos, nuestro amor.

Cuán indefensos están… expuestos a caprichos egoístas y alevosos, cuando se les niega el derecho a vivir.   Si nacen necesitan de un cuidado amoroso de una madre, controles médicos; en fin, un ambiente único y adecuado, para que reciba los estímulos y desarrolle al máximo sus potencialidades. Este ambiente debe ser gratificante y estimulante, para que forme su carácter y adquiera una personalidad que lo haga apto y digno.

Tener un niño sano implica ser padres en todo el sentido de la palabra, o sea trabajar con seriedad en su formación integral, no dejando en manos de terceras personas aquello que nos corresponde. Inculcar valores, ser congruente en lo que decimos o exigimos. Si pedimos al niño que no mienta, no debemos mentir.

El amor es un elemento primordial en la salud del niño, le da alegría de vivir y sentido a la vida.   P ero para amar y enseñar a amar a nuestros hijos, se debe tener una comunicación abierta y sincera con ellos.   Conocer y aceptar lo que dicen y lo que no, observar sus gestos, su semblante, sus comportamientos.   Un patrón de hiperactividad es una manera de trasmitir lo que no se atreven o no saben comunicar… es un escape de ser distintos a como les exigimos sean.

Pensamos que muchas familias son felices, porque lo tienen todo; sin embargo, al mirar con detenimiento, carecen de lo más elemental, el amor. Un hijo es entrega, horas de sueño, privaciones, pero como padre, sé que es un regalo maravilloso, que toca las fibras más íntimas del ser.

<> Artículo publicado el  7 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Realidades de nuestra sociedad


La opinión del Empresario…

JUAN RAMÓN MORALES

Durante una charla con algunas jóvenes, comentaba sobre los hechos ocurridos en nuestra sociedad. Por un lado tenemos adolescentes que se enredan con jóvenes de la misma edad, procrean y surge de este modo un núcleo importante de madres solteras cargando niños que la más de las veces vienen al mundo a pasar calamidades en el mejor de los casos o a convertirse en delincuentes por múltiples razones.

Otro grupo de damas, que no se han criado con sus padres, se sienten atraídas por hombres mayores. Ven en ese hombre al padre y al marido indistintamente procrean, en el mejor de los casos, los padres apenas se hacen cargo de aquellos hijos en forma tímida, unos por falta de medios y otros por irresponsabilidad.

Aparecen también las mujeres profesionales que se destacan, con buenos salarios cuyos maridos se quedan atrás por no haber concluido ningún tipo de carrera.   Sin aporte significativo, quieren ser los que mandan exclusivamente en su hogar, en cuyo caso dicho matrimonio se deshace y los hijos han de pasar trabajo, pero no tanto como los anteriores.   Si bien es cierto que sus madres profesionales reciben buenos salarios, no es menos cierto que viven en un ambiente que demanda mayores gastos.   Es allí en donde sale a la luz la ausencia del padre y de su aporte y su presencia.

Se presenta otro grupo de mujeres muy estudiosas que han culminado su vida profesional con más de un título y que simple y llanamente no tienen la menor intención de contraer matrimonio y sencillamente establecen un patrón de búsqueda: Un hombre inteligente, bien parecido, de buena familia, etc. para así procrear sin ningún vínculo que las ate, prefieren vivir solas que mal acompañadas.

A más de lo expuesto ante las jóvenes en la medida en que exponía mis puntos de vista, decía una, ‘ese es mi caso, me gustan los hombres mayores’,  otras decían,  ‘mi caso es que procreé con adolescente y ahora estoy pasando trabajo’ y comentaban otras, ‘los casos de las profesionales son conocidos por doquier.   Es una realidad que se manifiesta en nuestro medio y que se acentúa día a día’.

Demos un vistazo por las universidades, encontraremos una diferencia entre hombres y mujeres abismal, las mujeres cuadruplican a los hombres y tal hecho a la postre se convertirá en lo que reitero, un matriarcado.

¿Qué hacer para ponerle remedio a esta situación? Por una parte los hombres deben replantear su vida y convencerse de que de no estudiar llegará el momento en que quien lleve las directrices, de la casa, del Estado, serán las mujeres. Un matriarcado verdadero sin duda alguna.

Por otra parte las jovencitas que hacen del sexo ratos de esparcimiento también deben replantear su vida. Es allí en donde juegan un papel muy importante los hogares que a más de no desintegrarse, los padres deben orientar a sus hijos, hombres y mujeres para que se inspiren en verdaderos valores humanos.

Así son las cosas.

<> Artículo publicado el 4 de octubre  de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

¿Cómo hacemos para controlar a nuestros hijos?

La opinión de…

Alejandro Tejeira Ramos

Muchos padres de familia estamos preocupados por el comportamiento, rendimiento escolar y futuro de nuestros hijos.   Hace poco acudimos a recibir las calificaciones correspondientes al segundo bimestre, las cuales no fueron muy halagadoras, las más bajas, por lo general, corresponden, a las asignaturas de español, matemáticas e inglés.   Como acudientes, cuando comparecemos a este tipo de eventos, interactuamos con los profesores y demás acudientes, y es cuando escuchamos infinidades de comentarios, por ejemplo: que existen estudiantes especiales que están rehabilitando, por decir algo cuatro asignaturas y en todas están fracasados; regulares que de once asignaturas están fracasados en diez, otros sin notas, porque asisten al colegio, pero no se apersonan a sus respectivos salones. Algunos profesores manifiestan que no se atreven a llamarle la atención a los estudiantes por temor a represalias. Ya no sabemos cómo educar, ni qué hacer para que nuestros hijos mejoren sus calificaciones. 

En nuestra opinión son muchos factores que inciden negativamente en el desempeño de los estudiantes, entre ellos personas que son elevadas a la categoría de profesores de inglés, solo porque dominan una pizca de ese idioma, al igual que profesores de matemáticas graduados, que pareciera que tuvieran conflicto de intereses con los estudiantes, ya que su consigna no es enseñarlos, sino fracasarlos, para alimentar su ego. Si bien es cierto, nuestros hijos son nuestros y los únicos responsables de su educación y comportamiento somos nosotros, pero nos preguntamos todos los padres, ¿Cómo hacemos para controlar a nuestros hijos?, si no contamos con la autoridad necesaria para hacerlo?

Hace poco, en las noticias presentaron a unas estudiantes quevenían en un bus, supuestamente de la playa en horas de clase, entrevistaron a varias personas y todos coincidieron, en que la culpa era de los padres, nos indignamos al oír esos comentarios, porque ¿Cómo hacemos los padres, para llamarle la atención a nuestros hijos, sin que nos acusen de maltrato?, ¿Cómo hacemos para impedirles que lleguen y salgan de la casa a cualquier hora?, ¿Cómo hacemos para obligarlos a estudiar, cómo hacemos si existe un Código de la Familia al cual todos como padres, estamos subordinados?

Los pocos padres que todavía podemos controlar a nuestros hijos, somos muy afortunados, por lo cual debemos darle gracias a Dios y rogarle, para que nunca permita que vuelvan a nacer personas malvadas, con pensamientos e intenciones similares, a los que crearon el Código de la Familia.

<> Artículo publicado el 30 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

La Ley de Esterilización

La opinión de la Abogada y Feminista…

HAYDÉE MÉNDEZ ILLUECA

Mi reconocimiento a los honorables diputados Blandón y Adames por la iniciativa de presentar un anteproyecto que deroga la Ley 48 de 13 de mayo de 1941, ‘ley que permite la esterilización’ de las mujeres y establece limitaciones al derecho de las mujeres a decidir sobre el número de hijos y su espaciamiento. No obstante, no dice nada acerca de los hombres, que pueden esterilizarse sin limitaciones. Recordemos que los particulares pueden hacer todo lo que la ley no les prohíbe. Esto, por supuesto, es inconstitucional. (Aunque si fuera por mí, obligaría a esterilizarse a más de cuatro hombres irresponsables, que hacen los hijos, pero no los mantienen).

Esta ley hace tiempo pasó a ser un ripio. Cuando fue promulgada en 1941 ni siquiera se reconocía que la mujer tenía derechos humanos ni ciudadanos —no tenía derecho al voto. Como el Derecho cambia con la evolución de la sociedad, posteriormente esta Ley fue derogada implícitamente, cuando se promulgó el Código de la Familia, que consagró este derecho en el numeral 3 del artículo 582, así como por la Ley 4 de 22 de mayo de 1981, por medio de la cual Panamá ratificó la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), en el literal e. del artículo 16. También fue objeto de un recurso de inconstitucionalidad interpuesto por las licenciadas Mariblanca Staff, Gilma De León y la suscrita, que está pendiente de decisión por la Corte Suprema de Justicia.

Quedé pasmada cuando vi los comentarios por televisión y alguien opina que la ley ‘debe ser consultada’.   Una ley ya derogada por otras leyes, por el tiempo y por la Constitución, ¿debe ser consultada? ¿Y por qué no consultaron la ‘Ley Chorizo’, que pisa innumerables callos y ha traído muerte y desolación, sino que la pasaron en una madrugada?

Un pastor evangélico, Biblia en mano, comentó que la ley ‘iba en contra de la religión’.   ¿Cómo es posible que el o la periodista que lo entrevistaba no le preguntara a qué religión se refería?   Alguien tiene que informarle a este pastor que, primero, no vivimos en un país confesional, sino en uno laico; segundo, que existen muchísimas religiones distintas, por lo que él no es dueño de la verdad absoluta; y tercero, que nadie va a obligar a ninguna de las creyentes en ‘su’ religión a esterilizarse. Pueden tener veinte hijos, si quieren.

El otro comentario me dejó muy triste. Una joven de 18 años sostiene que ella es mayor de edad, pero no tiene la madurez para decidir sobre su propio cuerpo. ¿Es posible? ¿Y cómo sí tiene la madurez para votar y ejercer todos los otros derechos que le son propios? Es claro que en nuestro país falta mucha capacitación en derechos humanos de las mujeres y mucho sentido común. Lo primero se puede suplir con capacitación a todos los niveles y todas las comunidades.  Para lograr lo segundo, pues, no sé…

<>Artículo publicado el 14 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes  damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Una carta a mi hijo

Una carta a mi hijo…. Por el médico y miembro del Club Rotario de Panamá…
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CARLOS VÁZQUEZ

Recuerdo cuando uno de nuestros hijos llegó a la edad aquella donde ellos creen que tienen el mundo en sus manos, caracterizado sobre todo por los primeros signos de rebeldía, y matizado por momentos de risas y depresiones frecuentes. Consideré oportuno mantener una conversación sincera y abierta con él, al ver que su comportamiento entraba en una etapa crucial.

La manera de llegarle al muchacho, y evitar que se pusiera a la defensiva, fue escribirle unas líneas que puedo resumir de esta manera:

‘Hijo, te he visto un poco rebelde y taciturno, y quisiera dialogar contigo.

Tus gestos de rebeldía no me desagradan, pero sí quiero que entiendas que mientras vivas en esta casa, con nosotros, hay ciertas reglas que tienes que cumplir.  Ese es nuestro estilo de vida y solo cuando tú tengas tu propia casa impondrás tus propias reglas.   Por ahora respeta las nuestras; recuerda que esta casa es tu hogar y en ella no se vive una democracia tal como te gustaría que fuera. Esto se debe a que ni yo hice una campaña para ser tu padre ni tú votaste por mí.

Lo importante es que recuerdes siempre que somos padre e hijo y yo he aceptado este privilegio con orgullo y responsabilidad.   Esta decisión que tomé en mi vida me da la autoridad suficiente para que me respetes como tu padre.   Es más, aspiro a que me quieras y respetes como un amigo, no como tu compañero, dado que nuestras edades son diferentes. En todo momento ten claro que soy y seré siempre tu papá, no busco que me aceptes como ese compañero pío pío o un ‘paciero’.

En todo momento y circunstancia, recuerda siempre que tienes en mí a un amigo, aunque te tergiversen nuestra relación, alegando que estamos en diferentes niveles.

Por todo lo anterior, te pido que hagas en esta casa lo que yo diga o piense, sin cuestionamientos.

Todo esto te lo digo porque te amo;   sé que será difícil que lo comprendas, pero me entenderás cuando ya tengas tus propios hijos.

Finalmente, sé que me sacarás a relucir tus derechos, los cuales yo debo respetar; estás en lo correcto.   Pero quiero también que sepas que estos derechos los debes respetar y ganarlos con responsabilidad.   Y por último, no busques escudarte en ellos, pretendiendo hacer lo que te venga en gana.

Te pido que creas en mí, que tengas confianza en tu papá, que yo te amo por encima de todo y tú deberás ser tenaz, prepararte para la vida y verás cómo lograrás el amor y respeto de tus propios hijos.

Te quiero mucho,   tu papá’.

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Este artículo se publicó el 26 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

El Chorrillo: siguiendo viviendo

La opinión del Escritor…

Héctor M. Collado 

Cuando un hombre muere y ha cumplido con sus tareas en la vida el muerto va en paz y casi no hay dolor porque se sabe que cumplió. Pero cuando esa muerte es producida, de manera violenta por otro hombre, que ha retado los propósitos que Dios tenía para con el muerto, algo anda mal.

El lector puede pensar, con algo de sesgo discriminatorio, que el muerto tuvo su merecido, que la debía, que era una prenda. El hecho consumado, implica que de alguna manera, en algún tiempo, no muy lejano por cierto, el asesino también será asesinado, y el prontuario delictivo del tal es una credencial, un boleto gratis para irse al otro mundo. Es un círculo viscoso que nos pringa a todos.

En el caso de El Chorrillo, lo he conversado con esos “diputados del timón” que son los taxistas: El problema son los padres que nunca respetaron a los hijos; de las madres que engendraron en la frontera de la infancia y la adolescencia… “cómo va a criar, educar, formar una niña a otra niña o niño, ¡como si fuera una muñeca!” No importan las recomendaciones de la Dra. Britton ni lo que se le ocurra al MIDES, Salud, Aplafa… La esperanza debía tener un propósito en esta vida… A veces creo que invertir el valor puede ser provechoso: Educar a los padres para no castigar a los hijos.

Un país, donde el producto interno bruto es de más de mil dólares; que tiene un Canal que produce una millonada; que incauta ciento de miles de millones por cuenta del narcotráfico, debía destinar recursos para enfrentar, mas bien resolver la situación con menos manos duras y más inteligencia.

El Chorrillo es la puerta de entrada de la ciudad.   Los que ahí viven, por lo menos los viejos, saben que es un privilegio. Entonces ¿Por qué, sus habitantes y los gobiernos, lo tratan como un patio trasero?

Luego de la invasión de 1989 se generó una “ola de violencia” de las mal llamadas pandillas. Estas “organizaciones” algunas veces fantasmas, fueron el producto de la imaginación de los medios de información que no sólo las bautizaron sino que las hicieron famosas. Eso no se hace, blod. Y ¿qué decir del rol de la fuerza pública? que sabe “qué es lo que es”.

Cuando lanzaron al desamparo a los refugiados de la guerra de diciembre rompieron un orden. Más tarde el barrio mártir se llenó de “santos”: llegaron moradores de San Felipe, Santa Ana, San Miguel, Santa Rita y entonces se agravaron los problemas…

Detrás de todo ese hierro y cemento que desdibuja el perfil de la antigua ciudad, hay gente. No podemos abandonarnos a la indigencia y a la mendicidad disfrazada de bien cuida´o. La violencia no se detiene con marchas, ni alegatos descalificando a los violentos. Programas para la organización del ocio, vigilancia, cultura, información, prevención del embarazo precoz atención a los niños y adolescentes y a los adultos mayores.

Quisiera la misma agresividad del pele police, que me parece un abuso cómo se usa, para velar por una población que de alguna manera sigue siendo rehén de una minoría agresiva, y esto incluye a los tres poderes del Estado.

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Este artículo se publicó el  3  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Conformación de una familia

“Debemos tratar los padres y abuelos de comunicarnos con los hijos y nietos para conocer de primera mano sus preocupaciones y darles una solución adecuada para que, a su vez, sientan ese apoyo tan necesario en la edad del crecimiento y la formación.” Interesante planteamiento en el artículo de opinión que nos comparte la doctora en medicina…

Marisín Villalaz de Arias  

Hace unos meses asistí a una despedida de soltera y me solicitaron que dijera unas palabras. Entre otras cosas dije que la base de un matrimonio es el amor, la comprensión y la comunicación, haciendo énfasis en esta última, porque en la vida moderna se ha perdido y es así como fallan muchos matrimonios.

Las parejas no se cuentan sus cosas, sus problemas, qué harán, a dónde irán y qué sucede con los hijos. Estamos fallando en comunicarnos los unos con los otros, en parte porque la tecnología moderna ha reemplazado las palabras y por ende la comprensión entre las personas.

Si un hijo tiene un problema, lo lógico es que lo consulte con sus padres o sus hermanos; pero no sucede porque muchas veces no los encuentra y debe salir a la calle a buscar quien lo escuche. La mayoría de las veces es un amigo de su edad sin la experiencia ni el conocimiento necesario para responderle ni para aconsejarlo.

Debemos tratar los padres y abuelos de comunicarnos con los hijos y nietos para conocer de primera mano sus preocupaciones y darles una solución adecuada para que, a su vez, sientan ese apoyo tan necesario en la edad del crecimiento y la formación.

Lo que hoy vivimos es producto de ese defecto y los muchachos encuentran en la calle lo que le niegan en su familia. Cuántos padres irresponsables abandonan el hogar incluyendo a sus hijos y, algunos, ni los ven más ni se ocupan de ellos. Esa irresponsabilidad la pagan caro porque no verán frutos productivos en la formación de sus hijos; pero gracias a Dios, está la madre que trata de suplantarlo aunque es imposible porque la figura paterna es indispensable.

No es igual una conversación sobre sexo de un hijo con su padre que con su madre; no es igual la autoridad paterna que la materna. Así vamos trastabillando en el mundo por falta de un hogar bien formado donde la figura paterna ocupe su lugar e imponga su autoridad.

Hablar entre las personas es lo principal y así lo hacíamos antes; ahora todo es computadora, trabajo exagerado, televisión y otros juegos que alteran la atención humana. Nada reemplaza la comunicación personal y esto lo demuestra el fracaso en la era moderna en que la misma se ha perdido. Cuidado con la falta de comunicación y la presencia paterna y materna en el hogar. Seamos responsables, hagamos una mejor sociedad.

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Este artículo se publicó el  14  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De niños maltratados ….

La opinión de…

J. Enrique Cáceres–Arrieta

El maltrato al menor es un grave problema. Mientras escribo y tú lees, no pocos pequeños son maltratados o asesinados por sus padres o tutores. El maltrato infantil es tan abarcador y sutil, que es probable que tú y yo hayamos caído en eso sin darnos cuenta. De ahí la preocupación de los tribunales de familia y organismos internacionales dedicados a salvaguardar la integridad del menor.

¿Qué empuja a un padre a maltratar a su hijo? ¿Qué lleva a un padrastro a golpear a su hijastro? Creo que la razón principal es la ira. No saber controlar el temperamento colérico y carácter volátil que tienen. Permitir que la ira controle lo que dicen y hacen. Quien tiene un hijo con déficit atencional e hiperactividad debe saber y entender que es un niño difícil de tratar. Su inquietud no es conductual, sino cerebral. Saberlo y tener paciencia y mucho amor son fundamentales para no estallar en ira. Esa información está a la mano de nosotros que leemos mucho o poco. Pero, ¿quién la transmite o educa al grueso de la población?

Por naturaleza, el menor es necio, curioso e inquieto. En verdad, eso es síntoma de salud, pues el niño quieto a lo mejor está enfermo o tiene problemas. Estar consciente de ello es importante para estar claro qué tipo de niño o jovencito tenemos en casa. Algunos sicólogos infantiles sugieren que los padres estudiemos el temperamento de nuestros hijos, a fin de conocerles y orientarles mejor.

Hay innumerables casos de niños quemados, marcados, encadenados, violados, abofeteados, encerrados, golpeados… por sus tutores. Razón por la cual los juzgados de familia se preocupan por proteger al menor. ¡Enhorabuena por ello! Sin embargo, se les va la mano al considerar que la más mínima corrección es maltrato. Debemos evitar el maltrato, pero también la permisividad. Esto es, los extremos.

De la indefensión del menor ante la brutalidad parental se ha pasado a la sobreprotección, de tal manera que ahora los niños y jovencitos amenazan a sus padres con denunciarlos si les pegan. Sabido es que hay hijos que han denunciado y testificado contra sus papás porque les corrigieron o les impidieron hacer lo que querían. Otro motivo del maltrato al menor es la frustración parental de no conseguir empleo o su pérdida. El papá responsable siente impotencia y rabia ante necesidades existenciales insatisfechas, y revienta con el niño y lo golpea; o se irrita y explota por todo. Patea al gato (exterioriza la ira), maltratando al menor.

El padre alcohólico o drogadicto es otra causal de violencia intrafamiliar. Si no hay violencia física, el menor vive bajo un régimen de terror. Buena parte de los que no saben (y no pueden) controlar el alcohol o utilizan drogas (por negar el problema no buscan ayuda) golpea a los hijos y a su mujer. Ahí todos son culpables, salvo él.

Ser padre no es para cobardes, y pocos saben cómo tratar con los hijos. Yo aprendí y aún estoy aprendiendo mediante tropiezos y chichones. Me parece genial la idea de formar escuelas para padres porque a nadie le enseñan a ser padre, a pesar de ser una de las tareas más preeminentes e intrincadas de la vida.

En la relación con los hijos, insisto, hay extremos que evitar: no a los gritos, golpes e insultos. Pero tampoco permitir que nuestros hijos hagan lo que les da la gana, como creen algunos equivocadamente que propusiera Benjamín Spock. “No hay un método más ineficaz para controlar a los hijos que el control, la irritación y la ira”, sostiene James C. Dobson. Por otro lado, la permisividad no toma en cuenta que el niño por su naturaleza rebelde necesita límites claros y definidos. Un pequeño que se siente amado por sus progenitores no se resiente por nalgadas merecidas. En cambio, el que no es amado o recibe un trato de indiferencia y desamor detesta cualquier disciplina.

No todo amerita corrección física, pero de vez en cuando es saludable una nalgada de padres amorosos para que el chico sepa que hay una autoridad a la cual debe respeto y obediencia. A medida que crecen los críos, el contacto físico debe desaparecer, pues los hijos deben haber asimilado la disciplina con amor. Si un niño no aprende obediencia en sus primeros años, es mentira que obedecerá y respetará autoridades fuera de casa. Al final de sus días, Spock confesó: “He llegado a la conclusión de que muchos de nuestros problemas se deben a la carencia de valores espirituales”. Con esas palabras, para algunos tardías, el que fuera el más influyente pediatra estadounidense reconoció que su devota madre cristiana tenía razón.

En cuanto a creencias y valores, ¿por qué son importantes las creencias en la familia? Porque ellas forjan valores y estos determinan conductas. Dicho de otro modo, nuestro estilo de vida es fiel copia de nuestras creencias. Somos lo que creemos. Actuamos conforme a nuestras creencias ciertas o falsas. A ello se debe la importancia de que nuestras creencias familiares sean ciertas. Y nadie tiene el monopolio de la verdad y el conocimiento. ¿Es cierto o falso el sistema operativo de creencias que tenemos en casa? De eso depende la conducta de nuestros hijos y nuestro trato con ellos.

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Este artículo se publico el 5 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.